viernes, 20 de julio de 2012

UN ASESINATO Y SUICIDIO EN EL CONGRESO NACIONAL DE CHILE

Diputado Luis Correa (izquierda) y senador Zenón Torrealba (derecha).
La política partidista, por su propia naturaleza carnívora, ha arrojado a la historia de Chile varios episodios de enorme curiosidad y de los que hoy se habla escasamente, escondidos bajo mantos de vergüenza y del falso decoro, especialmente en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Chile, donde la inexperiencia y el afán de figuración de los actores los traiciona con frecuencia, haciéndoles actuar movidos por el ímpetu o el descontrol. Al respecto, sería más fácil encontrar información en una revista "Topaze" que en libros de historia, sobre todas estas sabrosuras: el disparo al cielo de Jorge González von Marées en el primer día de sesiones de la Cámara Baja, los cenicerazos de la Carmen Lazo contra sus adversarios o la vez que Mario Palestro advertía en un discurso a la derecha que pendía sobre sus cabezas "la espada de Pericles" (sic), sólo por mencionar algunos hitos.
Empero, hay en un hecho especialmente trágico en este recuento, sucedido en ese mes de septiembre tan generoso en aportarle a nuestra historia fechas dramáticas, alrededor de las propias Fiestas Patrias; algo que vino a tener lugar en el Congreso Nacional de Santiago, ya en los estertores finales del primer gobierno de Arturo Alessandri Palma y casi como símbolo anticipado de lo que iba a ser el fin de la República Parlamentaria.
En 1923, el comerciante y empresario Luis Correa Ramírez contaba ya con 52 calendarios de vida y había logrado el cargo de diputado tras las reñidas elecciones parlamentarias realizadas dos años antes. Representaba al Partido Demócrata, un conglomerado de discurso proletario integrante de la Federación de Izquierda y que vino a ser una suerte de ensayo para el surgimiento del socialismo partidista en Chile, aunque aún vinculado al aliancismo liberal pro-alessandrista.
Integrado al pacto de la Unión Liberal, que tenía la supremacía del poder legislativo, el PD había superado por escaso porcentaje al Partido Democrático Nacional con el que se fusionó años más tarde, quedando por debajo del Partido Radical y el Partido Liberal dentro del mismo pacto. Sólo Vicente Adrián Villalobos acompañó a Correa en la representación de su partido por Santiago, dentro de la Cámara.
En las mismas elecciones, el PD había logrado un solo senador: don Zenón Torrealba Ilabaca, popular político y periodista de origen curicano; hombre enérgico, fundador del diario "La Tribuna" y, si bien era menor que Correa Ramírez, le aventajaba por su experiencia parlamentaria iniciada en los días del Primer Centenario de la República, también como diputado por Santiago. Además, fue Presidente del Centro Social Obrero e influyente dirigente al interior del PD, condición que sería vital para comprender cómo y por qué se desencadenaron los hechos sangrientos.
En su actuación dentro de la Cámara, en tanto, Correa Ramírez destacó por proyectos de ley en favor de los trabajadores y en el contexto de fuertes agitaciones obreras que tenían lugar en esos días. Empero, el calvo y obeso diputado guardaba una secreta ambición, similar a la de sus muchos colegas y correligionarios: quería alcanzar el preciado puesto del Senado, tradicional trampolín de los candidatos a la Presidencia de la República. El problema era que ese puesto ya estaba ocupado por Torrealba y con grandes posibilidades de ir a la reelección, como había sucedido también con su representación anterior por Santiago en la Cámara, siendo una de las pocas cartas seguras que le quedaban al partido en esta instancia.
Salón de Honor del Congreso Nacional.
