domingo, 4 de febrero de 2018

CÓMO QUISO SER SANTIAGO DE CHILE HACIA LOS AÑOS DEL PRIMER CENTENARIO NACIONAL

Pintura de A. H. Cabezón, esbozando el aspecto que se planeaba para la ciudad de Santiago con la propuesta de 1912 de la Sociedad Central de Arquitectos. La conjunción de calles ilustrada corresponde a la vista desde Plaza Brasil hacia avenida Brasil con Compañía, y la propuesta Avenida Nueva que uniría directamente en una diagonal hasta Estación Mapocho.
Según parece, muchos proyectos parecidos sugiriendo renovaciones viales para Santiago de Chile y la creación de avenidas diagonales prolongadas, se planificaron en la historia de la ciudad durante un período entre fines del siglo XIX y pincipios del XX, con diferentes grados de avance, aunque sin llegar a concretarse jamás uno completo. Además del planteamiento vial, sus alcances involucraban aspectos de urbanismo, como la creación de plazas modernas y buenos espacios urbanos, y también asuntos de estética y estilos de las residencias, al reforzar el ya presente modelo francés y establecer normas de alturas o de líneas de construcción.
Aquellas aspiraciones respondían, en mayor o menor medida, al afrancesamiento cultural que experimentaba el país desde el siglo XIX, al menos en aspectos arquitectónicos y urbanísticos que persistieron tras la Guerra del Pacífico, pues la Francia de aquella época en que caían los grandes imperios, era el gran referente de modernidad y vanguardia para los países que recién se habrían paso al desarrollo en el mundo, a veces intentando saltarse peldaños en la escalera de la civilización, como suele suceder con el ímpetu de los gobernantes de pueblos jóvenes.
De esta manera fue que existió en la ciudad de Santiago de Chile, hacia los días del Primer Centenario, un grupo de proyectos para crear grandes avenidas diagonales que cruzaran la ciudad, facilitando las necesidades del transporte urbano y rompiendo con el esquema dominante de distribución de cuadras en damero, que determinaba la urbe desde los tiempos de su fundación. El cambio que se pensó ya entonces para la ciudad era rotundo y, en muchos aspectos, revolucionariamente previsor.
Uno de ellos, en 1912 y tras largo tiempo de planificación y debates, se presentó en el llamado Proyecto de Transformación de Santiago de la Sociedad Central de Arquitectos, entregado y explicado formalmente a las autoridades del Comité de Transformación. Fue una de las más ambiciosas propuestas de transformación de la capital chilena que se hayan conocido, ciertamente... Sin embargo, aunque acá la tomaré por principal, fue sólo un eslabón en aquella cadena de propuestas que se formularon por entonces, como veremos.
La monumentalidad neoclásica de las obras públicas de Santiago provenía desde la segunda mitad del siglo XIX, como se observa en esta imagen del proyecto de transformación del Cerro Santa Lucía, presentada en 1872 a petición del Intendente Vicuña Mackenna, por el arquitecto Manuel Aldunate (hoy en la Sala Medina de la Biblioteca Nacional).
Proyecto del Instituto de Higiene, del Pabellón de la Sección de Higiene y Demografía, posteriormente el Cuartel de la Policía de Investigaciones de avenida Independencia. Basado en los planos de Emilio Jéquier, fue inaugurado en 1906.
Fachada del barroco edificio de la Estación Mapocho, obra construida hacia 1912, también obra de Jéquier, quien llegó a ser llamado "el arquitecto del Centenario" por estas grandes obras suyas en la ciudad de entonces.
Otra obra de Jéquier: fachada y lateral del Palacio de Bellas Artes, hacia 1906, todo un símbolo del Primer Centenario. Es sabido que el autor chileno-francés se inspiró en la fachada y los interiores del Petit Palais de París para esta propuesta.
PRIMEROS PROYECTOS Y SUS MOTIVACIONES
La primera propuesta de transformación de la ciudad perteneció a Manuel H. Concha, en 1894, formando parte de un nuevo impulso renovador de Santiago que despierta en la segunda mitad del siglo XIX, con obras como la creación del Parque Cousiño (hoy O'Higgins), la construcción del paseo del Cerro Santa Lucía o la canalización del río Mapocho, entre otros ejemplos.
