viernes, 26 de febrero de 2016

UNA ANIMITA PERRUNA: LA TRAGEDIA DE "CACHUPÍN" EN LA SALITRERA HUMBERSTONE

Coordenadas:  20°12'16.65"S 69°47'54.23"W (aproximadamente)
Hace algún tiempo, me extendí acá en una relación histórica de los perros como elementos integrados a la formación de la identidad chilena y del imaginario nacional. También vimos que esta relación entre hombres y canes no ha sido del todo alegre en nuestro terruño, corrompiéndose un aspecto de ella en lo que denominamos la cuestión "social" de los perros, asociada a la falta de responsabilidad, el abandono, cuestiones sanitarias y casos de abyecta crueldad contra nuestras mascotas más populares. La historia del perrito Cachupín de la Salitrera Huberstone (ex La Palma), al interior de Iquique en Tarapacá, tiene un poco de ambos campos.
Los perros pasean en los desiertos chilenos desde mucho antes de la Guerra del Pacífico, acompañando a exploradores, cateadores, comerciantes, carrilanos y trabajadores del guano, el salitre y la plata. En los cantones y campamentos del caliche se repitió muchas veces el fenómeno de las grandes ciudades: los animales domésticos andaban libres, volviéndose casi "perros comunitarios" que pertenecían y conocían todos en cada poblado, pero que en rigor vivían y moraban sin grandes restricciones en el espacio público. La relación con el dueño, muchas veces, se limitaba a ponerles nombre y dejarlos dormir en algún lugar de la casa.
Los casos célebres de perros del salitre fueron innumerables, acompañando toda la época de esplendor de los nitratos a pesar del poco registro que quedó de ellos, pues la mayoría de aquellas memorias sobrevive sólo en el recuerdo tambaleante de algunos ancianos sobrevivientes a aquella época. Cuando morían los vecinos más caritativos con los canes o cuando comenzó el despoblamiento de las oficinas por la caída de la industria, el problema crecería tanto para hombres como para perros. Un dramático cuento de Joaquín Edwards Bello, "El quiltro Chuflay", trae de recuerdo un fragmento de este oscuro período, cuando cantidades de perros quedaron vagando entre ruinas de las salitreras, como últimos vestigios de vida en la epopeya de los nitratos de las regiones de Antofagasta y Tarapacá. Historias tenebrosas corrían sobre el cómo sobrevivían allí las pobres bestias, en semejante abandono, acaso cazando lagartos raquíticos o asaltando los cementerios de los poblados fantasmas.
Uno de los últimos perros del salitre fue Cachupín, cuyo nombre (tan popularizado más cerca de nuestra época por los chistes del humorista Álvaro Salas) nos recuerda al personaje homónimo del caricaturista Renato Nato Andrade en los años 40, lo que lleva a suponer que el perrito de la Oficina Salitrera Humberstone era también una criatura pequeña y traviesa, como aquel sujeto de las viñetas de la revista "Estadio".
Ya al final de aquella época de la industria minera del caliche, o más bien en los restos de la misma, por muchos años vivió en Humberstone una gran cantidad de perros cuidadores que pertenecían a don Isidoro Andía, el último propietario de la oficina. La razón de esto fue que, tras cerrar en 1960 el complejo salitrero, era frecuente que el poblado ya casi fantasmal fuera periódicamente invadido por ladrones, huaqueros y saqueadores que robaban maquinarias, materiales y partes de las estructuras, por lo que los perros estaban allí para disuadirlos y, cuando no, para espantarlos. Uno de ellos era Cachupín, por supuesto... O más exactamente Cachupín 2, según la inscripción que lo recuerda.
Sucedió entonces que, en plenas Fiestas Patrias de 1968, una pandilla de ladrones ingresó furtivamente al recinto para robar implementos o herramientas como tantas veces lo habían intentado otros, y fueron descubiertos en el acto por los perros cuidadores de don Isidoro, hacia el sector de la planta. Trágicamente, uno de los delincuentes acabó asesinando a Cachupín en su escape, tronchando la vida de este misterioso perro del salitre.
Cachupín era muy querido por el dueño y los cuidadores, al parecer, porque seguramente consternados y sin hallar consuelo por su súbita muerte -cuyos detalles lamentablemente se han perdido-, levantaron una cruz con su nombre allí, hacia el fondo, atrás del campamento y junto a los galpones de los talleres, con la siguiente inscripción:
“Cachupín 2.
Murió cumpliendo
su deber. 18-9-68”.
Varios detalles de la poca pero interesante información relativa al perrito mártir de Humberstone y su cruz, es una deuda que he contraído con el investigador pampino Ernesto Zepeda, gracias a la intermediación del fotógrafo y difusor patrimonial Ricardo Pereira Viale, personas versadas en la historia de la célebre ex salitrera. No me ha sido posible confirmar con datos duros, sin embargo, si la mascota de la oficina salitrera se encuentra sepultada también allí, bajo la sencilla cruz cerca de una vetusta locomotora minera junto a los galpones. Empero, considerando que la tradición de las animitas chilenas es ser colocadas en el lugar del deceso (o donde se desencadena la tragedia que llevó a la muerte) y que también es vieja costumbre nacional la de sepultar a los perros en los mismos lugares que solían rondar para que los "cuiden" desde el más allá (antes que entraran tendencias más foráneas, como la de crear cementerios de mascotas), me parece casi seguro que Cachupín se encuentra bajo la cruz con su nombre.
Así pues, uno de los últimos perros del salitre de los que se recuerde su nombre propio, se volvería también uno de los pocos canes con animita en nuestro país, conservando la suya por cerca de 50 años ya en el lugar mismo de su tragedia y como testimonio de las mascotas que acompañaron a los hombres en la dominación de aquellas comarcas de la epopeya salitrera.

