viernes, 31 de marzo de 2017

PEPITA TURINA: LA GENIALIDAD HECHA MUJER EN LAS LETRAS CHILENAS

Pepita Turina (1907-1986). Fuente imagen: gentileza de su hija Karen Müller.
A principios de este mes que ya termina, se cumplieron 110 años del natalicio y 31 desde la muerte de una insigne y valiosísima escritora chilena: Josefa Alvina Turina Turina, más conocida como Pepita Turina. Curiosamente, en el mismo día doblemente conmemorativo para ella, 1° de marzo pasado, falleció otra escritora chilena y dignísima joya representante de las grandes mujeres en este oficio: Alicia Morel.
Patricia Pinto, en "Escritoras chilenas", comentó de Pepita que "al igual que sus coetáneas, la narrativa de Turina se centra en la problemática existencial femenina bajo el patriarcado de la primera mitad del siglo", abordando temas como la dependencia femenina del varón, la falta de libertades, la soledad y las consecuencias de las rupturas con las normas sociales. Desde muchos aspectos, la vida de la escritora fue desafiar estas limitaciones y abrirse espacio en círculos cerrados de intelectualidad, a pesar de su tendencia más bien retraída y poco dada al lucimiento.
Pepita nació en Punta Arenas el 1° de marzo de 1907. La fecha y lugar del natalicio han sido reproducidos con errores muchas veces por reseñas biográficas, como parte del mal conocimiento que se tiene de esta gran mujer y por la falta de información que existía sobre este dato específico.
Nació de la unión de dos inmigrantes yugoslavos establecidos en Magallanes: Joanne Turina Baretic y Elizabeta Turina Gudac, que habían castellanizado sus nombres a Juan e Isabel. El apellido croata de ambos se relaciona con Turinovo selo, que significa pueblo de los Turina, y fueron los primeros Turina que llegaron a la ciudad austral a bordo del vapor "Potosí", el 23 de marzo de 1892. No se sabe si eran primos lejanos o si es coincidencia que tuviesen el mismo apellido.
La familia se mudó a Valdivia en 1912, a sus cinco años, donde estudió en el Liceo Fiscal hasta 5° año de humanidades, en 1922. Allí había iniciado sus actividades literarias, de acuerdo a lo que informa el "Diccionario Biográfico" de Chile", de la Empresa Periodística Chile. También entró a estudiar piano en el Conservatorio de Música de la misma ciudad, hasta 1927.
Su primer trabajo literario publicado, apareció en el diario "El Correo de Valdivia" del 1° de marzo de 1931, justo en su cumpleaños 24, en una sección llamada "El cuento del domingo". Tres años después, veía la luz su primer libro: la novela corta "Un drama de almas", difícil de encontrar en nuestros días. En ella, escribe aludiendo al sentimiento de indefensión y la congoja de la protagonista, dando ya una muestra de la delicadeza y belleza que fluiría por sus obras literarias, incluso al describir la perturbación:
"Una tristeza infinita la invadió al encontrarse de pronto desamparada, sola en su inmensa renunciación. Nadie podía apreciársela; sería eternamente ignorada. Sentía flaquear su fuerza física por el esfuerzo moral. Ya no era la Beatriz capaz de vencer obstinaciones rebeldes. Si alguien le hubiera dicho, en ese momento, una palabra suave de piedad, o cogido tan sólo un poco de compasión su cabeza cansada, no pudiendo reprimir su desolación, habría estallado en sollozos".
Pepita en su juventud, disfrazada para la Fiesta de la Primavera de Valdivia, en 1935. Fuente imagen: gentileza de su hija Karen Müller.
Mujer inmensa cultura, con una particular visión social crítica de todo y cargada de una intelectualidad avasallante, la joven comenzaba a abrirse paso ya hacia el merecido reconocimiento a su persona y a su expresivo trabajo.
Pepita recibe el primer premio del Concurso Floral de las Fiestas Primaverales con su "Prólogo a la primavera", en 1935. Ese mismo año, será una de las fundadoras del Círculo de Difusión Cultural de Valdivia, gracias a su obra "Un drama de almas" que, curiosamente, ella no estimaba mucho, según recuerdan sus biógrafos. Primera mujer de la institución y única entre todos sus integrantes fundadores, para 1936 ya era secretaria de la misma, siendo a la sazón su presidente don Álvaro Bombal Murúa. Allí participa en conferencias, sesiones de piano, crea La Semana del Arte y el Primer Salón de Bellas Artes de ese mismo año, al que concurren artistas de la talla de Julio Ortiz de Zárate, Samuel Román, José Caracci, Arturo Valenzuela, Marco Bontá y Lorenzo Domínguez.
El 2 de agosto de 1936, se publicará en el diario "El Sur" de Concepción, un hermoso cuento suyo titulado "La mañana", donde podemos leer más de esos bellos pasajes reflexivos:
"¡Oh el dolor de su descontento! ¡Oh el terror al vacío! ¿Oh el ansia de un disfrute de verdadero amor, cerca de una juventud, sana y violenta, en que cada roce hubiera sido de una electricidad magnífica que hubiera proyectado al paisaje toda una fantasmagoría de luz y de pasión".
También en 1936, ya cerca de los 29 años, Pepita contrajo matrimonio con el poeta, periodista y escritor Miguel Gómez Herrera, oriundo de Santa Cruz de Colchagua y diez años mayor que ella. La pareja duró poco y no tuvieron hijos, sin embargo, pues él falleció en Santiago en 1939, hasta donde se habían trasladado, dejando viuda a la escritora.
En 1938, Pepita había dado otro golpe al ser aceptada como socia de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), siendo la única mujer del grupo compuesto por personalidades literarias como Manuel Astica Fuentes, Alberto Baeza Flores, Antonio Bombal Murúa, Rafael Cabrera Méndez, Orlando Cabrera Leyva, César Bunster, Rafael Fernández Rodríguez, Nicomedes Guzmán, Arturo Gardequi Bilbao, Francisco Galano, Reinaldo Lomboy, Samuel Pantoja Cerda, Julio Ortiz de Zárate, Gerardo Seguel, Efraín Szmulewicz, Fortunato Santibáñez, Pepita Turina, Juan Uribe Echevarría, Victoriano Vicario y Miguel Ángel Vega Morales. Para entonces, el presidente de la SECH era don Alberto Romero.
A partir de 1940, comenzará a trabajar para la Universidad de Chile, partiendo como Catalogadora de la Biblioteca Central y siendo su jefe don Héctor Fuenzalida, para seguir como secretaria de la Escuela de Educadoras de Párvulos de la misma casa desde sus inicios, donde inició sus actividades el 22 de noviembre de 1944. Era su directora la maestra, abogada y pedagoga española Matilde Huici Navaz (1890-1965). En tanto, habrá de publicar nuevas obras como la novela "Zona íntima: la soltería", en 1941 y el prólogo biográfico "Walt Whitman, cotidiano y eterno" en 1943. En este último trabajo, basado en una conferencia dictada por la escritora en el Salón de Honor de la Universidad de Chile el 26 de marzo del año anterior, escribió la autora sobre el insigne poeta estadounidense:
"Materialista a su modo, nunca se le conoció ambición de riquezas, ni atracción por las mujeres o por los placeres comunes y corrientes. Absorbido por su gran idea, se saturaba de una serie de materias diversa. Se interesaba por las antiguas y por las nuevas civilizaciones. Asistía a las conferencias, frecuentaba gabinetes científicos. Hizo incursiones por la política, perteneció al partido Democrático y al Republicano, apareció en los estrados como orador, represento pequeños roles en un círculo de aficionados al teatro. Entraba a esta serie de cosas como aprendiz de la vida".
Pepita Turina en 1939, a los 32 años.
En estas actividades en Santiago, la viuda inicia una relación con el escritor, folklorólogo e investigador infatigable César Octavio Müller Leiva, más conocido como Oreste Plath, en una feliz unión formalizada con el matrimonio de los dos altos intelectuales, el 2 de febrero de 1945. La familia quedó completa el 28 de marzo de 1946, con el nacimiento de mellizos Karen Müller Turina (nuestra gran guía para este texto dedicado a su madre) y su hermano Carol Müller Turina. Curiosamente, ambos tenían por segundo nombre Plath, el famoso seudónimo del padre, tomado de una marca de cuchillería alemana.
Pepita fue una de las fundadoras del Teatro Experimental y de la Agrupación Amigos del Libro. En 1945, ya es directora del PEN Club de Chile, compuesto por literatos de la talla de Ricardo Latcham en la presidencia, Augusto D'Halmar como vicepresidente y Chela Reyes como secretaria-tesorera, siendo sus directores Domingo Melfi, Mariano Latorre, Januario Espinoza, Lautaro Yankas, Francesc Trabal, Hernán del Solar, Santiago del Campo, Leoncio Guerrero, Eugenio Pereira Salas y la propia Pepita Turina con Oreste Plath. Permanecerá como miembro de este organismo, además de la Asociación Folklórica Chilena y de la Mesa Redonda Panamericana.
