jueves, 12 de abril de 2018

LA FIESTA DE CUASIMODO: TRADICIÓN Y FOLKLORE RELIGIOSO DE LOS TEMPLARIOS CHILENOS

Cuasimodistas en 1968 (fuente imagen: Revista "En Viaje").
La célebre y reputada  Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón, más conocida como la Orden del Temple de los Caballeros Templarios, fue fundada por un puñado de caballeros franceses, hacia el año 1118, para resguardar a los peregrinos cristianos que visitaban Tierra Santa y que constantemente eran objeto de asaltos, pagos abusivos de tributos por caudillos en la ruta de Jerusalén y el peligro de los ataques violentos de la comunidad musulmana más hostil.
Esta misma figura de voluntarios protegiendo a los feligreses en las peregrinaciones, se ha repetido muchas veces en la historia religiosa cristiana. Ciertas cofradías asociadas a fiestas religiosas aún en práctica, por ejemplo, mantienen y recrean denominaciones para sus integrantes, que parecerían apelar a los tiempos en que la feligresía requería de esta clase de protección: guardianes, centinelas, protectores, custodios, vigilantes, etc.
El caso quizás más importante que reprodujo acá en Chile ese mismo eco universal casi equivalente al de los templarios cuidando a los viajeros en sus rutas de fe, es el de los cuasimodistas: los pintorescos y tradicionales siervos de la Fiesta de  Cuasimodo, cuya última versión se celebró el pasado domingo 8 de abril con la conocida gran convocatoria que logra en cada localidad. Y aunque se trate de una de las celebraciones más antiguas y sólidas del calendario religioso chileno, persisten algunas incertidumbres sobre su origen, que trataré de abordar acá aunque sin que me corresponda resolverlas, por supuesto.
Cabe advertir, sin embargo (y para introducir), que cuando Su Santidad Juan Pablo II visitó Chile en abril de 1987, no dudó en definir la Fiesta de Cuasimodo como "verdadero tesoro del pueblo de Dios". Por su parte, autores como el infatigable Oreste Plath, su colega Tomás Lago, el párroco Mario Garfias, el folklorista Raúl de Ramón y el investigador Juan Guillermo Prado, entre muchos otros, han  considerado totalmente vigente esta fiesta pues, a pesar de todo, parece aún muy viva y popular, incluso expandiéndose por el territorio en la última centuria.
GALERÍA DE IMÁGENES:
FIESTA RELIGIOSA DE CUASIMODO (CHILE)
CARACTERÍSTICAS DE LA CELEBRACIÓN
Formalmente, la muy católica y popular Fiesta de Cuasimodo, antes llamada Correr a Cristo o Corrida de Cristo, comienza tempranísimo en el domingo siguiente al de Semana Santa, llamado Domingo de Cuasimodo, Dominica in Albis y, ocasionalmente, Domingo de Renovación. Recalcamos que formalmente, porque los participantes han comenzado sus actividades ya en la víspera, desde el sábado.
Al comenzar a aclarar la mañana del domingo o incluso en horas de la madrugada, los cuasimodistas llegan a la parroquia con sus caballos y coches esperando al sacerdote y la hora de salir ordenadamente en procesión por las calles y caminos, por una ruta que cubrirá las casas de los enfermos y los convalecientes que requieren del viático y los sacramentos que no pudieron tomar en el Domingo de Resurrección. En la espera, los cuasimodistas desayunan, comen algún bocadillo y combaten el frío con algo de malicia.
Tras escuchar la Misa del Día, la caravana parte con un redoblar de campanas y campanillas, entre las 7 y 9 de la mañana según el lugar, poniendo en marcha lo que se conoce como la Corrida de Cristo propiamente tal, al iniciar la ruta preestablecida por las casas con los enfermos y ancianos que esperan la comunión.
Las paradas de la ruta han sido determinadas previamente en la oficina parroquial, solicitadas por los familiares del enfermo o anciano a visitar, durante los varios llamados que se hacen desde la Cuaresma. Estas direcciones se las suele señalar exteriormente con ramilletes de arreglos florales o un pequeño altarcillo religioso improvisado en el exterior, junto a la entrada. El sacerdote baja puntillosamente en cada uno de los hogares inscritos, con su asistente o su sacristán, llevando la hostia sagrada y la custodia para dar de manera íntima la comunión al solicitante, mientras los cuasimodistas lo aguardan afuera.
Aunque el trámite es relativamente rápido, se repite infinidad de veces en la misma jornada, ocupando gran parte del viaje. Por esto, antes, mientras cada enfermo recibía el sacramento, la comitiva solía ser asistida con chacolí y chicha, servida en cacho o en una calabaza hueca. Estas dádivas las reciben "para la tierra del camino", según anotó Plath.
Así se refería a la caravana el futuro mandatario argentino y entonces exiliado en Chile, Domingo Faustino Sarmiento, en el periódico "El Progreso" del 9 de abril de 1844 (artículo de su autoría titulado "Correr al Santísimo"), no cambiando mucho desde entonces:
"Llegado el momento de la partida, el párroco mismo cabalga un lucido palafrén, porque el párroco antes de investir este carácter era chileno, jinete que no puede resistir a la tentación epidémica de echar de vez en cuando una rayada, que pruebe que no es un marica.
La cabalgata parte al estampido de algunas docenas de cohetes voladores, que amedrantan a los caballos, les hacen hacer mil corvetas, con indecible gozo de los jinetes, que ebrios de placer aguijonean, irritan y exasperan sus caballos, a fin de desplegar toda su maestría en el arte no enseñado de la equitación chilena. El combate comienza; las topadas, las pechadas se suceden unas a otras; el estruendo de los estribos de palos que se entrechocan, se mezcla con el estrépito de las pisadas de doscientos o quinientos caballos. Una nube de polvo envuelve al portador del viático, que es el centro de esta infernal batahola, y que no está libre de sufrir el vaivén de los empujones de los que se disputan tan encarnizadamente el placer de acercársele".
Los jinetes se ordenan todo el camino en un andar de escuadrones dispuestos por lo general en tres  filas de jinetes, principalmente, interrumpidos por carretones, carretas, berlinas y, desde mediados del siglo XX en adelante, también bicicletas, motocicletas, automóviles y camiones. Algunos de ellos repetirán algún sorbo embriagante durante el camino, por cierto, pues Dios todo lo perdona a quienes le rinden esta clase de sacrificios y tributos. Otros fieles se incorporan en el camino, alargando más la caravana.
Varias mujeres participan también del viaje que "corre Cuasimodo", bellamente vestidas a la usanza cuasimodista o como huasas de poncho y sombrero. La presencia de Carabineros de Chile vigilando y despejando la ruta ya se ha convertido en parte de la misma tradición, al igual que algunos preventivos integrantes de la Cruz Roja o equipos médicos, en muchos casos.
Los principales símbolos de esta caravana cuasimodista son la Cruz de Cristo, hacia la cabeza de la misma, el palio dignificando al Santísimo y al sacerdote, los estandartes de los grupos cuasimodos participantes, las banderas chilena y papal, y la campana anunciando el paso del cortejo. La Cruz de Chile se incorporó a su simbología en los años setenta, pero adquirió especial importancia nacional tras la visita al país del Papa Juan Pablo II.
