jueves, 24 de enero de 2013

MONUMENTO A FRANCISCO DE AGUIRRE: RESOLVIENDO ALGUNOS VACÍOS Y NUBES SOBRE SU ORIGEN

El monumento en 1957, en imagen publicada por la revista "En Viaje".
Coordenadas: 29°54'20.91"S 71°15'22.78"W
A pesar de su importancia como referente turístico de La Serena, existe poca información disponible sobre el Monumento a Francisco de Aguirre, en la avenida del mismo nombre, allí frente al cruce con la Ruta 5. Como se sabe, Aguirre fue el segundo y definitivo fundador de la ciudad en 1549, luego que primer poblado serenense fundado por Juan Bohón en 1544, fuera totalmente arrasada por indígenas locales y con prácticamente todos sus primeros habitantes masacrados.
Me costó una gran cantidad de trabajo e indagación dar con datos duros y precisos sobre el origen del monumento, algo particularmente difícil por la falta de referencias literarias y la nula respuesta que obtuve de algunas instancias a las que hice llegar consultas en vano. Por lo mismo, espero que sean de utilidad los antecedentes que aquí publicaré y que permitirán poner un poco de luz sobre el mismo monumento, que hace no muchos años hizo noticia por casi infantiles actos vandálicos en su contra, a causa de animadversiones justificadas en cuestiones históricas y revisionismos.
Según parece, existió cuanto menos un interés en homenajear al segundo fundador de la ciudad en el marco de los preparativos para el festejo del IV Centenario de La Serena en 1944. A pesar de las celebraciones realizadas con este motivo, sin embargo, no fue sino hasta ocho años después que los serenenses pudieron contar con esta magnífica obra dispuesta en la avenida que lleva el mismo nombre del conquistador.
La iniciativa de poner a disposición de La Serena un monumento para Francisco de Aguirre fue tomada por el Gobierno de España en 1952, cuando tenía lugar la etapa final de ejecución del Plan Serena de la ciudad chilena. Ese mismo año, además, la ciudad de Talavera de la Reina también rindió un homenaje a su hijo advenedizo por estas tierras, con un artístico cuadro conmemorativo de baldosas que está en el edificio de la Municipalidad de La Serena y del que ya he dicho algo antes.
Noticia del obsequio del monumento a La Serena, por decisión del gobierno español. Publicado en el diario "La Vanguardia de España" del martes 27 de mayo de 1952.
Ambos gestos ponen en evidencia que los vínculos entre La Serena y España pasaban por un momento culturalmente importante, a consecuencia del severo y profundo plan urbanístico llevado adelante en aquellos años y en donde se reafirmaron los símbolos hispánicos originarios de la ciudad. De hecho, pocos meses después del anuncio del obsequio del monumento a Aguirre, la Municipalidad de Madrid decidió enviar a La Serena una fuente que podría corresponder a la de la Plaza España, y que era entonces una histórica pileta del Campillo del Nuevo Mundo de la Ronda de Valencia, para que fuese reinaugurada en el siguiente aniversario de la fundación de la ciudad. Dejaré pendiente este punto para una futura entrada.
La obra en homenaje a Aguirre le fue encargada por la Dirección General de Relaciones Culturales del país hispano al artista escultor Juan Adsuara Ramos (1893-1973), que a la sazón era académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y había recibido ya importantes premios y medallas en reconocimiento a sus trabajos, como el Premio Nacional de Escultura de un certamen especial que fuera convocado en 1929. Muchas de sus obras se pueden ver entre los monumentos madrileños levantados en los días de la jefatura de Franco.
Así informaba desde Barcelona el diario "La Vanguardia Española" del martes 27 de mayo de 1952, cuando la estatua ya estaba siendo producida en el taller de Adsuara:
"El obsequio del Gobierno español se hace para corresponder al gesto del Presidente de la República de Chile, don Gabriel González Videla, quien puso especial empeño en que, con ocasión de la reconstrucción de La Serena, su ciudad natal, se imprimiese a las nuevas construcciones un marcado carácter español. Al atender este deseo del Presidente de la Dirección General de Relaciones Culturales envió a Chile al arquitecto don José Manuel Valcárcel".
Fotografía con retocado de color de Ramón Poveda, publicada en la revista "En Viaje" de 1955, cuando el monumento aún era nuevo en La Serena.
Postal turística con fotografía del mismo monumento en los años 60.
No tengo seguridad de que el lugar escogido para la colocación el monumento a Aguirre haya sido exactamente el mismo en que se encuentra ahora en la entrada de la avenida que hoy lleva su nombre: antes estaba más cerca aún de la estación del ferrocarril en la vía que ahora ocupa la Ruta 5 y sobre la fuente espejo de agua, muy próxima al cruce con la misma avenida Aguirre. Empero, ésta no fue su primera ubicación: algunas postales fotográficas posteriores a su inauguración confirman que aparece en el cercano Parque Pedro de Valdivia. En un principio la estatua no tenía placa informativa, sin embargo, lo que motivó algunas críticas ciudadanas porque se prestaba para creer que podía corresponder en realidad a Valdivia por el nombre del parque, y no a Aguirre. La obra conmemorativa llegó así a Chile hacia los últimos días del Gobierno de González Videla, siendo inaugurada en el aniversario serenense de 1952. Su traslado a la Alameda es posterior.
Cabe señalar, sin embargo, que habiendo sido construida la avenida actualmente con su nombre en 1855, cuando se niveló la Quebrada de San Francisco y las diferencias de alturas que ofrecía la ciudad por estos lados, esta misma arteria era conocida como Alameda Central o Alameda de La Serena antes de la instalación del monumento al conquistador que prestaría su identidad definitivamente a la misma.
Se le construyó un pedestal rectangular de roca de granito blanco justo al principio del bandejón central de la Alameda, que fuera hermoseada en los días del centenario y luego decorada artísticamente durante la aplicación del Plan Serena, cuando se creó el Paseo de las Estatuas con los trabajos dirigidos por el arquitecto y urbanista Oscar Praguer, en un sendero de museo de esculturas abierto que remata ahora precisamente en el monumento de Francisco de Aguirre, inaugurándoselo con un gran acto público. Cerca del conjunto quedaría también, después, la artística fuente de aguas enviada desde Madrid, en la adyacente Plaza España.
Ubicada al centro de un crucero con escalinatas laterales, la figura de bronce se eleva con un carácter monumentalista clásico y la estética de la escultura heroica tradicional, que podría inducir a engaños sobre la verdadera antigüedad de la obra. Muestra a Aguirre en media armadura guerrera, en actitud de predisponerse a defender a la ciudad mirando en la dirección en que se halla en océano, con su mano derecha tomando una espada y la izquierda firme sobre un escudo con el que se simboliza su relación fundacional y tutelar con la metrópolis. Lleva en el blasón el heraldo imperial de Carlos V con el águila bicéfala, orgullo nacional muy acorde al largo período político por el que transitaba España en aquellos años en que fuera obsequiada la obra. La figura toma la espada y el escudo como si cogiera recién sus armas de combate.
En la cara frontal del pedestal, una placa metálica señala al homenajeado, su investidura y fecha-lugar de nacimiento y de muerte:
FRANCISCO DE AGUIRRE
TENIENTE DE GOBERNADOR Y CAPITÁN
DE LA CIUDAD DE LA SERENA
TALAVERA DE LA REINA - ESPAÑA 1500
LA SERENA - CHILE 1581
Desde entonces, Francisco de Aguirre vigila altivo la seguridad de la ciudad, ya no amenazada por indígenas sublevados ni por los posteriores piratas o bucaneros saqueadores. En alguna ocasión, sin embargo, su monumento ha sido vandalizado con ataques de pintura por parte de aspirantes a revisionistas con consignas supuestamente indigenistas o parecidas (ya todo suena igual en ciertos grupos que suelen apropiarse de consignas "libertarias" ajenas), justo en pleno aniversario de la fundación de La Serena... Toda una curiosidad, pues si se trata de residentes de la zona, le deben entonces al propio Aguirre la existencia de su ciudad.
Como la escasez de información que creo haber advertido sobre este monumento se refleja también en la internet, espero que este pequeño y modesto aporte sea interesante para difundir esta parte de la historia de La Serena y de la gallarda figura en bronce de su fundador Francisco de Aguirre, en la principal y más turística avenida de la ciudad.

