jueves, 26 de febrero de 2015

LA "GRAN AVENIDA" DE 1783: EL DÍA QUE EL RÍO MAPOCHO CASI DESTRUYE SANTIAGO

Detalle de los tajamares y los barrios a ambos lados del tramo del río Mapocho cercano al Puente de Cal y Canto, ubicado al centro, en ilustración de fines del siglo XVIII perteneciente al artista italiano Fernando Brambilla, de la famosa Expedición Malaspina. Todo el sector que se observa en las riberas del río fue azotado por el turbión de 1783.
Coordenadas:  33°25'57.94"S 70°39'0.42"W (paso del río Mapocho por la ciudad)
La convivencia de la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo con el Río Mapocho ha sido siempre difícil y con momentos de dramática dificultad, al punto de que alguna vez hasta se pensó en mudar la ciudad completa lejos de su ribera. Una de esas ocasiones fue particularmente compleja para el futuro de la urbe, cuando el Mapocho arrojó un azote descomunal contra ella, golpe cuya violencia y consecuencias quizás no se veían desde la destrucción de la naciente ciudad por las huestes de Michimalongo en 1541, salvo por los casos de los grandes terremotos.
Este formidable embate del Mapocho tuvo lugar el 16 de junio de 1783, y presenta algunas analogías con el ataque que el mismo río le hizo a su ciudad entre junio y julio de 1982, casi dos siglos exactos después, con violentas salidas de madres del cauce de agua en medio de grandes temporales que afectaban a la Zona Central.
Con el Puente de Cal y Canto recién puesto en pleno servicio -habiendo resistido su estructura ya otras riadas menores- y con las previsión de los tajamares del río Mapocho dando una sensación de seguridad que habría de resultar inútil en aquella jornada, la ciudad de Santiago estaba por recibir uno de los más violentos castigos históricos en la transición del otoño al invierno de 1783. Fue, además, la prueba más feroz que le correspondió sortear al recién construido puente del Corregidor Zañartu, cumpliendo su primer año con los últimos detalles concluidos.
A pesar de todas las precauciones, nada logró impedir que fuera en enorme desventaja como llegó Santiago a enfrentar uno de sus máximos exámenes de rigor, en su conflictiva relación con la Madre Natura después de los terremotos de 1647 y 1730, hasta con los presagios y anticipos de su desgracia a la vista.
"Plan de la Ville de Santiago" del viajero francés Amadé Frezier, en 1712.
ANTES DE LA CALAMIDAD
A la época de la catástrofe, Ambrosio de Benavides ya había tomado el cargo del gobierno colonial en Chile. Benjamín Vicuña Mackenna señala en su "Historia crítica y social de la ciudad de Santiago desde su fundación hasta nuestros días. 1541-1868" que, al llegar a la ciudad y ver el dantesco espectáculo de miseria humana, acequias fétidas, los basurales, animales sueltos en la calle y la ruina general imperante, misma que impresionaba desde hacía dos siglos a todos los gobernadores que venían desde afuera a tomar los destinos de la capital chilena, Benavides anotó entre sus tristes primeras impresiones en carta-informe al propio Cabildo, en 1780, una acotación que resultó dramáticamente profética:
"Los tajamares de cal y piedra que defienden este pueblo contra las invasiones y avenidas de este río, consta a US. están rotos y quebrantados en varias partes por los daños ocasionados de las soberbias crecientes sobrevenidas de pocos años a esta parte, y que la mayor que ocupa la cama o lecho del río está superior en altura a toda la extensión del tajamar que defiende y cubre esta población en tal grado que excede de dos varas de altura la que se reconoce en los lomos y bancos que forma el río en lo más de la anchura de su caja, por lo cual hallándose descubiertos los tajamares de esta costa, es manifiesto el peligro de que en una creciente grande se inunde la mitad del pueblo".
Una avenida del río había tenido lugar ese año, el 10 de abril, cuando el Puente de Cal y Canto se encontraba en uso parcial pero no del todo terminado, demostrando ya entonces su capacidad de resistir esta clase de embates, sin embargo. Las aguas provocaron alguna inquietud sobre la seguridad de las rampas y también irrumpieron en parte de la ciudad según lo que indica Justo Abel Rosales en "Historia y tradiciones del Puente de Cal y Canto", pero ésta todavía no recibía lo peor que podría esperar de su río.
Fue así como le tocó otra vez castigo a la capital chilena el año de 1783, cual amenaza autocumplida sobre sus debilidades y vulnerabilidades evidentes, después de engañosos períodos de prolongadas sequías. ¡Hasta un fuerte temblor vino a anunciar la catástrofe que se aproximaba, el 13 de marzo anterior! Las precipitaciones comienzan a llegar copiosamente en el mes de mayo, desatando la furia del Mapocho a partir de una lluvia torrencial que se apoderó del sistema de chubascos el 3 de junio siguiente. Los temores de Benavides estaban volviéndose terriblemente reales.
Como si ya fuera poco con los presagios, en la víspera del terremoto líquido que encharcó a toda la ciudad, las fuerzas del más allá intervinieron proporcionándonos su propia y última advertencia aterradora, en vista de que las señales naturales no conseguían alertar a los santiaguinos. Cuenta así la leyenda que, aquella noche antes del desastre, los ciudadanos vieron con horror cómo pasaba por las calles de Santiago la calesa del fallecido Corregidor Zañartu, con sus caballos y la respectiva guardia de soldados. Fue una imagen espeluznante bajo la lluvia, pues todos los testigos reconocieron el lujoso coche que no había vuelto a ser usado por ninguna otra autoridad desde la muerte del Corregidor. Una vecina que se asomó por la puerta al oír el alboroto del galope, cayó desmayada al distinguir al fantasma de Zañartu en la calesa de caballos infernales, que avanzó hacia el puente y pasó encima de él como si escapara en dirección a su ex quinta en La Cañadilla, actual Avenida Independencia. Ante la vista horrorizada de otro testigo vecino al monasterio, el carro entró a sus patios para salir tras una rápida visita, causando pavor y el griterío de las monjas al interior del mismo.
No obstante, veremos que les esperaba a las religiosas un susto aún más terrible, pocas horas después.
Plano de la planta de la ciudad de Santiago de Chile que figura en el mapa del territorio chileno confeccionado por Emmanuel Bowen en 1747.
COMIENZA LA INUNDACIÓN
El ataque del río iba a tener lugar tal cual lo previó don Ambrosio, revelando las falencias del tajamar y de toda la ciudad, siendo conocido este turbión como la Avenida Grande o la Gran Avenida del Mapocho, recordada hasta hoy como la más desalmada de todas las riadas que arrojó los bríos incontrolables del río sobre la ciudad que intentaba crecer a sus costados.
El tormentoso y oscuro día 16 de junio, se completaban 226 horas de precipitaciones ininterrumpidas sobre la capital chilena, mientras el Mapocho ofrecía un aspecto oscuro y siniestro en medio de la tempestad y desde horas de la madrugada, corriendo con un caudal que llenaba todo su lecho y las orillas. Era claro que algo no marchaba bien con el cauce de las aguas.
Comenzó el río, de esta manera, a socavar su propia grieta y a arrasar ranchos completos en lo alto de su trazo, arrastrando animales, escombros, troncos y los primeros cadáveres humanos que se vieron, hasta hacer estrechos los ojos del Puente Cal y Canto para pasar por él su incontenible furia, llegando hasta el arco de los estribos en lo que debió ser una imagen temible, por la altura que habían adquirido las torrentosas aguas y lo cerca que se encontraban éstas de la aparente seguridad de los curiosos arriba del puente. Desde el mismo lugar, los ciudadanos más valientes y temerarios se atrevieron a colocarse junto a los pretiles y así rescataron algunas vidas que venían ahogándose arrastradas en el caudal.
Desbordado y ya derramándose sobre Santiago, el Mapocho arremetió contra los tajamares que habían sido construidos hacia 1750 y hasta poco después, volcándolos, partiéndolos o socavándolos en distintas direcciones. El río los devoró como bizcochos con su descontrolada hambre fluvial:
"Catorce cuadras de malecones –se lamentaba Vicuña Mackenna-, que habían costado más de cien mil pesos hacia sólo 25 años, fueron arrasados de esa suerte aquel aciago día".
El puente de Cal y Canto estaba recién abierto cuando ocurrió el azote del río.
DESTRUCCIÓN DE LA CIUDAD
El agua golpeó por la parte más oriental de los tajamares coloniales, por el sector entre la Chacra de Balmaseda y la espléndida Quinta Alegre, hasta la altura del Cerro Santa Lucía, desde donde llegó al centro mismo de la urbe.
Metiéndose por la proximidad del mismo cerro, el Mapocho encontró una buena entrada a la metrópoli por el sector que corresponde actualmente al Parque Forestal y el final de calle José Miguel de la Barra, en una hondonada que era tradicionalmente su puerta de ataques a la ciudad cada vez que había crecidas con salida de madre. Esta depresión del terreno era tan grande y marcada por siglos de golpes del río, que cuando se canalizó el Mapocho entre 1888-1891, no fue posible rellenarla por completo y se decidió construir allí una laguna llenando el desnivel, estanque que existió hasta los años cuarenta, aunque todavía se ve el cambio de alturas del terreno en este sector, atrás del famoso Castillo del Parque Forestal.
Del mismo modo, el Mapocho partió a reclamar otra vez y con especial energía sus primitivos terrenos, alcanzando La Cañada de La Chimba y que fue, en los orígenes primitivos del río, un brazo del río sobre el cual se desembocó después el llamado Camino de Chile, prolongación y continuación del famoso Camino del Inca. De esta forma, Santiago quedó sitiado por ambos costados. La riada destruyó también las primeras cajitas de agua que habían surgido de las innovaciones ejecutadas por el Presidente Henríquez para abastecer a la ciudad, desviándola hacia la Plaza de Armas. A la sazón, las antiguas cajitas se habían convertido en otro lugar de esparcimiento y recreo que formaba parte del paseo de los tajamares, pero que desapareció bajo la brutalidad de la arremetida del río.
