sábado, 7 de octubre de 2017

RECUERDOS EPOPÉYICOS EN COPIAPÓ: EL MONUMENTO A LOS HÉROES DE ATACAMA EN LA ALAMEDA

El monumento en su primera posición y aspecto (mucho antes de ser sustraída la espada de la figura principal), hacia 1910-1920. Fuente imagen: Atacama Viva - La Revista de la Región de Atacama (Atacamaviva.net).
Coordenadas: 27°21'44.39"S 70°20'28.91"W
Esta obra conmemorativa es conocida de varias maneras: Monumento a los Héroes de Atacama, Monumento de Batallón Atacama, Altar de los Héroes, Monumento o Escultura de la Patria y Monumento a las Glorias de Atacama. Es una de las obras históricas y escultóricas más reconocibles de la ciudad de Copiapó, junto con las estatuas de mármol y la Fontana de la Minería en la Plaza Prat.
El imponente trabajo conmemorativo se encuentra en la Alameda Manuel Antonio Matta, cerca de la solemne estatua de este mismo personaje, por ahí en el cruce con las calles Juan Martínez y Atacama, sector que reúne varios atractivos turísticos locales, esculturas y ornamentación urbana. Su homenaje, como es muy bien sabido, va dirigido a los héroes de los hombres del Batallón "Atacama" de la Guerra del Pacífico (1879-1884); jefes militares y soldados que tanta importancia tuvieron durante aquella conflagración y que han sido de singular valor en la identidad regional.
Como se recordará, el Batallón "Atacama" fue fundado el 13 de mayo 1879, en los inicios de la guerra, tomando por base al histórico Batallón Cívico de Copiapó, integrado principalmente por mineros de la provincia y herederos de las fuerzas reunidas en el pintoresco Ejército Revolucionario de los Constituyentes, que de la mano de don Pedro León Gallo se alzara en 1858, llegando a derrotar al Ejército de Chile en una batalla (Combate de Los Loros, La Serena). Sus uniformes eran únicos dentro de la soldadesca chilena en los desiertos de la guerra salitrera: tela negra, incluyendo el kepí, por lo que fueron apodados "los curitas" entre sus camaradas de armas de otras unidades.
Aunque en principio no parecía haber mucho entusiasmo de las autoridades por integrar al "Atacama" directamente en las acciones de guerra, pues fueron destinados a la reserva en Antofagasta, el arrojo demostrado por los copiapinos convenció a los estrategas de dar roles protagónicos a este ejército minero y evitar así que la unidad terminara disuelta o asimilada por otra. Cuenta la tradición que el ilustre Ministro de Guerra, don Rafael Sotomayor, quedó impresionado con los ejercicios y despliegues de los atacameños ejecutados ante él, decidiendo así que serían una de las primeras unidades enviadas a la Campaña de Tarapacá, bajo el mando de su Coronel Juan Martínez, héroe caído después en Miraflores en 1881. Así partieron al Norte, con sus particulares e inconfundibles uniformes oscuros.
Inauguración del monumento, en las Fiestas Patrias de 1885. Fuente imagen: Atacama Viva - La Revista de la Región de Atacama (Atacamaviva.net).
La figura de la Patria hecha por Blanco, derrumbada al pie del altar, tras un terremoto. Fuente imagen: MemoriaChilena.cl.
Imagen actual del Monumento a los Héroes de Atacama en la Alameda Matta, a poca distancia de la Cripta de los Héroes. Atrás, el polémico Arco Triunfal de 2010.
Coronela del Batallón "Atacama" N° 1, en el Museo Regional de Atacama. Corresponde a una réplica con las medidas y telas precisas, confeccionada por el personal femenino del museo y las esposas de los oficiales del Regimiento N° 23 "Copiapó".
A lo largo de la guerra hubo otros efímeros grupos con el mismo nombre, como una unidad llamada "Atacama" y el Batallón "Atacama" N° 2, creado el 4 de enero de 1880 por orden gubernamental celebrando los desempeños del original, que pasó a ser llamado "Atacama" N° 1. Sin embargo, al poco tiempo ambos batallones, el N° 1 y N° 2, fueron fusionados en agosto de 1880, dando origen al gallardo Regimiento de Infantería "Atacama", que si bien fue retirado al año siguiente, perpetuó la gloria, tradición e identidad del célebre e inolvidable batallón minero.
Más allá de la mera adulación, el "Atacama" fue un grupo formidable, de valor asombroso: participó en prácticamente toda la primera etapa de la Guerra del 79, incluyendo Pisagua, Dolores, Tacna, Chorrillos y Miraflores hasta la ocupación de Lima. En Chorrillos, por ejemplo, perdió cerca de la mitad de sus hombres, sumados a la cantidad de bajas que tuvo en todo aquel período. Sólo sobrevivirían 52 soldados de su generación fundadora, los que terminado ya el conflicto, fueron considerados verdaderos tesoros vivientes de la historia chilena, usando distintivos especiales para exteriorizar su orgullo (como una letra "A" en sus gorros, una cinta blanca en el brazo izquierdo e insignias propias con su coronela, entre otros distintivos), que los reconocían y distinguían con esta valiosa categoría.