Como se aproximaba el final del período senatorial, en septiembre de 1923, el PD llamó a elecciones internas para elegir a su próximo candidato. Torrealba iba seguro a buscar ser reelecto, pero esto no amedrentó a Correa, que se postuló convencido de poder ganar tras su desempeño en la Cámara Baja y viendo tan cerca la oportunidad de su vida para conquistar un escaño en la Alta. Por varios días, el partido vivió fuertes disputas y polarizaciones internas, ya que ambos exigieron la lealtad de sus camaradas y amigos dentro del mismo, apostando a que serían los elegidos.
Al parecer, las descalificaciones, el triunfalismo y las burlas calentaron exageradamente el ambiente intestino del conglomerado, contagiados de la fuerte pugna que existía entre los grupos liberales que apoyaban al gobierno de Alessandri Palma para acaparar puestos y cupos de poder. Intentando moderar el clima enrarecido del PD, se constituyeron tribunales de honor para devolver el buen juicio a los militantes.
Por desgracia para Correa, su adversario ganó limpiamente la controvertida y peleada elección, el día 8 de septiembre. Fue un humillante balde de agua fría, algo catastrófico para el diputado, que no podía creer que su enemigo Torrealba celebraba en su cara un virtual regreso al mismo escaño por el que tanto había peleado y sufrido.
La frustración y la ira de Correa se volvieron incontenibles. Ciego de furia e incapaz de aceptar la derrota, solicitó a su victorioso contendor que tuvieran un encuentro en una sala menor de reuniones reservadas, que usaban las comisiones de la Cámara de Diputados en el tercer piso del edificio del Congreso Nacional de Santiago. La junta fue concertada para el día lunes 10 de septiembre.
Torrealba asistió a la reunión creyendo que iba a ser hidalgamente felicitado por su contrincante. Craso error: aunque no se conocen bien los detalles de lo sucedido, por haber sido ambos los únicos presentes en esa sala, se sabe que, luego de algunos saludos protocolares y de haber sido cordialmente recibido, dentro de la sala y ya a puerta cerrada, Correa desenfundó un revólver disparándolo a quemarropa e inesperadamente contra el indefenso adversario. Acto seguido, se suicidó de un tiro en la cabeza.
Al oír los dos disparos, personal y funcionarios de la Cámara corrieron a la sala, abriendo las puertas y encontrando allí una escena dantesca: ambos hombres agónicos, encharcándose en su propia sangre ya en los últimos segundos de vida. Torrealba tenía el cráneo abierto por el tiro, y estaba inerte en el sofá de la sala; Correa yacía en un sillón vecino, con la sien perforada por su propio tiro, aunque aún respirando. Cuando llegó la Asistencia Pública, ya había muerto. Nada pudo hacerse por ninguno de los dos.
La noticia fue un verdadero escándalo y aunque se trató de salvar la memoria de Correa del escarnio público, fue imposible detener que fuera señalado como asesino. Apareció una escueta nota ese mismo día, en diarios como "Las Últimas Noticias", pero al siguiente se amplió en un completo reporte del diario "El Mercurio", gracias a que los periodistas lograron ponerse en contacto con el diputado por Chiloé don Eduardo Grez Padilla, quien estaba al tanto de todo lo sucedido y fue testigo de parte de los hechos, como recuerda Rafael Valdivieso Ariztía en su libro "Testigos de la historia".
A pesar de la gravedad de lo sucedido, sin embargo, las elecciones que debían realizarse al año siguiente comenzaron informalmente su etapa de campañas a los pocos días del crimen, por lo que el duelo fue superado rápidamente por el clima de ambicioso fervor político y electoral.
Aunque por muchos años rondaron algunos rumores sobre las "verdaderas razones" del crimen, o supuestos datos adicionales que harían todavía más oscuro aquel sangriento episodio de 1923, poco y nada se habla en nuestros días de uno de los episodios más siniestros que han involucrado a elementos de las clases políticas chilenas y, muy particularmente, a las intrigas de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional.

