lunes, 3 de abril de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE VII): PAREMIOLOGÍA Y HUMORISMO DE CONTENIDOS PECUNIARIOS

Revista "Condorito", de Pepo, año 1977.
Concluyo esta serie, entonces, con una selección más amena y menos densa pero igualmente relativa al tema del cruce entre folklore y numismática: frases populares y humorismo vinculado al concepto de las monedas, el billete y el dinero en general.
Dejo a disposición de los lectores cualquier espacio que quieran tomarse acá para hacer sus aportes y contribuciones al respecto, aumentando la recopilación de casos y ejemplos.
Revista "La Lira Chilena", 1898.
Revista "La Lira Chilena", 1900.
FRASES POPULARES RELACIONADAS AL DINERO
  • "No tener ni  cobre": Este dicho parece estar relacionado con antiguas monedas de cobre, principalmente las emisiones de 1, 2 y 2 1/2 centavos y más tarde de 20 y 50 centavos y de $1 , que circularon en Chile hacia mediados del siglo XX, siendo las de más bajo valor para sus respectivas épocas. La moneda del peso de cobre circuló entre 1942 y 1954, y llevaba en el sello un copihue y en la cara el perfil de don Bernardo O'Higgins. La de 20 centavos fue llamada también chaucha, como vimos en otra parte. Es equivalente a la más internacional locución "no tener ni un cinco". La expresión "no tener ni un cobre" ha estado presente en otros países del continente, cabe advertir, por lo que no podemos estar seguros de que su origen sea especialmente chileno.
  • "Tener lucas":  Vimos ya que lucas se refiere no sólo al billete o monto de $1.000, sino también a tener mucho dinero, en términos generales. Del mismo modo, a alguien "le llegan las lucas" con una paga, "le faltan lucas" cuando no alcanza, o "necesita lucas" cuando anda en penurias económicas. En estos usos, lucas es equivalente a dinero o recursos.
  • "Al contento": Pagar algo al contado, en efectivo y de inmediato. Mezcla la similitud fonética de la palabra con la sensación de alegría de recibirla al contado.
  • "Andar con puro picado": Se refiere a portar sólo monedas, principalmente de baja denominación y nada de billetes. Estas monedas son llamadas picado, pues resultan de la fragmentación de monedas o billetes mayores, generalmente recibidas por vuelto y estorban en bolsillos o monederos más que servir para algo. Es similar al concepto de molido, proveniente del coa.
  • "Andar pato": Modismo usado para decir que se anda totalmente indefenso en cuanto a dinero, cero peso, en quiebra. Está tan consolidado como  concepto en nuestra sociedad que el Banco Estado hasta ha elegido un pato como símbolo corporativo y mascota publicitaria. Muchos billetes en el pasado, tenían inscripciones hechas a bolígrafo con el mensaje: "Adiós billete ingrato, que te fuiste y me dejaste pato".  No hay en internet explicaciones satisfactorias para este aforismo, pero podría tener alguna relación con "pagar el pato", que tiene a su vez tres explicaciones: 1) Una supuesta corrupción española de la frase "pagar el pacto", relacionada con los problemas en que se veían involucrados eternamente los judíos con el resquemor de las autoridades monárquicas; 2) Que provendría de la necesidad de pagar, a falta de pavo, un pato para la cena de una boda o bautizo entre las clases más modestas, responsabilidad que se sorteaba o definía entre amigos y familiares de los festejados (en Chile existió esta expresión para referirse a lo mismo: "pagar el pato de la boda"); y 3) De una supuesta multa aplicada en tiempos coloniales para cargos poco graves, y cuya cantidad de dinero equivalía al valor de un pato. De esta última opción vendría el concepto de "pagar el pato" como tener que hacerse responsable o cargar con las consecuencias de algo que no le corresponde, cuyas culpas pertenecen a otro, similar a tener que "pagar los platos rotos". Como sea, "andar pato" sería alusivo a quien tuvo que "pagar el pato" y quedó desfinanciado por ello, según parece.