La autora colaboraba en la revista semanal "La semana literaria", órgano del PEN Club de Chile, participando también en la Radio Sociedad Nacional de Agricultura (CB-59). Sus participaciones en medios radiales incluirán también programas como "La hora de los grandes maestros de la música", "La hora yugoslava", "La Semana Literaria" y "La Hora de Brasil", entre otras. A partir de 1946, asume como secretaria del Boletín del Centro de Estudios "Federico Fröebel", que es lanzando en diciembre de 1946 bajo dirección de Matilde Huici Navaz, revista donde escribirá varios artículos como "Observemos a nuestros hijos" (Año 1, N° 2 primer trimestre de 1947), "El juguete de lujo y su calidad superflua" (Año 1, N°4 tercer trimestre de 1947) y "Apuntes tomados de la observación directa de mis hijos mellizos" (Año III, 4° trimestre 1948, 1° y 2° 1949, Números 9, 10, 11, p. 14).
Para 1946, se ha hecho alumna del Curso de Biblioteconomía de la Universidad de Chile, gracias al aporte de la Fundación Rockefeller y que permite que se dicten en Chile los primeros Cursos de Bibliotecarios a funcionarios de las Bibliotecas de la Universidad de Chile. El profesor encargado del programa es el norteamericano Edward Martin Heiliger, quien vino a Chile acompañado por su esposa. Las materias del mismo profesor eran Bibliografía, Referencia, Catalogación, Clasificación Dewey y Administración de Bibliotecas.
La escritora sigue colaborando en una gran cantidad de medios que se suman a su ya extenso currículum: periódicos de Santiago como "El Mercurio", "El Diario Ilustrado", "Las Últimas Noticias", "El Heraldo de Ñuñoa", "La Prensa", "Frente Popular", "La Nación", "La Opinión", "El Siglo", "La Hora", "El Imparcial", "El Cronista"; revistas santiaguinas como "Hoy", "Occidente", "Margarita", "En Viaje", "INBA", "Saber comer… y vivir mejor", "Carabineros de Chile", "El Volantín", "Remolino", "Mampato", "Mapocho", "Portal", "NuevAurora", "Selecta", "Toma y Lee", "Peregrino"; en periódicos de provincia como "El Correo de Valdivia", "El Sur" de Concepción, "La Prensa de Osorno", "La Prensa Austral" de Punta Arenas, "El Magallanes" también de Punta Arenas y la revista "Atenea" de Concepción; periódicos extranjeros como "El Nacional de México" y "El Argentino" de Argentina; y revistas extranjeras como "Histonium" de Buenos Aires, "BookBird" de Viena y el Cuaderno Literario "Azor" de Barcelona.
Como hacía desde muy joven y siguió haciendo durante toda su vida activa, Pepita Turina participó en una gran cantidad charlas y exposiciones por todo Chile,  para la Universidad de Concepción y la Universidad de Chile. Sus temáticas, en estas charlas, estaban relacionadas con temas musicales, literarios y muchas veces sobre los niños, algo que siempre fue de particular interés para ella. Dictó también conferencias en casas de estudios de Uruguay y Argentina.
Invitación de Plath y Turina a una fiesta ("mitote") con motivo de la Primera Semana Folklórica Americana, en su casa de calle Los Diamelos, en el verano de 1953. Fuente imagen: Memoria Chilena.
En 1952, deja su trabajo en la Universidad de Chile tras 12 años en la institución. Problemas de tiempo y ánimo la tienen decaída, mientras vive con Oreste y sus hijos en calle Los Diamelos, Providencia, cerca de Bilbao. Ambos se potencian, sin embargo, y publican juntos a través de Ediciones PlaTur, nombre creado por la unión de Plath y Turina. Ha salido de imprentas, para entonces, su ensayo sobre siete poetas chilenos (Humberto Díaz Casanueva, Rosamel del Valle, Antonio de Undurraga, Juvencio Valle, Jacobo Danke, Chela Reyes y María Silva Ossa). Titulado "Sombras y entre sombras de la poesía chilena actual", en 1952, en la introducción, Pepita reflexiona con su siempre exquisita prosa:
"Yo digo: les conozco, les he visto, los he leído, los he estudiado, ¿El todo? Un resultado, pero no matemático. No creo en las verdades absolutas. No somos ni verdaderos ni absolutos. Siendo indivisos, formamos parte ineludible de la palabra multitud, Y nuestra indivisibilidad es eternamente multiplicativa. Por lo mismo, a nadie impongo la seguridad de una convicción. Un verso no es explicable; tampoco un ser, en las medidas exactas e indudables que quisieran exigirse.
Yo he tenido de estos poetas un conocimiento progresivo premeditado e impremeditado, La impremeditación venía desde que, sin pensar cogerlos para estudiarlos, ni menos para hablar de ellos; cuando todavía no estaban elegidos como tema, los conocía ya; sus aspectos físicos y espirituales me habían rozado. La premeditación vino cuando hubo una transición en mis observaciones y traté de captar más; cuando seguí el proceso directriz de iniciar la búsqueda de lo conocido para superconocerlo.
Perteneciendo a la generación actuante, son seres alcanzables por todas las tenazas sensibles que actúan frente a quienes pertenecen a nuestro tiempo y están, como se dice corrientemente, al alcance de nuestra mano".
En 1960, en la obra "6 cuentos de escritores chilenos yugoeslavos" de Ediciones PlaTur, figura su relato "La mujer que no quiso ver el sol", en uno de cuyos párrafos medita también sobre la muerte y el luto, de la siguiente manera:
"Es difícil saber por qué en los duelos las casas se llenan de gente. Se acercan conocidos y desconocidos. Se saturan de tragedia y quieren ayudar a evaporaría con su presencia, o simplemente por curiosidad y entretenimiento de la tragedia. Las lágrimas como las risas son espectáculo. Toda reunión de gente, aunque sea la de un duelo, es espectáculo. Hay trajes, gestos, movimientos. ¿La comprensión? Eso es lo de menos".
Aunque ha comenzado a apartarse de la intensidad con la que antes trabajaba en las letras y la cultura, en enero de 1964 actuará como cofundadora de la Sección Chilena de la Organización Internacional para el Libro Infantil-Juvenil (IBBY: Internacional Board on Books for Young People), por invitación especial de su colega Ester Hunneus Salas de Claro, más conocida como Marcela Paz, la autora de "Papelucho". Fue secretaria del organismo hasta 1970, entre cuyas integrantes estuvieron otras tremendas escritoras como Alicia Morel, Maité Allamand, María Silva Ossa, Chela Reyes, Gabriela Yáñez de Figueroa y Mónica Echeverría. Más tarde, Turina asume como directora y sirve como corresponsal del "BOOKBIRD", órgano oficial de la misma Organización, que se publica en Viena.
En sus última década de vida, presentará un nuevo trabajo autobiográfico titulado "¿Quién Soy?", de la serie "¿Quién es quién en las letras chilenas?", de 1978. En marzo de 1982, recibe en Buenos Aires la Mención de Honor del Concurso Atlántida, en categoría novela y cuento, para escritores de habla hispana. El premio es por su relato "El refugio de las campanas", que había sido publicado originalmente en la revista "Mampato" Nº 213 del 12 de diciembre de 1973. En este singular cuento ( de temática navideña, al igual que otros de su autoría), podemos leer un fragmento casi onírico, con cierto parecido a los viajes meditabundos de María Luisa Bombal:
"Las campanas sin campanario: campanas de barcos naufragados y encontradas después, otras que se descubrieron en escondites donde se las había llevado por miedo a los enemigos, en las guerras, o de los ladrones que las querían robar por su valor metálico y no ritual. Había campanas que se reflotaron desde ríos y lagos, donde estuvieron sumergidas, producto de leyendas, porque a veces sonaron bajo las aguas por el reflujo de las corrientes y se creía que manos misteriosas las hacían sonar. No faltaban campanas de barco que fueron utilizadas para llamar a comer; campanas de colegio que avisaron la entrada y las salidas al recreo. Pero allí no estaban para responder a las tareas para las que fueron hechas. Eran libres, tocaban solas, por la brisa, por los movimientos, porque alguien las movía en cualquier momento, sin rutina, sin horario, sin deberes que cumplir".
Pepita Turina con su esposo Oreste Plah y sus hijos mellizos Karen y Carol Müller, en 1966. Fuente imagen: gentileza de su hija Karen Müller.
Una de sus obras más conocidas será "MultiDiálogos" (concepto creado por ella misma), de 1978, donde se hace una combinación de citas con comentarios formando un diálogo imaginario de la autora con sus personalidades convocadas. En el capítulo titulado "Es 'letra' de mujer", vuelve  deleitar al lector con esta perfecta prosa y su manifiesto que, si bien no llega a ser feminista como conocemos este movimiento hoy, quizás, ciertamente es un elogio a la rebeldía de la mujer que abrigaba en su pecho y drenaba por su pluma:
"No nos parecemos física ni psicológicamente a los dueños de la guerra, la política, las finanzas y las máquinas. No sentimos, actuamos ni pensamos como los hombres. En nuestro respirar consumimos menos oxígeno, nuestras cuerdas vocales son más cortas, nuestra piel es más suave, nuestra fuerza muscular más débil. Mal soportamos las intemperies, eludimos las marchas forzadas y los pesos excesivos, los riesgos de los campos de batalla no son para nosotras. Los hombres constructivos y destructores, viven apremiados por tener un puesto en los asuntos mundiales. No pertenecemos a la legión de inventores y sabios atómicos, a los aventureros terrestres y espaciales. Para iluminar sus noches la mujer enciende lámparas incandescentes -uno de los 1093 inventos que patentó Edison-. En la enciclopedia las mujeres sobresalientes son fáciles de contar, mientras que los hombres, ¡oh! para qué descorazonarse.  Nuestras condiciones no son para enciclopedias".
