martes, 19 de diciembre de 2017

EL LUGAR EN DONDE COMENZÓ TODO: EL CAFÉ "MISS UNIVERSO" Y LA GENERACIÓN LITERARIA DEL 38

El "Miss Universo" de nuestra época, cuando aún conservaba este nombre en la misma ubicación actual del "Donde J.C.", en Ovalle llegando a San Diego. Imagen de Google Street View.
Coordenadas: 33°26'45.85"S 70°39'6.31"W (ubicación actual)
Este año que ya se va, 2017, fue el mismo del centenario de dos escritores fundamentales en la maravillosa Generación Literaria del 38, quizás la mejor que haya existido en las bibliotecas chilenas: Héctor Barreto Ibáñez (10 de febrero de 1917 - 23 de agosto de 1936) y Miguel Serrano Fernández (10 de septiembre de 1917 - 28 de febrero de 2009). A su vez, el próximo año será el aniversario 80 desde la publicación del hito que puso en la luz del conocimiento cultural a aquella brillante camada literaria: la "Antología del verdadero cuento en Chile", por parte de Serrano, en 1938, año que dará referente cronológico a su generación.
El primero de los nombrados, Barreto, era un joven socialista lleno de idealismos líricos, fascinaciones poéticas y una extraordinaria creatividad truncada sólo por la tragedia, pues sería el primero en morir del grupo de fundadores de su generación, al ser asesinado por una turba de nacionalsocialistas con sólo 19 años, en una revuelta callejera de calle Serrano con avenida Matta. En cambio el segundo, Serrano, sería el último en fallecer de ese grupo original iniciador, con 91 años, con pasado socialista y después convertido convencidamente al nacionalsocialismo tras el escuro episodio de la Masacre del Seguro Obrero, dedicando gran parte de su trabajo y su esfuerzo a evitar el olvido de su amigo tan prematuramente partido.
La Generación del 38, la de ambos hombres y todos sus contemporáneos del mismo rango de edad e inspiración profunda reflejada en sus obras, fue llamada también la Generación Neocriollista del 40, por Ricardo Latcham y Hernán Díaz Arrieta, y en ocasiones se la ha identificado más doctamente como el Movimiento del 42, para distinguirlo quizás de otros prodigiosos grupos que pasaron cerca por los calendarios de la literatura chilena: las generaciones del 20 y del 50.
La Generación del 38, en particular, se caracterizó por un énfasis criollista contemporáneo y de cierto sentido cronístico en su obra más narrativa, sin dejar una lírica tan fluida como estética en el caso de la poesía (varios de sus miembros fueron tremendos poetas, de hecho), todo con la pluma naturalista y auténtica, notable en enfoques sociales comprometidos aunque muy autónomos y críticos de su época, de su contexto histórico. Y aunque sus integrantes solían pregonar que su generación era huérfana, nacida más cerca de la circunstancia que en hilos de continuidad, su distinguido miembro, el poeta y cronista Eduardo Anguita, decía que el grupo surgió proponiéndose el desafío de "convertir las palabras en actos", tal como lo habían querido también "Los Diez", la colonia tolstoiana y otras posibles tentativas románticas de las letras.
Sorprende tantas veces como se medite, entonces, el considerar que esta explosión creativa tan valiosa en nuestras estanterías y que tanta identidad diera a la literatura chilena, anidó y eclosionó para la posteridad desde un cafecito y restaurante de calle San Diego de Santiago, muy cerca del Instituto Nacional. Manteniendo las proporciones, repetían esa curiosa fórmula del destino que se había hecho real, también, con casos como el de la primera escuela del movimiento pictórico impresionista, con un grupo de jóvenes frecuentando el café "Guerbois" de París.
Debo admitir que, por información que había reunido hace varios años ya, no tenía seguridad de que boliche en donde surgió este grupo literario, fuera el mismo que ostentaba hasta hace poco su nombre: el "Miss Universo". Incluso pensé que se trataba de sólo un alcance o apropiación de identidad. Sin embargo, ahora debo cambiar mis conclusiones, devolverme sobre los pasos y reconocer que aún existiría, aunque con otro nombre, otro dueño y otra época... Lo haré con este artículo, precisamente.
Héctor Barreto (1917 - 1936). Fuente imagen: "Historias Ociosas", de R. Videla E.
Miguel Serrano (1917 - 2009). Fuente imagen: librosdementira.com.