  • "Andar sin ni uno", "andar sin un veinte", "andar sin un cinco" o "andar pelado": equivalen a lo mismo que "andar pato".
  • "Más falso que un billete de $1.500": Se echa esta "talla" refiriéndola a algo que es evidente y descaradamente falso, a un timo o embaucamiento insolente. La comparación numérica es porque no existe ni ha existido jamás tal denominación en entre los billetes.
  • "Pagar con la misma moneda": Es devolverle a alguien un daño causado por su maledicencia o falta de principios; pagarle con sus mismos actos o perjuicios. Por ejemplo: castigar una infidelidad amorosa con el mismo mal acto.
  • "Su propina es mi sueldo": Esto lo escribió alguna vez en su tarrito-alcancía algún encargado del aseo y acceso a los baños públicos, o de algún restaurante o centro comercial, creando una costumbre que se ha expandido y permanece vigente en todo el país. No sabemos dónde se originó, pero los primeros monederos que vimos con este mensaje estaban en la costa de la Zona Central. Las generosas y célebres propinas del empresario minero Leonardo Farkas podrían dar origen a un nuevo concepto o alcance para el mismo mensaje: "Su (pura) propina es (como) mi sueldo".
  • "Contante y sonante": Expresión posiblemente española traída con el castellano a este lado del mundo. Se refiere al dinero fresco, en efectivo y corriente, aludiendo al tiempo en que se pagaba con monedas que se podían contar y que sonaban. Una deformación de la frase la ha convertido a veces en la locución imprecisa "constante y sonante".
  • Otras frases populares relacionadas con dinero: "Tener monedas" es tener solvencia económica. La "monedita de cambio" habla de algo o alguien en apariencia positivo, pero es más bien una carnada o bien obra como excusa para intenciones negativas. "Soltar el billete", conjugado como orden, exige a alguien poner dinero para alguna causa, o desprenderse del que lleva en caso de asalto. "Rajarse" es hacerse cargo generosamente de un gasto. "Sacarse el cocodrilo del bolsillo" o "soltar el cocodrilo", es usado para instar a los avaros a aportar dinero (como si un reptil de aquellos les cuidara las monedas en los bolsillos). "Hacer algo con el vuelto del pan" se refiere a lograr un objetivo o proyecto importante con muy poco presupuesto, equivalente a lo poco que queda de vuelta al ir a comprar pan. "Por platita baila el mono", exhorta a pagar un servicio, labor o acción que alguien espera sea gratis. "Estirar la plata" es el acto de hacer cundir un presupuesto bajo, con inteligencia y buenas elecciones. "Bolsear" se relaciona con disfrutar algo a expensas de otro, pero originalmente era el acto de robar desde el bolso o equipaje de otro. Su sinónimo "pechar" proviene del tributo que debía pagarse al rey o los señores por bienes, tierras o haciendas. "Al tonto no le dura la plata", se explica por sí solo.
Revista "Zig-Zag", 1905.
Revista de sátira política "Topaze", 1931, burlándose de las medidas de control cambiario con una moneda de $10 que podría "volverse chaucha" (la clásica moneda de 20 centavos). Ilustración de Jorge Délano, que firma como Coke.
Revista "Topaze", 1937. Página editorial con jocosos "Consejos para hacerse rico". El dibujo del Profesor Topaze sosteniendo el cuerno de la abundancia, es del maestro René Ríos Boettiger, que ya entonces firmaba como Pepo.
DINERO EN EL HUMOR COTIDIANO
  • El "porcentaje" de los billetes rotos: Cuando en el pasado le faltaban trocitos a los billetes antiguos de papel, cosa bastante frecuente especialmente en las esquinas de la pieza, se decía calculando "al ojo", y a modo de broma, que al billete le faltaban $10, $50 o $100. Algunos pillos abusando de la inocencia de otros, exigían este fragmento a cambio, ante el riesgo de que el billete "no fuese aceptado" ni por el banco, ni por el comercio.
