martes, 30 de abril de 2013

MANOS MAESTRAS DEL DISEÑO GRÁFICO: CELESTINO PIATTI (1922-2007)

Publicidad para Rolex, por Piatti
Nacido en Wangen-Brüttisellen, Suiza, el 5 de enero de 1922, Celestino Piatti pasó gran parte de su vida en Dietlikon, donde creció y descubrió su pasión por las artes aplicadas.
Siguiendo su instinto adolescente, entre 1938 y 1942 entró como aprendiz en el estudio de Gebrüder Fretz, y después tomó clases con Ernst y Max Gubler en el Kunstgewerbeschule, titulándose de profesor de gráfica. Fue un integrante destacado de esta Escuela de Artes Aplicadas de Zürich, donde formó parte del grupo de trabajo del maestro Fritz Bühler, en cuyo estudio trabajó entre 1945 y 1948, año en que se independiza fundando su primera agencia de gráfica y publicidad a los 26 años, en Duggingen cerca de Basel, ciudad de la que nunca más se separaría.
Destacó ya entonces por el estilo tan propio que aplicó en la gráfica de cubiertas de libros y piezas publicitarias, en especial de la Editorial Deutscher Taschenbuch Verlag (DTV) de Munich, a la que se incorporó desde que ésta fue fundada en 1961. Toda la imagen corporativa de la compañía fue a merced de su talento, pues también produjo sus tipografías, timbres, papelería, membretes, publicidad y afiches.
Comienza a exponer tras ser invitado a la sección de diseño gráfico de Documenta III en el Kassel, en 1964. Su primera gran exposición personal tiene lugar en el Museo de la Staatliche Kunstbibliothek de Berlín ese mismo año, recibiendo en esos años varios premios, como “el mejor libro” para “The Happy Owls” de 1963 y otro por su participación en el filme “Golden Feather of Plakanda” en 1970.
Su salto definitivo a la fama internacional fue precisamente en este período, sobre todo por los artísticos carteles de su autoría. Por esta razón, en 1971 el American Congress of Racial Equality (CORE) le encargó especialmente la confección del afiche oficial del cierre del State Armoury in Harlem, con la célebre e histórica pelea pugilística de Mohamed Alí y Joe Frazier en el Madison Square Garden.
Piatti tenía especial sensibilidad hacia temas sociales y humanistas, algo que se nota especialmente a partir de 1968. Si bien su gráfica parece sólo parcialmente influida por el fuerte énfasis estético de los años de la psicodelia y el ilustrismo vanguardista, gran parte de obra corresponde al final o a la posteridad de aquel período, por lo que el autor se mantiene fiel a la tendencia del diseño suizo de aquellos años, que basa gran parte de su trabajo en el arte pictórico más que fotográfico, área en que se lo considera también un gran innovador.
Su estilo es colorido, de tonalidades preferentemente planas, trazos infantiles y mucho fileteado negro y grueso, con cierta inclinación por los fondos blancos o claros, aunque esta característica no llega a ser norma. También hay mucho “personajismo” en sus representaciones: objetos-iconos, figuras humanas caricaturescas y sus famosos animales, como una conocida y casi antológica imagen de una lechuza mensajera de la buena suerte o de la desdicha, ave por la que Piatti parecía tener un gran encanto. Otras obras suyas, menos conocidas, fueron realizadas en técnicas de murales, litografías, cerámicas, vidrio y grabados en madera.
Se le recuerda como un diseñador especialmente prolífico y pleno exponente de las artes gráficas suizas, cuya firma va en miles de portadas, afiches e ilustraciones producidas por su mano. Mucho de su trabajo fue especialmente dirigido a público infantil, además. Sólo para la DTV produjo más de 6.500 cubiertas en cerca de 30 años, a lo que se suman otras obras hechas para campañas publicitarias varias, exposiciones de diseño, piezas de orientación más artística, productos comerciales, filatelia, campañas culturales, etc. Adicionalmente, se le cuentan más de 500 pósters, varios de ellos con premios internacionales y unos 30 de ellos receptores del Premio al Mejor Cartel Suizo del Año.
Piatti también fue miembro de la Swiss Federal Art Board desde 1968 a 1976. Su último gran trabajo en formato libro de ilustraciones fue ese mismo año, titulado “Barbara and the Door Mouse”.
La empresa DTV le extendió una suerte de homenaje a Celestino Piatti en 1987, publicando el libro titulado ” Celestino Piatti: Meister des graphischen Sinnbilds”. El artista comenzó a abandonar la actividad tras retirarse de la misma compañía en 1991. Falleció el 17 de diciembre del año 2007 en Basel, ya casi totalmente retirado de la actividad.

lunes, 29 de abril de 2013

MÚSICOS Y CALLEJEROS: ALGO SOBRE LOS ARTISTAS DE LA CANTINA, LA PLAZA Y LA VEREDA

Ilustración de un guitarrero popular publicada en "La Lira Chilena" en 1904.
En la segunda cuadra de avenida San Diego, exactamente en la entrada de la tienda de artículos musicales "Casa Amarilla", por cerca de 30 años se colocó un señor de pelo cano y ojos secos, totalmente ciegos y cerrados, tocando tristes melodías populares y canciones sureñas con una vieja guitarra maltratada. Casi nadie sabía su nombre, pues aunque resultaba alguien afable hacia los años ochenta, era de difícil comunicación: el Cieguito de la Casa Amarilla, le decían quienes lo conocieron. Su aporreado instrumento estaba lleno de parches, y le adosó una armónica fija que sólo ocasionalmente tocaba y que fue abandonando hacia sus últimos años.
Por triste conjura, la cabeza del personaje ya no andaba bien: allí, siempre tirado en el mismo lugar, vestido con su terno roñoso, cantando y envejeciendo por monedas sobre unas baldosas frías en verano o invierno, la escasa luz de la razón se le empezó a apagar, al mismo ritmo que lo hacían también su voz y el sonido de sus viejas cuerdas opacas. Su pobre guitarra parecía una momia envuelta en kilos de cinta adhesiva, informe, cerrando toda una vida de daños o trizaduras hasta quedarse casi totalmente muda como quien la tocaba. Y un día de esos, en esta penosa decadencia, el famoso Cieguito de la Casa Amarilla ya sin capacidades de ofrecer su canto ni relacionarse otra vez con el mundo, totalmente inconexo con la realidad, desapareció de allí, no recuerdo con exactitud ya cuándo.
Recientemente, la comunidad bohemia y nictófila de calle San Diego ha perdido a otro de estos históricos iconos: el cantante popular y folklórico Egidio "Huaso" Altamirano Lobos, veterano acordeonista y cantor de larga trayectoria del bares de calle San Diego, especialmente en el restaurante "Las Tejas", donde era habitual verlo por quienes frecuentábamos el boliche, y alguna vez también en "Los Canallas" antes de que emigrara a calle Tarapacá. Allí en el famoso local de "Las Tejas" donde paseó por más de 25 años, don Egidio se ganaba la vida reuniendo monedas y tocando canciones a pedido del público, al estilo wurlitzer humano.
Recuerdo alguna ocasión en que sólo le mencionábamos algún estilo, como cueca brava, chora, campesina, porteña, tonada, valsecito, bolero o simplemente canto popular, y siempre encontraba alguna pieza en su repertorio mental para cantarla con su fiel acordeón piano, al lado de nuestra mesa. A veces se jactaba de tocar también música rock, jazz, mambo, ranchera, foxtrot y otras aprendidas de la época de los clubes bailables de Santiago con grandes orquestas como las de "El Pollo Dorado", local donde también alcanzó a trabajar. Empero, creo que aquella pieza que más veces le oí tocar fue la famosa "Adiós Santiago querido", del Guatón Zamora.
 
Ilustración de apunte que hice una vez del llamado "Cieguito de la Casa Amarilla", en San Diego.
 
