sábado, 31 de octubre de 2015

LA COLUMNA TRAJANA: UNA MONUMENTAL Y MAGNÍFICA CRÓNICA DE LAS GUERRAS DACIAS

Grabado en base a aguafuerte, 1785, con la columna y su entorno (estampa antigua).
Coordenadas: 41°53'44.92"N 12°29'3.47"E
Es mundialmente conocida como la Columna Trajana o Columna de Trajano; Colonna Traiana más localmente, aludiendo al Emperador Trajano que la hizo erigir allí en la cabecera del Foro Imperial Romano cerca del Monte Quirinal, con más exactitud al Norte del Foro Trajano con su imponente mercado y teniendo por vecinos en nuestra época a la Iglesias del Santísimo Nombre de María y de Santa María de Loreto, y al Altar de la Patria al otro lado de la Via dei Fori Imperiali, avenida paraíso de los amantes del mundo románico y la arqueología imperial.
De estilo dórico romanizado, tan hermosa ha sido por dos mil años esta obra que el artista Miguel Ángel solía decir que ninguna otra ciudad alcanzarían la perfección artística de Roma, porque no tenían la Columna Trajana. Sería la que inspiró a Napoleón, además, para ordenar la creación de la esplendorosa Columna de Bronce de Austerlitz, en París, en 1806.
César Nerva Trajano Augusto, que gobernó desde enero del año 98 hasta su muerte en agosto del año 117, ordenó levantar esta sorprendente estructura como la más alta visible en el foro que también lleva su apellido, con sus más de 39 metros de altura contando el pedestal con plinto y la estatua, culminándose los trabajos en el año 113 ó 114 según se calcula. El registro de los Fastos Ostienses proporciona una fecha muy precisa de inauguración: 12 de mayo de 113. Su tamaño es intencionalmente el mismo que alcanzara una colina o peñón que allí existió y que fue removido para la construcción del Foro de Trajano, recordándose su altura con la misma columna.
Emplazada, según se cree, entre dos desaparecidas bibliotecas creadas también por Trajano y la monumental Basílica Ulpia de su foro, la columna está compuesta por 18 grandes segmentos o "tambores" de mármol de Paros, de 3.83 metros de diámetro y de unas 40 toneladas cada uno, con un balcón mirador de base hoy cuadrada en lo alto, al que se accede por una estrecha y mareante escalera espiral interior de 185 peldaños e innumerables giros.
Lo que en una observación rápida podría parecer el resultado de una minuciosa filigrana escultórica exterior en la columna, subiendo en espiral por cerca de 30 metros de la altura de esta maravilla, es en realidad un friso de gráfica historiada o una suerte de crónica ilustrada: un bajorrelieve de notable detallismo, que conmemora con pasajes los triunfos militares de Trajano sobre los ejércitos dacios, en las llamadas Guerras Dacias. La etapa de 101 a 102 está en mitad inferior de la columna, y la de 105 a 106 en la mitad superior, divididas por la alegoría de la Victoria. El orden de las escenas también es cronológico.
Grabado con una reconstrucción del aspecto original de la Columna Trajana y la Basílica Ulpia, en la "German Encyclopedia" de 1891 (Fuente imagen: www.ilpungolo.org).
Vista actual de la Columna de Trajano y los restos del templo.
Cerca de 2.500 figuras humanas han sido contabilizadas en el diseño, 59 de ellas correspondientes al Emperador Trajano. Según la exhaustiva observación hecha por el investigador Salomón Reinach y publicada en su libro "La Colonne Trajane au Musée de Saint-Germain", de 1886, la secuencia es la siguiente:
GUERRA DACIA DE 101 A 102 d. C.
GUERRA DACIA DE 105 A 106 d. C.
PRIMERA CAMPAÑA
  1. Fortificaciones romanas del Danubio
  2. Fortificaciones romanas del Danubio
  3. Fortificaciones romanas del Danubio
  4. Ejército romano cruzando el Danubio por un puente de pontones
  5. Ejército romano cruzando el Danubio por un puente de pontones
  6. Primer consejo de guerra del Emperador Trajano
  7. Sacrificio de inauguración del campamento militar
  8. El discurso del Emperador Trajano a sus tropas
  9. Construcción de un campamento militar
  10. Supervisión del Emperador Trajano a la construcción de un campamento
  11. Tala de árboles para la construcción del campamento
  12. Tala de árboles para la construcción del campamento
  13. Un espía enemigo es capturado y llevado ante Trajano, mientras la tropa construye un puente y el fuerte
  14. Soldados disponiéndose al frente campamento
  15. Caballería e infantería preparando la marcha
  16. Marcha del Ejército a través los bosques
  17. Primera lucha con las fuerzas dacias
  18. Primera lucha con las fuerzas dacias
  19. Los romanos incendian una aldea dacia
  20. Parlamento dacio con el Emperador Trajano
  21. El Emperador Trajano con prisioneras dacias
  22. Soldados dacios ahogándose al cruzar un río, mientras intentan ataque al campamento romano
  23. Los dacios atacan el campamento romano
SEGUNDA CAMPAÑA
  1. Preparativos de la nueva expedición romana en el Danubio, con embarcaciones de suministros
  2. El Emperador Trajano aborda la nave
  3. Trajano lidera ataque de la caballería contra el enemigo
  4. Trajano lidera ataque de la caballería contra el enemigo
  5. Termina la batalla y son sometidos viejos,  mujeres y niños
  6. Construcción del nuevo campamento ante Trajano, atención de heridos y tortura de prisioneros
  7. Partida del ejército a una nueva batalla
  8. Fuga de los dacios
  9. Discurso del Emperador Trajano a sus hombres y encarcelamiento de los presos en la fortaleza
  10. Homenaje y congratulaciones al Emperador Trajano de parte de los soldados, mientras prisioneros romanos son torturados por mujeres y se presentan ante el Emperador los jefes rivales
TERCERA CAMPAÑA
  1. El ejército romano cruza otra vez el Danubio
  2. El Emperador Trajano y sus soldados frente a un campamento
  3. Trajano reunido con sus hombres
  4. Vista del campamento militar
  5. Discurso del Emperador Trajano a sus soldados
  6. Avance del ejército hacia un bosque de fortificaciones dacias
  7. El Emperador Trajano cruza un río por un puente y se prende fuego a las fortificaciones enemigas
  8. Levantamiento de un campamento y presentación de un jefe dacio ante los romanos
  9. Avanzada de un campamento
  10. Trajano observa el asalto de la caballería
  11. Fuga de los dacios en el bosque
  12. Construcción de otro campamento y presentación de los líderes dacios ante el Emperador Trajano
  13. Batalla enfrente de las fortificaciones romanas
  14. Los dacios talan árboles para construir fortificaciones
  15. Los romanos construyen más campamentos
  16. Defensa de los dacios a su campamento fortificado
  17. Ataque romano con la tortuga
  18. El Emperador Trajano recibe las cabezas de dos líderes dacios
  19. Se desata una nueva batalla
  20. El Emperador Trajano supervisa construcción de nuevo campamento
  21. Sometimiento del Rey Dacebal y las autoridades dacias al Emperador Trajano
  22. Sometimiento del Rey Dacebal y las autoridades dacias al Emperador Trajano
  23. Los dacios destruyen sus fuertes
  24. Partida de las mujeres y los niños, y discurso final del Emperador Trajano a sus tropas
  25. Inscripción de la victoria romana en un escudo entre dos trofeos, indicando el final de la Primera Guerra Dacia al centro del friso.
