jueves, 1 de febrero de 2018

LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA DE ARACOELI (PARTE I): ORÍGENES, HECHOS Y LEYENDAS DE UN TEMPLO ENCLAVADO EN LA HISTORIA ANCESTRAL DE ROMA

Templo de Santa María de Aracoeli y su gran escalinata. A la derecha se ven las antiguas viviendas romanas demolidas hacia 1882. A la izquierda, se distingue parte de las ruinas del ancestral templo pagano de la Colina Capitolina, en grabado italiano de 1833.
Coordenadas: 41°53'38.12"N 12°28'59.63"E
La Basílica de Santa María de Aracoeli (Santa Maria in Aracoeli) es una de las más conocidas de Roma, por hallase en la cumbre del célebre Monte Capitolino o del Campidoglio, allí en donde se concentra buena parte de la mitología e historia de la ciudad. En su interior, reúne una fastuosa cantidad de piezas, reliquias y objetos de inmenso valor, además de atraer en la devoción popular a mujeres, niños y familias completas, por las razones que ya veremos.
Hoy, la basílica y su entorno en el Capitolino es también uno de los sectores más visitados por los turistas llegados a Roma, lugar obligado diríamos, por estar a un lado de la Plaza del Campidoglio y de los extraordinarios palacios con los museos de la misma colina. El templo forma parte de este maravilloso conjunto de atractivos históricos, por la misma razón.
Llamada en sus orígenes Santa María del Capitolio (Santa Maria in Capitolo) y reconocida después como basílica titular, ésta es la iglesia formal del Senado y el Pueblo Romano (Senatus Populusque Romanus). Su nombre completo, desde la Edad Media, era Basílica de Santa María en Ara Coeli al Campidoglio, y su historia combina elementos provenientes de la época de la Roma pagana con la Roma paleocristiana, tocando tradiciones, misterios, folklore religioso y hechos históricos de entre los más importantes de la ciudad.
Da el asunto para un capitulo largo con este texto, por supuesto, pero el tesoro cultural constituido por la Basílica de Santa María de Aracoeli, lo merece. Lo dejaré publicado con dos entradas.
El Héroe Malvius, repeliendo a los invasores del Monte Capitolino en el año 390 antes de Cristo. La leyenda dice que defendió el mismo Templo de Juno en donde se levantará después la iglesia cristiana, y que el primer edificio que ocupó ésta era uno dedicado a Malvius por haber tenido allí su casa. Grabado de Bartolomeo Pinelli, publicado en Roma hacia 1819.
Vista general del Campidoglio, con la escalinata que conduce al templo de Santa María de Aracoeli, a la izquierda del paisaje urbano del Capitolio. Se observa la fachada del templo de entonces, con algunos elementos desaparecidos en la actual. Grabado del artista Giovanni Battista Piranesi, del siglo XVIII.
Plaza del Campidoglio, con la Basílica de Santa María de Aracoeli a la izquierda, al Escalinata de Aracoeli y el Cordonata Canaletto. Pintura de Giovanni Antonio (siglo XVIII).
UN TEMPLO PAGANO Y "MONETARIO" ANTERIOR
La actual basílica estaría construida sobre un templo muy anterior, dedicado a Juno Moneta (Templum Iunonis Monetae), en la llamada loma de Arx del mismo monte Capitolino. La leyenda atribuía a Rómulo, además, la construcción de un desaparecido albergue, junto a aquel templo pagano. Debe recordarse que esta colina, adyacente al Foro Romano y al Campo de Marte, en otra época llamada también Monte Saturno, acogió alguna vez también al templo etrusco de Veiovis, además de los altares romanos de Tabularium, Gens Julia y los calabozos de Tullianum.
No hay claridad total de la ubicación del Templo de Juno Moneta, pues algunos autores indican que estuvo justamente en el lugar de la actual Basílica de Santa María de Aracoeli, mientras otros señalan que sólo ocupaba parte del mismo, al borde de la colina y en la escalera que existen entre el Foro Romano y la parte posterior del templo, hacia la Via di S. Piero in Carcere.
Juno Moneta, es decir, Juno la Avisadora, diosa del matrimonio, la maternidad y reina de los dioses, "patrona" del Estado, era parte de la trinidad conocida como Triada Capitolina, junto con Júpiter y Minerva, que reemplazó a la Triada Etrusca de Tinia-Uni-Minerva, y a una aún más arcaica de Júpiter-Marte-Jano. Su templo principal era el Júpiter Óptimo Máximo o Júpiter Capitolino, también en esta colina y al parecer muy cercano a la ubicación actual de la basílica.
