martes, 18 de diciembre de 2012

LOS "100 AÑOS" DEL PARTIDO COMUNISTA: ¿UN IMPOSTOR QUE CREYÓ SU PROPIA IMPOSTURA?

Mitin del Partido Obrero Socialista en calle Bolívar de Iquique, en abril de 1913 (Imagen de los archivos del Museo Histórico Nacional). Éste fue un antecedente del posterior Partido Comunista, pero difícilmente podría tomárselo como el mismo partido en dos etapas de su historia.
El Partido Comunista de Chile (PCCh) puede tener muchas razones para inflar el pecho en nuestra historia política: su contribución a los movimientos sindicales, su participación en las luchas de los derechos ciudadanos durante el siglo XX, el largo período en que capitaneará e influirá en mucha de la actividad cultural nacional, su subsistencia a prolongados períodos de proscripción y persecución, sus mártires y caídos, etc. Sin embargo, su reciente contrato y subordinación a ciertos ordenamientos del partidismo político en tiempos de crisis de representatividad de fuerzas -distribuidas en sólo dos conglomerados, además-, parece haber llevado al PCCh a recurrir (por su bien) a ciertos efectismos y truculencias con respecto a su propia historia.
Durante un breve período de acercamiento y simpatía al comunismo chileno, en los años ochenta, me tocó asistir a una pequeña ceremonia conmemorativa de estudiantes secundarios realizada un caluroso día de diciembre, en el marco del inicio de las celebraciones del aniversario 67° del entonces semi-clandestino PCCh. Si mal no recuerdo, esto fue en la salita de una central campesina llamada “El Surco”, cercana a mi liceo Manuel Barros Borgoño en el sempiterno Barrio Matadero. Es este recuerdo, precisamente, el que me inspira a pronunciarse sobre el PCCh a raíz de los sendos eslóganes que se han oído hasta no hace muchos días atrás, pudiendo sentirme inmune ya a los consabidos anatemas de “fascista” que caen sobre cualquiera que ose cometer semejante desacato a la corrección política en tiempos de irritaciones y radicalismos de pensamiento.
Pues sí, leyeron bien el número y no hay errata de mi parte: eran los 67 años que decía el PCCh iba a cumplir para ese verano de 1989 que se aproximaba, algo imposible considerando que ahora, en diciembre del año 2012, se celebraron los “100 años de lucha” del mismo partido con un pomposo espectáculo en el Estadio Nacional… El mismo lugar donde, hace 40 años, celebró con festejos aún más grandes y masivos sus 50 años… Los números y los años no coinciden, como puede observarse, y no cuesta demasiado comprender por qué.
Como un ejercicio de desempolvar memorias personales y aprender también a vivir con ellas, intentaré explicarme el meollo de este extraño asunto matemático y cronológico, para no remitirme a la mera y simple demostración de que la fecha de fundación del PCCh es otra, cosa que no representa un gran desafío para nadie.
Y, como todo lo que escribo, esto lo redacto más para complacer mi grafomanía que para tratar de convencer o rectificar a alguien, pues ya tengo claro que los dogmas políticos que demandan obediencia (es decir: todos), corren por un cableado telefónico bastante distinto al del resto de la realidad.
"Estatutos del Partido Comunista de Chile", c. 1924.
ANTES DEL PC: EL  PARTIDO OBRERO SOCIALISTA
Se debe ser categórico en aclarar de inmediato que el PC chileno fue fundado a inicios de 1922, lo que confirma que su edad cronológica es de 90 años y no 100, como pretenden asegurar ahora sus directores y sentarlo como hecho a través de la reiteración y la propaganda casi infantiles, parvularias. Más aún, su primer libro de estatutos fue publicado por una conocida imprenta litográfica de los años veinte, declarando allí y desde sus orígenes -dicho sea de paso- la profunda inspiración que tenía el conglomerado en la tiranía bolchevique de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), luego de la Revolución de 1917.
¿Cómo pudo el PC sacar de la nada, entonces, 10 años adicionales para agregarle a su cuenta de cumpleaños? Pues fácil: superponiéndose como el impostor del Caso Martín Guerre sobre el anterior Partido Obrero Socialista (POS), interesante y casi olvidado grupo de izquierda fundado por el mismísimo Luis Emilio Recabarren y Ramón Sepúlveda Leal, en junio de 1912, fundamentalmente con sectores sindicalistas y otros desprendidos del Partido Demócrata que ya marchaba tambaleante en aquellos años.