La gran presencia huasa en entre los cuasimodistas ya era comentada por Luis Castro Donoso en "A León XIII Pontífice Máximo", de 1887:
"Nuestros huasos, a más de preparar sus cabalgaduras, se preparan ellos mismos, luciendo sus hermosos pañuelos de seda de  los más variados colores, atados con cierta inimitable gracia sólo propia de ellos, a la cabeza, de manera que sujetos a ella por un fuerte nudo, lo restante flota al viento cuando emprenden su vertiginosa carrera. Lucen también sus mejores trajes que han comprado con los pequeños ahorros de su diario y pesadísimo trabajo: en otras cosas el espíritu de economía brilla por su ausencia en nuestro pueblo; pero tratándose de la fiesta del Domingo de Cuasimodo, sucede precisamente lo contrario. Como llevan la cabeza cubierta con sus pañuelos, sus respectivos sombreros, generalmente de pita, mediante una huincha cuelgan a la espalda y así pueden manejar muchísimo mejor sus briosos y magníficos caballos".
Debe hacerse notar que las carretas van pintadas de colorida manera, a la usanza de estos artilugios en el folklore nacional más popular, especialmente en ferias libres, mercados y circos, siendo otro fuerte distintivo de la jornada dominical. Algunos carros y birlochos que aparecen hasta hoy, además, son verdaderas reliquias de los siglos XIX y principios del XX, reservándose las más elegantes para vecinos destacados, mecenas del encuentro y los representantes de la iglesia.
Antes más que ahora, eran comunes también los campanilleros, haciendo sonar campanitas, cascabeles o sonajas en el camino, como anunciando la venida del grupo. Uno de ellos debía ir al frente, alertando a los vecinos de la proximidad de la romería, como lo describe Plath en su "Folklore religioso chileno":
"Iba adelante un huaso tocando una gran campana de mano para anunciar el paso del Sacramento de la Eucaristía que portaba el cura párroco revestido con sus sacramentos. En aquellas casas donde había enfermos, se colocaba junto a la puerta, en el camino, un pequeño altar. Con esa indicación, el sacerdote sabía que allí le esperaba uno de los feligreses para que le administrara la comunión. El campanillero se detenía, siempre tocándola, y así lo hacía el tropel de jinetes que llegaban al galope, en una nube de polvo de la cual, al poco rato, emergía la silueta del coche y el párroco con la Hostia Consagrada".
Hacia el mediodía, si la situación lo permite, los cuasimodistas hacen una pausa en alguna cantina o posada acordada previamente, para comer, descansar y recuperar energías. En las ciudades más grandes, esto se reemplaza con un alto en alguna plaza, toldo o carpa especialmente dispuesta, o bien en un restaurante del camino.
La larga jornada suele extenderse hasta la tarde, incluso hasta la noche en algunos lugares y épocas. Suele culminar en el punto de partida, de preferencia la parroquia, pero hoy se hace mucho en algún destino más recreativo recibiendo allí todos la bendición del sacerdote, con un encuentro final celebrando la fiesta con música chilena, buena comida con empanadas, pan amasado, asado a la parrilla, y harto vino o chicha, derrotando así el cansancio de la jornada y haciendo sospechar que el día siguiente puede llegar a ser un irresponsable "San Lunes".
El final solía ser con la misa en el templo parroquial, hoy realizada con más flexibilidad también en otros escenarios más populares y abiertos, como hemos dicho. Además, cuando se realiza una eucaristía de cierre, algunos huasos y participantes entregan ofrendas surgidas de la tierra del campo en los dones del ofertorio, y se realizan premiaciones a los mejores carros, mejores bicicletas adornadas, participantes ilustres, etc.
Cuasimodo, de esta forma, combina una exposición enérgica de elementos de la fe popular con otros relacionados con el patriotismo y el costumbrismo más "pagano", por lo que símbolos de ambas vertientes se asimilan en las caravanas de peregrinos haciendo las rutas a caballo, calesa, carretón, bicicleta o vehículos familiares o de trabajo. Desde el equino hasta la camioneta petrolera, sin embargo, todos son engalanados con colorida decoración acorde a la celebración, como si fuesen carros alegóricos. De ahí proviene la  expresión popular "más arreglado que caballo de Cuasimodo", para referirse a algo cuyo resultado ha sido confabulado, como un timo. Los participantes harán lo propio con sus vestimentas, inconfundibles en esta fiesta.
Dentro de la decoración, abundan en la fiesta las flores, tules, escarapelas, ramas de palma, lienzos, guirnaldas, retratos con iconografía religiosa y satines de colores metálicos o brillantes. Los colores blanco y amarrillo, de la lealtad a la fe católica a través del estandarte papal, son seguidos de los colores de la bandera patria. Llama la atención, sin embargo, el aspecto morisco de los atuendos en la cabeza, quizás con alguna raíz andaluza, mientras que el cochero de la carroza suele vestir como lo hacían clásicamente los de la España. Y observa también Eugenio Pereira Salas, en sus "Notas sobre el calendario litúrgico colonial":
"La Fiesta de Cuasimodo o la Corrida de Cristo es también característica de la región central del país y son los huasos vestidos con sus mejores galas los que acompañan corriendo a la carroza que lleva el viático para los moribundos. La forma recuerda algo la festividad de la corrida de la pólvora entre los beduinos y tiene parentesco con la corrida de los novios en Chile".
A pesar de observarse cierta sobriedad en la fiesta, diría que tan en sintonía con nuestras tendencias más propias, en estas explosiones festivas se drena un poco la represión y el encanto por los colores y ornamentos carnavalescos ajenos a nuestros usos corrientes: pañuelos y paños destacan flameando en las cabezas y sobre los hombros de los fieles a caballo, al igual que sus esclavinas, capas y albornoces, escoltados por los huasos en perfecta y pulcra tenida campesina, generalmente oscura.
Aquellos atuendos, por cierto, se relacionan mucho con la forma de vestir a los niños en el Domingo de Cuasimodo y sus bautizos. Adultos usando esta indumentaria es una clara alusión al concepto del Renacer, símbolo supremo de la Resurrección de Cristo de la Semana Santa.
Debe notarse, también, que los cuasimodistas sustituyen en forma respetuosa el traje campesino con estos accesorios de mayor solemnidad: el pañuelo nuquera o la capelina en la cabeza, en lugar del sombrero; la esclavina, inspirada en la sacerdotal y antes hecha de fina seda, en lugar del poncho y chamanto. Sus diseños, casi invariablemente, suelen ser en color blanco con ribetes amarillos, en  donde se han bordado iconos religiosos frecuentes en las fiestas devocionales, como cruces, cálices, hostias o palomas del Espíritu Santo.
Litografía de Lehnert con "El  Viático", llevado por una procesión del Domingo de Cuasimodo por las calles de Santiago. Publicado en el "Atlas de la historia física y política de Chile" de Claudio Gay, en París, 1854.