miércoles, 23 de enero de 2013

LOS AVATARES DEL MONUMENTO-HOMENAJE A LA MUJER EMPRENDEDORA DE ALTO HOSPICIO

Coordenadas: 20°16'0.79"S 70° 6'10.76"W
En la Plaza de Armas de Alto Hospicio, hacia el lado de la esquina de las céntricas avenidas Los Álamos con Ramón Pérez Opazo (ex Chijo), se puede observar un sencillo monumento titulado Homenaje a la Mujer Emprendedora, justo en el acceso hacia los senderos por esta área verde municipal. Es uno de los elementos que más destacan de toda la plaza, además.
La sólida y blanca dama hecha con modelado y aplicaciones de moldes representa a una mujer y sus dos hijos. Las figuras están montadas sobre un pedestal rectangular de relativo tamaño y rodeado de un pequeño jardín floral. Sobre la cara frontal del mismo se colocó una maltratada placa metálica que explica la naturaleza del monumento:
HOMENAJE A LA
MUJER EMPRENDEDORA
"Símbolo del esfuerzo y trabajo de Alto Hospicio"
Ramón Galleguillos
Alcalde
y
Cuerpo de Concejales
08 Marzo 2007
Sin embargo, esta referencia es un poco engañosa, pues el descrito monumento no es el que originalmente estaba sobre este mismo pedestal y al momento de instalarse la señalada placa, con inauguración oficial correspondiente. Esta historia es, de hecho, un tanto jocosa.
El primer monumento descubierto por el conocido alcalde Galleguillos justo en el Día Internacional de la Mujer, en marzo de 2007, era muy distinto: se trataba de una imagen ingenua y de estilo naif representando a una mujer pobladora, con una pala en sus brazos.
Aunque había mucho de infantilismo y candidez en su acabado, podía advertirse que correspondía a una típica mujer adulta de estrato modesto. La pala y el contenedor a sus pies, además, simbolizaban el trabajo duro de las primeras pobladoras que habían llegado a la hoy comuna de Alto Hospicio, nacida de tomas de terrenos: 18 mujeres fundadoras, que con esa misma herramienta cavaron zanjas, acequias, pozos, empalizadas y desagües mientras sus maridos debían ir a trabajar diariamente abajo, a Iquique, en los orígenes de estos vecindarios a fines de los años ochenta.
Fotografía con el primer monumento a la Mujer Emprendedora: feo, tosco, pero tenía su encanto y respaldo original (Fuente imagen: diario "La Estrella de Iquique").
El segundo monumento, actualmente en la plaza.
El aspecto libre e ingenuo de la imagen no era casual: la obra había sido confeccionada por una iniciativa de los funcionarios del Programa de Empleo Municipal de Alto Hospicio quienes, asistidos por algunos vecinos, hicieron la obra valiéndose de materiales reciclados, bloquetas, fibra de vidrio y concreto.
Sin embargo, quizás por cuestiones políticas más que por alguna motivación auténticamente estética o por las fundadas razones para las burlas, la obra comenzó a ser criticada duramente no bien fue presentada en la Plaza de Armas ante los presentes, como se verifica en las ediciones del diario "La Estella de Iquique" y "Las Últimas Noticias" del 19 y 20 de marzo de ese mismo año, respectivamente. Tal como sucedió alguna vez con las figuras homenajeando la obra de Pepo y su personaje "Condorito" en la Comuna de San Miguel, en Santiago, no se le perdonó nada al monumento: se criticó su infantilismo, su falta de formalidad, su ausencia de realismo y de belleza, sus líneas poco profesionales y, sobre todo, se alegó sin piedad que la pala parecía más bien una escoba y que esto, lejos de enaltecer a la mujer pobladora, la denostaba y le quitaba feminidad.
El alcalde Ramón Galleguillos respondió con dureza a los criticones y la obra contaba con el público apoyo de quienes fueron parte de esas 18 pioneras de Alto Hospicio allí homenajeadas, como la dirigenta vecinal Fresia Kent, a la sazón de 60 años y quien declaraba haber utilizado precisamente una pala para los trabajos hechos al asentarse en esta zona, tal como la representación en la plaza.
Sin embargo, las críticas no cesaron y luego vinieron los actos vandálicos contra el pobre monumento.
Así, antes de terminado el año y entendiendo que la imagen no estaba cumpliendo la función de homenaje que le daba razón, la Municipalidad encargó una nueva obra, esta vez a una artista de formación profesional: la joven escultora Karina Marey Huerta, quien hacía poco había regresado de su perfeccionamiento Alemania. Tras un mes de trabajo en el cual también fue ilustrada sobre la historia de las mujeres que se quería representar, la artista terminó su obra y ésta fue montada sobre el mismo lugar de la anterior.
Hablamos de la imagen que actualmente se encuentra ocupando ese pedestal ya enteramente pintado de blanco al igual que la figura del actual homenaje, hecha por artistas locales. Y si bien este segundo monumento conserva algo de esta estética popular y naif que quiso dársele al primero, está mucho más cerca del monumentalismo artístico y de la escultura conmemorativa tradicional. Su inauguración tuvo lugar el diciembre de 2007.
De esta manera, la bella segunda imagen que reemplazó a la pobre y fea mujer de la pala, corresponde a una madre joven e idealizada, que sostiene en su brazo izquierdo a un pequeño niño bebé, mientras otro de sus hijos más crecido abraza su pierna por el mismo lado, como si buscara protección. Con el brazo derecho, en tanto, alza una especie de manto que rodea a los personajes. El conjunto está delineado por artísticas intervenciones con mosaicos artesanales rodeando la base y el borde de la forma del manto. Atrás, en la espalda de la mujer, también se construyó con mosaicos de colores el círculo con el emblema de la Comuna de Alto Hospicio.
Puede que el nuevo monumento haya despejado las críticas y los chistes, en especial aquellos de los enemigos incorregibles de la administración Galleguillos. Sin embargo, el quizás más pintoresco encanto que tenía ese tosco y desprolijo homenaje anterior, hecho con participación ciudadana por los propios hospicianos, sin duda se perdió con el más formal y políticamente correcto monumento que ahora ocupa su sitio, esta vez con gran talento y potente alegorización.

martes, 22 de enero de 2013

CUÁNDO Y CÓMO SE ES "TELA"

Una expresión juvenil pero quizás de vieja raíz en la sociedad criolla es aquella que habla de ser “tela”.
Corresponde a la versión actualizada de lo que por muchos años y hasta hace poco se ha llamado también “buena tela”, referido a la indicación para las buenas personas, tipos “paleteados”, generosos, desprendidos y amigos de esos que realmente se necesitan cerca en la aventura de la vida. En el mundo de los memes, la medalla de representación por excelencia del equivalente al "tela" se la lleva Good Guy Garry.
Vamos un poco al pasado... La “buena tela” era necesidad de los antiguos sastres, los comerciantes de géneros, las costureras, los tapiceros, los mueblistas y los fabricantes de sombreros, más allá de la diferencia entre el lujo y la venta popular.
Resulta, pues, que antes de que el mercado nacional fuese invadido por la producción en masa de las prendas de vestir orientales, el caballero y la dama no podían prescindir de al menos una “buena tela” en su armario: ese vestido de cuasi-lujo femenino para ir matrimonio o los bautizos, ese terno del señor para los encuentros sociales, y ese uniforme del niño capaz de resistir las jornadas de juegos o las brusquedades rapaces.
El tiempo y el uso pasaron de referirse de “buena tela” para los representantes de la calidad humana, como sinónimo de algo escaso, cotizado y valioso, mutándolo en los últimos años al “tela” a secas, todavía para referirse a esta misma clase de personas encantadoras que -tal como las profesiones de sastrería y costura entre los que nació el concepto- hoy parecen encontrarse en posible extinción dentro de la sociedad chilena.
He ahí, entonces, el origen del buen título "tela" en el lenguaje coloquial chileno.

