viernes, 24 de noviembre de 2017

EXPOSICIÓN "EL MITO DE ROMA": TESOROS DE LOS MUSEOS DEL VATICANO EN EL CENTRO CULTURAL LA MONEDA DE SANTIAGO

Mármoles, relieves, mosaicos  y frescos en la Sala Andes.
Coordenadas:  33°26'36.55"S 70°39'11.78"W (Centro Cultural La Moneda)
Los lectores de este blog saben que he dedicado y seguiré dedicando acá algunas entradas a la Ciudad Eterna de Roma, por la que tendré siempre un encanto y un vínculo personal imperecedero. Sin embargo, la actual exposición "El Mito de Roma. Colección Museos Vaticanos", en el Centro Cultural La Moneda de Santiago, me da ocasión de hablar de algunas de sus maravillosas piezas en exhibición que he tenido la suerte de ver dos veces ya: en su propia casa vaticana y ahora acá, en la capital chilena.
Estas preciosuras han venido de visita a nuestro país gracias a una gestión del propio Centro Cultural y de los Museos Vaticanos. La curatoría fue realizada por Giandomenico Spinola, Jefe del Departamento de Antigüedades Romanas y Griegas de los Museos Vaticanos, mientras que la asesoría curatorial de Raúl Buono-Core del centro que le da casa a la exposición. La museología quedó a cargo de CQ Estudio.
La fascinante muestra fue inaugurada el pasado martes 7 de noviembre, aunque los compromisos con la Feria Internacional del Libro de Santiago me habían impedido poder ir hasta hoy, así que he llagado con algo de ansiedad a contemplarla y admirarla. No existen problemas para tomar fotografía, salvo la tradicional restricción al uso de flashes.
Permítanme compartirla, entonces, con quienes se interesen en ella.
GALERÍA DE IMÁGENES:
EXPOSICIÓN "EL MITO DE ROMA. COLECCIÓN MUSEOS VATICANOS" (SANTIAGO, CHILE)
Las colecciones llegadas llenan las dos salas principales del centro cultural, Andes y Pacífico, en el Tercer Nivel. Son poco menos de 150 hermosas de las piezas históricamente atesoradas por los pontífices (esculturas, pinturas, bajorrelieves, mosaicos, frescos, alfarerías, buscos, cerámicas, etc.) en los museos de la Santa Sede. Algunas pocas son copias o calcos, pero muchas obras de las más grandes son originales.
Es cerca de un milenio de historia romana el que se abarca con estas reliquias y obras de arte de "El Mito de Roma", largo período  entre la fundación de la futura ciudad y la caída del Imperio.
El texto de la presentación de la muestra, allí desplegado, nos introduce en las características de la maravillosa exposición:
"Desde la pequeña aldea fundada sobre el monte Palatino, que luego constituyó la ciudad de Roma, se desarrolló una de las civilizaciones más importantes de la historia. Entre el año 753 a C, su fundación, hasta el año 476 d C, con la caída del imperio, Roma se expandió por todo el territorio europeo, norte de África y Oriente Medio.
La herencia de la floreciente civilización romana en las artes, la arquitectura, el derecho, la filosofía e incluso el idioma, forma parte de los cimientos de la civilización occidental. A través de la asimilación de las culturas grecorromana y judeocristiana, los romanos crearon la estructura de lo que todavía hoy entendemos como Occidente, cultura de la cual también formamos parte.
Más de 1.000 años de historia se podrán descubrir en las 146 piezas provenientes de los Museos Vaticanos. Se trata de una colección atesorada a lo largo de 500 años y que hoy orgullosamente exhibimos en nuestras salas.
El mito de Roma da cuenta de la potencia y magnitud del imperio más poderoso de su tiempo, que conectó a civilizaciones y territorios por medio de rutas que atravesaron el continente europeo, y más allá, fundando imponentes ciudades, construyendo obras arquitectónicas y de ingeniería que revolucionaron el mundo antiguo.