CUARTA CAMPAÑA
  1. Zarpe de los buques de Ancona hacia la Segunda Guerra Dacia
  2. Llegada al puerto
  3. Entrada triunfal del Emperador Trajano
  4. Entrada triunfal del Emperador Trajano
  5. Ceremonia del sacrificio solemne
  6. Arribo a otra ciudad y sacrificio solemne
  7. Atraque en la costa
  8. Exploración
  9. Presentación de una ciudad
  10. Ceremonia de sacrificio solemne de seis altares
  11. Tala de árboles para construir un nuevo campamento
  12. Los dacios se refugian en una fortaleza
  13. Ataque de los dacios a una fortaleza romana, siendo derrotados
  14. Nuevo ataque dacio
  15. Llegada del Emperador Trajano conduciendo la caballería
  16. Sacrificio del emperador al gran puente del Danubio, construido por Apolodoro de Damasco
  17. Emperador Trajano recibe a los jefes dacios en una ciudad romana con anfiteatro
QUINTA CAMPAÑA
  1. Preparativos e inicio de la Quinta Campaña
  2. Preparativos e inicio de la Quinta Campaña
  3. Ceremonia de sacrificio en el campamento
  4. Discurso del Emperador Trajano a sus tropas
  5. Partida del ejército
  6. Llegada de los romanos hasta un campamento fortificado
  7. Los soldados salen para aprovisionarse
  8. Los soldados salen para aprovisionarse
  9. Pelea entre dacios en una fortaleza
  10. Comienza la batalla
  11. Ataque con escaleras a los dacios en la capital Sarmizegetusa
  12. Reunión del Consejo de Guerra del Emperador Trajano
  13. Ataque continuo con carros pesados de guerra
  14. Ataque continuo con carros pesados de guerra
  15. Los soldados romanos construyen empalizadas de madera
  16. Parlamento dacio ante Trajano
  17. Los dacios deciden no entregar Sarmizegetusa a los romanos y la incendian
  18. Suicidio por envenenamiento de los jedes dacios.
  19. Fuga de los dacios sobrevivientes
  20. Presentación dacia ante Trajano
  21. Los ejércitos romanos ocupan la ciudad de Sarmizegetusa
  22. Los ejércitos romanos ocupan la ciudad de Sarmizegetusa
  23. Construcción de un campamento romano
  24. Presentación de los líderes dacios nte el Emperador Trajano
  25. Cruce de un río
  26. Ataque de los dacios liderados por Decebal a un campamento romano
  27. Los dacios son derrotados y emprenden fuga
  28. Discurso del Emperador Trajano a los soldados, mientras las riquezas de los dacios son cargadas en mulas
  29. Fuga de los dacios derrotados y suicidio de algunos de sus líderes
  30. Presentación de los dacios ante el Emperador Trajano
  31. La caballería romana persigue a Decebal y a sus últimos leales
  32. La caballería romana persigue a Decebal y a sus últimos leales
  33. Suicidio de Decebal, al ser alcanzado por los romanos
  34. Los hijos de Decebal son atrapados y la cabeza de Decebal es colocada con trofeo en el campamento romano
  35. Otros dacios son capturados
  36. Toma de la última fortaleza dacia y asalto a una ciudad
  37. La ciudad es incendiada
  38. Viejos, mujeres y niños son deportados
  39. Ocupación y actividad ganadea
NOTA: para ver en detalle las imágenes con los segmentos del friso de la Columna Trajana, visitar el siguiente link: http://www.rome-roma.net/impero-romano/colonna-traiana-1.html
La de Trajano fue la primera de las llamadas columnas coclide que hicieron los romanos con un espiral ascendente de narración gráfica, pues es anterior a otras famosas del mismo tipo, como fuera la de Marco Aurelio o en Constantinopla la de Teodosio, de Arcadio y de Justiniano. Debe haber sido una pesadilla matemática, artística y de planeación gráfica y geométrica el haber proyectado todas estas escenas escultóricas en el calce preciso con el largo del friso espiral, que rota unas 23 veces por la columna y que, extendido, mediría cerca de 200 metros.
Sobre esta artística e innovadora forma de historiar la Columna de Trajano y las interpretaciones que se han hecho del procedimiento, Frederick Hartt escribe en su "Arte: historia de la pintura, escultura y arquitectura" de 1985:
"No se han encontrado precedentes para esta extraordinaria idea, pero llama la atención toda una serie de hechos: 1. La situación de la columna entre dos bibliotecas. 2. Los libros antiguos no tenían páginas, eran rotuli (rollos de papel o pergamino) enrollados en torno de dos ejes. 3. El lector leía una columna de texto cada vez -a veces acompañada de una ilustración- y, una vez leída, la enrollaba para leer la siguiente. 4. Justo debajo del ábaco dórico de la Columna Trajana, en el equino hay un esbozo de acanaladura, justo allí donde termina el relieve, como si se tratara de un rollo.
A partir de estas consideraciones parecía una hipótesis acertada la idea de que la columna historiada procedía de los rotuli con ilustraciones narrativas continuas, pero este tipo de rotuli es muy posterior y consecuencia de la Columna Trajana y de otros monumentos que la imitaron. La originalidad de la idea -que no sabemos si se puede atribuir a Apolodoro, o a otro artista que trabajaba bajo su dirección, o, incluso, al propio emperador- reside en el despliegue continuo de la narración a lo largo de ciento cincuenta secuencias, que tienen la fuerza de las escenas cinematográficas, en las que se cuenta la historia de las campañas a través de campos, sacrificios, arengas, embajadas, sitios, cruzamientos de ríos, torturas, suicidios y matanzas en masa. La objetividad de la narrativa es impresionante si la comparamos con los relieves de batallas asirios, que constantemente nos vienen a la mente. Nunca se menosprecia al enemigo: los romanos tienen que luchar duramente para conseguir la victoria. Fue en los relieves de la Columna de Trajano donde la escultura romana alcanzó, finalmente, sus características propias".
Aunque hoy toda columna se ve más bien blanca, sus figuras alguna vez estuvieron policromadas, pintadas a colores, como muchos de los otros relieves romanos imperiales. Parte la secuencia, además, en un enorme plinto esculpido en forma de corona de laurel. Probablemente, y tal como sucedió con las esculturas del Panteón, una gran cantidad de artistas debió ser movilizada para la creación de esta obra, por lo tanto, y su nivel de detalle llega a ser tal que ha aportado información especial para historiadores militares respecto del aspecto, las armas y armamento pesado de los ejércitos romanos antiguos.
Sobre lo que tenía originalmente esta columna en su parte más alta, algunas reseñas sugieren que pudo tratarse de un ave, siendo la principal sospechosa el águila imperial romana, según lo que aportan ciertos sitios y guías haciendo eco de palabras de arqueólogos como Samuel Ball Platner en su "A topographical dictionary of ancient Rome", de 1929. En tanto, ciertas fuentes y reconstrucciones muestran la estatua del propio Trajano en bronce dorado, como lo indican Hugh Honour y ‎John Fleming en su "Historia del arte" de 1987, lo que para algunos parecería ser una verdad a medias, pues un planteamiento dice que esta pieza con la efigie del emperador le había sido colocada después de su muerte, quitándose para ello la misteriosa imagen que antes existió allí.