UNA PLAZA DEDICADA AL PERIODISTA BELTRÁN ALFARO CORTÉS EN LA FLORIDA

Imagen del monolito y la plaza en 1997, tras la remodelación (publicada en "La Tercera").
Coordenadas: 33°32'31.92"S 70°35'39.47"W
La Plaza Periodista Beltrán Alfaro Cortés se ubica en una cuadra entera al poniente del paradero 19 ½ de avenida Vicuña Mackenna, en la comuna de La Florida. Comparada con otras plazas de Santiago, quizás no es de tan grandes dimensiones: está formada por en romboide de unos 45 por 87 metros, entre las calles El Sauce, Río Bueno, Río Maipo y el pasaje Río Tinguiririca.
Rodeada de residencias, esta plaza fue construida casi en el corazón de una tranquilla población de clase media conocida como la Villa Diario La Tercera, originalmente relacionada con los trabajadores de la compañía periodística alrededor del diario del mismo nombre ("La Tercera de la Hora", en esos años) y concluida totalmente hacia principios de los años ochentas.
El espacio se constituye como un área de recreación especialmente para niños del barrio, por los juegos fijos que allí existen. También hay sólidas bancas que parecen ser atracción de algunas parejas jóvenes, entre árboles, arbustos y palmeras que dan sombra el conjunto. Bien mantenida y con riego cuidado, luce el césped verde y pulcro. En tiempos más recientes se le han instalado también algunas máquinas de ejercicios, e incluso ha sido escenario de pequeños actos y shows, como en septiembre del año 2010, cuando se presentó allí al famoso perro quiltro Spike de los comerciales de la compañía abastecedora de gas "Lipigas", con gran atención del público infantil presente.
Lo que más llama la atención en el lugar, sin embargo, es una enorme piedra blanca a modo de monolito, con una concavidad tallada sobre la cara principal de la misma y con una inscripción en ella que recuerda en la plaza al ilustre coquimbano que originalmente llevaba su nombre:
PLAZA
PERIODISTA
BELTRAN ALFARO CORTES
AGOSTO 1983 DIARIO LA TERCERA
Exactamente al lado de la roca, se alza sobre un plinto el mástil de alguna fantasmagórica bandera chilena que alguna vez flameó por encima de los árboles de la plaza, y que quizás desde hace años ya está totalmente ausente.
El nombre del periodista homenajeado está asociado a una tragedia: en agosto de 1982, tuvo lugar la abrupta muerte del profesional de la prensa Beltrán Alfaro Cortés, de 42 años, casado y padre de dos hijas. Hombre muy querido por sus colegas y vecinos, había nacido en Coquimbo, titulándose en el periodismo en 1962 y había trabajado en estaciones radiales como la Radio Minería de La Serena. Más tarde, cuando se trasladó a la capital, comenzó a trabajar en Radio Minería de Santiago, además de pasar por la Radio Presidente Balmaceda y Radio La Chilena. Al momento de su dramática muerte atropellado por un automóvil, trabajaba como reportero del diario "La Tercera".
La traumática partida produjo un hondo pesar entre sus compañeros de labores y amigos. El ambiente periodístico debió soportar justo por esos mismos días, además, la pérdida del cronista deportivo Sergio Martínez Quiroga, también de 42, casado y con una hija, quien falleció tras una larga y cruel enfermedad. Fue un triste período para el gremio, como podrá deducirse.
Fue así que, por iniciativa de la dirección del diario "La Tercera" y de los residentes de la villa, se decidió colocar el nombre del fallecido periodista de sus filas a la flamante plaza, en un acto realizado justo un año después, en agosto de 1983 como dice la inscripción en la roca, quedando así -para la posteridad- como Plaza Periodista Beltrán Alfaro Cortés.
Sin embargo, la primera etapa de vida de la plaza no fue del todo luminosa. Hacia comienzos de la década siguiente se convirtió en un sitio un tanto seco, no muy bien mantenido y deficientemente iluminado. Por esta razón, se organizó una campaña que contó con generosos aportes de "Supermercados Ribeiro", cuyo cuartel por el sector estaba cerca de allí, en la esquina de Vicuña Mackenna con Enrique Olivares, hoy ocupados por instalaciones de la cadena "Unimarc". Esto permitió remodelar la plaza y recuperarla con senderos interiores, escaños y basureros, reinaugurándosela oficialmente al mediodía del sábado 11 de octubre de 1997 con un acto público al que concurrieron vecinos, autoridades comunales, ejecutivos de la comercial "Ribeiro" y representantes del diario "La Tercera".
Con ocasión de este rescate del recinto, se le instaló también un segundo monolito celebrando el día de la entrega de estos trabajos, aunque bastante menor tamaño que el principal, y donde se lee la siguiente inscripción:
SUPERMERCADOS
RIBEIRO
CON LA COMUNIDAD
4 - OCT 97
Con el tiempo, se fueron agregando los juegos de niños, las máquinas de ejercicios y también se mejoró la iluminación, siendo hasta ahora una de las plazas mejor cuidadas de la comuna, según parece, pues existen otros casos de áreas verdes en La Florida que no tuvieron el mismo feliz destino a pesar de hallarse también entre los varios vecindarios residenciales que crecieron por estos barrios hacia los años ochenta y noventa.
Cabe señalar que esta no es la única plaza donde se le rinde homenaje a la memoria de Alfaro Cortés: en su tierra natal de Coquimbo, en febrero de 2008, se inauguró la Plaza del Periodista con un monolito y placa donde se lo recuerda a él junto a los nombres de varios grandes colegas de la misma región, como Pedro Vega Gutiérrez, Eduardo Sepúlveda Whittle, Humberto Vásquez Brito, Humberto Véliz Zepeda, Horacio Miranda Droguett, Héctor “Tito” Castillo, Mario Planet Rojas, Antonio Puga Rodríguez y Alejandro Vicuña Leiva, entre muchos otros.
Sin embargo, la plaza que lleva el nombre de Beltrán Alfaro Cortés en La Florida es la única consagrada especial e individualmente a la memoria de este periodista, con su nombre grabado en aquella piedra tan voluminosa y pesada que probablemente -y a pesar de los rayados e intentos de throw-up que debe soportar- durará allí acaso más que las propias casas que contornean esta áreas verdes.

