lunes, 21 de noviembre de 2011

SIGUIÉNDOLE LA HUELLA A CUATRO IMPORTANTES JARRONES DE SANTIAGO: ¿DE DÓNDE PROVIENEN? ¿EN DÓNDE ESTÁN AHORA?

Uno de los dos únicos jarrones "caprinos" que quedan en el Santa Lucía.
Coordenadas: 33°26'15.79"S 70°39'2.41"W (primera ubicación) 33°26'30.13"S 70°38'38.16"W (segunda) 33°26'28.43"S 70°38'1.55"W (actual)
Calculo que los jarrones de los que hablaré ahora, deben encontrarse entre las piezas de ornamentación pública y de naturaleza artística más antiguas de Santiago, remontándose a mediados del siglo XIX, aproximadamente. Aparecen en fotografías de la Plaza de Armas tomadas luego de la remodelación que dejó un jardín circular alrededor de la Fuente de la Libertad Americana, la que ya estaba allí, a su vez, desde los tiempos de don Diego Portales.
Estos modelos eran jarrones de mármol que llamaremos "caprinos", porque a cada lado tienen cabezas cabrías o capricornios con miradas en sentidos opuestos, pero conectadas por guirnaldas de motivos florales también talladas delicadamente sobre el material, que cruzan la pieza por sus dos costados.
Tengo entendido que podría tratarse de piezas italianas, probablemente de mármol de Carrara, aunque también me han sugerido que pueden ser de origen francés, según otras referencias informales, aunque no me convencen mucho. Además de las cabezas de cabras y las orlas de flores, se distinguen por tener una boca estrecha y una base estilizada, que les da aspecto de cántaro o copa. Sus medidas son de unos 120 cm. de altura, una base cuadrada con cerca de 55 x 55 cm. y la boca del jarro con 45 cm. de diámetro, aproximadamente.
Por las fotografías antiguas que se conservan de la Plaza de Armas en el archivo del Museo Histórico Nacional, se observa que su distribución era entonces en el círculo central de la Plaza de Armas, detrás de las rejas que la rodeaban y colocados en los puntos cardinales alrededor de la mencionada fuente. Sus cuatro magníficas formas se distinguen en aquellas viejas imágenes tomadas por los años 1865 ó 1870, probablemente llevando poco tiempo allí a la sazón, porque otras fotografías de la épocas anteriores mostraban a esta fontana rodeada de un simple pretil para la fuente y una plaza casi totalmente dura, donde ninguna de estas cuatro bellas piezas blancas estaba presente aún.
Hacia el año de 1860, aproximadamente, habría tenido lugar una nueva remodelación de la Plaza de Armas (por entonces todavía llamada Plaza de la Independencia, por muchos) y se creó aquel jardín alrededor de la fontana de marfil; y hacia los tiempos de la Intendencia de Benjamín Vicuña Mackenna se mejoró mucho, además, el aspecto general del lugar como parte de las grandes obras realizadas en Santiago por el ilustre intelectual.
El mismo intendente ordenó, por supuesto, los enormes trabajos de remodelación del Cerro Santa Lucía hacia 1872-1874, que hasta entonces era sólo un peñón gris y estéril en la ciudad. Sin embargo, es importante hacer notar que esta plazoleta circular con los jarrones ya estaba desde antes en la Plaza de Armas, pues aparece mencionada y retratada -entre otros- por Recaredo Santos Tornero en su "Chile ilustrado", publicado el mismo año en que Vicuña Mackenna recién asumía la Intendencia de Santiago.
Es hasta ahí, justamente en el Cerro Santa Lucía, donde fueron a parar los jarrones "caprinos" que parecen corresponder exactamente a los descritos, aunque no tengo a mano antecedentes que permitan saber dónde se encontraban en el período comprendido entre su retiro de la Plaza de Armas y su colocación en el Huelén, si es que no pasaron directamente desde la plaza al cerro.