La parte del Llano de Santo Domingo y el enorme basural colonial situado donde ahora está el Mercado Central, fueron arrasados también sin misericordia. El frenesí destructivo penetró por la actual calle Bandera y convirtió en canales torrentosos sus transversales de San Pablo, Rosas y Santo Domingo, para avanzar con toda maledicencia hacia el Llano de Portales donde hoy está Barrio Yungay, y desde allí hasta el periférico sector de suburbano de Chuchunco. En consecuencia, el antiguo barrio de la margen meridional del río casi pereció ahogado en el encierro de su propio establo, como un potro viejo olvidado en la carga de un naufragio.
El saldo fue catastrófico desde ahí: además de destruir una innumerable cantidad de calles y edificios convirtiendo en un lago a toda la ciudad, al arrasar el sistema de abastecimiento de aguas y canalizaciones la población ésta quedó sin acceso al vital elemento. Constituyó, desde muchos puntos de vista, la venganza de todas las venganzas que fue capaz de cumplir el río contra sus cándidos domadores.
Cañadilla de la Independencia y templo del Carmen de San Rafael, hacia 1890.
TERROR EN EL CONVENTO DE LA CHIMBA
El paisaje urbano de la vega mapochina resultó casi totalmente destruido por la energía del torrente, una vez que éste se metió insolente por su prehistórico brazo de La Cañadilla y hasta el sector de la Recoleta, arrasándolas de forma tan profunda que alteró gran parte del aspecto antiguo de estos vecindarios. Casi no quedó a la vista vestigio de estos antiguos rasgos de La Cañadilla, e incluso la bella ex quinta del Corregidor Luis Manuel de Zañartu allí ubicada, acabó convertida en un erial de barro. Una leyenda con características de error histórico supone que el temido personaje falleció ahogado en aquella ocasión (mito comentado, por ejemplo, en la "Historia General de Chile" de Carlos Fortín Gajardo, en 1967), pero la verdad es que había fallecido poco antes. La naturaleza no tuvo piedad por sus conventos, ni sus chacras, ni sus humildes moradas de sacrificados rotos y comerciantes pobres.
Las religiosas del Convento de las Carmelitas de San Rafael en La Cañadilla, recinto fundado por el mismo Corregidor Zañartu y en donde entraron sus propias dos jóvenes hijas después de haber enviudado, quedaron casi sin posibilidad de auxilio que no fuera el de orden divino, rodeadas por un angustiante y aterrador mar lodoso que arrastraba escombros, rocas y muerte. Una de las monjas del convento escribió una dramática relación redactada en versos sobre este desastre, usando las siguientes rimas:
La mañana así pasamos,
sin saber el detrimento
que ya causaban las aguas
en la muralla y cimiento,
porque nada nos decían,
atendiendo el sentimiento,
que era regular tener
en riesgo tan manifiesto.
A la una y media del día,
con más que casual intento,
subieron dos a la torre,
y al correr la vista, es cierto,
que cubrió sus corazones
mortal desfallecimiento,
viendo que el río arrancaba,
los Tajamares de asiento,
y con ímpetu batía
sin defensa en el Convento.
La autora de estos versos publicados en anónimo en la "Relación de la inundación que hizo el Río Mapocho de la ciudad de Santiago de Chile en el Monasterio de las Carmelitas, Titular de San Rafael, el día 16 de julio de 1783" era Sor Tadea de San Joaquín García de la Huerta, según lo reveló en 1850 don José Ignacio Víctor Eyzaguirre en el Tomo II de su libro "Historia eclesiástica, política y literaria de Chile". Para más información al respecto, se puede ver el completo trabajo de Juan Uribe Echevarría titulado "El romance de Sor Tadea de San Joaquín sobre la inundación que hizo el río Mapocho en 1783", publicado en el apartado del boletín "Mapocho" N° 3 (Biblioteca Nacional, Imp. Universitaria, Santiago de Chile, de octubre de 1963).
Tras correr a refugiarse en la iglesia y descubrirla también inundada, las espantadas monjas buscaron protección en el coro, mientras sus sirvientas lograban salvarse momentáneamente de morir ahogadas, en tanto seguía subiendo el agua. Como no podían abandonar el claustro sin orden superior, el Obispo Manuel de Alday se apresuró a enviarles una autorización a través de tres valerosos hombres que se atrevieron a cruzar el puente en estas monstruosas circunstancias. Ayudados del vecino Pedro García Rosales y valiéndose de barretas y chuzos, estos rescatistas lograron abrir forados en las paredes del convento para que tuviera un escape la enorme cantidad de agua acumulada dentro de los muros del recinto y así pudieron entrar jinetes a la iglesia, los que salvaron a las 28 horrorizadas mujeres incluyendo las hijas del fallecido Corregidor Zañartu. Las monjas fueron hospedadas por tres meses entre las celdas de los recoletos dominicos.
Aunque el Capellán Manuel de la Puente había logrado rescatar la eucaristía y la custodia del Convento de las Carmelitas, los daños y pérdidas en el templo fueron de gran consideración. Él es aquel recoleto mencionado en la continuación de los mismos versos de Sor Tadea:
Fue un hijo de San Francisco.
Religioso Recoleto:
que con agua a la cintura
y por las rejas rompiendo
sacó Custodia y Viril
y las llevó a su convento.
Plano de S. Giacopo (Santiago) de 1776, confeccionado por el famoso cronista y naturalista, el Abate Juan Ignacio Molina, detallando lugares relevantes de la ciudad en el siglo XVIII poco antes de la Gran Avenida del Mapocho.
DECISIONES TRAS LA CATÁSTROFE
Hacia las 10 de la mañana del día siguiente, 17 de junio, y tras una de las noches más abominables que haya conocido Santiago de Chile, la tormenta cesó al fin y el Sol comenzó a asomar entre las nubes ya saciadas de su fiebre de sudoración destructora. El astro iluminó a una ciudad sumergida en aguas y horrores, cual Atlántida de Platón pero para cuyo trágico destino bastó no un océano, sino apenas un río. Muchos habían salvado sus vida corriendo a las rocas altas en el peñón del Santa Lucía, desde el cual miraban resignados la destrucción del poblado.
Terminaba, así, esta arremetida del Mapocho contra la ciudad que no tuvo parangón en la historia dificultosa de la relación entre el hombre y los caprichos del río, que es mucho más que un mero accidente hídrico en la geografía. Según la crónica "Descripción histórico geografía del Reino de Chile" de don Vicente Carvallo Goyeneche, un millón de pesos en daños fue el desolador estimado de pérdidas, cifra por completo exorbitante y casi inimaginable para la época. Salvo por el Cal y Canto, el que mucho tiempo después sería el actual Barrio Mapocho quedó reducido a escombros y lodo.
Por largo tiempo, más de un siglo, el nombre de esta Gran Avenida que hoy se nos asocia a una de las arterias más importantes de nuestra capital, fue para los santiaguinos la memoria de un hecho terrorífico y causa de temblor en las piernas.
Aún sin estar secas las calles, los santiaguinos se vieron enfrentados a la misma necesidad de proporcionar una solución urgente al problema de las periódicas inundaciones, que le estaban costando enormidad de recursos a la ciudad. En la noche del 18 de junio de 1783, con el agua del desastre del río aún apozada entre las ruinas, el Cabildo se reunió para tratar de decidir una salida definitiva, pero la conclusión fue tan dramática como la riada misma: no quedaba dinero efectivo alguno y, por consiguiente, nada había que hacer en lo inmediato por la pobre ciudad. Desesperados, aceptaron pedir uno o dos mil pesos al Presidente y, si no fuese posible, a algún prestamista, destinándose para tal tarea a don Juan Ignacio Goycolea. Apenas pudo, el encargado dispuso de todos los reos de Santiago como peones para las faenas aunque sumaran apenas 24 pares de manos, además de ordenar la tala de los árboles de las alamedas y de huertos particulares para instalar estancos provisorios mientras se reconstruyera el tajamar, fijándose una derrama de seis mil pesos sobre el vecindario.
Coincidió que se encontraba en Chile el ilustre arquitecto Joaquín Toesca, encargado de la construcción del Palacio de la Moneda por el gobierno español, por lo que no tardó en quedar a cargo del desafío en el Mapocho. El italiano se asoció para estas nuevas funciones con el alarife Argüelles. Sin embargo, a poco de comenzar se encontró con los primeros problemas y presentó una protesta el 10 de julio, denunciando que los vecinos se resistían a las talas de sus árboles y boicoteaban la disponibilidad de peones para los trabajos en el río. La autoridad reaccionó y emitió la orden de que se sacaran de todas las chacras del valle la cantidad prorrateada de cinco mil estacones de cinco varas de largo, para taponar con palizadas las aberturas y los peligrosos boquerones que la riada había dejado abiertos. Pero el Cabildo no estuvo del todo de acuerdo con el Capitán General y sus miembros presentaron un reclamo el día 19, alegando que "ni siquiera quinientas estacas podían sacarse". En consecuencia, el Cabildo terminaría solicitando que los recursos se pidieran a la hacienda del Rey.
Buscando salir de la nefasta situación, Benavides solicitó en septiembre al Ingeniero Militar don Leandro Badarán la confección de planos con un nuevo y último sistema de tajamares. El encargado inició estudios del proyecto produciendo un plano donde demostró comprender perfectamente el problema del río que provocaba las salidas. También colaboró en este plan el Ingeniero Juan Garland, quien elaboró después un bosquejo adicional donde se observa el trazado de sucesivos malecones discontinuos e inclinados.
Comenzaba con estos planes, la última parte de la vida colonial de los tajamares del Mapocho, que serían construidos ya durante la administración de don Ambrosio O'Higgins, hacia fines del período de dominación española y en los albores de una nueva etapa en la historia de Chile.