EL BARCO DE LOS ESQUELETOS: EL TERRORÍFICO PASO DEL "MARLBOROUGH" POR LAS COSTAS MAGALLÁNICAS

Imagen del "Marlborough" en Port Chalmers, Nueva Zelanda.
Quizás Chile sea uno de los países con más leyendas de barcos fantasmas en el mundo, aunque la mayoría de la gente reconozca sólo casos como el del "Caleuche" y en menor medida "El Lucerna", ambos en Chiloé, además del más moderno mito del lanchón "Mytilus II" (de la supuesta Comunidad Frienship) y, más al Norte frente al Maule, al siniestro "Oriflama". La vastedad de nuestras costas, tal vez más que alguna relación de modus vivendi decididamente estrecho con ellas, explica esta abundancia de barcos legendarios en la mitología nacional.
Sin embargo, la mayoría de los navíos fantasmas que pueden encontrarse en las leyendas chilenas no son del archipiélago chilote, como podría creerse, sino probablemente de Magallanes, tierra de innumerables epopeyas marítimas, tragedias y naufragios que han servido de motivación o estímulo al florecimiento de esta clase de historias. Sólo la distancia geográfica ha perjudicado la expansión del conocimiento sobre el rico legendario magallánico sobre encuentros con navíos misteriosos y aterradores, como barcazas abandonadas y goletas "negras".
Una de estas leyendas ha sido comentada por autores como Osvaldo Wegmann Hansen y Oreste Plath: el caso del navío "Marlborough", que se cuenta entre de las historias más sorprendentes e intrigantes del territorio austral americano. Incluso fue mencionada por el famoso autor norteamericano Robert L. Ripley en 1929, para su conocida colección "Believe it or not!".
De acuerdo a la leyenda amalgamada con historia, esto ocurre en octubre de 1913, frente a las costas de Punta Arenas. El Sol caía en la hora del crepúsculo cuando de pronto apareció en la mar un extraño navío que parecía andar a la deriva, que fue divisado a una milla y cerca del puerto por el velero inglés "Johnston" (o "Johnson", en otras fuentes, como el mencionado libro de Ripley), que se hallaba de paso por Magallanes. La marcha al garete alertó a los británicos y se ordenó hacerle señales de luces desde el "Johnston", pero no hubo respuesta alguna desde la misteriosa nave. Intrigado por la situación, el capitán decidió enviar a seis de sus marinos en un bote para que se aproximaran a la nave, intentaran reconocerla y, de no haber indicios de estar ocupada, procedieran a abordarla.
Los marinos se acercaron al barco, cada vez más convencidos de que se hallaba totalmente abandonado y sin tripulación, con sus velas hechas jirones desgarrados al viento. "Marlborough" podían leer con dificultad cerca de su proa, muy deteriorada y dañada, al igual que el resto del navío. Cuando llegaron al borde del mismo ya no les cabía duda de que se trataba de una nave a la deriva. Subieron hasta su cubierta y cuál sería la sorpresa de los ingleses al encontrar un esqueleto completo cerca del timón, girando a la deriva. Procediendo a inspeccionar el resto del barco, habrían encontrado otros tres esqueletos en el pañol, seis en el puente y diez en los dormitorios de la tripulación. Mas, nada a la vista hacía suponer qué clase de tragedia había ocurrido allí.
Los marinos bajaron del "Marlborough" para regresar a su nave y el enigmático navío continuó a la deriva hasta perderse por el Estrecho de Magallanes, desapareciendo para siempre al parecer durante una tormenta que siguió al encuentro, o pereciendo quizás tragado por sus aguas, o bien estrellado contra sus bordes. Nadie lo sabe con seguridad.
El insondable misterio continuó tejiéndose al regresar los hombres al "Johnston" e informar de lo que acababan de ser testigos. Se reportó el nombre del "Marlborough" al registro naviero y se informó, a continuación, de un bello barco del mismo nombre que había zarpado con sus bodegas cargadas de lana y carne congelada desde el puerto de Lyttelton, Nueva Zelanda, al mando del Capitán W. Hird el 11 de enero de 1890. La nave de 1.124 toneladas, había sido construida por Robert Duncan en Glasgow y arrojada al océano en junio de 1876 por su propietario, el empresario J. Leslie. Posteriormente, fue vendido a la Shaw, Savill & Co., y comandado por el Capitán Anderson de 1876 a 1883, quien cedió el mando a Hird a partir de ese año.
El "Marlborough" (a la izquierda), anclado junto al "Loch Dee" (al centro) y el "Hurunui" (a la derecha), en imagen publicada por el sitio web talesofriverside.blogspot.com.
Al salir el "Marlborough" desde Lyttlelton en el que iba a ser su último y extraño viaje, iba con 23 tripulantes y 8 pasajeros. Uno de quienes iban a bordo habría sido el joven marino Crombie, hijastro del Capitán William Ashby, que gozaba de cierta fama en Auckland. Pero jamás llegó a su destino en el puerto de Londres: se perdió todo rastro de él a sólo dos días de haber levantado anclas en Oceanía, realizándose una investigación que no arrojó grandes resultados y en donde se determinó que la estabilización de la carga y las condiciones de zarpe habían sido las correctas, por lo que se presumió que habría naufragado tras chocar con algún témpano o quedar atrapado en algún lugar del Cabo de Hornos, por donde debía pasar en su ruta a Europa. Curiosamente, además, por esos mismos días había desaparecido otra nave: el "Dunedin", buque zarpado desde Oamaru.
Así pues, se lo había dado por perdido o naufragado en el camino hasta que, según la leyenda, reapareció efímeramente frente a Punta Arenas, 23 años más tarde y sólo para volver a perderse, haciendo más profundo su secreto.
La historia parecería ser un  cuento más surgido de la fértil imaginación popular, pero aparece parcialmente confirmada en muchos de sus detalles en una edición del 27 octubre de 1913 del diario "The Straits Times" de Singapur, el que atribuye a su vez la noticia a otro periódico llamado "Evening Standard", basado en informes cablegráficos no confirmados, enviados desde Nueva Zelanda. Allí en los reportes periodísticos fue reproducido el testimonio de quienes abordaron al "Marlborough":
"Pisando con cautela la cubierta podrida, con grietas y partiduras en los lugares donde caminaban, encontraron tres esqueletos en la escotilla. En los comedores estaban los restos de diez cuerpos, y otros seis fueron encontrados; uno solo, posiblemente el capitán, en el puente. Había una quietud extraña alrededor, y un olor húmedo a moho que ponía la carne de gallina. Unos pocos restos de libros fueron descubiertos en el camarote del capitán, y un machete oxidado. Nada más extraño en la historia del mar se ha visto antes. El primer oficial examinó las ya débiles inscripciones en la proa y después de mucho pudo leer 'Marlborough, Glasgow'."
Según escribió Sir Henry Brett en "White Wings: Immigrant ships to New Zealand. 1840-1902", la sorprendente historia reapareció publicada en un diario no precisado de Glasgow, Escocia, en 1919. Sin embargo, de acuerdo a lo que allí se describe, la aparición del "Marlborough" había tenido lugar hacia 1891 y en islas cercanas al Cabo de Hornos, no siéndole posible a los ingleses que lo vieron acercarse más a la nave para darle rescate, por las condiciones climática del momento. Esto apareció también muchos años después en otro periódico: el "Auckland Star" del 24 de noviembre de 1923, en un artículo del propio Brett.
Encabezado de la columna con el reportaje del periódico "The Straits Times" sobre el caso "Marlborough" en Punta Arenas, publicado el 27 de octubre de 1913.
Al parecer, la confusión del año en que es visto el barco por los ingleses (hacia 1890 ó 1891) fue confundida por el hijo del Capitán Hird con la de 1913, que era en realidad la del reporte de los periódicos de Singapur sobre el caso, naciendo así la leyenda y la confusión sobre su avistamiento. De acuerdo a Brett, esta fecha errónea era la informada también por el diario de Glasgow, como aquella en que apareció el barco con su tripulación de muertos.
Sin embargo, dice la misma fuente que otra historia fue reportada con más detalles el mismo año de 1913, en este caso por un testimonio del Capitán Burley de Seattle, quien decía que en su juventud había visto un barco naufragado en un aislado sector de la Isla de los Estados (o la Península de Mitre, en otras versiones) con el nombre de "Marlborough", además de un improvisado toldo, cerca de 20 esqueletos (siete, en otras versiones) y una gran cantidad de conchas de mariscos alrededor, como señal de una desesperada lucha contra el hambre en la costa de sus desgracias. Burley declaraba haber dado aviso de su hallazgo después de haber sido rescatado, pero nadie sabe por qué se dio a conocer tanto tiempo después, aunque su historia aparece en septiembre de ese mismo año en el periódico "Evening Post" de Wellington, Nueva Zelanda. El diario vuelve a publicar algo al respecto en febrero del año siguiente, sugiriéndose también la señalada confusión del hijo de Hird, que creyó destruido el barco en 1913, muchos años después de su real naufragio.
Empero, para hacer más confuso el caso y volver a enredarlo, en el periódico "The Cairns Post" de Queensland del 14 de junio de 1940, se publicó una detallada descripción del testimonio de Burley, donde se descartaba ahora que su avistamiento del buque naufragado haya sido el "Marlborough de Glasgow": correspondía en realidad a uno llamado "Marlborough de Londres". También se aclara allí que la historia de Burley había sucedido cuando él llegó al inhóspito territorio tras naufragar en la nave "Córdova" muy poco tiempo después de que ésta fuera echada al agua, en 1888... Es decir, muchos años antes de la tragedia del verdadero "Marlborough". Esta revelación devuelve la credibilidad al reporte inglés de la nave de cadáveres cruzando las aguas de Punta Arenas y a los detalles centrales de la leyenda que dejó para siempre en las mareas magallánicas.
Así, para los amantes de los misterios y de la realidad fantástica, el caso del "Marlborough" está en la categoría de interés internacional y a la altura de otras famosas historias de barcos fantasmas como el "Octavius", el "Mary Celeste" o el  "Baychimo", permaneciendo como otro de los atractivos misterios australes, persistentes y profundos.

