lunes, 30 de septiembre de 2013

ANIMITA DE "LA CHABELA": RESISTIENDO LOS CAMBIOS DE UNA CIUDAD

Coordenadas: 18°26'24.95"S 70°17'43.05"W
Es difícil precisar cuáles son las animitas más extremas de Chile. Para el caso de Magallanes, por ejemplo, uno tiende a pensar automáticamente en casos como la tumba del "Indio Desconocido" en el Cementerio de Punta Arenas, pero lo cierto es que las animitas del territorio nacional se extienden mucho más allá, saltando incluso fuera del continente con el caso de las cruces mortuorias de en la Antártica. Hasta en Isla de Pascua, donde tan puntillosamente se señalan las diferencias de la cultura local rapanui con la continental, han existido animitas recordando a uno que otro infortunado fallecido.
Para el caso del Extremo Norte de Chile, las animitas se han extendido más allá de la orilla misma de la Línea de la Concordia, siendo abundantes en el Sur de Perú, donde se las llama nichos. Sin embargo, una de las últimas grandes animitas que pueden encontrarse en las carreteras de la Región de Arica y Parinacota, de esas que parecen verdaderos mausoleos populares, es aquella llamada La Chabela, que alguna vez fue más bien una animita de carretera en los deslindes urbanos, pero ahora se la halla convertida en animita de ciudad dado el crecimiento de Arica hacia el lado que lleva a Lluta.
La animita está al Norte de Arica, en la Avenida Santiago Arata poco antes de conectar con la Carretera Panamericana rumbo al Paso Chacalluta, entre las calles Doctor Amador Neghme y Pacífico Norte, y su aspecto ha ido cambiando con el tiempo tal como el del paisaje urbano en su entorno, que quizás pueda llegar a amenazar su existencia como ha sucedido en tantos otros casos de animitas urbanas.
Cuando sucedió la tragedia que dio origen a la animita, este sector se encontraba con claridad cerca de lo que identificaríamos como las afueras de la ciudad, corriendo la Panamericana (antes de ser llamada Santiago Arata) a poca distancia de la línea del Ferrocarril Tacna-Arica y sin los muros de terrenos y menos los departamentos que han ido separando la vista de ambos trazados sobre el desierto. Y aunque sea llamada como "La Chabela", esta instalación señala el lugar de una traumática triple muerte: una mujer adulta y dos niños.
Fue el cálido viernes 3 de febrero de 1979 cuando María Isabel Araya Acuña, de 41 años y apodada Chabela por sus amigos, con su hijo Cristián Rodríguez Araya de 5 años y su sobrina Rita Araya Figueroa de 7 años, todos oriundos de la Cuarta Región, se hallaban de vacaciones en la ciudad, según se cuenta. Paseaban a pie llegando a esta avenida tras bajar por la calle La Concepción, situada casi al frente de la actual animita. Inesperadamente, una camioneta que se recuerda como de color rojo y que venía a alta velocidad desde el Norte hacia la ciudad, perdió el control justo donde se encontraban estos peatones y acabó atropellándolos violentamente, dándoles muerte de manera instantánea.
La comunidad ariqueña quedó consternada con el trágico accidente, y comenzaron a colocarse velas en el lugar. Alguien llevó una casuchita para cada una de las víctimas y así fue naciendo el santuario popular, con filas de personas pidiendo favores y luego agradeciéndolos. Nacía así la animita, que por curiosidad ha sido llamada con el apodo de sólo una de sus víctimas y siendo la mayor de todas: "La Chabela".
La ciudad siguió creciendo en todos estos años, alrededor de la animita. Aparecieron complejos residenciales y nuevas calles laterales. La propia animita ha ido cambiando en este devenir imparable: se la rodeó con un muro de bloquetas, mismos que sostienen las innumerables placas de agradecimiento, y algunos expresaron su gratitud colocando cruces muy vistosas: una grande y dos pequeñas, en representación de cada víctima. Un toldo da sombra y protección al interior de este sitio, donde aún hay tres casuchas metálicas antiguas, de estados anteriores en la existencia de la animita.
Como la memoria es frágil y también suele transformarse con el tiempo, sin embargo, la historia de la animita fue cambiando y tergiversándose. Se comenzó a hablar de tres mujeres como víctimas del accidente: doña María Isabel o la Chabelita, una hija suya llamada Victoria o Vicky y una sobrina de nombre Rosa o Rosita, añadiéndose que el atropello sucedió en 1978 o mezclándolo con historias de otros accidentes vehiculares sucedidas en el sector. Algunas placas y cruces declaran, de hecho, que agradecen a estos nombres por los favores concedidos; incluso hay algunas llamando Chelita a Chabela.
Quizás para rectificar los mencionados errores, miembros de la propia familia de la fallecida hicieron colocar placas de mármol similares a una lápida, con mensajes que aclaran bastante la información sobre las personas fallecidas y recordadas por la animita. Ambas placas identifican a los fallecidos así:
MARÍA ISABEL ARAYA ACUÑA
☆ 9.XI.1937 - † 3.II.1979
CRISTIÁN GILBERTO RODRÍGUEZ ARAYA
☆ 5.IX.1973 - † 3.II.1979
RITA DEL CARMEN ARAYA FIGUEROA
☆ 23.VI.1971 - † 3.II.1979
Una de las placas de mármol, con una imagen mariana tallada y pintada en la misma, tiene las siguientes inscripciones además de los nombres y otros mensajes, justo sobre las casuchas:
"A TI, MADRE AÑORADA... MARÍA ISABEL. DE TU ESPOSO, HIJOS, NIETOS Y FAMILIA... QUE TU LUZ NOS BENDIGA POR SIEMPRE.
HOY TE HEMOS VISTO JESÚS, HOY TE PALPAMOS, NOS VISTE TÚ TAMBIÉN Y NOS TOCASTE, NOS MIRASTE SEÑOR, Y NOS AMAMOS.
TE LLAMABAS CRISTIÁN, RITA E ISABEL".
La otra, firmada por la familia Araya Rodríguez con fecha del 8 de abril de 2008, lleva la siguiente inscripción junto a un rostro de Cristo sufriente, a un costado en el muro de fondo:
"SI LA MUERTE, ES LA MUERTE, QUÉ SERÁ DE LOS POETAS, Y DE LAS COSAS DORMIDAS QUE NADIE LAS RECUERDA".
Muchos agradecimientos parecen corresponder a asuntos de salud, según me cuentan, aunque no aparecen explicitados en las varias placas colocadas al interior de la animita, especialmente al costado derecho.
Desde el trágico accidente de 1979, han aparecido alrededor nuevos conjuntos habitacionales y ahora mismo se sigue construyendo allí, peligrosamente cerca de la animita y con un proyecto ya trazado en su lugar. Aunque es posible que sólo la desplacen a otro punto cercano, asusta a sus fieles la idea de que algún día termine siendo retirada en favor del progreso y se olvide así lo allí ocurrido ese verano, cuando tres inocentes perdieron la vida pero saltaron a la fe popular como "santitos" para la comunidad ariqueña.

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