    BROMAS PESADAS CON DINERO
    - La moneda pegada al piso: Broma bastante frecuente entre comerciantes de barrios como Meiggs, Franklin, Matucana o Mapocho y algunos mercados fuera de Santiago. Toman una moneda de alta denominación ($500, por lo general) y le aplican algún pegamento ultrafuerte o resina industrial, por una de las caras, pegándola sobre el pavimento, una banca o un paradero de micro cercano a sus negocios. El ingenuo que cree haber "anotado" al descubrir la solitaria moneda mientras los bromistas miran de reojo, suele arrojarse sobre ella para tratar de aferrarla a sus dedos, quedando en ridículo al confirmar que es imposible levantarla o despegarla sin herramientas, ante la risa de los complotados.
    - La broma de la billetera: Es de antiguo y conocida la broma de la billetera arrojada a la calle con lo que parecen ser billetes, pero atada a una cuerda que los chiquillos maldadosos recogían velozmente cuando un feliz transeúnte creía haber tenido un golpe de suerte al verla a sus pies e intentar recogerla. Vimos esta malvada broma practicada desde algunos barrios de Gran Avenida hasta cuadras comerciales en Las Condes, siendo gracioso sólo para los que la urdían, no tanto así para los que caían en ella. Algunos hacen la misma broma con un billete, pero es más práctico (y menos riesgoso) con la billetera completa.
    - "Poto de alcancía": Broma de niños en edad escolar. Cuando alguien de su grupo lleva el pantalón caído y se le asoma la raya trasera ("El hachazo de Dios"), le arrojan sigilosamente una moneda pequeña y fría por el hueco, provocando su reacción y las risas del resto.
    - La pequeña propina que parece buena: Esta broma ya pertenece a la época de los trolleos difundido por internet, y se la usa para desalentar a mozos y barmen que atiendan deficientemente en locales populares, en donde se paga la cuenta con esas carpetitas forradas de cuero o bien fabricadas de plástico. Consiste en doblar un billete de menor denominación posible ($1.000, en nuestro caso), pero de forma tal que sus cuatro puntas semejen cuatro billetes distintos asomados por arriba del portacuenta, como un pequeño abanico. Cuando el camarero la abre luego de retirarse (o arrancar) el cliente, descubre que su propina es 1/4 de lo que creía. Se supone que es un castigo del cliente por una mala o mediocre atención.
  • Dos billetes de $5.000 pueden verse obscenos: Cuando aparecían dos billetes de $5.000 con el retrato de Gabriela Mistral pero en el modelo antiguo (creado en 1981, pero aún circulando a medias) en alguna "vaca", pozo reunido o algún vuelto, algunos creativos los tomaban y formaban con ellos una jocosa pero obscena escena sexual. Sucede que al reverso, estos billetes tenían la representación de la medalla del Nobel con imaginería del mundo clásico, donde se ve una musa de pie tocando la lira a un mancebo sentado que la contempla escribiendo. La musa desaparece al doblar por el centro el billete, por lo que si se colocaban dos de estos con este doblez y juntos, uno al lado del otro, el brazo del mancebo lucía como un falo penetrando a su gemelo, situado frente a él a la izquierda en el otro billete. Prefiero dejar que los creativos y curiosos logren aquella perturbadora imagen, por sus propios medios.
  • Hablar del generoso San Lucas: Se habla sarcásticamente de San Lucas como el santo de la plata, de las lucas (billetes de $1.000), aludiendo con ello al sentido de tener alguien que "te salva" con préstamos o desprendimientos en momentos de apremio, o bien que ofrece trabajo pagado en instantes precisos de urgencia. No es el evangelista propiamente tal, sino una especie de advocación imaginaria, festiva, por lo que a veces se le llama a los jefes o empleadores que son buenos pagadores o cumplidores con días de paga como San Lucas.