Dudas sobre lo anterior surgen al ver la moneda del denario trajano acuñado en 114, justo al ser terminada la columna, donde se observa por un lado el perfil del emperador y, por el otro, una miniatura de su magnífico monumento sobre la misma columna: aparece erguido, con su mano izquierda en una lanza y la derecha extendida hacia su pueblo. La estatua de bronce estuvo en la cima desde el principio, entonces, pero no es todo lo que revela la moneda: sobre el pedestal y al inicio de la columna se ven dos gallardas aves, probablemente águilas, a modo de tenantes y con la cabeza mirando al emperador, pudiendo provenir de ahí, quizás, el error de interpretación que ronda en ciertas guías y sitios de internet. Como sea, esta figura principal de Trajano en lo alto acabó destruida en la Edad Media, y es una certeza que la actual figura que remata lo alto de la columna, la de San Pedro, le fue colocada por orden del Papa Sixto V, como también se indica por Honour y Fleming.
El vetusto pedestal de roca, en tanto, tiene una inscripción en latín, de relativa legibilidad aún, y que dice:
SENATVS · POPVLVSQVE · ROMANVS
IMP · CAESARI · DIVI · NERVAE · F · NERVAE
TRAIANO · AVG · GERM · DACICO · PONTIF
MAXIMO · TRIB · POT · XVII · IMP · VI · COS · VI · P · P ·
AD · DECLARANDVM · QVANTAE · ALTITVDINIS
MONS · ET · LOCVS · TANT... IBVS · SIT · EGESTVS
Esto se traduce e interpreta más o menos de la siguiente manera:
"Senado y pueblo romano (al) Emperador César Divino Nerva hijo de Nerva Trajano Augusto Germánico Dácico, Pontífice Máximo, Tribuno 17 (veces), Emperador 6 (veces), Cónsul 6 (veces), Padre de la Patria, para declarar altitud que alcanzaba el monte y lugar destruidos para esta obra".
Existe también la teoría de que la columna era una especie de soporte político y propagandístico del Emperador Trajano, intentando promover la simpatía a su persona por la vía de las obras de magnitud que alabaran su ego  e hicieran ostentación de su historial militar. Esto es poco probable, sin embargo, pues se observa que en el friso de la columna, Trajano aparece retratado sin grandes elogios ni representaciones magnificadoras, además de que el acceso o la sola observación desde cerca a la columna era algo difícil para el público en general, por hallársela entonces casi rodeada de edificios que formaban parte del foro, especialmente la Basílica Ulpia del arquitecto Apolodoro de Damasco, que cerraba el Nor-Oeste de todo este complejo. La mejor vista de la columna debió tenerse desde la terraza de la basílica, de hecho,
Al sentido conmemorativo de la columna sobre las Guerras Dacias y a su función de marcar el alto de la colina removida en las obras de Trajano, se agregaría después el servir también como lugar de reposo de las cenizas del emperador, fallecido de un edema en Selenius de Cilicia sólo tres años después de ver terminada esta obra, el 9 de agosto de 117. El Senado de Roma aprobó que sus restos cremados fueran sepultados en una urna de oro al pie de la columna, aunque esta pieza desapareció y nunca pudo ser recuperada.
Años más tarde, entre 176 y 192, se construiría en homenaje a Marco Aurelio una nueva columna muy similar a la de Trajano, esta vez con un friso celebrando sus victorias militares en el Danubio durante las Guerras Marcomanas, de entre 161 y 180. La Columna de Marco Aurelio sigue también de pie, en la llamada Piazza Colonna. Una copia bien lograda para algunos, y un error urbanístico para otros.
Existió un proyecto para construir un templo al pie de esta maravilla trajana, que iba a ser llamado Iglesia de San Nicolás de la Columna. Aunque procedería de un plan concebido en algún momento entre los siglos VIII y IX, el templo aparece mencionado en registros del año 1032, donde se agrega que iba a habilitarse una capilla u oratorio en la cumbre de la misma. Pero el proyecto jamás se pudo ejecutar completo, sólo en parte, con el pequeño templito que acabó siendo demolido y retirado hacia el siglo XVI, según se cree durante la visita de Carlos V a Roma, en 1546. Ya en 1162, además, el Senado de la Roma medieval había emitido un decreto declarando la columna como propiedad pública y ordenando su mantenimiento para evitar que se destruyera como había sucedido con la mayoría de los edificios imperiales del entorno. Por esa razón, posiblemente, se eliminaron algunos edificios privados adyacentes que dificultaban su vista, en el mismo siglo en que se cree fue removido el templo de San Nicolás de la Columna, instalándose la figura de San Pedro en lo alto durante las restauraciones de 1588, obras ejecutadas por Domenico Fontana por orden del Papa Sixto V.
Actualmente, la mantención y administración de la columna está en manos de la Superintendencia de Patrimonio Cultural de Roma. Es uno de los símbolos más potentes del paseo por los foros romanos y la Via Alessandrina. Por las noches, es estratégica y bellamente iluminada con haces de luz, que realzan su magnitud. Como dato curioso, además, ha llamado siempre la atención de los visitantes la cantidad de gatos que habitan este sector de la Columna y el Foro de Trajano, inspirando un capítulo completo de José Enrique Rodó en sus memorias de "Viajes por Europa", fechado en 1917. Sin ser tantos como los que se ven entre las ruinas del Largo Argentina, sorprende la cantidad y variedad de estos animales vagando o tomando Sol ajenos y esquivos a los humanos, allí entre los restos de la más grande de las civilizaciones occidentales.
Aunque parte del detalle de la columna se ha perdido por acción de agentes corrosivos o erosivos del ambiente urbano de la Roma actual, se cuenta con los exhaustivos registros fotográficos como los realizados por el arqueólogo alemán Conrad Cichorius entre 1896 y 1900 y las fichas fotográficas reunidas en las colecciones del Instituto Arqueológico Alemán. Más aún, existen completas copias de yeso hechas en moldes de la columna original, y que pueden encontrarse en el Museo de la Civilización Romana, e incluso fuera de Italia, como el Museo de Victoria y Alberto en Londres, el  Museo Nacional de Historia de Rumania en Bucarest y la Colección Arqueológica de la Universidad de Zúrich, además de copias dispersas en otras galerías y centros de investigación internacionales, aunque es seguro que nada se acerca siquiera a la impresión de enfrentarse en persona a la majestuosidad monumental de la columna original.

martes, 27 de octubre de 2015

LOS SABROSOS DIGÜEÑES, DESDE EL BOSQUE SUREÑO A LA MESA

Ilustración de "Botánica indígena de Chile", de Ernesto Wilhelm de Mösbach.
Retornaré un rato a mi Chile querido con esta entrada, gracias a las fotografías de recolección de digüeñes o dihueñes que me facilita generosamente mi amigo Juano, sureño por ancestros y por adopción, además de viejo camarada de correrías nocherniegas hasta su sana decisión de optar por la abstención absoluta con la bebida, buscando una vida más calma y reflexiva en esas tierras benditas. Estas imágenes corresponden a su reciente expedición al sector de bosques entre Purranque y Frutillar, cerca del Lago Llanquihue en la Región de los Lagos.