Despedida de Santiago del Campo en el restaurante "Da Osvaldo", con los presentes sentados en las escaleras del Portal Fernández Concha, en 1934. Abajo a la izquierda, Julio Molina Müller y a su lado Iván Romero. Sentados en la fila del centro, el segundo a la izquierda es Manuel Salvat Monguillot (organizador del encuentro e hijo del librero Salvat), junto al "Chico" Vega y Santiago del Campo. Arriba, Héctor Barreto y Miguel Serrano. Fuente imagen: sitio oficial de M. Serrano.
EL CAFÉ DONDE SE FUNDÓ UNA GENERACIÓN
El origen de la Generación Literaria del 38, con su primer grupo de jóvenes escritores, ha sido un tema rescatado de la amnesia de los tiempos por Miguel Serrano, resumiendo a la perfección -de paso- las inspiraciones profundas de aquel club de futuras eminencias de la literatura nacional, a las que se sumarían muchos otros escritores, pues a la larga acabó siendo una identidad más que un club o congregación artística.
Y, para curiosidad de quienes admiran a la Generación del 38, aún sobrevive -aunque sea en identificación general o espíritu- el lugar en donde todo comenzó para ellos: está en San Diego con Alonso Ovalle, en pleno Centro de Santiago, en el otrora famoso barrio de los libreros y los teatros.
Los jóvenes poetas y escritores fundadores, comenzaron a agruparse allí en el café, bar y restaurante "Miss Universo", que se señalaba situado en la entonces segunda cuadra de San Diego. Ha cambiado mucho el aspecto de estas manzanas desde entonces, aclaramos, pero son más o menos los mismos perímetros de hoy. Imaginamos que el nombre del local se debía al interés que causaba, por entonces, el concurso internacional de belleza iniciado en 1926 en los Estados Unidos, y que buscaba elegir a la participante más hermosa del mundo, con el título de "miss universe", que después se asignaría al título del actual certamen heredero de aquél, iniciado ya en los cincuenta.
Estos encuentros se extendían hasta tarde, en esas noches perdidas de un Santiago de romances y tranvías. Comienzan en 1933, mismo año que Serrano había salido del Internado Nacional Barros Arana para ingresar al Colegio Valentín Letelier y en el que conoció al escritor Santiago del Campo Silva. Este último era muy influyente entre los jóvenes bohemios, poetas y cuentistas del grupito germinal al que introducirá Serrano rápidamente, y en donde estaban Anuar Atías, Alfredo Irizarri, René Ahumada, Iván Romero, Julio Molina y, por supuesto, Héctor Barreto, que tenía algo así como un liderazgo natural dentro de esa cofradía. Fueron estos, entonces, los impulsores y primeros miembros de la identidad que definió a su generación creadora.
La mayoría de los integrantes del semillero literario eran estudiantes del Instituto Nacional, ubicado hasta ahora en la manzana vecina a la de sus encuentros. Por eso el "Miss Universo" se volvió el favorito para ellos, continuando allí las reuniones después de la partida de Del Campo cuando marchó de regreso a España en 1934, habiendo sido despedido por estos amigos, en la ocasión, en el restaurante "Da Osvaldo" del Portal Fernández Concha. Existe una famosa fotografía de aquella ocasión, en la que los participantes aparecen sentados en las escaleras del entonces elegante edificio comercial, residencial y hotelero.
Es Serrano, nuevamente, quien ha dado más detalles de esta etapa gestacional de aquella generación literaria, como vemos en las "Memorias de Él y Yo", primer volumen:
"Santiago del Campo, como he dicho, me presentó a Julio Molina, hijo del autor de ‘La Selva Lírica’, autor él mismo de los libros de poemas ‘La Primavera del Soldado’ y ‘Los Caballeros vuelven al Oasis’; a Iván Romero, a Robinson Gaete, a Irizarri, a Ahumada, a Guillermo Atías (Anuar Atías) y a Héctor Barreto. Más adelante, conocí a Braulio Arenas, a Jaime Rayo y a Juan Derpich; también, a Enrique Gómez-Correa, a Teófilo Cid, a Eduardo Molina, a Juan Tejeda, a Eduardo Anguita, a Volodia Teitelboim. Formaban grupos independientes, autosuficientes, sin contacto entre sí. Yo me junté con los primeros, fieles representantes de la pura bohemia nacional -casi digo nacionalista-, de esos oscuros años, por encontrar allí un vínculo estrecho con mi mundo del Internado Barros Arana. No en vano el Instituto Nacional era el otro brazo del mismo cuerpo de educadores laicos y humanistas del Chile vernáculo, intelectual y varonil".
