viernes, 29 de diciembre de 2017

80 AÑOS DE PASIÓN Y GLORIA DEL TEATRO CAUPOLICÁN

Presentación del Circo de las Águilas Humanas en el Teatro Caupolicán, a principios de los años cincuenta (temporada 1951-1952). Fuente imagen: colección fotográfica del teatro.
Coordenadas: 33°27'22.38"S 70°38'57.27"W
La cuadra de San Diego 852 de la  ciudad de Santiago, entre Coquimbo y Copiapó, está dominada por la fachada y las caras visibles del polígono del Teatro Caupolicán, el más importante de los anfiteatros de esta calle y alguna vez de Chile entero. Más o menos desde los años treinta hasta los setenta, fue el epicentro de la actividad de espectáculos y bohemia de candilejas nacionales.
Aunque hoy se ve sólido y consolidado, deberíamos decir que otra vez, pocos recuerdan ya o se detienen a pensar en las ocasiones en que el Caupolicán estuvo al borde de ser aplastado por el tiempo demolido, pasando por períodos en que realmente pareció que su destino era irreversible. Su doble Némesis ha sido, en todos los casos, el paso implacable del tiempo y también la desidia humana.
Sin embargo, el aparentemente implacable desastre proyectando su sombra sobre el edificio, pudo ser conjurado en cada oportunidad, gracias a manos particulares que apostaron a su salvación. Poca gratitud se expresa por esas iniciativas, en nuestra época.
El teatro fue construido a partir de 1935-1936, por encargo de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas (Caja de EE.PP y PP), que financiaron también la obra. La arquitectura quedó encargada a Alberto Cruz Eyzaguirre, el mismo autor de los planos de la fábrica Machasa, quien trabajaba con su hermano Carlos en otros importantes proyectos. Se recordará, también, que Carlos tuvo participación en la construcción del Hotel Carrera y del Teatro Oriente.
La obra se entregó el 21 de agosto de 1937, con presencia del Presidente Arturo Alessandri Palma en el acto inagural, siendo elogiado de inmediato por la prensa y por los críticos, que lo definieron con ufanía como uno de los mejores de Sudamérica y de entre los del mundo entero, por los altos estándares con que cumplía en aquellos años. Este 2017 que se extingue, entonces, el tan elogiado teatro de entonces ya cumplió 80 años de existencia.
Fue inaugurado como Teatro Circo Caupolicán, el único techado y con tales dimensiones en todo el país, concebido con el estilo de anfiteatro circo, es decir, de coliseo con el escenario rodeado en todo su entorno por el público.
Se entiende que fue pensado para espectáculos de gran convocatoria, desde su origen: 5.000 metros cuadrados construidos sobre un terreno de 4.116 metros cuadrados, un aforo de siete a ocho mil espectadores, con dos niveles principales separados (platea alta y baja), cúpula a 70 metros de altura, acceso principal y dos laterales, seis locales comerciales en sus bajos, cuatro oficinas de administración interior, kioscos interiores en los pasillos, baños, camarines, un pequeño par de patios externos y hasta estacionamientos subterráneos a los que se accede por calle trasera Lingue, hoy llamada Lincoyán Berríos.
Don Enrique Venturino, célebre dueño del coliseo del Teatro Caupolicán.
Concentración política de 1950, en el teatro. Banco fotográfico de la revista "Life". Fuente imagen: Flickr de Santiago Nostálgico.
"Catch" (cachacascán), anunciado en las marquesinas del Caupolicán, en 1961. Imagen de los archivos fotográficos del Teatro Caupolicán.
Presentación del maestro pianista Claudio Arrau en el Teatro Caupolicán, en 1984. Fuente imagen: colección fotográfica del teatro.
Sin embargo, esa misma característica de coliseo con grandes dimensiones, le valió después al Caupolicán, el ser llamado peyorativamente como Elefantito Blanco, en la burla popular, pues parecía que nunca podía completar totalmente sus capacidades. Lo de Elefantito viene de que, por similares razones, hacia la misma época se había motejado al Estadio Nacional de Chile (hoy Estadio Nacional Julio Martínez Pradanos) como el Elefante Blanco de los Campos de Sport de Ñuñoa, incluso por el Presidente Arturo Alessandri Palma según la leyenda, apodo que se popularizó después de que fuera entregado al público en diciembre de 1938 y que, casi simultáneamente, alcanzó para el teatro de calle San Diego.