miércoles, 25 de febrero de 2015

EL RINOCERONTE DE ALBERTO DURERO: UNA REALIDAD QUE SE CONVIRTIÓ EN ERROR Y UN ERROR QUE SE CONVIRTIÓ EN REALIDAD

Existe un singular error en la historia de la zoología, constituido por el caso del célebre rinoceronte del artista alemán Alberto Durero (Albrecht Dürer, 1471-1528), precursor del Renacimiento y máximo exponente de este movimiento en la cultura germánica. La imprecisión llegó a extenderse de tal manera que, todavía en el siglo XIX, podían verse ejemplos aislados de las consecuencias de aquel grabado que viera la luz hace redondos 500 años, los que cumplirá en este 2015. El hecho histórico del que surge el asunto, además, inspiró libros contemporáneos como "El rinoceronte del Papa" del autor inglés Lawrence Norfolk.
La historia es más o menos así: en el puerto de Lisboa, el 20 de mayo de 1515, fue desembarcado del navío "Nossa Senhora da Ajuda" al mando del Capitán Francisco Pereira Coutinho, un enorme rinoceronte de la India (Rhinoceros unicornis) que había pertenecido brevemente al Almirante Alfonso de Albuquerque, gobernador en representación de Portugal en esa colonia, quien iba a morir a fines de ese mismo año. El perisodáctilo, que en algunas fuentes aparece llamado Ganda, le había sido obsequiado por Muzafar II, rico Sultán de Ahmedabad y gobernador Khambhat, en el protocolo diplomático de intercambio de regalos, sacándolo de su propio zoológico particular. Sin contar con un lugar apropiado y cómodo para tener la extraña mascota, Albuquerque lo envió a Portugal a principios de ese año, para la ostentación del soberano Manuel I.
Tras el largo viaje de cuatro meses por aguas del Índico y África, el mamífero causó asombro entre los ciudadanos europeos, pues se trataba de un animal sumamente desconocido para el mundo occidental, a pesar de que los romanos imperiales habían tenido contacto con algunos especímenes en su tiempo.
Hay información muy interesante sobre este suceso histórico en libros como "El Rinoceronte de Alberto Durero" de Dieter Salzgeber y "Los Rinocerontes: desde Dürer hasta Stubbs. 1515–1799" de T. H. Clarke. Cuenta allí este autor que el monstruo de la India pudo haber influido incluso en que se colocaran en la hermosa Torre de Belém, que por entonces recién se construía en Lisboa, algunas gárgolas con cabeza de rinoceronte, como homenaje al visitante.
Por su parte, Herbert Wendt señala en "El descubrimiento de los animales" que el rinoceronte vino a funcionar como una especie de confirmación cultural aunque resignada a la leyenda del unicornio, de la misma manera que focas y lobos marinos lo fueron de las sirenas. La gente asistía en masa al zoológico particular de fieras del Palacio de Ribera de Manuel I para ver al monstruo indio y confirmar que eran verdaderas aquellas historias sobre extraños animales de Oriente, cual si pudiesen observar en vivo un dragón, un grifo o una quimera.
Autorretrato de Alberto Durero.
Dibujo a tinta del rinoceronte, producido por Durero en 1515.
EL RINOCERONTE DE DURERO
Mientras esto sucedía en Portugal, muchos ciudadanos esparcían por el resto de Europa la noticia de la presencia del rinoceronte en la península. Un comerciante de Moravia llamado Valentín Ferdinand, maravillado con la bestia, había enviado a Nuremberg a uno de sus amigos bávarios una carta fechada en junio de 1515, describiendo con asombro la criatura que podía verse en Lisboa, documento del que sólo sobrevive una traducción al italiano que está actualmente a resguardo de la Biblioteca Nacional Central de Florencia. Casi al mismo tiempo, otro habitante del puerto portugués cuyo nombre no está claro, hace llegar también a Nuremberg una carta sobre el mismo asunto, pero acompañada de un dibujo sencillo retratando el aspecto de la criatura.
Esta última ilustración cayó en manos del artista Alberto Durero, quien se sintió inmediatamente interesado por el modelo original que hubiese tenido el anónimo dibujante y quiso elaborar su propia representación gráfica del mismo. Algunas fuentes indican que quien entrega la carta y el dibujo a Durero es Konrad Peutinger, y que dicho documento sería la misma correspondencia enviada por Ferdinand.
Durero realizó tres dibujos del sorprendente rinoceronte, basándose en las descripciones de la carta y en el deficiente esbozo que venía inserto en la misma, dos de ellos ejecutados a tinta y uno por método de grabado xilográfico, agregándole una reseña que parece estar basada en la descripción hecha por el cronista y sabio romano del siglo I Plinio el Viejo, en su "Naturalis Historia", aunque con una errata en el año que señala el artista como aquel del arribo del animal a Portugal:
"En el primero de mayo del año 1513, el poderoso Rey de Portugal, Manuel de Lisboa, trajo semejante animal vivo desde la India, llamado rinoceronte. Ésta es una representación fiel. Tiene el color de una tortuga moteada y está casi completamente cubierto de gruesas escamas. Es del tamaño de un elefante, pero tiene las patas más cortas y es casi invulnerable. Tiene un poderoso y puntiagudo cuerno en la punta de su nariz, que afila en las rocas. Es el enemigo mortal del elefante. El elefante se asusta del rinoceronte, pues, cuando se encuentran, el rinoceronte carga con la cabeza entre sus patas delanteras y desgarra el estómago del elefante, contra lo que el elefante es incapaz de defenderse. El rinoceronte está tan bien acorazado que el elefante no puede herirle. Se dice que el rinoceronte es rápido, impetuoso y astuto".
Pero a pesar del ajuste a las proporciones y la distribución de placas o pliegues dérmicos que puso de forma relativamente correcta en un animal que no había visto nunca, el dibujo de Durero estaba lejos de ser una "representación fiel" y, por el contrario, generó un extraño error que perduró por larguísimo tiempo más en Europa.
Rinoceronte de Durero, en otro de sus famosos grabados.
Extraña y deforme versión publicada por Ambroise Paré.
LAS IMPRECISIONES DEL GRABADO
El rinoceronte de Durero aparece revestido de formidables caparazones, con escamas reptilianas y hasta un pequeño cuerno adicional sobre el lomo, al final del cuello, además de perfiles aserrados y extrañas excrecencias que semejan un poco la textura real de estos mamíferos, pero exageradas hasta la fantasía, pareciendo más bien un enchapado o tachonado con remaches sobre su piel. También muestra una pequeña barba y una especie de collar natural membranoso.
Al instante, entonces, el tropiezo del artista comenzó a expandirse y se cree que fueron producidas unas 5.000 copias de esta obra del autor, sólo antes de su muerte.
Aunque Durero no haya visto jamás a la criatura y gran parte de su exagerada representación del mismo pueda ser sólo una combinación de la imaginación del artista con la mala descripción del testigo, se ha conjeturado que el rinoceronte de Durero pudo ser una combinación equivocada de la anatomía del animal con armaduras o decoraciones que debieron habérsele adicionado al animal real para exhibiciones de combates, pero esto no pasa de ser una interpretación informal y muy especulativa, aunque bastante sugerente. También se ha dicho que Durero quiso darle un aspecto más primitivo, casi prehistórico, pero no es seguro que gráficamente existiera ese concepto por entonces, ya que la fauna paleontológica era muy desconocida en la época.
Una teoría muy interesante y pobremente difundida aparece en el libro de Wendt, sugiriendo que el aspecto del animal pudo haber sido en realidad una patología cuyas consecuencias se creyeron eran características propias de la especie:
"Por desgracia, debido a su largo cautiverio en el cobertizo del barco, le salieron numerosas excrecencias córneas en la piel -fenómeno que, por otra parte, aparece muy a menudo en los antiguos rinocerontes acorazados también en los parques zoológicos-. Pero el dibujante portugués que contempló asombrado en Lisboa a este animal extranjero creyó que estas tumefacciones, callosidades y excrecencias las tenían todos los rinocerontes auténticos y así realizó su esbozo. Y Durero, que no pudo ver nunca el animal que en poco tiempo se hizo mundialmente famoso y sólo consiguió hacerse con el dibujo portugués, tuvo que llegar lógicamente a la misma conclusión".
Rinoceronte de Penni, de 1515, muy impreciso e indefinido.
Rinoceronte de Burgkmair, también de 1515 pero mucho más exacto.
EL ERROR SE EXPANDE Y EL ANIMAL MUERE
Ese mismo año en que Durero presentaba su grabado, su compatriota y adversario profesional Hans Burgkmair realizó en Augsburg otro conocido dibujo a tinta del rinoceronte de Lisboa, pieza que hoy está en las colecciones Museo de La Albertina de Viena. Aunque pudo estar basado en el mismo trabajo de Durero, se sabe que Burgkmair mantenía contacto con mercaderes de Lisboa y de Nuremberg que pudieron darle una descripción más fiel del animal, la que se refleja en su trabajo. Por esto le habría agregado también detalles muy apropiados, como las amarras inmovilizándolo por los pies. Su aspecto era mucho más cercano a lo exacto, sin las escamas, cuernillos adicionales ni texturas fabulosas; pero por alguna razón, su dibujo no llegó a ser tan popular como el de Durero, frustrando toda posibilidad de corregir la versión equivocada que ya se expandía.
Con el error rápidamente difundido, Giovanni Giacomo Penni publicó también en 1515 su trabajo "Forma & natura & costumi de lo Rinocerothe", que actualmente está en la Biblioteca Colombina de Sevilla. Su imagen -que puede estar basada en la de Durero o en el erróneo boceto que circulaba por Europa y que también inspiró a éste- es una abstracción total del animal, reflejo del imaginario colectivo que se estaba creando del mismo, con una criatura que, si bien muestra también sus patas encadenadas, ofrece un aspecto como de criatura mitológica y mezquino talento del dibujante.
En tanto, el emperador portugués -quizás ya cansado de la verdadera criatura- intentó organizar una pelea pública entre la bestia y uno de los elefantes blancos de sus jardines de criaturas exóticas, el Domingo de Trinidad del 3 de junio de ese año, pues se creía que ambas especies eran enemigas, por las afirmaciones de Plinio el Viejo. Sin embargo, el experimento resultó en un fiasco: los animales se asustaron amedrentados por los gritos de la muchedumbre y el estrés de la situación. Así, perdiendo el interés y sin saber qué hacer con el rinoceronte, Manuel I decidió regalarlo al Papa León X, como una zalamería para mantener monopolios comerciales de las flotas portuguesas en aguas de Oriente, tras el descubrimiento de la ruta de Vasco de Gama en 1548. El pontífice, que ya había recibido hacía poco tiempo y del mismo soberano a un elefante llamado Hanno, aceptó el nuevo regalo y así el rinoceronte fue embarcado desde Lisboa en diciembre, junto con varios otros regalos y valiosos obsequios.
Tras pasar provisoriamente por Francia hacia la última semana de enero de 1516 y ser observado allí por el propio Rey Francisco I, el animal encadenado y enjaulado salió embarcado otra vez. Pero la desgraciada existencia de sus últimos años de vida acabó dramáticamente en el camino hacia Roma, cuando la nave que lo transportaba naufragó en la costa ligurina de Portovenere, al Norte de La Spezia, a causa de un inesperado temporal. Su pesado cadáver fue arrastrado hasta las costas de Villefranche-sur-Mer, donde se lo recuperó y envió de regreso a Portugal, para que taxidermistas lo disecaran y rellenaran con paja y aserrín.
Así fue embarcado otra vez a Roma, donde finalmente llegó pero ya convertido en esto, antes de terminado el año, sin causar gran asombro ni las explosiones de interés popular que había visto en vida. Artistas renacentistas como Rafael Sanzio y su alumno Giovanni da Udine pudieron contemplarlo en la exposición, antes que desapareciera misteriosamente hacia la década siguiente, quizás durante el pillaje y los incendios del Saco de Roma de 1527.
Pelea de rinoceronte y elefante, según las publicaciones de Paré.
Versión del rinoceronte publicada por Aldrovandi.
CASI TRES SIGLOS EQUIVOCADOS
Muerto ya el rinoceronte pero visible su cuerpo disecado en Roma, el error desatado por las ilustraciones de Durero seguía expandiéndose. Las reproducciones de su grabado continuaron por el resto del siglo XVI, con casos como la "Cosmographie" de Sebastián Munster en 1540 y los grabados de Ambroise Paré, donde también se insiste en la fábula de los rinocerontes y los elefantes como "enemigos mortales"; incluso salta como símbolo heráldico al blasón militar que Alessandro de Medici adoptada hacia esos mismos años. Vuelve a verse la imagen en la "Historiae Animalium" de Conrad Gessner, en 1551 y en un grabado a color publicado por el naturalista italiano Ulisse Aldrovandi, de 1599, quien aportó también información sobre la historia del rinoceronte real que se suponía representado en estas ilustraciones.
Las copias y versiones derivadas del trabajo original de Durero se perpetuaron todavía en la centuria siguiente, llegando a extravagancias tales como la extraña criatura que publica Jacobus Typotius en sus últimos años de vida, que ya parece una especie de cerdo gigante con un cuerno en la nariz y otros en el lomo. Reaparece el rinoceronte acorzado en la "Histoire of Foure-footed Beastes" de 1607, de Edward Topsell y varios otros ejemplos de aquella centuria.
Recién con la publicación de dibujos más precisos en trabajos como los del naturalista Georges Louis Leclerc, Conde de Buffon, en el siglo XVIII y la llegada de unos cuatro rinocerontes más a Europa en distintos años después de Ganda, comienza a quedar atrás el error iniciado por Durero, aunque en el imaginario popular y en la caricatura la imagen del animal con corazas y placas defensivas persistió por larguísimo tiempo más, siendo todavía posible de ver en algunos dibujos animados infantiles de mediados del siglo pasado, particularmente con un repetido chiste de un rinoceronte acorazado que, al estornudar, perdía toda su engañosa armazón protectora y quedaba reducido a un famélico y enfermo animal que se escondía dentro de su escudo natural.
Pero no fue la única vez que el rinoceronte generó errores en sus representaciones en la historia del mundo. En China, por ejemplo, se conocieron algunas versiones de animales parecidos a caballos peludos con tres cuernos en la nariz y una concha de tortuga en la espalda, claramente inspirados en el mismo mamífero, y en África hubo también efigies de rinocerontes más bien con aspecto de alguna clase de estilizado animal corredor con un cuerno nasal enorme haciéndolo reconocible.
El rinoceronte de Durero ha reaparecido muchas veces en el arte, la literatura y la cultura popular, pero ya no como una confusión, sino como una excentricidad de la zoología primitiva y de la iconografía histórica.
Grabado más real de rinoceronte, publicado por Georges Louis Leclerc, siglo XVIII.
Auténtico rinoceronte indio, en imagen del sitio web de "Seres Fantásticos".