Cabe señalar que, por entonces, este sector de la ciudad era llamado el Barrio Latino de Santiago. La versión original de "Ni por mar, ni por tierra... (historia de una generación)" bajo sello de Editorial Nascimento, en 1950, tiene una descripción muy vívida y detallada de Serrano sobre aquel refugio del barrio San Diego y el ambiente que imperaba entonces alrededor de estas cuadras de bohemia y candilejas, puntillismo que se perdió y aligeró en las ediciones posteriores del mismo libro:
"Nuestra ciudad posee algunas calles extrañas, que extiende sobre ellas una especie de halo singular. Hay que saber encontrarlas.
Hace cerca de trece años, una noche, yo caminaba despacio por una de esas calles. Iba en busca de mis amigos, allá, en un restaurante de los barrios nocturnos. Sobre mis hombros, a modo de capa, llevaba el abrigo y me apoyaba en un bastón. Demasiado reciente todavía mi enfermedad de una pierna, marchaba cojeando. Crucé varias calles sin toparme con nadie y al fin desemboqué en San Diego, iluminada y viva a esa hora, con los anuncios de los cafetines, de bares y de salas de billar. De trecho en trecho el aviso de un hotel lúgubre, destacaba la figura de alguna mujer trashumante, que hacía brillar un objeto, insinuando una invitación en la sombra. En una esquina hube de detenerme, pues tres mujeres me cerraron el paso sonriendo, y me hablaron. Una de ellas me cogió del abrigo y las otras miraron mi bastón. Me invitaban. Presentí lo que sucedería. Me arrebatarían el abrigo y luego se alejarían de modo que yo no pudiera darles alcance. Hice un movimiento brusco y me despedí del grupo, entrando en la zona de la luz y abriendo la puerta de una cafetería sobre la cual podía leerse un letrero que anunciaba: 'La Miss Universo'. Adentro, en un rincón, estaban mis amigos.
Permanecían a esa hora sentados en torno a una mesa sucia, con unas botellas al frente; cuando yo llegué no interrumpieron su charla. Julio Molina, el poeta, que fue un genio de catorce años, en actitud insolente mantenía su brazo en ángulo recto, con los dedos extendidos hacia arriba y afirmaba que así permanecía el sol en el espacio y que esa era la posición de Dios en el cosmos; después siguió hablando de sus poemas: 'El Arquitecto Inmóvil' y 'Treinta galopes de Sal'. Contó también su muerte en un país del trópico, entre cocodrilos, mientras las arañas y las hormigas se le metían en la boca, incapaz de cerrarse en el letargo angustioso del final. Santiago del Campo, el dramaturgo, escuchaba, luminoso y sonriente, dinámico y gozador maravillado de la noche. Poseía entonces el secreto del tránsito y la seguridad en sí mismo que le abría todas las puertas. Anuar Atías, el cuentista; Irizarri, el 'Loco'; el 'Tigre' Ahumada y otros más. Me senté junto a ellos y debí leer algunos cuentos que ya no recuerdo. Sería más de la medianoche cuando empujaron las batientes de la puerta de entrada y apareció Barreto acompañado de dos amigos. Cruzó el espacio que lo separaba de nuestra mesa, con su aire especial, las manos sumidas en los bolsillos de su abrigo café, el rostro serio y el rictus amargo e irónico de la boca. Al llegar a nuestro lado se echó atrás el sombrero de alas subidas y de un salto pasó por encima de unas sillas para sentarse a nuestro lado. Los que le acompañaban también se sentaron; aún cuando no eran escritores, venían a escucharle, pues le admiraban como a hombre y jefe capaz de dirigirlos a través de sus correrías nocturnas y pendencieras. De inmediato el ambiente cambió, tomando un no sé qué de extravagante y legendario, como si ese muchacho de ojos afiebrados, aportase un séquito de presencias invisibles y en torno de él se entretejiera el oro de la leyenda.
Y así era".
En el artículo "El asesinato de Héctor Barreto y la cultura política de la izquierda chilena en la década del 30", publicado por la revista "Universum" de Talca (volumen 24, año 2009), el académico Fabio Moraga Valle comenta que, además de tener al "Miss Chile", el barrio de San Diego era conocido entonces por la presencia de otros bares y cafés que podían tener atracción para públicos específicos, como socialistas, estudiantes, intelectuales y otros.