Carroza española usada en el Domingo de Cuasimodo, de fines del siglo XVIII, para la  caravana que salía desde la Iglesia del Sagrario de Santiago.  Museo del Carmen de Maipú.
Corredores de Cristo, de la fiesta de Colina en 1961 (Revista "En Viaje").
ORIGEN DEL NOMBRE DE LA FIESTA
El nombre de la celebración, Cuasimodo o Quasimodo, constituye otro tema interesante: proviene de "Quasi modo geniti infantes", inicio en el introito (Antiphona ad Introitum) y Misa del Día del segundo Domingo de Pascua, el mismo coincidente con el día de la fiesta. Este verso se decía también a los infantes bautizados aquel día y forma parte de los propios de la misa, tomado de las palabras de Pedro:                            
"Quasi modo geniti infantes, rationabile sine dolo lac concupiscite, ut in eo crescatis in salutem".
Traducido del latín, esto sería:
"A modo de niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que por ella crezcáis para la salvación".
Sin embargo, conviene observar que el concepto del latín Quasi Modo, también podría traducirse como "cuasi forma" o "cuasi manera", sugiriendo de esta forma que se lo estaría tomando, en este contexto de la fiesta, en su acepción como una alternativa o modo anexo de tomar las formas y protocolos necesarios de la Semana Santa, pero ya fuera del período correspondiente a la misma, algo bastante acorde al espíritu de la celebración y las motivaciones de la fiesta... Casi como si fuese el pasado Domingo de Resurrección, en otras palabras.
Por su connotación religiosa, además, la palabra Cuasimodo se ha convertido en un nombre propio, siendo el personaje más famoso que lo ostenta, sin duda, el jorobado de Notre Dame, de la novela de Víctor Hugo, quien parece haberlo presentado comprendiendo la acepción del concepto como algo "deforme", y que a su vez, puede haber tenido inspiración en un personaje real pero menos interesante que el de su autoría. Por su lado, el dibujante chileno René Ríos Boettiger, alias Pepo, también se le dio en la ficción ese nombre a don Cuasimodo Vinagre, el suegro de la caricatura Condorito.
La denominación Cuasimodo, por las razones religiosas descritas, se aplica a varias fiestas y ceremonias coincidentes con el mismo período del calendario. Entre muchas otras, está el Domingo de Cuasimodo en México y la Fiesta del Cuasimodo de Arequipa. Por otro lado, en Cádiz hay una colorida romería llamada Lunes de Quasimodo, que se celebra con procesiones en carros y caballos al día siguiente de la fecha dominical en la localidad de Olvera, desde el siglo XVIII.
El Cuasimodo de Chile, sin embargo, es una fiesta sumamente propia y localista, dotada de una característica única en elementos estéticos, folklóricos y costumbristas. Quasimodo chileno, la llamó directamente el historiador español José María Doussinague, al referirse a ella.
Cuasimodo es, también, una auténtica celebración del catolicismo popular, muy criolla y acorde la idiosincrasia chilena: más bien quitada de bulla comparada con otra clase de festejos santorales o patronales, sin grandes manifestaciones musicales propia (carece de himno, inclusive) y donde prima un sentido comunitario o benefactor manifiesto a través de la fe. Además, parece tener ciertas coincidencias estéticas con los célebres bailes chinos del folklore religioso nacional.
Como dato curioso, cabe comentar que los cuasimodistas cuentan con una plegaria propia, conocida como la "Oración del Cuasimodo", a  pesar  de no nombrar dicho título en ninguna de sus líneas:
Santo, Santo, Santo, Señor Dios del Universo,
con amor y respeto te adoramos
en el cuerpo y la sangre de tu Hijo Jesús
nuestro hermano, presente en el pan y el vino.
Ofrenda de nuestros campos y fruto del trabajo del hombre.
Tu Hijo queremos llevar a los enfermos y necesitados
porque Tu eres Señor el Dios de los humildes,
el Dios de Abel el campesino,
de Moisés el pastor,
de José el carpintero,
de María nuestra Madre.
Ayúdanos a respetarnos como hermanos;
que hagamos realidad tú Reino de justicia, paz y fraternidad.
El cielo estén llenos de la majestad de tu gloria.
La alegría y el amor siempre son tu compañía
y compartirlo es nuestro regalo y misión.
Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo.
Cuasimodistas de la fiesta celebrada en Colina en 1961, en una parada del camino (Revista "En Viaje").
Salida de los cuasimodistas desde la misa en la Iglesia de Colina, en 1961 (Revista "En Viaje").
Huasos de Santiago celebrando la Fiesta de Cuasimodo en los sesenta, escoltando la carroza del párroco (Fuente imagen: "Folklore Religioso Chileno" de Oreste Plath, 1966. Foto de José Muga).
ANTECEDENTES COLONIALES DEL CUASIMODO EN CHILE
Dijimos que la Fiesta de Cuasimodo tiene lugar cuando el sacerdote de la parroquia o curato, sale a dar la comunión del domingo a los enfermos, los postrados, los inválidos o los moribundos en su lecho de convalecientes, una semana después de concluida la celebración religiosa principal.
En esencia, entonces, es una noble motivación la que subyace en la fiesta, más allá de la celebración o la reafirmación de la fe de sus participantes. Además, esta asistencia a los necesitados es la parte más importante de la misma jornada de Cuasimodo, a pesar de que tienda a ser identificada con sus rasgos más visibles y pintorescos (prendas de los feligreses, sus caravanas, carros adornados, etc.) que con la comunión de enfermos y ancianos.
La medida de darles este servicio a quienes no podían levantarse de sus camas o salir de sus casas, se extendió por la América católica después del Concilio de Trento (1545-1563), que estableció la necesidad de que los fieles comulgaran al menos una vez al año, naciendo así el desafío de tener que facilitar que dichas personas sin posibilidad de concurrir a los templos o santuarios, pudieran cumplir con el requerimiento, como sucede con la celebración de las Octavas.
Sin embargo, se dice que antaño el clérigo y sus acompañantes solían ser atacados por rufianes, enemigos de la Iglesia o salteadores que merodeaban en los senderos a veces solitarios y remotos, cuando iban a asistir a esos devotos enfermos o ancianos receptores del viático. Por esta razón, se habrían creado -por decretos o de manera espontánea- agrupaciones de voluntarios en los pueblos, que iban con el religioso resguardándolo y protegiéndolo por los caminos rurales, disuadiendo o enfrentando a los ladrones tentados con apoderarse de la valiosa indumentaria y los artículos religiosos de plata y de oro que cargaban los sacerdotes, para extender la comunión en las casas que esperaban su visita.
Mientras el clérigo y sus asistentes llevaban el Santísimo y las hostias por la ruta, la escolta iba celebrando en el mismo camino la resurrección de Cristo y vociferando loas al mismo. De ahí surgirá después, probablemente, el característico grito del "¡Viva Cristo Rey!" que se repite hasta hoy en las caravanas de cuasimodistas.