martes, 24 de febrero de 2015

ALLENDE, BOLIVIA Y EL MAR: CÓMO GESTAR UN MITO DE INFUSIÓN PATRIOTA DESDE LA NADA

La insistidísima fotografía que muestra el momento de la visita a Chile de Néstor Taboada Terán, estrechándole la mano a Salvador Allende Gossens en el día en que asumía la Presidencia de la República de Chile, en 1970.
Prefiero partir sin rodeos ni adornos en estos temas: todo indica que la leyenda de que el Presidente Salvador Allende Gossens manifestó alguna vez su deseo de entregar formal y diplomáticamente un puerto a Bolivia, es un invento del controvertido escritor y cronista paceño Néstor Taboada Terán, quien publicó un libro al respecto recién en nuestro actual siglo, donde asegura haber escuchado en persona tal afirmación de boca del ex mandatario en una reunión de noviembre de 1970, específicamente en una entrevista que acordó el día del cambio de mando y a la que antes se había referido varias veces, pero sin tocar el asunto de demanda marítima en su contenido.
Más aún, mientras los agitadores y publicistas altiplánicos (y sus simpatizantes en Chile) no muestren la grabación certificada o notas originales debidamente acreditadas como tales, como pauta base de la entrevista que ha sido explotada hasta lo inverosímil en estos últimos años y muy particularmente en estos días, costará mucho confiar en el juramento de autenticidad de un anciano octogenario que ha sido sacado casi a la fuerza del retiro para servir de cuño a las últimas arremetidas internacionales de La Paz buscando satisfacción a sus pretensiones marítimas. Mientras eso no ocurra, esta supuesta declaración y sus majaderas repeticiones no pueden ser tomadas más que un intento del Gobierno del Presidente Evo Morales por reclutar y expandir solidaridades a su reclamo en Chile e investirlo con las prendas de una causa de la izquierda política en general, eligiendo la figura de Allende como carnada.
No es un misterio que Allende tenía intenciones de reponer la relación con Perú y Bolivia desde antes conquistar la presidencia y hasta tuvo "emisarios" que discutieron el asunto, incluido el tema marítimo. No obstante, como también se sabe, la supuesta declaración del ex presidente chileno aparece descrita con un contexto literario propio al tema en "Salvador Allende ¡Mar para Bolivia!" del mencionado autor, publicado por primera vez en 2004 bajo imprentas de Plural Editores de La Paz, y el Gobierno de Bolivia nos lo ha querido recordar recientemente, pagando un carísimo inserto con deficiente composición photoshop en un diario de circulación nacional ("El Mercurio", domingo 22 de febrero de 2015).
Hay muchas observaciones surgiendo por sí solas en todo este nuevo affaire diplomático, en especial cuando se convoca un talento de poder hacer hablar a los muertos sin contar ya con la posibilidad de que ellos corroboren o desmientan lo que se les adjudica como declaraciones. Tres puntos son los los principales:
  1. No hay ninguna confirmación material de la declaración que Néstor Taboada Terán le atribuye a Allende y que reveló tantos años después de la entrevista que tuvo con él, donde supuestamente se la dijo. De hecho, ni siquiera existe otro testimonio corroborando que Allende manifestara en esa o en otra oportunidad tal voluntad, ya siendo primer mandatario.
  2. Hay más de una versión de la famosa declaración atribuida a Allende y todas ellas informadas por el propio Taboada Terán, antes y después de la publicación del libro "Salvador Allende ¡Mar para Bolivia!" donde trata como tema central este asunto, el año 2004, lo que pone en duda su validez si se la considera sustentada en una fuente y cita precisa, y por lo tanto también real.
  3. Nada hay en la actuación de Allende en materias relativas a las relaciones exteriores durante el Gobierno de la Unidad Popular, salvo tímidos acercamientos que se ha pretendido exagerar en su relevancia, que permita suponer que tuvo alguna intención decidida y categórica de llamar a Bolivia a una propuesta de salida al mar soberana y sin condiciones, como la que le adjudica Taboada Terán.
A continuación, más detalles de todas estas observaciones, sólo para quienes tengan interés en evaluar argumentalmente este asunto, porque el lector que viene ya convertido al tema como un asunto de fe, no encontrará mucho que pueda servirle.
LA PRETENDIDA DECLARACIÓN DE ALLENDE
Nacido en La Paz en 1929, Néstor Taboada Terán ha sido por largo tiempo un intelectual de izquierda con discursos cargados de americanismo, en su momento gran promotor de la figura de Salvador Allende en Bolivia, al punto de que algunos lo criticaron como chilenófilo o como una especie de lazarillo publicitario de la Unidad Popular en el Altiplano. Sus interpretaciones controversiales sobre hechos históricos y su discurso político lo pusieron de punta con la tiranía de Hugo Bánzer en los setenta, exiliándose en Argentina. Al regresar a su patria continuó publicando, pero es sólo hacia las últimas décadas de su actividad que comienza a difundir con obstinación lo que aseguró haber oído de boca del ex mandatario chileno en favor de Bolivia.
Su libro "Salvador Allende ¡Mar para Bolivia!", que ya cumplirá 11 años salido de rotativas, es un tedioso pasquín de más de 100 páginas en que el autor repasa una primera entrevista que hizo a Salvador Allende en el Congreso Nacional, donde se hace un recuento de su visión latinoamericanista y del socialismo continental, con una reedición inserta del ensayo "Chile con el corazón a la izquierda", del que hablaremos más abajo. Entre todo este armado a fragmentos de un libro a partir de otras publicaciones y hasta algunos poemas que le dan cuerpo, llega por fin al tema de marras y que justifica la obra: la supuesta disposición manifestada por Allende de entregarle mar a Bolivia lo antes posible y sin negociaciones o exigencias, durante flamante su gobierno.
De acuerdo a lo allí informado, el autor fue invitado por la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) al cambio de mando que colocó la banda presidencial a Allende, en noviembre de 1970. El escritor asistió acompañado de un par de amigos y concertó una entrevista con la autoridad. Y allí, en los encuentros, le dice Allende a su entrevistador, según él mismo:
“Los escritores y todos los hombres y mujeres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear las condiciones objetivas y subjetivas en el pueblo chileno para poder llegar al feliz entendimiento. Ahora no somos gobierno de la oligarquía minoritaria, somos el pueblo. No nos guían intereses de clase dominante. No le pedimos nada al sufrido pueblo trabajador boliviano, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido victimado. Un pueblo que esclaviza otro pueblo no es libre. Busco el entendimiento de los pueblos hermanos en el mutuo respeto y en la paz".
No sólo eso, pues Allende también habría declarado profundizando en la inspiración de su propósito:
"En este plan de reparación de injusticias, también he resuelto que el hermano país de Bolivia retorne al mar. Se acabe el encierro que sufre desde 1879 por culpa de la intromisión del imperialismo inglés. No se puede condenar a un pueblo a cadena perpetua”.
Pero falta algo aún... Como si su buena memoria no se demostrara ya suficientemente prodigiosa, dice que cuando solicitó a Allende un mensaje para el pueblo boliviano, éste habría dicho lo siguiente:
"Caminaremos juntos en la gran tarea histórica de América Latina. Ha llegado la hora de la gran reparación de una injusticia cometida contra Bolivia. Chile tiene una centenaria deuda con Bolivia y estamos dispuestos a emprender una solución histórica. Bolivia retornará soberana a las costas del Pacífico".
Algo extraño salta a la vista de inmediato al lector informado, sin embargo. Aunque Taboada Terán declara muy vehemente, a continuación, que: "Salí del Palacio de la Moneda de Santiago de Chile asombrado en extremo. No esperaba esto ni por asomo. Estoy caminando en las nubes", este entusiasmo no aparecerá por ninguna parte en sus escritos hasta mucho, mucho tiempo después.
Ya en 1970-1971, en su trabajo "Chile con el corazón a la izquierda", el autor había informado de una declaración de Allende vertida a su grabadora en las mismas entrevistas como mensaje a su patria, específicamente en la primera que había tenido con él en 1970, antes de la anterior donde se refiere a cuestiones marítimas, según él... Sin embargo, a la sazón la promesa y oferta expresadas en las palabras de Allende para el pueblo boliviano, habían sido bastante diferentes:
"Nuestra solidaridad. Nuestro ferviente deseo de robustecer la fraternidad. Nuestra decisión de procurar el establecimiento de amistosas relaciones. Nuestra esperanza de que caminaremos juntos en la gran tarea histórica de América Latina y sus pueblos".
Sospechosamente, hasta todavía en los noventa no aparecía en los recuerdos periodísticos del escritor toda la continuación de las declaraciones de Allende que publicará tantos años después, y en donde alude a su disposición de entregarle costas a Bolivia, versión que termina de confesar completa en 2004 con "Salvador Allende ¡Mar para Bolivia!", como vimos.
Comprendiendo quizás este absurdo y enorme vacío en el tiempo, algunos medios de comunicación bolivianos ya han comenzado a esparcir recientemente la información de que el libro "Salvador Allende ¡Mar para Bolivia!" fue publicado una primera vez en 1984 con su mentado contenido de la declaración solidaria de Allende, como se puede observar en un artículo del periódico "La Opinión" del 20 de febrero pasado, pero esto es por completo irreal: la primera edición del libro aparece recién en 2004, como hemos dicho ya, cosa muy fácil de demostrar en nuestros días con los datos editoriales disponibles.
Don Néstor Taboada Terán mostrando su libro en una imagen muy difundida por los medios de internet bolivianos. Al fondo, puse un documento colonial que nunca ha sido muy del agrado del reivindicacionismo boliviano: el Mapa de Chile de don Andrés Baleato, confeccionado en 1793 como cartografía oficial de Indias. A buen entendedor...
LA VOLUNTAD DE ALLENDE EN LOS HECHOS
En otro aspecto, hay algo crucial en este asunto aunque duela mucho a algunos publicistas bolivianos y a sus simpatizantes entre entreguistas chilenos: no se sabe de ninguna iniciativa o llamado del Gobierno del Presidente Salvador Allende para ofrecer a Bolivia alguna clase de propuesta alrededor de su histórica demanda marítima. Nada oficial, por ninguna parte: ni en sus declaraciones conocidas, ni en las memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores, ni en las notas de la actividad consular. Sí hubo interés en proponer la restauración de las relaciones e intentos de acercamientos que podrian ser interpretados como interés en escuchar la demanda marítima boliviana, mas no discusión abierta y categórica de temas territoriales, como esperaríamos a consecuencia de la mentada declaración que se le adjudica. También es imprecisa, entonces, la afirmación que aparece en otro libro de Taboada Terán titulado "La Decapitación de los Héroes" en 1995 y publicado por la Editorial UMSS, donde al parecer se asoma en una de sus primeras veces la supuesta revelación que nos interesa y en el que se afirma con gran arrogo de propiedad:
"Tengo entendido que después las tratativas se realizaron a niveles diplomáticos. El representante del gobierno de La Paz Franz Ruck Uriburu, a la sazón Cónsul General en Santiago de Chile, cuántas revelaciones habría hecho pero lamentablemente le sorprendió la muerte prematura".
La razón de este vacío de hechos acreditando lo que intenta sostenerse en los libros, es sencilla de comprender y más aún de explicar: incluso sin entrar a preguntarse si Allende habría sido partidario de darle salida al mar a Bolivia (repetimos que, muy probablemente lo era, por su formación socialista y latinoamericanista), también provenía de la vieja escuela estadista, la de respeto irrestricto a los tratados internacionales vigentes en cuestiones de fronteras y límites como motor de entendimiento con países vecinos. Así lo demostró con un acontecimiento que resulta crucial para comprender el tipo de mentalidad en que se deslizaba el mandatario en estos temas: la firma del Compromiso Arbitral de 1971, que obligaba a la República Argentina a acatar el fallo arbitral que se había solicitado a Su Majestad Británica a propósito de la odiosa cuestión del Canal de Beagle (y que fue desconocido por la Junta Militar de Buenos Aires cuando se comunicó la sentencia en 1977, dicho sea de paso). Acuerdo firmado, además, al mismo tiempo que el mandatario tenía por prioridad regional el acercamiento con esa república vecina por entendibles cuestiones estratégicas, precisamente.
Que el camino del acatamiento de los tratados internacionales y de la integración diplomática que Allende visualizaba como la fórmula apropiada de acercamiento y unidad con su prioridad la Argentina, iba a ser el mismo que estaba dispuesto a aplicar con Bolivia y con análogo propósito, se verifica en su Primer Mensaje al Congreso Nacional dado ese mismo año de 1971, en donde sugiere también que el principal problema (y el real) entre La Paz y Santiago era la ausencia de relaciones diplomáticas directas, que propone desde ya "normalizar":
"Es propósito fundamental nuestro afianzar todos los vínculos que acrecienten nuestra constante amistad con la República Argentina, eliminando los obstáculos que se interpongan en el cumplimiento de ese objetivo. La situación anómala de nuestras relaciones con la República de Bolivia contradice la vocación de ambos pueblos, por lo que haremos cuanto esté de nuestra parte para normalizarla".
Así pues, la hipotética promesa que Allende le habría hecho a una persona que a medias conocía como Taboada Terán, de entregarle mar a su país y como prioridad  diplomática sin contrapesos (y ojo: ¡antes de reponer embajadas!), no pasaría de ser una simple conjetura que no se refleja ni asoma siquiera en los hechos posteriores. En materias de relaciones exteriores, pues, el único punto importante de acercamiento que parece haber podido ensayar oficial y abiertamente el gobierno chileno con el de Bolivia -en la incómoda situación de conductos suspendidos y con las demás complejidades del escenario latinoamericano de entonces-, además de la señalada tentativa de reponer cuerdas diplomáticas, fue la de felicitar el hecho de que ese país se mantuviese en el Pacto Andino y procurar su permanencia. Nada que ver con cuestiones territoriales, hasta entonces, pues a principios de los setenta la demanda marítima pasaba por un período en que no era un tema especialmente caliente, como sí volvió a serlo a los pocos años a causa de las pasiones generadas por el centenario de la Guerra del Pacífico y la tradicional influencia de la geopolítica peruana sobre la voluntad de Bolivia. La atención se la llevaba más bien la cuestión americanista y las disputas entre regímenes de izquierda y de derecha con aleros militares o también de facto, afectados por el contexto internacional de la Guerra Fría.