  • Moneda y coctelería: Existía cierta costumbre ya poco conocida en algunos boliches y cantinas. Cuando un borrachín en un bar dice al barman "sírvamelo de 2 lucas", se refiere que que el trago que le preparan (pisco sour, piscola, ron cola, pichuncho, jote, etc.), se interpreta que pide menos licor o "fuerte" en él. Por el contrario, si solicita que se lo sirvan "de 5 lucas" o más, el barman interpretará que lo pide más potente. En todos los casos, el valor real del trago es el mismo.
  • Parafraseos divertidos con sentidos opuestos al dicho "El dinero no hace la felicidad": Se usa en forma sarcástica o como sorna realista eso de que el "El dinero no hace la felicidad, pero la financia", o bien "El dinero no hace la felicidad, pero hace una muy buena imitación". También está "El dinero no hace la felicidad, pero acaba con la tristeza" y "El dinero no hace la felicidad, pero puede comprarla". Los más radicales y materialistas llegan a "El dinero no hace la felicidad... ES la felicidad" y "El dinero no hace la felicidad, pero prefiero el dinero".
Revista "Condorito" de Pepo, año 1978.
"Condorito", año 1977.
"Condorito", año 1984.
"Condorito", año 1994.
EN CHISTES "BLANCOS"
  • Un antiguo chiste escolar relacionado con la locomoción colectiva chilena, decía que un tipo sube a un microbus en un paradero y le pregunta al chofer: "¿Cuánto vale la micro?". El estresado conductor le responde sin mirar: "Vale $300". Entonces el usuario sube, le entrega el monto y se para en el pasillo gritándole a los demás pasajeros: "Señores, ¡bájense todos, por favor, porque acabo de comprar la micro!".
  • Un tipo está en una estación de trenes cuando ve que un sujeto sentado sobre unas maletas, hablaba por teléfono con su familia anunciándoles su llegada, pero a través de su reloj, poniéndolo sobre su cara y discando los números sobre la pantallita. Lo observó durante varios minutos hasta que se despidió y colgó, volviendo a bajar la mano. Se acercó curioso y le preguntó por el artículo. El dueño se lo mostró, le enseñó como funcionaba su reloj telefónico, y luego de un rato conversado del asunto le ofreció vendérselo en $100.000. "¡Una ganga! ¡Esto sí que está barato!", exclamó el curioso y le pagó por el artefacto. Él se lo entregó, cerraron la feliz transacción con un apretón de manos. El nuevo dueño se colocaba el reloj telefónico mientras que el expropietario se retiraba pero dejando las maletas en el suelo, a sus pies, por lo que su comprador le gritó a sus espaldas: "¡Señor! ¡se le quedaron las maletas!". Y él voltea respondiendo, sin dejar de caminar: "No, si esas son las pilas del reloj!".
  • El humorista Hermógenes Conache popularizó en los 80 un chiste sobre un padre tan avaro que, cuando su hijo iba a pedirle $500, le respondía: "¡400 dijiste! ¿Y para qué quieres 300? ¿No te bastaría con 200? Bueno, ya, toma los 100 que me pediste, tráeme cigarrillos, fósforos y que quedas con el vuelto".
  • Por la misma época, los humoristas Jorge Franco y Eduardo Thompson hacían una rutina en programas de TV en la que el primero se presentaba en la consulta de un psiquiatra representado por su colega, diciéndole que sufría de fobias y temores incontrolables a cosas inverosímiles. El facultativo le exigió ir mencionando uno por uno sus miedos, y cada vez que los nombraba, le tomaba la cabeza firmemente, le pedía confiar en las capacidades de su mente ordenándole a continuación: "Ahora repita conmigo: No tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo". Volvieron a hacer varias veces el ejercicio y en todas las ocasiones el paciente vociferó: "No tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo". Cuando se sentía curado y debía marcharse ya, el psiquiatra le pidió pagar la consulta exclamado: "¡Ya amigo!, son 20 lucas", a lo que el paciente le toma la cabeza de la misma forma que lo había estado haciendo él y le dice: "Ya, ahora repita conmigo: No tengo plata, no tengo plata, no tengo plata", antes de escapar por la puerta.