Sala Andes despliega el perfil oficial y político de Roma. Se incluye la influencia artística etrusca, durante el período de la monarquía y hasta el complejo entramado social y político elaborado luego por los romanos durante la República. Destaca el poderoso ejército, la legión romana, cuyas numerosas conquistas expandieron el Imperio.
La religión y las deidades clásicas se presentan en la Sala Pacífico por medio de bellas piezas que dan cuenta de las creencias oficiales, las tradiciones populares y domésticas, y los dioses extranjeros que llegan a Roma, ocupando un importante lugar en la vida de los antiguos romanos.
La exposición cierra con la compleja transformación de la Roma pagana a la Roma cristiana, un verdadero hito en la historia europea que fundió la enraizada cultura greco-romana con la tradición judeocristiana, moldeando a occidente tal y como lo conocemos hoy.
La muestra, cuyas piezas han sido seleccionadas con especial énfasis en la estética y la belleza clásica, es una invitación a descubrir la historia de Roma, las formas de vida de los antiguos romanos, su filosofía, sus divinidades y ritos, permitiéndonos así ser parte del invaluable legado de la Antigua Roma".
Vista del interior del Ala Nueva y sus fastuosas colecciones de estatuas, bustos, frisos, estelas y estatuillas, al costado del Patio de la Piña del Vaticano, con su fastuosa colección de esculturas romanas.
Vista actual de la Columna de Trajano y los restos del templo, en Roma. La exposición en Santiago incluye calcos de algunos de sus segmentos con relieves narrando pasajes de la Guerras Dacias (años 101 a 102 y 105 a 106).
Para no engañar al lector repitiendo lo obvio de la exposición y redactado como si fuese nuestro aporte, trascribiré acá la información textual con la que puede encontrarse el visitante con relación a cada grupo de piezas a la vista. Ciertamente, se trata de información que resultará básica a los conocedores de la historia de Roma, pero se me hace bastante didáctica, precisa y concisa, y también diría que muy apropiada para la exposición y especialmente para el público joven que llega hasta ella. Vi profesores con sus alumnos allí, de hecho.
Parto, de esta manera, por la introducción en la Sala Andes, titulada "El Legado Romano":
"El territorio que comprende la península itálica inicialmente concentraba una diversidad de tribus que paulatinamente se fusionaron. Estos pueblos, que habitaban en pequeñas ciudades estado -como los ligures al norte, los latinos en el centro, y los griegos al sur- fueron gobernados por reyes, dando inicio así al período de la Monarquía en Roma, donde destacaron los reyes etruscos.
Culturalmente similares a los griegos, los etruscos fueron excelentes comerciantes, destacados ceramistas y pintores, y marcaron el comienzo de la civilización romana influenciándolos con su cultura. Sin embargo, los despóticos reyes etruscos fueron derrocados y se estableció la República.
Ideada para partir del sistema de gobierno de los etruscos, la República tuvo a dos cónsules al mando y a diversos magistrados que estuvieron a cargo de las leyes y las decisiones políticas. Los cónsules eran elegidos por el Senado y éste a su vez, estaba designado por los patricios, la clase aristocrática de la sociedad romana. Los patricios provenían de las familias fundadoras de Roma y eran dueños de amplias extensiones de tierra. Tenían privilegios políticos y culturales y se consideraban ciudadanos de pleno derecho. Los plebeyos por su parte, constituían una enorme clase social con diferencias internas considerables.
Así como existían nobles y ricos, también habían plebeyos comerciantes y agricultores, llamados caballeros, que accedían a cargos políticos medios. Los plebeyos sin recursos o clientes, vivían la servicio de un patricio. En la base de esta estructura social estaban los esclavos, en su mayoría capturados durante las conquistas militares de las legiones romanas. Fueron ellos quienes desempeñaron todos los trabajos necesarios para sostener la vida de Roma.
