lunes, 16 de octubre de 2017

MUSEO PATRIMONIAL CONTEMPORÁNEO DE SAN FRANCISCO DEL MONTE: UN ESPACIO PARA LA HISTORIA Y LA CULTURA EN LA TIERRA CARRERINA

Coordenadas: 33°40'40.31"S 70°58'43.66"W
Como este año se adelantó para el viernes 13 de octubre la celebración oficial del natalicio del General José Miguel Carrera Verdugo (un acto con autoridades civiles y militares, orfeón, cuecas tradicionales y oradores en su estatua ecuestre, en la entrada del Paseo Bulnes), decidí tomarme su día natal, el domingo 15, con un pequeño viajecito a tierra carrerina: la localidad de El Monte, en la Provincia de Talagante de la Región Metropolitana.
El Museo de El Monte, está a un costado de la Plaza Independencia y la arteria del mismo nombre, enfrente de la Municipalidad y donde se reúne la calle Los Carrera con Arturo Prat, casi de frente a Benavente. Se encuentra a un costado del acceso al célebre Túnel de los Carrera (que conectaba el convento con su hacienda familiar) y a pasos de la Iglesia de San Francisco, Monumento Histórico Nacional desde 1974, hoy en afanosas obras de restauración.
Éste es el corazón de todo el barrio histórico del poblado, en el perímetro de la antigua hacienda San Francisco de El Monte, lugar ocupado por los franciscanos en el siglo XVIII. Hay, pues, un potencial de turismo patrimonial e histórico enorme en este sector, pero las políticas culturales con criterios de rentabilidad social y electoral han sido poco generosas con tales posibilidades, salvo quizás en la celebración del Día del Patrimonio. El resto de las responsabilidades y demandas de semejante obra, han sido endosadas más bien a los loables esfuerzos por parte de la Municipalidad de El Monte.
Dicho sea de paso, en este vecindario sobreviven algunas de las casonas más antiguas de la comuna, incluyendo dos casa-pilares de esquina, con sus sólidas columnas de piedra: una correspondiente al inmueble de la Municipalidad y otro en el otro extremo de la plaza en calle Libertadores, ocupada por un café-restaurante, aunque el muro debió ser reconstruido tras el último gran terremoto. Un busto del prócer, obsequiado por el Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera, fue inaugurado el 15 de octubre de 2013 cerca de la fuente de roca de la misma plaza, en el 228° aniversario de su nacimiento. La presentación de un expediente para la declaración de Zona Típica en El Monte, ante el Consejo de Monumentos Nacionales, quizás abra más aún las estrechas puertas del reconocimiento y del potencial cultural de este pintoresco sitio del país.
GALERÍA DE IMÁGENES:
MUSEO PATRIMONIAL CONTEMPORÁNEO DE EL MONTE
Fue en una de aquellas casas -hoy un tanto ruinosa y abandonada- ubicadas enfrente de la plaza de armas, que se estableció por primera vez el Museo de El Monte. Nació allí como el Museo Patrimonial Contemporáneo de San Francisco de El Monte, el 29 de mayo de 2005, por iniciativa de un extraordinario e infatigable vecino: el profesor Juan Araya Espinoza, que sigue atendiendo personalmente a los visitantes y dando resguardo a los tesoros históricos que acumula en vitrinas, muros y exhibidores.
Esto sucedía durante la alcaldía de don Francisco Gómez Ramírez, quien había llamado al profesor y coleccionista de antigüedades para su colaboración en el área cultural de San Francisco de El Monte. La idea de don Juan era crear una suerte de departamento de cultura para la Municipalidad, pero al no poder concretar esta intención por diferentes dificultades que aparecieron en el camino, fue desarrollando su idea y su concepto sobre el espacio necesario y concluyó así, tras una reflexión profunda, en el proyecto personal de establecer un museo, aunque partiendo con muy poca infraestructura.
Ya dado el primer paso, ese que más cuesta, con esfuerzo fue implementando su sueño, agregándole al recinto retratos de los hermanos Carrera, banderas de la Patria Vieja y disponiendo de una vieja máquina proyectora de los 40 que aún conserva entre sus joyitas, donde pasaba rollos de antiguas películas para los visitantes, como un documental de América de los años 50 que ha vuelto a mostrar en los Días del Patrimonio. Su afán recolector llegó a tanto que su casa se le hizo poca para seguir acumulando antigüedades, a pesar de la infinita paciencia de su esposa, por lo que debió arrendar unas habitaciones para usarlas como bodega donde almacenar las piezas que no estaban en la exposición permanente.