  • Este chiste de Coco Legrand era considerado "picante" en su época, pero hoy pasaría por humor blanco. Dice que un tipo estaba muy entusiasmado con una chica con la que cenaba en un restaurante y que ella le había dado ya señales de atracción. Llevaba para la velada dos billetes de $5.000 que, en la época, alcanzaban para pagar la comida y la noche romántica que esperaba tener con ella. De pronto, ya terminando sus platos y decidido a llevarla a un motel, siente de súbito sensaciones intestinales que lo obligarán a ir al baño. Le pide a ella que lo espere, pues regresará de inmediato, y así la deja sola en la mesa para ir al servicio higiénico. Una vez allá en el baño de hombres, sentado en el excusado y después de hacer explosivamente lo suyo, al momento de tener que limpiarse el trasero descubre con espanto que no hay papel higiénico a mano. Desesperado, mira todo el cubículo sin hallar nada, y luego empieza a revisarse los bolsillos, pero nada útil encuentra, cayendo en la angustia. Pasan un par de minutos que se toma pensando en cómo salir de este entuerto, cuando siente que alguien camina por afuera de su cubículo en el mismo baño, entrando al del lado suyo. Intentando mantener la voz fría y conteniendo los nervios, comienza a llamar a aquella persona: "Señor, señor... Disculpe, pero, ¿habrá papel 'confort' en el lado suyo?". El tipo, que parecía estar orinando, le dice: "Eeeemmm... No, no veo. No hay nada acá". Pensando en alguna alternativa, le insiste: "Discúlpeme otra vez, pero, ¿y no andará trayendo papel Ud., de casualidad?". Él responde parco: "No, yo no tengo papel". "¿Está seguro?", pregunta el temeroso; "Sí, seguro", responde él, ajeno a sus problemas. Tras un silencio, siempre pensando en cómo zafar de la situación y regresar con la chica que aún lo esperaba en la mesa, escucha que el misterioso sujeto ahora se empieza a lavar las manos afuera, y vuelve a intentarlo: "Pero señor, ¿no habrá papel en otro de los wáteres de este baño?". El tipo, con suma indiferencia, responde ahora: "No, no hay. Si ya miré bien". Sin poder soportar más la angustia, entonces, comienza a buscar en sus bolsillos ya no papel higiénico, sino cualquier cosa que pudiese servirle para limpiarse, pero tras revolverlos todos sólo encontró los mismos billetes de $5.000 que había traído para pagar esta noche, entre las tarjetas de su billetera. Entonces, apresurándose antes de que el otro tipo saliera de la sala del baño, le grita por encima de la puerta del cubículo mostrándoselos al borde del llanto: "¡Oiga, señor! ¿Y de casualidad no tiene algunos billetes de $1.000 que me cambie por estos?".
  • Un mendigo parado afuera de una estación de metro pedía dinero en las mañanas. Un sujeto que lo veía todos los días de camino a su trabajo le daba una buena limosna, de $500, que el menesteroso agradecía con mucha reverencia. Un día de esos, sin embargo, le pasó sólo $100 en las manos, y el mendigo se quedó mirándolos extrañado. "Discúlpame -le dijo-, es que hoy me compré cigarrillos". Y el mendigo enfurecido le respondió: "¿Y quién te crees para andar comprándolos con mi plata?".
