viernes, 2 de febrero de 2018

EL "BAR TURISMO" Y SU APOLOGÍA DEL VIEJO BARRIO MAPOCHO

Ilustración digital con aspecto (aproximado) del local hacia 2010.
Coordenadas:  33°25'56.48"S 70°39'27.24"W
Del inicio de la antigua avenida Mapocho, en el barrio del mismo nombre, las modificaciones viales y urbanas sólo han dejado una calleja a modo de "cola" junto al Parque los Reyes: un residuo de la avenida que sigue hacia el poniente, pasada la Autopista Central, cuya única continuidad es el nombre. Y casi llegando a esta calle, en Hermanos Amunátegui 1052, se encuentra una máquina de viajes al pasado vestida de bar popular: el "Turismo", sitio en donde se ha escrito otra parte de la historia del vecindario, a pesar de lo quitado de bulla que resulta.
El bar está en los bajos del inmueble de rotundo estilo art decó de esta dirección, con fachada pintada de inconfundible color rojo, ya un poco empalidecido por el Sol y la exposición a los elementos. Un eterno cartel facturado a mano anuncia desde hará como una década (o más) los platos del día, afuera junto a la entrada, y un luminoso con una marca de cervezas se levantaba encima de la entrada, en el pretil de un pequeño balcón del segundo piso, aunque en algún momento parece que se acabó el convenio con la marca y fue pintado del mismo color rojo que el resto de la casona.
Se entra al "Turismo" pasando por su arco de geometría modernista de los años veinte o treinta, y por un pasillo corto pero que da directamente al gran mesón con caja, un mueble de como medio siglo, con un clásico mostrador modelo Frio Star y una repisa colmada de botellas y recuerdos típicos de toda picada de barrio. Atrás del mesón, está la cocina, cuyas proporciones más bien pequeñas sorprenden, si son contrastadas con la cantidad de platos que salen desde allí a ciertas horas del día.
El boliche cuenta con una sala junto a la cocinería y otra lateral, en la que duerme un piano, cuya tapa sirve de peana para el infaltable televisor. Estas características la hacen una picada casi familiar y hogareña, al menos durante el día: de esas cuyos clientes se vuelven amigos leales, por lo que su carta popular pasea entre comidas típicas, tragos chilenos y cervezas. Incluso se adivina por la arquitectura y lo que fueron ventanas o pasillos, que ésta fue una residencia adaptada para cantina y restaurante, en un pasado remoto.
Vista actual de la fachada del inmueble y del bar.
Entrada del bar, hacia el año 2014.
Entrada del bar durante la noche, publicada en el diario "La Tercera", en 2012.
Hacia la noche, sus mesas de colores, casi todas originales de cuando fuera fundado el local, suelen ser ocupadas por trabajadores y nocherniegos, en otra época viniendo desde las casitas de remolienda que quedaban en estas manzanas, según supimos por algunos clientes.
Echando cuentas por el tiempo, se sabe que este bar nació hacia 1965, aproximadamente, al parecer en las dependencias de otro establecimiento similar y más antiguo, según tenemos entendido aunque no confirmado. Fue fundado por la pareja Luis Ubilla Pérez y María Salomón, quienes decidieron -sin mucha meditación ni razones profundas- bautizarlo simplemente "Turismo", tal vez aludiendo a esta actividad que era enérgica en esos años por la presencia de los ferrocarriles de la Estación Mapocho y la mucha hotelería para pasajeros de los mismos trenes.
Ubilla aparecerá con otra dirección en 1976, sin embargo: la cercana de General Mackenna 1542, cuando establece ante notario una sociedad comercial de responsabilidad limitada con su hijo Juan Ubilla Salomón, con la misma dirección, y don Francisco Oneto Serrano, quien ostentaba entonces la dirección de Amunátegui 1052. La intención de los asociados era explotar con el giro de discoteca y otros similares, un local denominado "El Molino Loco" o "Pierrot", ubicado en Parque O'Higgins, por lo que es de suponer que el "Turismo" fue parte de un grupo de establecimientos que llegó a tener el fundador.
La época dorada y con clientela segura, habría estado en los años setenta y ochenta, cuando se encontraban allí visitantes de la desaparecida Cárcel Pública, hoy ocupada por los edificios de Aguas Andinas, y el Mercado Persa, en donde ahora está la Plaza Jerusalén de avenida Balmaceda, a pocos metros. El grueso del público, sin embargo, eran en esos años los trabajadores y pasajeros de la Estación Mapocho, cuyos trenes dejaron de correr desde y hasta ella en 1987. También asistían obreros y empleados de otros activos centros que se fueron retirando del barrio, como trabajadores de la antigua terminal de buses, de las fábricas y talleres que había, de los hoteles ya demolidos, etc. No faltaba el gentío.
