miércoles, 29 de marzo de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE IV): MITOS, CREENCIAS POPULARES Y SUPERSTICIONES

Gnomo con monedas de oro, mordiendo una (¿verificando que sea auténtica?). Las tradiciones de duendes y gnomos siempre han estado relacionadas con dinero y monedas, de alguna forma, tanto para proporcionarlo como para quitarlo. Se supone que lo cuidan (algunos portan un cántaro con monedas de oro, especialmente los de tradición británica) y a veces lo entregan a quien lo merezca. Otras veces, los roban furtivamente. Fuente imagen: Rincondelashadas.com.ar.
Retomo acá la serie sobre folklore y numismática que inicié hace poco pero que dejé en pausa, por un par de entradas nuevas. Se recordará que partí con un artículo dedicado a los nombres populares que dan en Chile a monedas y billetes, seguido del caso de la moneda llamada chaucha y luego las denominaciones o apodos que han recibido piezas monetarias del país en el pasado.
Siguiendo mi trazado de temas a exponer, entonces, ahora traspaso hasta acá una buena cantidad de apuntes que tengo reunidos con relación a monedas y billetes chilenos: tradiciones y costumbres populares, juegos típicos y entretenciones costumbristas, creencias sobrenaturales y supersticiones, leyendas criollas en las que tiene alguna importancia el dinero y, finalmente, una revisión fugaz a las leyendas urbanas y mitos conspiranoicos contemporáneos involucrando cuños y papel moneda.
Espero que este texto resulte al lector tan entretenido como resultó a mí, en su momento, recopilar y reunir las notas e información que le dan contenido.
Fray Andresito, de le Recoleta de San Francisco, y su tarro limosnero.
TRADICIONES Y COSTUMBRES POPULARES
  • Pedir monedas sacudiendo un tarrito o alcancía: Esta forma es usada desde mendigos hasta bomberos cuando colectan aportes de los transeúntes, pero se remonta al parecer a las limosnas que ciertas órdenes religiosas salían a buscar como colaboraciones para la Iglesia y para las obras sociales de las recolecciones, por ejemplo. El encargado de recibirlas iba por las calles anunciándose con el mismo tarro de monedas, que hacía sonar como un cascabel o una sonaja, quizás alertando también a los vecinos para su propia protección ante la posibilidad de ser asaltado. Artistas y músicos callejeros reemplazaron el tarrito por un gorro, un cantarito o una taza, y los organilleros vestían de conserje un mono entrenado para que portara este artículo y captara las monedas.
  • Monedas y ritos fúnebres: En los funerales de niños, conocidos como "velorios del angelito", si el niño tenía una corona de monedas, significaba que los padres podían pagar los gastos de las exequias; si no las tenía, los asistentes debían hacer contribuciones para ayudar a pagarlos, a los pies del niño fallecido. En Chiloé se colocaban monedas dentro del cajón de un muerto, para que con ella "pagara" sus pecados en el viaje hacia el Más Allá. También se ponía una varilla para defenderse de los espíritus malvados y un pañuelo para secar las lágrimas de la partida. Una tradición proveniente del mundo antiguo era colocar monedas en los ojos del fallecido, hoy escasamente utilizada por algunas comunidades gitanas, por ejemplo.
  • La tradición del "Padrino cacho": Desde antaño procedía una vieja tradición de bautizos, ya en extinción. El que había sido elegido padrino del pequeño, debía arrojar monedas o repartir a los presentes y especialmente a los niños (acto a veces llamado óleo), quienes le gritaban a coro "¡padrinito cacho, padrinito cacho!" o bien "¡padrino cacho, padrino cacho, orejas de macho!", exhortándolo a este desprendimiento, al terminar la ceremonia. Cacho era un sinónimo de avaro, tacaño. Para cumplir con el protocolo, los padrinos llevaban en sus bolsillos los llamados cuartillos, correspondientes a "monedas de plata o chucherías", según José Toribio Medina. El autor dice también que se las llamaba de esta forma "por haber sido en su origen las monedas que se acostumbraba obsequiar" (cuartillo: 1/4 de real). Esta costumbre se origina en una creencia de que arrojar monedas al aire (a la chuña) aseguraba un futuro buen pasar económico al ahijado, como veremos más abajo.
