lunes, 3 de diciembre de 2007

CENTENARIO DE ORESTE PLATH: EL SANTIAGO QUE SE FUE, EL MAESTRO NO SE VA

Fuente imagen: Diario digital "El Observatodo".
Este año, más precisamente el 13 de agosto, se cumplió el centenario del nacimiento de Oreste Plath, el más grande y completo investigador folklórico de nuestra historia literaria, verdadero trovador del costumbrismo y de la historia rural y urbana de nuestro país, amante de las tradiciones, patriota de lujo que no cambió a su país por ninguna de la infinidad de naciones que conoció a lo largo de su prolongada y fructífera existencia. Un “investigador viajero”, según se autodefinía.
Aunque la obra de Plath abarcó desde las fiestas religiosas de Parinacota en el extremo Norte, hasta las leyendas existentes en el territorio antártico, su vida estuvo íntimamente ligada a nuestra ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, desde el momento mismo en que viera la luz en calle Carrión 1370, en el barrio Recoleta, en 1907. Su nombre de pila era César Octavio Müller Leiva. Ni los viajes ni las odiseas evitaron su regreso a la capital, una y otra vez, formando parte de su historia.
La infancia de Plath fue inquieta. Vivió un tiempo en Chillán Viejo en la casa de sus abuelos, estudiando en un liceo local frente al fundo “El Tejar”, según leo en su website de homenaje (oresteplath.cl). De vuelta en Santiago, lo hizo en el Liceo José Victorino Lastarria. En 1921 viajó a Argentina, quedándose dos años allá. No cuesta imaginar cómo este peregrinar por Sudamérica forjó en su personalidad el sentido constante de la búsqueda y de la investigación, que consagrarían su obra.
Al volver a Santiago, comenzó a trabajar hacia 1926 en la revista “Don Fausto”, firmando como Dragón Rojo, Leo Tax y Octavio Müller Leiva. Dos años después, participará en Valparaíso con el grupo literario "La Capilla Minorista" y luego el "Grupo Gong". La vida bohemia de la capital y del puerto lo haría progresivamente conocido y aceptado dentro de la intelectualidad nacional, publicando en este último su “Poemario”, en 1929, con colaboración del escritor Jacobo Danke (Juan Cabrera Pajarito). Firma ahora con el pseudónimo que se llevaría hasta la tumba: Oreste Plath, modificando el nombre del héroe clásico Orestes y colocándose por apellido una conocida marca alemana de cuchillos con la que estaba familiarizado.
En 1936 vuelve a publicar poemas, esta vez en Quillota y bajo el título “Ancla de Espejos”. Pasará a integrar aquí el grupo periodístico informal de cuadros plásticos, sólo por jocosidad, llamado “Los Rataplanes Trololó”, ligados al diario “La Nación”, uno de los 37 periódicos para los que trabajó.
En este tiempo, siendo aún muy joven, fundó la revista “Gong” en Valparaíso y tomó la jefatura de redacción de la revista “Folklore”, trabajando también como oficial de la Tesorería del puerto. En 1936 recibe una membresía del Departamento de Extensión Cultural de la Municipalidad de Valparaíso. Asume, además, como editor de la revista “Nautilus” de la Sociedad de Capitanes y Oficiales de la Marina Mercante en Valparaíso. Con este envidiable trabajo, los viajes y las aventuras por todo Chile se convirtieron en su definitivo modo de vida. Permaneció en este cargo hasta 1937. Durante la segunda mitad de ese año, viaja a Perú para realizar distintas exposiciones en el Instituto de Música Bach de Lima. Allá contraerá matrimonio con la ciudadana española Isabel Nicasi Muño, al año siguiente. Al volver a Chile, participará de la fundación del célebre movimiento literario conocido como los "Angurrientos", relacionados con la obra de Juan Godoy y en el que militó también Francisco Coloane, Víctor Franzani, Fernando Alegría y otros destacados.
Sin embargo, la desgracia golpea su matrimonio y doña Isabel fallece poco después de que Plath fuera elegido Director de la Sociedad de Escritores de Chile, en 1939.