Las mujeres pueden considerarse como una clase social en sí misma, aún cuando compartían los derechos y privilegios de su clase social de nacimiento. Las ciudades ricas tenían leyes que las defendían y podían ser dueñas de propiedades, si bien no tenían derecho a voto ni a cargos políticos. El resto de las mujeres podían trabajar desempeñándose en diversos ámbitos e incluso tener negocios".
Original del conjunto escultórico de Laocoonte y sus Hijos, año 40-30 a. C., en el pasillo de esculturas del Museo Pío Clementino del Vaticano. Representa al sacerdote troyano Laocoonte (el que se oponía a la entrada del célebre caballo regalado por los griegos) con sus hijos envueltos en las serpientes marinas.
Otra vista del original de Laoconte y sus Hijos, en el Museo Pío Clementino. La exposición "El Mito de Roma" del Centro Cultural La Moneda, muestra una copia hecha en el siglo XIX sobre el original de la imagen.
En la misma sala, encontramos una sección titulada "Sociedad, Política y Ejército", en el visitante es recibido con la siguiente información histórica:
"Si bien la sociedad romana fue cambiando a lo largo del tiempo, mantuvo siempre la distinción entre hombres libres y esclavos, y la importancia de ser ciudadano romano con los deberes y derechos que él le otorgaba. Ser ciudadano en Roma era un honor y un privilegio. Los ciudadanos debían cumplir el servicio militar, el primer paso que debía dar quien iniciaba una carrera política. Roma alcanzó su grandeza y poderío, en parte, gracias a la fuerza de su ejército profesional organizado en torno a las legiones, unidades de casi 5.000 hombres, altamente capacitados y muy bien equipados.
Los orígenes familiares para los romanos eran de gran importancia, puesto que otorgaban patrimonio y prestigio social. Aquellos hombres que descendían de los padres fundadores de Roma eran llamados patricios y conformaban la aristocracia y el Senado, institución de gobierno encargada de la política exterior, las finanzas y la religión. La riqueza de los patricios derivaba de las tierras que poseían, pero su estatus social se reconocía también en su derecho a ostentar cargos políticos y religiosos.
Los plebeyos, por su parte, no constituían una clase social propiamente tal ya que existían grandes diferencias entre plebeyos pobres y la élite plebeya rica. El ser plebeyo era más bien una condición legal que fue cambiando a lo largo de la historia, pasando de tener derechos de comercio y voto hasta alcanzar incluso cargos políticos.
En la base de la escala social estaban los esclavos. Un hombre o una mujer podían adquirir esta condición por nacimiento, por ser prisionero de guerra o también por una decisión jurídica al o pagar una deuda. La sociedad romana contemplaba la posibilidad de que un esclavo se liberara, pasando a ser un libertos, aún cuando permanecían siempre vinculados a su patrón por vínculos económicos y morales".
Una ilustración que acompaña al panel, recuerda que las legiones romanas defendían a Roma y conquistaba nuevos territorios para ella, siendo el primer ejército profesional de la historia: recibían un sueldo, llevaban casco, coraza metálica, escudo y sandalias, usando por armas la espada y la lanza.
Apolo, otra obra del patio de esculturas del Museo Pío Clementino del Vaticano, cuya copia está en la exposición "El Mito de Roma" en Santiago. La escultura original es de mármol, del siglo II d. C., y fue hallada en la Colina Viminale de Roma, en 1489.
Vista del Patio de Esculturas junto al Salón Octogonal del Museo Pío Clementino del Vaticano, en donde están algunas de las obras que se observan en la muestra de Santiago.
En la misma Sala Andes, encontramos la información titulada "La Vida Cotidiana y la Familia", que acompaña piezas relacionadas con esta área de contenidos de la muestra:
"La familia constituía la base de la organización social de Roma. Incluía no sólo a los individuos vinculados por el parentesco, sino a todos los que estaban sujetos a la autoridad del jefe de familia, el pater familias, por lo que se consideraba también a los esclavos y los trabajadores.