Concha, a la sazón director de Obras Municipales de Santiago, consideraba en su plano crear cuatro avenidas diagonales y la habilitación del Camino de Cintura ideado por el Intendente Vicuña Mackenna, la misma avenida que hoy lleva sus apellidos. Las diagonales formaban en el plano de la ciudad una especie de trapecio, uniendo la Estación Mapocho, la Estación Central, el Parque Cousiño y el Cerro de Santa Lucía.
Sin embargo, el proyecto de Concha pasaría cerca de 15 años dando vueltas en las discusiones del Congreso Nacional, sin que lograra la aprobación del Senado, dadas las varias observaciones de la propia Dirección de Obras Públicas. Este impasse motivó la creación de una Comisión Mixta Comisión Mixta de Senadores y Diputados de la República, con apoyo de la Dirección de Obras de la Municipalidad de Santiago, que hizo su propio planteamiento al respecto.
Curiosamente, otras capitales del continente, como Buenos Aires y Lima, pasaban por los mismos problemas y los enfrentaban con propuestas muy similares, en esos mismos años, por lo que había un elemento relativo al estado de desarrollo urbano de las metrópolis del continente, en aquel momento histórico, que se intentaba enfrentar con estas nuevas filosofías y políticas de planificación urbanística, profundamente influidas por el mencionado proceso de París.
Según anota Alberto Gurovich Weisman en su artículo "La solitaria estrella: en torno a la realización del Barrio Cívico de Santiago de Chile, 1846-1946", publicado en la "Revista de Urbanismo" N° 7 de enero de 2003, el origen del diseño del proyecto de la Comisión Mixta estaba en la mera importación de modelos prototípicos del concepto entonces vigente de modernidad, como los del Barón Haussmann, el la ciudad de La Plata perteneciente a Rocha y Benoit, la transformación de la Lima después de la Guerra del Pacífico (en el segundo gobierno de Nicolás de Piérola), la extensión de Barcelona por Léon Jaussely o el Plan Chicago de Burnham y Bennett.
Pero sucedía que, para la elaboración de estas propuestas y viendo que no se avanzaba en la de 1894, hacia 1902 se creó una Junta o Comité de Transformación de Santiago, del que formaron parte personalidades como Joaquín Díaz Garcés, Enrique Döll, Manuel José Irarrázaval, Josué Smith Solar y Emilio Jéquier, este último apodado "el Arquitecto del Centenario", al que se incorporará luego Alberto Mackenna Subercaseaux, ocupando la presidencia, y Carlos Carvajal, en representación de la Dirección General de Obras Públicas. Su jefe de Sección Geografía y Minas, Pedro P. Cuevas, realizó y firmó dos planos fechados el 30 de agosto de 1903, presentando la propuesta de una nueva avenida de 30 metros de ancho al Sur de la Alameda de Las Delicias, frente al Palacio de la Moneda entre las Gálvez (hoy Zenteno) y Nataniel Cox.
Como síntesis, la primera propuesta salida de esta instancia se basaba en la anterior de 1894, pero perfeccionada. En cierta forma, esta idea era una versión mejorada de la anterior, algo que se repetiría en la cadena de propuestas que siguió.
Cabe hacer notar que, hasta entonces, el mencionado afán afrancesado y aspiracional del Santiago de cambio de siglo, remontado a los días del Intendente Benjamín Vicuña Mackenna cuanto menos y con varios otros ejemplos por los demás países del continente, había sido un fenómeno cultural con deficiencias y poco consolidado en la modernización de la ciudad bajo visiones funcionales, casi la "versión pobre" de tales movimientos europeos. Vial y urbanísticamente, la situación de Santiago era compleja para la aspiración criolla: calles derivadas de los senderillos y callejones originales de la ciudad, saturadas por la circulación de coches de tracción animal y los primeros tranvías eléctricos llegados hacia inicios de siglo. Y agrega Armando de Ramón, al respecto, en "Santiago de Chile":
"Paralelo a este proceso, desde fines del siglo XIX y aumentando con más intensidad al comenzar el siglo XX, comenzó a desarrollarse en la periferia santiaguina la subdivisión de terrenos agrícolas para instalar allí poblaciones, tanto para grupos modestos como para sectores de clase media acomodada".
