viernes, 22 de diciembre de 2017

LA ESTATUA DEL GENERAL JUAN MACKENNA EN PLAZA INÉS DE SUÁREZ

Inauguración del monumento. Fuente imagen: blog de GRAFELBERGNOTICIAS.
Coordenadas: 33°26'15.08"S 70°36'43.63"W
Es complicado hablar del General Juan Mackenna O'Reilly sin tocar pasiones y emotividades, a favor o en contra de un juicio. Son inclinaciones humanas muy relacionadas con las memorias heroicas de los personajes aquel período de nuestra historia, como es la Independencia de Chile. Sería más fácil y cómodo hablar sólo estrictamente de su monumento, ahí en el Plaza Inés de Suárez en Providencia, Santiago, por el lado de Pocuro entre calles Regimiento Cazadores y Escuela de Telecomunicaciones.
La estatua del General Mackenna, pues, involucra un ejercicio común a todos los homenajes de grandes héroes: abstraerse de las partes menos luminosas de los mismos, y concentrarse en su legado, su patriotismo y sus sacrificios. En este caso, el reconocimiento a su memoria exige el acto de nobleza, expiando aspectos críticos observados ya por investigadores y analistas como Daniel Prieto Vial: sus malos consejos a O'Higgins en momentos de mayor urgencia de unidad patriota, su parte de responsabilidades en el naufragio de esa hermosa cruzada que fue la Patria Vieja, o en el humillante Tratado de Lircay con los realistas o en la delirante elección de Rancagua como lugar de autoinmolación de la primera etapa de lucha emancipadora, además de su obsesión contra los hermanos Carrera que acabó costándole la vida ya exiliado en Río de la Plata, al ser desafiado a duelo por el Coronel Luis Carrera y alcanzado por su plomo, el 21 de noviembre de 1814, luego una larga seguidilla de insultos y agravios.
Sin embargo, también es cierto que el recuerdo de este patriota, por muchos años cargó con el más inaudito vacío: totalmente ausente de un monumento propio, como gratitud a su compromiso con la causa de la Independencia y su gran influencia en los militares de entonces. Hubo una época en que incluso se rendían honores a su memoria en la primera estatua que tuvo la ciudad de don Benjamín Vicuña Mackenna, su nieto que, curiosamente, no parecía muy afectado a la hora cubrir de elogios a los Carrera en su conocido libro sobre los hermanos.
Con relación a lo anterior, el cambio de nombre de la calle Sama, ex Ojo Seco (así llamada porque nació en un arco sin agua del Puente de Cal y Canto) en Barro Mapocho, por el de General Mackenna, tampoco bastó para resolver del todo la deuda conmemorativa. Otras tentativas de monumentalizar un homenaje para él en Santiago, o bien no han llegado a puerto, o -lo que es peor- han sido también insuficientes, como sucedía con un maltratadísimo y muy vandalizado monolito ubicado en el bandejón de la Alameda, entre Teatinos y San Martín.
La solución parece haberla dado este monumento en el conocido parque de Providencia, concebido en forma sobria y conservadora sin los frecuentes ruidos de modernismo en la escultura pública actual, como si realmente la voluntad de tributo se hubiese devuelto hasta los tiempos en que debió ser erigida, mucho antes de nuestra época, como pago de compromisos memoriales de unos 200 años de atraso.
El proyecto que dio origen al monumento, nace del interés del  Regimiento Simbólico de Ingenieros y Telecomunicaciones "Lumaco", para rendir honores a su figura. Esto sucedía ya aproximándose las celebraciones del Bicentenario Nacional, en afanosa etapa de preparativos para tales fiestas.
Contando con la colaboración de la Comandancia en Jefe del Ejército, la propuesta fue acogida por la Ilustre Municipalidad de Providencia, durante la alcaldía del militar en retiro Cristián Labbé. Poco después, la obra sería encargada al escultor Galvarino Ponce Morel, el mismo autor de otros conocidos trabajos como El Abrazo de Maipú, la estatua de Gabriel González Videla en La Serena y la del Alcalde Patricio Mekis frente al Teatro Municipal de Santiago, entre varias más. Como Ponce falleció poco después, en 2012, ésta debe estar entre las últimas obras suyas de escultura pública.
