viernes, 2 de marzo de 2012

LAS AVENTURAS DE UN "SEÑOR DE LA ESCENA" ADENTRO Y AFUERA DEL TEATRO

(Fuente imagen: revista "Ecran")
Alejandro Flores Pinaud fue apodado en vida como "El Gran Señor del Teatro Chileno", "El Primer Actor del Teatro Chileno" y "El Señor de la Escena"; y es que en realidad se trató de un auténtico gentleman de estas artes, poseedor de una cultura vastísima, de una capacidad multifacética envidiable y de un nexo prodigioso con el mundo de la intelectualidad, similar al que tuvieron otros grandes hombres también relacionados con la historia del teatro chileno, como Pedro Sienna, Armando Moock, Aurelio Díaz Meza y Juan Pérez Berrocal.
Sin ser un Adonis criollo, Flores llegaría a causar extraordinario atractivo en las jovencitas y la admiración de los varones en la época, convirtiéndose en un icono de masculinidad para su generación. A su elegancia y su estampa, se sumaban sus virtudes como actor, periodista, dramaturgo, hombre de radio y poeta. Las niñas quinceañeras de su tiempo solían llevar escrito en todos sus álbumes y cuadernos los versos de un popular poema suyo, titulado "Señor", y que decía en sus más famosas líneas: "Señor, hace ya mucho tiempo que el dolor de la carga / ha astillado mis hombros y ha curvado mi espalda"... Más abajo lo reproduciré completo.
He aquí un poco sobre la historia de este hombre extraordinario, múltiple, talentoso en todo lo que hizo en el escenario y tras bambalinas, y autor de grandes obras que han quedado en el registro de oro del teatro nacional, como "La comedia trunca", "Y paz en la Tierra", "La Nueva Marsellesa" y "A toda máquina".
LOS INICIOS
Flores nació en Santiago en el 9 de febrero de 1896, en una familia vinculada a la música y la intelectualidad. Estudió en el colegio Patrocinio de San José y luego en el San Pedro Nolasco, incluso intentó entrar a la Escuela Militar, pero su naturaleza aventurera le llevó a abandonar los estudios y probar más en los dictados del alma. Era un muchacho seducido desde temprano por la literatura y la historia, de un intelecto formidable.
Sus primeros pasos en las artes del escenario la dio coqueteando con las Compañías de Sainetes y Revistas, que eran de orientación más popular que otras manifestaciones de teatro más tradicional. Había tenido también, pequeñas participaciones como aficionado en el Teatro Excélsior, que quedaba cerca de su casa y donde recitaba poemas. Veremos que la poesía siempre acompañó su carrera y su vida.
Entrevistado por la famosa revista de cine y teatro "Ecran", de mayo de 1930, Flores decía haber entrado al mundo de la actuación profesional en 1914, cuando fue contratado como primer cómico y director de una compañía compuesta por los destacados hombres de espectáculos Carlos Cariola y Rafael Frontaura, en la que participaban también Guillermo Gana, Hurtado Borne y otros, para el célebre Teatro Politeama que se situaba detrás del Portal Edwards, en la Alameda. Fueron célebres sus presentaciones allí hacia 1916, y otras posteriores en escenarios igual de populares, como el Teatro Nacional o el Teatro Balmaceda de Mapocho. Era, además, una época en que los actores no tenían grandes escuelas de profesionalización o academias, haciéndose prácticamente solos en este oficio, pero en la que aparecieron muchos nuevos dramaturgos y compañías que por sí mismas crearon la necesidad de dar institucionalidad a la actividad.
En 1915, Flores había sido contratado por el gran Aurelio Díaz Meza, quien lo llevó a su compañía que hacía presentaciones en el Teatro Nacional, posteriormente llamado Alhambra, colocándolo definitivamente al camino derecho hacia la fama, aunque aún le quedaban aventuras y tropiezos en el camino. Al año siguiente, viajó a Valparaíso trabajando también como corresponsal para algunos diario del Sur de Chile y asumiendo como director de una sociedad de actores amantes del teatro, con la que daban alguna velada de vez en cuando y "sin grandes pretensiones", según sus palabras.
LA AVENTURA EN PERÚ
Una noche con sus amigos en el puerto, los asociados dieron una función en honor al poeta, escritor y actor español don Bernardo Jambrina, que se hallaba de visita en la ciudad con su famosa compañía. Flores se presentaba en estas ocasiones recitando algunos de sus poemas y actuando, y causó tal impresión en Jambrina que éste decidió contratarlo esa misma noche, para que actuara como actor cómico en "Matrimonio interino" y como arlequín en "Los intereses creados".