Superando el dolor, entre 1941 y 1942 vuelve a su Santiago querido y se desempeña como Secretario General de la Alianza de Intelectuales de Chile, vinculándose también con distintas actividades al ambiente del teatro chileno. Figurará como Socio Fundador, Miembro del Comité Directivo y Relacionador Público del Teatro Experimental de la Universidad de Chile, en 1941. Llegará a ser nombrado Secretario del Instituto de Arte Popular de la Comisión Chilena de Cooperación Intelectual, recibiendo una beca del Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil y de la Oficina de Cooperación Intelectual de Chile para estudiar Letras Clásicas y Folklore en la Universidad de Río de Janeiro y en la Escuela Nacional de Música, a partir de abril de 1943 y permaneciendo por cerca de un año allá. Esta experiencia marcaría de manera radical y definitiva la orientación que adquirirá su trabajo literario, según veremos.
También se desempeñó en las Escuelas de Temporada de la Universidad de Chile de Chillán y Talca, en la Escuelas de la Universidad de Concepción y en la Universidad de la Frontera en Temuco, permaneciendo por más de veinte años más en estas actividades. Pero a pesar de este ambiente intelectual y docente que ya rodeaba su vida, Plath jamás cedió a los instintos de soberbia o elitismo. Su compromiso era con el hombre popular, con el choro, el minero, el pescador y el campesino. Sus recopilaciones redimen al roto, al pobre, a la santiguadora. Como antes lo hiciera Nicolás Palacios, ama al pobre, al hombre modesto, al hombre que no tiene nada pero que lo da todo. Su estudio sobre las tradiciones acaba siendo, así, una traducción: una revelación, un rescate y, en cierta forma, incluso un descubrimiento. No en vano reconoció alguna vez:
“Es al pueblo, a quien le debo casi todo, aprendí a vivir hasta el gusto, nunca el disgusto. Amo el estudio por su valor espiritual, por la dignificación que del hombre hace”.
Su vida trascurre entre, así, entre la bohemia y la investigación… ¿Por qué no hacer ambas cosas a la vez? Pasa por el Restaurante Santiago, de calle Huérfamos, y baila cueca en El Pollo Dorado; luego prueba la chicha en la quinta de Las Tejas. Penetra en el espíritu urbano de Santiago; se complementa y se funde con la extraña mezcla de intelectualidad y rusticidad de la ciudad nocturna. Se codea con Tito Mundt, la actriz Lucy Lanni, Pablo Neruda, Manuel Gandarillas, Pablo de Rokha, Gabriela Mistral y Leoncio del Canto, sólo por nombrar algunos. Hace su vida en estas aguas.
Dentro de su apretada agenda, tuvo tiempo para enamorarse y casarse otra vez en 1945, ahora con Josefa “Pepita” Turina (pepitaturina.cl), una hermosa escritora oriunda de Punta Arenas con la que Plath tendría dos hijos al año siguiente: los mellizos Karen Plath y Carol Plath Müller. En este tiempo también publicará más libros, aunque evidenciado ya una carga hacia investigación costumbrista: “Juegos y Diversiones de los Chilenos” (1946, Universidad de Chile), “Baraja de Chile” (1946, Editorial Zig-Zag), “Alimentación y Lenguaje Popular” (1949, Revista Médico-Asistencial de la Dirección General de Beneficencia y Asistencia Social) y “Fraseología Folklórica Chilena en la Anatomía y Patología del Individuo” (1950, Revista Médico-Asistencial de la Dirección General de Beneficencia y Asistencia Social). En 1946 había publicado también la antología “Luciérnaga”.
Con su fama y reconocimiento aumento, Plath es nombrado miembro de la selecta Asociación Folklórica Argentina, en Buenos Aires en 1951, organizando dos años después, en enero, el encuentro internacional titulado "Primera Semana de Folklore Americano" con el auspicio de la Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Chile. En 1956 será nombrado delegado chileno ante el Primer Coloquio Uruguayo de Folklore de Montevideo, y en 1959 la misma Universidad de Chile publica sus trabajos en el estudio “Arte Popular Chileno: definiciones problema realidad actual”.
Con su obra ya consagrada, se lanza a un prolífico frenesí de escritura. Pasaba horas recorriendo lugares y entrevistándose con todas las fuentes de las que pudiera reconstruir la historia, las leyendas o las tradiciones. Sus propias aventuras y experiencias se suman a los archivos, como lo haría un conquistador en busca de míticos tesoros o ciudades encantadas.
En 1960 publica el ensayo “Tuberculosis, Historia y Folklore Médico”, por la Sección Educación para la Salud del Servicio Nacional de Salud. La misma institución le publica, al año siguiente, su libro “Odontología Folklórica”. En 1961 da a la luz “Folklore Chileno”, para lo cual crea su propia editorial: Ediciones PlaTur, nombre creado con las iniciales de Plath y Turina. Cinco años después, encontrándose trabajando para la Universidad Técnica del Estado (hoy USACH) en su misma casa editorial PlaTur publicará su “Folklore Religiosos Chileno”, verdadera obra de arte del costumbrismo y la cultura chilena, que resume algunos de sus principales artículos e investigaciones para las recordadas revistas “Folklore” y “En Viaje”, sólo dos de las 61 en las que llegó a trabajar.