Fueron surgiendo, de esta forma, los grupos de protección conformados por jinetes de escoltas que, a caballo y carretas, tal  como lo hicieron los primeros templarios, lo acompañaban todos los años, llevando como distintivos esos atuendos particulares y estandartes que fueron la primitiva base de la estética de la Fiesta de Cuasimodo que perdura hasta nuestros días. Con el tiempo, además, tales cuadrillas de escoltas se fueron convirtiendo a grupos más formales con este rol, como clubes de cuasimodistas, de corredores de Cristo y de asociaciones de carácter especialmente comunal, agrupados en torno a una parroquia y conocidos como los cuasimodos. Cierta leyenda dice que, originalmente, eran hombres rudos y hasta armados, pero respetuosos observantes de la fe. Hoy, sin embargo, las caravanas son más bien familiares.
No todos los autores están de acuerdo con la versión de las escoltas para evitar a los salteadores, sin embargo. Es el caso de Gabriel Guarda O.S.B. en su libro "La  Edad Media de Chile", en donde dice lo siguiente:
"En lo que se refiere al Cuasimodo, a lo menos ya en 1763 el título V del sínodo de ese año, ordena 'que quando su magestad es conducido por viático a los enfermos, aun en campaña, sea acompañado de luz' durante todo el camino. Esta práctica, en los campos, daría origen a una de las más hermosas y coloridas fiestas populares vigentes con progresivo esplendor hasta nuestros días, la de Cuasimodo, llamado así por las primeras palabras del introito del segundo domingo de Pascua, Quasimodo infantes. Su objetivo es llevar la eucaristía para el cumplimiento del precepto pascual por parte de enfermos o impedidos. La hipótesis de que tal acompañamiento tenía por objeto proteger al sacerdote de asaltos, carece absolutamente de base, pues como lo prescribe el sínodo citado, en las ciudades se dio en igual forma; así lo muestra el Reglamento de la escuela de San Carlos de Ancud, de 1804, que  tratamos en el capítulo referente a la cultura, o la popular litografía de Lehnert publicada en el Atlas de Claudio Gay,  de la conducción del viático en una calle de Santiago; en ambos casos con acompañamiento en pleno".
Al principio, los curas iban con escoltas que habrían sido muy pequeñas, de dos o más hombres, pero que con el tiempo se fueron multiplicando hasta ser toda una multitud marchando en romería. Quizás no siempre fueron tan voluntarias estas vigilancias a la actividad del cura, sin embargo: puede ser que, en alguna época, se haya obligado a sujetos a acompañar al servicio de ese domingo después de Semana Santa, por las señaladas razones de seguridad, pues medidas parecidas fueron tomadas en otros territorios del reino español, valiéndose de esclavos.
Hay sospechas de que la tradición de Cuasimodo habría comenzado en tiempos coloniales, con sacerdotes que ya salían a dar el servicio domiciliario a fines del siglo XVIII. Ciertos autores aseguran, más temerariamente, que el cuasimodismo se remonta en Chile a los días de la Conquista, como Castro Donoso:
"Parece, pues, natural que, si bien es cierto que desde hace largos años esta costumbre se practica en Chile, haya sido traída al seno de nuestra patria por los primeros conquistadores...".
Por su parte, el historiador eclesiástico Marciano Barrios Valdés, aseguró que la práctica comenzó después del alzamiento indígena de 1598 y la proliferación de criollos cometiendo fechorías en los caminos más distantes del reino (citado por Juan Guillermo Prado):
"Como en el siglo XVII fue muy intensa la fe y también la preocupación por la salvación personal, el cumplimiento de la confesión y comunión personal se realizaba rigurosamente. Eso llevaba al sacerdote a entregar la comunión a la gente enferma y anciana. Para no tener problemas, por la inseguridad de los caminos, salía acompañado por un grupo de jinetes. Ese fue el origen de la fiesta de Cuasimodo".
Una confirmación importante de la fiesta en Santiago, la encontramos en el testamento de don Mariano Zeballos, del 9 de octubre de 1799, reproducido por Richard Fairlie López en el Tomo XVIII del "Boletín Histórico de la Sociedad de Historia y Geografía de Chile" del II Semestre (artículo "Las fundaciones piadosas de la Parroquia Santa Ana y del Convento Franciscano Máximo Nuestra Señora del Socorro de Santiago de Chile 1766-1809"), publicado en diciembre de 2016. Dicho documento menciona a la recientemente enviudada doña Javiera Carrera como receptora de los bienes del señor Zeballos, con la carga modal de apoyar las celebraciones de Cuasimodo que se hacían en la Parroquia de Santa Anta:
"Ítem es mi voluntad legar como desde luego lega a Doña Francisca Javiera Carrera viuda de Don Manuel Lastra la casa de mi habitación y dominio sin menaje ni aderezo alguno, para que después de mis días la lleve y goce como suya propia con los gravámenes siguientes de que ha de hacer reconocimiento en forma a saber dos mil pesos de censo principal a favor de la festividad que se hace en la Parroquia de mi Señora Santa Ana de esta ciudad en cada un año en el Domingo de Cuasimodo, en el que procesionalmente sale el Santísimo Sacramento, para auxilio de los enfermos, función que deberá costearse con el rédito anual de un cinco por ciento respectivo al antedicho principal (...) las misas que se celebran el jueves en honor y gloria del Santísimo Sacramento y en beneficio de mi alma".
Este revelador documento había sido reproducido años más tarde, por el Tomo V del "Boletín Eclesiástico", publicado hacia 1872, desde donde lo recoge Fairlie López.
Desde la misma época del testamento, aproximadamente, procede también la hermosa carroza española alguna vez usada por el Seminario Pontificio, que hoy se encuentra en las exhibiciones del Museo del Carmen de Maipú. El carro, de  madera policromada de fines del siglo XVIII, de los tiempos de Carlos IV, era utilizado  para  la extensión del viático a los enfermos durante el Domingo de Cuasimodo, desde la Iglesia del Sagrado de Santiago enfrente de la Plaza de Armas.
Esclavina de un devoto de Colina, de los huasos de Peldehue, con simbología patriota, en 1961 (Revista "En Viaje").
Plaza de Talagante y campanario del edificio religioso, hacia el año 1958, lugar importante en las tradiciones cuasimodistas. Fotografía de Darío Sarret, en la Municipalidad de Talagante. Fuente imagen: "Historia de Talagante", de H. Bustos Valdivia.
Antigua celebración de Cuasimodo, al parecer en los senderos de los campos en Maipú, cuando la comuna aún tenía paisajes rurales. Fuente imagen: Maipupatrimonial.cl.
PRIMEROS REGISTROS DEL SIGLO XIX
Sin embargo, los más conocidos primeros registros de actividad de las agrupaciones cuasimodistas, provienen ya de entre los años de la Patria Vieja y la Organización de la República, más o menos, en la primera mitad del siglo XIX.
Cabe observar que, restricciones iniciadas en el gobierno de Bernardo O'Higgins, estaban haciendo difícil el carácter más festivo de toda esta clase de encuentros populares y folklóricas. Sin embargo, como no se hacía referencia en ellas a Cuasimodo, en ninguna de las restricciones dictadas entonces, Juan Guillermo Prado supone que la fiesta quizás no existía a la sazón, por lo que su origen debería ser posterior y no de origen colonial. La conclusión es compartida por otros investigadores, aunque nos inspiran dudas datos ya revisados, como el testamento de 1799.