Don Egidio Altamirano en "Las Tejas", imagen publicada por "The Clinic" en noviembre de 2012 (Nota: a diferencia de los editores de "The Clinic", yo sí declaro las fuentes de las fotos que no me pertenecen... Y además no tengo fines de lucro).
Elvis Jr., el aspirante a "músico" (o algo así).... Imagen de vitrinearte.wordpress.com
Ilustre nativo porteño pero residente de la Población La Pincoya de la capital, el septuagenario Huaso Altamirano fue, sin duda, uno de los cantantes populares más conocidos de las noches santiaguinas en este lado de la ciudad, que compartió con maestros como González Marabolí en alguna época y con Daniel Muñoz en otra, correspondiente ya la nuestra. Fue un balde de agua fría para muchos enterarse de su partida, por lo mismo, a pesar que se sabía algo sobre sus últimos padecimientos. Sus funerales se realizaron el pasado martes 23 de abril en el Cementerio Parque del Recuerdo.  Dudo que alguien pueda reemplazar ese acordeón y esa misma voz, por gastada que estuviese ya, en los salones de "Las Tejas".
Aclaro desde ya que no pretendo resolver en este artículo desde cuándo contamos en nuestra historia con el privilegio de los cantantes e instrumentistas populares de la cantina, la plaza o la vereda, aunque se sabe de sobra que se remontan a las fondas y chinganas coloniales cuanto menos. Bastaría quizás con hojear un ejemplar de "La Lira Popular" para hacerse una idea de lo secular de su presencia en Chile. Tampoco es mi interés hacer un retrato gremial de su trabajo y de su aporte a nuestra identidad nacional, sabrosura que también me reservaré para alguna futura entrada de texto. Sí me inspira la idea de recordar algunos de los más importantes que hayan alcanzado a conocer las últimas generaciones de santiaguinos, muchos de ellos sirviendo como verdadero referente humano a la ubicación espacial dentro de la ciudad, dependiendo del lugar que ocupen: "la esquina donde canta el cieguito", "el kiosco donde toca el acordeonista", "la cuadra del flautista", etc.
Hay gente que se molesta cuando asevero que en los difíciles años de la década del ochenta, la actividad popular con cantantes e instrumentistas callejeros era mucho más colorida y abundante que en nuestros días. Quizás preferirían que dijera que todo, absolutamente todo es mejor ahora que en el  tiempo de la dictadura, incluso si hay que mentir para bosquejar esa fábula conceptual. Pero la verdad es que, como sucedió ahora con don Egidio, parece haber una pérdida progresiva de viejos personajes, a veces sin relevo generacional. Aunque muchos prefieren engañarse y creer que la libertad y la democracia también son una garantía de expansión cultural interior en los pueblos, la verdad es que este ambiente y esta auténtica cultura del músico en la calle y los boliches parece haberse ido contrayendo y haciéndose menos visible, en muchos casos. Es como si la tiranía del tráfico vehicular y el utilitarismo estresante en la calzada hubiese llegado ya a tomarse las aceras y las veras peatonales, espantando paulatinamente a todo a y todos. Algunos restaurantes, por ejemplo, tienen la política radical de no aceptar el ingreso de artistas populares, pero en su lugar mantienen encendidos potentes parlantes con música en corte de moda y a todo tarro (o algo que pretende ser música, en muchos casos), agarrando a latigazos los tímpanos de aquellos que pretendían conversar en una mesa.
Hace poco, en agosto del año pasado, muchos de estos artistas trataron de hacer un llamado a las autoridades para que se les permitiera recuperar las calles de Santiago como su escenario, reuniéndose a tocar juntos en la Plaza de Armas con un conocido músico y folklorista patagón a la cabeza: don Patricio Chocair Lemus, el autodenominado Aysenino re-contra porfiado a quien tuve el gusto de conocer hace algunos años. La cruzada de estos hombres ha sido tratar de lograr una ley de la República que los autorice para ejercer su oficio en las calles de todo Chile, tarea para la cual Chocair incluso realizó una formidable caminata hasta el Congreso Nacional en Valparaíso.
Tristes melodías de un flautista no vidente, salida del Metro Moneda, hacia el 2008.
El conocido músico ciego de Huérfanos cerca de Morandé. Imagen del año 2009.
 
Un guitarrista eléctrico pinta de notas la salida del Metro Patronato, el verano 2011.
Desde el estupendo muchacho imitador de Elvis Presley que aparecía en los recorridos de micro de calle Pocuro e Irarrázaval, hasta la virtuosa banda de Charleston, jazz y foxtrot que se colocaba hacia el lado de Puente y 21 de Mayo en otras épocas, todos estos personajes daban un calor especial al paso de la vida por las calles de Santiago. Muchos conocimos por primera vez un arpa viéndola tocar al peladito que se subía a las micros en la Alameda hacia Plaza Baquedano; y el primer didgeridoo australiano en acción lo ví en manos de un muchacho que lo tocaba en el pasaje frente al Museo de Arte Precolombino. Lo mismo dirán muchos niños al ver y oír un saxofonista que toca bajo el galpón de la Estación Central.
El talento desbordado de algunos de estos incomprendidos es notable: uno de ellos toca canciones del folklore altiplánico en guitarra y una zampoña adosada a la misma, el la Estación Metro Grecia; otro muy conocido le colocó una armónica a su guitarra eléctrica y llenó de fluidos blues el sector del odeón de la Plaza de Armas. En tanto, un trío suena como verdadera orquesta de música tradicional nortina en el sector del Persa Biobío, en Barrio Matadero; otro trío prefiere el rock n' roll de los días de la era hippie en el Metro Los Leones, con guitarras y media batería, mientras que el cuarteto musical de Plaza Baquedano a la entrada de Merced se entregó al jazz. Así pues, queda claro que no exagero al creer que muchos talentos sin parangón pueden encontrarse en ese ambiente urbano: sabido es que el músico e instrumentista Carlos Cabezas, por ejemplo, fue reclutado para el grupo "Los Jaivas" luego que la propia baterista de la banda, Juanita Parra, lo viera y escuchara en un microbus donde estaba tocando.
Algunos de estos artistas sin escenario estable cantan o tocan por monedas; quizás la mayoría "pasa el gorro" al final. Otros, lo hacen sólo para vender sus CDs al público, aceptando o no incentivos económicos en la misma tarea. El caso más curioso que conocí, hacia el año 2006, era el de un cantante guitarrero sureño llamado El Gavilán, que abordó con su sombrero vaquero y su instrumento la Línea 5 de Metro sólo para cantar a los pasajeros sus canciones de estilo balada ranchera, incluyendo una de bella letra dedicada a los muchachos víctimas de la entonces reciente tragedia de Antuco, con mucho orgullo y sin aceptar monedas del público que lo escuchaba entre los carros, pues su única motivación era darse a conocer.
Sin embargo, incluso en la ausencia de talento la presencia de un músico a medias o aspirante a tal, cada cierta cantidad de cuadras, dignifica un espacio urbano: hasta aquél que con escaso talento y dominio de la flauta apenas logra silbar una que otra nota falsa en una plaza o entrada a galería comercial, con su tarro monedero al costado, tiene algún encanto pintoresco que nos revela (o nos hace creer, no lo sé en realidad) una contemplación y devoción especial por la música en el pueblo. No existe sociedad cultivada o que aspire a ser tal, que no tenga resuelta una coexistencia íntima con las artes musicales.
 
Don Carlos Canivilo, el acordeonista de la Galería España, en imagen de 2008.
 
Diestro y conocido teclista no vidente ameniza en "El Campesino" de calle Conferencia, en 2009.
 
