lunes, 12 de febrero de 2018

EL PASEO DE LOS FALLECIDOS Y DE LOS DESAPARECIDOS EN EL MAR, EN EL PUERTO DE SAN ANTONIO

Coordenadas: 33°34'56.0"S 71°36'51.3"W
Pocas cosas son tan dramáticas y misteriosas como las desapariciones de los hombres de mar, de los pecadores en plenas faenas. Un país marítimo como Chile tiene todo un folklore popular al respecto, manifiesto en algunas tradiciones como las ofrendas que se hacían en Chiloé a los perdidos en el océano, sepulturas de pequeños ataúdes con pertenencias del desaparecido a falta de un cuerpo, o los cementerios de tumbas simbólicas vacías del Biobío.
Incorporado desde no hace mucho a estas mismas tradiciones funerarias para los pescadores tragados por el mar, está un sector entre los pequeños memoriales dispuestos en toda la peatonal junto a las aguas del Puerto de San Antonio, en el Paseo Bellamar. Este sitio se ha vuelto una curiosidad que guarda cierta semejanza con el culto nacional de las animitas y con la forma sobria pero profunda en que se hace acá en Chile la devoción por los fallecidos, sin estridencias carnavalescas ni pachangas.
Para remontar, las dos primeras etapas del Paseo Bellamar, que recorre el borde de mar entre la recientemente destruida Estación del Ferrocarril de San Antonio, sector del casino y el centro comercial, y las instalaciones portuarias cerca de la histórica Grúa 82, fueron entregadas durante el período estival de 2002 a 2003. El paseo se recorre a pie sobre un sector de roqueras en donde se disponen los pesados fragmentos como rompientes, precisamente en donde están los homenajes para los desaparecidos, muy cerca del muelle de los pescadores artesanales.
Si bien los pequeños memoriales de los pescadores artesanales ya eran una tradición realizada allí por los mismos colegas de mar de la cercana caleta pesquera y otras cuatro de la misma provincia, fue desde inauguradas las obras que comenzaron a aparecer en abundancia varias de estas placas de mármol y algunos retratos recordando a las almas de personajes queridos del puerto y ya extintos, en diferentes circunstancias, naturales o no.
Frecuentemente, se pueden encontrar entre los mismos roquedales de la orilla y sus placas de duelo, y hasta entre matorrales de docas en algunos casos, las respectivas ofrendas, flores y restos de velas que dejan sus familiares y deudos, los mismos que convirtieron en costumbre recordar a su gente perdida en este sitio o del ambiente de los pescadores. Varios botes de pesca artesanal están amarrados a este borde del puerto, además, enfrente de la línea de placas.
Por otro lado, me han dicho acá que cuando se inaugura cada placa o medallón recordando al desaparecido, se organiza una pequeña ceremonia a modo de funeral alternativo, en especial si tan humilde y sencillo memorial será el sustituto de la cripta para el fallecido, como es el caso de los desaparecidos en el mar y aquellos cuyas cenizas fueron arrojadas al mar en este paseo.
Son conmovedores los mensajes que quedan grabados en el mármol de las placas, en algunos casos, reflejando el trágico sentir especialmente en el caso de las desapariciones que ya parecen ser parte de la identidad del oficio: hombres jóvenes, hombres viejos, incluso expertos con años de conocimiento en el rubro... El mar no perdona. De entre las placas más antiguas que quedan visibles, sin embargo, se encuentra la de Hugo Hernán Ramírez Placencia, nacido en 1928 y fallecido en 1990, año al que parece remontarse la pieza allí empotrada. Otras que pudieron ser anteriores se han despegado o han sido destruidas, quedando sólo sus marcas en la roca.