Entregado a este camino vertiginoso de producción literaria, don Oreste publicará en 1967 los tres tomos de la “Nueva Enciclopedia de Chile”, editada por Juan C. Granda y Jorge R. Corvalán en Buenos Aires. Al año siguiente asume la Dirección del Museo de Arte Popular Americano de la Universidad de Chile, cargo en el que estaría hasta 1973. Con estas credenciales, fue invitado a España en 1971 a dar conferencias sobre arte mapuche durante los encuentros del Museo de América en Madrid. Al año siguiente, publica otra de sus joyitas inmortales: “Arte Popular y Artesanías de Chile” (Museo de Arte Popular Americano, Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile).
Oreste Plath, a estas alturas, ya era reconocido entre toda la intelectualidad y el academicismo nacional. En 1973 publica la primera edición de una de sus obras más celebradas: “Geografía del Mito y la Leyenda Chilenos”, donde repasa provincia por provincia los principales mitos y leyendas nacionales, desmintiendo la creencia muy citadina de que Chile es escaso en estos legendarios. La maravillosa publicación quedó en manos de la Editorial Nascimento, esa histórica casa literaria en la que Plath solía reunirse con otros escritores e intelectuales de su generación, fundando una tradición que perduró hasta el doloroso fin de la editorial. Lo mismo sucedió con los encuentros que tenían lugar en la histórica Librería Zamorano y Caperán, a un costado de la Plaza de Armas, que también desapareciera dejando un inmenso vacío en el alma capitalina.
En 1976, producto de estas reuniones en la Editorial Nascimento, Plath fundará en Santiago la Agrupación de Amigos del Libro, comenzando a dirigir el “Boletín Bibliográfico y Literario” de este grupo que presidiría por nueve años más, creando el premio literario “La Franja de Honor”. Desde esta tribuna, inicia un estudio de lujo: “¿Quién es Quién en las letras chilenas?”, publicado en varias etapas y donado a la Biblioteca Nacional. Este extraordinario trabajo surgió, en colaboración con Pepita Turina, a partir de un extenso ciclo de conferencias dadas en el Museo Benjamín Vicuña Mackenna y en las que 47 escritores presentaron públicamente su propia autobiografía. Luego, Editorial Nascimento lanza su trabajo “Lenguaje de los Pájaros Chilenos”. En 1981, la misma casa publica su “Folklore Médico Chileno” y “Folklore Lingüístico Chileno”. Su pluma parece indetenible, a estas alturas.
Totalmente consagrado, Plath es elegido Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua en 1981, sucediendo a Pedro Lira Urquieta, siendo invitado al encuentro The Center for Latin American Studies Colloquium, en Gainsville, Florida, USA.
En 1986, Nascimento prepara la publicación de otro acierto literario de Plath: “Aproximación Histórica-Folklórica de los Juegos de Chile”. ¡Quién no hizo en aquellos años alguna tarea escolar con ese libro! Entrando ya la madurez de la vida, don Oreste seguía tan hiperactivo e infatigable, produciendo y ampliando sus obras.
Sin embargo, ese mismo año la desgracia volvió a tocar su matrimonio, cuando Pepita Turina, en el mismo día de su cumpleaños (1º de marzo), se suicidó induciéndose una asfixia mientras Plath se encontraba participando en la Feria de Libro de la Serena, tragedia que provocó profunda conmoción en el país.
A pesar de todo, Plath asume en octubre del año siguiente la representación de la Academia Chilena de la Lengua en el Centenario de la Academia Peruana de la Lengua, en Lima. En 1988 recibe un premio reconocimiento de la Universidad de Antofagasta durante el II Encuentro Latinoamericano de Artesanía Tradicional organizado por esta casa de estudios.
Al llegar los noventas, publica “Folklore del Carbón” (1991, Ediciones Tertulias Medinensis) y luego “L'Animita. Hagiografía Folklórica” (1993, Pluma y Pincel), otros trabajos ampliamente elogiados y comentados. Le siguen “Olografías. Libro para ver y creer” (1994, Dirección Bibliotecas, Archivos y Museos. Centro de Investigaciones Diego Barros Arana) y luego “Alberto Rojas Jiménez, se Paseaba por el Alba” (1994, Editorial Universitaria).