Dicen cronistas romanos clásicos, como Livio y Ovidio, que el Templo de Juno Moneta estaba ubicado en la cumbre de la ciudadela de la colina por el militar, dedicado a la deidad por el estadista y dictador Camillus, y que antes había sido la casa del héroe romano y patricio Marcus Manlius Capitolinus, quien había enviado a los ejércitos galeses lejos de los altares del Júpiter Capitolino, evitando un intento de invasión al mismo.
Dicha historia, tocada por algunos historiadores de la época aunque con características de leyenda, señala que fue hacia el año 390 antes de Cristo, cuando los graznidos de los asustados gansos sagrados que paseaban alrededor del Templo de Juno Moneta, advirtieron a Manlius del ataque que en esa noche intentaban los galos, escalando por los murallones de la colina en donde se encontraba residiendo. Su resistencia a la invasión fue epopéyica, por lo que Camillus habría mandado construir el templo conmemorando este hecho, sucedido cuando comenzaron los enfrentamientos con las tribus sureñas de Aurunci.
Empero, hallazgos arqueológicos en jardines y patios del edificio actual, aportan un rigor histórico que riñe un poco con la leyenda: confirman que ya existía un templo anterior al de los tiempos del cónsul Manlius, además de los restos de una fortificación militar en la loma de Arx.
Este centro antiguo era el lugar en donde se inició la tradición de acuñar monedas en Roma, a partir del año 273 antes de Cristo, en un taller al lado del edificio de entonces, costumbre que se extendería después a otros templos bajo el patronato de Juno. Este régimen llevó a muchos personajes influyentes y adinerados de Roma a tratar de incluir en los cuños episodios prácticamente familiares, poniéndolos a la altura de epopeyas nacionales dignas de conmemorar, en algunos casos más relacionados con leyendas de clanes que con hechos históricos.
Más de cuatro centurias se estuvieron acuñando las piezas allí, hasta que el Emperador Domiciano decidió trasladar estas funciones hasta una casa de moneda ubicada a un costado del Coliseo, hacia fines del siglo I.
A su vez, la palabra moneda procede etimológicamente, de esta relación capitolina con Juno Moneta, como se desprende de lo escrito por cronistas como Ovidio, Marcial y Juvenal. Por su parte, Cicerón dice también que hay relación entre moneda y un verbo antiguo monere, referido al sacrificio expiatorio de una cerda preñada, en un terremoto de Roma.
En el antiguo templo de Juno se guardaba también el archivo conocido como  Libri Lintei, correspondiente a los registros de los cónsules elegidos anualmente, en un rango que va desde el año 444 a 428 antes de Cristo. Se anticiparon, por lo tanto, muchas de las características político-administrativas que después serán propias de este centro institucional instalado en la colina, más allá de sólo el rasgo religioso.
Se sabe también la basílica y el Templo de Juno, ocupaban el sitio conocido como el Auguraculum, es decir, la sede oracular de los monjes augures (Auguri), desde donde obtenían sus pronósticos mirando el comportamiento o vuelo de las aves. No hay continuidad clara entre el Templo de Juno Moneta y el Auguraculum, así que la cosa persiste como bastante nebulosa.
Es imposible no mirar con suspicacia las semejanzas de los cultos a Santa María de Aracoeli y el Santo Bambino del que ya hablaremos, relacionados con asuntos de maternidad y protección infantil, con el original de aquel primer templo consagrado a Juno Moneta.
La Escalinata de Aracoeli y, atrás arriba, la basílica.
Fachada con el aspecto actual de la Basílica, sus tres entradas frontales y óculos.
Templete y baldaquino con las reliquias de Santa Elena y el Altar del Ara Coeli de la Edad Media, que la tradición atribuye al Emperador Augusto.
ORÍGENES MÍTICOS E HISTÓRICOS DEL TEMPLO CRISTIANO
De acuerdo a la famosa guía de la ciudad de Roma del siglo XII, titulada "Mirabilia Urbis Romae", el templo cristiano sería anterior al cristianismo, curiosamente.