"Lo hermoso de este mundo no lo puedo ver", dice este flautista ciego cerca de Los Leones, año 2010. En esta misma reflexión general, entonces, diría que algunos de los más reconocibles artistas populares vinculados a la música y que recuerdo en este minuto desde la memoria de las calles en el sector Santiago Centro, en distintas épocas, podrían ser los siguientes:
  • Lázaro Salgado, un conocido folklorista popular y avezado payador que solía cantar en el sector del Mercado de La Vega, entre los puestos. Era muy querido y alcanzó a tocar algún tiempo allí en territorio veguino con Roberto Parra, antes de fallecer en los años ochenta. Todavía hay muchos quienes recuerdan sus musicales pasadas por este mercado.
  • El antes llamado Cieguito del Clarinete en el sector de Ahumada y Huérfanos, con su característico abrigo de invierno y sus gafas negras, además de un gorrito de lana. Posteriormente, comenzó a tocar guitarra y un cornetín o armónica fijos, pues dicen que su instrumento de viento anterior le fue robado. En los ochenta y noventa era tan popular que incluso era mencionado en la rutina de un conocido humorista, que hablaba de "un marido que era tan avaro, que sacaba a su señora a bailar donde el cieguito del clarinete allá en el Centro". Todavía aparece en Huérfanos cerca de Morandé, hacia la caída del Sol.
  • Don Enrique Leyton, el guitarrista y trovador de la entrada al Pasaje Matte por el sector de Ahumada llegando a la Plaza de Armas. Dueño de una maravillosa voz para tonadas, boleros, canciones populares pero especialmente el tango criollo, este caballero gordito e invidente llegaba temprano a sentarse en su silla y tocar por casi toda la luz del día. Varias veces fue entrevistado por canales de televisión, y leo en una nota de "El Mercurio" de 2003 firmada por Mentessana, que había sido un integrante de la desaparecida "Orquesta de Ciegos" que tocaba en un local llamado "El Rey de las Papas Fritas" de calle Morandé, muy popular en los años sesenta (creo que el local se llamaba en realidad "Al Rey de las Papas Fritas", y quedaba en Morandé 610). No pocos pasan por la entrada del pasaje comercial hacia las galerías, recordando con pena y nostalgia lo que fuera su presencia allí por más de 30 años.
  • La autodenominada Minina, o también llamada a sus espaldas "La Warren", que cantaba y vendía discos en el sector de La Vega Chica. En sus tiempos mozos había ostentado una belleza espectacular (o eso dicen sus admiradores), además de su talento para el rock & roll, rumba y mambo. Lamentablemente, penosos problemas de salud la obligaron a un anticipado retiro del circuito callejero de artistas.
  • El Tanguero, acordeonista del sector de calle Ahumada pasado Estado, aproximadamente. Conocía tantas piezas de tango y las cantaba con tal pasión que incluso sorprendía a turistas extranjeros que pasaban por allí, y en más de una ocasión alguna pareja de visitantes platenses no resistió las ganas de bailar mientras él tocaba, hacia fines de los ochenta. No sé exactamente qué sucedió con él, pues fue desapareciendo hasta no volver a vérsele más en esa esquina.
  • El Ciego del Rock & Roll, como se llama a un gordito no vidente y siempre vestido de negro que hoy canta con singular energía y potente voz cerca de donde estaba el artista anteriormente nombrado, apoyado por dos "asistentes" que suelen tocar un pandero y un claxon, mientras este cantante improvisa movimientos casi coreográficos, palmadas y percusiones sobre lo voluminoso de su propio cuerpo. Su repertorio de rock n' roll, twist y rhythm and blues pasa por artistas como Elvis Presley, Paul Anka, Little Richard y especialmente Chubby Checker.
  • Don René "Huesillo", notable personaje del sector Mapocho que tocó por cerca de tres décadas en los bares y cantinas del sector, a veces acompañado de otro guitarrista. Era muy conocido en el bar "La Piojera" y el desaparecido "Chicha y Chancho", entre otros del callejón Aillavilú. A pesar de haber aparecido en un reportaje de la televisión poco antes, lamentablemente el músico popular amaba tanto las tonadas, boleros y valsecitos como las cañas de trago, que al parecer lo llevaron a la tumba hacia el año 2003.
  • Juanito Paredes, el alguna vez autodenominado Doble de Luis Miguel, que de Luis Miguel no tiene nada en realidad. Es un sujeto vestido de terno y que canta en un micrófono apagado, mientras realiza histriónicas coreografías simulando actuar en un escenario. De rasgos toscos y labios muy gruesos, reconoce padecer epilepsia y al parecer también tendría cierto grado de retraso. Antes, cuando era más joven, se colocaba en la Alameda cerca del metro Universidad de Chile, donde más de una vez tuvo conflictos con los estudiantes del Instituto Nacional, a principios de los noventa. Emigró a un lugar más cerca de la Plaza de Armas y luego a Providencia, donde suele vérselo ahora presentándose aún al estilo bizarro de sus días como el supuesto Luis Miguel chileno. Quizás no esté ni cerca de ser un músico en verdad, pero al menos se cree su cuento del canto.
  • Héctor Benavente, alias Elvis Jr., autodenominado así en homenaje a su ídolo Elvis Presley, a pesar de que su instrumento es una improvisada y destartalada batería de bidones y cajones. Su costumbre movediza por el Centro de Santiago y sus constantes problemas con la autoridad lo hacen difícil de ubicar en estos días, pero ya he comentado algo sobre él en mis recuerdos personales sobre el Paseo Ahumada. Aunque en realidad su oficio tiende al humor y la improvisación, él también se toma bastante en serio lo que hace, sin abandonar la cuota de comedia.
  • Jeremías, el "Gordito de la Flauta", muchachón gordo y rechoncho que toca este instrumento en el sector de calle Huérfanos entre Ahumada y Estado, sentado en el suelo y con su tarrito de limosnas cerca de un famoso expendio de comida rápida. Padece claramente síndrome de Down, pero eso no ha afectado su capacidad de aprenderse un repertorio de canciones que toca de manera tosca y por largas horas del día en su flauta dulce.
  • Don Carlos Canivilo, conocido y veterano acordeonista y cantante de canciones populares, boleros y tangos en el sector interior de la Galería España y el ex edificio del Hotel Victoria. Como ha sucedido a otros músicos, este señor debió soportar el robo de su instrumento hace unos años por parte de algunos rufianes, pero le fue repuesto generosamente por el dueño de una conocida joyería del sector, que le regaló otro en forma anónima. Don Carlos integró por cierto tiempo un dúo con otro histórico músico ciego de Santiago Centro: don Egidio Morales, eximio tecladista con el que tocaba cerca de la Plaza de Armas.
Otro acordeonista ciego en Pasaje Presidente Pinto con Agustinas, año 2009.
 
Alegre trompetista acalorando la noche en Estación Baquedano, hacia el 2011.
 
Abuelo aferrado a un guitarrín tipo ukelele en Ahumada cerca de Compañía, este año 2013.
Obviamente, he dejado a muchísimos otros del cuadrante central capitalino afuera de este recuento, aunque deliberadamente a aquellos que sólo hacen humor a través del canto o los instrumentos, como los clásicos "Les Roteques" o los más conocidos "Atletas de la Risa", ambos surgidos en el Paseo Ahumada. También quise omitir, por ahora, a organilleros y chinchineros, ya que ellos pertenecen a expresiones folklóricas que preferiría abordar en forma específica, con un artículo especial. Como no es mi intención reunir a todos los exponentes de esta música urbana, sugiero intentar consultar el registro de artistas del proyecto "Santiago Sonoro", dedicado especialmente a este objetivo, aunque no he tenido muchas noticias de este esfuerzo después de anunciado su lanzamiento, pero sé que tienen un sitio operativo en Facebook.
Es verdad que resultaría utópico el sólo pensar en darles autorización a todos para tocar donde quieran, cuando quieran y como quieran. Recuerdo lo difícil que era, por ejemplo, dictar clases en un instituto del Edificio España allí en Agustinas con Estado, hacia el año 2006, con toda una banda de guerra folklórica dos pisos más abajo, armada de potentes amplificadores. Sin embargo, tampoco creo sensatas las verdaderas persecuciones que se han hecho contra estos personajes, con fuertes multas, detenciones y retención de instrumentos, en circunstancias de que esas mismas calles céntricas a veces lucen saturadas de hampones y delincuentes que escasamente llegan a conocer rigores parecidos.
A pesar de mi visión un tanto pesimista sobre el futuro de la música urbana y peatonal, cerca de nuestra época hemos tenido casos interesantes en la nueva generación de estos exponentes, en algunos casos bastante doctos, como la pequeña orquesta sinfónica que suena en el Metro Los Leones bajo el centro comercial, o los violines que aparecen en la estación Plaza de Armas o las voces de ópera que alguna vez oí en el Pasaje Phillips. Recuerdo también que, a fines de los ochenta, una chiquilla adolescente tocaba concentradísima un gran órgano eléctrico con pedales, creo que un Roland, a la salida de un local de instrumentos musicales en Providencia cerca de Pedro de Valdivia. Hoy, un notable y enérgico cuarteto de foxtrot y mambo suele colocarse en la salida del Metro hacia el inicio de calle Puente y a veces también en Agustinas entre Estado y Huérfanos: "Son de la calle", se llaman, nombre que lo dice todo y de los que tengo dos ejemplares de los CDs que venden en el mismo lugar de sus presentaciones.
En estos días de luto por la partida de Egidio Altamirano, entonces, vaya para todos los músicos populares de la cantina, la plaza y la vereda, jóvenes y viejos, talentosos o aprendices, ciegos o videntes, vivos o muertos, este pequeño pero sincero homenaje de quien ha crecido en una ciudad agradablemente musicalizada y acariciada por las melodías de todos ellos, cual banda sonora de la vida en la urbe.
 