De entre todos aquellos y otros que hubo a lo largo de su historia, se recuerdan boliches célebres como "El Mundo" (que todavía existía en los ochenta, enfrente del Teatro Caupolicán), el "Folis Bergére" (de la Plaza Almagro), el cabaret "El Submarino" favorito del temido Cabro Eulalio (también enfrente de la plaza), el no menos oscuro "La Pata" (en Eyzaguirre llegando a San Diego), el bar "Cola de Mono" (esquina con Santa Isabel) donde se cree nacida la bebida homónima, la "Filórica Luz y Sombra" de don Ricardo Huerta (llegando a Matta), el antro del "Chantecler" (cruzando Matta), frecuentado por rufianes como El Nimbo del barrio rojo Los Callejones, el cabaret "Gato Negro" (cuadra del Teatro Esmeralda), el "Salón América" (cerca de la esquina con Tarapacá), el "Buenos Aires" (casi en la esquina con Pedro Lagos), el folklórico "Club Comercio Atlético" que aún existe (primera cuadra al Sur pasado Matta) y el restaurante "Roma" que también está todavía en los bajos del exteatro del mismo nombre (vecino al Teatro Cariola) y cuya sala es ocupada ahora por el bar "Las Tejas".
Restaurante "Donde J.C.". Hace poco conservaba el nombre "Miss Universo".
Su pequeño pero acogedor espacio en la cuadra de Alonso de Ovalle.
LUCES, SOMBRAS Y SUEÑOS
Moraga Valle se pregunta y se responde, al comentar del "Miss Universo" de aquellos años treinta y del grupo fundador de la generación literaria:
"¿A quiénes leían el grupo de Miss Universo? ¿Cuáles eras sus preocupaciones? Primero, al contrario de la generación anterior, la política no formaba parte de sus preocupaciones fundamentales; pero sí compartían intereses literarios en torno a un grupo muy determinado de escritores extranjeros: Panait Istrati, Knut Hamsum y los rusos Dostoievsky, Boris Pilniak, Sevolod Ivanov; o poetas como Miloscz; entre los vates chilenos leían a Pedro Prado, Omar Cáceres (quien se apareció en sus tertulias para recitar su 'Azul deshabitado'), Vicente Huidobro, Augusto D'Halmar (en especial La sombra del humo en el espejo), Salvador Reyes, Pablo de Rokha, Neruda y Joaquín Edwards Bello, entre otros".
Barreto también había sido presentado allí a Serrano y a los otros miembros del grupo, por el propio Del Campo. Sus visitas a calle San Diego eran frecuentes, sin embargo, de día y de noche: solía buscar libros de Charles Dickens, George Bernard Shaw u Oscar Wilde, no amilanándose con el ambiente "bravo" que se desplegaba a veces en el mismo, entendiéndose sin problemas con los rufianes del sector y hasta los tipos más rudos, como un tal Ojota Carrillo, cuyo local del vecindario servía para reducir objetos robados. Sentía cierta atracción por ese mundo oscuro y temible, a pesar de no participar de él. Del Campo y Serrano mencionaron además, alguna vez, un extraño "amuleto" que Barreto solía andar trayendo en sus andadas: una cajita de madera labrada, que tendría opio en su interior, supuestamente.
A través de Guillermo Mena y Anuar Atías, Barreto había conocido allá mismo al pintor Fernando Marcos, otro representante de la generación artística pero por el lado pictórico. El encuentro tuvo lugar en uno de los varios locales de libros que daban característica a aquellas cuadras de la calle, hasta hace pocos años, particularmente en una librería que era propiedad de los padres del joven pintor. A la sazón, 1932, Fernando y Héctor eran sólo adolescentes, precocidades de intelectualidad. Y sólo dos años después, Barreto ganaba su primer premio literario en el Instituto Nacional: máximo lugar de un concurso literario de 1934, con un relato titulado "La belleza perfecta".
Por Serrano también sabemos que, en este sitio, Barreto, que se hacía llamar Jasón como el héroe clásico, inventaba unas largas y muy tejidas historias de aventuras y sagas personales, con alguna base real cada una, quizás, pero cuyo desarrollo iba sumando puntadas a una tramas que dejaban en silencio a todos los presentes, atentos a los detalles. La creatividad que desplegaba a vertientes en el "Miss Universo", paseaba entre episodios fabulosos, hazañas, aventuras románticas con una hermosa gitana (que casi le cuesta la vida), otros dramas amorosos en los campos, etc. No siempre era él el protagonista de sus historias, sin embargo, pero en las que él era la estrella, apoyaba su narración mostrando supuestas "pruebas" de algún pasaje descrito, como la mencionada cajita de madera con alucinógenos.