A inicios de los cuarenta, después de unos fructíferos años en el Teatro Balmaceda del barrio de los mercados veguinos, el exitoso empresario de espectáculos Enrique Venturino Soto, fundador de la compañía de revistas "Cóndor" que dio el impulso definitivo al género revisteril en Chile, compró el teatro a la Caja de EE.PP y PP, instalando a partir de ese momento en él, su más importante centro de operaciones y actividades de nivel internacional en Chile. De alguna manera, Venturino fue el más grande revolucionario del rubro de la actividad de espectáculo en el país.
Se cuenta que habría sido una decisión del propio empresario el colocarle Teatro Caupolicán a secas, hacia el período en que llevó hasta allí mismo su histórico  "Circo de las Águilas Humanas" e inició las jornadas inolvidables de lucha libre popular del "Cachacascán", a inicios de esa misma década. No obstante, esos años aparecía llamado todavía como el Circo Caupolicán o Teatro Circo Caupolicán. Y, según la guía del "Anuario DIC" de 1946, de la Dirección General de Informaciones y Cultura la Braden Copper Company (del Mineral El Teniente, de Rancagua), era "el más grande y confortable teatro-circo-estadio deportivo de Sud-América con capacidad para 10 mil espectadores sentados". Impresiones y números exagerados un poco, diríamos.
La cantidad de figuras del espectáculo que pasaban por el Teatro Caupolicán era abismante, resumiendo prácticamente todas las visitas y locales ilustres de las artes escénicas, deporte, bataclán, ópera, música y vodevil en Santiago: la Orquesta Filarmónica de New York, el trompetista y cantante Louis Armstrong, la mítica bailarina méxico-estadounidense Tongolele (Yolanda Montes), el pianista chileno Claudio Arrau, los inicios de la "Orquesta Huambaly", el rock clásico de Bill Halley and the Comets, Duke Ellington y su bigband, la compañía del Bim Bam Bum, el director musical Buddy Day, la "Orquesta Castro" de Sevilla, el elenco de Cabaret Bijoux, el trío mexicano "Los Panchos", la joven cantante chilena Monna Bell (después avecindada en México), el incomprable cantante y actor mexicano  Jorge Negrete, el Music Hall de Israel, el Circo de Moscú, los Coros de la Universidad Católica y de la Universidad de Chile, los hermanos Retes, los más famosos tonys del circo chileno y muchos otros nombres que estaban inmortalizados en el piso y rodeados de estrellas por el acceso Sur del teatro, verdaderas diademas que la actual administración decidió conservar tras una remodelación y están ahora en los muros del hall y boleterías del mismo pasillo.
La actividad era increíble dentro del espacioso recinto, dejando atrás su apodo de Elefantito Blanco. Conviven allí lo popular y lo docto; la zarzuela y la música selecta; el mago y la cantante lirica. Se realiza también una concurrida temporada de ópera, con obras como "Rigoleto" y "El Barbero de Sevilla". Y el deporte también está presente: en 1946, se juega en él la final sudamericana de básquetbol femenino, ganando las chilenas. Hasta una fallida exhibición de tauromaquia se intentó en su arena en 1954, pero los animales se aterraron con el público y las luces, para frustración de los toreros, debiendo suspenderse la exhibición. El vate Pablo Neruda realizará también una célebre conferencia, en octubre de 1962.
Las redes de Venturino, en tanto, llegaban ya al extranjero, por lo que no era raro observar agentes de artistas llegando directamente al lugar, con sus expectativas para presentaciones y negocios. Tampoco era inusual encontrar estrellas del teatro almorzando o tomándose un traguito en los varios restaurantes, bares y fuentes de soda del entorno, causando gran atención y sorpresa del público de calle San Diego. Coreógrafos, artistas y bailarinas entraban o salían durante todo el día, y en las "pausas" -por llamarlas de alguna forma- había público para proyecciones de películas, ensayos de orquestas o simples reuniones de camaradería, ya sea en su arena central o bien en algunas de sus salas, con un café propio una de ellas.
El Cabaret Bijoux, anunciado en la gran marquesina del teatro. Fuente imagen: colección fotográfica del teatro.