Otro invidente toca la armónica en el pasaje comercial de Bombero Ossa, el año 2009.
 
"Son de la Calle", tocando en el acceso al Metro Plaza de Armas, ese mismo año.
 
Joven talento en el violín, al interior de la misma estación, hacia el 2011.
Jeremías y su flauta, en Paseo Huérfanos.

jueves, 25 de abril de 2013

VENTANAS AL PASADO: UNA EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA SOBRE LOS AÑOS ROMÁNTICOS DE SANTIAGO

Imagen en exposición: Hotel Colón en calle Santa Rosa, hacia 1870.
Coordenadas: 33°26'18.44"S 70°39'1.38"W
Estoy acostumbrado a oír acá en la capital, cada vez que estoy de vuelta y de los mismos santiaguinos, que en esta ciudad no tenemos instancias culturales a la vista o que la difusión patrimonial prácticamente tiene que llegar a golpear las puertas de nuestras casas para que sea efectiva, visible o auténtica. De hecho, algunos aburridores profesionales adictos a hacer discursos transponiendo sus propios complejos de inferioridad o frustraciones identitarias hacia toda la sociedad que debe soportarlos, han hecho un verdadero deporte de esta cantaleta cursi.
La verdad me parece un poco distinta,  sin embargo... O bastante distinta, debería decir, sin llegar a caer en falsos optimismos ni exageración positiva.
Santiago está plagado de pequeños y grandes esfuerzos de difusión de cultura y saber. Que el ritmo delirante de la propia ciudad nos tenga programados para no poder verlos y pasarlos de largo, es otro problema, pero las pruebas está allí (o al menos lo están para el que padezca baja inhibición latente): placas explicativas en las calles, cada vez más paneles de información histórica en iglesias o edificios institucionales, recorridos y visitas guiadas, pequeñas exposiciones en las vitrinas del Metro, etc. Una reseña histórica se ha impreso, por ejemplo, en los bimbos de cierre que rodean actualmente al Monumento al General Bulnes que se halla en reparaciones y mantención en la Alameda, frente a La Moneda, con detalles sobre la propia obra y su homenajeado. Esto habría toda una extravagancia hace 10 ó 15 años; ahora, en cambio, se vuelve algo necesario.
Un caso interesante de estos esfuerzos está perfectamente vigente y observable aún en la cara Norte del Portal Fernández Concha, por el lado de la Plaza de Armas y entre las vitrinas expositivas que dan hacia la vereda de calle Merced, entre arcos y entradas del icónico edificio: una exposición de fotografía histórica, con reproducción a gran tamaño de las imágenes del clásico Santiago y referencias sobre las mismas.
La muestra fue anunciada hacia mayo del año pasado y participan en ella la Fundación ProCultura y la Ilustre Municipalidad de Santiago, con apoyo privado de las compañías Metrogas y BiceVida. Muchas imágenes fueron proporcionadas por Cenfoto, departamento de fotografía histórica de la Universidad Diego Portales, y se las ha estado renovando cada 45 días para que así se roten unas seis exposiciones al año en las siete vitrinas disponibles 24 horas al día. Según la idea original del entonces Alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett, el objetivo de la muestra permanente era "recuperar" el Portal Fernández Concha como un espacio cultural y patrimonial.
Varias de las fotografías expuestas pertenecen a Emilio Garreaud, conocido fotógrafo francés residente en Chile, que fuera uno de los precursores de este oficio en el país. Otras son de fotógrafos anónimos y facilitadas por ciertos coleccionistas, como César Gotta de Argentina. El primer grupo de imágenes colocadas allí en 2012, incluía fotografías del Portal Fernández Concha y el entonces célebre Hotel Inglés ubicado en sus altos, además de otras de la Plaza de Armas hacia 1860, cuando ésta tenía un jardín central circular y enrejado, del que ya hablé en otra entrada relacionada con viejos jarrones de mármol que han paseado por distintos lados de la ciudad a partir de este sitio.
Imagen en exposición: Plaza e Iglesia de la Recoleta, hacia 1910.
Imagen en exposición: Calle Santo Domingo hacia 1880, con el carro aguatero.
Imagen en exposición: Calle Morandé también hacia 1880 y con dos niños posando.
En mi última visita, recién llegado de vuelta a Santiago, enctre las imágenes exhibidas observo varias que ya me son familiares y a las que también he echado mano alguna vez en mis blogs y textos digitales, como aquella de la antigua Plaza de la Recoleta con la Iglesia de San Francisco al fondo (fechada hacia 1910), la calle Santo Domingo con un carro aguatero pasando por ella (hacia 1880), la calle Morandé con dos niños posando ante la cámara (hacia 1880), una de la casona con pilar esquinero del Hotel Colón y sus hospedados en calle Santa Rosa (hacia 1870), la antigua Iglesia de la Vera Cruz y calle Lastarria (1895), la Alameda de las Delicias vista hacia el oriente y con el Cerro Santa Lucía aún sin ornamentar de fondo (hacia 1870) y un tranvía de caballos o "carro de sangre" pasando por la Alameda justo en el sector donde estaba el antiguo Monumento a los Escritores de la Independencia (fechada aquí en 1868, aunque según los antecedentes con los que cuento habría sido inaugurado en 1873).
La ejecución de estas exposiciones fotográficas rotativas está en el marco de un proyecto mayor de rescate patrimonial en la Comuna de Santiago, que incluyó los trabajos realizados para la restauración del Museo Casa Colorada y la Catedral de Santiago y la remodelación de los edificios del Museo de Arte Precolombino y de la Municipalidad de Santiago.
Según tengo entendido, el plan original habría considerado mantener estas verdaderas ventanas hacia el romántico pasado de la ciudad de Santiago de Chile por 24 meses, aunque sería interesante que la actual administración edilicia considerara todo lo necesario para perpetuar esta muestra que enaltece a nuestra ciudad y despeja, en parte, el mito majadero y acomplejado de quienes siguen vociferando que esta urbe, el "Santiasco" en el mismo cliché, no ofrece grandes manifestaciones de interés a la vista por su propia cultura, por muy atrasados que aún sigamos en nuestra autovaloración patrimonial y otros temas relacionados... Algo es algo. 

miércoles, 24 de abril de 2013

DON ANDRÉS BELLO: EL "EXPANSIONISTA CHILENO"