Los trabajadores de casi todas estas nuevas poblaciones alrededor del casco histórico, tenían por destino diario el sector céntrico de la ciudad, por lo que las urgencias de un proyecto como los que ya se presentaban, respondían  al nuevo escenario que se abría en la historia de la capital, con aglomeraciones humanas y la concentración crítica de movimientos de transporte en avenidas principales y lugares de estaciones de trenes.
Más aún la fundación de nuevas comunas también influyó en este asunto, por la necesidad de cada una de tener su propio centro urbano administrativo, sede de los organismos municipales, registros civiles y centros de salud correspondientes, apareciendo así las poblaciones y loteándose algunas propiedades cuyos terrenos estaban estratégicamente cerca de esos centros, además de pertenecer en muchas ocasiones a los propios alcaldes o regidores. La migración rural hacia Santiago hizo el resto, aumentando la densidad poblacional y los requerimientos de desplazamiento y transporte.
Por entonces, estaba vigente aún una ley de junio de 1874, que ya no daba abasto a las necesidades de la ciudad. Sin embargo, por influencia del Comité de Transformación de Santiago, en septiembre de 1909 se promulga una nueva, la Ley 2.203, que establece nuevas normas para las aperturas de calles, las uniones de vías, plazas, jardines y líneas de construcción de edificios. Una de sus disposiciones, por ejemplo, fue establecer el ancho mínimo de las calles en 15 metros, medidos desde la línea de construcción de cada costado, algo que ya estaba contemplado en la propuesta de 1894.
Propuesta de 1894 para la modernización vial y urbanística de la ciudad, en donde se observan en líneas punteadas las cuatro vías del trapecio de avenidas propuesto entonces.
Proyecto de Transformación de Santiago, propuesto por la Sociedad Central de Arquitectos de 1912. Se basaba en parte en un proyecto anterior de la Comisión Mixta de Senadores y Diputados, el que a su vez tomaba por cimiento al proyecto de 1894. Los trazos rojos señalan las nuevas vías diagonales, radiales y transversales que se contemplaba crear.
El exigente proyecto de Coxhead en 1913, basado en los anteriores y con algunas adiciones por parte del autor, que no calzaban bien con la realidad y posibilidades del Santiago de esos días.
LOS PROYECTOS DE LA COMISIÓN Y DE LOS ARQUITECTOS
Fue en ese ambiente y con las señaladas urgencias, que la Comisión Mixta del Congreso Nacional presentó su propio proyecto de transformación de la ciudad, esperando que tuviese mejor destino que el anterior.
Entre muchas otras cosas, la solución ofrecida por la Comisión Mixta reponía las diagonales sugeridas en 1894, incluía vías radiales o de circunvalación, y proponía la apertura de una gran avenida Norte-Sur desde Mapocho hasta el extremo meridional de la ciudad, desde Teatinos-Nataniel Cox y con 25 metros de ancho, abriéndose paso por las expropiaciones que tendrán que hacerse entre el pasaje Andacollo y calle Placer, siguiendo por calles Madrid, Llano de Subercaseaux y camino a San Bernardo.
La propuesta incluía abrir áreas verdes y establecer normas de altura para las edificaciones que se levantaran en estas nuevas avenidas, con la facultad gubernamental de vender los espacios laterales, en una faja de 40 metros de ancho.
Empero, precisamente anticipando que dicho proyecto de la Comisión Mixta iba a ser rechazado en el trámite legislativo, aparece al poco tiempo el proyecto de la Sociedad Central de Arquitectos, dirigida por Carvajal, como alternativa a la misma y basándose sólo parcialmente en este proyecto anterior, pero con una propuesta más amplia y que, en teoría, debía resultar más barata, pues también contemplaba que los terrenos que surgieran de las expropiaciones permitiera la venta de los terrenos correspondientes para proyectos inmobiliarios, que costearían a su vez los grandes trabajos de aperturas de avenidas.