Había mucho de rasgo onírico en los pocos trabajos que Barreto alcanzó a publicar, como el relato "Pasajero del sueño", que ha sido el más recordado del autor. El mundo mental del muchacho, su reino imaginado, parecía intentar desprenderse del estrato más profano y material de la realidad, como una desesperación por escapar de lo convencional o lo cotidiano. De esta manera, allí en vivo en el café, iba divagando siempre con sus historias, en las que solía escapar de la muerte violenta por un pelo, causando expectaciones y risas, como sigue recordando Serrano en la posterior edición de "Ni por mar, ni por tierra":
"Héctor seguía jugando con el vaso, dejaba que la espiral del humo de su cigarro subiera. Luego continuaba: La otra noche, estando en un antro de los suburbios, unos individuos de una mesa vecina le buscaron pendencia. Uno de ellos le insultó. Entonces le respondió, diciéndole que era un insecto, una cucaracha verde, que podía reventar con dos dedos. Y Barreto hacía el gesto de apretar un gusano. El hombre le había desafiado a un duelo a muerte. Sería a cuchillo y en las sombras de la Plaza del Roto Chileno. Durante largo rato caminaron por las calles sin cambiar palabra, hasta llegar a la plaza solitaria. Aquí desenvainaron sus armas. Y sucedió lo siguiente: su contendor le pidió que le facilitara su daga para afilar la suya. Barreto se la entregó sin titubear. Entonces el otro le atacó con las dos. Gracias a su gran agilidad pudo escapar con vida de esa aventura".
Antes de su regreso a España, Del Campo vivía, en esos años, en una buhardilla del antiguo edificio del Instituto Nacional, cerca del café como dijimos. A esta habitación podía entrar sólo hasta cierta ahora, por lo que, cuando se le pasaba ese plazo para regresar a su lugar, debía quedarse afuera toda la noche, hasta el otro día. Si esto le sucedía, era Barreto quien se quedaba a acompañarlo, vagando por las calles o haciendo su épica en esos varios cafés y bares del vecindario, bajo la noche inmensa de un Santiago ya extinto.
Una de esas noches, estando presente el admirado Omar Cáceres en la reunión y luego de escuchar las historias de Barreto, Serrano se retiró del café "Miss Universo" sintiendo que se iba internando en una ciudad paralela, desconocida, de nieblas espirituales e imágenes difusas desdobladas en otra realidad de espacio y tiempo. Y llegó así, como náufrago de la urbe, a un misterioso pasaje de Blas Cañas entre Carmen y Lira que aún existe, tipo cité, con una gran estatua de la Virgen con el Niño en su patio interior y suelo empedrado que le recuerda al autor la Calle de los Alquimistas de Praga. Se internó curioso por él y de pronto, una mujer residente, se asomó mirando al cielo despejado mientras decía: "Llueve. ¿Quién entrará en el Círculo esta noche?".
Serrano contó muchas veces esta singular historia en sus libros, sólo posible de vivir y explicar en el Santiago de esos días, pues fue una enorme inspiración para él: llegó a pensar que esa puerta era una entrada a la Ciudad de los Césares, o a un mundo encantado en el subsuelo.
El extraño pasaje aún existe, pero la ciudad en que ocurrió, quizás ya no... Salvo por pequeños enclaves luchando con el tiempo, como el café de nuestro interés.
Vista hacia el interior del boliche.
Don Juan Carlos Yáñez V., actual dueño. Sobre la caja, su premio de 2017.
Cervezas para el calor primaveral... Atrás, don Luis Pizarro, que fue amigo del dueño anterior del "Miss Universo", un señor Reyes, ya fallecido.
TRAGEDIA Y LEGADO GENERACIONAL DEL GRUPO
Pero el asiento de Héctor Barreto iba a ser el primero en quedar vacío, allí en el café "Miss Universo", después de una mortal riña entre miembros de su bando socialista y otro grupo nacionalsocialista, en 1936. El desastre se desató después de lo que podría haber sido sólo un incidente menor, en el desaparecido café "Volga", también de calle San Diego pero hacia la segunda cuadra después de avenida Matta, enfrente del desaparecido Teatro Imperial. El lugar era frecuentado por estudiantes, universitarios y socialistas, por lo que la llegada de un grupo de nacistas al mismo desencadenó los hechos, en tiempos violentos.
Los detalles de esta penosa partida y sus consecuencias, darían para un capítulo completo, que ya publicamos en este blog. Sólo diremos, ahora, que Barreto cayó herido de muerte en calle Serrano, junto al murallón del Colegio Francisco A. Olea, a unos 30 metros de avenida Matta. En la revuelta, y luego que sus compañeros escaparan al escuchar disparos de sus rivales, el muchacho permaneció de pie levantando un anillo suyo sobre la cabeza mientras exclamaba desafiante: "¡Por aquí, pasen las balas por aquí!", siendo alcanzado por una de ellas en el estómago y recibiendo también un puntapié en la cabeza, que le rompió el cráneo. Un vecino, que era militar, salió a tratar de defenderlo con su sable, pero ya era tarde. Barreto fue trasladado a la Posta 2, de calle Chiloé con Maule, y cuando iba en camino, abrió sus ojos por última vez y preguntó enigmáticamente: "¿Quién ríe ahora, los de aquí o los de allá?". Tras agonizar durante el resto de la noche, falleció.
