sábado, 22 de julio de 2017

TEATRO CARIOLA Y TEATRO ALEJANDRO FLORES: DOS SALAS HISTÓRICAS DE LA SOCIEDAD DE AUTORES TEATRALES DE CHILE


Imagen publicada en 2013 por el diario "La Segunda".
Coordenadas: 33°26'53.56"S 70°39'2.26"W
Es una curiosidad este lugar, maravilloso y encantado entre las candilejas chilenas. Ha sido escenario y testimonio de la última gran época del teatro y los espectáculos más diversos del Santiago bohemio que ya se extinguió, allí en la otrora luminosa y nocherniega calle San Diego, en Santiago, en el número 246, exactamente al lado del ex Teatro Roma actualmente ocupado por la popular cantina "Las Tejas".
El Teatro Cariola en realidad doble: la sala principal, con el apellido de su fundador, y una inferior, llamada Alejandro Flores en recuerdo de uno de los más grandes actores nacionales. Sin embargo, ninguna de las dos tenía aquellos nombres originalmente: eran los teatros SATCH y Talía, respectivamente.
La idea de crearlo fue del empresario de espectáculos Carlos Cariola Villagrán, quien había participado también de la fundación de la Sociedad de Autores Teatrales de Chile, SATCH, el 26 de julio de 1915, en una reunión realizada en la Biblioteca Nacional. El objetivo de la organización era "velar por los derechos autorales de los dramaturgos chilenos y promover la actividad creadora en el campo de la dramaturgia nacional", según declara hasta hoy, obteniendo su personalidad jurídica el 22 de noviembre de ese mismo año.
Astuto, visionario pero muy realista en sus diagnósticos, Cariola notó a tiempo que era necesario disponer para el gremio de un espacio propio, para potenciar así las tablas y facilitar la labor de creadores jóvenes y consagrados, en momentos en que la popularidad del cine sonoro crecía e iba haciendo más interesante la sala de cinema al teatro tradicional y a las presentaciones escenográficas en general.
A la sazón, muchas compañías intentaban resolver estas carencias recurriendo a las carpas, a la usanza del circo, pero nada sustituiría a la comodidad y utilidad de una sala propia.
Exterior del teatro y su entrada. Las cortinas cerradas en los extremos del zócalo, eran los antiguos accesos al gran balcón de la platea y a los palcos.
El edificio en su contexto dentro de la cuadra. Se observa el gran letrero del desaparecido Teatro Roma a su lado (izquierda de la foto), ocupado actualmente por el bar "Las Tejas".
Acceso al Teatro Alejandro Flores, ex Talía.
Las desaparecidas imágenes pintadas por Malachowski en los muros de la sala principal.
LA CONSTRUCCIÓN DEL TEATRO
Cariola tomó la iniciativa de dar marcha al proyecto a partir de 1943, empresa en la que recibió ayuda de otros importantes integrantes del gremio como René Hurtado Borne, Lautaro García, Carlos Barella Gustavo Campaña y Rogel Retes. Fue "una campaña febril para erigir un teatro propio, quizás una de las aventuras más delirantes de la institucionalidad privada", según la define Juan Andrés Piña en "Historia del teatro en Chile 1941-1990".
Era cierto: resultó en una cruzada de enormes dificultades y que, por momentos, en verdad parecía una quimera, debiendo enfrentar varias veces la posibilidad de ver frustradas sus intenciones al iniciar cada etapa o logar un pequeño avance siquiera, superando una anterior y enfrentando otra. Por esa razón, la revista "En Viaje" recordaba unos años después sobre esta epopeya (diciembre de 1958):
"Los empresarios particulares de salas de espectáculos resistieron durante mucho tiempo el plan de los autores y artistas nacionales para una mayor representación de comedias, operetas, dramas y otras producciones del teatro vivo, a base de argumentos de la vida chilena. Esta resistencia era decididamente contraria a las conveniencias de la cultura del país y las justas aspiraciones de los elencos. Pero los empresarios  invocaban en su defensa un hecho que no cabía desconocerles: el de que el público no siempre estaba dispuesto a estimularlos con su concurrencia. En cambio, el cine...