Imagen de la Plaza de Armas, aproximadamente de 1865-1870, donde se ven los cuatro jarrones "caprinos" rodeando la fuente principal. Atrás se observa parte de la fachada de la Catedral de Santiago y la esquina de calle Catedral con Puente.
Otro acercamiento a una imagen de la misma época, mostrando la ubicación de los jarrones con cabeza de cabras, exactamente iguales (o los mismos, según mi apuesta) que después aparecerán en el Cerro Santa Lucía. Como en la imagen no aparecen las torres de la siniestrada Compañía de Jesús, entiendo que la fotografía es posterior a 1863.
Como se sabe, Vicuña Mackenna convirtió por iniciativa personal al cerro en el hermoso paseo gracias a la construcción de caminos, al levantamiento de estructuras, habilitaciones de patios y espacios de descanso, y la instalación de innumerables piezas ornamentales traídas desde Francia, Inglaterra e Italia, como jarrones, esculturas, copas decorativas, fuentes, etc. Hemos hablado ampliamente de muchas de ellas, al referirnos a la casa francesa Val d'Osné que fabricó la mayoría de las que se compraron entonces, así también cuando nos referimos alguna vez a la innumerable cantidad de piezas artísticas desaparecidas y que alguna vez formaron parte del cerro, especialmente los jarrones de mármol y hierro.
No sé si estaban ya entonces estas copas "caprinas" entre los jarrones de mármol que Vicuña Mackenna hace instalar en el cerro al inaugurar el paseo. El "Álbum del Santa Lucía" de 1874 no hace referencia concreta a ellos ni los muestra en las imágenes, aunque sí aparecen otros jarrones y unidades ornamentales de mármol. Tampoco se los menciona en las memorias de 1873, dando cuenta del avance en los trabajos y las proyecciones.
Empero, es claro que hubo reutilización y rescate de algunas piezas ornamentales anteriores de la ciudad, al ser incorporadas al paseo del cerro. Así sucedió con la figura del dios Neptuno, por ejemplo, que antes estaba en otra ubicación y que fue colocada inicialmente en una gruta del nuevo paseo. También ocurrió algo parecido con el llamado sofá de don Diego Portales. En fin, no cabe duda de que el Intendente de Santiago reutilizó algunas piezas de la ornamentación urbana trasladándolas al Santa Lucía, caso que podría ser también el de estas cuatro piezas de mármol que, hasta poco antes como ya vimos, habrían estado en la Plaza de Armas. Esto, por supuesto, si acaso se las incorporó al cerro en los trabajos de 1872-1874 y no en otros de los posteriores, como los realizados a inicios del siglo XX y luego en los años 40.
Tiendo a creer como algo más seguro que los "caprinos" fueron instalados con los demás grandes jarrones de mármol (trasladados desde otras partes del cerro, estos últimos) cuando se construyó la gran Terraza de la Fuente Neptuno, con su enorme entrada monumental de rejas y escalas para el lado de la Alameda, hacia 1903 y con algunos ajustes posteriores en los preparativos del Primer Centenario de la República.
Los cuatro jarrones con cabezas cabrías aparecen, desde aquella fecha, sobre las balaustras de albañilería de este gran patio rodeando la Fuente Neptuno, en las esquinas, junto a las enormes copas de estilo florentino, también de mármol, que lucían espléndidas allí arriba y que parecen corresponder a las que se había encargado traer en 1872 al Cónsul de Chile en Florencia, don Pedro Sepp. Si estoy en lo correcto, entonces a diferencia de estas últimas, los "caprinos" recién en aquel momento pasaron a formar parte de la ornamentación del cerro.