  • Las monedas encintadas: También se practicaba en los bautizos, pero se extinguió hace tiempo ya. Según Oreste Plath en "Folklore religioso chileno": "En medio de la fiesta, se hace el reparto de los encintados, que reemplazan a las cintas impresas y estos consisten en una moneda pequeña, perforada o dijes o chiches, a los cuales se les pasa una cinta blanca y se les ata a manera de una rosita pequeña. Estos encintados van en un plato con una cama de ramitas y la comadre los va colocando en las solapas de los hombres y en el pecho de las mujeres, como un recuerdo del bautizo".
  • Arrojar monedas como insulto: Se ha convertido en un acto de agravio el arrojarle monedas a alguien en plena locución, presentación o simplemente al paso, especialmente cuando se trata de humillar a personas poderosas que hayan aparecido implicadas en situaciones de corrupción política o falta de honestidad, haciéndolos ver como seres miserables, de bajeza indigna. Arrojar monedas a un político, empresario, dirigente o cualquier representante de las élites, parece ser uno de los actos más vejatorios a la honra y el orgullo de los mismos. Aquí en Chile, desde aproximadamente el año 2002, se hizo célebre el manifestante  oriundo de Requinoa, don Bernardo Córdova Palma, conocido como el Hombre del Cartel, "funando" y tirando puñados de monedas a hombres públicos implicados en casos de corrupción o delitos, sin distinción de colores políticos.
  • Morder monedas: Es una costumbre muy internacional aunque ya casi extinta, sobreviviendo sólo en piezas del cine clásico. Provendría de países eurpeos, cuando se mordían monedas para verificar que fuesen de oro y no falsificadas en otro material con alguna cubierta dorada. No sabemos si alguna vez se practicó en Chile con este objetivo, pero sí fue conocida gracias al cine y antiguas animaciones infantiles, por lo que se hacía a modo de "gracia" en alguna época.
  • Frotar el relieve de los billetes: La costumbre de algunos cajeros y comerciantes de frotar de manera casi automática con la yema de los dedos una parte específica de cada billete que reciben como pago, especialmente los de mayor denominación, se debe a que los auténticos presentan una particular y característica textura como de rejilla en este punto. El lugar específico suele ser alrededor del hombro del personaje retratado, su rostro y el lugar del número, debido a las rugosidades del papel algodón impreso en procedimientos de huecograbado.
Niños recogiendo la plata lanzanda "a la chuña", en postal de la Casa de Carlos Brandt de Concepción (serie "Costumbres Chilenas"). Nuestro amigo e infatigable buscador Pedro Encina, del Flickr Santiago Nostálgico, señala que se trata de las monedas que lanzaba "a la chuña" en los bautizos el "Padrino cacho" (ver aquí). Se distingue el edificio del antiguo Mercado de Concepción, calle Maipú.
JUEGOS Y ENTRETENCIONES
  • "Cara o cruz" / "Cara o Sello": Fue el juego que hoy conocemos acá como el Cara o Sello. La cara de una moneda es el cuño del reverso, generalmente un rostro ilustre (de ahí el nombre), un retrato, un animal heráldico o un símbolo; el sello, en tanto, que en ciertas monedas coloniales correspondía a una cruz, invariablemente es el que llevará la cifra y valor numérico. La moneda, su cara y sello, se toma por el símbolo de la dualidad de las cosas, de los dos opuestos de una medalla y representación del azar en un perfecto 50% contra 50% de posibilidades. Juegos criollos antiguos incluían arrojar al aire una o más monedas y si adivinaba cómo caerían gritando "cara" o "sello", se quedaba con ellas. Curiosamente, el procedimiento resuelve de manera formal muchas dificultades de la vida moderna, aún: desde el equipo de fútbol que inicia la jugada de un partido hasta la solución a los empates perfectos de ciertas elecciones populares. Ningún mecanismo de solución de dos alternativas ha superado, hasta ahora, al tiro al aire de una moneda.
  • "Sartén tizna'o" (tiznado): Era un juego de trabajadores del campo y sus hijos, propio de Fiestas Patrias. Conseguía en tratar de desprender una moneda firmemente pegada la base de un sartén viejo, ganando el primero que lo consiguiera. Solía ser parte de una serie de pruebas que formaban una competencia múltiple.
