jueves, 1 de febrero de 2018

LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA DE ARACOELI (PARTE II): LA ESCALINATA SACRA, EL SANTO BAMBINO DE ROMA, LAS CAPILLAS Y OTROS TESOROS

Cuadro de Oswald Achenbach, siglo XIX. Se observa una gran procesión subiendo por la Escalinata de Aracoeli hacia el templo, y los desaparecidos inmuebles de la colina por el costado izquierdo.
Coordenadas: 41°53'38.12"N 12°28'59.63"E
En la entrada anterior, vimos la historia de la popular Basílica de Santa María de Aracoeli, en el Monte Capitolino a un lado de la Plaza del Campidoglio, uno de los lugares más concurridos por el turismo cultural desplegado en Roma.
Recapitulando, la basílica es un templo construido en donde parece haber estado antes el templo pagano de Juno Moneta. Allí se estableció un antiguo monasterio bizantino, que en algún momento pasa a manos de los benedictinos y después, en el 1250, a los franciscanos, quienes comienzan a construir por entonces el actual templo.
De acuerdo a la leyenda cristiana, la iglesia surgió en el lugar en donde el Emperador Augusto recibió la revelación de Tiburtina sobre el advenimiento de un Mesías, y luego se le apareció en sueños la Virgen María, señalándole el lugar en que debía estar el Ara Coeli o Altar del Cielo, para esperar la llegada de Cristo. Este altar está en un templete propio dentro del templo, con las reliquias de Santa Elena (madre del Emperador Constantino), aunque los arqueólogos coinciden en que procedería de tiempos de la Edad Media y no los de Augusto.
Vista ya toda la importancia histórica, religiosa y política del edificio de la basílica, en la entrada previa, ahora repasaré algunos temas relacionados con otros elementos de la misma que tienen importancia propia: la Escalinata del Aracoeli, considerada otra de las Escaleras Santas de Roma; la figura del Bambinello o Niño Sagrado que se guarda en el templo, de enorme valor para la fe popular romana; y los tesoros artísticos que se pueden encontrar en las capillas, pasillos y oratorios del edificio.
La Escala de Aracoeli y el camino de la Cordonata hacia la Plaza del Campidoglio, en grabado de Giovanni Battista Piranesi del siglo XVIII.
Cuadro del artista danés Christoffer Eckersberg, con las escalinatas y el templo de Santa María de Aracoeli, hecho hacia 1815. Se observan los inmuebles del costado de la escalera, demolidos para la construcción del Altar de la Patria, y de los que quedan algunos restos.
La Escalinata de Aracoeli, en fotografía de Herbert List de 1949. Fuente imagen: Arquitecturaacontrapelo.es.
LA GRAN ESCALINATA
A la Basílica de Santa María de Aracoeli se accede por una larga escalinata, a un lado del camino hacia la Plaza del Campodoglio. Es llamada popularmente la Escalinata del Aracoeli y considerada otra de las escaleras sagradas de la ciudad, como la del Sancta Sanctorum en Laterano y la de San Miguel y San Mango, a metros del Vaticano. Por esto, antes más que ahora, había devotos que subían por ella en enormes procesiones, y otros de rodillas, como una forma agradecer o de pagar adelantadamente favores divinos o solicitudes de salud, bienestar, amor y maternidad.
Resulta curiosa la imponente estructura escalonada sobre la pendiente, propia de un flujo mucho mayor que el actual de gente, con turismo y todo, podría pensarse en una primera impresión. Una subida zig-zag y más estrecha podría haber sido igual de funcional y más económica, es de suponer; sin embargo, es preciso recordar que casi siempre hubo varios edificios y centros activos alrededor de este lugar, en el pasado, incluyendo un pequeño barrio y un mercadillo, por lo que la concurrencia ha sido históricamente intensa allí.
Habría sido el notario papal y tribuno Cola de Renzo (Nicola Gabrini) quien inauguró la escalera, en el período de la república, con diseño de Simone Andreozzi. Esto habría tenido lugar en 1348.
Se construyó la escalera con con mármol recuperado de las ruinas de la vieja escalera del Templo de Serapis en Quirinale, que estuvo ubicado entre las actuales Piazza della Pilotta y la Piazza del Quirinale, aunque otras fuentes señalan que se empleó también mármol tomado del Coliseo. Unos 5.000 florines costó esta enorme obra, pagados por la ciudadanía romana, voluntaria y entusiasmadamente, según se recuerda.