"La ley de 31 de octubre de 1842, en cuya redacción y estudio de los antecedentes participó activamente el ilustre sabio Andrés Bello que desempeñaba el cargo de Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores, declaraba propiedad del Estado las guaneras del litoral del desierto de Atacama y de las islas e islotes adyacentes y autorizaba al Gobierno para imponer derechos de importación al guano y para vender o contratar este artículo". (Guillermo Lagos Carmona, en "Historia de las Fronteras de Chile", 1966, página 28)
El 31 de octubre de 1842, en pleno Gobierno de don Manuel Bulnes y cuando despertaba ya la fiebre por la explotación del guano en las covaderas de la costa pacífica, la República de Chile promulgó la ley que consideraba suyo el territorio que va desde la península de Mejillones hacia el Sur, incluyendo todo el Desierto de Atacama, en lo que sería la simiente de la controversia territorial Chile-Bolivia por dicho territorio, que ahora sumará un capítulo nuevo a su larga, larga historia, con la llegada de la demanda altiplánica a la Corte Internacional de La Haya.
Para quienes dudan de que esta ley -que Bolivia estima como una agresión contra sus pretendidos derechos en esos mismas regiones- se elaboró y se promulgó en el convencimiento de que ese territorio efectivamente le pertenecía a la República de Chile como herencia colonial (principio del Uti Possidetis Juris de 1810), cabe señalar que uno de los principales redactores de esta ley fue nada menos que don Andrés Bello López, el ilustre venezolano nacionalizado chileno primero por gracia y, tras un retraso en la promulgación, por su propia petición a la autoridad nacional.
Sucede que, a la sazón, Bello era asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile y Senador por Santiago, cargo en el que se mantuvo hasta 1864 poco antes de morir, además de ser justo el período en que redactaba el Código Civil. Historiadores chilenos como Oscar Espinosa Moraga y Guillermo Lagos Carmona son categóricos en establecer la relevancia e influencia que Bello tuvo desde estos importantes cargos, en la concepción y elaboración del proyecto de ley de marras promulgado en 1842.
Es más: muy probable resulta, de hecho, el que Bello haya sido el más importante de los redactores finales de la señalada ley y de varias más de la época, considerando la cantidad de documentos públicos, borradores, discursos y textos oficiales que pasaron por su mano formal e informalmente en aquellos años, desde toda la estructura estatal, en prueba de su enorme influencia intelectual sobre la sociedad chilena y sus gobernantes.
Si alguien sostiene, entonces, que Chile declaró arbitrariamente ese territorio en 1842 como suyo producto de meras ambiciones y desconociendo los supuestos derechos bolivianos en el mismo lugar, se debe entender que le imputa el mismo severo cargo al propio Andrés Bello, gurú y símbolo del americanismo, icono bolivariano continental, además de uno de los hombres más ilustrados en materias históricas y jurídicas que haya pasado por nuestro país y que haya logrado producir nuestra América Hispánica… ¿O queda aún alguna duda de ello?

UN FOLCLÓRICO ANIVERSARIO EN IQUIQUE: LA LONGEVA JUVENTUD DEL CLUB DE RAYUELA "JOSÉ MIGUEL CARRERA"

Emblema del club, en el tablero de su sede.
Coordenadas: 20°13'32.06"S 70° 8'43.02"W
El próximo 1° de mayo, coincidente con el Día del Trabajador, será el aniversario 78° del Club de Rayuela José Miguel Carrera en Iquique, cuya sede se encuentra desde 1975 en una sencilla pero añosa casona de estilo británico y balcones en el segundo piso, en calle Libertad 1067 cerca de Juan Martínez. Un sector de Iquique acorde a la naturaleza popular de este tradicional juego venido desde la Europa Mediterránea, alguna vez favorito de soldados, milicianos y el bajo pueblo de estos lares.
Fundado en 1935 por un grupo de vecinos iquiqueños de este mismo sector popular hacia el Sur la ciudad, a espaldas de la costanera y de la Playa Cavancha, el grupo deportivo atrajo la atención de muchos jóvenes residentes en estos barrios, constituyendo su primera directiva con los nombres de Alfredo Aguirre en la presidencia del club y como directores a Juan Valencia, Luis Graniffo, Luis Rivera, Edmundo Hormazábal e incluso una mujer en esta misma mesa de un juego tradicionalmente más asociado a hombres: doña Clara Riquelme, quien -por cierto- no ha sido la única fémina relacionada con el club.
Los socios tuvieron una sede anterior hacia la cuadra de Juan Martínez, cerca de las calles Libertad y José Miguel Carrera, asumiendo el nombre de éste último como referencia y homenaje al prócer de la Independencia de Chile. Desde los setenta y tras adquirir una nueva propiedad bajo la presidencia de Juan Cordero Díaz, está en la señalada dirección de Libertad, que cuenta con un cómodo salón central dotado de mesas y un pequeño mesón como bar, con viejas pinturas murales de paisajes urbanos y naturales que se han conservado en las blancas paredes, más un largo patio trasero donde está montada la pista lineal de rayuela con las pizarras de anotaciones y graderías para los presentes. No sé si es casual o intencional el que este patio esté destacado por los mismos colores de la Primera Bandera Nacional, precisamente el estandarte carrerino: azul amarill0 y blanco. El segundo piso es ocupado para las oficinas y archivos.
Imagen del antiguo directorio, con miembros fundadores.
Casona de la actual sede del club, en calle Libertad.
Aunque sus actuales encuentros son en torno a la rayuela, el club acumula copas y galardones también por campeonatos futbolísticos en los que ha participado y por haber sido el creador de la liga de los barrios. El tenis de mesa fue otra de las actividades que le han permitido competir con clubes de la región. Se debe al Club José Miguel Carrera, además, la organización del I Campeonato de Fútbol Nocturno de Iquique, tras instalar la iluminación de la cancha suya entre Juan Martínez, José Miguel Carrera, Amunátegui y cercana a Primera Sur, que hoy corresponde a la calle Tomás Bonilla Bradanovic. Ésta fue la cancha en que se formaron muchos grandes jugadores iquiqueños de fútbol y alguna vez miembros del club, como Javier Alfaro, Víctor Martínez, Otilio Caballero, Manuel Solís, Víctor Veloso y el destacado deportista profesional Carlos Atlagich.
En su buena época, el club disputaba partidas de rayuela o de fútbol con equipos de Iquique o bien de oficinas salitreras, de Tocopilla, de Arica e incluso de Tacna, con los que confraternizó y formó grandes lazos de amistad. Al alero de la Asociación de Rayuela de Iquique, los encuentros tienen lugar los días jueves hacia las 19:30 horas y los días sábados, aunque éstos últimos son para las partidas con otros clubes, por lo que sólo estarán en la sede de Libertad en caso de competir como locales. Algunas disputas de rayuela se efectúan contra clubes ariqueños y, de cuando en cuando, con el club tacneño Pallardeli.
En un artículo publicado por el diario "La Estrella" de Iquique del 2 de mayo de 2011, se destacan entre los socios los nombres de grandes e históricos jugadores de rayuela como Jeremías Ugalde, José Areyuna, Héctor Alfaro, Juan Figueroa, Aniceto Colque, los hermanos Sabino, Félix, Francisco y Humberto Cerda, Jerónimo Cobb, Alfredo Pizarro, Luis Carvajal, Osvaldo Muñoz, Juan Lemus, Julio Ortiz, José Cejas Paez, José Cejas Véliz y Humberto Campillay. Hacia nuestros días destacan Orlando Rojas y Rolando Lobos (ambos con con más de medio siglo como socios), Luis Salas, Amador Ramírez, Lorenzo Alcota, Leandro Herrera, René Palacios, Romilio Ortiz, René Canales, Caupolicán y Víctor Cartes, Raúl y William Gutiérrez, Jorge Piñones, Jaime Aguilera; y en las generaciones más nuevas relucen Cipriano Campusano, Nibaldo Segovia, Daniel Olivares, José Henríquez, Pablo Montalván, Filiberto Salas, Herman Páez, Gabriel Vera y Julio Guajardo.
Vista del salón interior del club.
Salita de reuniones y eventos, con minibarra al fondo.
Tablero de marcación de las partidas.
Allí leo también que uno de los grandes valores de la institución ha sido don Javier Alfaro Jara, gran deportista local al quien se atribuye mucho de la formación mística, el prestigio y la identidad del club. También hay algo de transmisión generacional entre sus miembros, como sucede en el caso del socio e historiador del club don Raúl Cordero Alaniz, quien es hijo y nieto de socios y de dirigentes anteriores. Como principales y más recordados presidentes del club se señala a Manuel Barriga, Luis Alfaro, Eduardo Zepeda, Francisco Avendaño, Darío Alcayaga, Guillermo Delanays, Manuel Márquez, Alejandro Valencia, Dante Banchero, Pedro Urdanivia, Juan Francisco Cordero, Carlos Ross, Rafael Angulo, Víctor Acuña, Rafael Martínez, Carlos Artigas, Juan Pulgar, Carlos Garrido, Hernán Dávila, Luis Salas y Víctor Cartes.
Actualmente, el Presidente del Club José Miguel Carrera es don Rolando Montecinos, quien sucedió en el cargo a don Amador Ramírez ocupando una presidencia que ya había ostentado antes a la cabeza de los socios. Este período ha sido interesante y beneficioso para el club, en el sentido de lograr mejoras en la sede y conseguir aportes del Instituto Nacional del Deporte, especialmente gracias a la gestión realizada por don Mario Mérida. El club pertenece a la Nueva Asociación de Rayuela de Iquique y participa de manera destacada en los campeonatos oficiales organizados por la misma.
En una primera visita al lugar, aunque durante los días de final de verano en que la actividad rayuelera entra en receso, fui atendido y guiado cordialmente en la sede por el socio Héctor Escalona Segal, quien me puso al tanto de algunos detalles sobre la historia del club y de la propia casona que sigue ocupando en calle Libertad, vigilada desde el interior por la mirada del Libertador y auténtico Primer Presidente de la República, en las sencillas imágenes y bustos que se han colocado allí.
La pista de lanzamientos de tejos y esas graderías de alegres rayueleros alentando a sus camaradas a lograr quemadas o quiños, entonces, esperarán en el histórico Club José Miguel Carrera el inicio del Campeonato de Apertura de la asociación y las celebraciones de estos largos 78 años de vida en la sociedad iquiqueña... 78 años que suenan a mucho, sin duda, pero que probablemente sean pocos aún para los que aún le quedan de existencia al enérgico y prestigioso club de calle Libertad.
La pista para lanzamientos. En la gradería, el socio Héctor Escalona.
Los mismos colores de la bandera carrerina dominan el recinto y la caja.