Postal fotográfica hacia el año 1920, donde se observa la ubicación que tienen los jarrones "caprinos" más o menos desde principio de siglo: en los costados del pretil de balaustras frente a la Fuente Neptuno, de cara a la Alameda. Si acaso estaban en el cerro desde inaugurado, ésta no puede ser su ubicación original, pues esta entrada monumental se hizo cerca de 30 años después de inaugurado el paseo por Vicuña Mackenna. Hoy quedan allí sólo dos de estos jarrones "caprinos".
Vista actual de uno de los dos únicos jarrones de mármol y con cabezas de cabras (atrás) que quedan en el Cerro Santa Lucía, en la Terraza de la Fuente Neptuno.
Todas las fotografías de la época confirman la presencia de las cuatro figuras en el lugar, junto a los otros jarrones de mármol. Pero, en algún momento que calculo hacia la mediana centuria, desaparecen dos "caprinos", que se esfuman junto a varios de los otros jarrones del mismo material dispuestos en esta terraza, además de la fuente también de mármol y con leones que se encontraba abajo, frente a la entrada principal. Esta última fuente es innegablemente parecida al estilo de los jarrones con cabras y quizás pertenezcan a una misma adquisición: sus motivos florales y el detalle de unos pétalos tallados en la base de la columna se repiten en las piezas.
En la actualidad, sin embargo, sólo dos de los cuatro "caprinos" están en la Terraza de la Fuente Neptuno y, cuando me interesé en el asunto, casi no existía en la administración municipal información concreta respecto de lo sucedido con el otro par, ni de las varias otras piezas de mármol que siguen faltando.
Fue grande y agotadora la tarea de salir a buscar estas unidades perdidas, que he mencionado a la pasada en mi entrada sobre las figuras y jarrones desaparecidos desde el Cerro Santa Lucía, hace unos tres años. En el camino me hice hasta de un par de adversarios, de hecho, como siempre sucede en Chile donde haya quien sienta que alguien sin sus credenciales pregunta demasiado. Tras mucha indagación y búsqueda, por fin pude dar con el lugar donde se hallaban, el año 2008, incluyendo la mencionada fuente de mármol: el Museo Histórico Benjamín Vicuña Mackenna, en la avenida del mismo nombre llegando a calle Rancagua, relativamente cerca de Plaza Baquedano.
Si la información con la que cuento es exacta, habría sucedido que descendientes de Vicuña Mackenna hicieron retirar estas piezas del conjunto del cerro o las tomaron luego de la remodelación que las sacó de allí (los jarrones de mármol y la fuente) y las dispusieron en este museo por algún régimen de préstamo o comodato, presumiblemente. Empero, desconozco la razón por la que los "caprinos", particularmente, pasaron a la administración de esta sucesión, siendo que se trataría de piezas anteriores a la remodelación del Cerro Santa Lucía y al período de Intendencia de don Benjamín.
Uno de estos "caprinos" está en el acceso al museo, con otros dos copones de mármol del estilo Médicis que también pertenecían al cerro. Al parecer, la base o pedestal de esta pieza no es la original. Hay varios otros jarrones clásicos en el recinto, pero el que nos interesa puede ser visto junto a la casa original de Vicuña Mackenna que allí se conserva. El segundo "caprino", en cambio, está en el interior del museo, en el piso superior junto a las escaleras, muy dañado, con una base separada del resto de la pieza.
El mismo jarrón "caprino" anterior, ubicado en el frente del Museo Vicuña Mackenna, al exterior del edificio principal (junto a la casa original del ex Intendente).
El otro jarrón, en el interior del museo y quebrado (Imagen: gentileza de M. Villalba).
Vista del acceso al Museo Vicuña Mackenna, de Providencia. La fuente con caras de leones también fue trasladada desde el Cerro Santa Lucía hasta este lugar. Atrás, a la izquierda, uno de los cántaros o jarrones con cabezas cabrías. Atrás, a la derecha, un enorme copón de mármol que perteneció al paseo del cerro. Después de tomada esta fotografía, esta última pieza terminó dañada severamente y su base está partida, dividida ahora en dos piezas, al parecer a consecuencia del terremoto de 2010.