viernes, 18 de enero de 2013

LA TRAGEDIA DEL "MÍCHEL": OTRA HISTORIA DEL RÍO MAPOCHO QUE NADIE RECORDARÁ

Imagen de la noche del asesinato, con personal de Bomberos y amigos del fallecido rodeando el cuerpo. Fotografía publicada por el portal noticiosos Terra.cl.
Coordenadas: 33°25'58.18"S 70°38'54.18"W ("caleta" del Puente Recoleta)
Muchos recuerdan cuando la televisión reveló, hacia el año 2001, la existencia de las “caletas” de niños mendigos viviendo como pequeñas pandillas en las proximidades de los puentes Pío Nono, Loreto, Recoleta, La Paz, Padre Hurtado, Manuel Rodríguez y General Bulnes. Una realidad social de la que ya se sabe algo gracias a los esfuerzos de Polidoro Yáñez y del sacerdote Alberto Hurtado por sacar de la más paupérrima miseria a los pelusas o "cabros de río", pero que por alguna razón la sociedad tiende a olvidar y a desconocer cuando no esté en las noticias, quizás distraída en sus propios caudales de urgencias y atención contingente.
De no ser por trabajos de enorme valor testimonial como "El Río" del alguna vez pelusa mapochino Alfredo Gómez Morel, o las escenas más crudas del filme de 1967 "Largo Viaje" de Patricio Kaulen, la existencia de estas realidades se perderían en la brisa tibia de la ciudad, asomando en los medios no más allá que como efímeros chispazos en el raudo pasar del tiempo.
En tanto y sin embargo, muchos pelusas de las "caletas" del Mapocho, incluida la alguna vez famosa "Caleta Chuck Norris" que concitó tanta atención pública en su momento, ya dejaron de ser niños tiernos e indefensos: en su fracaso por salir de este estilo de vida, algunos retornaron al río, y allí viven aún, ya como muchachotes, sobreviviendo de la mendicidad y de uno que otro acto reprochable que, uno a uno, van llenando sus prontuarios. Su marginación allá abajo, en el río, es casi como un renuncio simbólico a la sociedad imperante, a sus valores y a sus convencionalismos; hasta el acto de tener que mirarlos hacia abajo y ellos hacia arriba doblando el cuello, tiene una metáfora cultural innegable.
Una de estas historias perdidas es la del Míchel, otro ex pelusa crecido en la vagancia del río y de las calles del Barrio Mapocho y de sus mercados, que llegó a pisar los años de adultez viviendo y pidiendo dinero a los transeúntes que pasaban por las pasarelas del Puente Los Carros o el Puente de La Paz, parado allá abajo y tratando de atajar al aire las monedas que le arrojara algún peatón conmovido con su apariencia de ángel en desgracia, tal como lo hacen hasta ahora sus ex compañeros de correrías.
- ¡Una moneda, pipito! -gritaba intentando ser simpático- ¡Cualquiera nos sirve!
Claro: eso era de día, porque al parecer el Míchel no escapaba a la tentación delincuencial en que se desenvuelven todos estos "cabros de río" durante las horas de penumbra, desesperados por complacer sus bajos vicios y los impulsos de una moral fracturada, destruida y, cuando no, atrofiada. Esto explica que algunos lo odiaran en el sector con la misma intensidad que otros lo querían e intentaban hacer menos desgraciado su estilo de vida, con el ritual de arrojar "una moneda al río", como reza el título del conocido cuento de Nicomedes Guzmán.
El Mapocho, visto desde los puentes.
De la misma manera que sucede hoy con los actuales muchachos moradores del río y del submundo bajo los puentes, el Míchel a veces recibía en el aire alguna fruta de algún caritativo cliente que viniera de La Vega o del Mercado Central. La delgadez de estos chiquillos mendigos muchas veces hace creer a los sensibles que es el hambre la que los acosa, mas no es así: suele ser la droga, la inhalación de solventes, el abuso del alcohol o esa inmunda maldición extranjera llamada pasta base con todo lo asociado al tipo de vida sucia y traumática de quien la consume, lo que les mantiene famélicos y enclenques, como preparándose para caber en el sencillo cajón en el que serán despedidos por unos pocos sin caravanas ni coronas florales.
Por las noches, y siguiendo la tradición de los "cabros de río" que alguna vez fueron niños allí mismo, el mendigo juvenil dormía con sus varios perros pulgosos y los amigos de sus campamentos o "caleta", generalmente cerca de Recoleta. Al menos el Míchel tenía a su novia allí también: una chica apodada la Rucia por el rubio color de sus cabellos, muchacha compañera de desgracias, de tragedias, de miserias y quizás también de vicios.
Nadie recordará estos detalles, ni la tragedia de alguien que también fuera nadie. Y qué ironía que quien se arrogue la tarea contarla sea yo, que habitualmente desprecio y abomino la delincuencia y también a quienes pretenden explicar, indistintamente, todos los casos con fábulas sociales o recetas sacadas de manuales pseudo-humanistas. Pero nadie más se tomaría la molestia de poner en la memoria algo sobre el Míchel, pues ya resulta claro que nadie lo hará; a nadie le importa. Tal vez, éste es mi castigo por haberlo conocido; o quizás el suyo, por haber sido una eterna oveja descarriada condenada a vivir de monedas arrojadas al río y cuya historia, como muchas -tantas otras-, de todos modos será diluida en las aguas del Mapocho, arrastrada hasta el océano y perdida para siempre. Es parte de la maldición de los "cabros de río", de la que ni siquiera Gómez Morel escapó, pues tras haberse "rehabilitado" el escritor cayó en el más depresivo abandono y murió como vulgar N.N. en una triste pensión donde era acogido.
Curiosamente, me hallaba terminando y corrigiendo mi libro digital "La vida en las riberas: crónica de las especies extintas del Barrio Mapocho", un día de verano, cuando las noticias dieron aviso del asesinato de un tal Michael Joshua Chávez Chávez, de 21 años, en el mismo borde del río Mapocho donde él había estado viviendo, pernoctando y pululando desde hacía tantos años. Su cadáver quedó tirado y empapado en su propia sangre, que las crecidas del río no tardarían en borrar ese mismo año; las imágenes lo mostraron rodeado de peritos, de potentes focos de luces y de gente mirando con curiosidad desde los bordes de la garganta del Mapocho y desde el Puente de la Recoleta. La Rucia, allí presente, lloraba sin consuelo ante las cámaras.
El Puente Los Carros, entre los dos mercados de Mapocho.
Todo se acabó para el Míchel esa noche del 1° de febrero de 2011. Arriba, detrás de los pretiles del río, la ciudad crecía, se modernizaba y avanzaba: aparecían grandes edificios residenciales nunca antes vistos en el barrio, y se concluían las nuevas dependencias del Mercado Tirso de Molina, antes formado por estrechos pasillos de aspecto feriante en donde el chiquillo vagabundo del Mapocho hizo otra parte importante de su vida, ganándose las monedas del día, a veces pidiéndolas y -según decían- otras veces no.
En la oscuridad de aquella fatídica madrugada, hacia las 3 de la mañana, apareció ante los muchachos de la "caleta" un bolso que había caído desde alguno de los puentes al río, o al menos eso se dijo, porque los robos de estos artículos son cosa habitual en ese sector. El bolso fue rescatado por la pandilla bajo el Puente de la Recoleta quienes, al abrirlo, descubrieron la suma de $40.000 al interior de la misma; todo un dineral para estos jóvenes siempre menesterosos.
Desgraciadamente, la tentación por el dinero fue más poderosa para el Míchel que los estrictos códigos de solidaridad pandillera de los "cabros de río". Intentó apoderarse de todo el dinero que había allí en el bolso, comenzando a discutir con sus compañeros de penurias. Una de ellas, la Prisci, de 25 años, se hallaba durmiendo en esos momentos, pero al despertar y advertir que el resto se repartía el dinero, no toleró la deslealtad insolente armando una acalorada pelea y, valiéndose de un arma blanca, le clavó al Míchel una certera estocada en el pecho, por estarse apropiando de su parte del botín. Sin el dinero y ya con la vida escapándose a borbotones de sangre, el muchachón quedó tendido sobre los adoquines del río, en la orilla Norte, bajo la desembocadura de la avenida la Recoleta. Bomberos de la cercana Octava Compañía de Santiago bajaron e intentaron socorrerlo en una rápida reacción, pero al llegar personal médico del SAMU, sólo se pudo constatar que ya estaba muerto: había fallecido unos minutos después del ataque.
Al acudir personal de Carabineros de Chile y de la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones, la Prisci fue detenida para enfrentar en la tarde siguiente la audiencia de control. El cuerpo del fallecido, en tanto, permaneció tapado por plásticos hasta la salida del Sol de la mañana de se día martes, junto al basural de la orilla, rodeado por los investigadores policiales, por sus acongojados amigos y por la desconsolada Rucia, que yacía de rodillas junto al cadáver, mientras la gente que pasaba por el puente temprano miraba la macabra escena. Fue recogido y llevado al Servicio Médico Legal.
Según me comentan su ex camaradas de vagancia y marginalidad, el Míchel fue sepultado en algún lugar del Cementerio de Lampa. Desconozco quién le podría llevar flores hasta allá, si es que alguien lo hace.
En la proximidad del cumplimiento de dos años del asesinato de Michael Chávez, quise recordar aquí esta pequeña historia que quizás ya a nadie le importe, o de alguien que en realidad jamás importó a nadie, pero que tal vez se siga repitiendo en los círculos del eterno retorno de las tragedias de la marginalidad misérrima y deplorable que se oculta en el río Mapocho allá entre los dos mercados, como un lastre histórico pero casi invisible del que la ciudad no ha podido desprenderse aún, por más que se esfuerce.
La Rucia y los amigos del Míchel, en la mañana del día de su asesinato, escoltando el cadáver bajo el Puente de la Recoleta, a la espera de que llegara el juez a levantarlo. Fotografía publicada por el portal noticioso Emol.cl.