Apodadas algunas veces como "trufas de las ramas", aludiendo al célebre hongo de las raíces y comparándolo con su calidad y demanda, y también motejado como "perlas de bosque" o "fruta del roble", el digüeñe ha sido una maravilla culinaria no tan conocida fuera del territorio en donde crece de manera salvaje en nuestro país, a pesar de sus enormes posibilidades comerciales. Hasta hace unos años atrás, una chica lo vendía con su novio en Santiago, en un carretón cargado de estas esferas doradas que traía desde Temuco y cobrando "por taza llena" la medida de compra, cerca de la Estación Central, en la Alameda. Incluso el célebre documentalista y aventurero survivor inglés Bear Grylls, se dio el gusto de devorar algunos crudos y recomendarlos en su serie "Man vs. Wild", llamada "A prueba de todo" para el público  hispanoamericano, en un capítulo dedicado a la Patagonia y rodado por el sector de Monte Fitz Roy y los glaciares del aquellos paisajes australes e indómitos.
Denominado científicamente Cyttaria espinosae Lloyd, los antiguos habitantes de la Araucanía le dieron el nombre digüeñ, que se traduciría como "compañero" según algunas reseñas, quizás aludiendo a sus colonias de a varios en las ramas. Comido desde tiempos prehispánicos, lo observa Rudolph A. Philippi en 1869, en su "Elementos de Botánica para el uso de los estudiantes de Medicina y Farmacia en Chile", y Pablo de Rokha lo elogia en un poema de la "Arenga sobre el Arte" de 1949, poniéndolo junto al copihue. Así, llamando la atención de científicos y poetas, este hongo ascomiceto de la familia de las cyttariaceas y endémico de los bosques sureños chilenos, crece en grupos de esferas-glóbulos de tamaño variable (medio centímetro a 4 centímetros, o más), de característico color blanquecino anaranjado que tiende a realzarse una vez cocido, y cuando alcanzan cierto tamaño la membrana de su superficie, un tanto viscosa, se desgarra y revela celdillas interiores o apotecios, dejándole un aspecto muy parecido al nido colmenar de las avispas en esta etapa.
La recolección del hongo desde las ramas de los árboles se realiza generalmente en el cambio de estación austral del invierno a la primavera, entre septiembre, octubre y noviembre, acción de la que los sureños se valen de varas o palos para golpear los árboles con "perlas del bosque" y así cortarlas, aunque ha habido casos de cosechadotes irresponsables que maltratan o incluso destruyen ejemplares de bosque nativo protegido en su afán de bajar los hongos de las ramas, ignorando que el propio hábitat del producto se ha ido reduciendo con el daño a la foresta.
Familias completas suelen salir a cortar estas delicias, tanto para consumo propio como para alguna clase de ingreso extra, vendiéndolos en bolsitas o por medidas. Existen varias fiestas asociadas a la temporada del digüeñe por las regiones donde se da, precisamente.
Parasita principalmente el bosque austral, andino y patagónico, prefiriendo la lenga, ñirre y el roble pellín, en las que causa nudos estriados, agallas y deformaciones de las ramas de los árboles. Aunque a la larga puede matar a estas ramas donde se aloja, no causa la muerte del árbol, por lo que su parasitismo es bastante inofensivo. Suele hallárselo en lugares sombríos, como quebradas, zonas de neblina o áreas tupidas de bosque.
Si bien su distribución va desde el Chile Centro-Sur hasta el extremo austral en Magallanes, se concentra especialmente en las Regiones de Biobío, Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, más por la cantidad de extractores y de comercio del producto que por su abundancia o la del bosque nativo donde crece. En publicaciones de 1917 del Museo Nacional de Historia Natural, además, se reportaban hallazgos importantes de la especie en el sector La Campana, de Quillota, plena Zona Central, aunque confieso no haberlos podido ver en este sector.
Se considera al digüeñe una delicia y reputados chefs del gourmet lo apetecen en Chile y en el extranjero, como en Estados Unidos, Canadá, Alemania y Japón. Más popularmente, se lo consume desde crudos como ensalada (con sabor parecido al champiñón en este caso, pero no similar) hasta una versión de ceviche con el hongo en lugar de pescado, además de sencillamente salteados en mantequilla, con queso y en empanadas, revuelto con huevo a la paila, como relleno para pollo o pavo, en tortillas, guisado con vegetales o carne  y como ingrediente en salsas para pastas. "Muchos prefieren no trozar el digüeñe, que habitualmente es redondo y pequeño, porque aseguran que pierde buena parte de su sabor natural", escribe Alfonso Alcalde en su "Comidas y bebidas de Chile" de Editorial Quimantú, en 1872.
Puedo dar fe de la exquisitez de todas estas formas en que los sureños las comen por estas misma época en que escribo. Y para tener el producto disponible por el resto del año, también gran parte de las recolecciones de la temporada son metidas en frascos de conservas, mantenidos en salmuera o bien deshidratadas, modalidades muy usadas para los que se exportan al extranjero.
Llamado también dihueñ, dihueñi, lihueñe, pina, quideñe, pëña, pinatra y curacucha (hay gran confusión, pues a veces se usan los términos para señalar hongos distintos), el digüeñe está asociado principalmente en la cultura indígena a la idea del "fruto" del roble o ñirre, de la misma manera que se llama llau-llau o lleu-lleu a su pariente cercano la Cyttaria harioti, que crece como "fruto" del coihue, razón por la que le denominan digüeñe del coihue en algunas comunidades.
Existía, tiempo atrás, la leyenda de que producía borracheras o alucinaciones como si se tratara de un hongo chamánico, lo que no parece muy real. Aún así, en "Botánica indígena de Chile", Ernesto Wilhelm de Mösbach agrega la siguiente información sobre la especie, en 1992, revelando que se usaba para preparar alguna clase de bebida alcohólica en el pasado:
"El aparato esporífero de este grupo afecta la forma de un panel de avispas; son de aspecto y sabor agradables y muy buscados por la juventud, servían antaño para la fabricación de una chicha fermentada".
En la localidad de Cunco, en la Región de la Araucanía, se creó la llamada Semana de la Fiesta Gastronómica del Digüeñe, que ya va en su octava versión dedicada especialmente a la difusión culinaria del producto. Por su parte, Pemuco inició el año pasado su propia Fiesta del Digüeñe en la Región del Biobío. Y en la misma zona del país, Curanilahue tiene una Fiesta Costumbrista del Digüeñe que va en la séptima versión. Hay otras fiestas similares en Quilleco, San Miguel de Buli y Villa Rastrojos de Tucapel, además de los encuentros menores o apartados que también se suman, de alguna manera, a los festejos de la "vendimia" del hongo hacia inicios de la primavera, como recolecciones en la Isla Grande de Chiloé, donde destacan por su enorme tamaño.
Sin embargo, a pesar de la demanda extranjera, el mercado de los digüeñes tiene grandes limitaciones de producción y dificultades que han hecho nada fácil la comercialización internacional del producto ni la estabilidad de su mercado. Pero a la larga, quizás, esto sea mejor para la conservación del digüeñe, evitando los efectos de la depredación sin mesuras en un hábitat ya suficientemente dañado y reducido, asegurando así su consumo en las mismas tierras donde crece, en bosques vaporosos de pumas errantes y hasta de majestuosos cóndores, volando a veces entre sus claros.