Este proyecto de la Sociedad y de Carvajal fue presentado hacia septiembre de 1912, causando cierta atención de los medios de prensa y de los expertos, y concitando como quizás ningún otro el apoyo calificado, aunque también con algunos detractores.
En resumen, el novedoso Proyecto de Transformación concebido por los arquitectos, involucraba una gran circunvalación que prácticamente rodeaba casi toda el área urbana central de la ciudad de entonces, con trazados de diagonales y avenidas interiores interconectadas, uniendo todos los barrios entre sí e incluyendo los extremos de entonces, según se observa en dos planos que presentó la Comisión a la autoridad: el primero preliminar, y un segundo ya más elaborado y con correcciones, que acogió algunas de las propuestas que se fueron elaborando al proyecto en las mesas de discusión, con diferentes entidades. Así describe este enorme proyecto Gurovich Weisman:
"La intención de Carvajal -quien va convirtiéndose en objeto de caricaturas burlescas en la prensa hebdomadaria, tanto por el diseño de las avenidas diagonales como por su intento de suspender la vigencia de la controvertida Ley 2.203- es la de introducir todas las sugerencias que se pregonan en el Proyecto de Transformación, de tal modo que hace confluir sobre el Palacio de la Moneda, con una nueva fachada que lo deja frente a una plaza despejada hacia el sur (actual Plaza de la Libertad), y un espacio similar al otro lado de la Alameda (actual Plaza Bulnes), el eje monumental en forma de una avenida que lo prolonga desde el lado norte del Palacio de la Moneda hasta la plaza de acceso de la nueva Estación Mapocho, además de cuatro avenidas diagonales que irradian hacia el nororiente, norponiente, surponiente y suroriente de la conjunción de los espacios centrales".
Con relación a lo anterior, la tesis doctoral titulada "La Arquitectura Moderna en Chile: El cambio de la arquitectura en la primera mitad del siglo XX. El rol de la organización gremial de los arquitectos (1907-1942) y el papel de las revistas de arquitectura (1913-1941)", de Max E. Aguirre González  (Universidad Politécnica de Madrid, Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid), publicado en España en 2004, señala que una de las diagonales que se proponían por esos años en los planes, partía desde la Alameda de las Delicias a la altura de la Iglesia del Carmen Alto y desembocaba en la desaparecida estación de Ñuñoa, coincidente en su inicio más o menos con la actual línea de Diagonal Paraguay. Sin embargo, ésta no se observa en el plano del Comité de Transformación enseñado por los arquitectos, cuyo original hoy está en la Sala Medina de la Biblioteca Nacional.
Otra diagonal de aquella propuesta, estaba proyectada desde la recientemente construida Estación Mapocho hasta la Plaza Brasil, cruzando así el casco antiguo de la ciudad de Santiago. A la sazón, la comunicación entre estos puntos y muchos otros, estaba confiada a la red de los tranvías, que hacían del Barrio Mapocho y su entonces conocida garita del paradero, un sitio central de ida, vuelta o paso.
Llama la atención, además, la convergencia múltiple de las avenidas trazadas y proyectadas en puntos como el Barrio Cívico del Palacio de la Moneda o la Plaza Brasil, algo bastante parecido al estilo de la Plaza Charles de Gaulle o la Avenue de la Grande Armée y otras consecuencias parisinas del urbanismo iniciado por la Renovación Haussmann.
Lámina de 1912 de Cabezón, mostrando el aspecto de la avenida diagonal que se proponía pasando enfrente del Palacio de Bellas Artes, en su extremo oriente, en el proyecto de la Sociedad Central de Arquitectos. El espacio que aparece en la imagen debía ser la Plaza de Gobierno.
Otra lámina del mismo proyecto, con un hermoso paisaje urbano mostrando ahora una vista simulada desde el Palacio de Bellas Artes mirando hacia la Estación Mapocho, por el lado Sur de la avenida Mapocho (actual sector de avenida Balmaceda), según la concebía el proyecto de 1912.