jueves, 17 de enero de 2013

MONUMENTO A BENJAMÍN VICUÑA MACKENNA JUNTO AL MORRO: "EL EJÉRCITO AL CANTOR DE SUS GLORIAS"

El monumento y el parque, en imagen de la revista "En Viaje" de 1942.
Coordenadas: 33°26'46.78"S 70°39'39.07"W (primera ubicación) / 18°28'41.84"S 70°19'19.99"W (actual)
Se habla de un plan para mejorar la conexión del Paseo del Cerro Santa Lucía de Santiago con la Plaza Benjamín Vicuña Mackenna de la Alameda con Miraflores, allí donde está la monumental estatua homenaje al ex Intendente de Santiago. Como es sabido, la relación de la plaza con el cerro está interrumpida y dificultada desde la construcción del paso bajo nivel de calle Santa Lucía hacia Carmen y Diagonal Paraguay. Parece que muchos ignoran, sin embargo, que la estatua de Vicuña Mackenna allí en su plaza no es el primer gran monumento que existió para él en Santiago: el anterior correspondía a uno de origen militar y que fue trasladado nada menos que hasta Arica, precisamente porque con el proyecto del que hasta ahora existe junto al cerro iban a quedar dos monumentos dedicados al mismo personaje en la Alameda de las Delicias.
Del mismo modo, parece haber cierto grado de incertidumbre y de leyenda sobre este mismo monumento a don Benjamín Vicuña Mackenna en la plaza y parque que lleva sus apellidos en Arica, casi en las faldas del Morro y entre las palmeras que antes pertenecieron a los jardines del célebre Hotel Pacífico, que funcionó en esta planta del terreno junto a la costanera y la Plaza Fundacional hasta 1965. Hay quienes suponen, de hecho, que este monumento nace de una propuesta conmemorativa que había sido descartada (al igual que el proyecto de Rodin) para la estatua del ex Intendente de Santiago que quedó colocada junto a la plaza que hoy lleva su nombre en Santiago, también al costado de un simbólico peñón: el Cerro Santa Lucía.
En realidad, el autor de este importante símbolo ariqueño fue José Miguel Blanco, considerado uno de los primeros escultores auténticamente chilenos, mismo autor del Monumento al Capitán Prat en Quirihue y del Monumento a las Glorias de Atacama en Copiapó. Su obra dedicada a homenajear a Vicuña Mackenna y hecha a petición del Ejército de Chile, la comenzó tras el fallecimiento del cronista, político y ex Intendente de Santiago en 1886. Este trabajo, por su sentido y carácter, se enmarca en la inspiración artística monumental de Blanco y que Eugenio Pereira Salas describiera como un "agudo nacionalismo americanista que hizo presa de casi toda esta primera generación escultórica".
Financiado el proyecto principalmente con erogaciones de soldados y marinos, la imagen fue terminada a fines de 1888 según comenta Eugenio Orrego Vicuña en "Iconografía de Vicuña Mackenna", siendo levantada primero en la Alameda de las Delicias, a la altura de calle Riquelme. El mismo autor agrega que uno de los últimos homenajes públicos y ceremonias cívicas realizados alrededor de la estatua, alcanzó a tener lugar en 1914 en el Primer Centenario del Combate de Membrillar, donde los realistas fueron vencidos por el General Juan Mackenna, abuelo de don Benjamín.
Sin embargo, al existir el proyecto de la Plaza Vicuña Mackenna con el mencionado otro monumento más conocido que allí se instaló en 1908, se decidió trasladarla a Arica, en el contexto de tiempos complicados y difíciles que se vivían en la diplomacia de esos días, como veremos. A causa de esto, hubo disputas curiosas entre algunas ciudades que querían quedarse con la imagen de don Benjamín, como Valparaíso y La Serena; pero finalmente fue Arica la escogida, ordenándose al instante la construcción de un estupendo pedestal al costado de la Plaza Colón, en el que participaron varios artistas y canteros en 1916.
Fundida en bronce, la figura hecha por Blanco mostraba a don Benjamín altivo y contemplativo, sosteniendo un libro y su pluma de escritor y de cronista en sus manos. En su base a los pies y detrás del homenajeado, lleva aún la inscripción de casa que la produjo: "RAAB SANTIAGO. FUNDICIÓN DE LAS ROSAS". Se refiere a la compañía fundada por don Jerónimo Raab, que al parecer siempre trabajó con Blanco. El artístico pedestal mencionado, en tanto, ese luce como una enorme columna de roca con decoración de inspiración neoclásica, sobre una gradería con pasos de escalinatas también esculpidas en piedra por sus cuatro costados. Al frente, en la cara principal, hay una gran placa conmemorativa con la imagen en relieve de un niño con aspecto de querubín, portando un quepí, el estandarte y un rifle del siglo XIX; tras él hay un tambor militar, una corneta, un sable, un cañón y sus balas, aludiendo al contexto bélico de la alegoría, mientras el niño corta las hojas de un laurel de la victoria. En esta pieza de bronce, dice una inscripción:
"EL EJÉRCITO
AL CANTOR DE SUS GLORIAS
BENJAMÍN VICUÑA MACKENNA
1890"
El mensaje alude a la conocida publicación "El álbum de la gloria de Chile: homenaje al Ejército i Armada de Chile en la memoria de sus más ilustres marinos i soldados muertos por la patria en la Guerra del Pacífico: 1879-1883" de Vicuña Mackenna, publicado entre 1883 y 1885, ya en los últimos años de vida del intelectual. Esta obra, fuente inagotable de datos militares y biográficos sobre la Guerra del '79, es un verdadero tesoro de culto entre los estudiosos de aquella contienda, aunque ha inspirado a alguno que otro ocioso para acusar a Vicuña Mackenna de nacionalista exacerbado o imputaciones parecidas, ignorantes de que hasta el estallido de la guerra el autor había sido un fervoroso americanista que comprometió la participación chilena en la delirante Guerra Contra España en favor de Perú en 1865-1866, y a veces incluso un tremendo entreguista que intentó boicotear los derechos territoriales chilenos en la Patagonia y Magallanes, disputados entonces con Argentina. Según la información con la que cuento, la fecha de 1890 inscrita en esta pieza se explica porque también pertenecía al homenaje anterior para Vicuña Mackenna en Santiago, y que fue trasladado con la estatua hasta Arica.
