miércoles, 20 de diciembre de 2017

CASAS DE LO MATTA: RASGOS DEL PASADO COLONIAL DE VITACURA

Coordenadas: 33°23'15.60"S 70°32'40.35"W
La comuna de Vitacura en Santiago, tiene una característica curiosa: es una de a las que menos espacio e queda ya para seguir creciendo en aspectos urbanísticos e inmobiliarios, algo complejo para una zona en donde existe una alta cotización del suelo, precisamente. Por este motivo, grandes espacios abiertos y aún con aire del campo colonial precordillerano del valle del Mapocho, como la sede de la Corporación Cultural de Vitacura en las Casas de Lo Matta, son para su ciudadanía tanto vestigios incalculables de su historia pasada como también el más valioso patrimonio para las generaciones futuras.
Las Casas de Lo Matta se encuentran en la dirección de avenida Presidente Kennedy 9350, cerca del cruce con avenida Padre Hurtado Norte, enfrente de donde está en nuestros días el Club Palestino y el Mall Alto Las Condes. Se ubica ocupando media cuadra entre las vías de la Lateral de Kennedy, calle Lo Matta y Tupungato, con un barrio conservador a sus espaldas y en donde pueden encontrarse también algunas viejas tinajas, tejas coloniales y arboledas como las de patios y murallones en la antigua casona.
Todos estos terrenos pertenecían, antaño, al Fundo Lo Matta de Las Condes, que había crecido, a su vez, sobre antiguos territorios ocupados por el clan del indígena Longopilla, en las comarcas pertenecientes al lonco Butacura o Botacura. De ahí el nombre de la comuna, por corrupción fonética, justamente.
Butacura mantenía relaciones con la administración incásica y prehispánica del valle y tomó la iniciativa de construir obras tales como los canales de regadío hacia Conchalí, además de haber hecho cierta amistad y complicidad con Pedro de Valdivia. Murió asesinado, no se sabe con exactitud si por otros indígenas que se consideraron traicionados al asistir y facilitar oro a los hispanos, o bien por españoles codiciosos que intentaron apropiarse de sus míticas riquezas, cuya desaparición ha dado origen a algunas leyendas locales sobre enterramientos, minas escondidas y tesoros perdidos.
En 1544, Valdivia concedió parte de las tierras de este lado del valle a doña Inés de Suárez, a las que siguieron otras para Francisco de Aguirre, Juan Fernández de Alderete, Francisco de Villagra y otros compañeros expedicionarios del Conquistador en su camino de llegada y fundación de Santiago. Así, el 30 de agosto de 1546, el Cabildo entregó a Francisco de Riberos una merced de tierras equivalentes a 200 cuadras, en esos exterritorios de Botacura. Se situaba hacia el oriente de la ciudad de Santiago, subiendo por el río Mapocho. Desde ese momento, la chacra comenzó a ser explotada para la producción de viñas y frutas.
Al morir don Francisco, la merced pasó a su hijo el General Alonso de Riberos, y después a la viuda de éste, doña Mariana Osorio. Como el matrimonio no había tenido hijos, ella repartió algunas fracciones del predio entre sus cuñados, quedándose con 118 de las cuadras originales. Cuando falleció, en 1620, la propiedad fue comprada por doña María de Alvarado, viuda del Capitán Lorenzo de Riberos Figueroa. Poco duró en sus manos, sin embargo, pues ella la vendió en 1623, a don Diego de Mazuela.
Hacia inicios del siglo XVIII, la propiedad pertenecía al marino francés Capitán Luis de Caux, que castellanizó su apellido como Coo, en los orígenes de este linaje en el país. Con las sucesiones, fue heredada en 1793 por su nieta doña Mercedes Coo Astorga, quien estaba casada con don Antonio Martínez de Matta y Casamiglia. Por esta muy patriarcal razón, el fundo sería conocido como Lo Matta, perpetuándose con ese nombre.