lunes, 22 de febrero de 2016

EL ARCO DE TITO: CRÓNICA Y MONUMENTO DE LA VICTORIA ROMANA SOBRE JERUSALÉN

El Arco de Tito en 1740, en obra de Giovanni Paolo Panini.
Coordenadas:  41°53'26.46"N 12°29'18.75"E
Ubicado hacia el sector poniente del Foro Romano, en la boca de la Vía Sacra que da hacia este complejo pasando junto al Coliseo (Colosseo), está el Arco Triunfal de Emperador Tito Flavio Sabino Vespasiano, del siglo I, conocido también como el Arcus Titis.
La obra es considerada una maravilla de la época flavia y constituye un homenaje monumental del Senado y del pueblo romanos al triunfo del entonces general sobre las revueltas revolucionarias judías contra el poder imperial, sofocadas con la victoria de los ejércitos romanos sobre Judea en su propia capital, Jerusalén. Por su estilo y sus características, además, éste ha sido influencia para otros célebres arcos triunfales más modernos del mundo, como el de París y el de Manhattan.
Se podría creer que el arco fue construido entre los años 79 y 81 después de Cristo, período en que gobernó Tito tras recibir el trono de su padre el Emperador Vespasiano. Pero otras opiniones más precisas colocan su fecha de inauguración cuando ya estaba consumada la muerte de Tito y asumido su hermano Domiciano (o Domitiano), algo que se ve confirmado por el hecho de que aparezca mencionado en el arco con la denominación póstuma de "divus", como veremos más abajo. El año 90 o cerca de éste parece ser el período más probable para fechar la inauguración del monumento, cuyo diseño sería del arquitecto Rabirius, según se cree.
Con 15,40 metros de altura y 13,50 metros de ancho, el arco se aparta de lo que había sido la influencia helenística en la arquitectura romana. Está construido en mármol pentélico sobre una plataforma de doble y macizo sillar, desde la que salen los arranques de la estructura que dan sostén y forma a la bóveda de cañón y de intradós artesonado, en cuyos laterales se encuentran escenas militares de las campañas romanas en bajorrelieve. En los frentes, sobre el nivel de las bases, se observan falsos vanos enmarcados; y hasta cerca de la altura de la cornisa del arquitrabe, se disponen cuatro columnas-pilastras por lado con capitel, dando contorno vertical a la abertura del arco y a las enjutas intervenidas con otras figuras conmemorativas y simbólicas de divinidades femeninas aladas y aspecto angelical, a cada lado de una representación ubicada en la ménsula o piedra angular sobre el arco: un varón de un lado y una mujer del otro, aunque hayan perdido ya sus cabezas. Más arriba, se observan los detallados frisos superiores. Se cree que, en el pasado, su parte más alta habría estado coronada por estatuas o una representación de un carro triunfal dorado, elementos que se perdieron en la Edad Media.
Dentro del arco, en los laterales, se observan dos relieves escultóricos colocados en posiciones enfrentadas, ambos mostrando las escenas de la campaña final de Tito en Jerusalén: una llegando arriba de un carro triunfal, acompañado de lictores y de las representaciones de la Victoria, Roma y el poder imperial; y otra regresando triunfante con sus hombres, colmado de riquezas arrebatadas al enemigo.
Ésta última imagen se ha vuelto uno de los iconos más importantes para la historia de los romanos, el judaísmo y el mundo antiguo en general, pues muestra a los alegres soldados de Tito cargando los botines de guerra que sacaron del Templo de Jerusalén tras su avasallante triunfo militar, entre los que destaca la Menorah de oro o Candelabro Sagrado Judío. Esta representación por mucho tiempo se creyó la más antigua conocida del célebre objeto de veneración, hasta que apareció otra recientemente entre los restos de una antigua sinagoga de Magdala, Palestina, que por sus características se cree una obra más exacta y antigua que la del arco.
Para mayor abundamiento, cabe recordar el templo era el segundo allí dispuesto, después del levantado por Salomón y destruido por Nabucodonosor II. Había sido reconstruido por Zorobabel y terminado hacia el año 516 antes de Cristo, y aunque era sólo una aproximación tibia a la grandeza y pomposidad del antiguo edificio religioso de Jerusalén, incluso considerando las ampliaciones que le había hecho Herodes el Grande cerca del año 20 antes de Cristo, se atesoraban dentro de él los más importantes emblemas de la fe hebraica. Tras el asedio, Tito entró a Jerusalén y, decidido a darle un castigo ejemplar, destruyó el templo respondiendo sin contemplaciones al levantamiento de los judíos contra el Imperio iniciado en el año 66 después de Cristo.
Así, tras ganar la guerra de cuatro años contra los alzados, se arrasó a fuego el edificio en el año 70 quedando en pie sólo el célebre Muro de los Lamentos desde que Adriano terminara de destruirlo en el 135. Como parte del castigo, Tito se llevó los más valiosos tesoros del templo, partiendo por la Menorah que aparecen cargando los soldados romanos del mencionado relieve. La escena, entonces, parece retratar el desfile victorioso del futuro emperador, donde según cronistas como Flavio Josefo, se hizo ostentación pública de la riquezas obtenidas que fueron a parar al Templo de Júpiter. Análisis del material demuestran que la Menorah y otros detalles pudieron estar pintados de dorado u ocre en el pasado, para realzar su relación con el oro.
También existe cierta discusión sobre la semejanza de la Menorah del Arco de Tito con el original de Jerusalén, ya que si bien corresponde inconfundiblemente a una representación del candelabro de siete brazos del templo, presenta algunos detalles distintos a los de otras referencias y descripciones antiguas de la misma pieza, como su base o plinto escalonado en el relieve y que, según se sabe, en realidad tenía tres patas de apoyo; o sus brazos semicirculares, que en realidad parecen haber con líneas con forma elíptica o poligonal, esta última opción visible en la representación descubierta en Magdala. Algunas teorías proponen que las diferencias derivarían sólo del desconocimiento del escultor romano sobre el verdadero aspecto de la Menorah del templo, aunque hay interpretaciones encontradas al respecto.