El monumento en Santiago, hacia 1890, antes de emigrar a Arica.
Inauguración del monumento, en imagen publicada por la revista "Pacífico Magazine" en abril de 1917.
Vista actual del monumento y la plaza.
Si embargo, el detalle que más llama la atención simbólicamente en este pedestal de roca, es la placa ubicada exactamente abajo de la imagen del niño con metáforas bélicas, y que lanza la siguiente proclama tomada de la oratoria del propio Vicuña Mackenna allí conmemorado:
"¡NO SOLTÉIS EL MORRO!"
La divisa no puede ser más apropiada al contexto de tiempo en que fuera trasladada esta estatua hasta Arica: aún no se firmaba el Tratado de 1929 que devolvió Tacna a Perú y el conflicto diplomático y social entre ambos países ya estaba tomando un peligroso olor a pólvora, que amenazaba incluso con desatar una escalada belicosa en toda la región del subcontinente. Eran, pues, los días de la fuerte fricción entre la campaña chilenizadora de los territorios ganados en la guerra, contra la resistencia del Perú a permitir que tales regiones fueran asimiladas e incorporadas por el vecino del Sur. El periodista y diplomático Carlos Silva Vildósola, escribió una vez sobre esta frase del monumento, en sus "Páginas olvidadas" de 1931:
"Mucho antes de que nadie hubiese imaginado el sentido histórico de aquella frase (¡No soltéis el Morro!) Vicuña Mackenna levantaba la opinión pública a la conciencia y valor de Arica y creaba con el sólo esfuerzo de su alma, con su elocuencia y su pasión patriótica la doctrina que más tarde la opinión pública había de imponer a los Gobiernos de Chile durante medio siglo. A justo título está esa frase grabada en el pedestal de su estatua al pie del Morro de Arica".
Por el frente, casi en la cúspide antes del lugar ocupado por la estatua, tiene tallado el año de 1880 al frente, correspondiente al mismo de la Toma del Morro de Arica; y por atrás lleva la de 1916, correspondiente al año en que se montó el monumento, como dijimos, que después se inauguró con una gran celebración pública, de enorme concurrencia de gente. Hay imágenes publicadas en abril de 1917en la revista "Pacífico Magazine", testimoniando lo multitudinario de este suceso.
La Plaza Vicuña Mackenna entre las calles San Marcos, Condell, Bolognesi y Arteaga, nació como tal con la erección de esta estatua y no con la demolición del Hotel Pacífico, como ha dicho alguna vez el legendario popular. De hecho, este recinto hotelero y su explanada son posteriores al monumento: fue levantado en los años 30, aunque tras su cierre en los 60 y su demolición, se amplió el parque hacia calle San Marcos y conectado limpiamente a la Plaza Colón. En 1954, la revista "En Viaje" la describía de la siguiente manera:
"El Parque Vicuña Mackenna despliega abajo sus interminables palmeras de verdes tonos y las amplias frondas de sus bananeros que se abren en torno a1 elegante Hotel Pacifico, edificio que eleva su estructura en siete magníficos pisos, y que nos recuerda por momentos a Río de Janeiro, tanto por el ambiente mismo que los rodea, como por las aceras pavimentadas de diversos colores que le dan paso".
Antes, la plaza era mucho más frondosa que en nuestros días, cargada de árboles y datileras que contorneaban también los senderos dentro de la misma, con buenas extensiones de césped para descanso y travesuras. Había también algunos cañones, que fueron trasladados después al parque histórico del Morro. Hacia fines de los años 60 y principios de los 70, además, esta plaza comenzó a volverse punto de reunión para algunos jóvenes, especialmente los enamorados y los que gustaban de experimentar con algunas drogas. En contraste, los disciplinados y marciales desfiles anuales del 7 de junio pasan por San Martín, justo al lado del parque, celebrando la Toma del Morro.
Sin embargo, la Plaza Vicuña Mackenna fue remodelada hacia el año 2006, con grandes fuentes de aguas y nuevos senderos interiores. Esto suscitó una gran cantidad de críticas, pues perdió todas sus características de parque y quedó convertido más bien en plaza dura con jardines estrechos y de poco pasto, con la imagen de Vicuña Mackenna siempre al centro de este cuadrante en el paisaje urbano. De todos modos, la plaza ha sido lugar importante para la realización de espectáculo y ferias, y así, el año 2012, se celebró allí durante Fiestas Patrias, el evento conocido como el "Gran Tributo a la Cueca", organizado por la Oficina Comunal de Deportes y Recreación y que aspira a convertirse en otra tradición de la ciudad.
A pesar de los molestos grafitis y ataques vandálicos que, por ejemplo, despojaron la figura del escritor de la pluma que sostenía en su mano derecha (hoy tomando un lápiz fantasmal en el aire), la mirada satisfecha de Vicuña Mackenna con la seguridad del Morro a su espalda, sigue fija en aquel monumento, con la promesa cumplida de jamás "soltar" la ciudad cabecera de Chile.
Aspecto actual del monumento.