El POS dirige sus operaciones especialmente hacia el Norte Grande, donde la actividad salitrera ha motivado grandes movimientos sindicales que es urgente tomar, fortalecer y encausar en una lucha común.
No faltarán los que digan que el punto de contacto que permitiría esta vinculación “legítima” entre la hoja de vida del POS y el PCCh es la presencia del insigne Recabarren como fundador del mismo y que su línea original también sería comunista… Craso error: don Reca, que curiosamente alguna vez fuera férreo opositor al Gobierno de Balmaceda y defensor de la aristocrática Junta de Iquique durante su juventud, expresó en el diario “El Despertar de los Trabajadores” que el POS era un partido fundamentalmente marxista-sindicalista y de aspiración socialista. Además, nunca, jamás estuvo afiliado a la Internacional Comunista, al contrario de lo que pretenden asegurar algunos en nuestros días.
Cabe recordar, también, que el primer Secretario General del POS fue el propio Sepúlveda Leal, quien nunca se llevó bien con el ala más extrema y pro-soviética del izquierdismo, que lo acusaba de “moderado”, de trotskista y hasta de no ser un convencido del poder político de los sindicatos, conflicto que marcó después su definitiva ruptura con esta línea de la izquierda chilena más dura.
Reunión informal entre integrantes del PCCh en 1965. Imagen actualmente en las Colecciones del Museo Histórico Nacional.
¿CUÁNDO SE FUNDÓ EL PC CHILENO?
En los primeros días de 1922, pasada la persecución de la llamada “Guerra de don Ladislao”, fracasadas las aspiraciones presidenciales de Recabarren y cundiendo el afán de imitar e importar la Revolución Rusa a Chile, se realiza el famoso Congreso de Enero en el que el POS decide autoinmolarse para transformarse así en el Partido Comunista y afiliarse a la Internacional, cambiándolo todo para tales efectos: estatutos, métodos, estructura interna y discursos.
Algunos militantes salen ipso facto con la huella del PLR marcada en los pantalones. La adhesión exigida a las famosas “21 condiciones” resumen toda esta operación, e influye en ello el encantamiento de Recabarren con el sistema soviético, al que irá a conocer personalmente en un viaje, para volver a Chile dando sendas charlas y exposiciones en favor del mismo.
Hasta entonces, como se ve, el POS había sido un partido sindicalista popular, mientras que el PCCh se define desde su origen como un partido revolucionario y de inspiración soviética. Su primer Secretario General también fue Sepúlveda Leal, pero en otra prueba de las diferencias que mantenía con el ala dura que daría el perfil definitivo al partido, el dirigente debió lidiar estoicamente contra el fuego amigo que no lo consideraba un auténtico comunista, sino un mero socialista menchevique y después un trotskista, debiendo abandonar el partido en 1927 para fundar -seis años más tarde- el Partido Socialista, que ideológica y operativamente guardaba mucha más relación con el POS que con el PCCh.
La mutación del POS al PCCh involucró también mantener y completar el apoderamiento de los movimientos sindicales que (aunque los comunistas lo nieguen y lo renieguen) hasta entonces eran de inspiración más bien anarquista, especialmente influidos por la ideología acrática española, entre otras vertientes. Anarquismo que -dicho sea de paso- ya estaba en pugna con la influencia de la doctrina de los demás movimientos de izquierda, casi desde los tiempos de Balmaceda.
Además de explicar por qué el movimiento obrero existía en Chile desde mucho antes de la fundación del POS y del posterior PC, esta situación de conflictos bases también justificó parte de la ruptura que tendría lugar entre los movimientos anarquistas y marxistas chilenos dentro de la agitación sindical en las décadas que siguieron, muy en especial durante la post Segunda Guerra.
Sin embargo, al imponerse el stalinismo en la URSS a la muerte de Lenin en 1924, la Internacional Comunista se fue por la pendiente resbaladiza de la sovietización doctrinal y “rusificadora” con todos los partidos afiliados a los tentáculos del Komintern, desatándose una cacería interna de “reformistas”, de “aperturistas” y especialmente de los odiados trotskistas, todos tomados por traidores peligrosos que urgía arrinconar y expulsar defenestrados lo antes posible.