Siendo Director Supremo ya don Ramón Freire, éste dictó, el 21 de mayo de 1823, la siguiente instrucción del Reglamento de la Policía (Boletín de Leyes y Decretos de ese mismo año):
"Todo habitante o transeúnte en el país, se arrodillará a presencia del Santísimo Sacramento hasta perderlo de vista cuando éste sea conducido por las calles en procesión o forma de viático; y a los infractores con advertencia y meditación, se aplicará por primera vez la pena de un arresto de veinticuatro horas, y por la reincidencia la de reclusión, desde un mes hasta seis".
Una de las primeras descripciones relativamente bien detalladas de la fiesta, aparece en "El Mercurio" de Valparaíso del 1° de abril de 1842, en una serie de artículos titulados "Paseo a Quillota", del ya citado Domingo Faustino Sarmiento, esta vez bajo el pseudónimo A. Tourist:
"En un pago inmediato llamado Renca, se reúne el paisanaje a caballo en la placeta inmediata a la iglesia el día de Cuasimodo en que se acostumbra llevar en gran ceremonia el viático a los enfermos. El cura sale a caballo, y la inmensa turba de caballeros que lo acompañan, dan tales carreras, tal polvareda levantan, tantas pechadas dan con los caballos y tal algazara hacen, que más visos tiene de un combate o de unas cañas, que de un acompañamiento de cristianos que reverencian y adoran las sagradas formas".
Prado, además de comentar este texto de Sarmiento, identifica también una descripción hecha al año siguiente, en la "Revista Católica" del 1 de mayo de 1843, refiriéndose al Cuasimodo de Santiago:
"Reunidos los fieles en la Iglesia Metropolitana y demás parroquias de la ciudad, sale muy de mañana el estandarte de la cruz (...). Sigue después la multitud de niños y de pueblo con luces en las manos, y últimamente bajo un ondoso palio y rodeado de sacerdotes y guerreros aparece la radiante Eucaristía.
Los vecinos adornan a competencia las fachadas y balcones por donde debe pasar la augusta ceremonia, otros tienden sobre el suelo vistosas alfombras, esparcen flores sobre la carrera o presentan vasos de perfumes que embalsaman el aire (...) Así se va alejando del templo el acompañamiento en medio de los himnos y de la alegría universal. Visita los enfermos que se hallan al paso.
El Sacramento se lleva a todos los enfermos de la ciudad en hermosos coches ofrecidos por la piedad de algunos propietarios de la feligresía: varios caballeros gobiernan los caballos, otros van a la zaga y el numeroso acompañamiento hace recordar el que seguía a Jesús al entrar a Jerusalén".
Sarmiento habló otra vez de ellas también en el artículo del periódico "El Progreso" del que ya extractamos algo más arriba ("Correr al Santísimo"), del 9 de abril de 1844, acoplándose a información que le proporcionó un "ilustrado sacerdote":
"Hablamos de las correrías de Cuasimodo, que el vulgo llama fiel y expresivamente correr al Santísimo: porque, en efecto, en aquellas saturnales se corre al Santísimo con una irreverencia tan brutal, que apenas pudiéramos contener nuestra indignación, si el hábito de verlo anualmente no quitase a este espectáculo, que tanto aja la majestad del culto, toda la fealdad de que está revestido como lo manifiesta el sacerdote a quien debemos la indicación. Oigámosle explicar el objeto de la fiesta de Cuasimodo: 'En uno de los principales días que celebra la Iglesia, en que el Rey Eterno sale de los tabernáculos, cubiertos con los obscuros velos de la Semana Santa, para visitar a los que aun gimen en el lecho del llanto y del dolor. El domingo de Cuasimodo, los enfermos libres de sus culpas por el sacramento de la penitencia, se preparan en este día para recibir el pan celestial, como los recién bautizados que se despojan en este mismo día de la vestidura blanca, después de haberla traído durante la octava de Pascua, en señal de hallarse limpios y purificados; debe ser día de reposo y moderación singular para los cristianos, y especialmente para los que, movidos de un espíritu religioso, como debe creerse con prudencia, forman la comitiva que acompaña al sacerdote que conduce el Santísimo Sacramento a la casa del doliente'".
Sin embargo, Sarmiento evalúa mal la fiesta, al ver cómo se practicaba entonces en los curatos alrededor de la capital chilena, como en Renca: reporta haber observado que los cuasimodistas comienzan a reunirse en la víspera del Domingo "en los bodegones, canchas y chinganas de los alrededores de la capilla", agregando después:
"...la orgía de la noche, el juego, la borrachera, son los preparativos con que se disponen debidamente para el acto solemne de acompañar el día siguiente al Santísimo Sacramento".
Entre otros accidentes de cuasimodistas provocados por esta clase de imprudencias, el sacerdote informante de Sarmiento le contó de un sujeto que murió atropellado por cantidades de caballos en una procesión, antes de que se descubriera que había caído abajo; y de "un vecino laborioso y lleno de familia", que acabó falleciendo por el trasnoche y la embriaguez durante "la remolienda de tres días que sucedió al Cuasimodo".
Fiesta de Cuasimodo en Talagante, en 1959. Fotografía del archivo personal de don Alfonso Henríquez, distinguido comerciante y cuasimodista talagantino, al frente con la cruz. Fuente imagen: Talagantemipueblo.cl.
Adultos y niños celebrando la Fiesta de Cuasimodo en 1954, durante una procesión de la Parroquia San Luis Beltrán de Pudahuel (ex Barrancas). Fuente imagen: Memoriasdelsigloxx.cl; aporte de la Biblioteca Pública N° 11 "Jaime Quilán".
Caravana de Cuasimodo en greda policromada. Set artesanal expuesto en el Museo del Carmen, del Santuario Nacional del Templo Votivo de Maipú.
POPULARIDAD EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO
Tiempo después de la creación de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Lampa, importante lugar de la tradición, el párroco Francisco Saturnino Belmar escribía al Arzobispo de Santiago, Monseñor Rafael Valentín Valdivieso, en carta del 20 de abril de 1857, sobre el desempeño de la Archicofradía del Santo Sacramento coincidente con la celebración de la fiesta de Cuasimodo, el día anterior:
"(...) el mismo día del Cuasimodo, la devoción y el entusiasmo público fueron más que intensos (...) Asistió el escuadrón de lanceros por disposición de su comandante don Juan Antonio Sereceda y más 200 feligreses de a caballo, acompañando al Santísimo, al mismo tiempo que se oía el estruendo de muchos voladores. De las casas rústicas moradas de ramas, sembraban el camino de flores.
(...) En uno de los puntos más centrales había un gran arco levantado por don Waldo Zúñiga y con otro no menos lucido esperaba al Santísimo en su hacienda, don Wenceslao Covarrubias. Por las razones que ahora he tenido y a la vista de los resultados voy a repetir la misma solemnidad en Tiltil y en la Cañada de Colina, punto limítrofe del curato".