Plano de la propuesta de 1913 de la Sociedad Central de Arquitectos, tomando por base el de Coxhead y haciéndole algunas precisiones y ajustes.
Plano publicado por René Martínez Lemoine en su artículo "Santiago, los planos de transformación. 1884-1929" (revista electrónica "DU & P", 2007), mostrando las principales avenidas contempladas en la propuesta de 1915, de la Comisión de Transformación.
OBJETIVOS Y ASPIRACIONES DEL PLAN
Debe observarse que mucho del plan respondía a las necesidades que se preveían tendría Santiago a futuro, no sólo a la realidad de ese momento. Al interconectar barrios apartados, además, abogada por elevar el valor de los mismos y la calidad de vida de sus residentes, por lo que se esperaba el surgimiento de mejores barrios, con la expectativa de que fuesen "históricos". El aspecto estético estuvo presente siempre en los planes de la Sociedad Central de Arquitectos, por la misma razón.
Para apoyar gráficamente esta propuesta, entonces, el Comité de Transformación hizo elaborar interesantes imágenes artísticas, al parecer acuarelas, anticipando el aspecto que tendrían las manzanas y avenidas resultantes del proyecto, tarea que quedó encargada al arquitecto Alberto Horacio Cabezón, hermano del pintor Isaías Cabezón. El profesional se encontraba ya viviendo en Santiago, hasta donde se vino tras arruinarse su padre poco antes de morir, a causa de mallos negocios mineros, y había trabajado ya con arquitectos de renombre como Jéquier y Doyler, en proyectos como el Palacio de Bellas Artes y el Palacio de los Tribunales de Justicia.
Había algo de imaginación volcada en las láminas de Cabezón, pues en ellas sólo se suponían cómo debía ser los edificios que se construirían en los contornos de las nuevas manzanas, aunque se estimaba ya entonces que fuesen de tres pisos o más, todos con el aspecto palaciego de los inmuebles neoclásicos de la época del Primer Centenario. También hay lealtad del artista al proyecto de marras, en cuanto al aspecto urbanístico de las avenidas, sus explanadas, plazas y espacios abiertos.
El Proyecto de Transformación de Santiago aparece explicado con detalles en la edición de revista "Zig-Zag" del 5 de octubre de 1912. Se indica allí que respondía a la necesidad de dar solución a tres problemas urbanísticos bastante concretos:
"1.o Acortar las distancias entre los puntos más lejanos de la ciudad, que tienen mucho movimiento, uniéndoles a los centros donde convergen siempre gran número de personas.
2.o Desviar la circulación de calles, ya con mucho tráfico tratando de evitar la gran congestión que hoy se nota en varias partes: Centro Comercial, Avenida de las Delicias, calle Ejército, calle Dieciocho, etc., cuyos pavimentos no podrán resistir en buenas condiciones, aunque se reparen, ese intensísimo movimiento, superior al normal.
3.o Completar el embellecimiento de la ciudad, teniendo en cuenta las dos cuestiones anteriores".
En las referidas láminas de Cabezón, por ejemplo, se observan las casas de tres niveles en avenida Cienfuegos, entre Moneda y Agustinas, conformando lo que podría parecer un típico barrio clásico de Inglés o Francia en aquellos días. También destaca el entorno de la Plaza Brasil, por entonces cumpliendo su primera década desde inaugurada allí en el barrio homónimo. Se observa la plaza con vista hacia el Nor-oriente, con varios edificios suntuosos y "modernos" (para entonces), con ocho o más pisos en algunos casos, en las varias puntas de diamante que surgían de la convergencia de avenidas establecidas por el plan de los arquitectos y urbanistas. También se anticipan elementos de ornamentación y monumentalidad pública.
Impresiona, entonces, el tipo de Santiago al que aspiraban por entonces los arquitectos del plan, esperanzados con darle un giro definitivo al curso que estaba tomando la ciudad de entonces, como consecuencia de los días de la bonanza salitrera. Las láminas artísticas retratan fielmente este anhelo, más allá de los elementos creativos e ilusorios que podrían contener.