Presentación en el escenario del Teatro Caupolicán del Gran Circo Acrobático de China. Fuente imagen: colección fotográfica del teatro.
Histórica temporada de las presentaciones de la compañía del Holiday on Ice en el Teatro Caupolicán. Fuente imagen: colección fotográfica del teatro.
Presentación ya más cercana a nuestra época, con una elegante limusina estacionada en la entrada. Se observa la marquesina, cambiada posteriormente. Fuente imagen: worldtravelserver.com.
Otra mirada a la fachada y la marquesina posteriormente modificada. Fuente imagen: worldtravelserver.com.
Mientras tanto, seguían brillando los próceres bajo sus focos: el comediante argentino "El Zorro" Pepe Iglesias, sus compatriotas del Gran Circo Tihany, de domador de fieras checo Franz Marek, el coreógrafo Antonio Ruiz Soler con su Ballet Español, el cantante y actor mexicano Miguel Aceves Mejías, la Compañía de Revistas "Ritmo Loco", el Ballet Lago de Yugoslavia, el director estadounidense Woody Herman y su Orquesta, el Conjunto Beriuska de la Unión Soviética, la compañía "Linterna Mágica" de Praga, los tangos uruguayos de la Orquesta de Francisco Canaro, el trío de boleristas mexicanos "Los Tres Diamantes", el actor nacional Jorge Sallorenzo, las voces del "Trío Moreno", la cantante méxico-estadounidense Angélica María (receptora del Premio Caupolicán por sus superventas de entradas allí, en 1973), la soprano Rayen Quitral, el Gran Circo de Alemania, el multifacético artista francés Maurice Chevalier, si símil Juliette Gréco y la italiana Caterina Valente, el gran actor nacional Alejandro Flores, su colega y coterráneo Rafael Frontaura, la exótica bailarina mulata franco-norteamericana Josephine Baker, la también mulata y cantante argentina Rita Montero, el bolerista nacional Lucho Gatica, el dúo musical y humorístico "Los Caporales", el compositor José Goles, el gran Nicanor Molinare, el equipo de básquetbol acrobático The Harlem Glober Trotters, la compañía "Holiday on Ice", "Las Mulatas de Fuego" de Cuba, el Circo de Delfines de Miami...
Del mismo modo, el teatro tuvo una atracción formidable para grupos políticos. Allí se realizaron, por ejemplo, actos de los socialistas con Oscar Schnake y Marmaduke Grove al micrófono; otros de apoyo al bando republicano en la recién estallada Guerra Civil de España o al Frente Popular de Pedro Aguirre Cerda. Presidentes como Arturo Alessandri, Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende pasaron por este escenario, antes, durante o después de haber conseguido el sillón del Palacio de la Moneda.
Por lo anterior, el teatro se había convertido rápidamente en lugar de proclamaciones de candidatos, los célebres Caupolicanazos que aún se copia, o bien demostraciones políticas históricas como la que realizó Frei Montalva al llamar a votar "No" en el Plebiscito de 1980 en el único acto de opositores que se realizara entonces, uno de los eventos más tensos que hayan involucrado al Caupolicán en toda su historia. "El teatro no tiene partido político... Paguen y griten lo que quieran", decía con ironía Venturino, según recuerda Alfredo Lamadrid en sus crónicas de "Nada es como era".
A su vez, toda la edad de oro del boxeo chileno se vivió en el teatro, especialmente en sus días viernes: Arturo Godoy, Godfrey Stevens, Raúl Carabantes, Humberto "Jeta" Loayza, Carlos Rendich, Alberto "Ventarrón" Reyes, Mario Salinas, Simón Guerra, Antonio Fernández, Martín Vargas, Jaime "Motorcito" Miranda, Benedicto Villablanca... Animan, comentan o sólo asisten por gusto los baluartes de la locución deportiva de esos años: el noctámbulo Renato "Mr. Huifa" González, la inconfundible voz de Sergio Silva Acuña, la sapiencia reflexiva de Julio Martínez Pradanos. La actividad contaba con el respaldo financiero del empresario cubano-español Ricardo Liaño, el mismo que acabó sus días pobre y arruinado, viviendo en la pieza de un edificio del Barrio Mapocho.