Curiosamente, este cambio fue aún más traumático que la transformación del POS al PCCh, que ahora obedecía con especial ceguera y sumisión estos dictados: incluso Recabarren cae víctima de este círculo inquisitivo, que se expande entre los comunistas de América y del mundo entero. Hasta se hablaba con asco de los “recabarrenistas” dentro del comunismo chileno, adjetivo que servía de acusación contra los enemigos internos.
Vilipendiado y desalojado por sus propios compañeros sin consideración a sus enormes sacrificios y esfuerzos personales por el bien del partido y del movimiento obrero, Recabarren, el recordado Don Reca, muere en un extraño y sospechoso suicidio en diciembre de 1924, cuando se aproximaba recién el tercer año de vida del PC de Chile. La religión de Josif Stalin se impone rauda y sin problemas, así, en el PCCh, y con esta línea enfrentará los cuadros mundiales de lucha de poder en la Segunda Guerra y el inicio de la Guerra Fría, incluso más allá de la muerte del sangriento y despótico tirano, antes de liberarse definitivamente de su sombra ya más cerca de nuestros días.
Invitación de la Unidad Popular a festejar el Cincuentenario del PCCh en el Estadio Nacional, el 9 de enero de 1972 (publicado el día 7 anterior en “El Clarín”).
Discurso de Volodia Teiteilboim y concurrencia al aniversario 50 del PCCh, en los actos realizados el 2 de enero de 1972. “50 AÑOS DE LUCHA POR EL SOCIALISMO”, dice la gran pancarta atrás del podio.
CUANDO EL PC CUMPLIÓ 50 AÑOS
Un hecho incontestable sobre la verdadera edad del PCCh y la conciencia que tenía este mismo partido de haber sido fundado en 1922 (y no antes), tiene lugar en pleno Gobierno de la Unidad de Popular, en los días del Presidente Salvador Allende: los festejos de los 50 años del Partido Comunista de Chile, realizados con sendos discursos de Luis Corvalán y Volodia Teiteilboim el día 2 de enero de 1972, en un escenario con un gran pendón a sus espaldas diciendo “50 AÑOS DE LUCHA POR EL SOCIALISMO”, seguidos de otro gran acto conmemorativo del día sábado 8 en el Estadio Nacional, tal como el celebrado recientemente pero con una matemática distinta a la del mundo de los hombres no iniciados en los ritos de la contabilidad revolucionaria.
Aunque existió abundante registro en prensa y televisión de aquellos multitudinarios festejos, en incluso mensajes oficiales del Gobierno de la UP para el PCCh por sus 50 años -todo poniéndose en enfrentamiento con los números ofrecidos hoy por la propaganda-, recomiendo echar una oteada a las publicaciones que hizo por entonces el muy oficialista diario “El Clarín”, que cubrió ampliamente las celebraciones y facilitó sus páginas para la publicidad del espectáculo ofrecido entonces en festejos de estas cinco décadas.
No deja de llamar la atención, particularmente, un mensaje con el que el Secretario General del PCCh, señor Corvalán, llamó públicamente a adherir a este gran aniversario de 50 años para el partido. Dice allí, en la publicidad del evento publicada entonces por la prensa proclive al gobierno:
“Celebremos los 50 años de lucha del Partido Comunista de Chile. Repudiemos el maridaje inmoral de momios y freistas. Defendamos el Gobierno Popular para que siga adelante con su programa en beneficio de Chile y de su pueblo.
Habla el Secretario General el Partido, Luis Corvalán”.
A  su vez, la representación de la Unidad Popular hizo publicar un mensaje de adhesión a las fiestas del PCCh que aparece en los siguientes términos, el 7 de enero de 1972 en “El Clarín”:
“La Unidad Popular invita a los militantes de sus partidos y movimientos al acto de masas con que los comunistas culminan la celebración de su Cincuentenario. Sábado 8. Est. Nacional. 16 hrs.”