¿Algo que avale lo expuesto recién, en la opinión de los propagandistas de la propia Bolivia en aquellos años? Pues, sí: tenemos a mano notas de uno de los primeros grandes intentos que se hicieron en el vecino país por acoplar a las causas socialistas continentales el asunto de su demanda marítima, en 1971, específicamente del etnonacionalista e indigenista potosino Fausto Reinaga. Corresponde a un exaltado y fanático trabajo suyo titulado "Tesis india" (Ediciones PIB), donde se hace el siguiente y agresivo emplazamiento al Presidente de la Unidad Popular, precisamente por no advertir su autor señales de una predisposición en él para responder a las pretensiones marítimas en la invitación que ya vimos sobre reestablecer relaciones (los destacados son originales):
"¿Por qué quiere restaurar relaciones diplomáticas con Bolivia sin devolver el Lauca y su salida al mar? Socialismo es JUSTICIA. ¿Por qué Allende no hace JUSTICIA con Bolivia? Si Allende es socialista, debe comenzar por casa su socialismo; debe, sin condición y de inmediato devolver a Bolivia su salida al mar. Si es socialista no debe Allende seguir de carcelero de Bolivia; ni debe pedir relaciones diplomáticas a un pueblo encadenado precisamente por la rapacidad de Chile".
Lo más increíble es que en el visceral escrito de Reinaga se expresan estas palabras refutando nada más y nada menos que a la simpatía manifiesta de Taboada Terán por la figura del mandatario chileno, tildándolo en sus páginas de "chilenófilo propagandista de Allende" y de "Felipillo netate". El autor destilaba vapores y vahos de antichilenismo, como se podrá sospechar.
Por otro lado, hay un asunto contextual de la región y la época que no deja de ser importante: con la caída del tiranillo altiplánico Juan José Torres al ser derrocado por su muy distinto sucesor Hugo Bánzer, poco obraba en favor de alguna clase intento de abrazo entre los gobiernos de Chile y Bolivia por sus radicales diferencias ideológicas. Las supuestas conversaciones que algunos izquierdistas chilenos (como el intelectual comunista Volodia Teitelboim) aseguraron -muchos, muchos años después- haber tenido con dirigentes bolivianos en nombre de Allende y tocando el tema marítimo, debieron ser necesariamente con el derrocado Torres, de modo que caducaron con su propia caida en caso de haber existido. De hecho, la misma invitación que las fuerzas políticas de La Moneda le formularan a La Paz para permanecer en el Pacto Andino, hacia 1971, fue interpretada como un error y algo reprochable por los movimientos izquierdistas del continente, pues parecía estar felicitando y casi legitimando la recién instalada dictadura de Bánzer a expensas del Acuerdo de Cartagena. ¿Dudas sobre este punto?: revisar los diarios "El Día" de México del 7 de enero de 1977, "El Sol" de México del 24 de junio de 1977 y el panfletario libro "La Batalla Argentina" de José Steinsleger de 1983.
Portada del libro de Néstor Taboada Terán.
APARICIÓN Y VARIACIONES DE LA SUPUESTA DECLARACIÓN
Recién cumplidos unos 25 largos años desde la entrevista de marras en Chile, Taboada Terán comienza publicitar como nunca antes la versión de las declaraciones de Allende donde aparece dándole alcances relativos a la aspiración marítima de su patria a sus palabras. Este salto en el tiempo es una situación realmente incomprensible, menos tratándose de un tema que ha sido tan sensible y candente para el ánimo de la sociedad boliviana. Así aparecerá tibiamente, en el libro "La decapitación de los héroes" de 1995:
"Bolivia retornaría soberana a las costas del mar Pacífico... Los escritores y todos los hombres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear las condiciones subjetivas en el pueblo para llegar al feliz entendimiento. Ahora no somos gobierno de la oligarquía minoritaria, somos el pueblo. No nos guían intereses de clase dominante. No les pedimos nada, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima el pueblo boliviano".
Unos años después, la repite el autor en su libro "Bolivia: una nación privilegiada: geografía, historia, cultura, vida, tradición" de 2001, con sello de Editora Opinión, pero esta vez agregando una especie de arenga:
"¡Bolivia retornará soberana a las costas del mar Pacífico! Como chileno no pido nada, quiero solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima el pueblo boliviano".
Sin embargo, ni bien estaba "revelada" por obras como las que vimos, la declaración ya comenzaba con alteraciones y nuevas redacciones... Reaparece al año siguiente en un artículo de los "Anales de la Academia Boliviana de la Lengua", pero distinta en sus formas a pesar de hallarse basada en testimonio del mismo Taboada Terán:
"No le pedimos nada (a Bolivia), queremos solamente reparar el despojo cruel de que ha sido víctima el pueblo boliviano... Caminaremos juntos en la gran tarea histórica de America Latina. Bolivia retornará, soberana, a las costas del Pacífico".
Se podrá suponer, quizás, que con la muy promocionada publicación de "Salvador Allende ¡Mar para Bolivia!", el autor por fin estableció una cita única y definitiva en 2004 para representar lo que asegura haber escuchado de Allende en 1970. Pero no... El mismo escritor se encarga de agregar, al poco tiempo, una presentación más al leitmotiv de las declaraciones que adjudica a Allende, esta vez en "La revolución cultural: un método para armar", de Grupo Editorial Kipus, en 2008, expresando una construcción de palabras que parece más bien la síntesis de principios o corolario de las que ya había propuesto:
"He resuelto que el hermano país de Bolivia retorne al mar. Se acabe el encierro que sufre desde 1879 por culpa de la intromisión del imperialismo inglés. No se puede condenar a un pueblo a cadena perpetua. Un pueblo que esclaviza a otro pueblo no es libre. ¡Bolivia retornará soberana a las costas del Mar Pacífico!... No nos guían intereses de clase dominante. No le pedimos nada al sufrido pueblo trabajador boliviano, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima. Busco el entendimiento de los pueblos hermanos en el mutuo respeto y en la paz".
Y aunque ya pueda sonar a un devengado rebuscado de apuntes para sembrar dudas, existe otra versión sobre esta pretendida declaración y también adjudicando directamente como fuente a Taboada Terán, acogida -entre otros divulgadores- por el Capítulo Boliviano de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, en publicaciones del año 2011:
"Ha llegado la hora de la gran reparación de una injusticia, Chile tiene una centenaria deuda y estamos dispuestos a emprender una solución histórica. Bolivia retornará soberana a las costas del Pacífico. No le pedimos nada al sufrido pueblo trabajador boliviano, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima. Los escritores y todos los hombres y mujeres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear las condiciones objetivas y subjetivas en el pueblo chileno para poder llegar al feliz entendimiento".
Desconozco cuántas otras citas fragmentadas y con cambios de orden o estructura existirán de la confesión atribuida a Allende en la literatura boliviana y la del propio Taboada Terán, porque me baso en estas muestras que son las que reconozco más populares y no pretendo extenderme como cazador de versiones, desvirtuando con ello el sentido de este artículo. Sin embargo, creo que el punto queda demostrado con sólo estos ejemplos. Además, que algunos expersoneros de la UP e historiadores declarados partidarios de darle salida al mar a Bolivia también hayan pretendido avalar la idea de que hubo una negociación al respecto por parte de Allende (generalmente ofreciendo la ofertas de retomar la diplomacia como pobres "pruebas" de ello) resulta, cuanto menos, sospechoso, pues todos expresaron estos testimonios después que comenzara la campaña boliviana por construir esta aura alrededor del mandatario chileno, en los noventa.
Por supuesto, no faltarán los poetas y predicadores de dogmas tratando de pregonar que no importa cuál haya sido el mensaje original, sino su sentido... Es decir: no tendría relevancia cómo lo dijo Allende, sino qué dijo. Sin embargo, la cuestión precisa aquí es si Allende dijo o no lo que se dice que dijo, y cuando se adjudica un juicio, opinión importante o sentido esencial a una declaración formulada por algún personaje de relevancia, especialmente en este caso donde se trata además de algo con características de revelación, lo mínimo esperable es una cita exacta y unificada. Y todavía más, de hecho: una transcripción original y una grabación certificada dados los alcances de este caso, en caso de haberlas. Nada de eso se ha visto hasta ahora.
El inserto que recientemente nos regaló Bolivia en "El Mercurio".
OBSERVACIONES FINALES
Mientras tanto no suceda -o no pueda suceder- algo como una demostración convincente del origen de esta declaración atribuida a Allende, que hasta ahora sólo Taboada Terán ha escuchado alguna vez (y sin haber sido exactamente un confidente o un privilegiado en los círculos del ex mandatario), sólo puede confiarse en la dudosa palabra suya y apostarlo todo a su testimonio, que a falta de sustento resultará convincente sólo para quienes traen una fuerte carga ideológica y de pasión predispuesta a creerlo, en algunos ejemplos ciegamente, incluso.
Como se sabe, hay declaraciones apócrifas que, por separarse de las fuentes y citas o simplemente no tener este respaldo, suelen ser ornamentadas y amplificadas en su dramatismo con las transmisiones sucesivas, adaptadas a los discursos de las circunstancias y moldeadas más bien por las intenciones de quien la evoca y lo que quiere oír quien la escucha, vicio facilitado a causa de la falta de documentos que acrediten y confirmen forma y fondo de las mismas... Precisamente, es lo que podría percibirse de la secuencia de versiones de la declaración atribuida a Allende y de cómo se hace un esfuerzo mediático para tratar de convertirla en hecho consumado e irrefutable, por parte de sus defensores y difusores.
No menos curioso es que Taboada Terán había escrito ya en 1970 su ensayo "Chile con el corazón a la izquierda", que publica otra vez como parte integrada de su trabajado del 2004 concentrado en las palabras de Allende, pero habiendo un gran detalle en esta mixtura de textos: "Chile con el corazón a la izquierda" nace editorialmente en esos mismos días de la supuesta confesión de Allende. El autor, sin embargo, allí hace encendidas proclamas en favor de su proyecto, pregonando como un ejemplo el proceso que iba a iniciarse en Chile con la UP y elogiando la figura del nuevo mandatario, pero sin adicionar por ninguna parte la supuesta declaración que éste alcanzara a hacerle sobre complacer las pretensiones litorales de Bolivia, durante este mismo período; ni en acápite, separata o nota a pie de página, ni nada de lo que podría esperarse para la fase final de un libro que sea soporte de tan trascendente tema.
Y aun si no fuera suficiente toda la razonable batería de dudas que surgen al respecto, hay una pregunta más que cabe hacerse sobre lo expuesto y su correlación con los hechos conocidos: ¿El Gobierno de Bolivia no estaba al tanto de la supuesta intención decidida y prácticamente resuelta ya de Allende, de darles una salida al mar propia y con soberanía sin tramites ni esperar primero una reposición de las relaciones diplomáticas, si acaso fuera cierta la declaración de Taboada Terán? Esto, porque en todo el período tampoco hubo alguna iniciativa -por tímida que sea- de parte de La Paz por reponer la comunicación de ambos países vía embajadas o alternativas, líneas que permanecieron suspendidas y que lo siguieron estando hasta la breve apertura relacionada con el intento de negociación de salida al mar iniciado con los Pactos de Charaña de 1975, con Chile ya en dictadura y, ¡oh, ironía!, con el General Augusto Pinochet como promotor de la propuesta a su colega Bánzer, tras derrocar al Presidente Allende. ¿Acaso no era esperable al menos un mínimo de entusiasmo, de señales de iniciativa y de disposición diplomática de Bolivia para abrirse presurosamente a estas negociaciones por la vía de representantes o enviados que amarraran a Chile a sus propias ofertas, en caso de que haber sido real que Allende había hecho saber este inédito deseo de complacer sus insistentes aspiraciones portuarias, ya siendo presidente?
Como el caso del pobre tipo que llega tarde al sorteo y con el número ganador de la rifa echado al agua, de ser verdad el escenario que se nos intenta describir hoy, Bolivia se habría perdido imperdonablemente la oportunidad de toda su historia para satisfacer sus aspiraciones marítimas, en gran parte a consecuencia del silencio sepulcral que mantuvo Taboada Terán durante todos esos años, sin confesar oportunamente la disposición generosa de Allende para darle mar a su patria y que ahora declara haber conocido... Así pues, el escritor tendría algunas cosas que explicarle a sus paisanos antes de tropezar con sus propias historias, tan cercanas a la ficción patriota más que a la realidad palpable.
Y si ya es un serio problema de credibilidad el que sólo Taboada Terán haya sido testigo de una declaración de semejante peso y con tanta importancia -como para permanecer oculta o inadvertida en el período en que era más necesario conocerla públicamente, relegándola como un detalle secundario en una entrevista para comentario posterior-, más sospechoso aún es el problema técnico no pocas veces visto en cosas de la historia y de la investigación, y que siempre ha sido generador de suspicacias, especialmente cuando involucra cuestiones de pasiones nacionales o ideológicas: que el escritor se "acordara" de revelar información rotunda y divulgarla tantos años después, como vimos, ya entrando en la vejez y virtualmente retirado, justo en medio de nuevas campañas internacionales que había iniciado por entonces Bolivia para sus pretensiones marítimas. Campañas que llegaron a su peak con el Presidente Carlos Mesa para presionar a Chile a negociar la mentada cuestión de la salida al mar, exacta y coincidentemente en el mismo año 2004 en que Taboada Terán publicó su "Salvador Allende ¡Mar para Bolivia!".
Finalmente, hay un comentario de escrúpulos que se hace inevitable: situaciones como estas, tan ajenas a la investigación histórica seria pero tan enredadas con la política y las pasiones colectivas, tienen el mal gusto de estar impregnadas también del vicio de pretender hacer hablar a los muertos en favor de intereses propios, como en las agrias peleas por las herencias entre familiares después del velorio, y en este caso a través de lo que parece ser un médium con mucha imaginación, más encima.
Moraleja de todo esto, entonces: la ceguera de los credos suele impedir cotejar y evaluar la validez de los argumentos... Y nunca se debe exponer el trasero a los violadores de ignorantes o mal documentados.