Un dato interesante es que este edificio del Museo Vicuña Mackenna, ubicado en el número 94 de la avenida homónima (donde estuvo antes la estancia del Intendente), fue inaugurado en 1957, por el mismo período o poco después de que los "caprinos" y otros jarrones del cerro, más la fuente de las cabezas de leones, desalojan las terrazas del Santa Lucía.
Por entonces sucedía, además, que el cerro se encontraba en un oscuro período de decadencia, que incluso hizo pensar en cerrarlo de forma definitiva para evitar que siguiera siendo refugio de delincuencia o usado como albergue de gente indeseable. Fue el tiempo en que muchas de sus piezas decorativas más importantes desaparecen, dicho sea de paso, tendencia que se prolonga hasta encima de la declaratoria de Monumento Histórico Nacional en los ochenta.
Y tal como sucede con el caso de los jarrones metálicos del cerro que fueron trasladados hasta Alameda en Estación Central, el estado en que se encuentran las piezas es poco alentadr: sólo uno de los "caprinos", el del exterior, aparenta estar entero y relativamente bien aunque con saltaduras, golpes y la mencionada base que parece proceder de otra pieza (se observa más larga que en las demás piezas); en tanto, el de adentro se encuentra fracturado en la columna de base y la boca. A decir verdad, casi todos los jarrones y copas de mármol que fueron trasladados desde el Santa Lucía hasta el Museo Vicuña Mackenna, se hallan en mal estado, no sabemos por qué razón: unos partidos, otros fracturados; el copón que tenía asas ya no las posee y el de mayor tamaño y que mejor se conservaba, apareció hace poco partido a la mitad y junto a la escalera exterior.
Sin embargo, no se puede culpar al museo ni a administraciones anteriores por esta situación: me han sugerido -con buenas razones- que el trabajo de desmontarlos de sus encastres en el paseo del Santa Lucía, pudo haber significado el daño que dejó sus huellas en todos ellos. Según la información proporcionada en el propio museo, además, esta pieza y otras más se volcaron con el terremoto de febrero de 2010 (no están adosados al piso y el suelo es de pavimentación con piedra), sufriendo este gran daño al estrellarse.
Demás está decir que todos los cándidos esfuerzos que hice y las cartas que mandé por entonces tratando de motivar a algunas autoridades o funcionarios a devolver estas valiosas piezas al Cerro Santa Lucía, hasta los días del Bicentenario de la República, apenas fueron respondidas por algún par de aludidos y sin efectos reales, a lo sumo derivando el asunto hacia otras instancias donde el acceso del pobre y mortal contribuyente sin cámara ni tribuna es imposible.
Dadas las circunstancias pienso, pues, que estas maravillosas piezas artísticas del siglo XIX quizás jamás debieron ser sacadas ni salir del lugar que se les había asignado en el Cerro Santa Lucía, salvo que se las haya retirado precisamente para terminar su daño progresivo por descuido y vandalismo. Aún así, cuánto agradaría volver a ver estas cuatro históricas piezas juntas, en algún lugar, como lo estuvieron en los primeros años de su historia en la capital de Chile y luego en su traslado al cerro.
Como reflexión final, cando terminen de desaparecer todas nuestras piezas de arte ornamental público partidas como baratijas de yeso, sólo nos quedarán a mano unas cuantas fotografías roñosas y la sensación más amarga de haberle entregado a las fuerzas de la entropía algunas de las piezas ornamentales más antiguas, patrimoniales y valiosas de toda nuestra ciudad, cumpliendo así con lo que mejor ha aprendido a hacer nuestro infeliz pueblo: llorar sobre la leche derramada.
Por ahora, sin embargo, al menos podemos celebrar la posibilidad de seguir admirando estas cuatro obras, separadas entre el Cerro Santa Lucía y el Museo Vicuña Mackenna.

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