Los espacios en los que se desarrollaba la vida familiar también tenían importancia. Las familias más ricas vivían en grandes casas llamadas domus, que contaban con diversos ambientes. Entre ellos estaba el llamado alae, espacio dedicado al culto privado de las deidades domésticas o Lares, donde el pater hacía las veces de sacerdote familiar. Las ciudades además contaban con edificios de varios pisos en los cuales habitaba el pueblo romano. Estas construcciones eran llamadas insulae y estaban construidas de ladrillos. Eran similares a los edificios que conocemos hoy. Todos aquellos romanos de la clase alta que vivían en las afueras de las ciudades, construían villas, enormes casas de campo conformadas por varias edificaciones destinadas a la vivienda y a la producción agrícola.
Dentro de la ciudad romana, uno de los espacios más importantes era el foro, amplias plazas abiertas en las que se trataban los asuntos públicos, desde temas administrativos, jurídicos y comerciales, hasta algunos eventos religiosos. También existían espacios destinados al ocio y a la diversión. Los grandes espectáculos públicos tenían lugar en teatros y circos donde se realizaban las carreras de caballos y las representaciones artísticas. Las termas eran espacios públicos destinados a la higiene, al relajo y al descanso. dentro de este mismo ámbito, el banquete era considerado como uno de los más grandes placeres de la clase de los patricios. Un banquete romano transcurría con los comensales acostados sobre divanes y podía durar hasta diez horas".
Al pie del panel, se señala que todos los romanos utilizaban togas, hechas con una larga tela enrollada en el cuerpo, la que variaba en tipos y diseño según edades y clases sociales. Por ejemplo: la toga púrpura era usada por los reyes; la toga cándida, de tela muy blanca, era para las reuniones políticas. Las togas negras o toga pulla se usaban como duelo, en ritos funerarios y en casos de consternación, como tragedias.
Interior de la Sala Andes del Centro Cultural La Moneda.
En la Sala Pacífico, en cambio, hallaremos un texto de presentación con el título "La Sociedad Romana", que también transcribo completo:
"La Antigua Roma, que se expandió conquistando reinos y territorios se caracterizó por integrar los dioses de los conquistados a su religión oficial. La participación de patricios y plebeyos en ritos religiosos oficiales y públicos contribuyó a generar un importante sentimiento de pertenencia en la comunidad romana. Se trata de una religión politeísta, es decir con muchos dioses, los que su conjunto conformaban un complejo, pero organizado panteón, donde muchas veces se fusionaban dos o más dioses en una misma figura de culto. Fue así como Roma absorbió a los dioses griegos que se encontraron con deidades egipcias e incluso persas, como el dios del sol, Mitra.
Esta flexibilidad religiosa da cuenta de una religión fundamentalmente práctica, un instrumento del Estado romano que se conformaba de acuerdo a las necesidades de la vida terrenal. Tal es el caso de los Lares, deidades del ámbito cotidiano que protegían la propiedad familiar, o de Marte, dios de la guerra.
La capacidad de integrar nuevas deidades y cultos, jugó un importante papel en la expansión y difusión de la cultura romana. En este contexto, la persecución de los cristianos corresponde a una estrategia política, como consecuencia de la negación cristiana al culto a la figura del emperador.
La expansión cultural del imperio tuvo un efecto integrador sobre los individuos que pudieron acceder a los derechos de ciudadanía y formas de vida establecidas por los romanos. Así, hasta el habitante más alejando pudo sentirse ciudadano de Roma. Paradójicamente, la excesiva expansión territorial debilitó al Imperio, cuyo ejército y esclavos llegaron a ser en su mayoría bárbaros. Fueron estos mismos pueblos bárbaros quienes contribuyeron a la caída y transformación del Imperio en el 476 d. C., cuando el emperador Rómulo Augústulo fue depuesto. El legado cultural de Roma, sin embargo, persiste hasta la actualidad".
Puntos intermedios de la muestra. Entrada a la Sala Pacífico.