martes, 23 de abril de 2013

EL EXTRAÑO MUNDO DE LO FEMENINO EN LOS FILMES DE DAVID CRONENBERG

Desconozco si alguien habrá notado ya la extraña pero intrigante torsión que el director canadiense David Cronenberg, icono del género terror y suspenso, suele hacer de la imagen femenina en sus célebres filmes, por eso aquí he querido dedicarle algunas observaciones a este mismo asuntillo.
Es verdad que su historial creativo ha variado desde el cine terror explícito y la ciencia ficción hasta el drama de perturbación más subjetiva, pero parte de lo que ha sido tan propio y característico de su estilo parece estar en la representación deprimente y destructiva que a veces hace de la imagen femenina, como queda claro en los siguientes ejemplos que recuerdo en este momento, a riesgo de parecer ocioso:
  • “Rabid” (“Rabia”, 1977): La protagonista es Marilyn Chambers, una de las primeras celebridades del cine pornográfico, aquí en el papel de Rose, una muchacha que tras sufrir un accidente motociclístico y ser sometida a una cirujía experimental, desarrolla una extraño mal consistente en una especie de muñón con una púa, que sale de un pliegue bajo su brazo izquierdo. Con él bebe sangre y de paso contamina a otros sujetos tras pincharlos con el extraño espolón cuando intiman con ella, convirtiéndolos en algo como zombies rabiosos que, a su vez, continúan expandiendo la infección con mordiscos. El grotesco órgano venenoso que sale del cuerpo de Rose es muy parecido a un diminuto pene. Esta obra, escrita y dirigida por Cronenberg, a pesar de ser muy simple y de bajo presupuesto, marcó ciertas líneas sobre el tipo de cine que caracterizaría su mano, además de la visión perturbada sobre el género femenino que he comentado.
  • “The Brood” (“Cromosoma 3″, 1979): Es recodada como una de las películas más perturbadoras del director, y la leyenda cuenta que la escribió y produjo luego de una crisis matrimonial. En el filme, una mujer con graves alteraciones mentales llamada Nola Carveth es interpretada por Samantha Eggar. Alcohólica, abandonada por sus padres y con profundas secuelas emocionales, la problemática mujer llega a tales niveles de odio y furia contra su ex  esposo, quien lleva adelante un juicio de tuición por su única hija, que produce extrañas criaturas brotadas de su propio cuerpo y a modo de “hijos”, pero llenos de anormalidades y de corta vida, que siembran la muerte a la vez que también están condenadas a escasa sobrevivencia. La escena cerca del final, donde se revela el “nacimiento” de estos engendros parecidos a niños y desprendiéndose del propio organismo de Nola, fue considerada en su tiempo como una de las imágenes más repulsivas e impresionantes producidas por el cine terror.
  • “Videodrome” (“Videodromo”, 1983): El filme dio ocasión a la mujer “virtual”, casi irreal, de la que no se sabe si está viva o muerta y cuya presencia queda reducida a la transmisión por una señal pirata de televisión, llegando a dudarse de que exista siquiera, aunque allí aparecerá sometida a brutales vejámenes y torturas, como parte del desquiciado juego televisivo. En este caso es el personaje Nikki Brand, interpretado por la actriz y famosa cantante Deborah Harry. Una escena especialmente extraña es aquella donde la sensual Nikki aparece en la pantalla del televisor mientras el protagonista, interpretado por James Wood, golpea el aparato con un látigo sadomasoquista, pareciendo interactuar con ella a juzgar por sus gestos de dolor y placer. Este largometraje está considerado como uno de los más trascendentales y bien logrados del director.
  • “The Fly” (“La Mosca”, 1986): Aunque se trata de una de las películas más comerciales y mercantiles de Cronenberg, éste no dejó pasar en ella la oportunidad de embarazar del mutante protagonista principal a Veronica Quaife, la reportera interpretada por Geena Davis que tiene una aventura con el científico que se transforma gradualmente en mosca, dejándole así un insecto en la oscuridad interior de su vientre, en una angustiante y pesadillesca situación que no queda resuelta al final del filme. Una mujer embarazada de un insecto, en otras palabras, situación que fue aprovechada para la producción de una segunda parte de la película, aunque con otro director y menores resultados de taquilla.
  • “Dead Ringers” (“Mortalmente Parecidos”, 1988): Este filme pertenece a la etapa en que Cronenberg va dejando atrás las expresiones de cine gore y visceral, explorando más bien el terror subjetivo y el suspenso inductivo, algo que se nota mucho en el nuevo tratamiento que dará a la figura femenina, aunque siempre en el marco de esta señalada trasposición perturbada. Basado en una novela de  Bari Wood y Jack Geasland, el filme muestra a mujer multiuterina (de tres úteros) sumamente promiscua y, sin embargo, totalmente infértil, casi como una castración contrapuesta a su exceso de órganos reproductivos; “hipermaternidad frustrada”, por decirlo de alguna manera, que la lleva a hacerse atender por los ginecólogos gemelos protagonistas, representados por el actor Jeremy Irons, involucrándose sexual y sentimentalmente con uno de ellos. Llamada Claire Niveau, una actriz que se envejece y decae en su plazo para tener hijos, el personaje es representado por la actriz Geneviève Bujold. Casi funciona como una madre que vuelve a “dar a luz” a ambos hermanos, rompiendo el vínculo que siempre los hizo uno y separándolos en una dolorosa cirugía de vida que, finalmente, los conduce al desastre. Una mujer fatal, por lo mismo.
  • “M. Butterfly” (“Madame Butterfly”, 1993): Si bien el guión se basa en la obra de teatro de David Wright Hwang, este largometraje dará nacimiento a la mujer “inexistente” en el cine del director, correspondiendo a una representación femenina que no es tal, sino un elaborado engaño o acaso autoengaño del protagonista, representado otra vez por Jeremy Irons. En una difícil pero extraordinaria actuación, la “mujer” que no es tal, es representada por el avezado actor John Lone, quien interpreta a un actor-actriz chino que con el nombre de Song Liling, trabaja en representaciones de teatro popular, siendo en realidad un espía que tendrá en su rol de mujer un ardiente y apasionado affaire con el protagonista, que trabaja en la legación diplomática francesa. Curiosamente, en todo el filme Song se ve siempre muy poco femenina, incluso haciendo referencias directas en los diálogos y desarrollo de la obra a su falta de busto y su constante negativa a desnudarse por completo ante el diplomático, que la considera la “mujer perfecta” aunque ésta en realidad no existe. Song es una mujer imaginaria, una fábula femenina, entonces.
  • “Crash” (“Crash”, 1996): Basado en un libro de J. G. Ballard, aquí hará su debut la mujer bella y sensual pero mecánica y casi deshumanizada, entre los delirantes y perversos amantes de los choques de vehículos que han formado un selecto club. Llamada Gabrielle, el personaje en este caso es interpretado por la conocida actriz Rosanna Arquette. En el controvertido filme aparece llena de aparatos ortopédicos, prótesis y muletas para poder desplazarse, a consecuencia de los innumerables accidentes que ha tenido y que, según se sospecha, habrían sido intencionales, a juzgar por los retorcidos gustos del club al que pertenece y que reconocen tener atracción sexual por los choques de vehículos.
  • “Spider” (“Spider”, 2002): Nuevas instancias para alucinaciones y mentes comprometidas en la locura, en este caso con una proyección casi edípica y del todo insana del protagonista, que genera a su alrededor una mujer-madre “múltiple” y a la vez “única”, reapareciendo representada en todas las mujeres que rodean ahora su dificultosa vida. La madre del protagonista ha sido asesinada por su propio marido y sustituida por una prostituta, situación que marcará para siempre al sujeto. La labor de representar a estos personajes quedó en el talento de Miranda Richardson, en una secuencia de delirios que parte con la interpretación de la propia madre asesinada y que le diera a la actriz uno de los roles fílmicos más importantes que se le conocen. Esta obra se basa en una novela de Patrick McGrath.
  • “A Dangerous Method” (“Un Método Peligroso”, 2011): Realizado sobre la obra teatral de Christopher Hampton, aquí se hace una deliberada y curiosa mixtura entre hechos reales que involucran a los patriarcas de la psicología moderna Freud y Jung, y su famosa paciente Sabina Spielrein, representada por Keira Knightley. El director enfatiza los aspectos traumáticos de la mujer, elaborando un personaje donde una inteligente, culta y respetable muchacha judía rusa arrastra interiormente las monstruosidades de una vida terrible, ataques violentos de histeria y las consecuencias de una infancia bajo sometimiento y agresiones paternas. La película hace un retrato de cómo Sabina habría resuelto este drama, con mucha apelación al psicoanálisis, para decidir convertirse después en psiquiatra. También se esboza un triángulo de intrigas entre los célebres psicólogos y la paciente, al punto de que Sabina pasa casi a convertirse en la metáfora o alegoría del proceso de ruptura entre Freud y Jung.
En fin: siendo un rasgo que parece perderse ya en el nuevo perfilamiento que ha ido adquiriendo el siempre bien recibido cine de Cronenberg, no deja de ser interesante y curiosa esta secuencia de ejemplos de la perturbada representación femenina que se ha hecho en alguno de sus más importantes filmes.