Estos héroes regresaron a Copiapó el 25 de marzo de 1881: la ciudad los esperaba con arcos triunfales y una apoteósica recepción que fue preparada por una Comisión especial integrada por influyentes personajes, como Santiago Toro Lorca, Manuel Antonio Matta, Manuel Antonio Torreblanca, Luis Vicente Larrahona, Olegario Olivares, Hilarión Marconi, Andrés S. Ossa, Lupercio Rodríguez, Olegario Arancibia, José Pérez Herrera y Liborio Sierralta.
Interesados en homenajear tan valioso servicio del jubilado batallón, comenzó a pensarse en la construcción de un monumento para ellos en Copiapó. De acuerdo a información publicada por "Revista Atacama Viva" a base de las investigaciones del historiador Vidal Naveas Droguett (30 de septiembre de 2015), el llamamiento comenzó con otra comisión de hombres influyentes, muchos de ellos vinculados al anterior Comité de Recepción y también al radicalismo y a la pasada aventura constituyente: el Comité Pro-Monumento a Los Héroes de Atacama, formado el 12 de marzo de 1882. A su vez, esta comisión tenía un comité asesor especial, en el que se reunían aportes de intelectuales como Diego Barros Arana, Ignacio Domeyko, el General Marcos Maturana, el cirujano Ramón Allende Padín (abuelo del Presidente Salvador Allende) y Miguel Luis Amunátegui.
Agrega Naveas que personajes públicos, intelectuales, militares y comerciantes habían acordado que la construcción del monumento partiría como una idea propuesta por las damas de Atacama. Por esta razón, invitaron a la reunión a las distinguidas señoras María Teresa Cuadros de Martínez (esposa del Comandante General de Armas e Intendente de la Provincia de Atacama, don Arístides Martínez), María Teresa Cuadros (hija de Teodosio Cuadros, ex Intendente de La Serena), Manuela Goyenechea Julio de Manterola (esposa de José Martín Manterola Paraná, comerciante dueño de una botica en la calle Atacama), Carolina Ossa de Baz (esposa del Cónsul Argentino en Copiapó, don Gervasio Baz) y Elba Tomlin de Caravantes (esposa del ingeniero Anselmo Caravantes, ex Gobernador de Elqui y experto fundidor metalúrgico, incluidas las famosas monedas obsidionales constituyentes). Ellas conformarían el Directorio de las Señoras Pro-Monumento a los Héroes de Atacama.
El trabajo de diseño y la realización del monumento quedó en manos del eximio escultor nacional don José Miguel Blanco (1839-1897), siendo celebrado el contrato correspondiente el 8 de octubre de 1883, día del aniversario del decisivo Combate de Angamos de 1879, curiosamente. Naveas aclara, sin embargo, que la propuesta de Blanco fue recibida casi a última hora por el  Intendente Martínez, pasando así la obra a responsabilidad del artista nacional justo en momentos en que ya iba a ser encargada a Europa.
Su propuesta consistía en un conjunto compuesto por una base de mármol con medallones, placas y frisos de bronce, rematado por una alegoría femenina de la Patria con la diadema de la Gloria, con la espada y los laureles de la consagración de los héroes.
El financiamiento para la obra sería reunido por erogaciones populares de la Provincia de Atacama, colectas que permitieron disponer de 11.000 pesos para tal objetivo. El artista puso manos a la obra de inmediato, viajando desde Santiago a Copiapó para ajustar los requerimientos. Entregó su trabajo en 1884, tras casi dos años de labores. En ese mismo período, además, Blanco recibe la Medalla de Oro de la Exposición Nacional de 1884, por su conocida obra "El Tambor en Reposo", también de carácter conmemorativo y militar.
El conjunto conmemorativo de Copiapó fue inaugurado el 18 de septiembre de 1885, a las 14:30 horas, en la alameda de la actual Avenida Manuel Antonio Matta, con presencia de autoridades regionales, civiles, militares, empresarios mineros, trabajadores de la minería, veteranos y la comunidad de la provincia. 
A la hora señalada y rumbo al lugar acordado, salió desde la Municipalidad de Copiapó la comitiva compuesta por el Intendente y Comandante General de Armas de Atacama, don Manuel Carrera Pinto (hermano del héroe Ignacio Carrera Pinto y nieto de don José Miguel Carrera), su Secretario José María Grove, el Primer Alcalde don José Ramón Rojas, el 2° Alcalde Elías de la Cruz y el 3° Alcalde Samuel Mandiola, además de personajes prominentes como el Juez Letrado don Luis Vicente Larrahona, el Senador por Atacama don Joaquín Rodríguez Rosas, los Diputados Abraham König y Enrique Mac-Iver, los Gobernadores y Alcaldes de la Provincia, más integrantes del directorio de las Señoras Pro-Monumento, del Cuerpo de Bomberos, de la Sociedad de Instrucción Primaria, de la Sociedad de Artesanos, de la la Sociedad Musical, de la Sociedad Italiana y una comitiva integrada por oficiales del Ejército.