Esta atmósfera sobrecargada de obstáculos hizo que muchos escritores guardaran sus papeles entre los cuales solían estar piezas valiosas. No había en donde estrenar siquiera un entremés, y de ahí devino como consecuencia lógica la iniciativa de la Sociedad de Autores Teatrales de Chile para obtener un edificio adecuado a las necesidades del teatro en persona".
La SATCH atesora hasta hoy documentos demostrando que, el 21 de abril de 1945, se compraron los terrenos de calle San Diego, correspondientes por entonces a los números 244-248, entre las calles Tarapacá y Eleuterio Ramírez. Era el lugar donde había encontrado lugar el futuro teatro. 23 metros de frente por 62 metros de fondo, fueron las medidas del terreno disponible.
A mayor abundamiento, correspondían a antiguas residencias de la manzana más lejanas a la Alameda y, por lo mismo, de menor valor que las de ubicación más céntrica (hasta 10 veces menos), debiendo hacerse un desembolso de $1.300.000 por ellas. Ya demolidas las residencias, se empezó a construir en la propiedad, en 1948, un edificio de cinco pisos con que sería un doble y cómodo teatro, con la Sala de la SATCH en su primer piso, de acuerdo al diseño que se encargó al arquitecto Héctor Davanzo. Sin embargo, el proyecto recibió algunas modificaciones en el camino: originalmente iba a tener seis pisos y sólo los más altos iban a ser destinados a rentas. El teatro imaginado por Cariola debía tener 700 plateas, 200 palcos y 5.100 galerías, además de las salas especiales para autores, los camarines y espacios intermedios. Parte de estas aspiraciones debieron ser moderadas y reducidas.
Los dineros fueron obtenidos por colectas privadas en donde colaboraron todos los interesados, "desde cuarenta centavos que hicieron obreros de la estación Mapocho, hasta de veinte mil pesos, como lo hizo la Caja Nacional de Ahorros", según informaba el propio Cariola en 1947. Así, el dinero requerido se siguió reuniendo casi centavo a centavo, debiendo recurrir a préstamos y donaciones de la Caja Nacional de Ahorros (fusionada poco después en el flamante Banco del Estado, en 1953) y a líneas de financiamiento estatal que, por desgraciada coincidencia, justo en esos años comenzaron a verse amenazadas. Otros apoyos de dinero provinieron, además de los privados, desde la Ilustre Municipalidad de Santiago.
Fue notable también la participación ciudadana en las donaciones para el proyecto. Rafael de la Presa Casanueva destaca algunos aportes de ciudadanos hispanos residentes en el país, en su "Venida y aporte de los españoles a Chile independiente", mientras que Mario Cánepa Guzmán en "Gente de teatro", aporta otra interesante información sobre cómo se fueron canalizando y obteniendo las contribuciones:
"En pie el armazón se inició la campaña de las butacas, que se adquirían en homenaje a los seres queridos, a los pueblos, a las ciudades. En cada una de ellas se colocó una placa. Fue una emocionante campaña nacional".
Los palcos de la sala fueron nombrados manifestando gratitud a los principales donantes de la campaña de financiamiento de estas obras: "Gabriel González Videla", "Colectividad Israelita" y "Elías Readi Yarur".
El inmueble ya terminado que acogió también a la Sociedad (por entonces establecida en calle Miraflores), disponía su frotis hacia San Diego y mostraba influencia ya en el post art decó, muy funcional. Tenía por entonces sus cinco pisos de oficinas para la Sociedad, rentas y, originalmente, contaba con un ascensor que en nuestra época está inservible. $210.000.000 costó, en total, la obra que dio cumplimiento al sueño de Cariola y la Sociedad, cuando San Diego era una dinámica y cinética calle de carteles luminosos, neones zumbantes y juegos de luces anunciando sus atractivos culinarios y nocturnos.