lunes, 22 de abril de 2013

CÉSPEDES Y GONZÁLEZ: HISTORIA DE UNA CALLE Y DE UNA TRAGEDIA EN LA CIUDAD IQUIQUEÑA

Primera placa conmemorativa que fue puesta en el lugar de la tragedia.
Coordenadas: 20°13'27.68"S 70° 9'0.81"W (Inicio) 20°13'30.14"S 70° 7'59.16"W (Fin) 20°13'27.38"S 70° 8'54.84"W (Lugar de la tragedia)
La calle Céspedes y González está situada hacia el Sur de la ciudad de Iquique, naciendo frente a las playas de Cavancha para internarse hacia el Este casi hasta los barrios del borde oriente de la metrópolis, aunque por muchos años, hace cerca de un siglo o más, llegaba sólo a la proximidad del sector que ahora llamamos avenida Héroes de la Concepción, por entonces en el límite urbano.
Surgida en tiempos de urbanización posteriores a la Guerra del Pacífico y ya en dominio chileno, esta arteria era llamada originalmente como Calle de la Unión, y después calle Unión a secas. Nace con la prolongación de las urbanizaciones avanzando hacia el Sur de la ciudad y que quedan en el circuito cubierto por el tranvía que iba y volvía a la Península de Cavancha.
Tengo distintos y contradictorios datos sobre la referencia que le dio este título a la calle, sin embargo, sin haber podido precisar hasta ahora cuál es el exacto: desde la marca de un edificio religioso que se encontraba casi en la entrada de la misma por el poniente, donde está ahora el Don Bosco, hasta la explicación de que el nombre aludía a la unión de los rieles del ferrocarril urbano, que tenía lugar cerca de allí y a una cuadra más al Sur, donde estaban también las instalaciones de la estación de tranvías. Dejaré para el futuro algún artículo para precisar cuál es la razón concreta de esta denominación y sus alcances, entre otros el del nombre del célebre Club Unión, así llamado -según algunos- porque fue fundado por vecinos de esta misma calle.
El por qué tiene ahora el nombre de Céspedes y González es parte de su historia durante el siglo XX y el recuerdo de un trágico pero heroico acontecimiento ocurrido en en la misma calle el año de la firma entre Chile y Perú del tratado que puso definitivo final a las cuestiones pendientes desde la Guerra del '79. Un hecho que involucra a la memoria histórica de la Compañía de Bomberos de Iquique N° 12 y que, de paso, explica también la siguiente estrofa en la letra de su himno institucional: "En la gesta de calle Unión / dos gaviotas volaron al Sol".
Céspedes y González... Sus rostros.
EL INCENDIO DE CALLE UNIÓN
El viernes 5 de julio de 1929, había transcurrido sólo un mes desde de los celebrados acuerdos de Chile y Perú que resolvieron la larga cuestión de Tacna-Arica y devolvieron la paz ambiental a Tarapacá. Sin embargo, aquella mañana comenzó muy agitada y sufrida para los bomberos de Iquique, cuando a las 10:10 horas sonó la campana del vigilante, al divisarse una columna de humo que se elevaba por el Sur de la ciudad, hacia donde partieron los voluntarios de varias compañías.
Al llegar las primeras compañías, la Victoria Nº 11 y la Iquique Nº 12, se constató en que el incendio se encontraba en calle Unión, en una cuadra entre las calles Vivar y Barros Arana, abarcando unas 7 casas que quedaron reducidas a cenizas y amenazando con alcanzar varias otras.
El señalado sector era de muchas residencias, más bien popular, aunque la factura de las viviendas era de madera y otros materiales ligeros como gran parte de los barrios iquiqueños, lo que facilitó el avance de las llamas provocadas por un anafre de parafina volcado accidentalmente en uno de esos hogares y que ahora avanzaban hacia el sector oriente de la misma cuadra, exigiendo enormes esfuerzos de los voluntarios para combatir el siniestro.
Aunque también llegaron al lugar muchos voluntarios de la Compañía Germania Nº 2, Dalmacia Nº 5, Sargento Aldea Nº 6, Zapadores Nº 8 y Arturo Prat Nº 9, entre otras, la situación de combate de las llamas se vio gravemente afectada por la falta de agua, la que apenas alcanzaba para dar algo de presión a las mangueras. Desesperados, los bomberos comenzaron a derribar tabiques y muros de las casas para tratar de evitar el avance del fuego, lo que parece haber debilitado algunos murallones que se mantenían en pie, creando así las condiciones para una tragedia que costaría la vida a dos mártires de la institución.
Hoja con el registro de la tragedia de ambos mártires, en el libro del cuartel.
Los dos monolitos de la ex calle Unión.
LOS BOMBEROS CÉSPEDES Y GONZÁLEZ
Fermín Oscar Céspedes y Manuel González Véliz, ambos voluntarios de la Compañía Iquique Nº 12, se encontraban allí luchando heroicamente contra el fuego, con su carro-bomba Merryweather fabricado en Londres, lidiando también con la falta de abastecimiento de agua.
Céspedes había nacido en 1896 e ingresado a la unidad el 11 de noviembre de 1917, a los 21 años, figurando como miembro fundador y también fabricante de los primeros uniformes, pues era sastre de profesión, recibiendo un premio a sus 10 años de voluntariado en la Compañía el año 1927. González, en tanto, había nacido en 1911 e ingresado a la compañía en 1927 con sólo 16 años de edad, siendo un humilde lustrabotas muy conocido entre los ciudadanos por ejercer este modesto pero popular oficio en las calles iquiqueñas.
Un grupo de varios bomberos de distintas unidades hacía lo propio de ese lado de la cuadra de calle Unión, inconscientes de que una gran estructura junto a ellos se estaba debilitando y caería de un momento a otro. Así sucedió, cerca de las 11:00 horas, que el pesado y sólido muro ardiente se desplomó aplastando a todos los hombres que se encontraban a su sombra en esta fatigante tarea, causando dolorosas lesiones y siendo Céspedes y González los más graves.