Otro detalle interesante del relieve con la escena del botín del templo, es que parece mostrar también la Mesa de los Panes de la Proposición o Mesa de Salomón, única representación de época que se conoce de ella y que es mencionada también por Josefo, otro de los objetos más preciados que quedaron dentro del templo tras la desaparición de tesoros como el Arca de la Alianza y otras joyas salomónicas. Las también apropiadas Trompetas de Plata serían las que se alzan entre los romanos marchando, además de los Vasos Sagrados, los recipientes de fuego para las cenizas del altar y otros objetos sacros. Tito aparece en el desfile coronado y acompañado por las mencionadas alegorías de la Victoria y de Roma.
En lo alto de este mismo arco y siguiendo en su interior, entre los casetones de la bóveda artesonada y justo al centro del fórnix, está también la representación de la Apoteosis del Emperador Tito acompañado de un águila que parece llevarlo al cielo y que alegoriza su perpetuidad en el patronato divino de Júpiter y de la diosa protectora espiritual de Roma. Esta es otra confirmación de que el arco fue terminado después de la muerte de Tito.
Sobre el bloque del nivel superior del arco, donde está el ático, se observan inscripciones en latín en grandes caracteres tallados y que se cree recubiertos en oro o plata en el pasado, que dice desde sus orígenes:
SENATVS
POPVLVSQVE ROMANVS
DIVO TITO DIVI VESPASIANI F
VESPASIANO AVGVSTO
Esto puede traducirse de la siguiente manera: "Senado y pueblo romano dedican a Tito Divino Vespasiano hijo de Vespasiano Augusto". Sería la original, aunque ilustraciones del artista Canaletto publicadas hacia 1721 muestran una disposición de las líneas de texto distintas (tres, no cuatro) aunque, por otro lado, el bloque mismo donde se encuentra tenía fragmentos desprendidos que parecen coincidir con los reemplazos que hoy se observan en él. La ilustración de 1740 hecha por Giovanni Paolo Panini, en cambio, despeja dudas y muestra la misma disposición del texto en cuatro líneas reproducido arriba, además de los detalles de daños reparados en posteriores restauraciones.
Salta a la vista lo mucho que Roma celebró su victoria sobre los levantamientos judíos que amenazaron al Imperio, de modo que el monumento servía también como una advertencia contra futuros brotes de rebeldía amenazando la Pax. De alguna manera, celebra lo que fue el final de la época de Israel y de una identidad geográfica para su pueblo, antecedente del inicio de la diáspora.
En la Edad Media, el arco es mencionado por la guía "Mirabilia Urbis Romae" ("Maravillas de la Ciudad de Roma") como "El arco de las siete lámparas de Tito y Vespaciano", y por esos mismos siglos fue incorporado a la desaparecida fortaleza de la familia Frangipane, recibiendo sus primeras restauraciones importantes durante el papado de Paulo II (1464-1471). Algunos edificios del sector Sur le fueron removidos en las intervenciones, pero poco después se lo integró a las edificaciones del  convento de Santa Francisca Romana, que en algún período fuera conocido también como de Santa María Nova.
La descrita apreciación de consolidación del poder y advertencia parece haberse heredado a la Roma cristiana, pues se sabe que, poco después del Cónclave de 1555, el flamante Papa Paulo IV utilizó el Arco de Tito como símbolo del sometimiento de los judíos durante las medidas con las que hizo cumplir la bula "Cum nimis absurdum", obligándolos a la sumisión ante la Iglesia. Por estos contenidos, todavía en nuestra época el mensaje del arco sigue sacando ronchas en la opinión de algunos críticos de filiación judía, que lo consideran un monumento humillante e infame para sus tradiciones, creencias e identidad.
Los cambios de colores del material del arco se deben a la parte del mismo que fue reconstruida con roca de travertino hacia el final del papado de Pío VII, en trabajos encargados Raffaele Stern en 1817 y después a Giuseppe Valadier entre 1821-1823. Esta restauración fue tan novedosa y completa que sirvió de base después a las obras de la Puerta Pía. La diferencia de materiales y etapas se nota especialmente en las mencionadas columnas, donde los segmentos antiguos se ven estriados, mientras que los nuevos lucen textura lisa. En estas obras se demolieron también los edificios medievales adosados, dejándolo despejado como unidad.
De esta intervención restauradora surge también la segunda inscripción, en la cara opuesta del bloque superior del ático:
INSIGNE · RELIGIONIS · ATQVE · ARTIS · MONVMENTVM
VETVSTATE · FATISCENS
PIVS · SEPTIMVS · PONTIFEX · MAX
NOVIS · OPERIBVS · PRISCVM · EXEMPLAR · IMITANTIBVS
FVLCIRI · SERVARIQVE · IVSSIT
ANNO SACRI PRINCIPATVS · EIVS XXIIII
Una tormenta tipográfica en latín como ésta, puede traducirse de la siguiente manera: "Insigne (para) religión  y arte (este) monumento debilitado (por) vetusto, Pío VII Sumo Pontífice (con) nuevas obras ejemplares del modelo antiguo imitado hizo reforzar y preservar en año de su sagrado gobierno (número) 24". Ya vimos que en su lucha por someter a judíos y paganos al cristianismo, Paulo IV había incorporado en su tiempo al Arco de Tito dentro de la propaganda eclesiástica, lo que explica en parte el mensaje y el interés por repararlo.
Luego de los trabajos del siglo XIX para iniciar la recuperación del Foro Romano, se ejecutaron obras para deducir el nivel de la calle entre 1901 y 1902, durante las cuales quedaron a la vista los sólidos cimientos de roca del Arco de Tito. También tiene refuerzos interiores de cemento, para fortalecer la estructura.
El Arco de Tito se encuentra relativamente cerca de otras obras parecidas, como el Arco de Séptimo Severo en el mismo Foro Romano y el Arco de Constantino en la Vía Sacra junto al Coliseo. Por hallazgos muy recientes, publicados durante el año 2015, se confirmó también de la existencia de los restos de un segundo Arco Triunfal de Tito en el sector del Circo Máximo o Massimo (a espalda del Foro Romano), varios metros bajo la superficie.
Más que por sus  proporciones o su diseño artístico y decorativo, entonces, el Arco de Tito destaca por el contenido la crónica bélica que está registrada en sus relieves escultóricos, mostrando episodios de la caída del Segundo Templo de Jerusalén por romanos bajo la protección divina de las alegorías de la Victoria y de la ciudad de Roma, como testimonio de un triunfo militar que cambió para siempre el curso histórico del mundo.
Relieve con Tito en el carro de la victoria.
Relieve del regreso con los tesoros del templo.
Artesón de la Apoteosis del Emperador.