  • Monedas a la chuña: Sucedía en fiestas de pueblos o grandes celebraciones. Algún hacendado, patrón o tío "con plata" arrojaba al aire paquetes de monedas o puñados de las mismas, a la chuña, para que los niños presentes corrieran a atrapar y recoger todas las que pudiesen quedándose con ellas. Era similar a la práctica del "padrino cacho" pero en otro contexto, y equivalía a la actual piñata con caramelos de fiestas de cumpleaños. El nombre chuña podría ser una alteración fonética del mapudungún chaña, que significa caer.
  • El juego del Chupe o Chapitas: Mencionado también por Medina y Plath, consistía en revolver con las manos cerradas un puñado de monedas puestas por todos los jugadores presentes, arrojarlas al aire "y ser del que las tira las que resulten haber caído de cara". Chupe provendría del quechua chupa, que significa último. El pintor nacional Juan Harris Flores retrató, en una de sus obras, a unos chiquillos de barrio jugando chupe en uno de sus cuadros.
  • La moneda del plato con harina: Propio de los encuentros recreativos y de las competencias compuestas de varios desafíos, consiste en soplar, encontrar y sacar con la boca una moneda escondida en un turro de harina, en un plato, sin usar las manos. Imposible no acabar empolvado con el desafío. Ha llegado desde instancias más rurales hasta festivales escolares, concursos y celebraciones de boyscouts.
  • Palo ensebado con billetes: Es el mismo que se juega con frutas, porras de vino o bocadillos en su extremo superior, pero colgándole un billete de alta denominación como tentador premio. El palo suele ser un poste liso de hasta unos 6 metros, untado en grasa o aceite, haciendo todo un desafío técnico el llegar hasta su cúspide a cortar el premio sin resbalar en cada intento.
  • La rayuela con monedas o "de cuneta": Se jugaba en cuarteles militares y por criollos en las calles de pueblos y ciudades, en momentos de ocio, usando el trazado del pavimento o una línea a tiza como marcas del cajón y monedas a modo de tejos. Todavía existe en algunas localidades del país, especialmente en el campo. Generalmente, si había apuestas las propias monedas-tejos eran el premio.
CREENCIAS SOBRENATURALES Y SUPERSTICIOSAS
OTRAS SUPERSTICIONES POPULARES
- No contar dinero en un juego: Quien cuenta delante de sus contrincantes su dinero en una apuesta, juego o partida de naipes, comenzará a perderlo de inmediato a partir de ese momento. Por eso existía un refrán de apostadores que decía: "David contaba su gente / y les entraba la peste".
- Al encontrar dinero por primera vez: Quien encuentra en la calle monedas o billetes por primera vez en la vida, según una leyenda de la Zona Central debe regalarlo. Así garantizará que le vuelva a suceder siempre, porque si se lo queda, nunca más ocurrirá o tardará muchísimo en que le suceda de nuevo.
- Regalar monedas cuando se recibe un objeto cortante: En Coquimbo existía la creencia de que había que obsequiar una moneda a quien te regalase un objeto cortante, como arma blanca, tijera o cuchillo de cocina. Si no se cumple este protocolo, según Julio Vicuña Cifuentes, hay peligro de interrupción de las buenas relaciones entre ambos.
- Arrojar monedas en un bautizo: La tradición más arriba vista del "Padrinito cacho", procedía de otra anterior: el padrino debía tirar monedas "a la chuña" después que su ahijado recibía el nombre en la pila bautismal, para asegurarse así que nunca le faltase dinero en su vida al pequeño. Si no hacía este gesto, era considerado padrino cacho y así se lo vociferaba la multitud exigiéndole tirar monedas, como vimos. Por otro lado, si el padrino llevaba monedas en el bolsillo cuando bautizan al niño, deberá repetir el nombre de su ahijado cada vez que gaste una para que vuelva mágicamente a él, reapareciendo entre sus ropas.
- Estrellas fugaces y dinero: En el Sur de Chile existían la tradición de tomarse las manos entre dos personas, si eran testigos del paso de una estrella fugaz. Debían pensar instantáneamente un número en sus cabezas, que se convertiría en la cantidad de monedas de oro mágicamente aparecidas en su bolsillo o cartera, cuando terminara el fenómeno.
- Cómo eliminar verrugas: Se frotaba una moneda con la sangre de un enfermo, se envolvía en un trozo de tela sucia y se arrojaba a la calle. Quien la encontrara y la recogiera, contraería el mal y liberaría al paciente del mismo.