viernes, 23 de octubre de 2015

EL SANTUARIO DE LOS SANTUARIOS: TESOROS HISTÓRICOS Y RELIGIOSOS DEL SANCTA SANCTORUM Y LA ESCALERA SANTA

Altar con el Santissimi Salvatore Acheiropoieton del Sancta Sanctorum de Roma.
Coordenadas:  41°53'13.63"N 12°30'24.77"E
Sancta Sanctorum puede traducirse del latín como Santo de los Santos o Santo Santísimo, para referirse a un depósito de reliquias u objetos cotizados como santos. El que trataré aquí se ubica casi vecino a la enorme Archibasílica de San Giovanni in Laterano y al actual Palacio de Laterano (Letrán) en Roma, frente a las plazas donde está acceso a estos edificios cuyas magnitudes opacan un poco al que nos interesa describir, relegándolo a un injusto lugar secundario en la percepción del turista que discrimina por volúmenes y majestuosidades.
Suele afirmarse que los templos de Roma consagrados a la imagen de San Lorenzo, mártir del cristianismo quemado vivo en una parrilla en el siglo III, son siete, destacando entre los principales el Extramuros (junto al cementerio), el de Lucina y el de Panisperna. Sin embargo, muchas de estas cuentas y revisiones suelen dejar de lado a este templo y santuario del Sancta Sanctorum y de la Escala Santa en el barrio de Monti, que en su origen fuera una capilla dedicada también a dicho diácono mártir de origen español, razón por la que el edificio es conocido hasta ahora también como la Iglesia de San Lorenzo in Palatio ad Sancta Sanctorum o bien como la Capilla de San Lorenzo in Palatio.
Hubo una época en que los tesoros de la historia de Roma y de toda la fe de Cristo que se encontraban acá, no tenían comparación para sus creyentes, que aún siguen visitándolo en penitencia y haciendo enormes pruebas de fe para llegar a contemplar las maravillas del arte religioso del Sancta Sanctorum, aunque sea a través de los barrotes y rejas de los vanos en los muros que le cierran el paso al hombre común a esta cámara sagrada, durante la mayor parte del tiempo.
Vista del complejo con el edificio de las monjas pasionistas al frente, de 1853.
Vista por el costado Sur. De izquierda a derecha se ven tres etapas-unidades del mismo santuario: el edificio del ingreso hecho con el convento de las monjas pasionistas; luego, el espacio donde está la Escalera Santa y en Sancta Sanctorum, y finalmente el Triclinio Leoniano con su bóveda, mosaicos y escalinatas.
Accesos al edificio frontal del santuario, vigilado por personal uniformado.
EL SANTUARIO
El complejo general del santuario tiene dos pisos en el sector principal y tres por el de los patios, a pesar de mantener ambos la misma altura. El frente que da hacia el poniente, de estilo neoclásico y con arcos en el zócalo, forma parte del convento de la congregación de las monjas pasionistas que le dan custodia y mantención al lugar. Este convento fue construido allí por disposición de Pío IX en 1853 (la fecha está inscrita en la fachada, sobre uno de los accesos), rodeado de hermosos jardines hacia el lado Norte, donde está el acceso a la Biblioteca de San Pablo por la Vía Domenico Fontana, cuyas dependencias también están conectadas con el complejo religioso del muy anterior espacio del Sancta Sanactorum. Hacia el lado oriente el recinto general limita hoy con dependencias del Centro Internacional de Arte Contemporáneo y las frondosas áreas verdes de la cuadra que da a Vía Emanuele Filiberto, entre los restos de los antiguos muros aurelianos que bordean este sector de la ciudad de Roma.
La sacra capilla principal del Sancta Sanctorum se encuentra en el segundo piso, accediéndose por cuatro escalas con antiguas pinturas interiores desde el hall o atrio principal, una de ellas bastante particular, como veremos. Su origen está en una capilla anterior que los sacerdotes y papas del Palacio de Laterano (hoy separados por la calzada de la calle) usaban en forma privada allí mismo, como oratorio interno, pues formaba parte del enorme edificio antiguo. Como se recordará, aquel extraordinario palacio había sido construido por los romanos de tiempos imperiales y cedido en el siglo IV a los pontífices por el Emperador Constantino, pasando a ser oficialmente la primera casa papal. Permaneció largo tiempo en este servicio, hasta que este antiguo palacio fue demolido en el siglo XVI, para abrirle paso al proyecto urbanístico de Sixto V, quien construye la etapa primitiva de este santuario (un sencillo edificio cuadrado con techo a dos aguas y ventanas simétricas, a juzgar de grabados antiguos) entre los años 1586 y 1589. El actual Palacio de Laterano adjunto a la Basílica de San Giovanni, es sólo una sombra nostálgica del que alguna vez existió en ese mismo lugar y del que formaron parte estas dependencias.
El espacio del Sancta Sanctorum propiamente, ya es mencionado en alguna documentación procedente del período del papado de Esteban III, en el siglo VIII, por lo que es presumible que su construcción dentro del antiguo palacio sea un poco anterior a aquellas fechas. Y ya entonces habría estado dedicado a San Lorenzo quien, según su leyenda, fue ejecutado por el emperador Valeriano cuando se le exigió entregar a Roma todos los tesoros de la Iglesia, y él llevó hasta su presencia a todos los mendigos, enfermos, parias y abandonados de la ciudad, declarando que ellos eran los verdaderos tesoros del cristianismo.
Sin embargo, de acuerdo a la información histórica dispuesta en el mismo lugar, el nombre del Sancta Sanctorum aparece en el siglo IX. Según parece, se la apodó así aludiendo al Sancta Sanctorum del Templo de Jerusalén, por la cantidad de reliquias y tesoros religiosos que se fueron acumulando y resguardando en su interior, bajo el altar y una arqueta rodeada de cadenas de hierro. Por algo, sobre el mismo altar de las reliquias, en el arquitrabe y sobre el marco, existe una inscripción con la categórica sentencia que se hizo colocar  durante el mismo papado de Sixto V: "NON EST IN TOTO SANCTIOR ORBE LOCUS", traducible como "No hay más santo lugar del mundo". A mayor abundamiento, alguna vez conocieron este centro religioso como "El lugar más santo de Roma y del mundo", mientras que el cronista alemán Ferdinand Gregorovius lo definió como "El santuario más venerado de Roma" hacia mediados del siglo XIX.
Sin embargo, la santidad del lugar no le salvó de los embates del deterioro y los daños del tiempo, especialmente a consecuencia del terremoto de 1277. El papa Honorio III hizo reconstruir parte del mismo y Nicolás III ordenó trabajos de ampliación y restauración del recinto, ambos en el siglo XIII. El último de los mencionados encomendó obras a un artista Cosmatus, quien introdujo detalles interiores propios del arte y la arquitectura gótica dejando, así, uno de los pocos referentes de este movimiento en Roma. Una inscripción interior recuerda esto diciendo sobre un muro: "Magister Cosmatus opus fecit hoc" ("Maestro Cosmatus realizó este trabajo").