Los bajos de los edificios eran enteramente del teatro, que en principio absorbió mucha de la actividad que estaba concentrada en el Teatro Municipal, hasta entonces. Sin embargo, fueron produciéndose cambios y remodelaciones con el tiempo: se redujo el tamaño de su vestíbulo con lámpara colgante, donde está la boletería, para disponer los espacios laterales entre la entrada principal y las laterales de la platea. Estos costados son ocupados por establecimientos comerciales que todavía existen allí, en régimen de alquiler. Las cortinas metálicas que se ven siempre cerradas hoy en los extremos del primer nivel exterior del edificio, eran las subidas hacia la platea.
Hall del acceso hacia el Teatro Cariola. Al costado, se observan las escaleras que conducen a las oficinas y pisos superiores del edificio.
Boletería del Teatro Cariola.
Antigua boletería del Teatro Alejandro Flores.
Pasillo central de acceso a la sala principal del Teatro Cariola, pasando las puertas y mamparas del hall.
Sala del Teatro Cariola.
INAUGURACIÓN DE LA SALA DEL TEATRO  DE LA SATCH
Cánepa señala que el Teatro de la SATCH fue inaugurado solemnemente el 19 de marzo de 1954, con la presentación de la obra titulada "¡Qué vergüenza para la familia!", escrita por el propio Cariola y actuada por el destacadísimo hombre de teatro Alejandro Flores Pinaud, verdadera leyenda del gremio que había comenzado en la actuación profesional en 1914, precisamente al ingresar a una compañía compuesta por Cariola y por Rafael Frontaura.
Asistieron al encuentro miembros de la Sociedad, del gremio en general, autoridades y el propio público popular que frecuentaba el barrio. Lo señala Retes en "El último mutis": entre otros, había allí Ministros de Estado, parlamentarios, la Alcaldesa de Santiago doña María Teresa del Canto Molina, el Edecán de S. E. el Presidente de la República don Carlos Ibáñez del Campo, el Director de Informaciones del Estado don Manuel Eduardo Hubner, además de diplomáticos, periodistas e integrantes del medio teatral. La Orquesta Sinfónica de Chile estuvo dirigida por la eximia batuta de Juan Matteuci.
Ese mismo año, en septiembre de 1954, el Teatro SATCH fue lugar de un multitudinario homenaje para los cuatro hermanos Retes por parte de la Sociedad, como un reconocimiento a sus 50 años de trabajo artístico en Chile. Rogel Retes siguió siendo importante en la existencia del lugar mientras su propia vida se lo permitió, logrando algunos aportes fiscales en esos años para asegurar el bueno funcionamiento del mismo, gracias a su esfuerzo y el de otros miembros del directorio como Amadeo González, a la sazón director de la Sociedad.
En 1955, la Compañía de Frontaura presenta en el teatro la obra "La cigüeña también espera". Por entonces, el lugar también fue lugar de encuentro para la beneficencia dentro del gremio, como cuando se organizó una velada a favor del músico y director viñamarino Luis Armando Bonasco, famoso en los años 40 por interpretar canciones argentinas con la Orquesta Típica de Franco, quien falleció en 1956 hallándose en situación vulnerable y debiendo ser socorrido económicamente por sus colegas con dicho festival, realizado en el Teatro de la SATCH (cuando ya se hallaba hospitalizado y luego que un periódico hasta lo diera por muerto antes aún de su defunción). Hay algunos datos interesantes de estas primeras jornadas del teatro en la extraordinaria obra "¡Buenas noches, Santiago! medio siglo del espectáculo nocturno capitalino", del periodista Osvaldo Muñoz Romero, más conocido en su época como Rakatán.
Comedia, opereta, zarzuela, drama, música, revista y varios otros géneros encontraron acogida en el Teatro STACH, además de presentaciones especiales y eventos particulares. En abril de 1957, la Compañía de Enrique Guitart presenta allí "La Tierra del Fuego se apaga", del escritor Francisco Coloane. Para el año siguiente, otras  23 obras se agendaron en este escenario, cosa que habría resultado imposible para la Sociedad de no haber contado con salas permanentes y propias como estas.  En 1960, además, se presentaba en su escenario también la Compañía de Cuentos Infantiles de Patricia Morgan.