En la misma sala, se encuentra el panel informativo "La Religión y las Prácticas de Culto", en donde leemos:
"Las primeras manifestaciones religiosas de la Antigua Roma estaban profundamente relacionadas con la vida agrícola. A medida que Roma fue expandiéndose y aumentaron sus contactos con los pueblos que la rodeaban, comenzó a recibir influencias religiosas de los etruscos, los griegos y otros pueblos de la península itálica. Fue así que los dioses romanos convivieron con otras deidades, muchas veces fusionando varios dioses en uno, lo que permitió acoger nuevos cultos religiosas.
Además de la adopción de dioses griegos, los romanos incorporaron cultos de las provincias conquistadas en la parte oriental del Mediterráneo. Los dioses romanos tradicionales vivieron con Isis de Egipto y Mitra de origen persa, el dios del sol y de la luz que fue introducido a Roma por los soldados.
La religión romana fue muy pródiga en ceremonias, ritos y festividades. Así como existían ritos oficiales y públicos que se realizaban en templos o santuarios principales, dentro de cada hogar romano, existían un culto privado donde el padre de la familia actuaba como sacerdote, y se adoraban dioses domésticos llamados Lares. Este tipo de adoración del mundo familiar fue adquiriendo enorme importancia por cuanto eran creencias más personales y espirituales que la religión estatal y oficial de Roma.
La estrecha relación entre religión y prácticas de gobierno caracterizó a la Antigua Roma. Tanto así que durante la época del Imperio, la religión pública desarrolló formas de veneración hacia el emperador y su familia, lo que se denominó como 'culto imperial'. Al acceder al poder Augusto, el primer emperador romano, asumió también el cargo de pontífice máximo. Esto permitió reordenar las costumbres religiosas y a partir de entonces, este rol quedó atribuido a la figura del emperador".
La misma información, acompañada de la respectiva ilustración, señala que los dioses romanos eran representados como humanos pero de gran tamaño. Entre los dioses domésticos que ayudaban en la vida diaria, estaban Educa y Pontina (encargados del comer), Cunica (que cuidaba a los niños en las cunas) y Terduca (diosa que daba protección a los niños de camino a sus escuelas).
Sector de actividades interactivas y didácticas para niños.
Mucho que ver con lo anterior y la cosmovisión espiritual romana, es "El Culto a los Muertos", explicado de la siguiente manera en la muestra:
"El culto a los muertos y los rituales funerarios de la Antigua Roma variaron a lo largo del tiempo, según el lugar y la clase social del difunto. Los romanos practicaron principalmente dos ritos funerarios: la inhumación, que refiere al entierro del cuerpo intacto, y la incineración, en la cual se cremaba el cuerpo, para luego poner las cenizas en una urna. El paso de una práctica a otra se sucedió a lo largo de la historia sin motivaciones religiosas concretas.
Al morir un miembro de la familia, los romanos consideraban al fallecido como un espíritu protector al que debían rendir culto. Los funerales se realizaban dentro de la casa y la familia acompañaba al difunto para luego cerrar sus ojos, lavar y perfumar el cadáver y vestirlo. Junto al cuerpo se ponía una moneda, según la usanza griega, para que pudiese pagar la barca que lo llevaría al reino de los muertos. El cortejo fúnebre muchas veces incluía músicos y mujeres que gritaban y lloraban. En el caso de la incineración, el cuerpo se depositaba sobre una pira de madera sobre la cual se arrojaban alimentos y perfumes.
La tumba donde se depositaban las cenizas dentro de una urna se consideraba como un lugar sagrado. En el caso de la inhumación, existieron diferentes tipos de sepulcros según la época y la región. Así como había sepulturas individuales, también existían los sepulcros de familia. La profusa decoración y la monumentalidad de ciertas tumbas hacía evidente que pertenecían a la clase alta. En ellas también se presentaba el cursus honorum, la trayectoria política y militar del difunto.