lunes, 9 de julio de 2012

UN CARABINERO EN SERVICIO DESDE EL MÁS ALLÁ

Coordenadas: 33°32'37.00"S 70°34'50.26"W

Muchos funcionarios de carabineros muertos trágicamente en servicio, tienen sus respectivas animitas señalando el lugar de su desgracia. Existen varias de ellas en carreteras o ciudades, y algunas han adquirido fama popular importante, como las cuatro animitas de Carabineros de Fuerzas Especiales asesinados en 1984 en un atentado explosivo en Valparaíso, la del Cabo Castillo en la carretera de Antofagasta o la animita del Carabinero Cristián Vera asesinado hace pocos años una noche del 11 de septiembre en Pudahuel.

El hecho de pertenecer a una institución creada para dar un servicio de seguridad y orden público les otorga a estos fallecidos una connotación martirial especial en el credo popular, además de un aura de protección al desvalido, como si la vocación del sujeto siguiera manifestándose más allá de la vida para con la ciudadanía. Por esto, la institución muchas veces asume como suya también la animita de su miembro caído en servicio, adicionando emblemas, banderas, placas o pintando las grutas y casuchas con sus colores corporativos; un pequeño Walhalla personal para el alma del finado.

Una animita de carabinero que ha cobrado especial importancia entre los creyentes, se encuentra en la intersección de las calles Santa Amalia y Colombia en la comuna de La Florida, esquina surponiente. Es un cruce que ha visto la muerte de varias personas, incluso tras la instalación de un semáforo que antes no existía allí. A pesar de eso, han seguido ocurriendo choques y atropellos, razón por la que animita se puede encontrar también en la esquina opuesta. La que nos interesa es la del Cabo 2° Juan Ramón Morales Gajardo, conocido más popularmente como Juan Ramón o "Paquito", en una alusión cariñosa a la expresión paco, que es como se llama en nuestro país de manera informal y un tanto peyorativa a los representantes de Carabineros.

Conozco relativamente bien su historia, porque vivía muy cerca de este lugar cuando ocurrió allí su muerte, a la altura del paradero 20 de avenida Vicuña Mackenna. Morales era miembro de la policía motorizada, pertenecía a la dotación de la Subcomisaría Cabo 2° Pablo Silva Pizarro de Los Quillayes y tenía 29 años esa fatídica tarde del 3 de julio de 1993. Casado con doña Nadia Faúndez, residente en Talca, Morales pertenecía a la institución desde el 1° de noviembre de 1985, donde era apodado "El Tuco" por sus pares. Había destacado y recibido felicitaciones por su desempeño en varias ocasiones. En mayo de 1987, por ejemplo, logró detener a un peligroso delincuente que también lideraba una célula de un grupo subversivo, logrando incautársele armas de guerra y granadas. Posteriormente, en el fatídico aluvión del 3 de mayo de 1993 en Las Perdices, él fue uno de los primeros en llegar al lugar y dar valiosa ayuda para evacuar a los damnificados, en una acción que se le celebró como realmente heroica.

El día de su tragedia, exactamente dos meses después de su valerosa actuación, hacia las 13:30 horas él y su acompañante recibieron un llamado urgente, solicitando escoltar el traslado de una persona herida desde Santa Sofía de Lo Cañas hasta el Hospital Sótero del Río, ya que el retraso de la ambulancia había obligado al concejal Sergio Ossandón a hacer uso de su vehículo particular para conducir al paciente hacia el recinto hospitalario. Cumpliendo con la orden, lamentablemente los carabineros debieron cruzar por esta peligrosa conjunción de calles avanzando por Colombia hacia el Sur, cuando aún no existía el semáforo.

Morales se estrelló violentamente con un vehículo Chevette conducido por una muchacha del sector llamada Paola, que iba por calle Santa Amalia hacia el poniente. El golpe fue formidable y el cuerpo del infortunado Morales voló cayendo al otro lado de la calzada, cerca de donde está su animita, mientras que la motocicleta quedó tirada en un charco de fluidos, con una tremenda marca del impacto en todo el tren delantero. Su compañero, que iba más adelante, no notó el accidente hasta pasado un rato, cuando advirtió la ausencia de su par. Un helicóptero llevó al herido hasta el hospital institucional, pero fue declarado muerto en el trayecto, producto de sus gravísimas heridas: traumatismo encéfalo craneano abierto y fracturas múltiples en el cuerpo.