Suele recalcarse que la escalera se construyó en los días de la plaga de peste negra, pero desconozco si esto se debió a la necesidad de los afligidos concurrentes de subir hasta el templo a pedir por la protección divina ante la calamitosa plaga. Según parece, se trataría más bien de una ofrenda a la Virgen agradeciéndole acabar con la peste, pues las versiones populares en Roma indican que se hizo para mostrarle gratitud al final de la plaga, que se juzgó superada por su intervención.
Irónicamente, Cola de Renzo, el promotor del "buen Estado" administrativo en tiempos de la decadencia de Roma e inaugurador de la escalera según el folklore, sería ejecutado por decapitación en la misma, durante las revueltas y sediciones de 1354. Una estatua recuerda allí el lugar aproximado en  donde fuera muerto.
Según la declaración unánime de las fuentes que consulto, serían 124 los peldaños de esta gran escalera, aunque creo haber contado más, tal vez porque la percepción se altera con la agitación y el esfuerzo. Una leyenda dice que quienes quieran sacarse la lotería o concursos parecidos, deben subir todos esos escalones invocando los nombres de los tres Reyes Magos y recitando De Profundis o el Avemaría, por las almas en el Purgatorio. Todo indica que esta creencia fue muy generalizada en algún período de la vida de Roma.
La enorme secuencia de escalones, en tiempos de la Edad Media era también un lugar usado como foro para discusiones, charlas o discursos ante el pueblo romano, además de anfiteatro para presentaciones menores. Se llenaba también cuando habían asambleas en el templo, casi como una prolongación plebeya del espacio para el público concurrente a estos encuentros políticos. El sector de su acceso también fue utilizado para ejecuciones públicas de criminales, en algún período.
Los mercaderes y modestos campesinos del siglo XVIII que llegaban a Roma a vender sus cargas, solían quedarse durante las noches en esta escalera, lo que incomodó mucho a la aristocrática familia Caffarelli, residente del mismo barrio del Campidoglio, quienes intentaron desalojarlos desde allí. Al no encontrar forma de persuadirlos de irse, procedieron a la fuerza, pero tampoco resultó. Según la creencia, el príncipe de la familia, ofuscado, una noche en que los comerciantes dormían en los escalones, arrojó rodando desde lo alto en el templo unas pesadas barricas llenas de piedras, que además de causar estragos con heridos y hasta muertos, logró convencer de salir de allí a los mercaderes.
Otra gran escala se encuentra en la sección lateral posterior del templo, pero no llega a la majestuosidad monumental ni a la prueba de esfuerzo físico que la principal, situada de cara al edificio. Esa segunda escala es llamada Clivo degli Argentari y sube desde la Prisión Mamertina, orientada hacia la Suburra, más próxima a la Plaza del Campidoglio.
Vieja postal religiosa con el Bambinello original de Aracoeli, con una plegaria para su imagen escrita al reverso. Imagen de la figura original, robada en 1994, hoy reemplazada por una réplica.
Acceso a la sacristía y a la capilla del Babinello de Aracoeli.
Altar del Santo Niño o Bambinello de Aracoelli.
Acercamiento a la imagen del Santo Niño, copia de la original sustraída en 1994.
Pintura con escena del Pesebre de Belén, dentro de la capilla del Santo Niño.
Vista de la sala octogonal del Santo Niño de Aracoeli. Al lado del altar, una caja con peticiones de los devotos.
EL SANTO NIÑO O BAMBINELLO DE ARACOELI
A fines del siglo XV, una atracción adicional que sumó a la Basílica de Santa María de Aracoeli: el llamado Santo Niño de Aracoeli, Santo Bambino o Bambinello, curiosa representación del Niño Dios, tallada por un franciscano en un trozo de madera de uno de los árboles del Monte de los Olivos de Getsemaní, en Jerusalén, con rasgos muy infantiles, casi de neonato. La tradición dice que el fraile no tenía suficientes pinturas para completar la tintura de su figura, pero que ésta fue terminada por intermediación de un ángel, primero de varios prodigios sobrenaturales atribuidos a la misteriosa imagen.