sábado, 20 de febrero de 2016

LA MACABRA LEYENDA DE LA RUBIA DIABÓLICA DE LA SALITRERA PEDRO DE VALDIVIA

Coordenadas:  22°35'50.71"S 69°40'25.28"W (ex Salitrera Pedro de Valdivia)
Pocas leyendas llegan a ser tan siniestras en sus detalles como aquella de La Rubia de la Oficina Salitrera Pedro de Valdivia, en los desiertos de la Región de Antofagasta al Sur-oriente de Tocopilla, cuyo campamento e instalaciones industriales fueron cerradas en 1996 tras cerca de 60 años de actividad calichera. Han pasado 20 años desde aquel triste evento que puso fin a la historia de la oficina, pero las historias sobre la misteriosa y aterradora mujer continúan circulando entre sus ex habitantes y algunos que todavía quedan en la vecina Oficina María Elena, aún activa.
Se cuenta que una atractiva pero recatada mujer joven, de ojos muy claros y de cabellera rubia, probablemente casada con algún jefe, vivía con su familia en la Pedro de Valdivia hacia los años 50, causando gran atracción de los varones del mismo campamento por su reluciente belleza en las pocas salidas que hacía desde su hogar. Muchos nunca llegaron a conocerla en vida, por lo mismo. Sin embargo, la mujer falleció prematuramente de una enfermedad no bien precisada, que le arrebataría la vida al poco tiempo de diagnosticada (cáncer, tuberculosis y otras se proponen según cada versión). Fue a partir de su muerte que comenzaría la segunda y más terrorífica etapa de su historia.
Pasó un tiempo y comenzó a repetirse una curiosa supuesta situación durante las noches, de la que algunos viejos ex pedrinos todavía aseguran haber sido testigos: una delgada mujer rubia vestida de túnica o camisón negro se aparecía en la puerta de las casas de la oficina, a veces hasta gimiendo y llorando asustada, como si escapara de algo o si viniese saliendo de una situación traumática. La afligida pedía ser acogida en el respectivo hogar, alegando no tener cama ni lugar seguro donde pasar la noche. Como se veía inocente e inofensiva, los moradores solían acceder a sus ruegos o llantos, le permitían la entrada y le proporcionaban una habitación.
Panorámica de la Oficina Salitrera Pedro de Valdivia, en 1931 (aún en construcción). Imagen perteneciente a las colecciones del Museo de Antofagasta.
Dice la leyenda, pues, que mientras la mujer dormía dentro del cuarto prestado, comenzaban a suceder cosas insólitas y espeluznantes en la casa que le había abierto las puertas, al avanzar la noche. Una combinación de llantos y risas diabólicas erizaban los pelos a los residentes, despertándolos de súbito. Según una nota publicada en el diario "El Mercurio" del miércoles 7 de marzo de 2001 ("Reviven cuentos de la pampa"), los ancianos pedrinos aseguraban que las risas eran de la propia mujer, celebrando haber logrado entrar al hogar por engaños, pero sus llantos estallaban cuando descubría que no estaba allí su familia. Se supone que buscaba particularmente sus hijos, los que se habían marchado de la salitrera tras su muerte.
En las macabras experiencias también se oían voces y gritos de otras personas que no estaban físicamente presentes allí, como si hubiese una acalorada discusión haciendo eco desde el propio infierno en el mundo de los vivos. Sería ella misma debatiendo y reclamando a los demonios o al Ángel de la Muerte, según interpretaban. Algunos también reportaban un frío gélido tomando posesión de la casa mientras estaba aún la mujer, y hasta un olor repugnante, insoportable, parecido al de la descomposición cadavérica, dando a entender que La Rubia venía desde su propia cripta o desde el mundo de los muertos en cada aparición. El vaho inmundo permanecería por varios días o semanas más después de haberse marchado, quedando incluso por donde transitó en su vagar fantasmagórico.
La leyenda fue tan popular en alguna época, que al parecer terminó siendo exportada hasta otras oficinas salitreras del sector antofagastino, reportándosela también como creencia "local" aunque la poca información existente indica que su origen se halla en la Pedro de Valdivia. Todavía están vivos algunos antiguos habitantes que aseguran haber visto a la misteriosa mujer rubia en sus andadas, engañando al pedir ayuda y pagándola causando pavor a quien le tendiese la mano.
Tras el cierre de la Oficina Pedro de Valdivia en 1996, los residentes fueron trasladados y el lugar hoy está protegido de huaqueros y saqueadores. Sus ex habitantes sobrevivientes se reúnen todos los años, en el primer domingo del mes de junio, para compartir y recordar memorias de la salitrera, entre las que La Rubia tuvo un protagónico lugar para el folklore oral de los desiertos salitreros chilenos, aunque ahora sólo vague por un poblado tan fantasmal y abandonado como ella.