La compañía realizó una gira exitosa por el Norte de Chile, pero al pasar a Perú y llegar a presentarse en Lima, vino el descalabro. Los actores y miembros del equipo apenas recibían dos pesos diarios por remuneración. Para peor, Flores cayó en el vicio del juego y comenzó a gastar su escaso dinero en una casa de apuestas china. Fue una época amarga que, quizás, marcó parte del pensamiento de Flores siempre manifestado en favor del gremio de los actores.
"Un grupo de amigos, muchachos artistas y bohemios -confesaría a "Ecran"-, me acompañaba a un café en que por cincuenta centavos nos daban una taza de café y por otros cinco, una copita de pisco. Era todo mi alimento. Durante los ensayos dormía; me desquitaba de las vigilias obligadas, y venía a darme cuenta que debía hablar, cuando escuchaba, algo lejana, la voz de Jambrina que decía: 'Vamos Alejandro, ¡que te duermes!' Cuatro meses duró esta tragicomedia, y al cabo de ellos se me abrió el horizonte cuando pudimos regresar".
De vuelta en Chile, en Antofagasta, la esposa del señor Jambrina enfermó obligándole a regresar a España, por lo que Flores se desvinculó fundando una nueva compañía con Amanda Gutiérrez, con el que también llegó a tener bastante éxito. En esta ciudad, había podido estrenar su primera obra propia: "El derrumbe". Y aunque volvió a trabajar varias veces más con empresarios del medio como Cariola y Frontaura, luego de las descritas experiencias su currículo comenzó a adquirir mucha más autonomía y amplitud.
Cabe añadir que, además de la precariedad y vulnerabilidad en que se hallaba la actividad teatral, ésta era una época en la que dominaban las tablas nacionales prácticamente sólo actores españoles, que contrataban a los chilenos en papeles secundarios o cómicos, tendencia que dominó al rubro hasta más o menos 1918. Era algo que el propio Alejandro Flores se encargaría de revertir, como veremos, comenzando a fomentar la fundación de compañías nacionales y la organización de artistas chilenos.
NUEVAS AVENTURAS Y ANÉCDOTAS
Un tiempo después, Flores regresó a Valparaíso con la idea de fundar una compañía esencialmente chilena, insistiendo su idea a la Sociedad de Autores, hasta que la propuesta fue acogida por Enrique Báguena y Antonio Bührle, creando un conjunto con el propio Flores como actor. Realizó allí una gira con éxitos y caídas durante el año 1918, viviendo experiencias tales como la de actuar en Tomé en una bodega de pipas de vino que fue habilitada como teatro y usando barriles y tablones para improvisar un escenario.
Durante la misma gira, pasaron por La Unión presentando "Nuestras víctimas", en un gimnasio y sobre un escenario esta vez armado con caballetes y paralelas. Sin embargo, como no había un lienzo suficientemente grande para cubrir todo el armatoste que se había hecho en el montaje, quedaba al descubierto parte de los equipos y un muchacho del público con afán de figuración, constantemente se subía en las paralelas tratando de hacer sus alardes de deportista, en plena función. Para peor, era un día de intensa lluvia y poco público, por lo que Flores y sus colegas decidieron cambiar la obra por "Hijos artificiales" pero sin alcanzar a dar aviso ni anunciar la modificación de la cartelera, así que los pocos asistentes creyeron aquella noche haber estado viendo "Nuestras víctimas" y después la elogiaron con sus críticas con ese nombre.
Con esta natural inclinación a las aventuras y experiencias como las descritas, el inquieto Flores fundó en 1920 un nuevo grupo teatral, esta vez con Ross, que partió hacia Punta Arenas en el marco de las celebraciones del aniversario de Magallanes. Otra anécdota con saborcillo a penuria les aguardaba allá:
"Nos iba divinamente, cuando llegó el infante don Fernando, y las recepciones oficiales se llevaron palcos y plateas y los festejos populares los quitaron la galería, y se embromó el negocio. Me vi obligado a escribir dos revistas, una de las cuales se llamó 'Gloria a Magallanes'".
Además de su tendencia vernácula al desafío y la odisea, el actor se distinguía también por no ser un marcador de movimientos y por a veces ni siquiera memorizar sus líneas, confiando todo al apuntador y prefiriendo jugar con cuñas de morcillas ingeniosas y tallas improvisadas que agradaban al público, pero que causaban escozor entre los universitarios y críticos teatrales más graves.
Fotografía autografiada e imagen del filme "Norte y Sur" de 1934, con Hilda Sour (Fuente imagen: Revista "Ecran")
ENTRADA EN ARGENTINA
Tras estas nuevas correrías artísticas, Flores marchó hasta Argentina en la Compañía Mario-Padín, en 1921, donde le esperaba uno de los períodos más fructíferos de su vida consagrada al arte escénica y su salida al mercado cultural extranjero, ya que esta experiencia fue mucho más grata que la de Perú y también le permitió hacer presentaciones con grupos de actores en Montevideo. En muchos aspectos, el ambiente platense fue mucho más gratificante para él que el de su suelo natal, de hecho.