Siguiendo en los abundantes detalles que aporta el historiador Naveas, podemos enterarnos que se escucharon en el acto oficial los patrióticos discursos de los intelectuales Pedro Pablo Figueroa y Carlos María Sayago, y la banda de guerra tocó "Adiós al Séptimo de Línea", himno oficial del Regimiento Esmeralda Nº 7, cuyo autor es un músico copiapino, precisamente: Gumersindo Ipinza González, que en la ocasión dirigía la banda.
Describiendo el monumento, podemos decir que la dama guerrera de unos 2 metros y medio, identificada como La Patria o La Gloria, es la figura principal del conjunto, en lo alto. Su mano con la corona de laureles se eleva a unos 8 metros. La metalurgia de estos bronces quedó a cargo de la Fundición Yungay (Yungai, en la ortografía de entonces), de Santiago, que produjo las piezas ese mismo año de 1884 en que Blanco concluyó la pieza escultórica principal. Originalmente, sin embargo, la disposición inaugural del monumento la dejaba mirando hacia el Centro de Copiapó por calle Atacama, pero veremos que después fue alterada esta ubicación estratégica.
Su base escalonada de mármol, en tanto, de unos 5 ó 6 metros y que al parecer se ha ido volviendo más amarillenta con el correr de los años, rinde homenaje a los hombres del "Atacama" con los nombres de oficiales y soldados muertos en campaña inscritos en ella (se supone que estarían todos allí), más 16 medallones con rostros de jefes militares fundidos en la Escuela Nacional de Artes y Oficios, además de dos placas con relieves conmemorando con escenas el Desembarco de Pisagua y la Batalla de los Ángeles. Los cantos del pedestal escalonado son romos, y en sus caras-primas lleva figuras ornamentales realzando el carácter neoclásico del conjunto, representando en ellas alegorías menores de la Minería, la Agricultura, el Comercio y la Guerra, hechas por la Casa Corbeaux.
El material de bronce usado en el monumento, tiene una altísima significación y un curioso simbolismo, por cierto: corresponden al metal de cañones de guerra que habían sido usado en los campos de lid, y que fueron traídos desde Perú al terminar el conflicto.
Antaño, cuando la plaza de la Alameda estaba lejos de ser verde como hoy y tal como solía suceder con muchos otros monumentos públicos, el pedestal estaba rodeado por un cerco metálico de relativa altura y postes, para desalentar aproximaciones imprudentes. Los homenajes y actos conmemorativos relativos al "Atacama" y a la propia Guerra del Pacífico, se realizaron desde entonces alrededor de este monumento, y los veteranos del histórico regimiento fueron desapareciendo uno a uno en estos encuentros, hasta no quedar más de ellos, recordados a perpetuidad en el mismo.
No todo fue néctares y emotividades para el monumento, sin embargo: según parece, un terremoto (aún no tengo claro si el de 1918 o el de 1922) no perdonó tampoco la obra de Blanco y arrojó al suelo a la pesada dama de bronce, que en su caída destruyó parte de las rejas que rodeaban su base. Esto obligó a restaurarla y devolverla a su lugar en la altura.
El 9 de septiembre de 1951, los Reservistas del Ejército residentes en Copiapó agregaron una placa de mármol en la base de la obra, recordando a los Héroes de Atacama. Tengo entendido que el monumento fue restaurado por esos años y en otros períodos posteriores, pero claramente ha ido siendo afectado por la vejez y el vandalismo. La espada de la figura femenina, por ejemplo, ya no se observa: fue robada en los años 80, por lo que hoy empuña un arma invisible, en los recuerdos de quienes la conocieron así y en la imaginación de quienes adivinan su ausencia.
En 1978, en los preparativos para el Centenario de la Guerra del Pacífico, se agregó al grupo de monumentos conmemorativos de la Alameda Matta la llamada Cripta de los Héroes, cercana al monumento, aunque en tiempos más recientes ha sido maltratada por vándalos y por la inundación de los turbiones de hace dos años, que inundaron el sector más céntrico de Copiapó. En 1987, en tanto, la posición del Monumento de los Héroes de Atacama fue modificada, para dejarlo mirando hacia esta Cripta de los Héroes.
Por otro lado, como "los curitas" regresaron a Copiapó desfilando bajo arcos triunfales y con los vítores de toda la ciudad, este magno episodio se quiso recordar en 2010 con un controvertido nuevo arco llamado "Honor y Gloria a los Héroes en la Guerra y en la Paz", que la municipalidad instaló en el paso sobre calle Juan Martínez, a metros del Monumento a los Héroes, pero que ha generado polémicas por su materialidad ligera, por desajustes a normas urbanísticas y por fallar a los protocolos sobre erección de monumentos.
No es capricho aseverar, por todo lo descrito sobre la historia y símbolo del monumento, que el homenaje en Copiapó a los héroes de Atacama es uno de los más bellos, emotivos e importantes que hay en Chile con énfasis epopéyico, y muy particularmente entre los relacionados con la Guerra del 79 y sus verdaderos protagonistas.

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