miércoles, 7 de febrero de 2018

LA ANIMITA-MEMORIAL CON LOS CUATRO ROSTROS DE UNA TRAGEDIA EN IQUIQUE

Fuente imagen: Google Street View.
Coordenadas: 20°12'29.8"S 70°07'46.5"W
Hay muchas animitas de trabajadores chilenos repartidas por el país, caídos en circunstancias trágicas ligadas de una u otra manera a sus empleos o actividades de sustento. Una que está a espaldas del sector Zofri (Zona Franca) en Iquique, me llamó particularmente la atención, por pertenecer a cuatro hombres bastante jóvenes, de entre 20 y 26 años.
La animita está en la avenida Circunvalación de Iquique llegando a Luis Jaspard, en el barrio industrial, a un lado de la Puerta 13 del recinto de la Zofri y al final de una cerrada y peligrosa curva de dicha calle. Consta, fundamentalmente, de tres elementos: un mural con los rostros de las víctimas en la pandereta que divide la calle del sector de las instalaciones y bodegas, una piedra conmemorativa con los nombres de los fallecidos más una dedicatoria, y una pequeña casuchita a modo de templete, que suele tener velas encendidas en las noches.
Aunque es fácil adivinar que se trató de un terrible accidente automovilístico, vecinos del sector Los Delfines y La Cantera que consulté a la pasada, me dieron las primeras confirmaciones de que se trataba de tal desastre, aunque juzgando inquisitivamente la responsabilidad de los propios accidentados en los hechos. Y aunque la historia de esta tragedia ya casi ha desaparecido de internet, tengo nota de que, según se informó en su momento, sucedió a las 7:20 horas de la mañana del domingo 16 de junio de 2002.
Ocurrió que un grupo de trabajadores, aquella noche del sábado al domingo, había estado por largas horas instalando un cartel luminoso al interior del complejo de la Zofri. En la cuadrilla estaban Branco Antonio Silva Anguita, de 24 años, Salim Yamil Danilla Márquez, de 20 años, Miguel Ángel Morales Salom, de 24 años y Carlos Ángel Valenzuela Espinoza, de 26 años. Terminadas las extenuantes  labores, ya en horas del amanecer, fueron conducidos desde allí en un vehículo familiar o una camioneta conducida por Yamil Eduardo Castillo Danilla, al parecer pariente de Salim, que debía ir a dejarlos en sus respectivas residencias o bien encaminarlos.
No se dieron muchos detalles del accidente en los medios impresos, pero por lo que supe gracias a los mismos vecinos del barrio, iban a alta velocidad por la Circunvalación cuando el chofer perdió el control del vehículo, estrellándolo contra la pared que existía entonces en esa peligrosa esquina, que ya habría sido escenario de otros accidentes antes y después, según me informan. El frenazo ruidoso e inútil seguido del estruendo del choque, entonces, fue el despertador del vecindario, aquella mañana.
Los residentes y trabajadores del sector que ya estaban en pie y que llegaron atraídos por los inconfundibles sonidos de la muerte violenta en las calles, se encontrarían con una escena dantesca... Las primeras víctima fatales del accidente, en el amasijo que había sido antes un vehículo, eran  Branco Silva, Salim Danilla y Miguel Morales. Después, se les sumaría Carlos Valenzuela, tras una penosa agonía en el hospital regional y sin poder salir del TEC (traumatismo encéfalo craneano) abierto, con fracturas de cráneo, costillas rotas y perforación del pulmón derecho.
El único sobreviviente fue el conductor, Castillo Danilla, que resultó con lesiones menores. Siguiendo la información policial hecha pública, la prensa lo señaló entonces como principal responsable, por ir manejando a exceso de velocidad y bajo los efectos del alcohol. Sin embargo, cabe comentar que generó algunas suspicacias el que Miguel Morales fuera miembro destacado del grupo de carreras clandestinas denominado "The Ilegal Street Racers", que desde hacía poco competían precisamente en los alrededores de la Zofri y después en la exbase aérea de Alto Hospicio. También se supo que Carlos Valenzuela participaba en estas mismas carreras de "piques" del grupo de aficionados.
Con relación a lo anterior, sin embargo, es digno destacar que los compañeros y camaradas de Miguel lo describían como un tipo de inmensa solidaridad y espíritu deportivo, y que de acuerdo al propio club, los muchachos no se encontraban compitiendo la mañana del accidente. Esto es evidente para los medianamente entendidos en el tema de los "piques" de velocidad, por cierto, dada la cantidad de personas que iban dentro del vehículo, algo incompatible con la idea de una carrera clandestina.