El período de luto debía mantenerse durante diez meses, pero era común que las familias continuaran realizando banquetes y ofrendas por mucho tiempo, asegurando así el descanso del difunto. Un orificio realizado en la cubierta de la tumba permitía que se depositaran ofrenda de pan, vino y flores, sobre todo en el día del cumpleaños del fallecido".
El panel agrega, como apéndice del texto con imagen, algo sobre el sistema numérico romano basado en letras (I=1, V=5, X=10, M=1.000, etc.) y sus combinaciones, observando que aún se emplean en relojes y otras aplicaciones de cifras numéricas.
Interior de la Sala Pacífico, con la muestra.
Finalmente, cerrando la historia del imperio y el recorrido de la propia muestra, nos encontramos con el panel informativo "Roma y el Cristianismo", donde se hace la siguiente entrega:
"Durante muchos años, el cristianismo fue sólo una más de las religiones orientales que habían ido ganando adherentes en las principales ciudades del Imperio romano. Las relaciones entre el Imperio y los cristianos fueron cambiando a lo largo del tiempo. La fe cristiana se afianzó primero en la parte oriental del Imperio, y su presencia en el resto de los terrenos era débil. A medida que se fue expandiendo, comenzaron las persecuciones, en tanto que los cristianos monoteístas, se negaron a practicar la religión oficial del estado de Roma, que incluía creen en muchos dioses y adorar al emperador.
Hasta principios del siglo IV se mantuvieron períodos de tolerancia y persecución. El cristianismo se expandió lentamente de manera conjunta a la crisis de las creencias romanas. Así pasó de ser perseguido a ser tolerado como religión y finalmente el año 313 d. C., con el Edicto de Milán, el emperador Constantino hizo del cristianismo la religión oficial de Roma. Aunque en gran parte del Imperio todavía se practicaban otros cultos.
En el contexto del fortalecimiento de la institución de la Iglesia a fines del siglo II, surge el llamado arte cristiano primitivo. En esta época, se invirtieron recursos para la realización de las catacumbas, grandes cementerios subterráneos que conformaban un verdadero sistema de túneles y que albergaban en nichos las sepulturas de los fieles y los mártires de las persecuciones romanas.
El imperio romano sufrió un declive paulatino en su fuerza y dominio económico, político y social, que se amplificó por las invasiones de los pueblos bárbaros del norte. El cristianismo, que ya estaba instalado en Roma, sobrevivió al colapso del Imperio y permitió la continuidad de la cultura romana hasta la modernidad. Si bien el Imperio Romano llegó a su fin el año 476 d. C. con la caída del emperador Rómulo Augusto en las manos de un caudillo bárbaro, tanto la política, como la economía y en general la cultura de Roma mantienen su vigencia y el idioma latín es hasta hoy, la lengua oficial de la Iglesia cristiana".
Abundando en este último punto, el panel informativo señala que el latín es uno de los principales elementos culturales romanos que perduran hasta hoy, empleándose en la biología para los nombres científicos de plantas y animales, unificando cada especie por sobre los nombres comunes: por ejemplo, lo que por estas latitudes llamamos papa, recibe nombres como patata en España o pomdeté en Haití, pero es internacionalmente reconocida como la Solanum Tuberosum, en latín.
Por tratarse de la primera gran muestra de este tipo que llega a América Latina desde los Museos Vaticanos, "El mito de Roma" obliga a la visita de los amantes de la historia clásica y universal. La muestra estará ocupando las salas hasta el 11 de marzo de 2018, por lo que se cuenta con un tiempo holgado para conocerla. Incluye una sala de la Fundación Mustakis dedicada a actividades interactivas para niños, relacionadas con el mismo tema.
Probablemente, pasará mucho antes de que tengamos otra ocasión de sentir tan cerca de nuestro país el esplendor de la Roma clásica, pasando por la época de las provincias imperiales hasta el período paleocristiano, por lo que más que sugerir visitar la extraordinaria exposición, preferiría implorar al lector no perdérsela... A ver si he conseguido tentarlo con ir, a través de esta entrada.

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