- Las monedas de Lo Vásquez: Los viajeros y caminantes temían al "chuncho" o mala suerte (accidentes, asaltos, etc.), pero podían contrarrestar este peligro o "matarlo" dejando monedas en la alcancía de la iglesia del Santuario de Lo Vásquez, de camino a Valparaíso.
  • Monedas de la suerte: Andar con dólares, centavos americanos, papel moneda extranjero, monedas o billetes antiguos se considera algo que atrae a la suerte. Una moneda chaucha clavada en el mesón o el mostrador de una tienda o de un almacén, funciona como talismán protector para su dueño, según observó Francisco Cavada en Chiloé. En cambio, A. de la Cuadra Silva reportó que llevar monedas de cobre en los bolsillos atraía desgracias, tal vez por tomársela como representación de pobreza. Hoy, también se pueden ver en el comercio pirámides de cristal o cuarzo, y "gatos de la suerte" introducidos por inmigrantes orientales (los que mueven la mano), depositados sobre un montón de monedas de distintas denominaciones, como amuletos.
  • Billetes de la suerte: Existía la costumbre de guardar un "primer billete" ganado en un negocio, como seguro de que seguirá siendo redituable. Algunos comerciantes lo atesoraban enmarcado. A nivel más doméstico, existía el amuleto casero de un elefante de loza al que se le metía un billete de $1.000 o bien un ejemplar antiguo, enrollado y atravesando por dentro una cavidad que hacía la trompa doblada de la miniatura. En las fiestas religiosas del Norte de Chile, se le prenden billetes en las ropas de las figuras de Santos Patrones (¿algo que ver con los Ekekos del mundo andino?), para asegurar que la ofrenda sea respondida con generosidad y fortuna por parte del venerado. Un billete doblado de cierta forma en la billetera también puede atraer suerte y más dinero, se cree.
  • Arrojar monedas de los deseos en fuentes y piletas: Incluso la fuente colonial del Palacio de la Moneda tiene algunas monedas en su interior, arrojadas pidiendo deseos, acto a veces ejecutado de espalda a la fuente y tirándola por encima del hombro (si cae adentro y con un sonoro "glup" de aguas, se cumplirá con toda seguridad el deseo). La creencia es antiquísima, desde cuando se pensaba en Europa que todas las aguas estancadas podían tener propiedades curativas, además de estar habitadas por pequeños seres mágicos, lanzándoseles piedras y después monedas que, según la cantidad de burbujas que provocaba, anunciaban qué tan buenos se venían los días venideros para quien las arrojaba. Esto dio origen al mito del Pozo de los Deseos, que llegó así a América. Hay historias populares y leyendas de pillos que inventaron la fama de milagrosa a viejas fuentes, pozos y pilas en pueblos apartados o en sus propias casas, para hacer que los ilusos les arrojaran dinero con peticiones de favores, que ellos recogían después durante las noches. En los Saltos del Río Petrohué, además, se hizo costumbre también arrojarlas al agua de los pozones, hasta donde comenzaron a llegar astutos chiquillos que conocimos para recogerlas, durante las tardes.
  • Pedirle dinero a la Luna: La Luna siempre ha sido objeto de rogativas para solicitar dinero. Un sencillo pero popular conjuro de la sociedad santiaguina de antaño decía: "Luna, Luna, dame fortuna / Mamita Luna, dame salud y fortuna / Lunita nueva, dame moneda". Dice Plath en su "Aproximación histórica-folklórica de los juegos en Chile", que las madres le enseñaban esta canción a los hijos cuando veían por primera vez la Luna nueva, mostrándole una moneda o un monedero. Los adultos la cantaban distinto: "Lunita nueva / tres cosas te pido: / salvación, dinero /y un buen marido". Una canción ganadora del Festival de la Canción de Viña del Mar de 1989, representante de Gabón, cambió la frase popular a "Lunita, Lunita, dame platita".
  • Monedas en animitas: Si se dejan monedas en algunas animitas de fallecidos trágicamente o en tumbas milagrosas, el alma devolverá el gesto con favores concedidos. Como ya no le sirven en el Más Allá pero agradece el simbólico desprendimiento, el finado procurará que quien le obsequia las monedas sea el que disfrute de la riqueza.