Cabe comentar que la sala principal contaba con hermosos murales del artista judeo-polaco-sueco nacido en Finlandia, Raoul Malachowski, que deleitaba y distraía al público en cada presentación del Teatro STACH, antes que abriera sus cortinas. Nieto del escritor sueco Viktor Rydberg, Malachowski se había venido a Chile tras sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, al parecer siguiendo el consejo de un capellán polaco ya residente acá, realizando así obra murales en célebres edificios como el Hotel Carrera, el Hotel Miramar y para escenografías de obras de teatro, introduciéndose en ese ambiente y siendo encargado así de las obras pictóricas dentro de la sala de calle San Diego.
Las pinturas de Malachowski correspondían a personajes caracterizados en los muros como actores de obras clásicas, además de paisajes urbanos alusivos a escenografías. Pero veremos que, lamentablemente, estos frescos fueron irresponsablemente destruidos en épocas posteriores, más cercanas a la nuestra.
Vista general de la sala del Teatro Cariola. Se observa su parqué original, aunque las butacas habían sido retiradas provisoriamente en esta imagen, por la realización de un evento.
Vista desde el sector al borde del escenario. Don José Luis Gómez, actual Presidente de la SATCH, entre las sillas dispuestas en la sala. Arriba, al fondo, se observa la platea.
Escenario, telones y sistemas lumínicos.
El escenario visto con la luz tenue de las presentaciones.
Sector de los palcos del costado izquierdo de la sala.
EL TEATRO TALÍA
La segunda sala del edificio, el entonces llamado Teatro Talía y alguna vez identificado como el "sótano", era un espacio que originalmente iba a ser sólo una bodega dentro del recinto, pero que después se decidió habilitar también a presentaciones menores por una inteligente solicitud del dramaturgo y periodista Julio Asmussen Urrutia. De esta manera, el nuevo espacio fue especialmente destinado para los estrenos de obras de socios de la SATCH.
El teatro menor pudo ser inaugurado en el subterráneo poco después que la sala principal de la SATCH, como lo señala Cánepa en "El teatro de Chile". Esto sucedió en el mes de mayo  de 1954, con la presentación de la obra "Elisa", de Fernando Cuadra, por el  Grupo Arlequín.
Posteriormente,  se presentó allí también el grupo teatral de Fernando Josseau con la obra "El Prestamista" y, en 1956, la comedia "Los Geniales Sonderling" de Robert Merle, dirigida por Domingo Tessier y con escenografía de Héctor del Campo. Otras compañías que lo usaron fueron la del Teatro de Benjamín Morgado, la de Jorge Quevedo, El Cabildo, el Teatro Experimental y el Teatro de la Universidad Técnica del Estado, según datos de Piña. En 1959, además, la Sociedad reestrenó en esta salita la obra "El jefe de familia", de Alberto Blest Gana.
En 1961, la compañía del Teatro Ictus presentó en el Talía las obras nacionales "El cepillo de dientes" y "Un hombre llamado Isla" de Jorge Díaz, bajo dirección de Claudio di Girolamo. El actor Jaime Celedón comentó en sus "Memorias que olvidé en alguna parte", que en aquellas presentaciones de la compañía, los muros del teatro se encontraban en mal estado, que decidieron cubrirlos con hojas de periódicos a modo de papel mural, propuesta que causó gran curiosidad entre los asistentes. Su opinión sobre el aspecto de la sala en aquel momento no era buena, sin embargo: la describe como "apestosa" y "en pésimo estado".
A pesar de su pequeño tamaño, allí se estrenaron otras célebres obras como "Tres tristes tigres", de Alejandro Sieveking. Tiempo después, tiene lugar allí la presentación de la obra "Hechos Consumados" de Juan Radrigán, ya durante el año 1982 según recuerda Myriam Olguín Tenorio en "Memoria para un nuevo siglo", cuando el nombre de esta sala era otro.
La sala secundaria o del "sótano" ha mantenido siempre un descenso estrecho por escaleras antecedido por una reja plegable y su propia boletería, que todavía se conserva en su acceso, por el costado del mismo hall interior del edificio, aunque su conexión interna con el sector posterior de la sala principal ya no está abierta.