Otro milagro relacionado a la figura está en su propia llegada Italia: cuando el franciscano venía con ella de regreso a su patria, una feroz tormenta atacó al navío en el camino, viéndose en necesidad de arrojar al mar la caja en donde venía la figura. Sin embargo, llegar al puerto de Livorno, se descubrió que la caja habría venido también con ellos, flotando tras la estela de barco. Esta noticia provocó gran júbilo y atención de los creyentes en Roma, que comenzaron a venerarla no bien llegó a Santa María de Aracoeli.
La figura, hoy ubicada en una capilla, motivó peregrinaciones hasta este templo, pues se la tenía por una estatuilla altamente milagrosa y cumplidora con sus fieles. Muchas embarazadas y madres llevaban a sus niños hasta enfrente de esta figura, para consagrarlos al Santo Niño, e incluso realizaban sacrificios personales como subir las escaleras gateando para presetarse ante ella. Por la generosidad que se le atribuye en conceder favores, el Santo Niño acabó envuelto por los exvotos y las ofrendas, muchas de gran valor, que incluían oro, gemas y piedras preciosas.
Sin embargo, varias veces le fueron sustraídas al Niño dichas dádivas y agradecimientos. Y durante las revueltas de 1798, un romano logró sacar y esconder la imagen salvándola del saqueo y del fuego del ejército napoleónico, siendo apresado por eso; según algunas versiones, ejecutado. El rescate de la imagen también fue tomado por algo divino, y la fama de la misma llegó a ser internacional.
Filas de personas en la Colina Capitolina pedían verla, o solicitaban que le fuera llevada a la cabecera de los enfermos. Conciente de la fama del Santo Niño de Aracoeli, entonces, el Papa León XIII y el Capítulo Vaticano decretaron la coronación formal de la imagen, realizada el 2 de mayo de 1897.
La figura permaneció largo tiempo en una nave izquierda, en la Capilla del Presepio de la que ya hablaremos más, abajo. En febrero de 1994, sin embargo, el Santo Niño original fue robado desde la basílica. Jamás pudo ser recuperada la figura auténtica, por lo que se instaló en la capilla una copia de la imagen en la Noche de Navidad del año siguiente, cubierta de joyas, en una sala octogonal con bóveda, vecina a la sacristía, al fondo a la izquierda del transepto, conocida como el Belén de Navidad.
Se accede a dicha sala por un pórtico en cuyo dintel se ve una gruta con la imagen de San Sebastián, y en su interior hay hermosas obras de arte, como un cuadro del nacimiento del Niño Dios. Existe en el lugar un gran candelero para las ofrendas de velas y una caja transparente, en la que los devotos dejan papeles con las peticiones escritas al Santo Niño, al momento de hacer sus plegarias.
El Santo Niño sigue siendo bastante popular y toma especial protagonismo en la Nochebuena de cada año, cuando es sacado de su vidriera y colocado en un trono propio del monumental pesebre, ante el altar mayor, donde se recitan himnos y sermones, con mucha participación infantil en estos eventos.  De hecho, en el pasillo de la nave principal hay un pequeño púlpito metálico, en el que es costumbre que los niños reciten poemas de Navidad antes de hacerlo en sus propias casas, como una suerte de ensayo.
La comunidad asiste masivamente al atardecer del Día de la Epifanía, cuando se da la bendición de la imagen del Santo Niño de Aracoeli, el querido Bambinello de Roma.
Capilla de San Miguel Arcángel.
Capilla de San Bernardino de Siena.
Capilla de San Francisco Solano y de la Inmaculada.
Capilla de Santa Margarita de Cortona.
Capillas de  Santa Rosa de Viterbo (izquierda) y de San Francisco (derecha).
LAS CAPILLAS DEL TEMPLO Y SUS TESOROS
Son varias las capillas distribuidas dentro de la Basílica de Santa María de Aracoeli, algunas de ellas surgidas de subdivisiones de otras o de adiciones no originales al edificio. Están repartidas por los costados de ambas naves y en el transepto.
Nueve de estas capillas están por este lado, en la nave izquierda, y corresponden a las siguientes:
  • La Capilla de la Inmaculada Concepción, de mediados del siglo XVI, antes Capilla de San Francisco Solano. Fue donada por Paolo III Farnese a Gregorio Serlupi (su escudo de armas se observa en la cúpula), con frescos manieristas atribuidos a Francesco Pichi. En ella se encuentra un muy bien conservado órgano, construido por Johannes Conrad Werle en 1725.