También sorprende lo anticipada de la visión que tuvo esta propuesta y las anteriores para la creación de lo que conoceremos después como el Barro o Centro Cívico, que se prolonga desde el Palacio de la Moneda, idea que pudo ser consumada recién en los años 30, con la apertura de la Plaza de la Constitución y el plan de Karl Brunner para la Plaza Bulnes.
Agrega el comentado reporte de "Zig-Zag" que los problemas que se enfrentaban con este proyecto, "no se habrían presentado, si nuestros hombres públicos pasados hubieran dedicado su atención a convertir nuestra capital en una ciudad moderna", razón por la que la propuesta de la Sociedad Central de Arquitectos, además de satisfacer los tres puntos revisados, contaba ya con apoyo transversal de organismos calificados, eminencias en el tema, sociedades técnicas y artísticas y, posteriormente, también por el alcalde Ismael Valdés Vergara, en su período de 1913 a 1915.
"El primer problema -continúa el artículo- queda resuelto con las avenidas consultadas, como se ve en el plano, desde las estaciones Central, Mapocho, Yungay, Santa Elena y San Diego; Parque Cousiño y Parque Forestal, al centro de la ciudad, no a la Plaza de Armas, que no admite más circulación, sino al Palacio de Gobierno, que está también en el corazón de la capital, el cual además por razones de policía, de orden público y administrativas, fáciles de comprender, debe ocupar el punte más central y dominante de toda capital de un país.
Convergiendo a la Moneda las principales avenidas, satisfacemos al numeroso público que en Santiago, siempre se dirige al centro, porque es una ciudad radial (no alargada como es Nueva York y otras capitales) y le evitaremos largas distancias y pérdida de tiempo, con las numerosas vueltas y zig-zags que hoy necesita hacer para ir de un punto a otro de la ciudad.
El segundo problema se soluciona descargando del pesado tráfico el centro comercial, las Delicias y otras calles de mucho movimiento, pues el público ya tiene otras vías más directas para dirigirse donde desea (parques, estaciones, etc.) evitándose el tránsito obligado por esas calles como hoy sucede.
Y el tercer problema del embotellamiento, se comprende examinando el plano de los arquitectos".
Y a renglón seguido, concluye el articulista sobre las bondades de la propuesta de 1912, con exceso de optimismo sobre la misma:
"Será grandiosa la vista panorámica que presentará la futura plaza de la Moneda, que se podrá ver desde los cuatro puntos cardinales de la ciudad, convergiendo a ella siete avenidas principales.
Igual belleza tendrá la Plaza Ercilla a la entrada del Parque Cousiño y la de Brasil y como avenida, pocas en el mundo habrá más hermosas, que la que unirá las estaciones de Ñuñoa y Yungay, de un extremo a otro de la ciudad, pasando por una rara casualidad por cuatro plazas: las de San Isidro, Moneda, Brasil y Yungay.
Felices generaciones futuras que podrán gozar de estas comodidades y hermosura".
La idea de la propuesta consideraba, además, que quedara concretada en un largo período que podría tardar hasta 50 ó 100 años, según se estimaba... Eran, pues, los tiempos en que las políticas pública se pensaban a largo plazo, precisamente para la generación actual, en la que estamos.
Aspecto original del proyecto presentado Alberto Cruz Montt para el Club de la Unión, en el concurso de propuestas de 1916, quien finalmente se lo adjudicó al morir el arquitecto Grossin, que había obtenido el primer lugar.
Proyecto la Iglesia del Santísimo Sacramento, de Ricardo Larraín Bravo, publicado en el Libro de los Expositores de Chile en la Feria Internacional de Sevilla de 1929, cuando la iglesia todavía no era concluida del todo a pesar de haber sido puesto en servicio ya el edificio, en 1919. Su diseño se basaba en el del Sacre Coeur de París.
Proyecto original de la Dirección General de Obras Públicas, encargado a Karl Brunner, para el Paseo Bulnes. Fue la consecuencia del afán renovador de Santiago pero ya ausente de los elementos reformistas de influjo francés ni las obsesiones haussmannianas. Imagen publicada en la revista "Arquitectura y Construcción", en 1945.