Empero, el terremoto del 27 de febrero de 2010 dejó a muy mal traer el inmueble ocupado por el museo dañando parte de la muestra; y fue así como, gracias a un aporte de la Ilustre Municipalidad útil al pago del arriendo en estas dependencias del antiguo centro conventual, se trasladó a la esquina de la plaza, en donde permanece hasta ahora. Ese mismo año, don Juan creó el Museo Arqueológico San Francisco de El Monte con hallazgos asociados a las culturas Aconcagua y Llo-Lleo, el 19 de septiembre de 2010, fusionándolo con el resto del museo y dándole hoy una habitación propia dentro del recinto.
Sala principal y pasillo, en el acceso del museo.
El profesor Juan Araya. A su espalda, la valiosa imagen del Cristo de madera tallada y policromada, probablemente con más de 200 años.
Por si fuera poco, el imparable profesor ha dedicado parte de sus esfuerzos a un lugar del mismo entorno, para la memoria y obra de  José Santos González Vera (1897-1970): el Museo del Libro, fundado el 23 de abril de 2013 como homenaje al escritor, cuyo nombre lleva también el centro cultural municipal. González había nacido esta comunidad un 17 de septiembre, recibiendo el Premio Nacional de Literatura de 1950. En la misma ocasión de abierto el museo literario, se inauguró una plazoleta con su nombre, en la explanada del edificio municipal. Y desde hace unos 12 años, don Juan conduce también un programa radial llamado "Panorama Cultural", los domingos en la estación "Manantial" y sus ondas amigas.
No cabría duda, en consecuencia, del inmenso valor y del aporte de este profesor en el ambiente cultural de la comuna y de toda la provincia.
Don Juan Araya es un hombre tan gentil como ilustrado, un tanto espigado y de ademanes muy calmos. Lo encuentro comiéndose tranquilamente un paquete de cabritas (maíz inflado), sentado junto a unas de sus vitrinas llenas de objetos centenarios, y que no duda en dejar a un lado para recibir a sus visitantes. Tiene cierto "aire" con el célebre actor Max von Sydow, al estilo de su personaje dueño de la tienda misteriosa del filme "Needful Things", basado en el relato de Stephen King. Si hasta se le parece un poco. Es un excelente guía en su propio museo, por supuesto, y un hombre de muchísima cordialidad: no parece interesado en otra cosa que no sea la de hacer sentir el valor de sus colecciones en las parejas y familias que llegan allí, conociendo las reminiscencias y huellas de "los abuelos de El Monte". Procura tener música clásica y selecta al aire dentro del recinto, también, según declara para acentuar el ambiente cultural de su refugio, mientras explica imágenes fotográficas antiguas como la del Puente San Francisco, la vieja Escuela Parroquial o la de un recordado vecino en su carreta de caballos.
Don Juan no recibe ninguna clase de remuneración por todo su trabajo, por lo que la ayuda municipal para el alquiler del espacio ha sido su valioso alivio. Supongo que esta razón llevó al retiro de la página web que tenía el museo, ya inexistente. Aunque las creencias populares sean tozudas y exigentes, sabemos que no se puede esperar siempre que municipalidades pequeñas corran con los gastos de mantener un museo completo, pero no hay duda de que un aporte de estamentos estatales superiores sería lo que requiere el trabajo imprescindible de don Juan para El Monte. Pienso particularmente de la cartera de cultura, si algo puede esperarse al respecto, recientemente creada como tal con el eufemístico, algo ampuloso y casi pachamámico nombre del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que esperamos salga pronto de su exagerado énfasis por las presentaciones carnavalescas y ponga atención en infraestructuras que ya existen en la oferta cultural, precariamente a veces y fuera de los grandes centros urbanos o de interés turístico, como es este caso.
Es imposible no admirar al profesor Araya al saber, además, que sus colecciones las ha ido armando por esfuerzo de búsqueda personal y con su propio peculio: salvo por casos como la donación particular de varios volúmenes de libros allí disponibles y algunas preciosuras a la vista, casi toda la recolección y rescate de piezas históricas vinculadas a El Monte, han salido de su propio bolsillo. Desde las piezas que dan cuerpo a la sala arqueológica (cerámicas, cántaros, piedras horadadas, puntas de flechas, bateas y otros objetos líticos) hasta las reliquias domésticas que se hallan en las otros cuartos (máquinas de escribir, cristalería, locería, publicidad, cuadros artísticos, radios viejas, tornamesas, juguetes, material de papelería e identificación, ornamentos domésticos, etc.), todo esto se ha salvado y reunido gracias al desprendimiento personal del maestro.