La sala principal del Sancta Sanctorum es un espacio admirado también por tener uno de los mejores casos de pavimento cosmatesco romano, en este caso formando diseños de círculos de pórfido y de losetas policromas. Los muros tienen una cobertura de piezas de mármol de tono pavoneado y con vetas, habiendo entre ellas planchas de hasta cuatro metros. Las pinturas en arcos y las decoraciones en bóvedas y muros parecen corresponder a dos etapas, de acuerdo a los minuciosos estudios que se han realizado de ellas durante las últimas restauraciones:
  1. A un taller romano de fines del siglo XIII no identificado, que incluye los hermosos mosaicos sobre el altar y los frescos de la bóveda y la parte superior de la capilla. Serían de esta época las representaciones de los cuatro evangelistas, de los martirios de San Pedro y San Pablo, a la derecha del altar, y los martirios de San Esteban, San Lorenzo, Santa Inés y San Nicolás adelante del mismo. También hay escenas de Esteban III e imágenes de Cristo con los ángeles.
  2. A la intervención de los artistas "sixtinos", destacando las imágenes de los apóstoles y santos, el falso triforio de columnas entorchadas y los arcos góticos al medio de cada cara de muros. Es el período a fines del siglo XVI en que también es decorada la Escalera Santa, como veremos. Los frescos de este período también fueron hechos bajo el papado de Sixto V, hacia junio y julio de 1590 según se cree, bajo la dirección de los pintores Cesare Nebbia y Giovanni Guerra, con colaboración de varios otros artistas.
A consecuencia de las reconstrucciones y restauraciones, entonces, se ha perdido la mayor parte de la arquitectura original de la habitación y el edificio central del Sancta Sanctorum en nuestros días, aunque una realizada en 1927 permitió realzar los aspectos visibles de sus interiores y facilitar la contemplación de sus detalles. Actualmente, además, se encuentra habilitado justo al costado de la sala del Sancta Sanctorum un cómodo salón ceremonial para la capilla del Santísimo Sacramento de la Iglesia de San Lorenzo, con hermosas pinturas en su cielo abovedado; y del otro lado está una sala con un altar de la Virgen de los Dolores, y una capilla que recuerda a Benedicto XIII, ambos frente a ellos una tribuna de madera, todo también cubierto de exquisitas pinturas religiosas en los techos, al igual que el pasillo transversal intermedio de este segundo nivel, sus cúpulas entre los accesos a esas salas y el final de cada escalera, con escenas bíblicas.
Hall o atrio tras los accesos, con estatuas decorativas y entradas a las escaleras que dan hacia el segundo piso, donde está el Sancta Sanctorum y una sala capilla ceremonial.
Influencia del estilo gótico en el cielo abovedado del espacio tras el ingreso al edificio, con hermosas pinturas religiosas. El estilo le fue adicionado al santuario en el siglo XIII, con la ampliación y remodelación del conjunto.
Pasillos y muros de las escalas interiores, vistas desde el segundo piso.
Frescos y bóvedas de los techos del pasillo en el segundo nivel del santuario.
EL TRICLINIO LEONIANO
Debemos salir fuera del santuario otra vez para no perder de vista algo muy relevante del mismo: por el costado exterior del conjunto, justo haciendo lado a la calle Piazza de Porta San Giovanni y de frente a la explanada del gran templo del mismo santo, se levanta una curiosa estructura de enorme belleza y evocación bizantina, alguna vez llamada Triclinium Leoninum y también Nicchione del Laterano, hoy Triclinio Leoniano o Leonino.
No es parte directa del Sancta Sanctorum, pero su posición adosada e integrada en contacto directo con el mismo, lo hacen formar parte de la unidad mayor de este complejo religioso y del santuario mismo. En sus orígenes, además, tanto la sala del Sancta Sanctorum como la Escalera Santa de la que ya hablaremos más, formaron parte del antiguo Palacio de Laterano de la misma forma que lo hizo esta estructura, así que el pasado une estrechamente a estas distintas etapas del santuario.
El Triclinio Leoniano es un enorme nicho con cúpula construido por León III durante su pontificado de  795 a 816. De ahí el apellido leoniano que se le otorga. El espacio original estaba más precisamente en el lugar que ocupaba el comedor en el palacio del patriarcado en Laterano, y se disponía arquitectónicamente como uno de los tres ábsides de las dependencias religiosas dentro del primer edificio del que ya dijimos algo.
Diseñado e instalado inspirándose un nicho similar del salón del Palacio Imperial de Constantinopla, el Triclinio Leoniano se mantuvo en pie tras la demolición de gran parte del palacio en el siglo XVI, gracias a la decisión de Sixto V de preservarla y dejarla formando parte del nuevo santuario que albergaría al Sancta Sanctorum, aunque quedará aislado de la Piazza de Porta San Giovanni y separado por la vía que allí fue abierta.
Dañado y vetusto con el paso de otros dos siglos, el papa Benedicto XIV ordenó la restauración y reconstrucción de gran parte del triclinio en 1743, encargando los trabajos al insigne arquitecto florentino Ferdinando Fuga, autor de obras como el Palacio de la Consulta de Roma y la fachada de la Basílica de Santa María la Mayor. Para esta reconstrucción se utilizaron todos los fragmentos originales del Triclinio Leoniano que fue posible recuperar. La labor fue celebrada con la colocación de una gran inscripción en latín sobre mármol bajo la bóveda, con el nombre de Benedicto XIV en destacado en la parte superior.
El hermoso mosaico con la escena de Jesús y los Apóstoles, justo en la concavidad de la cúpula y su encuadre, suele ser descrito como original del antiguo palacio demolido, pues también fue un encargo de León III, representando con ellos la trascendencia del poder papal fundado en la tradición fundacional del cristianismo. A la izquierda de la obra se observa el traspaso de llaves de San Pedro a San Silvestre y la entrega del el Labarum al Emperador Constantino, en tanto a la derecha se ve al mismo fundador de la tradición papal dándole la estola sagrada a León III y el santo estandarte a Carlomagno. El diseño incluye también el antiguo emblema de los Estados Pontificios.
El Triclinio Leoniano, junto a las dependencias que ocupó la capilla de San Lorenzo.
Vista de frente al mismo.
Un acceso lateral al antiguo sector del edificio cúbico del Sancta Sanctorum, por el lado Sur, cerca del Triclinio Leoniano. Como muchos templos, éste también atrae a algunas personas que piden limosna, como la ancianita de la imagen que se ubica precisamente en este sitio junto a las escaleras.
RELIQUIAS Y TESOROS
La habitación central del Sancta Sanctorum, que dijimos fue la antigua capilla privada y original de las dependencias papales y que guardaría los tesoros dentro del edificio, estuvo abierta a los fieles hasta fines del siglo XVI, constituyendo un lugar de frecuente peregrinación y mucho movimiento de personas según se deduce de lo gastados que están sus mármoles de pavimento.
Pasando directamente a los tesoros que alberga hasta ahora esta capilla principal y de los que pueden saber más los curiosos solicitando las visitas guiadas que se ofrecen acá de lunes a sábado, destaca sin duda -y por sobre todo- la imagen del Salvador, llamada Jesús el Redentor o Santissimi Salvatore Acheiropoieton, sobre el tabernáculo del altar, icono estimado como obra "acheropita" o "no pintada por manos humanas" según la tradición cristiana. Se cree entre los expertos que fue hecha sobre madera en Roma entre los siglos V y VI, pero la creencia medieval aseguraba que fue pintado por San Lucas ayudado por un ángel. Es una de la más importantes y valiosas reliquias cristianas conocidas, por cierto, representando la principal atracción para el culto en este santuario y constituyéndose en un objeto de muchos ruegos por la paz y contra las calamidades públicas a lo largo de la historia italiana.