Los desaparecidos más recientemente incorporados al paseo, fueron Nelson Manuel Romero Guzmán, joven pescador nacido el 12 de mayo de 1995; Juan M. Ambrosetti Adasme, nacido el 12 de mayo de 1953; su joven hijo Juan M. Ambrosetti Santander, nacido el 27 de octubre de 1997; y Carlos Ibarra Berríos, nacido el 22 de junio de 1955. Sus nombres están en una placa, acompañados por un bote con el nombre "Don Juan II", mismo en que se perdieron.
Precisando, todos ellos acabaron perdidos en el océano el 2 de junio de 2016. Su caso desplegó un gran operativo de búsqueda de la Armada de Chile en medio del mal tiempo reinante, esfuerzo que resultó infructuoso a pesar de la esperanza que pusieron en la prensa de entonces doña Juana Guzmán, madre de Nelson, y doña Marta Santander, madre y esposa de los Abrossetti, ya que su esposo y otros dos hijos habían naufragado antes ya, en 1999, resultando vivos... Pero el milagro no se repetiría esta vez. Un panel pequeño junto a la placa de mármol, con el retrato de Nelson en las rocas, dice recordándolo:
"Dejaste tus huellas en nuestras vidas, un vacío enorme con tu partida. Más ni la muerte, ni el tiempo te borrará de nuestros corazones... Dejaste lo más bello: tu hija... Recuerdo de tu abuelita, tías, primos y hermanos".
Otros despedidos, sin embargo, serían pescadores célebres en el ambiente de la caleta de San Antonio o residentes de la ciudad pero de una u otra forma relacionados con el puerto y su actividad. Muchos de ellos abandonaron este mundo después de una vida consagrada al oficio, además. Por esta razón, encontramos casos como un corazón de mármol recordando que en este sitio se esparcieron las cenizas de Luis Ernesto Leiva Morales (1927-2012), rubricada por "su esposa, hijos, yernos y nietos"; y las de un personaje llamado Marcel Cabrolier Sanhueza (fallecido en 2016).
Algunas placas ya están ilegibles, y cuesta adivinar cuál homenajeado es un desaparecido, un hombre de mar o simplemente un sanantonino ligado al puerto, pero todos están allí porque, de alguna forma, se perpetúan junto a la marejada y al graznido de las gaviotas. Por eso figuran también algunos nombres de mujeres allí en el paseo, como Susana Paredes Hernández (1933-2015), Francisca Elvira Urrutia Robledo (1936-2015), Rosa González G. (1929-2013), Bernardita Linares Sandoval (1958-2013) y Nélida Amigo Molina (1963-2006).
Entre las demás placas, se encuentran algunas con los siguientes nombres, acompañados por flores o velas: Manuel Jiménez Pardo, fallecido sólo cuatro días después de su último cumpleaños (1947-2014), José González Peña (1956-2012), José Rolando Martilano Hans (1951-2015), Juan Miranda Brizuela (1928-2015), Carlos Fernando Molina Reyes (1950-2013), "El Rucio" Pedro Juan Vera Landaeta (1954-2016) y el prematuramente partido Víctor Daniel Peña Jiménez (1986-2015).
Una etiqueta que intriga, sin embargo, es la que reproduce unas letras del tema "No es la forma" con los nombres de sus autores, dos hermanos que, según entendemos, son músicos y lutieres españoles, no sabemos por qué razón instalada acá:
"Para usar la libertad hace falta un coraje y valentía,
que sólo tiene aquel que no pelearía
y para cambiar al mundo se cambió a él.
Si el destino existe no soy dueño de lo que hago en cierta medida
Pero sí acarreo las consecuencias de los actos de este cuerpo
que en esencia va a ser lo que fue.
Me gustó al leer,
caminar del brazo del bien,
sin importar el devenir,
conformado con lo que hay,
libre por sólo amar.
Dayen García Barrot
Claudio García Barrot
Sevilla, febrero 2016".
Es seguro que el número de piezas funerarias crecerá en el borde de rocas del Paseo Bellamar, con el correr de los años, pues las tradiciones prevalecen. Además, la inmensidad del mar fundido con la del cielo, son lo más parecido en el mundo de los vivos, a esa perpetuidad celeste y edénica que queremos desearle ilusionadamente a nuestros fallecidos.

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