Intentando hacer justicia a la grandeza de la escritora, Juan Antonio Massone publica en 1980, el homenaje y selección titulado "Pepita Turina, o, La vida que nos duele", donde se rescatan algunos de los primeros cuentos de la autora. Ella, poco después, concluye "MultiDiálogo sobre el matrimonio, la familia y sus prismas" de 1985, una suerte de desarrollo del mismo concepto del trabajo homónimo anterior. En el capítulo titulado "La mujer como esposa y como madre", ya se ha vuelto más directa y sin rodeos en su elocuencia:
"No pensemos ni por un momento que esto es irrefutable. El laboratorio químico que es nuestro cuerpo no genera las mismas emociones, ansias, ni comportamientos, en un ser que tiene ovarios, matriz, mamas, que en quien no los tiene. Las sustancias que frenan o aumentan los circuitos nerviosos responsables de ser lo que se es, determinan los límites de la virilidad y la femineidad. El día que la mujer produzca semen y el hombre menstrúe será posible ratificar que la mujer no nace, sino que se hace".
En tanto, Pepita ha sido premiada por su cuento navideño "El refugio de las campanas", con mención honrosa en el Concurso Atlántida de Buenos Aires en marzo de 1982, y por el relato "Tres tiempos en la vida de Sergia", que gana un premio honorífico en el concurso Esperante de la Northeastern Illinois University de Chicago, en 1985.
Pepita Turina, la escritora, poeta e investigadora que fluía de genialidad y de audacia derramándola sobre las letras nacionales, murió trágicamente en el mismo día de su cumpleaños de 1986, en Santiago. Cansada de los padecimientos que le provoca un tumor en el oído, que había causado una parálisis en su cara y le había quitado la audición, pone fin a su vida por decisión propia, provocándose la asfixia en momentos en que su esposo debía participar de la Feria del Libro de La Serena. Quizás su descontento con el mundo y su actitud en extremo crítica del mismo, influyeron también en la desazón que desencadenó el dramático final, como una represa que ya no puede soportar sus grietas y fracturas.
Sus cenizas fueron esparcidas en una íntima ceremonia en el Estrecho de Magallanes, el 21 de noviembre de 1990, en cumplimiento de la que había sido su voluntad (declaración jurada el 7 de septiembre de 1967). Los restos de Pepita se fueron con los mismos vientos australes y fríos que la acariciaron al nacer, entonces.
Siendo Pepita un personaje de extraordinaria importancia para la presencia femenina en las letras nacionales, sin embargo, la memoria cultural chilena ha sido poco generosa con su recuerdo, desidia que ha alcanzado incluso a grupos que han tomado para sí la bandera de la mujer y la visibilización de sus aportes históricos. Diferente ha sido, por ejemplo, para los casos del legado de María Luisa Bombal, Marcela Paz o Chela Reyes, musas de la misma generación de Turina. El reflejo de su grandeza puede constatarse en el sitio web que su hija Karen Müller mantiene sobre su vida y obra: Pepitaturina.cl... Pero, por sobre todo, se verifica en su extraordinaria obra.

jueves, 30 de marzo de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE V): EL CASO DE LA MONEDA-AMULETO "DE LA LIBERTAD"

El controvertido Ángel de la Libertad.
Recapitulando esta serie sobre folklore y numismática con algunos tintes de historia del dinero en Chile, se recordará que comencé con los nombres que se dan popularmente a las monedas y billetes en actual circulación (parte I), seguida del caso específico de las monedas llamadas chauchas (parte II), más los motes que recibían las monedas y billetes antiguos (parte III) y un artículo especialmente dedicado a los mitos, creencias y tradiciones chilenas que involucran dinero (parte IV).
Ahora, en esta entrada (parte V), quiero darme el tiempo de revisar un caso de manera especial, parecido a como hice con el asunto de la chaucha, dedicándole la entrada completa a la curiosa situación de la moneda con el llamado Ángel de la Libertad, no sólo por lo que representa en el mundo de la memoria histórica y las pasiones humanas o políticas, sino también por la extraña atracción que provoca en algunos círculos donde se la aprecia como un buen amuleto y un símbolo libertario, más allá del significado original que quiso imprimírsele cuando comenzó a ser acuñada en los años 70.
Tal como en entradas anteriores, existe muy poca información disponible sobre el tema que trataré acá, por lo que agradecería cualquier aporte adicional que pudiese hacerse con relación al asunto de cómo es interpretada esta moneda en ciertos ambientes, especialmente en el mundo carcelario, ya que si bien pude tomar un número interesante de testimonios, siempre surgen diferencias o elementos nuevos en el cotejo de las versiones que pueden obtenerse de expresidiarios o de personajes relacionados con esos bosques oscuros.
LAS MONEDAS CON EL ÁNGEL DE LA LIBERTAD
No fue la primera vez que se ha puesto una pieza monetaria al servicio de intereses discursivos de la política; quizás, tampoco fue la última. Sin embargo, el llamado Ángel de la Libertad ha adquirido ribetes controversiales evidentes, por su contenido y la interpretación histórica de la que es depositario.
El origen de este diseño en la numismática, se encuentra en acuñaciones realizadas en 1976 año en que ven la luz unas monedas especiales de celebración: $500 (grande, oro), $100 (chica, oro), $50 (más chica, oro) y $10 (mediana, plata), todas ellas con la imagen de una alegoría femenina de la libertad (parece ser la diosa Libertas o bien Niké-Astrea, de la Victoria), alada, levantando los brazos y rompiendo unas cadenas que apresaban sus manos. Conocida como el Ángel de la Libertad y trazada con la iconografía del mundo clásico, la deidad iba acompañada por las leyendas: "1973-1976" y (en mayúsculas) "3er. Aniversario de la Liberación de Chile", en todas ellas. Al reverso de las cuatro, en cambio, podía verse el Escudo Nacional con las inscripciones: "República de Chile" y el valor respectivo de "500 pesos", "100 pesos", "50 pesos" y "10 pesos".
Obviamente, el diseño de la pieza aludía al 11 de septiembre de 1973 y desde el categórico punto de vista del régimen, que a la sazón buscaba ya formas de unificar el discurso político e histórico de entonces en un sentido favorable para sí (recordar la realización de la Consulta Nacional sólo dos años después, en 1978) y con la aspiración de sentarlo como el definitivo, para los varios años que aún le quedaban en el poder.
Cabe aclarar que estos diseños de monedas no eran para los 10 años del golpe, como se ha dicho alguna vez, pues la conmemorativa de 1983 era una moneda en medida de onza plata y con un soso aspecto, muy diferente y menos artístico que el de la moneda de marras, alusivo en su caso a la Llama de la Libertad que acababa de ser trasladada desde el Cerro Santa Lucía hasta el Altar de la Patria. Su sencillez espartana casi parecía reflejar la reciente crisis económica, conocida como la Recesión Mundial.
Como estas primeras piezas con el Ángel de la Libertad de 1976 eran tales monedas conmemorativas de lujo y no circulantes, quizás habrían pasado inadvertidas para la mayor cantidad de los chilenos. Empero, paralelamente, las monedas de $5 y $10 comenzaron a ser fabricadas en cupro-níquel durante ese mismo año, acuñándose series en la Casa de Moneda que aún están en vigencia y valor, aunque su diseño ya ha sido modificado por las razones que veremos. Básicamente, las monedas nuevas celebraban lo mismo que las de lujo.
Ésta sería, a la larga, otra de las emisiones controvertidas en la historia numismática chilena, pues ambas traían al reverso el mismo Ángel de la Libertad conmemorativo, acompañado ahora por las palabras "Libertad", "República de Chile" y la fecha "11-IX-1973". Las monedas redujeron su tamaño en 1981 y pasaron a ser de níquel-cobre-zinc, pero no cambiaron el Ángel de la Libertad que iba por reverso, con las mismas inscripciones conmemorativas.
Moneda de $10, acuñada entre 1976 y 1981. Era más grande que la actual y de color plateado (cupro-níquel). Sin embargo, la posterior sólo varió en material y tamaño, no en sus diseños. Fuente imagen: Colnect.com.
Monedas Conmemorativas de 1976, oro y plata, con el Ángel de la Libertad. Paralelamente, se produjeron ese año las primeras monedas de $5 y $10 con esta misma imagen en el reverso.
FIN DE LA ACUÑACIÓN
Por cerca de 15 años estuvieron siendo acuñadas estas monedas "de la Libertad", como las apodaron algunos. Pero su historia no terminaría con el posterior fin de sus emisiones, como veremos.
Al retornar la democracia en 1990, el nuevo gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia, capitaneado por Patricio Aylwin en la Presidencia, estaba decidido a detener la acuñación de las monedas de $5 y $10 con este diseño en la Casa de la Moneda, siendo reemplazado por decreto el reverso: desde ahora, iría en ella el perfil de Bernardo O'Higgins ya presente en otros cuños  (la de $50), y es la que actualmente está vigente. A la de $5, además, se le cambiaría por completo la forma y tamaño en 1992.