domingo, 22 de febrero de 2015

LA "REINA DEL TAMARUGAL": A 30 AÑOS DEL TRIUNFO DE UNA OBRA MAESTRA DEL CANCIONERO FOLKLÓRICO DE CHILE

Calichal en la Quinta Vergara. De izquierda a derecha: Fernando López Molina, Manuel Veas Rodríguez, Berta Veas Rodríguez, Mario "Marincho" Tapia Álvarez y Luis "Toño" Miranda Rojas. Imagen publicada por el diario "La Tercera".
A mi generación y las anteriores quizás le provoque un poco de nostalgia o casi compasión el estado actual del Festival Internacional de la Canción de Viña de Mar, con rasgos que ponen en claro relieve la fase de decadencia o caída en que se encuentra comparado con sus mejores años, o al menos aquellos que eran mejores que ahora. Desde hace mucho se señala esta pérdida de valor a pesar de seguir siendo el festival más importante de América Latina, aunque quizás sea sólo el más idealizado: por irrisorio y majadero que parezca, el Presidente de Bolivia Evo Morales acaba de anunciar que Cochabamba tendrá un festival "más grande que el de Viña", dándolo por principal referente (!?).
Probablemente, aún le quede mucho de vida al encuentro anual, porque en el reducido medio chileno sigue siendo un festival redituable y bien auspiciado. Sin embargo, la calidad de su espectáculo suele sostenerse de unos pocos principales y el resto suele ser sólo satisfacción de fracciones del público asistente cuanto mucho, según la programación del día. Este vicio ha convertido el show en una verdadera tiranía de la masa presente en la Quinta Vergara, relegando a un muy inmerecido último lugar a la inmensa audiencia televisiva (la que en realidad sostiene la fiesta, gracias a la publicidad), a pesar de que uno de los músicos nacionales de este año ha intentado sostener que se trata de un escenario muy "democrático", obviamente que después de asegurar su contrato allí exponiendo su autodefinido canto popular (nacido para peñas y quintas) al millonario meganegocio anual que es este show.
Quizás el elemento más sensible de esta corrupción sea el de las competencias, cuya calidad de participantes ha disminuido al mismo ritmo. Nadie recuerda la canción del año anterior; de hecho, a nadie le interesa recordarla. El espacio de los concursantes internacionales parece más bien una pausa, un recreo aburrido entre una presentación de artistas y otra donde apenas unos pocos aplauden por decencia. La competencia de música popular iniciada con este festival en 1960 y la competencia folklórica que se adicionó al año siguiente, se han convertido en otro relleno, entonces, o más bien una obligación que justifica al festival pero no surte efectos, no instala canciones, no florece, menos desde que esta última competencia dejó de ser chilena en el cambio de siglo y se la amplió a folklore de toda América Latina, con la esperanza por hacer más atractivo internacionalmente el certamen, aunque para algunos esto sólo ha generado más controversia por el favoritismo que sigue habiendo del jurado hacia Chile o bien por premiaciones de canciones de cuestionable calidad pero con grandes simpatías políticas, como sucedió en 2011.
Cuando estábamos lejos aún de la esterilidad del certamen en nuestros días, una de las mejores piezas que alcanzaron a salir de la competencia folklórica del Festival de Viña del Mar cuando todavía estaba en mejores años que ahora y que tantas otras canciones regaló a la tradición (como "La consentida", "Qué bonita va", "La torcacita", "Ay, Fernanda" o "La tejedora"), está por cumplir sus 30 años desde que ganara el concurso y se volviera un hito de la canciones religiosas nacionales: "Reina del Tamarugal", de Calichal, la rotunda triunfadora de 1985 que marcó un hito en la historia de la canción folklórica, aunque también desató consecuencias que no se hubiesen querido esperar sobre la misma y sobre el reconocimiento que merecían sus creadores.
"La Reina del Tamarugal", presentación del grupo Calichal en la Competencia Folklórica del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar de 1985.
"La Reina del Tamarugal" en vivo en el Festival de Viña 1985, por el grupo Calichal.
"La Reina del Tamarugal", versión original de estudio, grupo Calichal.
EL FESTIVAL DE 1985
Hay quienes deducen que la espectacularidad de los festivales de Viña del Mar en los años 80, se debió a la urgencia del régimen de facto por promover una imagen positiva internacionalmente. Hay mucho de verdad en ello, sin duda, pero también es cierto que ya entonces se criticaba al encuentro por lo que algunos visualizaban como un progresivo decaimiento en su calidad que, según los agoreros, iba a conducir el espectáculo y a la competencia a un estado muy parecido al que podría describirse como el de hoy.
En ese verano de 1985, nos hallábamos en tiempos complejos, por las protestas y movilizaciones que se extendían desde el año anterior, panorama que estaban por volverse aún más complicado con el infausto terremoto del 3 de marzo de ese año en la Zona Central del país. De hecho, durante el encuentro musical del balneario sucederían varios pequeños temblores, que eran parte del enjambre sísmico que antecedió a aquel cataclismo.
El XXVI Festival de Viña del Mar, programado del 13 al 18 de febrero y animado por la de dupla Antonio Vodanovic y Paulina Nin de Cardona, pretendía erigirse como uno de los mejores de su historia y dejar discretamente bajo la alfombra el ambiente incendiario que había en el país, procurándose una enorme parrilla de artistas internacionales para todos los gustos, que llenaron de reporteros el aeropuerto y los hoteles: la estrella del pop country John Denver, un joven y delgado Luis Miguel, las rockera Rita Lee, los suizos de Krokus y sus colegas escoceses Nazareth. El mito dice que se intentó traer a Michael Jackson, pero las cifras exigidas por los productores resultaron exorbitantes. Otros invitados fueron Amanda Miguel, María Conchita Alonso, Miguel Gallardo, los españoles Bravo, María Marta Serra Lima, José Feliciano y Dyango. El humor quedó a cargo de comediantes como Mandolino (Armando Navarrete) y los Pujillay, estos últimos con mejor resultado que el primero, además de Maitén Montenegro y Gloria Benavides con su personaje La Cuatro Dientes.
La competencia internacional tuvo críticas por adelantado ese año, pero participaron en ella personajes de la talla del cantante Carl Anderson, quien personificara a Judas en el filme musical "Jesuchrist Superstar". El chileno Alberto Plaza consigue el tercer lugar a pesar de parecer el favorito del público, con su "Que cante la vida"; la intérprete mexicana Crystal alcanzó el segundo con "Parece" y Lorenzo Toppano, curiosamente, ganó el certamen con una canción en castellano pero representando a Australia: "Yo ya no puedo más".
Una de las fallas más grandes que tuvo el festival de ese verano, fue presentar un espacio con una colosal y tiesa marioneta gigante de cuerdas que simulaba dialogar infantilmente con Vodanovic y que se levantaba todas las noches al inicio del festival por el lado del fondo a un costado de la Quinta Vergara y las graderías: Don Cirildo, muñeco representando una especie de jardinero del complejo viñamarino que causó burlas, pifias, risas y no tardó en ser devorado con toda su corpulencia, primero por "el monstruo" y luego por la crítica de espectáculos, reprochando la falta de creatividad de quienes concibieron semejante títere como novedad para decorar el show.
Antes de terminado el encuentro, sin embargo, la Comisión Organizadora recibió una buena noticia: la Federación Internacional de Organizadores de Festivales (FIDOF), iba a extender un reconocimiento al Festival de Viña del Mar, por la calidad y buena ejecución del torneo. Pero algo tenía que fallar: se supone que el reconocimiento iba a ser entregado en la forma de un diploma en el escenario de la Quinta Vergara, por el presidente del organismo Harry de Groot; sin embargo, la recepción del premio debió postergarse cuando las maletas del representante fueron a parar a la India en vez de Chile, por un error de la línea aérea.
Imagen de los integrantes de Calichal en una de sus actividades.
Miembros de Calichal en el Hotel Playa Brava, antes de partir ("La Estrellad e Iquique").
CALICHAL Y LA "REINA DEL TAMARUGAL"
Uno de los intérpretes cuyo tema había pasado la selección al concurso, era un conjunto folklórico de Iquique llamado Calichal, fundado el 2 de agosto de 1980 al alero de la Secretaría Regional Ministerial de Educación de Tarapacá. Era conocido por la calidad de sus voces e instrumentistas, además de un repertorio de piezas tradicionales y música del folklore de variadas regiones del país, incluyendo la zona huasa y las raíces indígenas, pero enfatizando -por supuesto- a su querida región tarapaqueña.
Los miembros de Calichal también se dedicaban a labores de difusión e investigación folklórica. Por su calidad y talentos habían sido reconocidos por la Universidad Arturo Prat, incorporándolos de manera permanente a sus actividades de extensión artística, algunos trabajando como profesores y otros como monitores de guitarra. Habían tenido ya cerca de 200 presentaciones sólo en la Región de Tarapacá, más otras en el Festival del Huaso de Olmué (donde obtuvieron el premio a mejor intérprete), el Festival Nacional de la Vendimia de Molina (donde ganaron un reconocimiento como grupo más popular), el Festival Nacional de Música de Raíz Folclórica Chilena, el Festival Nacional de Cuecas Inéditas de Santa Cruz, el Festival Nacional "Brotes de Chile" de Angol, el Festival Nacional de la Uva el Durazno en Rinconada de Los Andes, más algunas actuaciones en Televisión Nacional. También tenían en su currículo importantes experiencias en Argentina, en festivales de Salta y Jujuy. Solían realizar presentaciones todos los viernes en una peña propia de Iquique, para financiar sus actividades artísticas.
Cuando se supo en enero que el grupo había sido elegido para participar de la competencia, hubo una primera fiesta en Iquique celebrando la buena noticia. La canción postulada que llevaría el conjunto en ritmo de trote tarapaqueño -con tintes de lo que más informalmente se llama saya-diablada altiplánica- y algunos detalles de arreglos que evocan a las bandas de bronces, se titulaba "Reina del Tamarugal": una hermosísima oda a la Fiesta de la Virgen del Carmen de La Tirana que se celebra todos los años el 16 de julio, en el poblado del mismo nombre. El autor de la poética letra era Manuel Veas Rodríguez, y la música había quedado a cargo del eximio Luis "Toño" Miranda Rojas, director del grupo. Ambos amigos ya habían participado de la creación de otras importantes piezas musicales de la región, muy conocidas en las escuelas y talleres musicales, como "Pastorcito de Camiña", "El Guatón Toño" y "Pampa del Tamarugal".
Decía esta obra, que estaba predestinada a convertirse en una joya del cancionero nacional y que iba a debutar en el principal escenario de Chile:
Pampa desierta nortina
a florecido un rosal
llegan de todos lugares
su manda deben pagar.
Llegan de todos lugares
su manda deben pagar