martes, 15 de enero de 2013

LA HISTORIA DEL SALITRE CHILENO SALIENDO AL MUNDO, EN LA ESTACIÓN METRO SANTA LUCÍA

Afiche publicado en Suecia en la década de 1930. Su imagen es el símbolo de la muestra.
Coordenadas: 33°26'34.50"S 70°38'42.35"W (Estación Santa Lucía)
En septiembre del año pasado, justo hacia los días de mi regreso a Santiago, publiqué algo con relación a la exposición "Paisajes y gente de Chile" montada en la vitrina de la DIBAM de la Estación Metro Santa Lucía. Y ahora, justo cuando preparo una nueva salida desde la capital hacia tierras de pampas y calicheras, coincidentemente veo montada en la misma vitrina una nueva e interesante exposición: "SALITRE DE CHILE: El oro blanco traspasa las fronteras", a cargo del periodista Víctor Mandujano e inaugurada recién el 5 de enero, manteniéndose hasta fines de marzo.
Por su temática, esta muestra atraerá sin duda la atención más "profesional" de historiadores, cronistas, publicistas y diseñadores gráficos: incluye fotografías, referencias históricas, imágenes de época pero, principalmente, afiches de promoción del salitre chileno publicados en Estados Unidos, Argentina, Brasil, Australia, Francia, Suiza, Bélgica, Checoslovaquia, Alemania, Holanda, Gran Bretaña, Irlanda, Grecia, Turquía, Egipto, Palestina, Sudáfrica, Lituana, China y Japón. Algunas de estas piezas son bastante exclusivas y de tirajes originales muy bajos, por lo que constituyen todo un hallazgo y es una valiosa posibilidad la de contemplarlos en esta vitrina de la estación, por lo mismo.
Estas piezas fueron concebidas, en general, durante las campañas publicitarias del Comité Salitrero de la asociación encargada de la propaganda del salitre, cuyos delegados contaban con gran libertad de iniciativa para sus trabajos, lo que incluía escoger las propuestas de artistas y diseñadores locales para la promoción internacional del producto.
La muestra está acompañada del siguiente texto explicativo:
"Desde la Guerra del Pacífico (1879) hasta la crisis de 1930, el salitre o nitrato de sodio extraído desde la pampa de las provincias nortinas, fue el pilar sobre el cual se cimentó la economía chilena por sus exportaciones a los más variados países del mundo.
Tras la Guerra del Pacífico, en 1894 se estableció en Iquique la Asociación Salitrera de Propaganda cuyo objeto era el de “Mantener i estender la propaganda a favor del consumo del salitre en los mercados consumidores i hacerla en lo posible en otros mercados”.
La Asociación estuvo representada en el extranjero por el Comité Salitrero Permanente de Londres y la publicidad para los países de América latina, dirigida desde Chile, tenía la responsabilidad de nombrar a los delegados a cargo de la publicidad en cada país.
En diciembre de 1888 el ministro de Hacienda envió una circular a todos los consulados chilenos pidiendo información sobre el consumo de salitre en sus respectivos distritos y sobre las posibilidades para aumentar su uso. En los años siguientes la promoción de las ventas de salitre constituyó uno de los principales objetivos de la política exterior chilena.
Sin embargo, el estallido del conflicto europeo de 1914 alteró temporalmente el panorama y postergó los proyectos de reorganización de la industria. En muchas regiones del norte de Europa, donde el salitre era empleado como abono, los terrenos de cultivo se convirtieron en campos de batalla. Pasaron varios meses antes de que se reactivara la demanda de salitre, ya no como fertilizante, sino que como materia prima para la fabricación de la pólvora.
Parte de estas campañas es la selección de afiches que aquí se muestra y que custodia el Archivo Nacional de Chile, adscrito a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam). Permanecen como un testimonio del esfuerzo pionero en la promoción de las exportaciones que en algún momento constituyeron el llamado “Sueldo de Chile”."
Aunque por espacio se omitió en el panel informativo de la muestra, cabe añadir una información importante relativa a la promoción internacional del salitre chileno en aquellos años: que en 1927, el Gobierno del General Carlos Ibáñez impuso la liberación de las ventas de salitre a la Asociación de Productores y, con la Ley N° 4.144 promulgada en junio de ese año, creó la Caja de Crédito Salitrero y la Superintendencia de Salitre y Minas, organismo que canalizó parte del impuesto a la exportación, la modernización de la industria salitrera y el desarrollo de su publicidad.

Afiche publicado en Egipto, desgraciadamente sin fecha ni firma.
Afiche publicado en Japón, sin referencias.
Afiche publicado en Turquía. Tampoco tiene fecha.
La exposición también está acompañada de palabras de Baldomero Lillo en "Páginas del salitre" (Editorial Nascimento, 1968):
“Diariamente los obreros a trato que trabajan a cielo descubierto en la pampa suspenden sus labores a las tres o tres y media de la tarde. A esa hora los rayos del sol son tan ardientes y han caldeado de tal modo la tierra y el aire, que proseguir la faena en esas condiciones es poco menos que imposible.
Los barreteros y particulares abandonan entonces sus agujeros y se arrastran más bien que caminan hacia el campamento. Y llegados allí se encuentran que su vivienda es un respiradero del infierno, pues las planchas de zinc que forman el techo y las paredes, recalentadas por el sol, elevan la temperatura del interior a límites increíbles. Añádase a esto los olores nauseabundos que salen de los rincones donde se amontonan basuras y desperdicios, y se tendrá un cuadro bien poco halagüeño del hogar del obrero en la pampa salitrera.
Después de guardar las herramientas y quitarse el polvo del traje, el obrero sale de su casa y se dirige a la fonda, en la que permanece hasta la noche entregado a sus pasiones favoritas: el juego y el alcohol.
Al día siguiente, a las tres o cuatro de la mañana, está otra vez en la pampa ejecutando su pesada tarea. Y así transcurre un día y otro hasta que una enfermedad de las muchas que lo acechan o un accidente del trabajo, como la explosión prematura de un tiro o un trozo de costra que cae sobre él desde lo alto, o la inmersión en el caldo hirviente de un cachucho, concluyen con su mísera existencia”. 
Ahí está la exposición a la vista de los visitantes y pasajeros, entonces, disponible en sólo una breve parada del Metro de Santiago. Un gran saludo y despedida, en mi caso, mientras me propongo regresar por un rato más a esas mismas tierras de lucha y de victoria sobre la más agreste pero rica naturaleza, en pampas resecas donde se tejieron las más duras epopeyas de la conquista humana, mismas que dan forma a la historia del Salitre de Chile de esos hermosos y coloridos afiches.
Afiche publicado en China. No tiene fecha precisada.
Calendario de 1927 producido por John Sands Ltd. en Sidney, Australia.
Afiche producido en los Estados Unidos hacia 1899-1900.
Afiche publicado en Brasil, fechado en 1939.

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