  • El pago simbólico de las santiguadoras: En los antiguos campos chilenos, existían santiguadoras, meicas o componedores de huesos que no aceptaban recibir pago de dinero por sus servicios, pues creían que si lucraban con sus poderes de sanación o de mejora espiritual, los perderían. Para eso recibían vituallas, mercaderías o bien una cantidad exigua de dinero, generalmente monedas de pocos valor, pues se creía también que si no era pagado el servicio de alguna forma, éste no surtiría efecto.
  • Dinero en la Noche de San Juan: Se cuenta que, entre los innumerables ritos de la Noche de San Juan, están varios que se realizan con monedas o billetes para atraer (¡era que no!) al esquivo dinero. Una de ellos consiste en meter un papel con deseos anotados y monedas dentro de una bolsita anudada, acompañada de laurel y cintas anudadas en moños, para que sean quemadas con la efigie de San Juan Bautista durante la noche o en un altar especial dedicado al rito. Si se arroja cera o plomo fundido a un tiesto con agua, y el material toma forma de moneda, es porque se viene una entrega importante de dinero. Otros utilizan pirámides y monedas doradas para solicitar riqueza durante la celebración. También está el rito de meter en aquella noche, un billete doblado en cuatro dentro de un recipiente de cobre con velas alrededor, formando un círculo.
  • "La bosta del Diablo": En ciertas localidades de la Zona Central y Sur del país se ha dado este nombre al dinero, por considerar que los hombres que lo ambicionan pueden caer en la fiebre de delincuencia y de crimen que el deseo irresistible de poseerlo provoca. Tal vez fue la forma en que la gente de algunos campos chilenos, ajena a las formas de delincuencia más brutal, se explicaba las siniestras pasiones que el dinero era capaz de despertar y que se iban haciendo corrientes. El teólogo, abogado e investigador Hugo Zepeda Coll, muy dado al estudio de estas tradiciones oscuras, recuerda que hallándose de visita en un pueblo con su padre, el reputado parlamentario Hugo Zepeda Barrios, éste último le comentó a una autoridad local que el "dinero es la bosta del Diablo", pero el jefe local le respondió: "Pude ser, pero acá el Diablo es estítico".
  •  La "Moneda de la Libertad": Corresponde a la moneda de $10 emitida en la última década del régimen militar y que celebraba el 11 de septiembre de 1973 en su cara  como un día de "Libertad", según decía la misma moneda. Tenía acuñada la figura del Ángel de la Libertad alegorizando la ruptura de las cadenas. Esta moneda no ha vuelto a ser producida desde el retorno de la democracia, pero se ha convertido en una pieza de cierto interés como amuleto que "garantiza la libertad" de quien la posea, especialmente en el mundo delincuencial y carcelario. Hablaremos más extendidamente de esta creencia en la próxima parte de estos artículos.
LEYENDAS RELACIONADAS CON DINERO
LAS MONEDAS DEL JUDÍO ERRANTE
Las monedas del Judío Errante: Si algún día aparece en un mercado un señor anciano y vestido en forma andrajosa, que siempre compra productos y mercaderías en pequeñas proporciones con monedas de 2 reales o 25 centavos (o equivalentes), se podía estar en presencia del legendario Judío Errante, antigua leyenda europea que fue traída a América por los cristianos. Se supone que el personaje fue un judío que se burló o humilló a Jesús durante su camino al calvario, quedando condenado al eterno vagar por el mundo, sin poder morir ni detenerse. Parte del castigo es también portar monedas de baja denominación y tener que arreglárselas con ellas para sus necesidades, aludiendo quizás a la caricatura del judío avaro y tacaño, que se reprime al extremo en gastos de dinero. Esta leyenda ha ido desapareciendo, pero la imagen del Judío Errante permanece como un personaje de antología, tanto para representar los discursos anatematizando al pueblo judío como para alegorizar el largo peregrinar y su perseverancia buscando refundar Israel.
  • El pacto del dinero que jamás se acaba: En los campos, entre huasos, temporeros y peones, antaño eran famosas las historias de patrones que hacían supuestos pactos vendiéndole el alma al Diablo para que nunca les faltase el dinero en vida, ese que parecía sobrarles todo el tiempo, volviéndose inagotable. Como algunos estancieros y dueños de fundos tenían la costumbre de andar repartiendo monedas o billetes entre niños y menesterosos, sacándolos de sus propios bolsillos y dando la impresión de que no podía acabárseles nunca, los pobladores más sencillos y ajenos a la riqueza se explicaban semejante escena sólo por influencia de intervenciones infernales, que justificarían también la riqueza y holgura de sus adinerados patrones. Estas leyendas aseguraban que el pacto satánico garantizaba a los sujetos que jamás se les acabase el dinero de los bolsillos de sus pantalones o carteras, que mágicamente volvía a aparecer cada vez que retiraba una moneda o billete.