ALGUNAS PROPUESTAS POSTERIORES
Sin embargo, pasaron los meses y, en 1913, por encargo del Consulado de Chile en San Francisco, California, el arquitecto inglés Ernest Coxhead planteó un nuevo proyecto para Santiago, en donde repite la idea de las avenidas circundantes, los enlace diagonales y las vías radiales, confluyendo hacia el sector del Palacio de la Moneda, otro antecedente de la creación del Barrio Cívico, que se prolonga por Plaza Bulnes.
Las diagonales de Coxhead tocaban también la Estación Mapocho, aunque con más acento y volumen que en el plan del Comité de Transformación y de Carvajal, incluyendo una inmensa avenida en hemiciclo al Sur de la Alameda, en el plano urbano ubicado entre La Moneda y el Parque Cousiño.
Por entonces, Coxhead trabajaba en la reconstrucción de la ciudad californiana tras el terremoto e incendio de 1906, pero no conocía Santiago ni contaba con todos los datos necesarios para respaldar su propuesta, por lo que cometió algunos errores e inexactitudes, además de producir el plano quizás más radical en transformaciones de todos los que fueron presentados. Por esta razón, la Sociedad Central de Arquitectos presentó ese mismo año de 1913 otra propuesta, basada en la del británico y que incluía dos grandes círculos viales o circunvalaciones.
Coincidentemente, o más bien estando planteada ya la necesidad, los arquitectos Ricardo Larraín Bravo, José Luis Mosquera y Héctor Hernández, presentaron su propuesta para la transformación de Santiago en el Primer Congreso de Gobierno Local de Santiago, a mediados de septiembre de 1914. Allí, también sugirieron consolidar la presencia de un centro cívico y político, con una plaza inspirada en obras como la de Otto Wagner, algo que pudo haber influido en el origen del Plan Brunner. También propusieron crear centros de actividad unidos entre sí por vías diagonales, anulares y radiales.
Lamentablemente, al igual que sucedió con la propuesta de la Comisión Mixta y las del Comité más Carvajal, estas ideas acabaron rechazadas por el Congreso Nacional y otras ni siquiera fueron consideradas. Intentando evitar el naufragio de las buenas intenciones, entonces, el alcalde Valdés Vergara solicitó la creación de una nueva Comisión Mixta integrada por Diputados, Senadores, agentes municipales y vecinos de Santiago. Gurovich Weisman comenta que, aunque esta instancia propondría un plan más realista, sencillo y menos ambicioso, también acabó rechazado.
A la sazón, el Presidente del Comité de Transformación era Alberto Mackenna Subercaseaux, quien a inicios del mes siguiente sería uno de los organizadores de la Exposición de Planos y Trazados para Ciudades, realizada en el Museo Nacional de Bellas artes recientemente inaugurado, y patrocinada por el American City Bureau de Nueva York. Esta muestra fue de gran impacto para arquitectos, urbanistas y ciudadanía en general, pues resultó altamente instructiva e ilustrativa precisamente para los temas de ciudad que se debatían en esos momentos, y de seguro influyó en otra propuesta del Comité formulada en 1915, primera que abandonó las fábulas aspiracionales tipo Haussmann, aunque su sobriedad y funcionalidad tampoco alcanzaron para lograr su aprobación.
Incapaces de renunciar a la dulce aspiración, en esos mismos días el Comité de Transformación fue resucitado, reorganizado y transformado en la Comisión de Transformación de Santiago, con una mesa compuesta por Alberto Mackenna Subercaseaux, Enrique Döll, Emilio Jéquier, Francisco Mardones y Carlos Carvajal, integrando así académicos de la Universidad de Chile y representantes de la Dirección General de Obras Públicas. Una de sus primeras propuestas fue crear una oficina encargada del Plano Oficial de Urbanización de Santiago, dependiente de la Dirección General de Obras Públicas.