De alguna manera, aunque la tragedia mantuvo en conexión directa por unos años más a sus amigos del café, para publicar un folleto con su nombre en cada aniversario del asesinato, la traumática muerte de Barreto comenzó a disociar al grupo, abriéndolo al perder con él su eje, su clavo maestro y centro gravitatorio, como lo reconoce el propio Serrano:
"La muerte de Barreto fue un símbolo para un sector de mi generación, quemó una etapa para siempre. Los que vivíamos retraídos fuimos proyectándonos a la acción y al mundo externo. Nos tomó la vida, con sus luchas y pasiones".
El investigador Moraga Valle, por su lado concluirá sobre la martirial figura del joven literato caído en tan crueles circunstancias:
"Héctor Barreto era, como muchos jóvenes de la época, un aprendiz a medio camino entre la literatura y la política. Rescataba el individualismo como máxima expresión del ser humano, pero no rechazaba el colectivismo (socialista, comunista, militante); sus cuentos reflejan la mente de un joven que poseía, pese a su temprana edad, no sólo un exquisito uso del lenguaje, sino también un fino talento literario. Como muchos en aquella etapa de la existencia vivía con pasión y entrega sus ideales y adoptó el apodo de Jasón, el héroe griego, su propio modelo literario y de vida".
Pero aún le quedaban varios capítulos a esta historia.
La Generación del 38, surgida en el "Miss Universo" y ahora dispersa por el golpe de muerte, sería cristalizada sólo dos años después, con un hecho literario que le dio punto de partida y fecha a su debut en la particularidad y propiedad.
Sucedió que, en febrero de 1938, en el marco de un concurso literario patrocinado por el diario "El Mercurio", Serrano publicó en "La Nación" un artículo titulado "Algo sobre el cuento en Chile", cuyo contenido y reflexiones causaron cierta controversia que llegó a la revista "Hoy". En los debates participaron algunos autores como Salvador Reyes, Carlos Droguett y Vicente Huidobro, tío de Serrano por el lado de la familia materna. La polémica que se prolongó hasta junio de ese año.
Permitiéndose un acto de soberbia en medio de estos debates, Serrano quiso publicar como respuesta una selección de cuentos titulada "Antología del verdadero cuento en Chile", donde sólo reunía autores jóvenes de su generación, aunque sin grandes recursos ni apoyos, a pesar de haberlos buscado incluso en el Presidente Arturo Alessandri. En septiembre de ese mismo año, además, tuvo lugar la Masacre del Seguro Obrero, que llevará al autor a reclutarse en la ideología nacionalsocialista de las víctimas y a exacerbar su enfoque nacional, patriota y comprometido.
Su antología saldría de imprentas poco después, en noviembre de 1938, agrupando en sus páginas cuentos de él mismo, de Barreto, de Pedro Carrillo, Braulio Arenas, Adrián Jiménez, Juan Tejeda, Eduardo Anguita, Teófilo Cid, Juan Emar, Carlos Droguett y Anuar Atías. La dedicatoria del libro decía:
"Para Héctor Barreto, en este asegundo aniversario de su ASESINATO.
Será difícil que nuestra generación olvide aquellos extraños días del crimen y del entierro, que llenaron esta curiosa ciudad".
A su vez, en el prólogo del mismo autor para la obra, se proclama el texto que sería una definición categórica de la generación literaria que comenzaba salir de la oscuridad de los cafés y boliches de antaño, precisamente con esta publicación:
"Vida es acción del hombre sobre el mundo. Vida es humanizar. En el sentido ideal; puesto que hoy tenemos que mirar éticamente por los valores. Por los valores positivos. De este modo debe y tiene que ser en la realidad.
Nuestra generación, que ha nacido vieja en 'incomodidades', sabe esto, sabe muchas cosas. Mas de nada le vale. ¿De qué le puede valer, cuando está más explotada que un zapatero? (Entendiendo que el artesano es el que mayor independencia económica logra en Chile). El artista de nuestra generación -y en general- vive una vida de perro negro, en desconsideración, en vejaciones económicas y espirituales, en Santiago de Chile.
Vivir la vida recta y virilmente, como es en sí, es grande mente difícil hoy. En todos los sectores coexiste el capitalismo, con sus crecidos santos de trapo o de viento, fantasmas grises que viven en lapidaria simbiosis, que arriban y se arrastran".