Es día 16 de julio
sale la reina a pasear
saludando al peregrino
que la viene a venerar.
Saludando al peregrino
que la viene a venerar

Viva ya, viva ya
Reina del Tamarugal
Tirana que haces llorar
y a todo un pueblo bailar

Viva ya, viva ya
Reina del Tamarugal
Tirana que haces llorar
y a todo un pueblo bailar
Triste se queda mi china
debemos de regresar
y entre los tamarugales
se a marchitado el rosal.
Y entre los tamarugales
se a marchitado el rosal

Viva ya, viva ya
Reina del Tamarugal
Tirana que haces llorar
y a todo un pueblo bailar

Viva ya, viva ya
Reina del Tamarugal
Tirana que haces llorar
y a todo un pueblo bailar.
La canción de Veas y Miranda se había inspirado en las mandas y agradecimientos de los feligreses de la "Chinita" o Virgen del Carmen de La Tirana, y que ambos consideraron necesario homenajear con una propuesta emotiva, a la vez que impregnada del mismo estilo que identifica al folklore religioso local. Manuel Veas y su hermana Berta, además, eran promesantes de la Fiesta de La Tirana, por lo que estaban sumamente imbuidos en esas tradiciones. El autor escribió la letra, de hecho, al culminar una manda de bailar durante tres días a la Virgen por cinco años seguidos en las fiestas, y Miranda le colocó la música dos años antes de llevarla a Viña del Mar pues, originalmente, tenían la intención de convertirla en parte de un musical religioso o cantata.
Como las presentaciones de los rockeros metaleros de Krokus y Nazareth había causado ciertas aprehensiones en la sociedad conservadora y además muy ignorante de la música internacional en esos años acá en Chile, el diario "La Tercera" titulaba con algo de sorna de la siguiente manera la nota del 6 de febrero, sobre lo que iba a ser la presencia de Calichal en Viña del Mar: "Una diablada, pero no satánica, subirá a la Quinta".
Calichal levantado la preciada Gaviota de Plata de su triunfo. En la imagen, publicada por "La Estrella de Iquique", se observa a Danny Rodríguez, el sexto miembro presente durante aquella hazaña pero que no pudo estar sobre el escenario por el reglamento de la competencia.
Así anunciaba la prensa de Iquique el triunfo.
UN TRIUNFO ROTUNDO
Conformado por 12 miembros permanentes, Calichal se presentaría esta vez sólo con la mitad de sus integrantes, por razones de requerimientos y restricciones del certamen (hasta 5 personas sobre el escenario): Fernando López Molina y Manuel Veas Rodríguez en voz, acompañados de matracas y trajes a la usanza de los bailarines morenos de saltos de las fiestas regionales; en la voz femenina, el extraordinario registro de su hermana Berta Veas Rodríguez, vestida al estilo de fantasía de danzantes chunchos; en quena Mario "Marincho" Tapia Álvarez y en guitarra Luis "Toño" Miranda Rojas, ambos en trajes alusivos a las bandas tipo lakitas de la región y participando de los coros. Desde la orquesta, fuera de la vista de las cámaras, los acompañaría el joven Danny Rodríguez con el charango, cuyos gastos de viaje y permanencia habían quedado fuera de la cobertura ofrecida por las reglas del certamen para los concursantes.
Los músicos se despidieron de Iquique con un gran ensayo público y una actividad dirigida por la entonces alcaldesa, doña Marta Marcich. Los seis integrantes de Calichal salieron por vuelo hasta Santiago, y desde allí hacia Viña del Mar con la esperanza ardiente de ganar la competencia. "Dejaremos en lo alto el nombre de Iquique", prometieron al partir de su ciudad, tras una conferencia de prensa dada el 7 de febrero en el desaparecido Hotel Playa Brava, donde ahora se encuentra el Majestic, acompañados en la ocasión por el empresario y productor Hernán Gómez.
"Viña para nosotros y para cualquier conjunto folklórico en Chile -dijeron a "La Estrella de Iquique"-, es la máxima aspiración internacional, ya que su proyección al extranjero nos muestra como difusores del folclore. Es una verdadera vitrina".
Por fin, allá en Viña del Mar, su presentación dejó inmediatamente claro en el día inaugural del festival que la canción era una de las más bellas que se hayan escuchado en la competencia folklórica, desde sus orígenes. Fue elogiada rápidamente por el cantante Pedro Messone y, en años posteriores, se ha sabido que también era la favorita del comediante y productor Jorge Pedreros y del propio director de orquesta del festival, Horacio Saavedra, como se lo habrían hecho saber a Veas.
Sin embargo, el triunfo no le iba a tocar del todo fácil ese año: hubo en aquella competencia diez temas de raíz folklórica, algunos muy singulares y distintos entre sí. Ciertas preferencias se marcaban por "Hacia altamar" de María Alejandra Vidal y Patricia García, cuya interpretación quedó a cargo de la prodigiosa voz de Lu Rivera y Los Chonos, no obstante que hubo un rumor sobre alguna clase de conflicto de esta pieza con las bases del concurso que exigían piezas inéditas, desmentido después por la propia organización del evento. También logró simpatía del público el tema "A pique se fue el Caleuche" de Cecil González, interpretado por el Grupo Aucas; y "Huinca niño" de María Gloria Garay, interpretado por María José Pozo.
Finalmente, sucedió lo que debía suceder y así, ya en horas del naciente 18 de febrero de 1985, era anunciado el ganador de la entonces valiosa y apreciada Gaviota de Plata: Calichal, con "Reina del Tamarugal". Además del trofeo, recibieron US$ 7.000 y el Premio de la Embajada Argentina y Cancillería Chilena, correspondiente a un viaje a la Isla de Pascua. La decisión del jurado no podía ser más justa y fue aplaudida de forma unánime, pero especialmente por los tarapaqueños. En una actitud que lo enaltece, además, Miguel Esper, intérprete de la canción "Con algo de menos, con algo de más" de Óscar Cáceres y Valentín Trujillo, y que era otra de las competidoras más fuertes, reconoció públicamente la superioridad de "Reina del Tamarugal" y felicitó a  los vencedores. A las pocas horas, el diario "La Estrella de Iquique" titulaba soberbio en primera página: "'Calichal' N° 1 en Viña del Mar!" y "Gaviota para la Tierra de Campeones". El mismo tabloide decía en sus páginas interiores:
"Con el triunfo de Calichal ganó en Viña el folklore tradicional. Y no sólo eso: ganó el folclore auténtico, cultivado por nortinos que viven a diario junto a las tradiciones".
La gente salió a celebrar a las calles iquiqueñas cuando se supo la noticia; los bares se llenaron y la fiesta duró hasta cerca de la mañana. Esa misma noche, los premiados colocaban su Gaviota de Plata en un altar de su habitación del hotel, donde habían dispuesto imágenes de la Virgen de La Tirana.
Un inmenso carnaval comenzó a prepararse en la ciudad para recibir a los triunfadores. "¡BIENVENIDO CALICHAL!", era el título del diario "La Estrella de Iquique" del jueves 21 de febrero, siendo recibidos ese día con un acto público en la Plaza Condell, a las 11:30 horas, donde los esperaba un escenario con la misma frase y un acto organizado por la Municipalidad y la Universidad Arturo Prat. El arribo culminó con una conferencia de prensa en el Casino Español frente a la Plaza Prat. Otra recepción honorífica le fue preparada al grupo en el pueblito de La Tirana, por los vecinos dirigidos por el querido Cacique Andrés Farías, anfitrión y organizador de las fiestas de la Virgen del Carmen en el lugar, con presencia de Monseñor Javier Prado Aránguiz, ocasión en que los miembros de Calichal consagraron y dedicaron su premio a la imagen mariana.
La comunidad iquiqueña da la bienvenida al triunfante conjunto.
Ceremonia de recepción y homenaje en la ciudad ("La Estrella de Iquique").
FLOR DEL FOLKLORE TARAPAQUEÑO
Desde su triunfo en 1985, "Reina del Tamarugal" conocerá innumerables versiones de grupos como Banda Wiracochas, Manifiesto, Cantamérica, Huentelauquén, Los Jaivas, el grupo pop Sexual Democracia, el Coro Armonía de Peñaflor dirigido por Waldo Aránguiz, el cantante de cumbia Amériko y hasta el dúo electrónico Bacondo. Sin embargo, la mayor acogida que tendrán sus notas y versos es en las bandas religiosas de las fiestas patronales de Tarapacá, convirtiéndola en un verdadero símbolo de la Fiesta de La Tirana y en un perpetuo himno de esta celebración, repetido todos los años.
Calichal vivió una época parecida a la de leche y miel a partir de esos momentos, pero fue breve, limitada por las grandes dificultades que tenían las agrupaciones folklóricas en aquella época en la realidad nacional, donde escaseaban los escenarios, los incentivos y los eventos de gran convocatoria. A pesar de haber estado en casi todos los grandes festivales del país antes aún de su hazaña en Viña del Mar, la cohesión de sus miembros comenzó a flaquear, quedando reducido aunque haciendo aún presentaciones ocasionales. Siempre había sido difícil mantener el grupo, como alguna vez lo reconocieron sus principales integrantes, en especial por el financiamiento de las actividades. Además, y muy lamentablemente, Fernando López Molina y Luis "Toño" Miranda fallecieron en los años posteriores, así como otro querido miembro del conjunto, Guillermo Lara, quien no pudo participar en la histórica presentación en la Quinta Vergara.
Como muchas versiones de "Reina del Tamarugal" han aparecido al límite del respeto a los derechos de autor, se cuenta que el grupo realmente no pudo disfrutar de los beneficios de estos derechos en el éxito de su canción. Veas acusaba no haber recibido jamás algo por este concepto, entrevistado por "La Estrella de Iquique" del 31 de agosto de 2004, hallándose injustamente olvidado y cesante:
"Muchos han grabado nuevamente el tema, pero a mí nunca nadie me ha preguntado nada. He visto que el tema ha aparecido en distintos trabajos musicales y nadie ha pedido autorización para esto, incluso existe un CD de La Tirana que tiene el tema incluido. Nunca he hecho nada para que se solucione este problema y creo que es tiempo de que las cosas se hagan formalmente".
El año 2000, por desgracia y en una decisión que no dejó de ser polémica, la "Reina del Tamarugal" no figuró entre las canciones del recuento escogido para el Festival de Viña del Mar en su versión cincuenta. Sin embargo, el 16 de febrero de 2006, para celebrar los 35 años del Municipio de Pozo Almonte durante la gestión del alcalde Augusto Smith, se organizó un enorme espectáculo en la Explanada del Santuario de La Tirana con la presencia de bandas nacionales como el grupo Illapu y los bolivianos Los Kjarkas; y como la fecha estaba en el período del cumplimiento de los 21 años de la epopeya de Calichal en Viña del Mar, fueron homenajeados allí en el escenario los miembros sobrevivientes del grupo, con Manuel Veas a la cabeza y ante 25 mil almas presentes. Posteriormente, en 2010, con la anuencia y apoyo de Veas, se postuló a "Reina del Tamarugal" como Canción del Bicentenario. Hubo algunas fiestas y celebraciones ese año, al cumplirse el aniversario 25 de la Gaviota de Plata, por cierto. Y en el año 2013, por decreto alcaldicio del mes de noviembre, se concedió de manera póstula la calidad de Hijo Ilustre de Iquique al fallecido Toño Miranda.
Por la situación mediática en que saltó a la popularidad y quedó introducida esta pieza en el cancionero patronal católico de Tarapacá, algunos podrán decir que se trata de neo-folklore o pautas de fantasía del folklore religioso, es verdad, pero la penetración cultural que ha tenido esta canción en el repertorio identitario de Tarapacá hace pensar, más bien, que sólo hemos tenido la suerte de ver -en vivo y en presente- cómo surgió una pieza de auténtico folklore y tradición musical de la zona.
La "Reina del Tamarugal" nunca más salió del patrimonio de la Fiesta de la Virgen de La Tirana, volviéndose la más tocada hasta nuestros días durante la temporada y sonando desde los preparativos de las celebraciones, las cortinas, los intermedios de las mudanzas, los campamentos de peregrinos, la música ambiental de amplificadores y hasta la marcha de vuelta a casa de las cofradías de bailes religiosos... Algo esperable y comprensible de una de las más hermosas e imperecederas canciones que se han adicionado en nuestra época al folklore nacional.
"La Reina del Tamarugal" en versión del grupo Cantamérica.
"La Reina del Tamarugal" en versión bronces de la Banda Wiracochas.