Las anécdotas y curiosidades de este período y de la actividad boxística en el teatro, particularmente, darían para un capítulo completo. Por ejemplo, Roberto Merino recuerda en su "Todo Santiago: Crónicas de la ciudad" que, en abril de 1981, un moreno peleador de Puerto Rico mandó a la lona a la promesa de Melipilla, "Pajarito" López, dejándolo tendido y K.O. para decepción de los locales. El vencedor comenzó a celebrar su victoria de forma soberbia, lo que molestó al hermano del vencido, un fornido sujeto que subió al ring y de un solo puñetazo dejó viendo canarios y sin su protector bucal al victorioso ganador de la contienda. El agresor acabó detenido por su poco decorosa venganza.
La fachada en la actualidad, vista desde el lado Sur.
Vista desde San Diego por el lado Norte del teatro.
Entrada principal del teatro.
Elegante hall de la entrada principal, con lámpara colgante.
Vale recordar, también, que en los setenta y primera mitad de los ochenta, destacó una voz avasallante entre el público en aquellas jornadas inolvidables de boxeo: era Luis Domingo Contreras Reyes, el famoso personaje conocido como el Burro, cuyo vozarrón improvisando chistes daban una atracción adicional al espectáculo boxeril, a tal punto que, según se recuerda, Venturino cobraba más caras las butacas del público situadas alrededor de esa imparable máquina de bromas, y también se le pagaba una pequeña cantidad de dinero para que nunca faltase a las contiendas.
...Y venían seguían parándose en su escenario los seres destellantes: el cantante francés Charles Trenet, el pianista británico residente en Chile don Roberto Inglez y su Orquesta (estrella habitual del "Waldorf" de calle Ahumada), el equipo del "Carnaval en el Agua", la Compañía de Coros y Danzas de España, la Orquesta de Pérez Prado, la compañía "Arco Iris sobre el Hielo" de Alemania, el grupo folklórico nacional "Los Cuatro Huasos", el humorista chileno Manolo González, sus paisanos locutores Renato Deformes, Adolfo Yankelevich y Raúl Matas, la actriz Elena Moreno, el humorista Jorge Romero "Firulete", la compañía "Hogar Dulce Hogar", el cantante Antonio Prieto, el elenco de la "Sinfonía en el Hielo" de Alemania, la revista "Nouevelle Eve" de París, la Orquesta Sinfónica de Chile, la Orquesta Sinfónica de Moscú, el Circo Francés de Perís, el Circo Fantasía en el Hielo, la Orquesta Filarmónica de Filadelfia, el Circo Acrobático de China, la "Orquesta Churumbeles" de España, los tangos de Miguel Caló y su Orquesta, el elenco nacional de "La Pérgola de las Flores", el Conjunto Acrobático de Dinamarca, la "Fiesta Linda" de Luis Bahamonde, el catante español Julio Iglesias, sus compatriotas y colegas Raphael, Lola Flores y Joan Manuel Serrat...
La debacle del mundo del espectáculo y nocturno en esa misma década de los ochenta, sin embargo, llevó al antiguo teatro al ocaso. Coincidiendo con el año en que fallece el "Cóndor" Venturino, en 1984, se declara al teatro en quiebra, pasando a manos del Banco Sud Americano. En tan desalentadora situación, cerró sus puertas ante la desazón de quienes habían construido parte de la propia historia de luces y tablas en dicho lugar.
Hubo trabajadores de larguísimo desempeño en el lugar, algunos que incluso vivían en el edificio, que de un día para otro se vieron en la calle mirando al teatro arruinarse. El sábado 4 de mayo de 1991, cuando ya se había anunciado el remate del edificio, se organizó un recital rock en beneficio de los diez trabajadores que quedaban del Caupolicán y que quedaron cesantes.
Ese mismo año, se adjudicó en teatro en el remate el Club Social y de Deportivo Colo-Colo, invirtiendo 250 millones de pesos en remodelaciones y reparaciones de su decaído estado. Fue casi providencial que pasara a estas manos, alejando el temor de su destrucción. Desde ese momento, se le cambió el nombre al de Teatro Monumental, mismo del estadio del barrio Pedrero.