La sala del Teatro Alejandro Flores.
Fondo de la sala, con iconografía del mundo clásico.
Vista de la sala desde el escenario, con sus luces encendidas.
Sector del escenario y el espacio lateral con el piano.
El viejo piano de la Sala Alejandro Flores y la cerrada conexión con el nivel superior.
CAMBIO DE NOMBRES: TEATROS CARIOLA Y ALEJANDRO FLORES. LA ÉPOCA DE LA DECADENCIA
El nombre de Teatro Cariola le fue dado después de la muerte de su fundador, ocurrida el 20 de agosto 1960, por decisión del Directorio de la SATCH y para rendirle un homenaje perpetuo. Curiosamente, Cariola fallece el mismo día en que lo hace también Víctor Domingo Silva, su amigo y periodista de teatro.
Don Carlos fue velado en el mismo teatro de San Diego, en una salita abierta y adyacente al acceso a la sala principal. El actual presidente de la SATCH, don José Luis Gómez San Martín, la ha convertido en el llamado Salón de los Presidentes (diciembre de 2006), con retratos de todos los que presidieron la Sociedad desde su creación en 1915. Un gran cuadro central de don Carlos Cariola se luce al medio del muro de este estudio con cómodos sillones, correspondiente a una donación. Esta sala muestra, también, las honorables nóminas de donantes de la construcción del teatro y de los donantes de palcos-plateas.
Desde entonces, éste es el inconfundible Teatro Cariola.
Otro que dejó su huella y su nombre en este lugar, fue el mencionado actor nacional Alejandro Flores. El teatro de Cariola en San Diego había sido importante en su carrera: además de participar en la obra inaugural, presentó allí la temporada de "Raza de bronce" y, posteriormente, "El Baile", obra que desgraciadamente, contó con sólo tres cuartos de la capacidad del teatro con público, revelando un problema de convocatoria que fue volviéndose constante en los años que siguieron en el mismo lugar.
Tras su fallecimiento el 6 de enero de 1962, la Sala Talía fue rebautizada en su recuerdo, como Teatro Alejandro Flores. Muchos distraídos desconocen la existencia de este segundo teatro dentro del Cariola, curiosamente.
Por desgracia, con el correr de los años, el doble teatro comenzó a ser utilizado menos de lo que se hubiese esperado, en parte porque sus proporciones de público y espacios habían sido hechos pensando más bien en la buena vieja época del teatro y su convocatoria de antaño, según concluye Piña. En otras palabras, se lo concibió cuando la concurrencia a esta clase de salas era más masiva. Por otro lado, hay figuras como el actor Luis Alarcón, que consideraron al Cariola como un "fiasco", por lo que consideraron una mala acústica y errores en su diseño. Aún así, muchos encuentros, premiaciones y homenajes se siguieron haciendo acá por miembros de esta comunidad profesional de las tablas y la Sociedad propietaria.
La debacle de la vida nocturna y del espectáculo a partir de la década siguiente, afectaron enormemente al teatro, aunque la inclinación política de la Sociedad le permitió volverse un lugar de reuniones y encuentros relacionados con los opositores del régimen militar.
Es la misma época en que, además, el Cariola comienza a ser escenario de los primeros encuentros de música más rockera y pop. Empero, no todo resultó como se hubiese esperado: fue casi legendaria una escaramuza que puso abrupto final a la presentación de la banda nacional Los Prisioneros, en un encuentro "chileno-argentino" de grupos hacia 1986, cuando parte del público punk de aquella jornada logró sacar al vocalista del escenario a punta de escupitajos y proyectiles, al parecer respondiendo a sus sarcasmos y burlas en vivo hacia ellos, según se dijo entonces.
Presentación de Devo en el Teatro Cariola, año 2014.
Retrato de don Carlos Cariola, en la Sala de los Presidentes de la SATCH.
Salón de los Presidentes de la SATCH, junto al acceso a la sala principal.
Retrato de Alejandro Flores en la bajada al teatro que lleva su nombre.