Algunas de las piezas más valiosas, sin embargo, han sido obsequios para el museo: el Cristo en la Cruz que calcula de más de dos siglos, tallado en madera y policromado al estilo colonial, fue un regalo de un amigo suyo, guardándolo dentro de una vitrina a modo de ostensorio mural. Don Juan lo identifica como la más importante de todas sus colecciones. También consiguió hacia 2011, gracias a la intermediación del Museo de Alhué, una casulla de alrededor de 150 años, vestimenta sacerdotal que está a la vista de los visitantes en la sala con artículos y arte religioso.
Dice nuestro anfitrión que, en cierta ocasión, una dama anciana visitante del museo estalló en emocionado llanto al reconocer, entre los viejos objetos en exposición, algunos que habían pertenecido a su familia y a amigos cercanos. Otras veces, gente más joven se ha reencontrado allí con piezas que estuvieron en sus casas, en tiempos que ya estarían olvidados en El Monte de no ser por este museo.
A mayor abundamiento, el sitio resguarda tras su fachada tan carrerina y alusiva a la Patria Vieja, todo el material propio para la devoción y conservación de la historia local: pinturas al óleo, arte escultórico sacro, retablos religiosos, imaginería, filatelia, retratos de vecinos ilustres, fotografía histórica, imágenes del casco histórico, vidriería, herramientas, agricultura, música, bomberos, literatura, medallas y artículos militares, insignias, documentación, educación, cerrajería, conmemoración, numismática, orfebrería, talabartería, archivos periodísticos, etc. Hay pequeños espacios de recuerdo de figuras artísticas de la zona, también, como el grupo folklórico "Los Corraleros" con Lucy Hinojosa y su sucesora la cantante Lucy Rivas.
Éste es, en definitiva, un lugar maravilloso y cautivante para todo amante de la historia, además de pintoresco y encantador, en donde se transita a codazos y tropiezos entre las reliquias pues se hace patente la falta de espacio. De hecho, don Juan reconoce tener muchas otras piezas guardadas fuera de la exposición, al no caber ya en las salas. Aún así, dan ganas de alargar la visita tanto como sea posible, disfrutando de la avalancha cultural y patrimonial que le cae allí encima al observador realmente interesado en estos temas.
El profesor Araya fue distinguido este año por el Centro de Estudios Históricos José Miguel Carrera, en reconocimiento a su notable labor cultural y patrimonial, además del legítimo espíritu carrerino que le imprime a su quehacer. Por su parte, el Alcalde de El Monte, don Francisco Gómez Ramírez, ha demostrado su lealtad al compromiso con el maestro y el museo, continuando con el pago municipal del monto utilizado para arriendo de las dependencias ocupadas. Los vecinos reconocen a Araya como uno de los personajes más valiosos y que más aportes ha hecho a la comunidad montina, por supuesto.
Sin embargo, no todo ha sido gratitud para el profesor devenido en curador museológico: parece increíble que don Juan cobre por la entrada sólo un aporte voluntario, siendo que no recibe sueldo específico ni apoyo financiero para la conservación de sus colecciones fuera del perfil de honorarios de la Municipalidad. Sólo nos explicamos esta generosidad de obra en el amor y compromiso incuestionable que manifiesta por su tierra y su historia. Lamenta también que sólo una fracción de los habitantes de El Monte se hayan interesado en visitar el museo, salvo por los niños siempre curiosos, siendo muchos de los que concurren gente que anda de paso por estas tierras en la conjunción de los ríos Mapocho y Maipo, incluso extranjeros.
Sorprendentemente, además, su trabajo no siempre ha sido comprendido: me cuenta un confiable residente (cuyo nombre me reservaré), que desde iniciadas las restauraciones en la Iglesia de San Francisco de El Monte, sólo unos metros más al Sur en la misma plaza, se le han puesto dificultades a don Juan para ofrecer gratuitamente paseos a los viajeros que llegan por allá, y que incluía un vistazo al famoso cráneo de Carrera y otras reliquias históricas zonales. También le habrían pedido no estacionar más su vehículo allí cerca del museo, en un sector del mismo recinto cuyo espacio está sin uso, en otra incomprensible mezquindad de la administración religiosa de la propiedad. Pero don Juan es muy prudente y discreto, por lo que toma con pinzas mis consultas al respecto.
Siendo hoy el Día del Profesor, entonces, dejo estampado acá un humilde mensaje de agradecimiento para el señor Juan Araya Espinoza por su notable esfuerzo por devolverle a la comunidad montina y por ofrecer a sus visitantes, aquellos rasgos más locales de identidad, cultura y patrimonio histórico. Si el Estado tampoco cumpliera en este caso -a través de la gestión que se viene para el flamante ministerio cultural-, esperaríamos también que algún benefactor se interese en colaborar con tan singular, desinteresado e incomparable trabajo de un solitario docente, como es el Museo Patrimonial Contemporáneo de El Monte.

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