Cabe comentar que las últimas monedas con el Ángel de la Libertad alcanzaron a ser producidas ese mismo año de 1990, efectivamente, y así aparecen fechadas algunas piezas.
Desde entonces, hay quienes se han puesto casi como un desafío personal ir reteniendo estas monedas para evitar que circulen y sigan manteniendo a la vista la imagen de la alegoría de la libertad asociada a tal fecha. Recuerdo, por ejemplo, a una muchacha de origen español que, todavía en 2008, prefería perder frascos completos de estas monedas reunidas una a una y guardadas en su armario, antes que devolverlas al comercio. Oficialmente, sin embargo, la Casa de Moneda y el Banco Central ha desmentido ya en 2005 y 2011 que esté en alguna clase de cruzada por atrapar y retirar estas monedas, por lo que se puede entender que han ido desapareciendo sólo por la gradualidad del reemplazo en la circulación connatural del dinero y no por una recolección puntillosa.
Por otro lado, la ciudadanía (siempre con tendencias al alarmismo y la exageración) incluso creyó en algún momento, que había que cambiarlas porque perderían su valor, o bien que el Banco Central pagaría mejores cifras por ella, para devolverlas y retirarlas lo que también debió ser desmentido por la institución, luego de que la leyenda se volviera más activa que nunca hacia los meses de agosto y septiembre del año 2005.
Empero, a pesar de la urgencia que se tuvo por parar de producirlas, ya era muy tarde para hacerlas desaparecer: su gran número de unidades acuñadas hasta casi encima del cambio de mando, las hacía piezas abundantes y populares.
Aunque por entonces aún eran de relativo a poco interés para los coleccionistas, sí resultaban importantes para gente que se identificaba con el pinochetismo, habiendo quienes las atesoran todavía como un verdadero símbolo ideológico o histórico, pues el Ángel de la Libertad fue un potente emblema ligado definitivamente a aquel período histórico y sus discursos oficiales, además de reaparecer en la medalla militar conmemorativa de 1990 llamada "Misión Cumplida", que se  había producido para el período del cambio de mando de ese año.
A la izquierda, cara y sello de la segunda moneda de $5 con el Ángel de la Libertad, más pequeña que su antecesora. Puede observarse que está fechada en 1990, correspondiendo a las últimas partidas que acuñaron en la Casa de la Moneda con esta efigie. Al centro, moneda de $10 de la nueva partida de 1981 que redujo el tamaño de las mismas y cambió su material a níquel-cobre-zinc, pero conservando la imagen y enseña alusiva a la "Libertad". Finalmente, a la derecha, la misma moneda pero de las partidas de 1986, que supuestamente presentaba leves diferencias en las tipografías usadas en el anverso, aunque no las verificamos tan notorias al menos en esta comparación.
¿UN VALOR COMO COLECCIONABLE?
Medalla "Misión Cumplida" de 3ra. Categoría.
LA MEDALLA CON EL ÁNGEL DE LA LIBERTAD
Quienes atesoran las monedas "de la libertad" sólo por cuestiones políticas y simpatías, destacan no sólo el símbolo con relación al 11 de septiembre de 1973 y la Dictadura, sino también su similitud con una medalla militar igualmente discutida y que fue hecha en los últimos meses antes de que el General Augusto Pinochet debiese entregar el mando del país, como consecuencia de haber perdido el Plebiscito de 1988.
Esta medalla, hecha en bronce y en cobre, es conocida como la distinción "Misión Cumplida" (va tal inscripción en ellas, bajo un "Por Chile"). Utiliza exactamente el mismo diseño alegórico de la moneda conmemorativa y las antiguas de $5 y $10 en ella. No es la otra condecoración llamada "11.Sep.1973", como ha señalado alguna vez cierto medio informativo, correspondiente esta última a una estrella colgante sin semejanza a la que se describe.
Por supuesto, ha causado irritación en ciertos personeros su presencia entre las condecoraciones de oficiales en actos públicos o ceremonias oficiales, a pesar de que -técnicamente hablando-, su empleo se ajustaba al reglamento vigente. Por esta última razón, el gobierno de turno ha tratado de terminar con su uso, o al menos ha manifestado que su deseo de prohibirlas.
Es discutible el valor actual de estas monedas como piezas numismáticas, testimoniales e históricas. No obstante, basta revisar las secciones de portales de ventas para coleccionistas o anticuarios en internet, para notar que hay un innegable apetito por las mismas por parte de algunos buscadores.
En otro aspecto, con relación a la posibilidad de que tuviesen algún valor por su progresiva escasez, el muy instructivo blog Monedas de Chile (monedasenchile.blogspot.cl) tiene información interesante sobre las cantidades y series anuales que que emitieron, particularmente de la moneda de $10 pequeña (mismo tamaño actual), tomada del "Catálogo de Monedas Mundiales Krause" 2015:
  • 1981: 55 millones
  • 1982: 45 millones
  • 1983: No hubo (es de suponer que por la crisis económica)
  • 1984: 30 millones
  • 1985: 400 mil
  • 1986: 50 millones (recuperación económica)
  • 1987: 8 millones
  • 1988: 45 millones
  • 1989: 73 millones
Cabe comentar que la doble emisión de la moneda de $10 de 1986, con 25 millones de unidades por cada una, es señalada por algunos con una particularidad que ha ido despertando cierta atención para los numismáticos: su número habría cambiado de tipografía, apareciendo en caracteres diferentes. Esto ha provocado un interés particular de algunos buscadores pero también algunos mitos, además de confusiones sobre su verdadero valor.
Técnicamente, sin embargo, la más valiosa de las piezas debiese ser la fechada en 1985, si especulamos sobre los criterios de búsqueda que suelen manifestar los coleccionistas. Esto, por la escasa cantidad de unidades hecha ese año, como vimos. De cualquier modo, ninguno de estos dos ejemplares estaba siendo comprado por el Banco Central hace unos años, como se ha rumoreado muy equivocadamente en algún período y también dando pie a la creencia de que se estaría intentando acelerar su retiro de la circulación monetaria vigente.
Aunque no hay confirmación a la vista, tenemos entendido que se han vendido ejemplares de estas dos monedas de $10, de 1985 y de 1986, hasta en $10.000 actuales, pero esto habría sucedido a través de los portales de ventas, donde llegan los supuestos coleccionistas buscándolas. No es mucho más lo que puedo aportar al respecto como alguien ajeno a esos círculos de compradores y estudiosos.
Anverso y reverso de las monedas conmemorativas emitidas en el tercer aniversario del 11 de septiembre de 1973, en las vitrinas del recuento histórico de monedas chilenas del Museo del Banco Central.
EL ÁLBUM DE VELVET REVOLVER
Aunque no pertenece a nuestro enfoque sobre folklore cruzado con numismática, quisiera recordar un hecho bastante curioso sucedido en 2007, cuando el diseño de la moneda fue internacionalizado por el segundo disco de estudio de la banda hard rock norteamericana Velvet Revolver. Fue uno de los casos más intrigantes de diseños de carátulas modernas que hayan causado polémica en el mundo musical, por cierto, y no sólo por involucrar a nuestro país.
La banda, compuesta por los ex Guns N'Roses, Slash, Duff McKagan y Matt Sorum, más el guitarrista Dave Kushner y el fallecido exvocalista de Stone Temple Pilots, Scott Weiland, lanzó el álbum titulado "Libertad" en julio de ese año. En su carátula, mostraba un diseño estilizado del mismo conocido en las monedas señaladas, con el Ángel de la Libertad rompiendo las cadenas, en fondo negro y rodeada de estrellas. La imagen aparecía también en el single "She builds quick machines", con algunos leves cambios.
Era imposible que tan evidente alusión a las monedas nacionales, pasara inadvertida a quienes las conocían, como podrá adivinarse.
A mayor abundamiento, el diseño de portada habría sido tomado de un collar que tenía una o más de estas monedas y que llegó a manos de la productora de la banda, según explicó después el famoso guitarrista Slash a una radio chilena (al enterarse de la críticas por el uso de tal imagen), desde donde se inspiraron para ponerla en la contraportada del álbum. Podemos conjeturar que se trataba de un obsequio recibido en el país, durante una presentación del mes de abril anterior.
Por lo anterior, se cree que desconocían el sentido original de esta alegoría en las monedas de $5 y $10 chilenas, actuando inocentemente al escogerla como su imagen. Empero, hay quienes creían que el cuño del Ángel de la Libertad había sido conocido por los músicos o los productores en su visita reciente a Chile, con ocasión del  concierto, y que desde entonces tenían la intención manifiesta de aludir al país en su siguiente disco, eligiendo así la efigie de la diosa libertaria de la moneda para él.
A pesar de la discusión generada por el affaire de Velvet Revolver, poco importó a sus fans el asunto y así el Ángel de la Libertad anduvo paseando -además del disco- por camisetas, parches y chapitas por largo tiempo. Incluso se contaba entonces que algunos muchachos rockeros seguidores de la banda, lograban conseguir monedas originales de $10 y se hacían collares o pulseras con ellas, simbolizando su devoción por el disco y los músicos.