Quienes conocen el boliche, además, saben que en las alturas, en los segundos niveles -incluso desde el balcón vecino- se asomaban hasta hace pocos años por las ventanas, unas mujeres maduras, gordas y de brazos rollizos, con feos tatuajes que alguna vez quisieron ser coquetos, intentando invitar a hombres que pasaban ya indiferentes a ellas por abajo en la calle. Como se podía adivinar, era éste uno de los últimos lupanares que sobrevivieron hasta el siglo XXI desde la incorregible bohemia pasada del Barrio Mapocho, casa de remolienda de las antiguas y regentada por una mujeraza conocida como la Pálida y la Cara de Ave, o algo así. Me dicen que terminó por perder el negocio al echársele al vuelo todas sus chiquillas (algunas de ellas demasiado buenas para las copas) y por no poder competir con la prostitución "de importación" que ya  satura el Centro de Santiago. No es perverso suponer que pudo existir, entonces, algún grado de intercambio de clientes entre arriba y abajo, en algún período.
El bar "Turismo" pertenece íntegramente, en consecuencia, a la generación de cantinas del viejo Barrio Mapocho que completaban el circuito de aventura etílica que muchos señalaban con inicio en "La Piojera", en Aillavilú: la "Ruta de la Muerte" le decían, antaño, e incluía a otros célebres cuarteles de la ribera mapochina, como el "Touring" de General Mackenna, el cercano "Wonder Bar" y el palacio de las superguatitas de "Donde Piñita" en Morandé, con sus refrescantes borgoñas.
Desde hace un buen tiempo, además, asisten al "Turismo" algunos músicos populares conocidos en el barrio, los mismos que aparecían en "La Piojera" o el "Chicha y Chancho". Solían llegar algunos al local a ganarse algunas monedas y, en ciertos casos, a tomárselas de inmediato allí  mismo. También concurren artistas del Centro Cultural Balmaceda, o público de eventos en la Estación Mapocho cuando hay ferias o conciertos. Y, de vez en cuando, llegan turistas extranjeros, orientados por la guía de atracciones más populares de la ciudad de Santiago, casi como justificando el nombre de este sitio.
Los platillos típicos de la cocinería son los previsibles: prietas, arrollado y pernil con papas, empanadas y las populares colaciones de almuerzo casero, a precios bastante módicos. Sánguches, cazuelas, chuletas, pescado frito, pollo asado, té, café y la frescura de los productos provenientes de los mismos grandes mercados del barrio. Y en la barra de tragos, el "Turismo" destaca por tener los mismos proveedores de importantes restaurantes populares, algunos famosos de este barrio o de otros sectores de Santiago, además. Destaca allí uno de los buenos "terremotos" que hay en Santiago, preparado "a la antigua", antes del actual boom absurdo que le bajó la calidad a este trago y le aumentó a niveles delirantes el golpe de azúcar a la receta, desde hace algunos años. Tan bueno ha sido siempre acá que lo seleccionamos para las recomendaciones de nuestra guía de "terremotos" en este mismo blog, tiempo atrás. Le siguen en popularidad los arreglados, los pipeños, las chichas y los borgoñas, además de las infaltables cervezas y vinos.
Don Juan, el ya mencionado hijo de los fundadores, atendía hace varios años en persona, con su esposa doña Florencia. Desde hace tiempo, sin embargo, se ha encargado sólo ella del lugar, casi siempre acompañada de su madre, una simpática excomerciante de Quilicura que suele sentarse a conversar con los comensales, si acaso no está en la barra, la caja o la cocina. A doña Florencia la llamaban "tía" algunas chicas que se vi alguna vez en la añosa barra, por cierto.
Cabe recordar que don Juan fue entrevistado por el diario "La Tercera" del lunes 26 de noviembre de 2012 (reportaje "Los bares bohemios de Barrio Mapocho"), en donde declaraba orgulloso:
"Pero la gracia es que aquí puedes tomar un terremoto bien sentado y conversado, sin estar apretujado o haciendo fila para entrar...
Somos una picada quitadita de bulla, siempre abierta, e ideal para venir en patota a probar pipeño, terremoto... arreglados y chicha, todos con un plato de cabritas de cortesía".
Finalmente, ha sido inevitable que las actividades culturales llegaran a anidar a este lugar, desde hace algunos años y con cierta frecuencia interesante. En octubre de 2015, por ejemplo, se realizó parte del ciclo titulado "Evas Inmorales 2.0" con una presentación de Fanny Campos Espinoza, en la que participaron escritores y músicos. En cuanto a ciertas relaciones con el mundo literario que han quedado felizmente establecidas en este lugar, sirviendo como sede, hace no mucho tiempo se lanzó acá también el libro "Dicen tiempo al tiempo dicen", del poeta Leo Paredes, en noviembre de 2017.
El bar "Turismo" ha ido consagrando su nombre en los círculos, entonces: estampado en pasillos, tras la roja fachada modernista de calle Amunátegui y entrando de lleno ya a ésta que puede ser su segunda vida, más vinculada aún al mundo cultural... Larga vida al Rey.

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