  • La Capilla del Presepio, de la segunda mitad del siglo XVI, que recibiera serias alteraciones al demolerse parte de la misma para abrirle espacio al vecino Altar de la Patria. Sus figuras fueron donadas por el Duque Grazioli en 1863, y habían sido expuestas antes en el Palazzo Grazioli.
  • Capilla de San Antonio de Padua, hecha con aportes de la familia Albertoni (la misma de la Beata Ludovica Albertoni) y después patrocinada por los Paluzzi. En ella están las tumbas de la familia y el fresco "San Antonio" del artista Benozzo Gozzoli, sobre el altar. Hay otras obras del siglo XVI pertenecientes a Niccolò Trometta (da Pasaro) y de Muriano.
  • Capilla de Santa Ana, que debió ser repintada y restaurada en el siglo XIX.
  • Capilla de San Pablo, hecha con aporte de la familia Della Valle, donde el artista Pomarancio dejó pintados pasajes de la vida de San Pablo.
  • Capilla de la Ascensión, hecha tras segregar parte del espacio la anterior por voluntad de Vittoria Orsini Frangipani, esposa de Camillo Pardo Orsini. Se observa en ella un busto atribuido a Martino Longhi el Viejo, pero algunos le identifican más bien el estilo de Pier Paolo Olivieri.
  • Capilla de San Miguel Arcángel, que ha tenido varios propietarios a lo largo de su historia: los Tebaldeschi, los Ognisanti y los Mancini, siendo el último de ellos Marini-Clarelli, que reutilizaron las sepulturas y retiraron los retratos que había de dueños anteriores del mismo espacio. La principal imagen es la de San Miguel derrotando al diablo, del siglo XVII.
  • Capilla de Santa Margarita de Cortona, con dos pinturas laterales de 1732 mostrando escenas de la vida de la santa, hechas por Marco Benefial. También ha sido la Capilla de San Bartolomeo, patrocinada por las familias Rossi y Boccapadulli. El altar es obra de Sales, en 1827, y la pintura "Conversión y muerte de Santa Margarita" es de Benefial, de 1732. Se observa el pavimento cosmatesco en buen estado, y reluce una imagen escultórica de la santa con corona, cuidadosamente iluminada, dentro de una caja de cristal.
  • Capilla de la Virgen de Loreto, que pertenecía en sus inicios a la familia Colonna, con frescos de Marzio Ganassini. Tenía un gran mosaico del siglo XIII que después fue trasladado hasta el Palacio Colonna.
En la nave derecha y su fondo, en cambio, encontramos las siguientes capillas:
  • Capilla de San Bernardino de Siena, conocida también como la Capilla Bufalini, por el apellido de la familia que la tomó celebrando la paz entre su clan y el de los Baglioni de Perugia. Es una de las más antiguas y valiosas, remontada al siglo XV. Destacan en ella los frescos de Pinturicchio con pasajes de la vida de San Bernardino, hechos hacia 1485, además del piso cosmatesco muy bien conservado. El fresco de la pared de fondo ocupa prácticamente toda el área del muro, con San Bernardino recibiendo la Gloria con la divina coronación de los ángeles. Cabe añadir que la basílica resguarda entre sus reliquias, una tablilla con el monograma de Jesús que perteneció a San Bernardino y que él usaba para predicar la devoción por el Santo Nombre de Jesús.
  • Capilla de la Piedad, en donde destaca un altar y una obra de La Piedad de Marco Pino da Siena, del siglo XVI. En sus muros laterales hay frescos de Pomarancio, también de aquella centuria, con un extraordinario piso cosmatesco.
  • Capilla de San Jerónimo, también con grandes pinturas murales.
  • Capilla del Crucifijo, con una venerada escena del calvario.
  • Capilla de San Mateo, con pinturas de Gerolamo Muziano mostrando al santo acompañado de un ángel. Estaba destinada originalmente a San Luis de los Franceses, antes de quedar encargadas dichas obras a Caravaggio.
  • Capilla de San Pedro de Alcántara, aunque comparte el espacio con la adoración a San Estéfano. Ha sido patrocinada por las familias Margani, Benzoni, Mandolini y De Angelis. Hay en ella un altar en donde se ve la escultura del santo franciscano en el Éxtasis, acompañado por dos ángeles que levantan una cruz, obra de Michel Maille en el siglo XVII, autor también del óvalo en la pared lateral. La capilla fue obra del arquitecto barroco Giovanni Battista Contini, en la misma centuria. Allí se ve pintada la Gloria del santo, por Napolitano. Hay imágenes de San Raniero y San Estéfano en los muros, y trabajos de estuco de Cavallini.