  • Ricardo Meruane, antes de sus bajones en el Festival de Viña, tenía en sus presentaciones un chiste hoy menos novedoso pero divertido en su época. Decía que un tipo entraba siempre a un restaurante y le preguntaba al mozo cuánto valía un café. El garzón respondía que el costo era de $550. El extraño, sin embargo, sacaba la cantidad exacta de su bolsillo en monedas de $10 y $50, y la arrojaba humillantemente al suelo diciéndole a continuación al empleado: "Tráeme uno", obligándole así a recoger todas las monedas desde el piso. Repitió la afrentosa petición de café varios días, y el mozo -fiel al principio de que el cliente siempre tiene la razón- aguantó callado al desagradable cliente, recogiendo las monedas todas las veces. Un día, sin embargo, el sujeto llegó al restaurante a pedir su café, pero en lugar de arrojarle las monedas justo en la cantidad de $550, le tiró al suelo un billete de mil pesos. El mozo lo llevó a la caja, esperó que el tipo se tomara su café y volvió con los $450 pesos de vuelto en monedas de $10 y $50. Decidido a vengar todas las humillaciones, se las arrojó a sus pies mirándolo con desdén y una sonrisa fría: "Su vuelto, señor", le dijo. El tipo desencajado miró las monedas dispersas en el piso, esperó en silencio, pero en lugar de recogerlos, de un momento a otro sacó $100 del bolsillo, los tiró también al piso y le gritó al mozo: "¡Tráeme otro!".
  • "Los Indolatinos" contaban en sus rutinas el chiste de un tipo con dos grandes maletas que hace parar un taxi. El chofer baja la ventanilla y el sujeto le pregunta: "¿Cuándo me cobraría por llevarme desde aquí al aeropuerto?". El taxista responde: "$25.000, señor". Sin embargo, el cliente agradece y no sube. El taxista continúa manejando y ve con sorpresa, después de varias cuadras y minutos, que el mismo tipo viene exhausto corriendo detrás del auto con las maletas, alcanzándolo en una luz roja. Vuelve a abrirle la ventanilla y el sujeto le pregunta, jadeando esta vez: "¿Y desde aquí cuánto me cobraría por llevarle al aeropuerto?". El chofer responde: "$35.000, señor". "¡Pero cómo! -responde el cliente- ¿Me va a cobrar más si me vine corriendo ahorrándole toda esta distancia detrás del taxi?". Y el taxista responde: "¡Sí pues, jetón, si el aeropuerto queda para el otro lado!".
  • "En el año 2010, el mejor pagado de los artistas del Festival de Viña del Mar fue Rafael: además de lo que recibió por su show, el rantoncito de los dientes le dejó dinero extra" (Bombo Fica, haciendo mofa de la ocasión en que Rafael perdió un diente en plena presentación en vivo en Viña).
"Condorito", año 1998.
"Condorito", año 1999.
"Condorito", año 1999.
EN CHISTES PICANTES
  • En las rutinas de la época más bohemia y colorida del comediante Daniel Vilches y su compañía de Los Académicos de la Lengua, un chiste sketch bastante subido de todo para la época decía que dos chiquillas amigas de la noche, actuadas por los propios humoristas, se encontraban en la calle y comenzaban a contar sus últimas correrías en el oficio. Una de ellas decía que un tipo muy elegante y adinerado la contrató, le hizo el amor toda la noche y le entregó después "este billete" de la más alta cifra. La otra chiquilla mira el billete y le dice: "Oye huevona, ¡pero si este billete es falso!", y la engañada exclama horrorizada: "¡Chucha! ¡Entonces me violaron!".
    Humor en revista "La Lira Chilena", de 1906.
    ANEXO: ALGUNOS CHISTES SOBRE POBREZA
    - "Había un pueblito tan pobre, tan pobre, que no tenía casas de putas: tenía sólo casas de paja" (del humorista y comediante Ernesto Belloni, en su alter ego Che Copete).
    - "Cuando niños éramos tan pobres en mi familia, que no teníamos ni hambre" (de Hermógenes Conache).