Dice dicho documento que el edificio fue levantado en el siglo I antes de Cristo, en donde existió antes el Ara Primogeniti Dei de Augusto, conocido también como el Altar Augustiano, en el mismo lugar en donde la sibila Tiburtina profetizó en sus visiones al emperador, la llegada del Mesías, diciéndole: "Desde el Cielo vendrá un Rey con características de hombre que reinará por siglos y juzgará al mundo". Él quedó tan conmovido con el anuncio, que decidió levantar lugar de adoración allí, adelantándose cerca de un siglo al nacimiento del Rey de Reyes.
Si la leyenda descrita fuera real, entonces, el altar de este templo sería, acaso, el único del mundo de carácter cristiano pero anterior a Cristo. La misma tradición señala que está construido en el lugar en donde el emperador tenía su cámara de descanso o cuarto dormitorio, pues allí, tras la revelación de la ninfa, se le apareció una imagen onírica de la Virgen María con el Niño en sus brazos, mostrándole un altar y diciéndole: "Haec est ara fili Dei"; es decir, algo así como: "Éste es el altar del hijo de Dios", mensaje ante el cual se dejó caer de rodillas el soberano. Acto seguido, ordenó levantar un adoratorio alrededor, en la misma habitación, donde se cuenta que en la edad media se construyó el primer templo.
Dicho altar de Augusto, entonces, sería para la creencia el mismo de la actual iglesia, ubicado en el transepto. Allí se ven las imágenes de Augusto y Tiburtina pintadas a ambos lados, sobre el mismo. Llamado Altar del Cielo, es decir, el Ara Coeli, con el tiempo sirvió de nombre para la propia iglesia cristiana que allí se construyó en torno al altar: Santa María de Aracoeli, denominación oficial que recibió en el siglo XIV (en 1323, según la mayoría de las fuentes) y que mantiene hasta hoy. Otras teorías, sin embargo, suponen que Ara Coeli provendría de la corrupción del nombre Arx, que -vimos ya- recibe esta punta de la colina.
En términos más históricos, resulta difícil que se remonte dicho altar a los tiempos de Augusto, dado que Roma se convirtió oficialmente al Cristianismo recién en el siglo IV. Cuesta creer también que haya existido un altar oficial en algún templo remontado tantos siglos antes de esa época, por cierto. Sin embargo, debe observarse que en el siglo VI, la iglesia existente entonces ya se consideraba antigua, siendo levantado el primer edificio hacia aquella época según otros autores. Como sea, el templete del controvertido Altar del Ara Coeli fue reconstruido más tarde, con la estructura actual que data del siglo XIII.
Como se ve, la historia cristiana del edificio es incierta en sus orígenes, entonces. Aunque se cree erigida sobre el mencionado templo pagano de Juno o bien ocupando al mismo con algunas modificaciones, desde el año 574 había registros de la existencia de una abadía bizantina en este lugar, sometida a un exacta bajo el rito griego. Una leyenda dice que el primer templo fue fundado por Gregorio Magno en el 590, o antes inclusive, por Santa Elena, madre del Emperador Constantino.
Los rasgos primitivos del edificio proceden de aquel viejo período de sus orígenes. Empero, en el siglo IX la abadía y la iglesia pasaron a manos directas del papado, destinándosela a los monjes de San Benedicto. Éstas son las primeras noticias de la presencia de un monasterio benedictino, aunque existiese desde el siglo VI. Lo cierto es que, hacia el año 880, se hablaba ya de Santa María del Capitolio (S. Maria in Capitolio) en este mismo sitio, si bien las noticias de la existencia de un templo cristiano propiamente tal, aparecen hacia el siglo XII.
Como sea, el complejo pasó a manos de la Orden de San Francisco, hacia 1250 por orden de Inocencio IV, gracias a una bula emitida intentando superar los conflictos de intereses entre güelfos y gibelinos. Los franciscanos permanecieron en el lugar suficiente tiempo para introducirle varias modificaciones al edificio, dándole los rasgos románicos y góticos rústicos que aún conserva.
Interior, nave mayor y columnas divisorias de la nave lateral derecha. Se observan las diferencias de origen y diseño entre la columnas de las arcadas.
El extraordinario trabajo de artesonado del techo, en la nave mayor.
Vista general de la nave mayor, desde el acceso hacia el presbiterio.
La nave mayor y las arcadas, desde el sector del Altar Mayor hacia el acceso.
Pasillo y entrada a las capillas de la nave izquierda. Se observa el estupendo piso.