lunes, 15 de febrero de 2016

LA MÍTICA DINASTÍA DE VEDETTES DEL CLAN UBILLA

De izquierda a derecha: Isabel, Elba "Pitica", Carolina y Raquel "Pitica chica", las primeras cuatro hermanas vedettes de la dinastía Ubilla.
Como todas las leyendas con base real, la historia de las Ubilla también tiene inexactitudes, versiones contrapuestas y fantasías varias. Muchos creen, por ejemplo, que todo empezó con la más célebre de las muchachas que sedujeron a las candilejas: la recordada Pitica, pero esto también es un error más entre muchos otros que flotan en el éter de candilejas. También hay quienes confunden las identidades cruzando datos biográficos de las cerca de 15 bailarinas que grabaron a fuego el apellido en aquel medio de noches y espectáculos. Pero nada de esto extraña cuando se habla de las más famosas vedettes que tuvo Chile y su mito propio, en los mejores años de su vodevil y shows revisteriles, como el "Bim Bam Bum", el "Picaresque" y el "Humoresque".
Me arriesgo a afirmar que esta historia (que como muchos, no conocí como testigo) es más o menos la que sigue, y se inicia con la esbelta y agraciada Isabel Ubilla Allende, que decidió dedicarse casi accidentalmente al vedettismo en los años cincuenta, cuando esta actividad era considerada sumamente audaz incluso en el ambiente de las frivolidades, días en que la revista chilena pasaba quizás su mejor período de existencia y de producción de celebridades. Al contrario de lo que aseguran muchos memorialistas e incluso escritores contemporáneos a su época, ella no era la célebre Pitica, como veremos.
La agraciada y morena chica de entonces 17 años, era miembro de una modesta familia que vivía en una vieja casona de quinta en el Barrio Franklin de Santiago, capitaneada por don César Ubilla Briceño, un mueblista que había enviudado al morir su primera esposa Nieves Allende, debiendo sostener su hogar con más de una docena de criaturas, la mayoría de ellas mujeres. Para proveerse de ingresos, Isabel trabajaba como empleada en una empresa textil y desde los 14 años cantaba tonadas y tangos en la Radio Bulnes donde, hacia mediados de 1952 y gracias a la famosa actriz Iris del Valle, supo que en el Teatro Ópera del maestro Buddy Day, en calle Huérfanos, estaban buscando muchachas para los shows del "Bim Bam Bum", según lo recordaría entrevistada para la "Revista Ya" de "El Mercurio", del martes 11 de octubre de 2011 (artículo "Las mujeres del Bim Bam Bum"), donde agregaba:
"Yo tenía 17 años y no supe negarme al consejo de Iris. Llegué allá sin saber a lo que iba. Me encontré con puras argentinas altas y flacas que andaban piluchas. Alguien me pasó un traje de baño. Tiritaba de miedo (...) Con lo que ganaba apenas me alcanzaba para mí. Así que me pareció una buena oportunidad para surgir".
El aviso referido que convocaba a las muchachas, decía: "¿Quiere ser artista? Iníciese en el Bim Bam Bum. Condiciones: estatura mínima 1,70 m. Bonita. Buen Sueldo. Empleada particular. Presentarse a la brevedad posible. Huérfanos N 837". Cumpliendo los requisitos y probando suerte sin saber que iba a iniciarse con ella una dinastía de vedettes reconocidas por muchos como las mejores que haya producido este terruño, Isabel quedó seleccionada por el propio Buddy Day que estaba a cargo del casting, debutado en 1953... Todo a espaldas del conservadurismo de su esforzado padre, secreto que le ocultó por varios años más hasta que éste la descubrió y la castigó severamente, aunque también de manera inútil a esas alturas de su carrera en vías de consagración.
Isabel comenzó atrás del elenco en las tablas, en tercera fila como corista, aprendiendo de las estilizadas argentinas que lideraban adelante estos shows por sus innegables ventajas de experiencia y profesionalismo. Como se recordará, las jóvenes venidas desde el otro lado de la cordillera andina sobresalían por conocer mucho mejor el oficio consolidado ya entonces allá en su tierra, además de provenir  de estratos sociales más altos que las chilenas en general, que tendían a ser de origen más bien modesto en ese entonces. Empero, la escultural Isabel llegaría a ser la primera vedette chilena en alcanzar un papel protagónico tras un arduo año de trabajo y competencia con las demás bailarinas, y así comenzaría a llevar después a otras miembros del clan familiar hasta las tablas, compartiendo con ellas el éxito.
Mas, como el ascenso en las compañías tenía mucho que ver, a veces, con simpatías de los directores más que talentos propiamente dichos, Isabel reconocía que pudo haber sido favorecida por su amistad con doña Marta, la esposa de Buddy Day y encargada de todo lo relativo a las bailarinas en el Teatro Ópera. Contrariamente a lo que repiten algunos porfiados con una majadería casi pasmosa, Isabel nunca fue la famosa Pitica del clan Ubilla, sino su hermana Elba, la segunda en esta misma dinastía y de la que ya veremos más.
Teatro Ópera y "Bim Bam Bum", plataforma de despegue de las primeras musas del clan Ubilla. Fuente: Flickr  SantiagoNostálgico.
Buddy Day, el descubridor de Isabel Ubilla y dueño del Teatro Ópera, en la revista "En Viaje", 1966.
A pesar de sus atributos y virtudes de profesión, las envidias de las vedettes argentinas de la compañía comenzaron a bullir con el ascenso de Isabel y no tardaron en aparecer los codazos y empujones contra ella en plenas presentaciones, al punto de hacerla terminar llorando en el camarín. Los celos de las chicas platenses habían comenzado cuando se le pidió a Isabel reemplazar a Suzy Monterrey mientras ésta estuvo con licencia médica, ocupando así un puesto que era muy apetecido en el equipo. Agobiada por las constantes provocaciones y ninguneos de una de las artistas en especial, terminó clavándole en la cabeza cinco centímetros del taco aguja de uno de sus zapatos, mandándola así a la posta de urgencia. La cabeza perforada habría sido de Diana Monti, aunque algunos la recuerdan por error como la famosa francesa Xenia Monty, que también fue parte del "Bim Bam Bum".
Elba Ubilla, su hermana, llegó con sus grandes e hipnóticas caderas a las tablas auspiciada y promovida por Isabel, en 1956 y cuando la joven recién pasaba los 15 años. En rigor, era su media hermana, hija del segundo matrimonio de don César Ubilla con doña Tránsito Cadena Molina, aunque muy unidos todos en el clan familiar.
Además de relucir sus equilibradas formas, Elba destacó por una mirada coqueta y una feminidad profunda que, sin necesidad de exageraciones, seducía a los varones presentes hasta hacerles babear, según recuerdan los que la vieron alguna vez. Si bien no era actriz ni cantante como Isabel, la chica tenía estudios de perfeccionamiento de baile en los talleres del Teatro Municipal, por lo que resaltaba bastante en estas artes a pesar de ser más reservada y tímida. Ambas hermanas comenzarían a hacer también presentaciones en el extranjero poco después de su debut, pero claramente Elba fue la segunda en la seguidilla de las Ubilla, a diferencia de lo que algunos también han creído pisando las trampas de la escasa información disponible.
El porqué la acinturada Elba acabó con el conocido apodo de Pitica, que ayudara a hacerla la más popular y recordada del clan, es otra historia con versiones contradictorias. La principal de ellas es comentada por un especial de internet del diario "La Cuarta" titulado "'Pitica' Ubilla es ahora una leyenda" (sección especial de "Santiago de los 50, eterno carnaval"). Dice allí que el clásico humorista nacional Manolo González, muy dado a estos mismos escenarios, le habría colgado el singular sobrenombre; otros, en cambio, aseguran que el creador del mote fue el famoso periodista de espectáculos Osvaldo Muñoz Romero, más recordado como el gran Rakatán. Supuestamente, pues, el apodo de Pitica provendría de cierto parecido que algunos le encontraban a la muchacha con el entonces ya célebre cantante bolerista Lucho Gatica, a quien le decían cariñosamente Pitico desde los tiempos de su niñez en Rancagua. Un chisme dice que la comparación no le gustó a Lucho, cuando se enteró.
Como sea, el motete de Pitica Ubilla facilitó la popularidad de la más famosa del clan de bailarinas, a pesar de que su show era principalmente de baile y de que fuera la segunda en la secuencia, después de Isabel. Incluso fue objeto de cierto acoso de los medios de prensa, siempre interesados en publicar fotografías suyas y entrevistas, o prenderle supuestos amoríos. Ya en julio de 1957, casi recién aparecida en el ambiente, la revista "En Viaje" la elogiaba de la siguiente manera:
"Elba Ubilla ha llegado a ser, al año de labor, una de las principales figuras del ambiente deslumbrador de las candilejas que además de su interesante carita picarona, posee verdadera destreza y elegancia para sus papeles. ¡Todavía no cumple los 17 años, según dicen! Es parecida a la Leslie Caron; pero mejor que ella. Elba es admirada en el Bim Bam Bum y nos sentimos congratulados por sus crecientes triunfos".
Tenemos a mano un dato interesante: en el verano de 1962, cuando la ya madura actriz Iris del Valle enfermó y no pudo presentarse, el director Eugenio Retes sugirió que la joven corista y vedette Patty Cofré (que usaba entonces el apellido artístico Jofré) la reemplazara. Iris estalló en celos atacando después a la muchacha y exigiendo a Buddy Day sacarla de la revista, quien la habría reemplazado por Pitica Ubilla según informaron los diarios de la época.
Isabel Ubilla, presentando a su hermana Elba en 1956, revista "En Viaje".
Elba Ubilla, la verdadera "Pitica", en revista "En Viaje" de 1957.
Hacia diciembre de 1957, Isabel había presentado en los escenarios también a su también media hermana Carolina Ubilla, de sólo 15 años y que hasta entonces había trabajado como empleada en una confitería. A pesar de no ser de rostro lindo en los cánones más generales de belleza, tenía algo seductor en su aspecto que no pasó inadvertido y el golpe fue rápido, aunque por mucho tiempo debió cargar con el estigma de ser "la hermana de las Ubilla", marca que, a la larga, decidiría su futuro en el país.
Siguió en la cadena de hermanas la inolvidable Raquel Ubilla, que sería conocida como la Pitica chica, lo que ha llevado a muchos a confundirla con la "verdadera" Pitica, que era Elba como hemos dicho. Para debutar a sus tiernos 16 años, decidió abandonar sus estudios en comercio y aprender raudamente las artes escénicas. Su figura no era la más cautivante y quizás haya sido la más bajita de las hermanas, pero sus rasgos juveniles y su atractivo la pusieron con velocidad en la atención de los nocherniegos y asistentes de los espectáculos de revista.
La primera etapa de la carrera revisteril de Raquel fue corta, sin embargo, porque se enamoró perdidamente de Julio Felis, hijo de Buddy Day, contrayendo matrimonio con él y comenzando otros emprendimientos y aventuras por el mundo. Al fracasar intentos de negocios en España, retornó a Chile para tener su hijo y regresó al "Bim Bam Bum" por sugerencia del propio Felis, reiniciando así su carrera.
Así siguieron las otras hermanas arrastradas por el éxito de las fundadoras: las despampanantes y rompecorazones mellizas Angélica y Elizabeth, y la voluptuosa Bibi, apodada la Huracán Ubilla. Hubo también otras chichas del clan (hermanas, primas, sobrinas) que tocaron la fama de los escenarios ya entrando en la siguiente generación de vedettes de la revista chilena, como las otras hermanas Soledad, María Verónica, Nieves, Carmen y Anita, las hijas Luis Hojas y de María Antonia Ubilla, la hermana de Isabel y de las demás fundadoras, quienes siguieron usando el apellido materno como propio para extender el luminoso legado. Algunas hijas de Mario Ubilla, otro hermano de las matriarcas, también continuaron perpetuando la luz artística de la familia: Antonia, Nancy y Patricia Ubilla.
Casada con el corredor de automóviles Teobaldo Díaz Retamales, la gran reina Isabel Ubilla comenzó a retirarse hacia la década del 60, gradualmente según recuerdan algunos de sus antiguos admiradores, pues siguió haciendo presentaciones -más recatadas que en sus años de juventud- hasta poco después de cumplir los sesenta años, con un homenaje y despedida de sus colegas. Fundó su propia compañía para presentaciones en el Teatro Cariola, a principios de los 70, y más tarde inició una empresa de taxis. Curiosamente, perdió toda su colección de recuerdos de sus años dorados (incluyendo miles de valiosos regalos de admiradores) en un incendio. Su última presentación "simbólica" fue en agosto del año 2002, con más de setenta años e invitada para la revista "La abuela Francisca" en el Cariola, para celebrar sus 55 años de carrera. En tiempos posteriores, además, inscribió como marca propia el mote de Pitica, a pesar de haberle correspondido a su hermana, acción que causó ciertos conflictos interiores al clan de las Ubilla, según tenemos entendido. También contrajo matrimonio nuevamente con una pareja, un argentino tres décadas menor, en los años 90.
Elba o Pitica, en cambio, después de su arrollador éxito en tierra natal, fue a probar a Perú causando furor en la bohemia limeña, aventura en la que se enamoró de un acaudalado empresario ecuatoriano con el que contrajo matrimonio estableciéndose en Ecuador y retirándose para siempre de las tablas. Una canción-homenaje del desaparecido grupo musical "TeleRadio Donoso", lleva su nombre artístico desde 2005: "Pitica".
Isabel Ubilla, presentando ahora a su debutante hermana Carolina, hacia fines de 1957, en revista "En Viaje".
Raquel Ubilla, la "Pitica chica", en entrevista al clan de revista "Paloma" de noviembre de 1972. Fuente imagen: blog Folcloreyculturachilena.cl de don Carlos Fernandois.
Carolina, por su parte, no actuó mucho en Chile, pues buena parte de su carrera la hizo en el extranjero, partiendo su aventura por México. Se había marchado decepcionada por lo que sentía el poco reconocimiento a su trabajo, dicen. Contrajo matrimonio con el venezolano Pedro Sánchez, con quien tuvo un hijo. Aunque su relación terminó en pocos años, siguió viviendo en Caracas y haciendo presentaciones importantes allá, donde combinaba sus talentos de baile con actuación y comedia, volviendo a Chile sólo ocasionalmente. De acuerdo a un testimonio que manejamos, sus rasgos que acá no resultaban tan encantadores, allá fueron tomados por "exóticos" y muy atractivos para el público.
Raquel Ubilla, en tanto, abriría con su esposo en 1989 un centro de shows revisteriles y dramáticos en el Teatro Providencia, usando con autorización de Elba el título de Pitica, pues sabía que había pasado a la historia del espectáculo nacional como la Pitica chica. La tragedia la golpeó al enviudar en traumáticas circunstancias, tras ser asesinado su marido en un extraño asalto armado al teatro, en 1996. Ese mismo año, además, había muerto su hermana María Ubilla, que también brillara en el oficio.
Seguramente, era imposible que la experiencia profesional de las vedettes chilenas superara a las de las célebres argentinas que comenzaron a repletar como nunca antes el ambiente revisteril entre fines de los 60 y comienzos de los 70, empezando por el propio "Bim Bam Bum". Empero, la incipiente caída del género hizo emigrar a muchas de las bailarinas antes aplaudidas y colmadas de admiraciones. Documentos gráficos publicados por esos años, mostraron a alguna de las integrantes del clan Ubilla haciendo desnudos en el cabaret "Mon Bijou", lejos ya del glamour.
La debacle de las salas durante los días de restricciones nocturnas, que ni siquiera logró ser amortiguada con el arribo de las vedettes a la televisión abierta (por la que pasaron Pitica, Raquel y Bibi), acabaría por dejar atrás la época de las Ubilla brillando en plumas, perlas y lentenjuelas sobre los escenarios. Algunas alcanzaron a participar en presentaciones de la "Teletón", además. No es coincidencia que el Teatro Ópera cerrara en esos mismos años, en 1986, poniendo fin a una escuela de la que salieron Rosita Salaberry, Wendy, Taty Segura y la actriz Peggy Cordero, entre otras. Una de las últimas presentaciones de Soledad, Nieves y Anita Ubilla fue en un homenaje para el show "Viva la revista 5", destinado a recaudar fondos para el humorista Carlos Helo, en 2005, y en presentaciones de dobletes en La Florida y Quinta Normal durante el año siguiente, hacia el aniversario de la muerte de su madre.
Muchas leyendas de luz y de sombra se cuentan sobre el ayer envidiado y halagado clan de las Ubilla, hasta nuestro tiempo. El hermetismo que mantienen las sobrevivientes del mismo y muchos de sus descendientes, también ha fertilizado el campo para las fantasías y los errores. Además, los cánones estéticos han cambiado tanto que, en estos días, las Ubilla probablemente ya no serían consideradas como chicas bellas hasta lo "despampanante" como en su tiempo, por el exigente mercado sexista de medios y porque fueron el retrato y referente de una época; de su época, la que ayudaron a construir.
Pero, como alguna vez le escuchamos admitir a la veterana showoman Maggie Lay, todas las vedettes chilenas que siguieron a aquella generación estaban inspiradas por las Ubilla, de manera confesada o secreta... Y es que su recuerdo pertenece ya más al cariz del mito sobreviviente que de la realidad certificada: una memoria mágica y seductora en la historia del espectáculo de la vieja revista chilena.