Y entrando ya a un lenguaje más bien de manifiesto urbi et orbi, contempla a su generación y a esta nueva producción de literatos, como aquellos depositarios de la responsabilidad de dar sostén al más auténtico cuento de Chile, la razón de este libro:
"Esta antología es del CUENTO CHILENO, aunque muchos no sepan ni quieran reconocer su nacionalidad e ingenuamente renieguen, afrancesándose. La tierra los agitó, desde allí vienen, a ella, sólo a ella, le deben su grandeza o su miseria. Prueba de ello es que no se han dado en ninguna otra parte, sino en Chile. El tono hondo o desgarrador, que se repite como motivo funda mental y constante, es propio del crisol, del territorio chileno.
Chile, por hoy, es el país del Arte, que significa, en lenguaje significativo, PREPARACIÓN PARA ALGO. El arte es transitorio.
La generación anterior fue la de la Poesía. La nueva generación es la del Cuento. Chile es un país de cuentistas. Esta Antología quiere ser una 'Antología Abierta'. Desearía una página en blanco para cada letra del alfabeto, donde vendrían a 'trabajar' los nombres de los próximos cuentistas. Yo he colocado sólo a los que conozco, a los otros -que tal vez existan- no tenía tiempo para salir a buscarlos con detenimiento".
Con este acto desafiante y sumamente provocador de la literatura, pues, había nacido formalmente a la luz pública la extraordinaria Generación del 38... O, mejor dicho, con ello manifestó al mundo su existencia, la que ya había comenzado a palpitar sus entrañas en ese rincón de mesas sucias y noches largas de calle San Diego, un lustro antes.
Debe recordarse que otro destino trágico entre los cofrades del "Miss Universo", resultó ser el de Jaime Rayo, poeta que alcanzó a tener cierta participación en el interesante grupo creativo "Mandrágora" de Arenas. De tendencia oscura y muy influido por la obra de Rimbaud, una noche de 1942 se suicidó de un tiro en la cabeza, cerca de los 25 años. En el artículo que Anguita le dedicó en la revista "Acción Chilena", expresó en tono trágico sobre su camada literaria, que el triste final de su amigo tenía algo de común a todos ellos: "Éramos la generación que sería fusilada desde todos los lados". Droguett, por su parte, recordándolo en el primer quinquenio de su muerte, escribió en la página literaria del diario "Extra": "Ahora él no es más que una sombra que camina quizá hacia dónde, que piensa quizá qué cosas".
Si no fuera por el esfuerzo que hicieron colegas de Rayo, como Anguita, Droguett y el propio Serrano, quizás su obra poética habría sido olvidada para siempre. Pablo de Rokha, Víctor Castro, Raúl Silva Castro, Nicanor Parra, Teófilo Cid, Victoriano Vicario y Mahfud Massís también han hecho sus propios aportes de memoria al respecto.
Con el tiempo, varios otros nombres se sumaron a la Generación del 38, quedando identificados con sus resplandores imperecederos: Nicomedes Guzmán, Gonzalo Drago, Francisco Coloane, Mario Bahamonde Silva, Maité Allamand, Oscar Castro, Fernando Alegría, Raúl Vicherat, Hugo Goldsack Blanco, Andrés Sabella, José Edwards y Gonzalo Rojas. La generación alcanzó a influir también en la pluma del poeta y cuentista nortino Luis González Zenteno, del detective y cronista policial René Vergara, del poeta sureño Salvador Zurita Mella y del periodista Raúl Morales Álvarez, entre otros... Grandes entre los grandes de las letras nacionales, todos ellos.
Elogiosa mención al "Miss Universo" en "El Mercurio", en 2008.
Premio 2017, de la Ruta Gastronómica Barrio San Diego.
¿Y QUÉ SUCEDIÓ CON EL VIEJO CAFÉ?
En un regreso a Chile, tras su largo servicio diplomático, Serrano comentó no haber podido encontrar su querido local "Miss Universo" en el lugar donde había estado antes, cuando lo frecuentaba. "Como tantas otras bellas cosas, ya no existe más", escribió en la "Revista de Libros" del diario "El Mercurio", del viernes 26 de agosto de 2005.
Tal vez, hubo un tiempo en que el "Miss Universo" estuvo con sus actividades suspendidas durante el período al que se refirió el autor, o bien operando con otro nombre y administración. Sin embargo, el café y restaurante estaba, unos años después, por el lado de Alonso Ovalle, enfrente del local que ocupa actualmente su sucesor, el "Donde J.C." de Alonso Ovalle. Este último sería la continuación del café de nuestra atención allí en San Diego, en donde comenzó la epopeya literaria de aquellos nombres insignes de la Generación del 38.