  • Capilla de San Lorenzo y San Diego, con retrato de ambos santos.
  • Capilla de San Pascual Baylon, en la que se descubrió en nuestra época un fresco de fines del siglo XIII, donde aparecen la Virgen con el Niño, San Juan Evangelista y San Juan Bautista, posible obra de Pietro Cavallini y Jacopo Torriti.
Finalmente, en el transepto podemos encontrar dos capillas más posteriores:
  • Capilla del Bambinello o del Santo Niño de Aracoeli, de la que ya hablamos en el subtítulo anterior, ubicada en el mismo pasillo que conduce a la sacristía.
  • Capilla de San Gregorio Magno, situada entre el pasillo de la sacristía y el presbiterio, en donde se observa un lienzo sobre el altar, obra de Vincenzo Milione de 1771. En este espacio, está sepultado el compositor Emilio de' Cavalieri.
  • Capilla de Santa Rosa de Viterbo, dispuesta al fondo por el lado derecho del transepto y con entrada de frente al pasillo de la nave de este lado. Se impone la imagen de la santa italiana sobre el altar, con una diadema de luces a modo de aureola. La escoltan artísticas figuras de arcángeles.
  • Capilla de San Francisco, dispuesta al finalizar de la nave derecha. Destaca en ella la gran pintura del santo, con otras obras alrededor recreando pasajes de su biografía. Cuenta con un oratorio propio.
Desgastadas criptas del piso, sector nave izquierda.
Monumento funerario del Cardenal D'Albret, de Andrea Bregno, 1465.
Escultura de mármol de Gregorio XIII, obra del escultor Olivieri.
RELIQUIAS, ARTE Y OTROS TESOROS
Como suele suceder con las principales iglesias de Roma, los tesoros artísticos y relicarios de la basílica resultan de incalculable valor para la Iglesia y para la ciudad, no sólo los que pueden verse en las capillas.
Se destacan, por ejemplo, pinturas de enorme valor, como  "La Transfiguración" de Girolamo Siciolante da Sermoneta, además de los frescos de Pietro Cavallini (queda sólo uno, de varios que hubo allí) y otras obras de Giulio Romano, entre muchas maravillas más. Reluce también la imagen de la Virgen María bizantina en el Altar Mayor y un monumento sepulcral hecho por Arnolfo di Cambio, entre otras innumerables piezas.
También está en situación destacada la cripta de Giovanni Crivelli, Archidiácono de Aquilea, hecha por Donatello a un lado del portal de acceso sin coro, aunque originalmente ésta estaba en el piso. Tiene por vecino al monumento funerario del Cardenal Louis (Ludovico) d'Albret, obra de Andrea Bregno de 1465. Sobre ella está una conocida placa conmemorativa alusiva al Papa Urbano VIII, con una calavera alada representando al ángel de la muerte, obra curiosa y de mucha atención para las cámaras fotográficas de los turistas. Al reverso de la fachada está también el escudo de Urbano VII, con las características tres abejas símbolos de esta familia Barberini, obra en la que habrían estado involucradas las manos de Bernini.
En el Altar Mayor, de grandes proporciones y finísima factura rematada por ángeles y un relicario, se encuentra el venerado icono bizantino de la Virgen María ya mencionado, que data del siglo X-XI y que es conocido como la Madonna de Aracoeli. Hay una alusión directa a Gregorio XIII al final de este altar: un dragón, su emblema familiar de Boncompagni, pues fue en su papado que la iglesia recibió importantes trabajos de mejoramiento del siglo XVI. También hay una gran estatua de mármol del pontífice en el sector del pasillo lateral, obra de Pier Paolo Olivieri.
Al costado del mismo Altar Mayor y vecino al presbiterio de cañón colmado de frescos y estucos artísticos, está a la derecha el Altar del Sacramento, otro espacio de cautivante belleza dentro del conjunto, y en el mismo lado derecho del transepto, destaca un monumento funerario esculpido por Arnolfo di Cambio, hacia finales del siglo XIII.