Originalmente, este icono estaba colocado al fondo del altar de la capilla papal antes de ser el Sancta Sanctorum como tal, apareciendo mencionada por primera vez en el "Liber Pontificalis" por la mitad del siglo VIII durante el papado de Esteban II. De acuerdo a la leyenda, el pontífice la paseó personalmente sobre su espalda y descalzo por las calles de la ciudad, a la cabeza de una procesión pidiendo protección divina contra las agresiones y amenazas lombardas del Rey Astolfo en contra de Roma, rogativa que resultó exitosa con la intervención militar de Pipino el Breve y sus ejércitos francos en el conflicto.
No queda mucho de la obra, sin embargo: en una de sus varias restauraciones, la ejecutada por Alejandro III en el siglo XII, se puso sobre el madero una cubierta de seda pintándose la imagen nuevamente sobre esta superficie, quizás porque la original ya era casi invisible. Hoy sólo se ve el rostro de esta pieza, con una aureola en forma de cruz de fondo, y parte de su posición sentada en el trono del Rey de Reyes, adivinándose que corresponde a la figura tradicional del Cristo con un pergamino de la Ley en la mano izquierda y bendiciendo con la derecha.
Habría sido Inocencio III quien, hacia el siguiente cambio de siglo, hizo colocarle a la reliquia una cobertura hecha con láminas de plata repujada y con relieves. Desconociéndose su origen y época precisa, de acuerdo a los estudios del historiador benedictino Mariano Armellini, la placa de plata podría provenir del arte bizantino en fase iconoclasta del siglo VIII, pero dicho ornamento fue modificado y ampliado con el correr de los años, como sucedió con la adición de las contrapuertas de los costados hechas también en plata con relieve artístico, que le fueron agregadas en el siglo XV. Además, el altar tenía un baldaquino hecho por el artista Caradossi hacia 1452, pero que desapareció tras el saqueo de Roma de 1527 por los ejércitos de Carlos I, siendo reemplazado por el actual de madera y metal dorado.
Muchos de los demás tesoros religiosos que alguna vez tuvo o que se cree estuvieron en el Sancta Sanctorum, parecen provenir más del folklore cristiano que de auténticas y confirmadas reliquias, como el Arca de la Alianza, las Tablas de la Ley de Moisés, la mandíbula de San Bartolomé, el manto de Juan Bautista, los cráneos de San Pedro, San Pablo, Santa Inés y Santa Eufemia, huesos del hombro de San Mateo, las sandalias de Cristo (o una de ellas), su Santo Ombligo y Santo Prepucio, el sillón triclinio y una hogaza de pan usados en la Última Cena y el garrote con el que fue golpeado Jesús cuando se le colocó la corona de espinas, entre otras piezas que León III había hecho guardar en un arca de cedro, hacia el año 800.
Durante el breve papado de Gelasio II, hacia 1118, el diácono Juan realizó un inventario titulado "Descriptio". En 1513, León X ordenaría hacer un nuevo inventario, pues el contenido del arca de las reliquias habría ido siendo modificado en todos los siglos transcurridos. Sólo en 1903 la Santa Sede autorizó volver a ver las reliquias y abrir su baúl, para el inventario realizado por el sacerdote y escritor Florian Jubaru, ocasión en la que éste pudo identificar la cabeza atribuida a Santa Inés. Dos años después, los investigadores P. Hermann Grisar y Philippe Lauer iniciaron un nuevo estudio de las reliquias reconociendo entre los tesoros cruces de materiales preciosos, relicarios de plata, marfil, cedro y cristal de roca, además de fardos con trozos de telas. Detalles de estos hallazgos se pueden leer en el trabajo "Rome and Religion in the Medieval World" de Valerie L. Garber y Owen L. Phelam.
El señalado inventario de entre 1905 y 1906 arrojó al conocimiento también varios pergaminos históricos o envoltorios de rollos de papiro con cartas que figuraban entre las reliquias. De acuerdo a lo que dice Raffaello Volpini en su informe titulado "Documenti nel Sancta Sanctorum del Laterano", ochenta años después, fueron en su mayoría parte del archivo de Gelasio II, reutilizadas para escribir sobre ellas reseñas sobre las reliquias, notas o misivas, por no haberse considerado necesario preservarlas. Estos pergaminos han sido datados principalmente entre los siglos IX y XII, aunque destaca uno con parte de un texto de Tito Livio, historiador romano contemporáneo a Jesús, que habría sido transcrito en siglo IV ó V.
A pesar de los redescubrimientos, la habitación sacra no guarda los mismos tesoros de antaño, sin embargo, pues desde ese mismo año del inventario de 1905, muchos de ellos comenzaron a ser trasladados hasta dependencias más centrales de la Ciudad del Vaticano.
Sala del Sancta Sanctorum, sobre el altar. Se observan los frescos de los santos, los mosaicos decorativos y la leyenda dorada "No hay más santo lugar del mundo (que éste)", sobre el altar del Salvador.
El Sancta Sanctorum visto de frente, con su pavimento formando círculos.
Tribunas y estrados en sala adyacente al Sancta Sanctorum, izquierda del santuario.
Techo decorado de la misma sala.
Altar de Benedicto XIII en el mismo espacio.
LA SANTA ESCALERA
Otro de los elementos más determinantes de la identidad sacra de este lugar es la escalera ubicada al centro-derecho del edificio y frente al hall. Llamada Santa Escala, Escalera Santa o Scala Santa, cantidades de peregrinos la visitan cada día y quizás millones en toda su historia, incluyendo célebres autoridades eclesiásticas y papas, subiendo de rodillas lentamente y con una oración por cada escalón, en un sacrificado rito hasta el Sancta Sanctorum ubicado justo frente a ella, tradición que tuve ocasión de confirmar de manera personal como sumamente dolorosa y extenuante.
La tradición dice que esta escala de mármol había llegado a Roma cuando Santa Elena, madre del Emperador Constantino, la hizo traer desde el Pretorio de Jerusalén hacia el año 326. Quedó ubicada largo tiempo en el sector externo al Norte del Palacio de Laterano, donde era recorrida por los peregrinos autorizados y admitidos bajo bendición del sumo pontífice, hasta que dicho edificio fue demolido casi al mismo tiempo en que se construía en santuario donde fue ubicada con las otras escalas que proyectó el arquitecto Domenico Fontana, cuyo nombre hoy luce la calle lateral. Así, en el siglo XVI, el papa Sixto V decide dignificar el acceso de los fieles al Sancta Sanctorum haciendo que la Santa Escala o Santa Scala fuera colocada ahora en el santuario en construcción, uniendo el primer piso con el segundo y desembocando justo al frente de las tres ventanas a la habitación principal del santuario y su salón ceremonial.
Lo particular de esta escala es que, según la leyenda, habría pertenecido en sus orígenes al palacio de Poncio Pilatos en Jerusalén, por lo que la tradición considera que el mismísimo Jesucristo habría caminado sobre ella subiéndola y bajándola varias veces, para el célebre episodio bíblico del juicio del Viernes Santo donde se decidió su crucifixión. Podrá imaginarse, entonces, el carácter venerable y devocional que le otorgan los creyentes a la Santa Escalera en cada visita a este singular sitio. Es la razón por la que sus fieles suben de rodillas en tortuoso pero leal acto devocional, lentamente y murmurando sus plegarias y rogativas en el acto, como si se tratase de una ofrenda de esfuerzo físico, mientras al fondo de ella, arriba, se observa en todo el trayecto la imagen de la crucifixión sobre el muro que la enfrenta.