Su dueño en aquellos años, estando ubicado en Alonso Ovalle con San Diego, era un señor llamado Luis Reyes, cuya familia venía manteniendo el negocio no sabemos desde cuánto tiempo antes, aunque serían muchos años, según nos informa alguien que fue amigo cercano suyo: don Luis Pizarro, personaje que aún ronda por este barrio y por la nueva ubicación del boliche.
En aquel entonces, y más o menos hasta la década de los ochenta o un poco después, el "Miss Universo" era llamado cariñosamente "La Escuelita" por sus comensales, que se mofaban con ello de la distribución de algunas de las sillas y mesas para los clientes, especialmente en un sector exterior: muy ordenadas y uniformes, como pupitres escolares. Sin embargo, una gran demolición del viejo edificio esquina que lo acogía en esa misma cuadra, para ser reemplazado por uno nuevo inaugurado en 1999 (Edificio Océano, primero de muchos que están cambiando dramáticamente el aspecto histórico de San Diego), obligó a don Luis a trasladar su lugar. Esto sucedía hacia mediados de los años noventa, aproximadamente.
Con el mencionado cambio de espacio, el "Miss Universo" quedaría ubicado en un pequeño local que antes había sido una tienda de ventas de accesorios y artefactos eléctricos de aseo doméstico, justo cruzando la calle hasta la cuadra vecina. Más exactamente, ocupará la dirección de Alonso Ovalle 1128, a sólo pasos de San Diego. Convertido ya entonces en un bolichito popular, célebre por sus sabrosas colaciones a muy bajo precio, se hizo la picada favorita de muchos de los trabajadores del sector, hasta ahora.
Tras la súbita muerte de don Luis, el negocio fue asumido por don Juan Carlos Yáñez Valdés, en 2006, visitado constantemente por el mismo señor Pizarro a quien nos hemos referido, quien echa manos a algunas de las demandas de labores dentro del local. Su orientación popular, tipo cantina y restaurante de bajos precios con platos caseros, hasta no hace mucho pintados en sus vidrios y pizarras, siguió creciendo en esos años. Nuestro amigo Ricardo Chamorro, investigador del barrio y autor del libro "Eje San Diego. Arqueología de una calle mágica", lo definió por entonces como "un almácigo de curaos", acogiendo una crítica que escuchó de otros de los conocedores del lugar.
La seducción popular del "Miss Universo" llegó incluso a la prensa, particularmente a "El Mercurio" del 2o de abril de 2008 (artículo "Calidad y cantidad al mejor precio", que don Juan Carlos atesora como un trofeo dentro del restaurante), en donde se destacaban sus cazuelas de vacuno los lunes y los pescados fritos los viernes, con menús de legumbres, sándwiches y otros. También han llegado algunos reporteros de televisión hasta su sala y cocina, de la que salen olores apetitosos de garbanzos cocidos o escalopas de pollo.
El señor Juan Carlos, conocido como don J.C. entre varios de los comensales frecuentes, llegó a ser tan famoso entre la clientela que el nombre del "Miss Universo" mutó, connaturalmente, al de "Donde JC". Así era como todos llamaban ya al restaurante, cambiándolo en 2016 por esta nueva identidad. Hace muy poco, además, en noviembre de 2017, "Donde JC" ganó la categoría de "Mejor Restaurante de Comida" para la Ruta Gastronómica de Barrio San Diego, extendido por el Ministerio de Economía, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, la Ilustre Municipalidad de Santiago y Sercotec. Tanto el diploma como el galardón son lucidos en lugares destacados de la barra y caja del local.
A pesar del cambio de nombre, entonces, la línea de identidad del restaurante sería, básicamente, la misma que nos remota a los años treinta, a los orígenes de la Generación del 38, si la información con la que contamos es certera y la relación con el primer "Miss Universo" es de efectiva continuidad histórica.
En tanto, la otra parte de la historia iniciada en este encuentro de calles y al alero del mismo establecimiento, se extinguía. La muerte de Serrano en 2009, señaló también la del último sobreviviente del grupo fundador de su generación literaria, allí en el "Miss Universo". En tanto, el tal vez último miembro que formó parte de aquella identidad y camada de escritores, en su sentido más amplio, Luis Merino Reyes, falleció el 22 de febrero de 2011, pocos días después de su cumpleaños 99.
Se acababa, de ese modo, la prolífica -y diríamos que más importante- generación literaria chilena de la historia de la narrativa.
Empero, consuela pensar que un pequeño boliche de San Diego, allí en Alonso Ovalle, cuya historia se enredó indivisiblemente con aquel grupo fundador de toda una época en nuestras artes escritas, aún existe y aún alegra a los parroquianos del barrio.

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