Correspondió al General de División Rodrigo Sánchez, Comandante del mismo Regimiento "Lumaco", solicitar formalmente la autorización para instalar la obra al Consejo de Monumentos Nacionales, presentando para ello un informe con cartas planimétricas detalladas e imágenes del sector escogido. El Consejo estudió y aprobó el proyecto en sesión del 8 de abril de 2009.
Hubo ciertas dificultares para encontrar una firma que se encargara de erigir la obra, sin embargo, ya que el primer llamado a concurso realizado por la Municipalidad de Providencia en julio siguiente, fue declarado desierto, por no presentarse oferentes.
A todo esto, en la espera y expectación por esta obra que ya había sido anunciada, fue inevitable que brotaran las señaladas pasiones que rodean al héroe, y así llegaron algunas incluso a la prensa, particularmente al diario "El Mercurio" y con algún descendiente del prócer como protagonista, reviviendo así esa vieja y urticante rencilla entre héroes de la Independencia y, muy en particular, aquella que proviene de la tensión entre los bandos o'higginianos y carrerinos, que todavía guardan sus respectivas posiciones.
Finalmente, la obra de 2,70 metros y levantada sobre un pedestal de granito de 1,40 metros, fue fundida en bronce por la casa metalúrgica de Gabriel Ravioly y montada en su lugar hacia fines de octubre de 2009. A inicios del mes siguiente, sería inaugurada con un acto en donde participaron autoridades y representantes civiles y militares, además de descendientes del ilustre general de la Independencia. En la ocasión, se entregaron medallones de agradecimiento a todos los que hicieron posible la materialización del proyecto.
Cabe recordar que este sector en Providencia, antaño fue un lugar que ocuparon importantes unidades militares, dejando su huella en las calles adyacentes a la cuadra de la plaza en donde está el monumento, ambas formalizadas en septiembre de 1994.
La imagen conmemorativa muestra a un espigado Juan Mackenna en proporciones heroicas, haciendo un gesto de serenidad con su brazo derecho, como si acariciara la cabeza del fantasma de un niño, mientras con la izquierda sostiene un pergamino o carta. Su expresión es seria, pero parece que esbozara una pequeña sonrisa, o acaso un mohín muy suave, contrastante con su adusto uniforme.
Sobre el pedestal, en la placa de la cara frontal, podemos leer los fundamentos del recuerdo del personaje: "General Juan Mackenna O'Reilly. 1771-1814, Regimiento Tradicional de Ingenieros 'Lumaco'". En la placa a la izquierda del retratado, se señalan sus hazañas militares: "Combates de la Patria Vieja. San Carlos. Chillán. Membrillar"; mientras que a su diestra leemos: "Maestro militar de O'Higgins. Gobernador de Osorno. Gobernador de Valparaíso".
La estatua está instalada en un conjunto mayor formando una explanada y paseo por este lado de la plaza, cerca del lugar de los juegos infantiles y rodeado por árboles, algunos de cierta altura. Se accede al espacio abierto por escalinatas o por el puente peatonal posterior, por una fuente de aguas que, sin embargo, ahora pasa la mayor parte del tiempo seca.
Por desgracia, desde entonces este monumento saldando la histórica deuda con el General Mackenna, ha recibido también el castigo inevitable de los vándalos, enemigos de todo ornamento o material dignificando el espacio público. Su sable al cinto fue arrancado a tirones, quedando el metal torcido en la correa (que ahora luce retorcida casi como una "cola" en la estatua) y deslaminado en el sector donde estaba adosado a la estatua.
A pesar del maltrato, la estatua es el lugar en donde anualmente se recuerda al personaje con ceremonias y ofrendas florales, tras una larga, muy larga carencia en la ciudad de monumentos apropiados o a la altura de un auténtico homenaje como el que se buscana rendir al General Juan Mackenna.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Residentes de Blogger:

Residentes de Facebook