Al parecer, ya había por entonces una disposición sinodal que prohibía la clase de correrías en las antiguas celebraciones de Cuasimodo comentadas por Sarmiento, pero poco podía hacerse para controlar a los entusiasmos populares comprometidos.  Para combatir tales excesos, entonces, el mismo Arzobispo Valdivieso, el 2 de febrero de 1865, estableció en las normas de la fiesta, en un documento donde encontramos también lo siguiente, reconociéndole un origen remoto a la tradición:
"Se ha acostumbrado desde tiempos remotos en nuestras parroquias a solemnizar de un modo especial la condición que se hace la Dominica in Albis o Domingo de Cuasimodo, a los que por su enfermedad no han podido cumplir con la comunión pascual".
Más tarde, en 1887, Castro Donoso se refería a la celebración en tono un tanto inquisitivo, en su ya citado folleto:
"Sin embargo, a pesar de las medidas anteriores no se ha conseguido mucho en cuanto al orden que necesariamente debe reinar en fiestas religiosas como es la del Domingo...
(...) Triste es decirlo, pero es una realidad: en la fiesta del Domingo de Cuasimodo no faltan quienes convierten en algazara esa misma fiesta que se pretende solemnizar.
(...) El acompañamiento del Santísimo se hace a pie; acompañamiento formado por caballeros y jóvenes de vigorosas convicciones que no se avergüenzan de manifestarlas siempre y en toda circunstancia, a pesar de las sangrientas burlas de la maldad y del vicio".
Por el descrito escenario, debió pasar bastante para que la Fiesta de Cuasimodo fuese considerada auténticamente religiosa y dejara de ser vista como algo meramente folklórico o del bajo pueblo, a veces carente de decoro.
De todos modos, la tradición acabó siendo oficializada por la Iglesia, a pesar de que las denuncias seguían a inicios del siglo XX, algunas por los peligros del uso de fuegos de artificio y de pólvora durante la fiesta. Así lo manifestaban notas de "El Mercurio" en 1902 y la carta del entonces Arzobispo de Santiago, Monseñor Juan Ignacio González Eyzaguirre, a los párrocos de la ciudad, con fecha 11 de abril de 1912. Las prohibiciones a los explosivos eran poco respetadas por los devotos, como reclamaba "El Mercurio" en 1914, aunque por fin comenzaron a lograrse cambios en el período siguiente.
Prado se refiere también a la Fiesta de Cuasimodo en la parroquia de Ñuñoa, que abarcaba todo el territorio oriente de Santiago, realizándose en el pueblo de Los   Guindos, en Las Condes y en Lo Barnechea, al finalizar el siglo XIX. Identifica y transcribe una crónica sobre esta fiesta allí celebrada, publicada en 1896 en la revista "La Comunidad Autónoma":
"Era imponente ver aquella procesión compuesta de católicos fervientes que se disputaban el honor de acompañar a Nuestro Divino Salvador. Calculase en 700 el número de personas que recorrieron el trayecto de tres leguas, tapizado de flores y ostentado variados y lucidos arcos que las señoras se habían esmerado en preparar. Todo parecía contribuir al engrandecimiento de tan hermosa fiesta. Era ver el entusiasmo con que los habitantes de estos villorrios procuraban solemnizarla; uno que no bajaban de 300, acompañaban a caballo al Santísimo; otros lo aguardaban con lluvias de escogidas flores, y los niños con sus cohetes, voladores y armas de fuego seguían a pies hasta donde le permitían sus fuerzas".
El mapa de Cuasimodo en la zona central del país, estaba medianamente configurado a fines de aquel siglo. Entre otras localidades, las caravanas cuasimodistas recorrían Melipilla, Talagante, Lonquén, Isla de Maipo, Colina, Quilicura, Conchalí, Renca, San Miguel, San Bernardo, Maipú, Puente Alto, Peñalolén, La Florida, etc.
Se hizo conocida, además, la actividad de los cuasimodistas en las parroquias de San Francisco del Monte, Puente Verde, Portezuelo, Nuestra Señora de los Dolores de Carrascal, Divino Maestro de San Bernardo, Preciosa Sangre del Resbalón, etc.
LOS CUASIMODISTAS DEL GRAN SANTIAGO
La naturaleza rural y huasa de esta fiesta, la concentra en la Zona Central del país o entre grupos sociales modestos o familias de fundos, y en comunas que tienden a ubicarse afuera de las grandes concentraciones urbanas o bien en las márgenes de las principales metrópolis, en donde aún sobreviven rasgos de vida campesina, aunque sean vestigios de ella.
Sin embargo, vimos que alguna vez se practicó devotamente en grandes ciudades como Santiago, aunque por alguna razón, en el siglo XIX ó XX comenzó a volverse algo más bien periférico y campesino, quizás como retornando a sus orígenes (si es que éstos realmente se hallan allí). A pesar de que la actividad cuasimodista en la metrópolis se revitalizó con el tiempo, no parece coincidencia, por las razones descritas, que muchas caravanas de peregrinos tengan la costumbre de partir y terminar en parroquias del contorno urbano o en alguna medialuna de rodeo huaso, como sucede con las de Colina, Chocalán, Cachapoal, San José de Maipo, La Florida, Peñalolén o Las Condes. Culminan así al ritmo de cuecas huasas en vivo, a guitarra y zapateo espuelado.
Por otro lado, si bien cada lugar fluye con tradiciones que son propias de la fiesta en general, también lo hacen con rasgos de identidad local, algo que puede verse incluso en barrios de Santiago. En la comuna de San Miguel y sus deslindes con Santiago centro, por ejemplo, fueron muy importantes los cuasimodistas "matarifes", correspondientes a los trabajadores del Matadero Viejo, hoy convertido en mercado popular.
A mayor abundamiento, los trabajadores del Matadero tenían en el mismo sector, por el lado de calle San Francisco, una medialuna en la que también se realizaban lidias de toros en pleno siglo XX. Allí, en esta arena, celebraban el 18 de septiembre y las corridas de Cristo del Cuasimodo, cada año, como alcanzó a presenciarlo el maestro cuequero Fernando González Marabolí, en testimonio para Samuel Claro Valdés y su "Chilena o cueca tradicional". Además en San Miguel, al igual que sucedía en El Salto, se decía también que en esta fiesta "se corría a Judas", expulsándolo simbólicamente de la comunidad "exorcizando" sus calles con el paso del Santísimo a galope. La quema de un muñeco representando al apóstol traidor, se hacía coincidir con el período del Cuasimodo, en ocasiones.
Siguiendo con las descripciones localistas de la fiesta, en Barrancas, hoy  Pudahuel y Cerro Navia, era tradición que las mujeres cuasimodistas confeccionaran grandes y bellos altares florales. Y en la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced, de El Salto, los feligreses locales eran acompañados por desfiles de otros parroquianos de la Recoleta Franciscana, la Recoleta Dominica, Parroquia de Santa Filomena, de Parroquia del Niño Jesús de Praga de Carmelitas Descalzos, la de San Alberto y la de San Luis de Huechuraba.
En el caso de Conchalí, durante los antiguos Cuasimodos, se cubría este territorio con las caravanas organizadas desde la Iglesia de Nuestra Señora de la Estampa, en calle Independencia, desde 1889 cuanto menos. Pasaba por casi toda La Chimba, en la ribera Norte del Mapocho, con su gran procesión abarcando la comuna conchalina, Huechuraba, El Salto, Recoleta e Independencia, todavía en los años noventa.