El matrimonio siguió explotando el terreno con actividades agrícolas, al parecer bastante intensas en alguna época, y fueron ellos también quienes construyeron el gran inmueble de dos pisos basado en el estilo de las casa tipo alquerías españolas, tendencia que había entrado en Chile hacia la segunda mitad de aquella centuria. La enorme casona debió haber sido levantada hacia fines del siglo XVIII y concluida, probablemente, hacia inicios del siglo XIX.
En cuanto a materialidad, la casa consta de gruesos muros de adobe con pilares de madera interior distribuidos en filas dobles en el nivel inferior, no así en el superior, carente de ellas. Dispone de vigas travesañas y escuadras del mismo material en el techo. Son dos niveles independientes entre sí, conectados por escaleras interiores (posteriormente, según parece) y distribuidos en prolongadas salas-pasillos. Destacan en todo el inmueble los vanos estrechos, pero bien distribuidos para iluminación y desplazamientos, con protecciones y barrotes de metal forjado y puertas de vieja madera, con aspecto casi conventual.
Al segundo piso, en tanto, se accedía exteriormente por la escala doble del lado de sus jardines con arboledas. Estupendos porches tipo soportal se extienden a todo lo largo de este segundo piso, por ambos lados: un pasillo abalaustrado y coronado por dos aguas de tejado colonial.
Elementos posteriores correspondientes a pasillos, bodegas menores, pasajes y extensiones, le fueron agregados en años posteriores, aunque manteniendo los rasgos de la arquitectura rural. Demás está decir que se emplean con objetivos muy diferentes, en nuestros días.
Tras el advenimiento de la Independencia de Chile, hombres públicos y políticos de renombre pasaron o propietaron la hacienda. En el "Álbum de la Zona Central de Chile. Informaciones agrícolas", editado por Juvenal Valenzuela en 1923, se señala que a la sazón, la propiedad pertenecía a por don Aurelio González, el mismo que había asumido unos años antes la alcaldía de Las Condes.
A la sazón, el fundo era productor principalmente de cebada forrajera y de leche, contando para esto último con un galpón de invierno con capacidad para 200 vacas y un rebaño suficientemente grande para la ordena de unas 150 diarias. El destino y consumo de esta leche se daba en los mercados de Santiago. La misma guía indica que tenía unas 225 hectáreas regadas por entonces, y un silo con capacidad para 280 toneladas.
Tras morir don Aurelio, la casona quedó en manos de su hijo Mario González Díaz de Valdés, quien junto a su esposa Inés Tonkin de González restauraron gran parte del inmueble y recibieron a ilustres visitas internacionales en él. La página de la Corporación Cultural de Vitacura informa que vinieron al lugar, en este período, el Príncipe Humberto de Saboya, el célebre escritor francés Antoine de Saint-Exupéry (autor de "El Principito") y su compatriota el Presidente Charles de Gaulle.
Sin embargo, poco después se lotearon algunos sectores de la propiedad, hacia los años 50, en los que fue apareciendo el barrio posterior y lateral que hemos descrito. Sólo una hectárea le quedaba después de estas parcelaciones, hacia esa misma época en que había sido creada la Comuna de Vitacura.
En 1967, durante la alcaldía de don José Rabat Gorchs, la Municipalidad de Las Condes compró la propiedad con el objetivo de convertirla en el museo y casa cultural de la comuna. Tres años después, el decorador Mario Matta Echaurren, vinculado a la familia que le daba nombre a la casona, llegó a un acuerdo con la Municipalidad para recibir la propiedad en concesión, tomando el compromiso de restaurarla y disponerla abierta al público visitante. El proyecto iba viento en popa, con positivas transformaciones del lugar, hasta que en 1972, don Mario falleció súbitamente sin que se pudiesen concluir los afanosos trabajos.
Pasó el tiempo, y la decrepitud comenzó a dejar huellas en las estructuras. Por entonces, se mantenía el primer piso como bodegas y el segundo como habitaciones. Pocos años después, comenzaron a ser demolidos pabellones y unidades más antiguos de la propiedad, manteniéndose sólo la parte principal del inmueble, la correspondiente a finales del siglo XVIII, los mismos que actualmente siguen en pie.