El Ángel de la Libertad en el álbum de Velvet Revolver
UN AMULETO EN LA "CANA"
Fuera del coleccionismo y sus potenciales comerciales, un aspecto poco conocido de acogida y simpatía con la famosa moneda, proviene de un lugar que a algunos podría sorprender y a otros parecerle bastante comprensible: los códigos y simbologías que se aprecian en el ambiente carcelario y en los bajos fondos.
Aunque este tema está escasamente abordado, sabemos por varios testimonios de expresidiarios que la moneda "de la libertad" tiene una extraña preferencia en la subcultura "canera" (carcelaria) donde es bastante cotizada por considerársela un verdadero amuleto: una especie de objeto atractor de buena fortuna, para procurar la vida libre del sujeto que ha optado por el camino de la delincuencia y de las deudas con la justicia. Incluso habría aparecido en artesanías y orfebrería de algunos internos, pero no hemos podido verla aún en esta clase de aplicaciones. El collar del que habló en su momento el músico Slash, quizás tenga algo que ver con esto.
Por la descrita razón, ciertos presos y exconvictos las coleccionan obsesivamente, asegurando que la posesión de estas monedas les traerá mejores posibilidades para salir de las rejas en caso de ser atrapado o bien les facilitará su buena suerte para no regresar a ellas.
He conocido casos de algunos hampones del Norte Grande que incluso se tatuaron la imagen de la mujer rompiendo las cadenas, algo que en ningún caso se interpreta de manera política dentro de las comunidades penales. Muchos delincuentes tienen también turros de estas monedas en alguna parte de sus hogares, guardándolos con orgullo, pues aun si no creen en atribuciones supersticiosas o de fortuna que se le otorgan, prevalece para ellos el símbolo representado en las mismas... Es decir, la libertad, ser libre: el protector Ángel de la Libertad.
Concientes de la estima que provocan, entonces, algunos presos han usado estas monedas de $10 como objetos de pequeños trueque dentro de los recintos penitenciarios, pero muy por encima de su valor real. Uno en particular me aseguró que, ocasionalmente, las pequeñas artesanías con aspiraciones de ser joyería las emplean también en este medio, para asegurarse llevarlas siempre encima como colgantes o llaveros, por ejemplo. Además, el gesto de recibir de otro una moneda "de la libertad" como obsequio, debe ser necesariamente agradecido.
Desconozco qué tan esparcida y posicionada esté esta interpretación de la moneda como amuleto "canero", pero quizás desde esta situación provenga cierta creencia popular que también ha ido apareciendo en estratos populares: la de creer que es una señal de "buena suerte" que aparezca esta misma moneda del Ángel de la Libertad en un vuelto, en el suelo o un mueble, algo que -de seguro- no es muy del agrado de los que se han esforzado por eliminar esta moneda del catálogo de cuños chilenos en circulación, o bien han aguardado por más de 25 años ya para que no vuelvan a aparecerles.
En la próxima parte de esta serie sobre folklore y numismática, repasaré algunos hechos históricos significativos pero con más carácter de curiosidad para Chile sobre sus monedas, sus billetes y su dinero en general.

miércoles, 29 de marzo de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE IV): MITOS, CREENCIAS POPULARES Y SUPERSTICIONES

Gnomo con monedas de oro, mordiendo una (¿verificando que sea auténtica?). Las tradiciones de duendes y gnomos siempre han estado relacionadas con dinero y monedas, de alguna forma, tanto para proporcionarlo como para quitarlo. Se supone que lo cuidan (algunos portan un cántaro con monedas de oro, especialmente los de tradición británica) y a veces lo entregan a quien lo merezca. Otras veces, los roban furtivamente. Fuente imagen: Rincondelashadas.com.ar.
Retomo acá la serie sobre folklore y numismática que inicié hace poco pero que dejé en pausa, por un par de entradas nuevas. Se recordará que partí con un artículo dedicado a los nombres populares que dan en Chile a monedas y billetes, seguido del caso de la moneda llamada chaucha y luego las denominaciones o apodos que han recibido piezas monetarias del país en el pasado.
Siguiendo mi trazado de temas a exponer, entonces, ahora traspaso hasta acá una buena cantidad de apuntes que tengo reunidos con relación a monedas y billetes chilenos: tradiciones y costumbres populares, juegos típicos y entretenciones costumbristas, creencias sobrenaturales y supersticiones, leyendas criollas en las que tiene alguna importancia el dinero y, finalmente, una revisión fugaz a las leyendas urbanas y mitos conspiranoicos contemporáneos involucrando cuños y papel moneda.
Espero que este texto resulte al lector tan entretenido como resultó a mí, en su momento, recopilar y reunir las notas e información que le dan contenido.
Fray Andresito, de le Recoleta de San Francisco, y su tarro limosnero.
TRADICIONES Y COSTUMBRES POPULARES
  • Pedir monedas sacudiendo un tarrito o alcancía: Esta forma es usada desde mendigos hasta bomberos cuando colectan aportes de los transeúntes, pero se remonta al parecer a las limosnas que ciertas órdenes religiosas salían a buscar como colaboraciones para la Iglesia y para las obras sociales de las recolecciones, por ejemplo. El encargado de recibirlas iba por las calles anunciándose con el mismo tarro de monedas, que hacía sonar como un cascabel o una sonaja, quizás alertando también a los vecinos para su propia protección ante la posibilidad de ser asaltado. Artistas y músicos callejeros reemplazaron el tarrito por un gorro, un cantarito o una taza, y los organilleros vestían de conserje un mono entrenado para que portara este artículo y captara las monedas.
  • Monedas y ritos fúnebres: En los funerales de niños, conocidos como "velorios del angelito", si el niño tenía una corona de monedas, significaba que los padres podían pagar los gastos de las exequias; si no las tenía, los asistentes debían hacer contribuciones para ayudar a pagarlos, a los pies del niño fallecido. En Chiloé se colocaban monedas dentro del cajón de un muerto, para que con ella "pagara" sus pecados en el viaje hacia el Más Allá. También se ponía una varilla para defenderse de los espíritus malvados y un pañuelo para secar las lágrimas de la partida. Una tradición proveniente del mundo antiguo era colocar monedas en los ojos del fallecido, hoy escasamente utilizada por algunas comunidades gitanas, por ejemplo.
  • La tradición del "Padrino cacho": Desde antaño procedía una vieja tradición de bautizos, ya en extinción. El que había sido elegido padrino del pequeño, debía arrojar monedas o repartir a los presentes y especialmente a los niños (acto a veces llamado óleo), quienes le gritaban a coro "¡padrinito cacho, padrinito cacho!" o bien "¡padrino cacho, padrino cacho, orejas de macho!", exhortándolo a este desprendimiento, al terminar la ceremonia. Cacho era un sinónimo de avaro, tacaño. Para cumplir con el protocolo, los padrinos llevaban en sus bolsillos los llamados cuartillos, correspondientes a "monedas de plata o chucherías", según José Toribio Medina. El autor dice también que se las llamaba de esta forma "por haber sido en su origen las monedas que se acostumbraba obsequiar" (cuartillo: 1/4 de real). Esta costumbre se origina en una creencia de que arrojar monedas al aire (a la chuña) aseguraba un futuro buen pasar económico al ahijado, como veremos más abajo.
  • Las monedas encintadas: También se practicaba en los bautizos, pero se extinguió hace tiempo ya. Según Oreste Plath en "Folklore religioso chileno": "En medio de la fiesta, se hace el reparto de los encintados, que reemplazan a las cintas impresas y estos consisten en una moneda pequeña, perforada o dijes o chiches, a los cuales se les pasa una cinta blanca y se les ata a manera de una rosita pequeña. Estos encintados van en un plato con una cama de ramitas y la comadre los va colocando en las solapas de los hombres y en el pecho de las mujeres, como un recuerdo del bautizo".
  • Arrojar monedas como insulto: Se ha convertido en un acto de agravio el arrojarle monedas a alguien en plena locución, presentación o simplemente al paso, especialmente cuando se trata de humillar a personas poderosas que hayan aparecido implicadas en situaciones de corrupción política o falta de honestidad, haciéndolos ver como seres miserables, de bajeza indigna. Arrojar monedas a un político, empresario, dirigente o cualquier representante de las élites, parece ser uno de los actos más vejatorios a la honra y el orgullo de los mismos. Aquí en Chile, desde aproximadamente el año 2002, se hizo célebre el manifestante  oriundo de Requinoa, don Bernardo Córdova Palma, conocido como el Hombre del Cartel, "funando" y tirando puñados de monedas a hombres públicos implicados en casos de corrupción o delitos, sin distinción de colores políticos.
  • Morder monedas: Es una costumbre muy internacional aunque ya casi extinta, sobreviviendo sólo en piezas del cine clásico. Provendría de países eurpeos, cuando se mordían monedas para verificar que fuesen de oro y no falsificadas en otro material con alguna cubierta dorada. No sabemos si alguna vez se practicó en Chile con este objetivo, pero sí fue conocida gracias al cine y antiguas animaciones infantiles, por lo que se hacía a modo de "gracia" en alguna época.
  • Frotar el relieve de los billetes: La costumbre de algunos cajeros y comerciantes de frotar de manera casi automática con la yema de los dedos una parte específica de cada billete que reciben como pago, especialmente los de mayor denominación, se debe a que los auténticos presentan una particular y característica textura como de rejilla en este punto. El lugar específico suele ser alrededor del hombro del personaje retratado, su rostro y el lugar del número, debido a las rugosidades del papel algodón impreso en procedimientos de huecograbado.