(Fuente imagen: diario "La Tercera")

(Fuente imagen: diario "La Tercera")

En medio del luto, esta animita surgió de la misma forma paulatina que han observado autores como Plath y De la Cruz: primero, aparecieron las velas a las pocas horas, encendidas durante las noches en el lugar donde cayó su cuerpo. Después, vino la improvisación de un pequeño altar que pronto acabó reemplazado por una casuchita para dejar flores y placas de metal, madera o mármol. Las primeras de éstas, con agradecimientos por favores recibidos, comienzan a aparecer al poco tiempo, conservándose una del año siguiente de su muerte, lo que hace presumir que se le adjudicó con rapidez un carácter de "milagroso" y "generoso", que atrajo cada vez a más devotos de "Paquito". Así, aparece a continuación una reja cerrando el perímetro, dispositivos adicionales para recibir placas, maceteros, flores y todo lo que corresponde a una de las animitas más conocidas y veneradas de La Florida.

Los solicitantes, como es costumbre, dejan papeles con peticiones de favores. También hay decoraciones institucionales y banderas chilenas, resaltando la solemnidad del ánima y la confianza que sus fieles depositan en la investidura formal del fallecido. Una fotografía de Morales está dentro de la casucha, acompañada de una estatuilla de la Virgen del Carmen, infaltable advocación en las animitas de funcionarios de Carabineros de Chile. Es tanta la cantidad de ofrendas, flores y adornos que recibe esta animita periódicamente en el no muy grande espacio que ocupa, que su aspecto y su colorido siempre varían, semana a semana.

Después de muchos otros accidentes, incluyendo uno definitivo de un amigo que vivía por este sector y que también iba en motocicleta pero perdiendo mucho menos que Morales, se instaló por fin un semáforo en este temido cruce. Irónicamente, uno de los postes que los soportan está exactamente al lado de la animita.

Prácticamente no hay noche en que "Paquito" no reciba una visita y no quede alguna de sus velas encendidas, pidiendo o agradeciendo favores a un funcionario de Carabineros de Chile que, para la tradición de la fe popular, aún sigue allí prestando servicios a la comunidad floridara.