viernes, 5 de febrero de 2016

EN EL MISMO CAMINO DE LA GUERRA Y DEL AMOR: EL PUENTE MILVIO O EL VERDADERO PRIMER "PUENTE DE LOS CANDADOS"

Grabado del Puente Milvio, de Giovanni Battista Piranesi, siglo XVIII.
Coordenadas: 41°56'7.47"N 12°28'1.03"E
El Puente Milvio es, reconocidamente, uno de los más importantes de la historia romana, además de ser una de las pasarelas peatonales que más turistas atrae sobre el río Tévere (Tíber). Conocido popularmente también como el Puente de los Candados o Puente de los Enamorados de Roma, quizás una visita a esta ciudad no quede completa sin una pasada por su elegante portal y una caminata por su luz.
Ubicado al Norte de la ciudad, entre los puentes Duca d'Aosta y Flaminio, mide unos 170 metros aproximadamente y conecta sobre el río las vías de Piazzale Cardinale Consalvi y Piazzale di Ponte Milvio. Ha tenido varias etapas y reconstrucciones, partiendo por un período inicial en que sólo fue un puente con factura de madera levantado hacia el año 207 ó 206 antes de Cristo por el Cónsul Gaius Claudius Nero, a lo largo de las antiguas vías Flaminia y Cassia. La primera mención que se conoce del puente aparece en las crónicas de la segunda guerra púnica, tras derrotar los romanos a los cartagineses en la Batalla de Metaurus y regresar a la capital pasando por él, en el año 207 antes de Cristo, por lo que se lo supone construido durante el conflicto o inmediatamente después de este.
Su nombre parece provenir de la época de su segundo constructor el censor Marco Emilio Scauro, entre los años 109 y 110 antes de Cristo, aunque aludiendo al apellido del primero de ellos: Mulvius, miembro del clan familiar de este apellido (gens Mulvia). Fue identificado por corrupción fonética como Ponte Mollo y Ponte Molle, traducible como Puente Suave, aunque se cree que los romanos le llamaban así por alguna relación con el hecho de que era el primero de los puentes de Tévere en inundarse cuando había crecidas del río (todavía se usaba en el siglo XIX este nombre). Scauro lo reconstruyó en roca, principalmente con bloques de travertino y peperino, segunda versión del puente de la se mantienen las bases de los cuatro pilares principales que sostienen la estructura pues tenía a la sazón sólo tres arcos.
Grabado del Puente Milvio, en grabado antiguo.
El Puente Milvio después de ser parcialmente destruido por Garibaldi, en 1849.
El puente en la actualidad, con todos sus arcos.
Vista del acceso Norte del puente.
El puente sería escenario de importantes episodios militares de la historia romana, partiendo por el gran triunfo del Emperador Constantino sobre los ejércitos pretorianos de Majencio o Massenzio, "El Usurpador", el 28 de octubre del año 312, durante la sangrienta Batalla del Puente Milvio que se libró precisamente sobre este paso y el sector de Saxa Rubra. El puente era la conexión que tenía la Vía Flaminia con la ciudad, por lo que su ubicación fue estratégica para defensa de la misma. Fue ésta la famosa victoria que se le anunció a Constantino I con la aparición de una gran cruz (crismón) en el cielo portando la proclama: "In hoc signo vinces" ("Por este signo vencerás"). Incluso debió reconstruir parte del puente que estaba inutilizada y levantar otro menor para poder asediar la ciudad, obligando a Majencio a atrincherarse en la capital tras ser vencido en el Tíber, donde el soberano derrotado finalmente pereció ahogado, según se cree. La entrada triunfal de Constantino el Grande a Roma fue, entonces, por este paso.
Habría un alcance controversial sobre el triunfo de Constantino en el Milvio, sin embargo: además de la disolución de los pretorianos reducidos a funciones civiles, el Senado de Roma hizo colocar después de la victoria un arco memorial conmemorativo de la batalla, pero con el detalle de agradecer al Sol Invictus por el mismo y no a Jesús o la deidad cristiana, lo que revela el estado transicional en que se hallaba la historia teológica romana, entre el culto solar pagano y las raíces paleocristianas. La victoria y sus connotaciones habrían sido posteriormente "cristianizadas" por escritores como Lactancio. Milvio marca, entonces, el fin de la era de las persecuciones y el tramo final del cristianismo tras el Edicto de Milán, en su camino a convertirse en religión oficial de Roma.
Por otro lado, se ha asegurado que la ubicación del puente siempre ha sido la misma, pero hay opiniones de que podría haber variado en las reconstrucciones, fundamentalmente con relación a la primera de sus versiones, ya que se sabe que mantiene aún los arranques de las versiones siguientes de piedra. Según notas y testimonios que recoge en el siglo XVIII el reeditor madrileño de "La conjuración de Catilina y la Guerra de Jugurta" del cronista romano Cayo Salustio Crispo, "el verdadero Puente Milvio estuvo sobre unos frogones, que se ven encima del actual puente, a un tiro de piedra de él".
Vista de la superficie y los pretiles del puente.
Torre-arco Valadier, en la entrada Norte.
Arco de acceso, visto hacia el Norte. Al fondo, Iglesia de la Madre de Dios.
Vista desde el acceso Sur.
Ya en tiempos de la Edad Media, un sacerdote llamado Acuzio hizo remodelar y mejorar el puente, pero de todos modos siguió deteriorándose y amenazando con desplomarse, por lo que el Papa Martín V ordenó restaurarlo y reforzarlo en el año 1429, encargando los trabajos a Francesco da Genazzano. Pocos años después, según información dispuesta en paneles del mismo puente, durante el papado de Nicolás V (1447-1455) se encargó a Tomasso Parentucelli reconstruir la torre-portal del acceso Norte, usando la antigua torre perteneciente al Templo de Aureliano del siglo III. Este edificio conocido como la Base Tripizzone, era distinto al actual, más parecido a una fortificación pequeña e incluso con balaustras protectoras, y su función era reforzar la defensa militar en la entrada estratégica a la ciudad que representaba el puente, a sólo una milla del centro de la ciudad. En 1458 se retiran los restos de madera que quedaban en la estructura del puente. También existía una pequeña caseta de vigilancia cerca del otro extremo, que aparece retratada en cuadros y grabados de esos siglos, como una interesante pintura de Gaspar van Wittel hecha hacia el 1700.
Hubo nuevas intervenciones en el siglo XVIII, pero durante el pontificado de Pío VII (1800-1823),  se contrató a Giorgo Charamonti para iniciar en 1805 trabajos de remodelación del puente de arcos, usando diseños de Giuseppe Valadier. La intervención fue muy radical y cambió totalmente el aspecto del puente, dándole la base del aspecto general que aún conserva. Su entrada triunfal o Torre Valadier, al Norte, fue rehecha en estilo neoclásico por Domenico Pigiani y aún conserva en su altura la placa conmemorativa de la obra de Pío VII. También se agregaron los arcos de piedra de los extremos, en reemplazo definitivo a los accesos levadizos de madera que se usaban hasta entonces en el puente.
No obstante, el Puente Milvio debió ser reconstruido una vez más cuando los ejércitos de Giuseppe Garibaldi destruyeron toda su pasarela para dificultar el avance francés de las fuerzas del General Nicolás Oudinot, en la batalla del 13 de mayo de 1849. El Papa Pío X (1846-1878) debió ordenar su reconstrucción al año siguiente, encargando las obras a G. M. Mastai Ferreti. Una placa conmemorativa recuerda bajo el arco triunfal la epopeya allí lograda por Garibaldi.
El puente actual es una sólida obra con suelo de adoquines y antiguos faroles de iluminación a cada lado, en sus pretiles. Ya quedó atrás la época en que pasaba por él el servicio de tranvías, no conservándose ni siquiera las vías que ocuparon los carros. Su torre da forma a un arco con artesonado y placas conmemorativas, antecedida por dos estatuas de inspiración clásica. Al otro extremo del puente, también a ambos lados del acceso, se encuentran aún las estatuas que ordenó poner Pío X: de la Virgen de la Inmaculada Concepción hecha por Domenico Pigiani, y de San Giovanni Nepomuceno, de Francesco Mochi y que ya existía desde antes de agregar las demás esculturas. Había antes una representación del Bautismo de Jesús en la entrada Sur, pero fue trasladada al Museo de Roma en el Palazzo Braschi.
Estatua del acceso Norte.
Estatua y bancas del acceso Norte.
Estatua de la Inmaculada Concepción, acceso Sur.
Estatua de San Giovanni Nepomuceno, también en el acceso Sur.
Se han colocado cadenas y vallas para dificultar que algunos imprudentes se metan con motocicletas al puente, reservado exclusivamente al paso peatonal y en bicicletas al que fue destinado en 1978, pues el tránsito motorizado es desviado al Puente Flaminio, enorme obra concluida en 1951. Los bajos del puente están habitados por algunos murciélagos insectívoros que asoman durante las tardes y parte de las noches. Dicen que antaño se podía pescar desde el puente y las vías peatonales que van junto al río, pasando bajo los primeros arcos de la misma estructura, aunque no tengo certeza de este dato. Desde el año 2003, además, luego de la primera celebración de la llamada "Noche en Blanco" en Roma, su torre con arco triunfal cuenta con una elegante iluminación nocturna instalada por el artista Fabrizio Crisafulli.
Una característica nueva que ha vuelto aún más internacional al Puente Milvio, sin embargo, es la gran cantidad de candados que parejas colocan en sus estructuras para juramentos de amor. Tal como se imita en varias otras partes del mundo (en Chile, por ejemplo, con el caso del Puente Racamalac de Santiago), la curiosa costumbre proviene de la novela romántica "Ho voglia di te" ("Tengo ganas de ti") del italiano Federico Moccia (2006), posteriormente llevada al cine (2012), donde un personaje colocaba un candado con juramentos de amor eterno a su amada precisamente en el Milvio de Roma, arrojando la llave al río. No tengo una versión clara de si Moccia plasmó en su argumento algo que ya se perfilaba como tradición o si bien creó este rito, pero el caso es que el Milvio fue el lugar más romántico que el autor escogió en la capital misma del romanticismo. Según ciertos testimonios que he conocido, pudo haber existido desde antes la tradición de que las parejas que se comprometían en el puente aseguraban una relación estable y perpetua, pacto ahora simbolizado en el candado.
Tal llegó a ser la cantidad de candados acumulados en los pretiles, faroles y encadenados del puente que las autoridades debieron retirar cientos de kilos de estos mismos desde sus estructuras, luego que en el año 2007 cayera parte de los postes de iluminación colapsados por el peso, obligando a reforzarlo con barras y cables de acero para que allí fueran colocadas estas piezas hasta el año 2012, cuando fueron removidos masivamente. Sin embargo, el puente no ha tardado en comenzar a llenarse otra vez de candados de todo tipo y variedades en lo que ya parece una irrenunciable tradición, al punto de que es posible encontrar en el mismo lugar a insistentes y majaderos inmigrantes vendiendo estas piezas que siguen apoderándose de cada rincón del puente donde es posible colocar un candado con el juramento de amor respectivo.
Vista del Puente Milvio, desde el Duca d'Aosta.
Farol de diseño renacentista y pretil del puente.
Detalle de los candados en el farol.
Los candados, regresando al Puente Milvio.

martes, 2 de febrero de 2016

CON ESTE CALOR, ¿PODRÍA VOLVER LA LAGUNA PERDIDA DEL PARQUE FORESTAL? ("Las Últimas Noticias" del martes 2 de febrero de 2016)