Niños recogiendo la plata lanzanda "a la chuña", en postal de la Casa de Carlos Brandt de Concepción (serie "Costumbres Chilenas"). Nuestro amigo e infatigable buscador Pedro Encina, del Flickr Santiago Nostálgico, señala que se trata de las monedas que lanzaba "a la chuña" en los bautizos el "Padrino cacho" (ver aquí). Se distingue el edificio del antiguo Mercado de Concepción, calle Maipú.
JUEGOS Y ENTRETENCIONES
  • "Cara o cruz" / "Cara o Sello": Fue el juego que hoy conocemos acá como el Cara o Sello. La cara de una moneda es el cuño del reverso, generalmente un rostro ilustre (de ahí el nombre), un retrato, un animal heráldico o un símbolo; el sello, en tanto, que en ciertas monedas coloniales correspondía a una cruz, invariablemente es el que llevará la cifra y valor numérico. La moneda, su cara y sello, se toma por el símbolo de la dualidad de las cosas, de los dos opuestos de una medalla y representación del azar en un perfecto 50% contra 50% de posibilidades. Juegos criollos antiguos incluían arrojar al aire una o más monedas y si adivinaba cómo caerían gritando "cara" o "sello", se quedaba con ellas. Curiosamente, el procedimiento resuelve de manera formal muchas dificultades de la vida moderna, aún: desde el equipo de fútbol que inicia la jugada de un partido hasta la solución a los empates perfectos de ciertas elecciones populares. Ningún mecanismo de solución de dos alternativas ha superado, hasta ahora, al tiro al aire de una moneda.
  • "Sartén tizna'o" (tiznado): Era un juego de trabajadores del campo y sus hijos, propio de Fiestas Patrias. Conseguía en tratar de desprender una moneda firmemente pegada la base de un sartén viejo, ganando el primero que lo consiguiera. Solía ser parte de una serie de pruebas que formaban una competencia múltiple.
  • Monedas a la chuña: Sucedía en fiestas de pueblos o grandes celebraciones. Algún hacendado, patrón o tío "con plata" arrojaba al aire paquetes de monedas o puñados de las mismas, a la chuña, para que los niños presentes corrieran a atrapar y recoger todas las que pudiesen quedándose con ellas. Era similar a la práctica del "padrino cacho" pero en otro contexto, y equivalía a la actual piñata con caramelos de fiestas de cumpleaños. El nombre chuña podría ser una alteración fonética del mapudungún chaña, que significa caer.
  • El juego del Chupe o Chapitas: Mencionado también por Medina y Plath, consistía en revolver con las manos cerradas un puñado de monedas puestas por todos los jugadores presentes, arrojarlas al aire "y ser del que las tira las que resulten haber caído de cara". Chupe provendría del quechua chupa, que significa último. El pintor nacional Juan Harris Flores retrató, en una de sus obras, a unos chiquillos de barrio jugando chupe en uno de sus cuadros.
  • La moneda del plato con harina: Propio de los encuentros recreativos y de las competencias compuestas de varios desafíos, consiste en soplar, encontrar y sacar con la boca una moneda escondida en un turro de harina, en un plato, sin usar las manos. Imposible no acabar empolvado con el desafío. Ha llegado desde instancias más rurales hasta festivales escolares, concursos y celebraciones de boyscouts.
  • Palo ensebado con billetes: Es el mismo que se juega con frutas, porras de vino o bocadillos en su extremo superior, pero colgándole un billete de alta denominación como tentador premio. El palo suele ser un poste liso de hasta unos 6 metros, untado en grasa o aceite, haciendo todo un desafío técnico el llegar hasta su cúspide a cortar el premio sin resbalar en cada intento.
  • La rayuela con monedas o "de cuneta": Se jugaba en cuarteles militares y por criollos en las calles de pueblos y ciudades, en momentos de ocio, usando el trazado del pavimento o una línea a tiza como marcas del cajón y monedas a modo de tejos. Todavía existe en algunas localidades del país, especialmente en el campo. Generalmente, si había apuestas las propias monedas-tejos eran el premio.
CREENCIAS SOBRENATURALES Y SUPERSTICIOSAS
OTRAS SUPERSTICIONES POPULARES
- No contar dinero en un juego: Quien cuenta delante de sus contrincantes su dinero en una apuesta, juego o partida de naipes, comenzará a perderlo de inmediato a partir de ese momento. Por eso existía un refrán de apostadores que decía: "David contaba su gente / y les entraba la peste".
- Al encontrar dinero por primera vez: Quien encuentra en la calle monedas o billetes por primera vez en la vida, según una leyenda de la Zona Central debe regalarlo. Así garantizará que le vuelva a suceder siempre, porque si se lo queda, nunca más ocurrirá o tardará muchísimo en que le suceda de nuevo.
- Regalar monedas cuando se recibe un objeto cortante: En Coquimbo existía la creencia de que había que obsequiar una moneda a quien te regalase un objeto cortante, como arma blanca, tijera o cuchillo de cocina. Si no se cumple este protocolo, según Julio Vicuña Cifuentes, hay peligro de interrupción de las buenas relaciones entre ambos.
- Arrojar monedas en un bautizo: La tradición más arriba vista del "Padrinito cacho", procedía de otra anterior: el padrino debía tirar monedas "a la chuña" después que su ahijado recibía el nombre en la pila bautismal, para asegurarse así que nunca le faltase dinero en su vida al pequeño. Si no hacía este gesto, era considerado padrino cacho y así se lo vociferaba la multitud exigiéndole tirar monedas, como vimos. Por otro lado, si el padrino llevaba monedas en el bolsillo cuando bautizan al niño, deberá repetir el nombre de su ahijado cada vez que gaste una para que vuelva mágicamente a él, reapareciendo entre sus ropas.
- Estrellas fugaces y dinero: En el Sur de Chile existían la tradición de tomarse las manos entre dos personas, si eran testigos del paso de una estrella fugaz. Debían pensar instantáneamente un número en sus cabezas, que se convertiría en la cantidad de monedas de oro mágicamente aparecidas en su bolsillo o cartera, cuando terminara el fenómeno.
- Cómo eliminar verrugas: Se frotaba una moneda con la sangre de un enfermo, se envolvía en un trozo de tela sucia y se arrojaba a la calle. Quien la encontrara y la recogiera, contraería el mal y liberaría al paciente del mismo.
- Las monedas de Lo Vásquez: Los viajeros y caminantes temían al "chuncho" o mala suerte (accidentes, asaltos, etc.), pero podían contrarrestar este peligro o "matarlo" dejando monedas en la alcancía de la iglesia del Santuario de Lo Vásquez, de camino a Valparaíso.
  • Monedas de la suerte: Andar con dólares, centavos americanos, papel moneda extranjero, monedas o billetes antiguos se considera algo que atrae a la suerte. Una moneda chaucha clavada en el mesón o el mostrador de una tienda o de un almacén, funciona como talismán protector para su dueño, según observó Francisco Cavada en Chiloé. En cambio, A. de la Cuadra Silva reportó que llevar monedas de cobre en los bolsillos atraía desgracias, tal vez por tomársela como representación de pobreza. Hoy, también se pueden ver en el comercio pirámides de cristal o cuarzo, y "gatos de la suerte" introducidos por inmigrantes orientales (los que mueven la mano), depositados sobre un montón de monedas de distintas denominaciones, como amuletos.
  • Billetes de la suerte: Existía la costumbre de guardar un "primer billete" ganado en un negocio, como seguro de que seguirá siendo redituable. Algunos comerciantes lo atesoraban enmarcado. A nivel más doméstico, existía el amuleto casero de un elefante de loza al que se le metía un billete de $1.000 o bien un ejemplar antiguo, enrollado y atravesando por dentro una cavidad que hacía la trompa doblada de la miniatura. En las fiestas religiosas del Norte de Chile, se le prenden billetes en las ropas de las figuras de Santos Patrones (¿algo que ver con los Ekekos del mundo andino?), para asegurar que la ofrenda sea respondida con generosidad y fortuna por parte del venerado. Un billete doblado de cierta forma en la billetera también puede atraer suerte y más dinero, se cree.
  • Arrojar monedas de los deseos en fuentes y piletas: Incluso la fuente colonial del Palacio de la Moneda tiene algunas monedas en su interior, arrojadas pidiendo deseos, acto a veces ejecutado de espalda a la fuente y tirándola por encima del hombro (si cae adentro y con un sonoro "glup" de aguas, se cumplirá con toda seguridad el deseo). La creencia es antiquísima, desde cuando se pensaba en Europa que todas las aguas estancadas podían tener propiedades curativas, además de estar habitadas por pequeños seres mágicos, lanzándoseles piedras y después monedas que, según la cantidad de burbujas que provocaba, anunciaban qué tan buenos se venían los días venideros para quien las arrojaba. Esto dio origen al mito del Pozo de los Deseos, que llegó así a América. Hay historias populares y leyendas de pillos que inventaron la fama de milagrosa a viejas fuentes, pozos y pilas en pueblos apartados o en sus propias casas, para hacer que los ilusos les arrojaran dinero con peticiones de favores, que ellos recogían después durante las noches. En los Saltos del Río Petrohué, además, se hizo costumbre también arrojarlas al agua de los pozones, hasta donde comenzaron a llegar astutos chiquillos que conocimos para recogerlas, durante las tardes.