  • Leyendas de monedas enterradas: Se ha especulado de tesoros piratas, jesuitas o coloniales compuestos por miles monedas de oro en muchas partes del país, como Quintero, Archipiélago de Juan Fernández, Isla de Pascua, Isla Imeldeb de Chiloé, Villarrica, Carelmapu, Quipué, las cavernas de Lonquén, Cajón del Maipo, Laguna de Aculeo, Ocoa, Morro de Arica, Hacienda La Marquesa, Caldera, Papudo, etc. Muchos enterramientos se consideran protegidos por hechizos o maleficios, sucediendo cosas extrañas alrededor de los mismos, como ruidos de cadena o alaridos de dolor. Una creencia decía que si se ve una luz flotando en la noche (como una luciérnaga), debe ser seguida discretamente pues, en donde se pose en tierra, hay un enterramiento de monedas valiosas. En Azapa escuchamos la versión de que monstruos y seres terroríficos acosarán a quien intente desenterrar el tesoro durante toda la operación, pero si se los logra ignorar con sangre fría y no ponerles atención, se podrá llegar a las monedas. Recopilaciones de testimonios hechos desde el Norte Chico por Plath, agregan que deben llevarse ceras benditas y rezar el credo al revés,  tras lo cual la vela saltará convulsionante hasta el lugar donde está el entierro esperando ser descubierto. En Chiloé y otras zonas del Sur, deben buscarse y cavarse en la Noche de San Juan.
  • Dinero de los brujos: En Salamanca saben que no es bueno recibir dinero de los brujos, menos si es por pago a acciones reprochables o moralmente conflictivas, que ellos suelen solicitar reiteradamente a los gentiles. Siempre pagan con misteriosas monedas de oro parecidas a doblones pero, pasada la noche completa, todos quienes las han recibido descubren en la mañana siguiente que las mismas monedas se han convertido en latones, piedras, trozos de huesos y hasta bolitas de estiércol seco, no habiendo posibilidad humana de ir a reclamarles, dados los riesgos sobrenaturales que eso conlleva. Sólo los que están en los círculos de confianza de los brujos, zafan de ser estafados con su falso oro conseguido con sus oscuras prácticas de alquimia negra.
  • Las monedas de una cueva encantada: El Diablo usa monedas para atrapar almas de incautos. Si se entra a alguna cueva abandonada de localidades como Chiloé, Talagante, Salamanca o Elqui, y se encuentra un misterioso cántaro u olla con monedas de oro, no se debe tocar ninguna, porque el Príncipe de los Infiernos quien las ha dejado allí para robar el alma de quienes osen sacar una siquiera. En algunas leyendas, se cree que en la oscuridad del lugar ha colgado el contrato advirtiendo de este pacto, pero los ojos de los intrusos no alcanzan a distinguirlo entre las sombras. Es como una especie de versión opuesta a la leyenda internacional del gnomo cargando su ollita con oro, o la del tesoro de monedas al final del arco iris.
  • Cómo encuentran hechiceros y apostadores su serpiente "familiar": Los brujos sureños llamaban "familiares" a las serpientes que cuidan mágicamente a él y a su lugar de conjuros. La forma de encontrar una en la Provincia del Ñuble, era arrojando una moneda reyuna (peseta colonial) a un grupo de culebras, denominado llepo. Todas escaparán, menos una, que se queda haciéndole guardia a la moneda: ésa es la "familiar", que debe criar en secreto y llevar siempre entre sus ropas, sin que se note, permitiéndole ganar apuestas y proteger sus intereses.