Qué ver en una visita?

Aconcagua (9) Aeronautica (12) Africa (4) Alemania (4) Alto Hospicio (11) Angol (2) Animitas (72) Antartica (31) Antofagasta (19) Apuntes (6) Arabes (20) Arabesco (13) Araucania (8) Arauco (2) Archipielago Juan Fernandez (1) Arequipa (6) Argentina (30) Arica (41) Armas (23) Arqueologia (76) Arquitectura en hierro (22) Art Deco (34) Art Nouveau (18) Arte (179) Austria (1) Aysen (9) Bares-Restoranes (146) Barroco (53) Bauhaus (10) Belgas (1) Biobio (1) Bizantino (9) Bohemia (162) Boites (26) Bolivia (18) Bomberos (33) Brasil (3) Britanicos (37) Buenos Aires (4) Burdeles (24) Cachapoal (1) Cafes-Salones de Te (17) Cajon del Maipo (14) Calama (2) Caldera (8) California (1) Calles (79) Campo (109) Candilejas (53) Carreteras (55) Cartagena (3) Casonas (99) Cauquenes (1) Cementerios (60) Cerros y montañas (40) Chañaral (1) Chile (1042) Chillan (5) Chiloe (13) Choapa (7) Ciencia (71) Cine (11) Cinema-Teatros (39) Circo (16) Cites-Conventillos (17) Cocina (58) Cocteleria (56) Colchagua (2) Colombia (1) Coloniaje (148) Comercio (188) Comics (30) Compañias (90) Concepcion (8) Conmemoracion (127) Copiapo (30) Coquimbo (21) Criminologia (28) Croatas (6) Cur (1) Curico (1) Curiosidades (240) Delincuencia (62) Deporte (42) Desierto de Atacama (53) Diplomacia (23) Diseño (92) Edad Media (19) Edificios historicos (174) Edificios populares (66) Educacion (72) Egipto (2) El Loa (1) El Maipo (2) El Maule (12) El Tamarugal (24) En prensa/medios (42) Errores (109) Esoterismo/Pagano (74) España (18) Estatuas-Monumentos (122) Etimologia-Toponimia (154) Eventos (47) Exposiciones-Museos (64) Fe popular (142) Flora y fauna (112) Folklore-Tradicion (212) Fontanas (39) Fotografia (24) Franceses (89) Francia (9) Frutillar (2) Gargolas-Grutescos (19) Georgiano y victoriano (25) Germanos (32) Gotico (18) Gringos (31) Guerra Chile contra Confederacion 1836 (11) Guerra Chile-Peru contra España 1865 (2) Guerra del Pacifico (77) Guerra Peru-Bolivia 1841 (1) Guerras antiguas (5) Guerras civiles y golpes (38) Hechos historicos (127) Heraldica (29) Heroes (83) Hispanidad (117) Holanda (1) Hoteles (32) Huasco (3) Huasos (60) Humor (62) I Guerra Mundial (2) Iglesias y templos (103) II Guerra Mundial (6) Imperio Romano (21) Independencia de America (46) Indigenas (101) Industria (74) Instituciones (167) Iquique (74) Isla de Pascua (1) Israel (1) Italia (35) Italicos (43) Jerusalen (1) Judios (10) Juegos (42) Junin (1) La Paz (1) La Serena (18) Lejano oriente (38) Lima (2) Limari (9) Linares (2) Literatura (121) Llanquihue (1) Los Andes (2) Lugares desaparecidos (213) Madrid (1) Magallanes (35) Malleco (1) Marga Marga (1) Mejillones (4) Melipilla (1) Mendoza (2) Mercados (23) Mexico (1) Militar (93) Mineria (50) Misterios (109) Mitologia (158) Mitos urbanos (121) Modernismo-racionalismo (15) Mujeres (77) Musica (68) Navegacion (45) Negros (12) Neoclasico (151) Neocolonial (22) Neorrenacentismo (1) Niños (99) Numismatica (16) Ñuble (5) Obeliscos (16) Orientalismo (12) Ornamentacion (107) Osorno (1) Ovalle (5) Palacios (24) Paleocristianismo (20) Palestina (1) Panama (1) Parinacota (1) Paris (1) Patagonia (21) Patrimonio perdido (120) Peñaflor (1) Periodistas (29) Personajes culturales (160) Personajes ficticios (52) Personajes historicos (181) Personajes populares (172) Peru (53) Pesca (17) Petorca (5) Philadelphia (1) Pisagua (1) Playas (33) Plazas y parques (164) Polacos (1) Politica (59) Productos tipicos (81) Publicidad (58) Puentes (35) Puerto Montt (6) Punta Arenas (9) Quebrada de Tarapaca (13) Quillota (2) Radio-TV (53) Rancagua (3) Ranco (1) Reliquias (154) Renacimiento (3) Reposteria/Confiteria (22) Rio Chili (1) Rio Mapocho (44) Rio Tevere (3) Roma (33) Rotos (94) Rusia (1) San Antonio (5) San Pedro de Atacama (2) Sanidad (50) Santiago (663) Semblanzas (136) Sicilia (1) Simbolos/Emblemas (75) Sociedad (145) Suiza (1) Suizos (1) Tacna (5) Talagante (8) Talca (3) Tarapaca (95) Tecnologia (82) Terrores y fantasmas (94) Tierra del Fuego (12) Tocopilla (2) Tragedias (199) Transportes/Estaciones (80) Tucuman (1) Tudor (28) UK (8) Uruguay (1) USA (20) Valdivia (4) Valle de Azapa (10) Valle de Elqui (15) Valparaiso (32) Vaticano (5) Venezuela (6) Viña del Mar (3) Websites recomendados (10)