La muerte de los muchachos causó gran pesar en la comunidad iquiqueña. Al mediodía del martes 19 de junio, Miguel y Salim fueron sepultados en el Cementerio N° 1 de Iquique, ambos en el mausoleo familiar Márquez Garrido del pasaje Salitrera Esmeralda, con una concurrida caravana. Cabe observar que Miguel fue despedido por sus cofrades del club "The Ilegal Street Racers" con un homenaje que empezó en la madrugada, pasando sus automóviles y tocando las bocinas en el mismo lugar  de la curva del accidente, en donde ahora está la animita. Branco, en tanto, fue sepultado ese mismo día en el cementerio N°3. El último cortejo fúnebre sería el de Carlos, cuando su cuerpo ya no pudo resistir más las heridas.
Los deudos de los fallecidos levantaron la animita de la fatal esquina que, además, tiene una valla metálica de contención firmemente enclavada justo allí, no sabemos si como moraleja o medida colateral de este terrible accidente.
Es destacable, por otro lado, que algunos familiares de los fallecidos, como los padres de Salim Danilla, el más joven de todos, hicieron varios llamados posteriores en su entorno y a través de la prensa ("La Estrella de Iquique" del viernes 19 de noviembre de 2007) apelando a la responsabilidad en la conducción de automóviles, especialmente de la gente joven, poniendo el caso de su hijo como ejemplo.
Al parecer, se prendían velas en el lugar de este drama desde el día mismo del accidente. Destacan hoy allí los retratos del muro, en trazo de alto contraste con los rostros de los fallecidos, hechos con pintura amarilla y negra, que recibió algunos retoques alguna vez, según parece. Les acompaña el siguiente mensaje:
"Ángeles de luz en el Cielo, Branco, Carlos, Miguel y Salim, descansan en el Sagrado Reino de Dios".
Con características de memorial, sin embargo, la primera pieza allí dispuesta habría sido un monolito, colocado el miércoles 16 de octubre de 2002, al cumplirse cuatro meses del accidente. En la piedra se observa trazado un arco de medio punto, tal vez la silueta de una lápida, con los nombres de los fallecidos y un mensaje a su memoria:
"16 de junio 2002
† Salim Danilla Márquez
† Miguel Morales Salom
† Carlos Valenzuela Espinoza
† Branco Silva Anguita
Sus recuerdos son nuestro mayor consuelo, sólo viviremos con la esperanza de abrazarlos en el cielo.
Iquique, 16 de octubre 2002".
Alguna vez, este monolito originalmente ubicado bajo el último de los retratados del lado derecho, fue desprendido del suelo arenoso, no sé si por alguna renovación de la berma o bien por algún acto vandálico como los que son frecuentes en las animitas. Y alguna vez lo acompañó una cruz, según parece, pero hoy es sólo un poste desempotrado del sillar que antes lo mantenía también fijo en tierra.
Dije ya que el conjunto se completa con la casucha de latón, adosada a la misma pandereta de los retratos. Sin embargo, este templete no pertenecería al conjunto de los cuatro trabajadores muertos, sino que sería registro de un accidente anterior en la misma esquina, pues tiene en su interior un nombre distinto al de los fallecidos en 2002: Thon. Mejías D. De todos modos, ha quedado incorporada por su proximidad al mismo conjunto, para dicha o desdicha del finado original.
Hasta donde sé, los principales devotos de esta animita conmemorativa de los cuatro fallecidos, son trabajadores del propios sector Zofri, vecinos, los familiares, empleados del sector y excolegas de los allí muertos, aunque prima más el carácter memorial del lugar que el de peticiones o agradecimientos de favores concedidos, como en el animismo más tradicional y folklórico.
Finalmente, cabe señalar que el club "The Ilegal Street Racers" pasó felizmente a la formalidad de las competencias de motores en Iquique, por lo que sus pilotos miembros decidieron homenajear a sus dos compañeros fundacionales fallecidos, a Miguel Morales y a Carlos Valenzuela, inscribiéndose con el nombre de "Morval", con con las primeras letras de ambos apellidos.

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