Inmediatamente, los demás compañeros de institución se arrojaron a la tarea de tener que sacar a sus camaradas de entre los escombros y las brasas ardientes, rescatándolos tras un arduo y extenuante esfuerzo.
Los heridos fueron trasladados por el carro ambulancia de la Compañía Prat N° 9 hasta el Hospital de la Beneficencia. Según la nómina publicada por el sitio web de la Bomba 12 de Iquique, los demás heridos fueron Julián Lafuente y Jorge Díaz de la Compañía Germania Nº 2; Humberto Jorquera, y Vicente Gómez de la Compañía Dalmacia Nº 5; Juan González, de la Compañía Sargento Aldea Nº 6; José Rodríguez y  Santiago Malebrán, de la Compañía Zapadores Nº 8; Manuel Fuentes de la Compañía Victoria Nº 11; y Manuel González Compañía y Fermín Céspedes de la Compañía Iquique Nº 12.
Allí mismo en el hospital, son visitados por altas autoridades del Cuerpo de Bomberos. Céspedes y González, sin embargo, están en inminente peligro de muerte por la gravedad de su estado.
El mismo carro inglés usado el día del accidente, hoy al interior de la Compañía N° 12.
FALLECIMIENTO Y DESPEDIDA
Los heridos más graves de la N° 12 no pudieron recuperarse de sus graves lesiones. Según se anotó en el libro de la unidad, Oscar Céspedes falleció el sábado 6 de julio siguiente, a las 10:00 horas, producto de sus heridas y quemaduras. Tenía 33 años de edad. Manuel González lo seguirá a causa de la misma clase de lesiones. El querido y popular lustrabotas de Iquique tenía sólo 18 años al momento de abandonar este mundo, tras su terrible agonía.
Hacia esas dolorosas horas, en la hoja de ingreso de Céspedes en el libro del cuartel, se anotó a mano el siguiente texto registrando lo que acababa de suceder y cómo la compañía asumía desde ese instante el peso de sus mártires:
"Los primeros Mártires del Cuerpo General de Bomberos de Iquique, Fermín Oscar Céspedes y Manuel González Véliz, que rindieron sus vidas en el incendio de la Calle Unión, Mártires del Deber, qué honran a esta Cía. Falleció el 6 de Julio de 1929, a las 10 horas, en el hospital, dándose lectura a sus nombres, al pasarse lista a los actos que haga la Cía."
Este libro, abierto en la hoja recién trascrita, se encuentra en un pequeño museito propio para los mártires dentro de su cuartel de la N° 12, con otros objetos alusivos a su heroico sacrificio. Sin embargo, la información que revela confunde un poco al ser comparada con la reseña divulgada en la internet por la misma Bomba N° 12, donde se indica que Céspedes y González habrían fallecido el domingo 7 de julio a las 12:45 horas y el martes 9 de julio a las 13:55 horas, respectivamente.
Los restos de ambos mártires institucionales fueron trasladados hasta la Comandancia General de Bomberos, donde se erigió una capilla ardiente para su velatorio y rendición de homenajes. La tragedia causó una profunda conmoción en toda la sociedad iquiqueña, y así la romería que trasladó sus cuerpos hasta el Mausoleo del Cuerpo de Bomberos de en el Cementerio General fue un masivo y conmovedor evento. Céspedes y González pasaron a ser, así, los primeros dos Mártires del Deber del Cuerpo de Bomberos de Iquique.
Retratos de los mártires y el pitón original que usaban el día del mortal accidente de calle Unión, en las vitrinas del pequeño museo de la misma unidad de bomberos.
HOMENAJES Y CAMBIO DE NOMBRE DE LA CALLE
En recuerdo y conmemoración de ambos mártires, la institución colocó una placa esculpida como homenaje a sus dos camaradas caídos, frente a uno de los tramos de muros del mismo sector de residencias donde encontraron la muerte ambos bomberos y con la siguiente inscripción:
IQUIQUE
12
A LOS MÁRTIRES DEL DEBER
O. CÉSPEDES - M. GONZÁLEZ V.
FALLECIDOS TRÁGICAMENTE EN ESTE
LUGAR EL 5 DE JULIO DE 1929
En los años sesenta, y tras desaparecer los viejos muros que quedaban en este lugar de la calle Unión a la altura del 700 (dicen que aún quedan casas de la época de la tragedia en la manzana, pero ya es difícil distinguir cuáles son), se hizo el actual conjunto conmemorativo: la municipalidad construyó una planta sólida y dos monolitos sobre ella, uno de los cuales, más bajo y actualmente de color verde, lleva encima la antigua placa original de mármol recién descrita. En su pedestal, lleva adosada otra placa más sencilla donde se destaca: "COOPERACIÓN I. MUNICIPALIDAD DE IQUIQUE. ALCALDE JORGE SORIA Q". El segundo monolito, un poco más alto y pintado de rojo, fue colocado por los propios voluntarios de la N° 12, inaugurándosela en un aniversario del incendio y con otra placa que lleva la siguiente inscripción:
LOS VOLUNTARIOS DE LA CÍA. DE
BOMBEROS IQUIQUE N° 12
DEDICAN ESTE MONOLITO A SUS
CAMARADAS CÉSPEDES Y GONZÁLEZ
CAÍDOS EN EL CUMPLIMIENTO DEL
DEBER
IQUIQUE 5 DE JULIO DE 1965
Finalmente, a principios de la década siguiente, tiene lugar la decisión de cambiar el nombre de la calle por uno alusivo a los apellidos de ambos mártires. La ley respectiva, N° 17.722, promulgada a solicitud de la Ilustre Municipalidad de Iquique y publicada en el "Diario Oficial" N° 28.364 del miércoles 28 de septiembre de 1972, decía lo siguiente:
"Por cuanto el H. Congreso Nacional ha dado su aprobación al siguiente PROYECTO DE LEY:
ARTÍCULO ÚNICO La calle Unión, de Iquique, se denominará 'Mártires Céspedes y González'."
Cada año, en el aniversario del terrible incendio de la ex calle Unión y actual calle Céspedes y González por las vistas razones, los voluntarios de la Compañía Iquique N° 12 realizan un acto institucional en memoria de estos dos primeros mártires del Cuerpo de Bomberos de Iquique, rindiendo honores frente a estos monolitos que señalan el lugar donde se desató la desgracia.
"En la gesta de calle Unión / dos gaviotas volaron al Sol / Soy bombero del Cuerpo de Iquique / orgulloso de mi vocación", les cantan sus camaradas de nuestros días.

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