  • Pedirle dinero a la Luna: La Luna siempre ha sido objeto de rogativas para solicitar dinero. Un sencillo pero popular conjuro de la sociedad santiaguina de antaño decía: "Luna, Luna, dame fortuna / Mamita Luna, dame salud y fortuna / Lunita nueva, dame moneda". Dice Plath en su "Aproximación histórica-folklórica de los juegos en Chile", que las madres le enseñaban esta canción a los hijos cuando veían por primera vez la Luna nueva, mostrándole una moneda o un monedero. Los adultos la cantaban distinto: "Lunita nueva / tres cosas te pido: / salvación, dinero /y un buen marido". Una canción ganadora del Festival de la Canción de Viña del Mar de 1989, representante de Gabón, cambió la frase popular a "Lunita, Lunita, dame platita".
  • Monedas en animitas: Si se dejan monedas en algunas animitas de fallecidos trágicamente o en tumbas milagrosas, el alma devolverá el gesto con favores concedidos. Como ya no le sirven en el Más Allá pero agradece el simbólico desprendimiento, el finado procurará que quien le obsequia las monedas sea el que disfrute de la riqueza.
  • El pago simbólico de las santiguadoras: En los antiguos campos chilenos, existían santiguadoras, meicas o componedores de huesos que no aceptaban recibir pago de dinero por sus servicios, pues creían que si lucraban con sus poderes de sanación o de mejora espiritual, los perderían. Para eso recibían vituallas, mercaderías o bien una cantidad exigua de dinero, generalmente monedas de pocos valor, pues se creía también que si no era pagado el servicio de alguna forma, éste no surtiría efecto.
  • Dinero en la Noche de San Juan: Se cuenta que, entre los innumerables ritos de la Noche de San Juan, están varios que se realizan con monedas o billetes para atraer (¡era que no!) al esquivo dinero. Una de ellos consiste en meter un papel con deseos anotados y monedas dentro de una bolsita anudada, acompañada de laurel y cintas anudadas en moños, para que sean quemadas con la efigie de San Juan Bautista durante la noche o en un altar especial dedicado al rito. Si se arroja cera o plomo fundido a un tiesto con agua, y el material toma forma de moneda, es porque se viene una entrega importante de dinero. Otros utilizan pirámides y monedas doradas para solicitar riqueza durante la celebración. También está el rito de meter en aquella noche, un billete doblado en cuatro dentro de un recipiente de cobre con velas alrededor, formando un círculo.
  • "La bosta del Diablo": En ciertas localidades de la Zona Central y Sur del país se ha dado este nombre al dinero, por considerar que los hombres que lo ambicionan pueden caer en la fiebre de delincuencia y de crimen que el deseo irresistible de poseerlo provoca. Tal vez fue la forma en que la gente de algunos campos chilenos, ajena a las formas de delincuencia más brutal, se explicaba las siniestras pasiones que el dinero era capaz de despertar y que se iban haciendo corrientes. El teólogo, abogado e investigador Hugo Zepeda Coll, muy dado al estudio de estas tradiciones oscuras, recuerda que hallándose de visita en un pueblo con su padre, el reputado parlamentario Hugo Zepeda Barrios, éste último le comentó a una autoridad local que el "dinero es la bosta del Diablo", pero el jefe local le respondió: "Pude ser, pero acá el Diablo es estítico".
  •  La "Moneda de la Libertad": Corresponde a la moneda de $10 emitida en la última década del régimen militar y que celebraba el 11 de septiembre de 1973 en su cara  como un día de "Libertad", según decía la misma moneda. Tenía acuñada la figura del Ángel de la Libertad alegorizando la ruptura de las cadenas. Esta moneda no ha vuelto a ser producida desde el retorno de la democracia, pero se ha convertido en una pieza de cierto interés como amuleto que "garantiza la libertad" de quien la posea, especialmente en el mundo delincuencial y carcelario. Hablaremos más extendidamente de esta creencia en la próxima parte de estos artículos.
LEYENDAS RELACIONADAS CON DINERO
LAS MONEDAS DEL JUDÍO ERRANTE
Las monedas del Judío Errante: Si algún día aparece en un mercado un señor anciano y vestido en forma andrajosa, que siempre compra productos y mercaderías en pequeñas proporciones con monedas de 2 reales o 25 centavos (o equivalentes), se podía estar en presencia del legendario Judío Errante, antigua leyenda europea que fue traída a América por los cristianos. Se supone que el personaje fue un judío que se burló o humilló a Jesús durante su camino al calvario, quedando condenado al eterno vagar por el mundo, sin poder morir ni detenerse. Parte del castigo es también portar monedas de baja denominación y tener que arreglárselas con ellas para sus necesidades, aludiendo quizás a la caricatura del judío avaro y tacaño, que se reprime al extremo en gastos de dinero. Esta leyenda ha ido desapareciendo, pero la imagen del Judío Errante permanece como un personaje de antología, tanto para representar los discursos anatematizando al pueblo judío como para alegorizar el largo peregrinar y su perseverancia buscando refundar Israel.
  • El pacto del dinero que jamás se acaba: En los campos, entre huasos, temporeros y peones, antaño eran famosas las historias de patrones que hacían supuestos pactos vendiéndole el alma al Diablo para que nunca les faltase el dinero en vida, ese que parecía sobrarles todo el tiempo, volviéndose inagotable. Como algunos estancieros y dueños de fundos tenían la costumbre de andar repartiendo monedas o billetes entre niños y menesterosos, sacándolos de sus propios bolsillos y dando la impresión de que no podía acabárseles nunca, los pobladores más sencillos y ajenos a la riqueza se explicaban semejante escena sólo por influencia de intervenciones infernales, que justificarían también la riqueza y holgura de sus adinerados patrones. Estas leyendas aseguraban que el pacto satánico garantizaba a los sujetos que jamás se les acabase el dinero de los bolsillos de sus pantalones o carteras, que mágicamente volvía a aparecer cada vez que retiraba una moneda o billete.
  • Leyendas de monedas enterradas: Se ha especulado de tesoros piratas, jesuitas o coloniales compuestos por miles monedas de oro en muchas partes del país, como Quintero, Archipiélago de Juan Fernández, Isla de Pascua, Isla Imeldeb de Chiloé, Villarrica, Carelmapu, Quipué, las cavernas de Lonquén, Cajón del Maipo, Laguna de Aculeo, Ocoa, Morro de Arica, Hacienda La Marquesa, Caldera, Papudo, etc. Muchos enterramientos se consideran protegidos por hechizos o maleficios, sucediendo cosas extrañas alrededor de los mismos, como ruidos de cadena o alaridos de dolor. Una creencia decía que si se ve una luz flotando en la noche (como una luciérnaga), debe ser seguida discretamente pues, en donde se pose en tierra, hay un enterramiento de monedas valiosas. En Azapa escuchamos la versión de que monstruos y seres terroríficos acosarán a quien intente desenterrar el tesoro durante toda la operación, pero si se los logra ignorar con sangre fría y no ponerles atención, se podrá llegar a las monedas. Recopilaciones de testimonios hechos desde el Norte Chico por Plath, agregan que deben llevarse ceras benditas y rezar el credo al revés,  tras lo cual la vela saltará convulsionante hasta el lugar donde está el entierro esperando ser descubierto. En Chiloé y otras zonas del Sur, deben buscarse y cavarse en la Noche de San Juan.
  • Dinero de los brujos: En Salamanca saben que no es bueno recibir dinero de los brujos, menos si es por pago a acciones reprochables o moralmente conflictivas, que ellos suelen solicitar reiteradamente a los gentiles. Siempre pagan con misteriosas monedas de oro parecidas a doblones pero, pasada la noche completa, todos quienes las han recibido descubren en la mañana siguiente que las mismas monedas se han convertido en latones, piedras, trozos de huesos y hasta bolitas de estiércol seco, no habiendo posibilidad humana de ir a reclamarles, dados los riesgos sobrenaturales que eso conlleva. Sólo los que están en los círculos de confianza de los brujos, zafan de ser estafados con su falso oro conseguido con sus oscuras prácticas de alquimia negra.
  • Las monedas de una cueva encantada: El Diablo usa monedas para atrapar almas de incautos. Si se entra a alguna cueva abandonada de localidades como Chiloé, Talagante, Salamanca o Elqui, y se encuentra un misterioso cántaro u olla con monedas de oro, no se debe tocar ninguna, porque el Príncipe de los Infiernos quien las ha dejado allí para robar el alma de quienes osen sacar una siquiera. En algunas leyendas, se cree que en la oscuridad del lugar ha colgado el contrato advirtiendo de este pacto, pero los ojos de los intrusos no alcanzan a distinguirlo entre las sombras. Es como una especie de versión opuesta a la leyenda internacional del gnomo cargando su ollita con oro, o la del tesoro de monedas al final del arco iris.