lunes, 2 de julio de 2012

HUELLAS DE UN TRISTE DÍA DEL TRABAJADOR EN LAS PUERTAS DE SANTIAGO

Imagen de la escena del dramático accidente del Día del Trabajador de 2004 en la Ruta 5, publicada por el diario "La Cuarta".
Coordenadas: 33°21'21.98"S 70°42'17.27"W (aprox.)
Ya comenté algo sobre este infeliz y lamentable caso, cuando me referí a las primeras animitas de carretera que pueden ser vistas en la salida de Santiago por la Ruta 5 Norte. Hoy quiero darle un poco más de espacio a esta terrible doble muerte, señalada en el lugar por un par de animitas mirando de frente el diario ajetreo de vehículos que entran y salen de la urbe.
Revisando archivos de prensa y comparándolos con la ubicación de las animitas en la autopista, pude confirmar que corresponden a las de dos trabajadores de una empresa recolectora, muertos trágicamente a inicios de mayo de 2004 justo en el Día del Trabajo, para cruel ironía del destino. Ambos iban en un camión que se dirigía a la planta de Quilicura, luego que el chofer del mismo recogiera a un amigo con la intención de acercarlo al terminal del cruce San Ignacio, donde éste último trabajaba.
Una descripción detallada y muy completa de lo sucedido fue publicada en nota del diario "La Cuarta" del 2 de mayo de 2004, bajo el título "Atropellados por camión perecieron dos trabajadores que auxiliaron a borrachín". La reproduzco enteramente y tal cual fue redactada, a continuación:
"Un doble drama humano y laboral enlutó ayer el Día del Trabajo, ya que dos empleados murieron atropellados en la Panamericana Norte cuando se dirigían a sus pegas. El causante de la tragedia fue un chofer curado que se chantó nada menos que al medio de la ruta a dormir la mona y al que, para variar, no le pasó nada.
El camionero de la empresa recolectora de residuos "Ecoser" Hernán Castro Carrasco inició el último viaje de su vida pasadas las 7 de la mañana, manejando la máquina rumbo a la planta base situada en Las Esteras, comuna de Quilicura.
En el cruce de la Panamericana Norte con Américo Vespucio el conductor había recogido a su amigo Orlando Espinoza Andrade, quien era chofer de liebres Redbus, para acercarlo al terminal situado en el cruce San Ignacio.
"Los dos se conocían y eran amigos, porque esa empresa se encargaba de recoger la basura en la garita, así que cuando el Carrasco veía a mi compadre en la carretera, lo arrimaba a su trabajo", relató un amigo en común de los fallecidos.
No habían pasado ni 2 minutos del encuentro, cuando ambos vieron un automóvil blanco estacionado en el medio de la Panamericana Norte, frente al kilómetro 12,8.
Según la versión de Carabineros, Hernán Carrasco detuvo la máquina a un costado del vehículo y se bajó junto a su compipa, con la intención de ver qué le pasaba al chofer. Éste fue identificado como Alexis Banda Olivares, a quien sencillamente le había vencido la curadera y no encontró nada mejor que ponerse a dormir en plena Panamericana.
Lamentablemente, cuando los trabajadores se dirigían a despertar al borracho, de quien pensaron estaba enfermo, fueron atropellados por otro camión con acoplado que también era conducido hacia el norte por Juan Salinas Caro y que además impactó al auto.
Debido al gran tonelaje de la máquina Scania y al peso de la carga que llevaba -molduras de acero- los amigos murieron en forma instantánea. Tras el impacto fueron arrastrados y sus cuerpos quedaron tendidos a 20 metros uno del otro.
Apenas se enteraron de la tragedia, varios compañeros del chofer de Redbus llegaron al lugar, incluido el jefe de patio, Rafael Garrido. Todos lloraron la muerte de Orlando Espinoza, quien debía iniciar la primera carrera del día a las 07.30 horas.
"No podemos creer que por culpa de un curado mi compañero esté muerto. Era un buen amigo y excelente persona, con una voluntad de oro. Por lo mismo es que se bajó a despertar al tipo y lo atropellaron junto a Carrasco, a quien también conocíamos, porque iba a retirar la basura del terminal", relató José Labrín, quien es el encargado de echarles petróleo a las liebres.
Recordó que Orlando Espinoza había participado en la huelga de Redbus desde comienzos de abril, "pero se tuvo que descolgar, porque tenía que alimentar y vestir a su familia".
El chofer hace pocos días se había mudado a la comuna de Padre Hurtado, dijo otro de sus compañeros, junto a los cuales el fallecido ayer después del turno pensaba salir a divertirse y celebrar el Día del Trabajador.
Carabineros de la 49ª Comisaría de Quilicura detuvieron al ebrio que dormía adentro del auto, quien cuando fue llevado al chucho todavía no podía recordar lo que había pasado. También fue arrestado el camionero que arrolló a los trabajadores".
Los deudos colocaron las dos animitas vecinas, rodeadas de un pequeño grupo de arbustos junto a la autopista junto a un par de álamos cerca de la zanja. Esto es un poco más al Sur del acceso hacia el Parque Empresarial Aconcagua y, según mi impresión, son las primeras animitas que pueden encontrarse por el costado oriente de la Ruta 5, pasado el cruce con la Circunvalación Américo Vespucio.
Las animitas son distintas entre sí: la situada a la izquierda está revestida de baldosas y se ve más firme; la otra a la derecha, parece de madera, latón y materiales más ligeros. Sólo ésta lleva una inscripción visible, en una cruz que la corona: Hernán N. Castro Carrasco, dato que también me facilitó identificar a cuál de los muchos accidente de esta carretera pertenecían las animitas.
Con la cantidad de plantitas transplantadas alrededor de ambas animitas y la sombra de los árboles, contando álamos más lo que parece una rosa mosqueta, surgió un pequeño jardín rodeando a ambas casuchas... Homenaje floral póstumo a dos hombres trágicamente fallecidos en su propio Día del Trabajador del año 2004.

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