  • Males para perder dinero: También en el ambiente popular de los campos o barrios pobres de las ciudades, se creyó alguna vez que existían hechizos para hacer que el dinero se perdiera a sus propietarios, especialmente realizados por esposas despechadas hacia sus maridos o exparejas, por venganza. Lo hemos oído en Papudo, Melipilla, Maipú y el Cajón del Maipo. La leyenda decía, pues que un conjuro concreto condenaría a un sujeto a vivir perdiendo su dinero, sin que este lograra quedarle nunca en los bolsillos ni las billeteras, durándole escasamente después de recibirlo y no alcanzándole jamás para sus cálculos financieros. Se le desvanece, para ser precisos. Quizás el origen de esta creencia está en la tendencia a malgastar o dilapidar dinero en móviles hedónicos o recreativos (a veces, bajo estado de ebriedad), presente en algunos sectores culturalmente más precarios y menesterosos de la sociedad. Plath comentó el caso de dos comadres de pueblo de Ñipas, en Ránquil: tras enemistarse, una de ellas -al parecer- le echó un "mal" a la otra, haciéndole perder siempre sus monedas donde quiera que las guardara, maldición que duró por cerca de un año.
El "gato chino de la suerte" sobre monedas, moviendo la mano.
Los centavos y pesos con el mal llamado diseño "Dávila", de un oleccionista de Azapa. La errada creencia dice que el segundo breve período de la República Socialista agregó el detalle de la hoz y el martillo en el diseño del sello, que en realidad estaba presente desde el siglo XIX.
MITOS URBANOS MODERNOS
  • La moneda de José Bonaparte: En los años 60, se hizo un anuncio que resultó de interés en el ambiente de los coleccionistas numismáticos. Era el supuesto hallazgo de una moneda de Chiloé que habría sido acuñada después de la proclamación de José Napoleón como Rey de España, en 1808 y hasta 1814. Sin embargo, expertos como el investigador ítalo-chileno Alberto Trivero Rivera, concluyen en que se trató de una falsificación destinada a embaucar coleccionistas, no obstante que su pretendida existencia siguió apareciendo mencionada en algunos sitios webs y reseñas de anticuarios, tomándosela como una auténtica moneda obsidional de Chiloé en sus últimos años de administración realista.
  • El mito del Peso Dávila: A partir de 1895 y por mucho tiempo más, las monedas acuñadas en Chile de 5, 10 y 20  centavos, junto a las de $1, comenzaron a llevan en el sello un símbolo de ramas de laureles y, donde se cruzaban ambos abajo, una hoz y un martillo en la misma disposición que los adoptaría años más tarde el Comunismo Internacional, como su más distintivo e histórico símbolo, por lo que nada tenía que ver aún con dicha ideología política. Esta asombrosa curiosidad ha estado a la vista por años, pero sólo ha sido observada con más detención y cuidado en nuestra época. Se ha especulado que se trataría de una alegorización del trabajo-progreso o bien de simbologías crípticas más relacionadas con logias. La moneda estaba en vigencia aún cuando tuvo lugar el golpe e instauración de la llamada República Socialista, en 1932. Sin embargo, una extendida creencia asegura que en la segunda etapa de aquel efímero gobierno de facto, cuando la Junta fue relevada por el Presidente provisional Carlos Dávila, se acuñó la nueva moneda haciéndole con el símbolo y de alguna manera, un guiño a la Revolución Rusa y engañando discretamente a los gobernantes posteriores que la mantuvieron en circulación. El hecho cierto es que el cambio del peso desde plata a cobre-níquel sucedió el año siguiente, cuando la República Socialista ya había expirado, y como vemos el diseño con la hoz y el martillo provenía desde fines del siglo XIX. El mal llamado peso Dávila, entonces, se convirtió en la leyenda de la "moneda comunista" que, en verdad, nunca tuvo algo que ver con ese concepto.
  • La moneda de platino de 1914: La moneda de $1 de 1914 es una de las más caras y buscadas en la numismática chilena. Recuerda Ernesto Latorre Allende que, cuando fue lanzada en pequeña cantidad ese año, muchos creyeron que se trataba de una pieza acuñado en platino por un error de la Casa de Moneda, pues era el metal más caro del mundo y su uso en ellas debió ser detenido ni bien se detectó la anómala situación. Incluso algunos reputados coleccionistas, anticuarios e intelectuales cayeron en el error, basándose en la poca cantidad de unidades emitidas. Sin embargo, la verdad es que la serie de 1914 de esta moneda, comenzó a ser emitida  recién en diciembre por la Casa de Moneda, por lo que no tardó su cuño en pasar a 1915 y dejar pocas de ellas con año anterior en ellas. A pesar de eso, de todos modos es una pieza valiosa por su escasez.