Nota publicada en el diario "Las Últimas Noticias" del martes 2 de febrero de 2016, por J. Núñez y A. Diéguez. Para ir al enlace original: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-02-02&NewsID=337066&BodyID=0&PaginaId=6 (Clic sobre la imagen para ampliarla).
Estaba frente al Museo de Bellas Artes
Expertos opinan sobre la idea de revivir este punto de de encuentro del Santiago del siglo XX.
“Cinco minutos después se encontraba en el Parque Forestal, junto al pequeño castillo de finos torreones”.
Luis Orrego Luco acostumbraba a ambientar sus novelas en escenarios reales de Santiago y en “Casa Grande”, de 1908, relata que el protagonista, Ángel Heredia, llegó al Castillito del Forestal, hoy convertido en café-restorán.
“De allí pasó a la terraza de estilo italiano, con balaustradas grises, a cuyo pie ondula un estanque”.
El pasaje novelesco, recopilado por el historiador Simón Castillo Fernández en su libro “El Río Mapocho y sus riberas”, es precisa, porque en el Castillito estaba la administración de la laguna o estanque donde a principios del siglo XX los enamorados paseaban en bote, frente al Museo de Bellas Artes. Parte de la terraza y del embarcadero aún está en pie. Lo que falta es el agua.
“Ahí están los cimientos todavía. No costaría mucho desenterrarla y volverla a la vida”, dice el escritor y cronista urbano Roberto Merino en una columna publicada este lunes en “Las Últimas Noticias”. ¿Será posible?
“Era bonita y todo. Le daba un tinte romántico al parque, que no ha vuelto a tener. Pero me parece que fue hacia los años 40 cuando empezaron a haber problemas sanitarios con esa laguna y la volaron. No hay que idealizarla tampoco. Romanticismo en su justa medida”, cuenta Cristian Salazar, administrador del sitio en Internet Urbatorium, destinado a rescatar historias urbanas.
Dino Bozzi, profesor de Arquitectura de la Universidad Católica, especialista en patrimonio, asegura que revivir la laguna es razonable. “La tecnología para hacer un cuerpo de agua higiénico existe hace mucho tiempo en Chile. La ciudad también ganaría una postal al recuperar el espejo de agua que reflejaba y proyectaba la fachada del Bellas Artes. Y urbanísticamente Santiago ganaría un espacio de agua, de esos que tanta falta hacen en días calurosos”, cuenta.
Iván Poduje, magíster en Desarrollo Urbano y profesor de las universidades Católica y de Stanford, tiene dudas. “No sé si sea tan buena idea reconstruir la laguna en un parque tan largo y angosto, pues creo que un cuerpo de agua podría llegar a afectar la circulación en torno al río”, explica.
Para Héctor Reyes, presidente de la Asociación Chilena de Profesionales del Paisaje, este proyecto tendría algunas complicaciones, sobre todo para las especies vegetales que crecieron donde estaba la laguna. “Sería llevarlas directamente al sacrificio, considerando que la ciudad lo que requiere es más cobertura vegetal y no que se eliminen las especies ya existentes”, cuenta.
Alejandro Plaza, subdirector de Proyectos de la Secretaría Comunal de Planificación de la Municipalidad de Santiago, dice que sería un proyecto complejo. “Requeriría de una enorme cantidad de estudios, considerando que afectaría una gran parte de los árboles y del terreno del parque. Creemos que no sería sustentable ni desde lo ambiental, ni desde lo económico”, explica.

lunes, 1 de febrero de 2016

LOS VIEJOS Y JUBILADOS CARROS DE BOMBEROS DE LA COMPAÑÍA DE AZAPA

Coordenadas:  18°31'15.33"S 70°10'29.94"W
Dos antiguos e históricos carros de bomberos duermen en la tranquilidad del merecido retiro, en la Séptima Compañía de Bomberos de San Miguel de Azapa, en la Ruta A-27 muy cerca del antiquísimo cementerio, del museo de afrodescendientes y del clásico boliche "La Picá del Muertito", donde también se tejió su historia germinal de mangueras y hachas.
El origen de esta unidad de bomberos se debe a una iniciativa compartida, entre otros, por don Jaime Tapia Herrera, el fundador del mencionado restaurante cercano al camposanto. Su intención era crear una fuerza bomberil propia para el sector interior del Valle de Azapa, pues las distancias siempre dificultaban la llegada de los voluntarios desde Arica hasta las emergencias de este lugar. Fue así como en 1996, él y un grupo de voluntarios constituyeron en el propio establecimiento de "La Picá del Muertito" la fundación de la Primera Brigada de Bomberos de San Miguel de Azapa, hoy numerada como la 7ª Compañía de Bomberos "Azapa" y que lleva inscrito en su fachada el nombre de su fundador y primer director, con el lema "Honor, Lealtad, Servicio".
Vista de los carros, poco después de ser instalados ambos.
Con el actual techo de encañado.
Vista actual del recinto.
Con cuartel propio y espacioso, la compañía dispone de un galpón donde se ven modernos vehículos de emergencia que reemplazaron a los anteriores. Los viejos camiones de bomberos a que nos referimos, en cambio, se encuentra afuera de la base, en la entrada a la carretera del camino hacia el cementerio, y corresponden a las siguientes:
  • El que claramente resulta ser el más antiguo sería un camión adaptado Chevrolet 4400 años cincuenta (c. 1957) según lo que encuentré hace un tiempo en una reseña de internet sobre la compañía, aunque me parece más bien un 6400 o parecido (sin ser experto), con sus sugerentes y características líneas redondeadas de diseño de esos años, además de la característica máscara frontal sobre el macizo parachoques. Este camión destechado no pertenecía a la unidad, sino que fue traído a Azapa desde Arica, luego de ser dado de baja tras una larga vida de servicios. Aunque su estado no es óptimo, sin dida, cuenta con parte de sus instrumentos y herramientas originales.
  • Un carro contra incendios Ford C-900 años setenta (c. 1973), donado en 1997 por el Rotary International Club de Falconer en New York, Estados Unidos a Azapa luego que la promesa de obsequio fuera disputada con Arica. Ganó la flamante brigada azapeña, que llevaba un año de fundada, y una inscripción en la propia carrocería recuerda esta donación. Adaptado para el servicio por la American Fire Apparatus Co., de Battle Creek, Michigan, fue el primer camión bomba que tuvo la unidad y, por lo mismo, es un símbolo muy querido y respetado por sus voluntarios. También cuenta con gran parte de su aparataje original.
Camión bomba Chevrolet.
Cabina camión Chevrolet.
Camión bomba Ford.
Cabina del camión Ford.
Este último, el camión Ford que acompañó al nacimiento de la unidad bomberil azapeña, fue jubilado y más tarde colocado en este lugar, hacia el año 2008, siendo hasta hoy atracción y curiosidad para los viajeros que llegan a conocer la localidad y que se encontraban con esta reliquia allí, junto a la propia carretera y en uno de los principales accesos hacia el sector histórico. Por el año 2011 ó 2012, fue llevado hasta su lado el camión Chevrolet, más antiguo y rústico, compartiendo el retiro y las miradas de admiración.
En el año 2014 se construyó el todo con techo encañado que da sombra a ambos vehículos históricos, que obligan a la detención de los interesados en conocer algo de la clásica ingeniería que ha acompañado a la noble institución también en estas comarcas y regiones extremas de Chile.
Galpón principal de la Compañía "Azapa".
Actuales camiones bombas de la unidad.

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