"Completando el año 1915 -comenta Gurovich Weisman-, Alberto Mackenna publica sus conferencias sobre los diferentes proyectos de Transformación, en un texto que titula 'Santiago Futuro'. Y terciando en la misma controversia, en 1917 el ingeniero Ismael Valdés Vergara publica 'La Transformación de Santiago', donde, a manera de réplica al proyecto de 1915, expone otra alternativa mediante la cual perfecciona el diseño de las diagonales y plazas de convergencia, e incluye la apertura de la gran avenida que extiende entre el Palacio de la Moneda y el Llano de Subercaseaux (primer tramo del camino de Santiago a San Bernardo), hilvanada por el centro de las manzanas delimitadas por las calles Gálvez y Nataniel Cox.
Esta última proposición agrega un estudio de financiamiento consistente en gravar las contribuciones de las áreas beneficiadas y aplicar impuestos a las puertas, vitrinas y letreros, además de ingresar al fondo de ejecución, los excedentes de las ventas de los terrenos expropiados y un monto de ayuda estatal directa".
Hubo varias propuestas posteriores, más o menos en el mismo sentido, como las de  José Luis Mosquera, Patricio Irarrázaval en incluso la propia Sociedad Central de Arquitectos, que en 1923 combinó elementos de las propuestas de 1912-1913, especialmente en la creación de ejes viajes, y las diagonales de Coxhead, proponiendo -para curiosidad de las actuales generaciones- un túnel que atravesara el cerro San Cristóbal... También rechazadas.
Ese mismo año, sin embargo, el profesor Alberto Schade, en nombre de la Universidad de Chile, propone en el Segundo Congreso Pan Americano de Arquitectos un nuevo plan basado en todos los revisados, pero reduciendo las diagonales a sólo cinco, incluyendo la convergencia en el actual Barrio Cívico y la apertura de la adyacente gran avenida Norte-Sur. Le seguirán otros proyectos parecidos, algunos patrocinados por el alcalde Luis Phillips y que incluían hasta planes de financiamiento, pero ninguno llegará a materializarse como tal. Incluso hubo uno de Carlos Pinto Durán, en 1928, donde se resucitaba la idea de la circunvalación, las calles transversales y diagonales, y se proponía, de paso, el trasplante de árboles frutales y la construcción de una terma en la falda Sur-oriente del Cerro San Cristóbal, "a imitación de las de Caracalla" y los baños públicos de la antigua Roma (!).
Varios planos del largo período de propuestas formuladas entonces, están en el folleto "La transformación de Santiago", de Carlos Carvajal, publicado en 1929-1930, y en el más moderno trabajo de René Martínez Lemoine titulado "Santiago, los planos de transformación. 1884-1929", publicado por la revista electrónica "DU & P (Diseño Urbano y Paisaje)" N°10, de abril de 2007, del Centro de Estudios Arquitectónicos, Urbanísticos y del Paisaje de la Universidad Central de Chile.
Como mero aficionado a estos temas, no me corresponde especular acá qué alcances logró con el tiempo el Proyecto de Transformación de la Sociedad Central de Arquitectos de 1912 y los proyectos que siguieron, en las renovaciones viales y urbanísticas que, efectivamente, tuvo Santiago durante el resto del siglo XX, especialmente tras la irrupción de Brunner, que pertenece ya a otra etapa del urbanismo capitalino superando a la que hemos revisado acá.
Sin embargo, es claro que los planes de inspiración Haussmann presentados para Santiago, nunca pudieron concretarse más allá de la influencia estilística de los edificios de la época y en la ornamentación pública, tal vez bloqueados por las convulsiones políticas de aquellos día en los estertores del Régimen Parlamentario, además el estado de la hacienda pública que siguió a este período de la historia de Chile y el crecimiento desproporcionado de Santiago a partir de los años 30, que expandió los dolores de cabeza y urgencias de la administración pública y la vialidad, hasta nuestros días.

1 comentario:

  1. Gran artículo. Una consulta Cris, hay un dato que le escuché una vez al Pancho Ortega y que nunca he podido verificar: ¿Es verdad que los planos que hizo Karl Brunner en Chile después fueron fuente de inspiración de Albert Speer para la maqueta de Germania?

    Saludos

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