  • El oscuro origen de los billetes con scotch: Hasta hace unas décadas, era común encontrar billetes partidos por la mitad y pegados con una tira de cinta adhesiva o scotch. Aunque es muy probable que se partieran por accidente al tirarlos del bolsillo o por el propio desgaste del material, cierta leyenda decía que estos billetes resultaban del pago de favores o adquisiciones en el hampa y las mafias de los bajos fondos: se entregaba la mitad de los mismos en garantía, y después, concretado el encargo o compromiso, se pasaban las otras mitades completando el pago. Recuerdo haber visto un filme del Lejano Oeste, en donde un personaje hacía esto mismo en una casita de remolienda, al no poder tomar completo su "servicio" y salir a resolver una emergencia.
  • Las monedas y billetes mortales: Es internacional la creencia de que el dinero es un extraordinario portador de gérmenes e incluso de enfermedades contagiosas, por ir de mano en mano. Sin embargo, las precauciones que suelen tomarse en Chile con respecto a la manipulación de monedas y billetes debe estar entre las más escrupulosas y responsables, nos parece. Hay mucho de cierto en estos temores: estudios de la Universidad de Oxford en 2013, encontraron cerca de 26.000 bacterias potencialmente perjudiciales para la salud en los billetes. No obstante, el uso apropiado del jabón contrarresta prácticamente todos los peligros que pueden derivar de la manipulación de dinero, pues deben tratarse de la misma manera que acariciar una mascota o afirmarse de un pasador en lugares públicos. La higiene apropiada combate cualquiera de las posibilidades "mortales" que algunos exagerados o alarmistas que adjudican al dinero.
  • Monedas "satánicas": Las monedas chilenas en actual circulación, tendrían un contenido satánico, alusivo al Anticristo anunciado en el Apocalipsis. La denuncia hizo algunos ecos en redes sociales en años recientes, y observa que si se suman todos los valores de las monedas chilenas, es decir 1 + 5 + 10 + 50 + 100 + 500, el resultado es el temido número 666.
  • Teorías conspiracionales sobre los billetes actuales: La última emisión de billetes, ha despertado en algunos chilenos una paranoia basada en teorías de conspitaciones internacionales, donde salen al baile logias secretas, anunnakis y reptilianos, entre otros representantes de la mítica fauna posmodernista. Para los cinco billetes, por ejemplo, se ha estilizado un símbolo indígena atrás del retrato de cada personaje, pero con seis estrellas que muchos relacionan con la Estrella de David o alguna runa como Hagal, a la manera de criptosímbolos. También se cambió el antu (Sol mapuche) de ocho brazos, por uno de siete, presente en los billetes de $1.000, $2.000 y $5.000, lo que genera sospechas. El billete de $1.000, que ha sido polémico por el retrato de un Ignacio Carrera Pinto escasamente parecido al verdadero militar (abordaremos este tema en la sexta parte de estos artículos), en realidad representaría al abogado liberal Juan de Dios Arlegui, Primer Gran Maestro de la Logia Masónica de Chile en 1862, y los números 6 en sus solapas aludirían a la Bestia del Apocalipsis, no al 6º de Línea "Chacabuco" del que fue parte el héroe. El billete de $5.000 con Gabriela Mistral, en tanto, lleva atrás un paisaje de palmas chilenas (Parque Nacional La Campana) con una lechuza tucúquere, en la que algunos creen ver con suspicacia una representación del demonio Moloch o bien la figura del búho usado como símbolo por ciertas organizaciones relacionadas con la masonería, Illuminatis o la oligarquía internacionalista tipo Bohemian Club, presente también en billetes de los Estados Unidos. Por otro lado, la presencia de paisajes del Sur de Chile en los billetes de $1.000 (Parque Nacional Torres del Paine) y $10.000 (Parque Nacional Alberto de Agostini), revelaría intenciones internacionales nada sanas para con respecto a dichos territorios de la región magallánica.
En la Parte V de esta serie sobre folklore y numismática, me daré tiempo de comentar algo sobre el poco conocido interés que algunos tienen por la llamada Moneda del ángel de la Libertad, correspondiente a la que hacía apología del 11 de septiembre de 1973 y que, más allá de la política, hay quienes han convertido en un verdadero amuleto o trofeo.

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