IMPORTANCIA HISTÓRICA DEL LUGAR
El templo fue el más importante de la actividad romana durante la Edad Media, tanto civil como religiosa, en especial durante el intento republicano del siglo XIV. Aunque la instalación de sedes políticas y administrativas en el Monte Capitolino le hizo perder al lugar algo de su carácter sacro ancestralmente reconocido, en el siglo XI se la establece como comuna y la iglesia sigue atrayendo procesiones completas con su aura de fe popular.
Con relación a lo anterior, si grandes basílicas como la de San Pedro, de San Pablo de Extramuros o de San Juan de Laterano han sido más bien sedes majestuosas del poder papal, Santa María de Aracoeli es, desde sus orígenes, una sede de la religiosidad más popular romana y un punto de fusión entre la Iglesia de Roma con la ciudadanía devota, razón por la que es, por ejemplo, el escenario del Te Deum romano de acción de gracias de cada año.
En 1143, con el levantamiento romano  contra el Papa Inocencio II y la designación de Giorgio dei Pierleoni como Patricio, comenzó a usarse este lugar como lugar de la Iglesia y sus escaleras como centro de reuniones y debates. A partir de 1144, además, se convierte en la sede del Senado de Roma, y hacia fines del siglo XII se construye también en el lugar, el primer Palacio Senatorial. Durante el siglo siguiente, en 1341, fue laureado en el templo el poeta y humanista Francesco Petrarca, promotor de la unificación italiana y apologista de la relación hereditaria entre la Roma Imperial y la Cristiana.
Cabe observar que la misma colina experimentó varias veces las irritaciones y enfrentamientos políticos, durante el avance del control del papado sobre toda la ciudad, y los brotes de la resistencia ciudadana, con el capítulo del republicanismo liderado por Cola de Renzo, de quien tendremos más que decir sobre su relación con este sitio. Es presumible que varias veces se viera involucrada la iglesia en esta clase de asuntos.
Una gran remodelación de la colina comenzó en 1536, de alguna forma como consecuencia de las disputas de poder entre el papado y la corona. Correspondió al pontífice Pablo III dar inicio a la reforma planificada planificada por el artista renacentista Miguel Ángel Buonarroti. Fue entonces cuando se construyó el sendero escalonado principal de acceso a la plaza, conocida como la Cordonata, y que se pensó principalmente para quienes llegaban a caballo. Este sendero pavimentado quedó conectado al acceso de la pendiente hacia el templo, cuando los principales edificios palaciegos de la colina ya estaban allí, mismos que vemos en estos días.
Sucedió por entonces que, tras aplastar a la marina de guerra turca en la Batalla de Lepanto, el Almirante Marcantonio Colonna fue homenajeado en esta basílica, en 1571, con grandes actos públicos. Fue con ocasión de estos festejos que se construyó el artesonado y se pintó dorado el techo del edificio, como agradecimiento a la Virgen María, obras que se prolongaron hasta el año 1575.
A fines del siglo XVIII, sin embargo, durante la invasión francesa de 1797 y la breve República Romana, al templo se le desconoció su carácter sacro, fue convertido en establos de la caballería y los franciscanos fueron duramente perseguidos y expulsados. Se cuenta que las tropas napoleónicas maltrataron gravemente el lugar durante este período, destruyendo o robando la mayor parte de sus ornamentaciones y obras de arte. Pasada ya esta amarga experiencia, la iglesia comenzó a ser restaurada a partir de 1799.
Tras la unificación italiana y la coronación de Vittorio Emanuele II, en marzo de 1861, el barrio alrededor del templo acogió a cuarteles policiales y el convento pasó a ser propiedad del Estado. Un tiempo después, cuando comenzó a construirse el enorme edificio del Altar de la Patria o Vittoriano en 1882, muchos de los inmuebles del barrio del entorno acabaron demolidos durante las largas obras, incluyendo los que daban borde a un costado de la escalera de acceso al templo. Dicho edificio monumental sería inaugurado recién en 1911, con obras retomadas años más tarde para darle aún más espectacularidad.
Debe señalarse que la Basílica de Santa María de Aracoeli también es, hasta nuestros días, el lugar de celebración de las solemnidades navideñas de los cuerpos oficiales de Guardias del Palacio Papal, de la Milicia Urbana, de la Guardia Cívica de Primera Elección y de la Guardia Palatina de Honor.
Altar mayor y presbiterio, en plena celebración de un matrimonio. Al centro del altar sobre el sagrario, el icono bizantino de la Virgen María.
Acercamiento a los detalles del cañón y las pinturas del presbiterio, al interior del ábside del edificio.