En 1942, estos feligreses cambiaron la sede de sus actividades hasta la Parroquia Nuestra Señora de Las Mercedes de Recoleta, y nueve años después, Plath destacaba en sus publicaciones, lo típico y pintoresco de la fiesta cuasimodista en el pueblito de El Guanaco, de Conchalí, comuna que cuenta con su propio Club de Cuasimodistas y con el antiguo Club de Huasos que se hace parte de la organización principal, junto con el Club de Equitación Paperchase. Al paso de la ruta por calles Einstein con Guanaco, además, una vecina llamada María Ramírez sentó la tradición de montar un escenario con una efigie de Judas, para ser quemada al llegar la caravana, costumbre que han continuado sus hijos tras su fallecimiento.
Al otro lado de la capital, desde la construcción del Santuario Nacional del Carmen de Maipú, esta histórica comuna tan ligada a la Independencia de Chile y a la simbología patria, ha pasado a ser otra importante concentración de las actividades cuasimodistas, a pesar de tener éstas una presencia fuerte desde mucho antes allí, como lo describió Plath en 1966.
Había sido en el extenso gobierno parroquial del Padre Alfonso Alvarado Manrique, entre 1941 y 1972, que la fiesta comenzó a volverse cada vez más intensa en Maipú. Empero, sucedió que, en 1974, el sacerdote español Domingo del Álamo peregrinó hasta allá con un grupo de cuasimodistas, tomando contacto con el rector, el Padre Raúl Feres, y con el equipo pastoral del Templo Votivo de Maipú, proponiéndoles invitar a los huasos y ciclistas que formaban parte de esta celebración, en una organización formal. "Fiesta única en su género y propia de Chile", llegó a decir de ella.
De esa manera, se realizó la primera gran peregrinación al santuario maipucino durante la fiesta del año siguiente, Cuasimodo de 1975, a la que asistieron cinco grupos de la región Metropolitana y otros de orígenes cercanos. Hoy, ya consolidada, asisten cerca de 4.000 cuasimodistas, siendo probablemente la más grande del Gran Santiago o una de las que ostentan la mayor convocatoria.
En el ya citado texto de Sarmiento para "El Progreso", además, se refiere ya entonces a Renca como "célebre más que ninguno por las algazaras de este día" de entre todas las otras localidades de la periferia santiaguina de entonces (1844). Sería injusto no mencionar que el mismo fervor sobrevive en los habitantes de la actual comuna. "El vecino de Renca, el muchacho y el gañan -agregaba el intelectual- se procuran a costa de cualquier sacrificio, un caballo para acompañar al cura el día de Cuasimodo".
Por esas razones y portando tan enorme tradición sobre sus hombros, los habitantes de Renca consideran que su fiesta cuasimodista debe estar entre las más antiguas del país, mezclando su tradición con muestras del Canto a lo Divino y realizando hasta hoy hermosos actos públicos durante la celebración.
Caravana de cuasimodistas en Peñalolén.
Detención de la romería en un hogar, señalado por el pequeño altar, en La Florida.
Un perfecto jinete cuasimodista actual, sector Tobalaba-La Florida.
LOS ACTUALES TERRITORIOS CUASIMODISTAS
Tres sectores destacan históricamente en la geografía cuasimodista central, a nuestro juicio: zona Norte de la Región Metropolitana, desde La Chimba de Santiago hasta el Aconcagua; zona al Sur de Santiago, desde Pirque, Buin y Paine, hasta la Región del Libertador O'Higgins, llegando a Colchagua; y el sector de la medianía de los valles al Suroeste y poniente de Santiago. A inicios del siglo XX, además, no había duda de su presencia llegaba a Valparaíso y localidades de la misma región.
Por supuesto, su presencia es mucho más extensa en la zona central y todo el país, como veremos, pero aquel parece ser el núcleo cultural e histórico del Cuasimodo desde donde irradia, principalmente.
Dos o tres poblados fuera del Santiago más central, disputan el origen de la tradición; tal vez sean más, pero destacan las que mencionaré ahora.
Colina es uno de las principales y más pintorescos escenarios cuasimodistas, considerándose la localidad un aporte local invaluable al costumbrismo y la fe popular en Chile. Desde antaño, los feligreses pasaron allá con el cura local entre los caseríos y fundos de Lampa, Peldehue, Chicureo, Quilicura, Puente Verde, Lo Arcaya, Puente los Patos, Esmeralda, San Luis de Colina, El Colorado, San José de los Menores o Portezuelo. En el año 1968, además, se fundó la Asociación de Cuasimodistas de Colina, con apoyo del sacerdote Rosendo Gálvez.
Es importante y notable la concentración de las tradiciones al Norte de Santiago y con eje gravitatorio en Colina, precisamente, como lo destacaba el investigador Juan Uribe Echevarría en la revista "En Viaje" de junio de 1961 (artículo "Fiesta de  Cuasimodo: corriendo a Cristo en Colina").
El autor comentaba también que los cuasimodistas colinanos de Peldehue, liderados a la sazón por don José Luis Gatica, "se llevan la palma desde hace años por el entusiasmo y la correcta presentación de sus jinetes embanderados". Ellos marchaban adelante de la escolta y exactamente atrás de la carroza que llevaba al cura, debiendo cuidar su puesto desde el mediodía del día anterior. A las filas de 300 jinetes colinanos, les abría paso un radiopatrullas de Carabineros y un camión con la banda de músicos del Campo Militar de Peldehue.
Así describe la jornada de marras, Uribe Echevarría:
"La gente del campo se arrodilla al paso del sonoro carruaje que se bambolea vigorosamente. Se inicia el recorrido por el fundo Lo Seco; sigue al fundo Peldehue y continúa por el pueblo Esmeralda y las haciendas La Reina y San José. En estos lugares, mientras el párroco y sus sacristanes reciben confesiones y administran los sacramentos, los jinetes son festejados con la rapidez exigida con pigüelos y rotundos potrillos de chicha pura con torrejas de naranja.
El regreso se hace a mediodía. Para entonces la ancha calle Concepción, la principal de Colina, se ve atestada de gente que ha llegado de a caballo, en autobuses, carretones, coches, cabritas y camiones. Abundan los campesinos con sombreros de fieltro y trajes oscuros, domingueros. Junto a ellos lucen mujeres antiguas de los fundos, con trenzas y moños, vestidas de morado y azulino. Los comerciantes y charlatanes del Mercado Persa y las orillas del Mapocho han enviado delegaciones completas. Frente a la iglesia, en un solar abandonado, los fotógrafos de trípode instalan sus cartelones y panoramas religiosos y patrióticos: Virgen de Andasollo, San Sebastián de Yumbel, Parada Militar en el Parque Cousiño, Rodeo en el campo, Las Torpederas de Valparaíso y la Escuadra Nacional, El Congreso, sobrevolado por aviones de color,
como enormes mariposas. Comerciantes y fotógrafos hacen su  agosto. En las calles trasversales ya ha comenzado, discretamente,
el contrapunto entre guitarra y acordeones".