Los matemáticas no numerológicas del mensaje de Corvalán y de la UP están en perfecta sintonía con la historia y línea del tiempo del PCCh, del cual el POS sólo puede ser un antecedente previo o vincular pero de ningún modo racionalmente directo a su propia existencia. Si la Democracia Cristiana chilena ha establecido, por ejemplo, una separación lógica y razonable de su historia entre su fundación en 1957 y la anterior Falange Nacional de 1935 a partir de la cual se gesta (y a pesar de que, en su caso, existe mucha más afinidad entre el falangismo y el posterior demo-cristianismo que entre el POS y el PCCh, como por ejemplo en su declaración base de principios programáticos), celebrando por ello sus 50 años de vida recién el año 2007, el ejercicio que hace el PCCh es exactamente el inverso: apoderarse de la historia del anterior POS para sumarla cuantitativamente a la suya.
Avisos publicitarios llamado a celebrar los “50 años del Partido Comunista” en enero de 1972.
Portada del periódico “El Siglo” del PCCh.
SANSÓN CON CALVICIE
Como se ve, se enarbola una mera impostura, a partir de un período que coincide justo con el tiempo en que el PCCh retorna a la legalidad… Y al parecer, ya estamos en el punto en que los propios comunistas se creen y justifican semejante patraña del centenario del PCCh.
Me consta que la decisión el PCCh de apoderarse de la historia del POS y aferrarse al cambio de cuenta de años de vida del partido es, pues, algo relativamente reciente, gestado gradualmente desde que tiene lugar la caída el Muro de Berlín y se derrumbaba por su propio peso esa artificial maquinaria de la URSS, en 1991, obligando al comunismo a refugiarse políticamente sólo en la trinchera del discurso latinoamericanista y al tiempo que agita banderas instrumentales (sindicalismo, derechos humanos, educación, igualdad de género, ecología, desigualdad social, etc.).
Desde el año 1989, además, hubo en el comunismo chileno un alejamiento masivo de simpatizantes más jóvenes (entre los que, quizás, deba contarme también), especialmente estudiantes de media vinculados de un modo u otro a organizaciones como la Federación de Estudiantes Secundarios (FESES).
El PCCh de los días en que retorna la democracia al país está, así, a la deriva: busca aferrarse a la tabla de los náufragos y echa mano a toda la neomitología política americana de Ugarte a Galeano como salvavidas, la misma que hasta poco antes había sido sólo un accesorio en el discurso de eje fundamentalmente bolchevista del partido, incluso cuando intentaba renegar del otrora venerado Stalin. Curiosamente, además, es el mismo discurso que alguna vez le reprocharon a Recabarren y a los peyorativamente llamados “recabarrenistas” dentro del mismo partido, para referirse a esta ala influida también por movimientos continentales como el iniciado por al argentino Juan Bautista Justo, desde los días del Centenario.
Como dijo Luis Guastavino al tener que abandonar al PCCh (donde fuera perseguido por pedir más democracia dentro del partido, justamente), la caída de los regímenes bolcheviques fue para el comunismo “como cortarle el pelo a Sansón”.
Sólo entonces, en tan adverso escenario y tras esta debacle soviética, en el interés de zafarse del prolongado pasado sumiso ante el bolchevismo y de la ciega devoción que alguna vez se tuvo por la Rusia de Stalin, Beria o Kaganovich, los comunistas chilenos comenzaron a abandonar las señales explícitas de su inspiración en este desmoronado régimen soviético, pretendiendo asirse de la historia del POS para ofrecerla como datos germinales del partido y así sacarse de encima la sombra siniestra por la que se juraron todo a partir del período 1922-1924. De ahí el “milagro” de los 10 años adicionales que aparecen en su vida, desde la nada, atropellando la propia cuenta de velitas de torta que llevaban hasta hace poco.
En fin: en la política, la realidad corre por un sentido distinto que el de la verdad; lo sabemos. Sin embargo, no puede esperarse que todos podamos volar tan bajo como para tragar entero el cuesco de palta de los “100 años de lucha” metido en el sándwich del cumpleaños, que en realidad no ha sido de “100 años” y que, en cierta forma, muchas veces fueron más “de lucha” interna que aquella por la búsqueda de los nobles objetivos de igualdad o justicia social de los que el PCCh se declaraba adalid, como lo hubiese querido don Luis Emilio Recabarren.

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