La escalera cuenta con 28 peldaños de mármol. Antes, los fieles iban arrodillados directamente sobre su blancura, pero el desgaste y la antigüedad de los peldaños obligó a cubrirlos con gruesas y crujientes tablas de madera de nogal en 1723, que protegen el material interior del mármol aunque permiten verlo por entre pliegues a modo de calados en la misma madera, en cada peldaño. Las maderas, curiosamente, también se ven hoy muy desgastadas y redondeadas por las rodillas de miles y miles de visitantes cada año. También se colocaron unas especies de ventanillas minúsculas o mirillas en algunos peldaños, con forma floral de bronce con un centro de cristal, por donde desde antaño podían verse manchas que eran interpretadas como gotas de sangre del Salvador sobre la palidez del mármol. Los peregrinos suelen detenerse un poco más de tiempo en estas ventanillas y hasta las acarician o besan durante el duro ascenso.
Como las otras escaleras, el cielo de ésta fue adornada con pinturas mostrando escenas de la Pasión de Cristo, mismo episodio al que aluden las estatuas de mármol colocadas en el atrio del primer piso (como el beso de Judas y Pilatos entregando a Jesús), aunque estas últimas fueron colocadas en tiempos posteriores, en el siglo XIX, según se informa en el mismo lugar.
Conmueve ver a personas mayores o con dificultades físicas cumpliendo devotamente el ritual de penitencia en estos escalones, y los Viernes de Cuaresma esta escalera es colmada por feligreses deseosos de ejecutar una analogía de la Pasión de Cristo sobre esta escalinata que se supone fue parte de aquella misma historia. Algunas de las rogativas más frecuentes están relacionadas con indulgencias plenarias (viernes de la Cuaresma, de la Pasión y un día elegido del año) e indulgencias parciales o de arrepentimiento (demás días del año, siendo válido también hacer el rito en las otras escalas del complejo).
La Escalera Santa, incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de Europa por la Unesco en 1980, es tan importante en este complejo religioso que incluso se conoce a todo este lado del edificio de las monjas pasionistas que da acceso al Santo Sancta Sanctorum con su nombre, lo que sumado al Triclinio Leoniano, nos permite distinguir las tres unidades principales en este extraordinario conjunto histórico.
La Escalera Santa y sus fieles, ascendiéndola de rodillas y orando.
Detalle de los peldaños forrados en madera de nogal, con los calados por donde se observa el mármol original y las mirillas para las supuestas gotas de sangre de Cristo que estarían en la Escalera Santa.
Sala ceremonial de la capilla, al costado derecho del santuario y junto al espacio principal del Sancta Sanctorum. Se accede por el corredor al final de la Escalera Santa.
Prolija y colorida decoración de la nave del templo.

jueves, 15 de octubre de 2015

EL PUB "CUCCAGNA": INICIÁNDOSE EN LOS ESPARCIMIENTOS BOHEMIOS DE ROMA

Coordenadas:   41°53'51.44"N 12°28'23.49"E
En Roma, las categorías formales de los establecimientos comerciales pueden inducir a errores al forastero: acá los bares son más bien cafés devenidos en expendios de bebidas, incluidas a veces cervezas y tragos. Puede haber hasta música en vivo sonando desde el interior o bajo los toldos de los bares romanos que capean la lluvia, pero ni siquiera esto garantiza que uno se encuentre con los grandes mesones y barras de botellas que podría esperar de un bar tipo americano o inglés.
Mi primera experiencia como cliente de un auténtico bar de mezcladora y mesón en Roma, fue en uno de los más conocidos restaurantes de esta ciudad: el pub "Cuccagna", sitio tradicional instalado desde 1972 en la Vía de la Cuccagna, en el número 18, al lado del Palacio Braschi sede del Museo di Roma y a pasos de la concurridísima Piazza Navona. Debe tratarse de uno de los lugares más transitados de la urbe por miles de turistas y locales, pasando por estas calles estrechas y entre edificios típicamente romanos, donde las centurias y los períodos se entremezclan y confunden. Estudiantes, extranjeros y parejas parecen ser los más fieles visitantes del pub, atendidos cordialmente por mozos que provienen principalmente de países de las costas bengalíes, que han venido a hacer futuro en Roma, como muchos otros de sus compatriotas.
No resisto -por supuesto- la tentación de averiguar más de este sitio ubicado en los bajos de un antiguo y elegante edificio residencial. Propietado por la sociedad Cimino G & C y usando la silueta de un león heráldico como emblema, posee una interesante carta de tragos y platillos. Una instalación de copas y delicias ("paitti da espoisizione") con pizarras de ofertas, se aparece junto a su puerta a los paseantes, tentándolos a entrar a la sala principal con su pulcra barra y luminaria, o a la terraza exterior que allí mismo separa con cristales el perímetro de las mesas y las sillas con el de la vieja calle adoquinada.
Como buen restaurante italiano, ofrece una buena variedad de pizzas, frituras para picoteo (cebolla, papa, aceitunas, etc.), pastas típicas y segundos platos a base de arroz, escalopas o hamburguesas. Además de los populares vino y cerveza, la carta de copas tienta con los infaltables mojitos, caipiriñas, caipiroscas, tequila margarita, piña colada, daiquiri, sex in the beach y variaciones de estos mismos tragos o de otros, a elección. Tiene también un espacio de oferta Happy Drink y unos de picadillos de dos variedades de papas fritas en lonjas con aceitunas, a modo de tablas para acompañar.
En su página web, el pub declara soberbio que su personal de atención "está guiado por el condecorado barman Pino que dirige un obsesiva y personalmente las diversas tendencias del momento que la vida nocturna romana nos pide". Los premios también avalan su ego, para tranquilidad de los parroquianos: en el año 2009, fue elegido en Turín para un ranking de Martini/Bacardí entre los nueve mejores restaurantes de Italia; luego, en 2010, fue reconocido como el primer restaurante italiano por la profesionalidad en el sector por las cervezas "Peroni" y "Nastro Azzurro", en los torneos mundiales de Berlín y Praga, obteniendo el cuarto lugar, finalmente. Ese mismo año, en el certamen de coctelería de Monte Carlo en Mónaco, obtienen el primer lugar con su preparación del mojito de canela.
Los días de mayor concurrencia al "Cuccagna" son los viernes y sábados, según veo en imágenes fotográficas del mismo, permaneciendo abierto hasta después de las 3 de la mañana en sus jornadas más prolongadas. Sin embargo, al iniciar hace tiempo ya una tradición pionera de ofrecer cócteles nocturnos en Roma, especialmente para público de estudiantes de intercambio y pasadas las 22:00 horas, ese día hábil de la semana también pasó a ser uno de los más interesantes para la actividad del pub y del propio barrio.
Entre copas vineras y mesas con velitas, entonces, el "Cuccagna" pub ha sido una excelente y recomendable forma de comenzar a familiarizarse con el ambiente más distendido y relajador de la Ciudad Eterna.

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