Vista lateral del Altar Mayor y presbiterio.
CARACTERÍSTICAS ARQUITECTÓNICAS
En la práctica, el templo fue reconstruido casi completo por los franciscanos, a partir de 1250, en obras que sufrieron grandes contratiempos e interrupciones durante el período en que se ejecutaron. Se aplicó mucha materialidad de ladrillo en su construcción, pero también se reutilizaron algunos cimientos, murallones y elementos estructurales de antiguo edificio o fuerte que ocupa este lugar.
Exteriormente, sus antiguos rasgos románicos de simpleza y escasos vanos en alineación central resaltan al final de la pendiente por la que se sube hasta el edificio. Las ventanas-óculos de los costados, son de entre los últimos rasgos góticos exteriores que puede reconocerse en el edificio. En el tragaluz central se puede observar el escudo de los Barberini, además.
Se le agregó también una tercera entrada frontal que, según entendemos, no sería original, a pesar de la simetría que aporta;  y se le modificaron algunos detalles de la cara principal, aunque ya en el siglo XII, documentos de la abadía benedictina referidos a la llamada Iglesia de Santa María del Capitolio, describían tres accesos para el templo: la que recibe a los visitantes por la fachada y principal (unida al camino de la Cordonata), la lateral que conecta desde la Prisión Mamertina (lugar de detención de San Pedro, según la tradición) y el de la Puerta de San Teodoro hacia el Foro Romano.
En el pasado, esta fachada tenía frescos y mosaicos sobre sus muros, de los que sólo sobrevive parte de un mosaico en el tímpano de la entrada principal. Su proximidad al Altar de la Patria (terminado por fin en los años veinte), sin embargo, produce una percepción falsamente reducida de sus proporciones, desde algunos ángulos del paseo inferior y la Plaza del Campidoglio.
Interiormente, se trata de un templo en distribución de crucero, con nave principal con el fastuoso artesonado artístico de madera del siglo XVI, preciosas lámparas colgantes, y dos naves laterales con techo de bóvedas cruzadas y en donde se encuentran las capillas. Las naves están divididas por arcadas de medio punto.
Llama la atención que no todas las columnas que separan las naves sean de los mismos diseños y órdenes: esto, porque varias de ellas fueron recuperadas en entre ruinas de otros edificios anteriores destruidos, y reutilizadas acá. La abundante decoración de muros y altares convive entre el barroco y el gótico.
Sus suelos son de estilo cosmati, sobre los restos de la antigua ínsula romana que ocupaba este terreno. El conjunto primitivo dejó algunos restos aún visibles abajo, por el costado de la Via del Teatro di Marcello, enfrente de la Plaza D'Aracoeli. Los restos de una capilla o templo pequeño llamado Chiesa del San Biagio de Mercato y la propia ínsula, aparecieron en excavaciones de los años treinta, correspondiendo al primer barrio o ciudadela pequeña que creció alrededor del templo cristiano. Se conservan aún las intercepciones de las lápidas del siglo XIII, pero cabe comentar que el mármol de algunas criptas en los suelos, hoy está tan gastado por las pisadas de los visitantes, que las figuras allí esculpidas están lisas, por lo que se advierte en la entrada tener cuidado con los resbalones.
En el mismo recinto del templo se construyeron, en sus primeros siglos y con el aspecto que conserva, los claustros y dependencias secundarias que aún existen allí. El templete interior para el primer altar, al estilo de baldaquino, se construyó resguardando las reliquias de Santa Elena y el altar original del Ara Coeli. Fue levantado en el transepto pero ocupando alguna de las primeras etapas del templo cristiano, en donde estaba dicho altar augustiano, aunque debió ser reconstruido en 1833.
Durante la construcción del Altar de la Patria, las demoliciones de inmuebles del entorno alcanzaron a otras dependencias religiosas, algunas conectadas al edificio basilical, desapareciendo así la Torre Pablo III y restos de algunas etapas remontadas a tiempos romanos y medievales en los murallones y bases del lugar, especialmente las ubicadas entre el sector al Sur del cerro Capitolino y la Via del Corso. También desapareció lo que quedaba del primer convento dentro del conjunto.
En la próxima entrada, veremos algo más extendido sobre la historia de la monumental Escalinata de Aracoeli, también sobre la figura del milagroso Santo Bambinello que se guarda en el edificio, y sobre los tesoros y reliquias que se pueden observar en sus capillas, pasillos y oratorios.

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