Las reliquias de Santa Elena, la madre del Emperador Constantino el Grande, están resguardadas en esta iglesia, además de algunas pertenecientes al Santo Sepulcro. Se encuentran en el templete adicional que se le construyó allí, en el siglo XIX, cerca del púlpito, a la izquierda del transepto. Se levanta este baldaquino sobre un altar medieval que puede verse a través de un cristal, mismo que la leyenda identifica con aquel en donde el Emperador Augusto tuvo su visión, como dijimos en la entrada anterior sobre esta basílica.
En este mismo lado del transepto izquierdo, se encuentra la tumba del Cardenal Matteo d'Acquasparta, Embajador de Bonifacio VIII y Ministro General de los Frailes Menores, fallecido en 1302. Esta monumental obra fue construida por Giovanni di Cosma, y la acompaña un fresco de la Virgen con el Niño y los Santos, atribuido a Pietro Cavallini.
También relucen el Púlpito de las Epístolas y el Púlpito del Evangelio, obras firmadas de los artistas Lorenzo y Jacopo di Cosma, del siglo XIII, ubicadas al final de las arcadas de las naves. En este último púlpito, está también la piedra de la cripta de la Reina Caterina de Bosnia, fallecida en 1478. La pilastra en que se encuentra, tiene un altar dedicado a San Juan de Caspitrano, erecto por Guidotti en 1682.
En la nave, en la cuarta columna a la izquierda, está el Altar de la Virgen del Refugio, hecho bajo influencia de la Escuela de Viterbo del siglo XV. Muestra a la Virgen María con el Niño en sus brazos. Enfrente de ella está el Altar de San Giacomo della Marca y, más al fondo, tras las últimas columnas, se observan dos hermosos cosmateschi pergami de principios del siglo XIII, atribuidos la mano y talento de Cosimo di Lorenzo Cosma y su hijo Jacopo.
Debe recordarse también que la basílica cuenta con dos imágenes canónicamente coronadas dentro de ella: en el Altar Mayor, la de Nuestra Señora de Mano de Oro de Aracoeli (Nostro Signora di Mano di Oro di Aracoeli), coronada en 1636; y en la sala lateral de la Sacristía, la del Santo Bambino de Aracoeli, del que ya hablamos.
Una curiosidad es que, pasado el centro de la fila de capillas de la nave derecha, se conserva la antigua entrada que daba hacia el Campidoglio, conectando con la escalera entre el Convento y el Palacio Nuevo. Aunque no es una capilla, ha sido habilitado este espacio como lugar devocional con una representación de la Virgen con el Niño en su luneta, obra atribuida a Jacopo Torriti. Y por el pasillo hacia el exterior, se encuentra la tumba de Cecchino Bracci, fallecido con sólo 15 años en 1545, obra diseñada por su amigo Miguel Ángel, a solicitud de la familia. Le acompaña la tumba de Pietro Manzi, Obispo de Cesena, obra de Andrea Sansovino ejecutada en 1504.
Inicialmente, había en el templo un pequeño órgano de pórtico construido en 1583 por Darío de Mezzana, reemplazado en 1585 por uno doble más grande, por orden del Papa Sixto V, que quedó ubicado cerca del crucero, en la pared derecha de la nave central. Era un órgano grande y un tergal positivo, hecho en dos etapas: primero por Domenico Benvenuti y terminado por su hijo cuando murió, y luego por Fivizzano Francesco Palmieri. En 1595, Luca Blasi introdujo la primera de varias modificaciones que se practicaron al órgano, hasta buena parte del siglo XVII, retocado varias veces durante el siglo siguiente por maestros como Giuseppe Catarinozzi y Giacomo Alari.
El descrito órgano fue retirado en 1692, y se cree que pudo haber sido colocado en la pared a la izquierda del transepto. Fue con motivo del Jubileo de 1850 que los hermanos Martinelli de Fratta de Perugia serían los encargados de construir otro órgano, inaugurado el 22 de febrero de 1848, atrás del Altar Mayor, por Carlos Torlonia. Fue ampliado después con mejoramientos y un tercer teclado, por Enrico Priori, en 1863, siendo restaurado en los preparativos del Jubileo de 1900. Sin embargo, acabó reemplazado por uno nuevo en 1926, fabricado por la casa Tamburini di Crema. Aún permanece funcional dentro del templo.

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