En 1979, se recuperó materialmente la casona gracias a la Municipalidad de Las Condes y al Banco Español Chile. Sin embargo, siendo inminente el peligro de destrucción del ya senil edificio, el Consejo de Monumentos Nacionales declaró las Casas de Lo Mata "y los terrenos adyacentes" en categoría de Monumento Histórico Nacional, por Decreto Supremo N° 261 del 4 de mayo de 1984, por tratarse de un "exponente de la arquitectura rural del siglo XVIII, constituyendo un ejemplo de lo que eran las casas patronales típicas de la zona central chilena".
No bien se oficializó la declaración, durante la alcaldía de Carlos Correa Sanfuentes en Las Condes, esta municipalidad se encargó de restaurar y mejorar el inmueble y sus construcciones adyacentes sin afectar el carácter colonial tardío propio del conjunto, dejando las obras en manos del arquitecto Patricio Gross, quien debió eliminar algunos elementos posteriores al siglo XVIII y que contaminaban el estilo original del inmueble.
Por otro lado, también se encargó a la paisajista Marta Viveros rehacer los jardines con senderos y árboles frutales, en donde hoy está una estatua de la virgen, viejísimas tinajas y restos de estructuras coloniales del conjunto. También hay naranjos por el sector frente al ingreso y hacia el fondo del gran patio al poniente de la casona, en donde existen algunas bancas de camping, además.
Una vez restaurada y gozando de su categoría de Monumento Histórico, las Casas de Lo Mata fueron reinauguradas el 15 de septiembre de 1988, muy cerca del famoso plebiscito popular que puso fin al Régimen Militar. A partir entonces, sería mejorada durante un tiempo más y dispuesta para las exposiciones del Museo de Artes Decorativas (hoy en el Centro Patrimonial de la Recoleta Dominicana), como lo recuerda una placa colocada hacia el lado de los jardines, además de acoger algunos departamentos del Centro Nacional de Conservación y Restauración.
La misma página de la Corporación Cultural de Vitacura agrega que, en 1998 (año en que se retiró el museo), la propiedad pasó a depender de esta misma institución y de la comuna correspondiente, para convertirse en espacio de expositores, eventos, encuentros y actividades para la comunidad, llegando a recibir unas 25 mil visitas anuales.
Diez años después, se inició un proyecto de restauración casi urgente del edificio, que ya estaba con serios problemas estructurales, especialmente en las más antiguas maderas distribuidas por sus 1.020 metros cuadrados. Iniciado en 2009, la intervención cambió las vigas y postes por otros nuevos pero fieles en su aspecto a las originales, ajustándose también a las normas sísmicas.
En aquella ocasión, se instaló otra placa conmemorando las obras, por el lado de la entrada poniente al inmueble, donde se lee (con letras mayúsculas):
"Bajo la administración del Alcalde de Vitacura Sr. Raúl Torrealba del Pedregal y su concejo, ha sido restaurada 'Casas de Lo Matta' como un aporte a la preservación de los monumentos nacionales de nuestro país.
Esta obra fue realizada durante todo el año 2009 y consistió en el reforzamiento estructural y la restauración arquitectónica del edificio, combinando técnicas de construcción de la época".
Coincidentemente, el terremoto del 27 de febrero de 2010 sorprendió a las Casas de Lo Matta justo en la etapa final del proceso de mejorías y reforzamientos, por lo que pudo resistir sin problemas el artero ataque telúrico. Mejor ni pensar si hubiese ocurrido un año antes... Fue retocada durante los meses que siguieron, reparando los pocos daños causados por el sismo, y así pudo ser reinaugurada el 3 de junio de ese año, tal cual la podemos ver en estos momentos.
Hoy, Casas de Lo Matta cede su espacio colonial e histórico a todas las formas de cultura y extensión creativa: arte, fotografía, exposiciones, música, danza, cine, etc.  Es el lugar al que se destinan espectáculos para la ciudadanía, festivales cinematográficos y celebraciones de fiestas.

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