El lugar se convirtió en un escenario cotizado para presentaciones de público juvenil durante esa década, como los encuentros "Monsters of Rock", que trasladaron su festival desde su primera versión en la Estación Mapocho hasta este sitio, en 1995: una primera jornada con "Clawfinger", "Megadeth", "Therapy?" y Alice Cooper; la segunda con "Paradise Lost", "Faith no More" y Ozzy Osborune, ambas inolvidables para quienes estuvimos allí. Se disfrutó también la visita al Caupolicán de varios otros grupos musicales de corte internacional, pues las antiguas y clásicas seguían dando paso a generaciones nuevas del mundo del espectáculo, seguidoras de "Roxette", "Jamiroquai", "Green Day", "Iron Maiden", "Faith no More", "Sepultura", "Stratovaruis" y otras.
A la sazón, el edificio incluso tenía sus propias leyendas de fantasmas. Había también una intensa actividad a diario en el mismo, pues muchos barristas del club Colo-Colo realizaban labores de vigilancia y tenían lugares del recinto como espacio de reuniones y de extensión, aunque con una que otra polémica de por medio, como sucedió con la agresión a una banda musical "castigada" violentamente por cantar en el escenario canciones más asociadas a los barristas del club de la Universidad de Chile... Cosas del fútbol.
Ingresos al pasillo circular, en el acceso principal.
Boletería y pasillo del acceso Sur. Los círculos metálicos con estrellas en el muro, son los mismos que antes estuvieron empotrados en el antiguo piso de este lugar, recordando a los grandes artistas que pasaron por el teatro.
Sectores abiertos interiores. Un intenso ajetreo se produce en ellos durante las jornadas de presentaciones y espectáculos en el teatro.
Sector del café, al interior del teatro. Sala recuperada recientemente.
Gran concierto musical en el Teatro Caupolicán, ya en nuestra época. Fuente imagen: Sitio web del Teatro Caupolicán.
Fue en aquella época en que conocimos bien todo el teatro, trabajando en productoras de espectáculos que arrendaban el recinto para grandes recitales. Era una comunidad amplia y de muchos profesionales y aficionados la que se formaba allí, que solían reencontrarse en cada concierto o evento realizado. Como encargado de accesos y de coordinación, pude recorrer en varias ocasiones todos los rincones de este monumental edificio, incluso los menos disponibles al público. Allí viví en una ocasión, además, en la soledad de los pasillos circulares más altos, una extraña y perturbadora experiencia de la que preferiría hablar a futuro, si algún día me animo.
Sin embargo, la aparente salvación del teatro comenzó a desvanecerse penosamente con el cambio de siglo y de milenio, cuando la crisis financiera en la que había caído el club Colo-Colo parecía ya insostenible, debiendo ser tomado el timón por la sindicatura de quiebras. Los ojos de los acreedores se pusieron casi instantáneamente sobre el Caupolicán.
A consecuencia de lo anterior, en 2003 se realizó un avalúo fiscal de 856 millones 696 mil pesos para el teatro, llamándose rápidamente a remate. Lo mismo sucedió con la hermosa sede de calle Cienfuegos 41, edificio de 1926 construido por su primer propietario, Ismael Edwards Matte, que lisonjeaba por sí sólo el orgullo del club desde que lo adquiriera, en 1953. Hinchas jóvenes y viejos del "albo" lloraron estas dos irreparables pérdidas, textualmente y como se oye, mientras que los dineros obtenidos de ambos remates sólo consiguieron pagar una fracción de lo adeudado que no llegó ni al 10%.
El Teatro Monumental, en la ocasión, fue vendido por 185 millones de pesos a la Comercial Veneto, de los hermanos Jorge Ignacio y José Antonio Aravena. La gestión se hacía por solicitud de su padre, el célebre empresario nocturno y de espectáculos José Aravena Rojas, más conocido como el "Padrino", propietario de boliches bohemios históricos como el "Casino Las Vegas", la boîte "La Sirena", el night club "Tabaris" y los cabaret "Passaoga" y "Mon Bijou", entre muchos otros sitios.
A mayor abundamiento, Aravena padre había sido amigo del "Cóndor" Venturino, por lo que estaba decidido a comprar el teatro que por tantos años había pertenecido al empresario y que ahora parecía amenazado otra vez por la demolición. El "Padrino" conocía el barrio, además, habiendo estado relacionado con la fundación o propiedad de boliches de estas mismas cuadras de San Diego, como "La Milonga", "El Mundo" (justo enfrente del teatro), "La Pérgola", "El Sol" y "El Lucifer".