    - Un club de barrio era tan pobre que, para su fonda de Fiestas Patrias, ofrecía una variedad de empandas llamadas "Lucho Barrios": era de pura cebolla (dúo "Los Indolatinos").
    - "Estoy tan mal económicamente, que tuve que sacar crédito en la ropa americana, fíjate... Y estoy endeudado en 12 letras en un blue jeans. No le he pagado ni los parches" (dúo "Los Indolatinos").
    - Una familia era tan pobre, tan pobre, que cuando el niño avisaba a su mamá que venía el camión de la basura, ella le respondía: "Dile que dejen dos tarros" (Grupo humorístico "Les Roteques").
    - "Cómo estaremos de mal en Chile, que el único santo hombre que tenemos es de apellido Hurtado" (Álvaro Salas).
    - Un sujeto se encuentra con su amigo en la calle y le pregunta cómo le ha ido. Él responde al borde de las lágrimas: "Pésimo amigo, pésimo me ha ido. Estoy sin trabajo, endeudado, perdimos la casa y el auto, ya no tengo ingresos, quedamos en la calle y debo decirte con vergüenza que mi familia y yo nos hemos estado alimentando con pasto, comiendo el pasto de los jardines de los vecinos sin que nos vean". El amigo, asombrado, lo consuela y le pide tranquilizarse: "Pero compadre, por favor, cálmese. ¿Para qué están los amigos? Yo no permitiré que estés pasando por esta situación... Anda a buscar de inmediato a tu familia y te vienes a mi casa, ahora, ya... ¡Tengo así de grande el pasto!" (del humorista Álvaro Salas).
    - "En mi familia éramos tan pobres que cuando le dije a mi mamá '¡Quiero caca!', ella respondió '¡Ya que dije que no hay!'" (Grupo humorístico "Les Roteques").
  • La misma compañía de Vilches hizo célebre un chiste de una mujer que debía dejar a su marido para viajar al Sur en busca de mejores oportunidades económicas, ante las necesidades de juntar dinero para la casa. Un día, el marido recibió una carta de ella, donde sólo se leía: "PP, PP, PP" y un código. Tras mucho consultar, se enteró de que el mensaje secreto era: "Poca Plata, Peligra Poto, Posible Puta". Pasaron los días y la esposa recibió una carta respuesta de su marido, en la que sólo se leía "CC, CC, CC". Tras hacer sus propias consultas, logró descifrar que significaba: "Cobra Caro, Cuida Culo, Cariños Carlos".
  • Un sujeto es contratado para atender un kiosco de refrescos junto a una playa nudista. Estaba en sus primeras horas de trabajo cuando se acercan dos despampanantes y voluptuosas mujeres jóvenes, totalmente desnudas, y se sientan en una de las mesitas con sombrilla alrededor del kiosco. Llaman al empleado y una de ellas le dice: "Señor, tráiganos una cerveza a cada una, muy fría por favor". Pero el sujeto, en lugar de traerle el pedido, se quedó mirándolas intrigado, sin sacarle los ojos de encima. Las mujeres se molestaron y la otra le reclamó: "¿Qué le pasa que no me la trae? ¿Acaso nunca antes había visto alguna mujer desnuda?". Y él responde: "No es eso, damas... Es que me pregunto de dónde chucha sacarán el dinero para pagarme".