EN NUESTRA ÉPOCA
Estoicamente, el teatro soportó todo este período y más de una vez la sombra de amenaza que se proyectó sobre sus viejas butacas y tablas. El disponerlo a arriendos lo salvó, en muchos aspectos, pero también provocó problemas irreversibles para el edificio y sus salas. Además, en 1989 el Teatro Cariola volvió a ser importante para el contexto político, cuando los artistas chilenos lo eligieron como lugar para proclamar su adhesión a la candidatura del futuro presidente Patricio Aylwin Azócar.
El Teatro Cariola sigue siendo lugar de actividades artísticas importantes, incluyendo espectáculos de calidad internacional. Autor, cantante y protagonista de zarzuelas ofrecidas en este mismo teatro en el pasado, cabe destacar los avances que ha conseguido Gómez San Martín para el mismo, y que han asegurado una categoría de valoración formal del teatro, además.
El Cariola conserva mucho del aspecto general e histórico del recinto, incluyendo las maderas de los parqués originales en el piso, pero sufrió intervenciones imprudentes en sus últimas décadas, antes de la actual presidencia, especialmente por el arriendo del espacio durante la primera década del retorno de la democracia. Por ejemplo, en algún momento se taparon con tablados los palcos laterales del escenario, con el pretexto de mejorar la acústica, habiendo sido recuperados y reabiertos después. También fueron destruidos los frescos de Malachowski en los muros, durante ese período. El espacio bajo el escenario que antes era ocupado por la orquesta de músicos, hoy está bloqueado. 1.179 butacas existen allí, aunque la capacidad de público aumenta cuando son retiradas para abrir el espacio "cancha" durante las presentaciones de espectáculos.
El Teatro Alejandro Flores, por su parte, conserva sus butacas originales: 145 puestos en total, además de mantener la decoración y un piano en un espacio lateral, junto a la ahora condenada puerta que conectaba con los interiores del Teatro Cariola, arriba. Sus sencillos camerinos, sin embargo, están muy deteriorados, no habiendo sido posible para la SATCH conseguir apoyo financiero para salvar tan históricos espacios, alguna vez ocupados por importantes figuras de las candilejas nacionales y extranjeras que pasaron por la sala.
Historias de fantasmas circulan en el personal del Teatro Cariola, adicionalmente, sobre supuestos hechos inexplicables de luces que se apagan y prenden solas o de una mujer espectral que pasearía por sus pasillos, salas y butacas. Nada de esto cree el señor Gómez San Martín, sin embargo. En todos estos años allí, jamás ha visto algo parecido a lo que sugieren estas creencias, que han motivado alguna vez hasta la visita de pretendidos "cazafantasmas".
Por Decreto N° 548 del 17 de diciembre de 2012, gracias a la iniciativa e insistencia de Gómez San Martín, el Teatro Cariola fue declarado Monumento Histórico Nacional, con justicia y merecimiento. Entre otros que apoyaron la intención, estuvo el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), el Sindicato de Actores de Chile y, desde el lado académico, las Facultades de Artes de la Universidad de Chile y de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El acta correspondiente del Consejo de Monumentos Nacionales, dice para la declaratoria:
"Este inmueble posee una singularidad en relación a otros teatros construidos en la mitad del siglo XX. Este presenta una tipología de teatro de gran escala, esto se ve reflejado en el foso para orquesta y los camarines de amplias dimensiones, junto a la sala de teatro menor en el subterráneo. Construido en momentos de auge de los teatros de cámara o teatros de bolsillos, de menor tamaño y capacidad.
Dentro del teatro se pueden encontrar patrimonio histórico mueble, como la biblioteca, que contienen más de mil guiones originales cuya creación data desde 1915".
Además de ser la sede de la Presidencia, la Secretaría General y el departamento general de la SATCH, el edificio del doble teatro sirve de oficinas para la institución y acoge a la Escuela de Española de Danzas de Rosita Lagos, por lo que es de esperar que se aleje definitivamente el fantasma inclemente del ocaso, que ya ha caído con crueldad sobre innumerables otras salas históricas del país, casi no dejando huellas de ellas.

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