Pasillos del nivel intermedio. Se advierte su disposición tipo "coliseo".
Acceso al nivel inferior, "cancha" en los conciertos masivos, y que es parte del arena de presentación en eventos grandes como circos o danzas.
La cúpula, en lo alto.
Butacas de la galería, segundo nivel del teatro.
Vista general del teatro desde el segundo nivel.
Una de las primeras medidas de Aravena, fue devolverle el nombre de Teatro Caupolicán, despertando la gritadera colérica precisamente de algunos de los que no habían sido capaces de mantener el teatro y lo habían condenado a ser convertido a escombros, antes de aparecer este empresario al rescate. La silueta isotípica del gallardo jefe araucano Caupolicán, basada en la obra escultórica de Nicanor Plaza, quedaría vigilando el paso de la historia de calle San Diego desde la marquesina.
Poco tiempo después, en enero de 2005, comienza a decaer gravemente la salud de Aravena, siendo hospitalizado de urgencia en la Clínica Alemana por una severa complicación respiratoria. Pasando por altos y bajos desde entonces, y lidiando con otros otros males, el célebre "Padrino" falleció a mediados de enero de 2008, a los 84 años de edad. A pesar de toda la leyenda negra que algunos periodistas y adversarios tejieron en torno a su persona, fue despedido por su numerosa familia, sus amigos, sus exempleados y todos sus leales.
El Teatro Caupolicán sigue, desde entonces, en la sociedad y administrado por su hijo José Antonio Aravena. Se ha mejorado notoriamente el edificio, se han reparado sus estructuras, parte de sus revestimientos y baldosas de pasillos; se han incorporado redes de muchas cámaras de seguridad y se han habilitado espacios nuevos muy gratos y acogedores, como una sala de té y café interior, con colecciones de imágenes históricas del teatro. Se ha cambiado también su marquesina, por una mucho más moderna. Este año que ya se va, además, en septiembre de 2017, retornó al teatro el "Circo de las Águilas Humanas", tras 40 años de ausencia. Por los mismos días, además, se realizó allí el Festival del Terremoto, del famoso bar "Las Tejas", también ubicado en San Diego. Algunos comerciales de televisión se han grabado en su platea y galerías, además.
Muy atento y orgulloso de lo conseguido, José Antonio tuvo la generosidad de dejarme entrar otra vez al coliseo de San Diego y recorrerlo como en aquellos años en que fuera mi lugar de trabajo, de entretención y una que otra buena anécdota. Hace poco, se puso en venta un paño dentro de la propiedad, hacia el lado de Copiapó con Arturo Prat, que dio origen a especulaciones sobre el destino que tendría el teatro, pero la verdad era que sólo se ofrecía para la construcción de algún edificio de estacionamientos que sirviera al propio Caupolicán.
Podemos decir, entonces, que el recuerdo de tantos hombres que hicieron su parte en la larga historia de luces y reflejos del espectáculo nacional, sigue a buen resguardo aquí, y que materialmente hablando, quizás estamos en uno de los mejores momentos del teatro después de su época de apogeo, continuando su semblanza en una nueva etapa de vida para su actividad cultural de la que es soporte.
Rogamos todas las formas de fe que así pueda mantenerse, y ojalá a perpetuidad.

2 comentarios:

  1. Son innumerables los artistas que han pisado su escenario, personalmente siempre recuerdo sus inolvidables conciertos, su comodidad y rápida evacuación, muy bien diseñado.
    Originalmente llamado Teatro Circo Caupolican, en homenaje a los grandes teatros circos de Europa, durante los días de semana se ocupaba como sala de cine, siendo técnicamente la sala cinematográfica mas grande del país con casi 8 mil espectadores. En su cartelera predominaban las películas mexicanas y argentinas.

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  2. Sin duda es parte de mi historia personal, naci alli en la cuadra sur al costado del anfiteatro, y luego espectaculo que venia del extranjero ahi estabamos, mis padres asiduos al box, los grandes circos, el patinaje en hielo, en fin es mi pariente

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