  • Un sujeto quiere celebrar románticamente su aniversario de relación con una chica, y parte a la farmacia a comprar preservativos. Curiosamente, los condones individuales se vendían a distintos precios de acuerdo a los colores: el negro a $300, el rojo a $250, el amarillo a $200 y el verde a $150. Como estaba mal de dinero, juntó toda las monedas de $10 y $50 que encontró en sus bolsillos y logró reunir los $200 para un condón amarillo, así que partió feliz a la casa de su novia a celebrar fogosamente. Sin embargo, luego de varias horas con ella, descubrió con asombro que el preservativo había desaparecido de su miembro, y no estaba en ninguna parte por más que intentó encontrarlo. Para peor, a las pocas semanas su novia lo llamó muy afligida, diciéndole que estaba embarazada a causa de aquella misma noche. Decidieron vivir juntos e iniciar una convivencia pero, cómo sería su nueva sorpresa nueve meses después, cuando nació su hijo y notó que era de un intenso color... ¡Amarillo! El chico creció, aprendió a hablar, llegó a la adolescencia y jamás perdió el extraño color. Un día confrontó a su padre preguntándole por qué era de ese color de piel y si tenían alguna culpa él y su mamá. El papá, enojado, le respondió a su retoño: "¿Y de que reclamas tanto, huevón! ¡Agradece que por $50 no saliste de color verde!".
  • Una señora de edad madura se sube a la micro de la antigua locomoción y, en lugar de pasarle una moneda al chofer, le pasa un pelo. El chofer se enoja y le dice: "Señora, ¡esto es un pelo, no una moneda!", y ella responde: "¡Ay, disculpe! ¡Es que me equivoqué de chorito!". Chiste clásico del dúo "Los Indolatinos".
  • El mismo ambiente de humorismo para adultos de aquellos años, corría un grosero chiste que aún aparece en algunas rutinas. El humorista y mago ilusionista Edo Caroe ha presentado una divertida pero políticamente muy incorrecta versión del mismo en TV. En la versión Vilches, decía más o menos como lo transcribiré acá... Un sujeto va a una ventanilla de un banco y le pasa un cheque a la cajera, diciéndole de manera muy prepotente: "Buen día. Cámbiame este cheque, mierda". La cajera se exalta y le pide explicaciones, pero él sólo repite: "Cámbiame este cheque, pues, huevona de mierda". Se arma una gran discusión con el cliente y así la cajera, entre lágrimas, parte hasta donde el gerente de área a suplicarle que intervenga. El encargado se acerca con la cajera hasta el cliente que seguía en el inicio de la fila y le encara exigiéndole explicaciones por su actitud. El sujeto prepotente responde, entonces: "Sólo pido que me cambien este cheque, porque yo soy cliente de este banco y tengo más de cien millones de dólares en la cuenta acá". El gerente abre los ojos al oír la cifra y le responde al cliente mirando a la cajera: "Ah!, entiendo... ¿Y que esperas que no se lo vas a cambiar, poh, chuche' tu madre?".
  • Este chiste lo contaba Willy Sabor en sus tiempos de animador de fiestas universitarias, cuando lo conocí en la Universidad Central: había tres japoneses que se encontraban en Chile turisteando y querían comprar preservativos para irse de fiesta con una mujeres que habían conocido. Como no sabían hablar español ni conocían el precio de los preservativos, pasaron a varias farmacias mostrando el lote de monedas y gesticulando, pero nadie entendía. Decidieron ponerse de acuerdo y así entraron alborotadamente a otra farmacia; se dirigieron al vendedor que estaba detrás del mostrador, pusieron el alto de monedas en el mismo mueble y, sin dejar de hablar confusamente en nipón, se bajaron los cierres de sus pantalones y extendieron sus tres miembros viriles sobre la cubierta, esperando que el empleado entendiese qué querían. El vendedor se acomodó los lentes en silencio, miró la situación sin pronunciar una sola palabra y, luego de unos segundos, se bajó también el cierre, puso su propio miembro sobre el mostrador y, tomando las monedas, exclamó: "¡La casa gana!".
Bien, concluyo acá este repaso de siete partes dedicadas a la fusión del folklore y la numismática en Chile, que espero haya sido ilustrativo o entretenido para los lectores de este blog. Aunque la investigación ya no es el eje de mis publicaciones acá, quizás a futuro aborde individualmente algunos de los temas que fueron tratados de manera más general y menos abundada durante esta serie.

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