Los últimos años de Plath fueron de reconocimientos y homenajes a su dilatadísima carrera de 50 años y de más de 40 obras publicadas. Fue elogiado por la Universidad de Concepción y la Fundación Literaria Gabriela Mistral conjuntamente con la Ilustre Municipalidad de Santiago le entregó la Medalla al Mérito Literario. Realizó una comentada visita en el programa “La Belleza de Pensar”, quedando inmortalizado su pensamiento y su lucidez ante las preguntas del prestigioso entrevistador Cristián Warnken. En 1996 se le nombra Miembro Correspondiente de la Comisión Internacional Permanente de Folklore de Buenos Aires. Dirigirá también la exposición “Chiloé, Mundo Fantástico”, una de las más recordadas y admiradas de la Galería Azul de la Biblioteca Nacional, de la que surgirían dos publicaciones.
Luego de toda una vida consagrada a la investigación, al rescate de las tradiciones y a la indagación más profunda de la conciencia popular chilena, don Oreste Plath falleció el 24 de julio de 1996, entregándole su último aliento a su querida ciudad de Santiago, su eterna base de operaciones. En su memoria se ha creado una Fundación y una Biblioteca que lleva su nombre, también una populosa villa en la comuna de Los Cerrillos, al igual que una de las salas de la Biblioteca Nacional de Santiago, institución a la que tantos esfuerzos le entregara generosamente.
Actualmente, su hija Karen Müller, ha continuado con esfuerzo el trabajo de su padre. Vive junto a Parque Forestal, ese donde antaño la sacara a pasear don Oreste a ella y a su hermano Carol, cerca del Cerro Santa Lucía, barrio extrañamente asociado a tantos genios literarios chilenos como Miguel Serrano, Armando Uribe y Enrique Lafourcade, entre otros. Gracias a mi amigo Hans, tuve ocasión de estar alguna vez en su departamento, verdadero templo consagrado a la continuación del trabajo de este autor. En una de las dedicatorias de los libros, Oreste le escribió a ella:
“Karen
Este libro nació con tu primer llanto
te lo dedico después de 40 años,
cuando tengo yo 80
y soy tu llanto”
Un regalo póstumo nos dejó Oreste Plath a todos los que amamos la investigación cultural e histórica de nuestra ciudad: sus herederos, de la mano de Editorial Grijalbo, publicaron en julio de 1997 el magistral estudio “El Santiago que se Fue. Apuntes de la memoria”, un trabajo que resume algunos de los principales artículos del autor sobre barrios, sitios históricos y personajes de la historia santiaguina contemporánea, transportando al lector hasta los años dorados del Hotel Victoria, del Bar El Jote o de las fiestas del Restaurante La Bahía. Este libro se ha vuelto de culto entre quienes comparten la misma clase de motivaciones que llevaron a Plath a consagrar su vida en las tradiciones y las costumbres de la sociedad chilena.
La obra se vendió como pan caliente, siguiéndole otras dos ediciones antes de fin de año: una en octubre y otra en diciembre.
Qué hermoso símbolo, entonces, que Oreste Plath quedara inmortalizado y homenajeado a sí mismo, sin proponérselo, con esta evocación poética de un Santiago que ya no existe, y del que él formara parte por tantos, tantos años, que se hicieron pocos ante la urgencia de todos quienes seguimos en vida su trabajo, de quienes queríamos disfrutar de modo imperecedero de su pluma y aprender de su infatigable curiosidad investigativa.

1 comentario:

  1. Que emotiva esta entrada de tu blog, Criss. Descubrí Urbatorivm hace un tiempo y de verdad me fascina toda la labor que has hecho. A Oreste Plath lo descubrí sin querer al leer su libro "Geografía del mito y leyenda chilenos" y luego con el Santiago que se fue, haciendome revivir una época que a mis 23 años sólo se puede añorar mediante libros, fotografías y bueno, ahora tu blog. Nuevamente te felicito, y bueno, de paso te invito a que conozcas mi trabajo como músico. Me dedico a interpretar música instrumental y sobre todo Tango en el Melodion (Melódica).

    Un abrazo!! y seguiré leyendo este rincón para los amantes del patrimonio urbano.

    Atte.

    Francis Valerio
    http://www.melodiquiuslover.com

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