  • Cómo encuentran hechiceros y apostadores su serpiente "familiar": Los brujos sureños llamaban "familiares" a las serpientes que cuidan mágicamente a él y a su lugar de conjuros. La forma de encontrar una en la Provincia del Ñuble, era arrojando una moneda reyuna (peseta colonial) a un grupo de culebras, denominado llepo. Todas escaparán, menos una, que se queda haciéndole guardia a la moneda: ésa es la "familiar", que debe criar en secreto y llevar siempre entre sus ropas, sin que se note, permitiéndole ganar apuestas y proteger sus intereses.
  • Males para perder dinero: También en el ambiente popular de los campos o barrios pobres de las ciudades, se creyó alguna vez que existían hechizos para hacer que el dinero se perdiera a sus propietarios, especialmente realizados por esposas despechadas hacia sus maridos o exparejas, por venganza. Lo hemos oído en Papudo, Melipilla, Maipú y el Cajón del Maipo. La leyenda decía, pues que un conjuro concreto condenaría a un sujeto a vivir perdiendo su dinero, sin que este lograra quedarle nunca en los bolsillos ni las billeteras, durándole escasamente después de recibirlo y no alcanzándole jamás para sus cálculos financieros. Se le desvanece, para ser precisos. Quizás el origen de esta creencia está en la tendencia a malgastar o dilapidar dinero en móviles hedónicos o recreativos (a veces, bajo estado de ebriedad), presente en algunos sectores culturalmente más precarios y menesterosos de la sociedad. Plath comentó el caso de dos comadres de pueblo de Ñipas, en Ránquil: tras enemistarse, una de ellas -al parecer- le echó un "mal" a la otra, haciéndole perder siempre sus monedas donde quiera que las guardara, maldición que duró por cerca de un año.
El "gato chino de la suerte" sobre monedas, moviendo la mano.
Los centavos y pesos con el mal llamado diseño "Dávila", de un oleccionista de Azapa. La errada creencia dice que el segundo breve período de la República Socialista agregó el detalle de la hoz y el martillo en el diseño del sello, que en realidad estaba presente desde el siglo XIX.
MITOS URBANOS MODERNOS
  • La moneda de José Bonaparte: En los años 60, se hizo un anuncio que resultó de interés en el ambiente de los coleccionistas numismáticos. Era el supuesto hallazgo de una moneda de Chiloé que habría sido acuñada después de la proclamación de José Napoleón como Rey de España, en 1808 y hasta 1814. Sin embargo, expertos como el investigador ítalo-chileno Alberto Trivero Rivera, concluyen en que se trató de una falsificación destinada a embaucar coleccionistas, no obstante que su pretendida existencia siguió apareciendo mencionada en algunos sitios webs y reseñas de anticuarios, tomándosela como una auténtica moneda obsidional de Chiloé en sus últimos años de administración realista.
  • El mito del Peso Dávila: A partir de 1895 y por mucho tiempo más, las monedas acuñadas en Chile de 5, 10 y 20  centavos, junto a las de $1, comenzaron a llevan en el sello un símbolo de ramas de laureles y, donde se cruzaban ambos abajo, una hoz y un martillo en la misma disposición que los adoptaría años más tarde el Comunismo Internacional, como su más distintivo e histórico símbolo, por lo que nada tenía que ver aún con dicha ideología política. Esta asombrosa curiosidad ha estado a la vista por años, pero sólo ha sido observada con más detención y cuidado en nuestra época. Se ha especulado que se trataría de una alegorización del trabajo-progreso o bien de simbologías crípticas más relacionadas con logias. La moneda estaba en vigencia aún cuando tuvo lugar el golpe e instauración de la llamada República Socialista, en 1932. Sin embargo, una extendida creencia asegura que en la segunda etapa de aquel efímero gobierno de facto, cuando la Junta fue relevada por el Presidente provisional Carlos Dávila, se acuñó la nueva moneda haciéndole con el símbolo y de alguna manera, un guiño a la Revolución Rusa y engañando discretamente a los gobernantes posteriores que la mantuvieron en circulación. El hecho cierto es que el cambio del peso desde plata a cobre-níquel sucedió el año siguiente, cuando la República Socialista ya había expirado, y como vemos el diseño con la hoz y el martillo provenía desde fines del siglo XIX. El mal llamado peso Dávila, entonces, se convirtió en la leyenda de la "moneda comunista" que, en verdad, nunca tuvo algo que ver con ese concepto.
  • La moneda de platino de 1914: La moneda de $1 de 1914 es una de las más caras y buscadas en la numismática chilena. Recuerda Ernesto Latorre Allende que, cuando fue lanzada en pequeña cantidad ese año, muchos creyeron que se trataba de una pieza acuñado en platino por un error de la Casa de Moneda, pues era el metal más caro del mundo y su uso en ellas debió ser detenido ni bien se detectó la anómala situación. Incluso algunos reputados coleccionistas, anticuarios e intelectuales cayeron en el error, basándose en la poca cantidad de unidades emitidas. Sin embargo, la verdad es que la serie de 1914 de esta moneda, comenzó a ser emitida  recién en diciembre por la Casa de Moneda, por lo que no tardó su cuño en pasar a 1915 y dejar pocas de ellas con año anterior en ellas. A pesar de eso, de todos modos es una pieza valiosa por su escasez.
  • El oscuro origen de los billetes con scotch: Hasta hace unas décadas, era común encontrar billetes partidos por la mitad y pegados con una tira de cinta adhesiva o scotch. Aunque es muy probable que se partieran por accidente al tirarlos del bolsillo o por el propio desgaste del material, cierta leyenda decía que estos billetes resultaban del pago de favores o adquisiciones en el hampa y las mafias de los bajos fondos: se entregaba la mitad de los mismos en garantía, y después, concretado el encargo o compromiso, se pasaban las otras mitades completando el pago. Recuerdo haber visto un filme del Lejano Oeste, en donde un personaje hacía esto mismo en una casita de remolienda, al no poder tomar completo su "servicio" y salir a resolver una emergencia.
  • Las monedas y billetes mortales: Es internacional la creencia de que el dinero es un extraordinario portador de gérmenes e incluso de enfermedades contagiosas, por ir de mano en mano. Sin embargo, las precauciones que suelen tomarse en Chile con respecto a la manipulación de monedas y billetes debe estar entre las más escrupulosas y responsables, nos parece. Hay mucho de cierto en estos temores: estudios de la Universidad de Oxford en 2013, encontraron cerca de 26.000 bacterias potencialmente perjudiciales para la salud en los billetes. No obstante, el uso apropiado del jabón contrarresta prácticamente todos los peligros que pueden derivar de la manipulación de dinero, pues deben tratarse de la misma manera que acariciar una mascota o afirmarse de un pasador en lugares públicos. La higiene apropiada combate cualquiera de las posibilidades "mortales" que algunos exagerados o alarmistas que adjudican al dinero.
  • Monedas "satánicas": Las monedas chilenas en actual circulación, tendrían un contenido satánico, alusivo al Anticristo anunciado en el Apocalipsis. La denuncia hizo algunos ecos en redes sociales en años recientes, y observa que si se suman todos los valores de las monedas chilenas, es decir 1 + 5 + 10 + 50 + 100 + 500, el resultado es el temido número 666.
  • Teorías conspiracionales sobre los billetes actuales: La última emisión de billetes, ha despertado en algunos chilenos una paranoia basada en teorías de conspitaciones internacionales, donde salen al baile logias secretas, anunnakis y reptilianos, entre otros representantes de la mítica fauna posmodernista. Para los cinco billetes, por ejemplo, se ha estilizado un símbolo indígena atrás del retrato de cada personaje, pero con seis estrellas que muchos relacionan con la Estrella de David o alguna runa como Hagal, a la manera de criptosímbolos. También se cambió el antu (Sol mapuche) de ocho brazos, por uno de siete, presente en los billetes de $1.000, $2.000 y $5.000, lo que genera sospechas. El billete de $1.000, que ha sido polémico por el retrato de un Ignacio Carrera Pinto escasamente parecido al verdadero militar (abordaremos este tema en la sexta parte de estos artículos), en realidad representaría al abogado liberal Juan de Dios Arlegui, Primer Gran Maestro de la Logia Masónica de Chile en 1862, y los números 6 en sus solapas aludirían a la Bestia del Apocalipsis, no al 6º de Línea "Chacabuco" del que fue parte el héroe. El billete de $5.000 con Gabriela Mistral, en tanto, lleva atrás un paisaje de palmas chilenas (Parque Nacional La Campana) con una lechuza tucúquere, en la que algunos creen ver con suspicacia una representación del demonio Moloch o bien la figura del búho usado como símbolo por ciertas organizaciones relacionadas con la masonería, Illuminatis o la oligarquía internacionalista tipo Bohemian Club, presente también en billetes de los Estados Unidos. Por otro lado, la presencia de paisajes del Sur de Chile en los billetes de $1.000 (Parque Nacional Torres del Paine) y $10.000 (Parque Nacional Alberto de Agostini), revelaría intenciones internacionales nada sanas para con respecto a dichos territorios de la región magallánica.
En la Parte V de esta serie sobre folklore y numismática, me daré tiempo de comentar algo sobre el poco conocido interés que algunos tienen por la llamada Moneda del ángel de la Libertad, correspondiente a la que hacía apología del 11 de septiembre de 1973 y que, más allá de la política, hay quienes han convertido en un verdadero amuleto o trofeo.

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