Entre los cuasimodistas del Fundo El Colorado, en cambio, destacaban por entonces los veguinos: los trabajadores, comerciantes y proveedores del Mercado de la Vega de Santiago, siendo su principal organizador y líder don Emilio Haltar, concesionario del mismo mercado y dueño del fundo. Es sabido que este gremio es especialmente devoto de las tradiciones de la fe en el país, además.
Hacia el poniente de Santiago, particularmente en Melipilla y alrededores, la actividad cuasimodista es igualmente intensa y tomada por tradición de origen local. Se cuenta allá, por ejemplo, que hacia el año 1864, uno de los primeros grupos organizados cuasimodistas del país, surgido de unos amigos en la Parroquia de Talagante, servían ya de protectores del sacerdote en la comunión a domicilio de los enfermos después de Semana Santa. Esta versión es la acogida por el Consejo de Monumentos Nacionales y se refleja mucho en la artesanía local, además.
Se agrega que llegó a facilitarse después un coche cerrado al sacerdote de la parroquia talagantina, para llevar estas funciones en terreno evitando a los asaltantes y cuatreros violentos, capitaneados por un temible rufián llamado Federico Soto. Ese carro hoy es monumento histórico,  como veremos.
Plath describe el Cuasimodo talagantino de la siguiente manera:
"El punto de partida es la Parroquia de Talagante. En coche descubierto y adornado va el sacerdote con las hostias para la comunión expuestas en la Custodia. Los huasos, con la cabeza cubierta por  pañuelos de seda, llegan una bandera nacional en la mano.
La entrada de algunos fundos y casas lucen adornadas con guirnaldas de flores. Algunas ostentan pequeños altares con el santo que veneran. Ésta es la señal para que el sacerdote se detenga y dé la Comunión. Los huasos van al galope y quiere ser cada uno el primero en descubrir esta seña para plantar la bandera chilena en el lugar donde se detendrá el carruaje y descenderá el sacerdote para dar la comunión".
Hasta nuestros días, la Fiesta de Cuasimodo es celebrada allá con gran acento en parroquias de la misma Inmaculada Concepción de Talagante. En la vecindad provincial, se hace lo propio en la de San Francisco de El Monte, de San José de Melipilla, del Niño Dios de Malloco, de Nuestra Señora del Carmen de Curacaví, de Nuestra Señora del Rosario de Peñaflor y otras varias localidades de la zona.
Lamentablemente, sin embargo, los cambios drásticos del desarrollo vial de estas ubicaciones, han alterado peligrosamente la situación de las rutas de estas caravanas, produciéndose incluso situaciones trágicas, como un accidente del carro principal del cura en abril de 2015, que costó la vida al conductor José Francisco Araos Vera, residente de San Antonio, al precipitarse a una zanja al borde de un camino.
Y aunque hemos dicho que el territorio originario de la Fiesta de Cuasimodo es central, curiosamente y venciendo a las inclinaciones de la posmodernidad, la devoción ha ido expandiéndose como identidad cultural chilena: ya hay cuasimodistas en localidades que van desde las regiones de Arica-Parinacota, particularmente en el sector de Lluta, hasta las de Aysén, sumando unos 100 mil practicantes por  todo el país, agrupados en la Asociación de Cuasimodistas de Chile, fundada el 5 de junio de 1977 en Peñaflor como la Agrupación de Cuasimodistas de la Arquidiócesis de Santiago, pasando a ser la Asociación Nacional en 1988.
Así describe Prado la sorprendente expansión territorial de la fiesta:
"En los inicios de la década de los 80, Cuasimodo ya se corría en unos 50 lugares. No sólo se realizaba en la Región Metropolitana de Santiago, se habían agregado Valparaíso y Viña del Mar. Al llegar el tercer milenio, la festividad de Cuasimodo había salido de las comunas rurales que rodean Santiago y ya se extendía por diversas regiones: entre Poconchile, en el valle de Lluta, más al norte de Arica y en el límite con Perú, y hasta Coyhaique en la zona patagónica austral. En algunos lugares su vida era efímera, en otros la festividad se hacía permanente y en muchos crecía año a año, constituyéndose en una celebración de dimensiones, que décadas atrás hubiera sido impensable. El año 2010 se agregó la conmemoración en Isla de Pascua.
Actualmente, los cuasimodistas no sólo participan el domingo siguiente a Pascua de Resurrección. Concurren durante el año a diversos santuarios. En 1994 comenzaron la romería hasta Santa Teresa de Los Andes, en Rinconada de los Andes; en 1999 se inició la peregrinación el 15 de agosto hasta la tumba de San Alberto Hurtado, en Estación Central, y desde el año 2003 en el tercer domingo de agosto, previo a la festividad patronal, peregrinan al santuario de Santa Rosa de Pelequén, Patrona de América".
Y cuando el investigador magallánico Mario Isidro Moreno ocupaba el cargo de relacionador público de la Secretaría de Relaciones Culturales de la Intendencia de Magallanes, en 1983, realizó la primera Fiesta de Cuasimodo en la austral ciudad de Punta Arenas, organizando una ruta "corriendo a Cristo" hasta localidades rurales de Barranco Amarillo, Pampa Alegre y Río Seco. La presencia ha cubierto, así, experiencias en todas las regiones del país.
Finamente, cabe comentar que, por Decreto N° 670 del 26 de mayo de 2006, fueron declarados Monumentos Históricos Nacionales los siguientes objetos procedentes de las tradiciones cuasimodistas:
  1. El coche de paseo para tronco de tres caballos, ubicado en Talagante y construido en 1885 (de 4 metros de largo por 2 de ancho y 1,70 de alto, con capacidad para diez personas), en uso desde  1965 durante la fiesta.
  2. El palio o dosel portátil sostenido por seis varas largas, bajo el cual es llevado el sacerdote. Fabricado hacia 1880, fue obsequiado después por el Monasterio Carmelita San José al Templo Votivo de Maipú, que lo usaría en el Cuasimodo y el Corpus Christi, dejado a resguardo en el Museo del Carmen.
  3. La Custodia o Vaso Sagrado de madera del Cuasimodo de Malloco, ubicado en la Parroquia del Niño Dios de Peñaflor y de posible origen cuzqueño, siglos XVII ó XVIII.
  4. Tres antiguas esclavinas del Cuasimodo de Colina, también guardadas allá: una de 1950 perteneciente a las Religiosas Carmelitas (en propiedad de don Moisés Guajardo Amesties), otra de la misma fecha de procedencia particular (de don Domingo Segundo Ortiz), y una de 1930 también de origen particular (de Juan Francisco Martínez González).
La mencionada Asociación de Cuasimodistas de Chile, por su parte, con más de 150 grupos, se constituyó como un organismo con personalidad jurídica canónica y sin fines de lucro, cuyos miembros asumen como testigos de Cristo y visitan a los enfermos anunciando la Salvación, como apoyo a la labor pastoral. Se reúnen una vez al año, en una gran asamblea llamada Encuentro Nacional de Cuasimodistas, que dura tres días.

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