 
Sus primeras presentaciones en tierra argentina las hicieron en un teatro de La Plata vecino al local de confites de un maestro y comerciante pastelero. El actor recordaba que, apenas se enteró de que venía la compañía de chilenos, el pastelero llenó sus estantes de buenos y variados licores embotellados, creyendo que haría el negocio de su vida. Craso error: ninguno de los actores de la compañía bebía, razón por la que, desde ese momento, les cobró "un odio cordial y sostenido" a los artistas chilenos.
Allá pudo estrenar también su obra "Cuidámela vos, hermano", con Vittone-Pomar, seguida de "La película de Roro", con Morganti-Gutiérrez. Después, fue la oportunidad de "Malhaya tu corazón", con Blanca Podestá, y "Match de amor" con César Ratti. Su actividad se vuelve vertiginosa en este período: en 1922, logró actuar como el primer galán de Silvia Parodi, retornado a fines de ese mismo a Chile y fundando una nueva compañía propia, con la que recorrió desde Arica hasta Magallanes. Ese mismo año, conoció a Carmen Moreno Coffré en la gira Argentina, destinada a ser la mujer de su vida, con la que contrajo matrimonio y vivió hasta sus últimos días, aunque sin tener descendencia.
El ritmo profesional se mantiene, en tanto: sigue en 1923, ocasión en la que fue galán en el grupo de Enrique de Rosas; en 1925, ya era primer actor de Blanca Podestá; al año siguiente, primer actor del Teatro Sarmiento; y en 1927, primer actor del Teatro Cervantes con Fanny Brena.
CONSAGRACIÓN TOTAL
Fue tal el éxito de Flores que, por esos días, se ganó el título que le acompañaría toda la vida, junto a varios más igualmente elogiosos: Primer Actor del Teatro Chileno, siendo considerado una estrella aquí y en Argentina.
En febrero de 1928, Flores inició la primera temporada de su recién fundado Teatro la Comedia, cosechando de inmediato éxitos y proyecciones auspiciosas. La Compañía Nacional de Comedias fue conocida con su propio nombre, inclusive. Dos años después, el 16 de mayo de 1930, estrenó en la sala la obra "Karl y Anna" de Leonhard Frank, donde actuarían Venturita López Piris (la primera actriz), Rafael Frontaura, María Llopart, Elvira Flores, Carlos León, Guillermo Carvallo, Pablo Vicuña, Roberto Settier, Plácido Martin y Roberto Moller. Poco después, estrenó allí también "La Compañerita", escrita por él y Frontaura.
Ese mismo año de 1930, fue comprometido a actuar en el papel protagónico de la primera película sonora de Chile (y de América del Sur o incluso América Latina, según algunas fuentes): "Norte y Sur", de Jorge "Coke" Délano. Trabajó allí con Hilda Sour, Guillermo Yanques y varios de los colegas y amigos que lo habían acompañado ya en las tablas. El filme fue estrenado cuatro años después.
Su versatilidad era asombrosa, además de su inagotable capacidad de seguir destinándole al teatro su creatividad y empeños siempre frescos y vigentes, como lo comentara por entonces para la señalada revista "Ecran":
"...estoy dispuesto a continuar laborando por el teatro nacional y mantener la confianza que me ha dispensado el público, estrenando siempre lo mejor de cualquier producción y renovando el repertorio según las exigencias de la cultura imperante".
Sus presentaciones todavía se hacían en Santiago y provincias, alternando temporadas. Hacia 1942, además, asumió como consejero de la Dirección Superior del Teatro Nacional y el Ministerio de Interior le encargó efectuar una obra que paseó por el país, haciendo su última presentación en Santiago, en el Teatro Municipal. No estuvo exento de críticas ácidas a su trabajo como actor y poeta, sin embargo, a pesar de que ya entonces era proclamado como un artista excepcional y fuera de serie. Algunos han alegado, con buenas razones, que el reconocimiento que tuvo en Chile no fue enteramente suficiente ni proporcional a su obra.
EN LA POESÍA
La poesía siempre fue otra actividad a la que dedicó parte de su tiempo y su inspiración, durante todos aquellos años, apareciendo en libros como "Alondra" (1928) y "Oración del siglo" (1936). Los versos de su autoría tuvieron enorme trascendencia y llegaron a integrarse a los cancioneros de la música tradicional de América Latina, de hecho.
Un caso particularmente interesante es el de su poema "Sapo trovero", que sirvió de base a la célebre canción "Sapo cancionero" que algunos atribuyen erróneamente a alguno de los varios autores argentinos que la han hecho famosa con la siguiente letra adaptada:
Sapo de la noche, sapo cancionero
que vives soñando junto a tu laguna
tenor de los charcos grotesco trovero,
que estás embrujado de amor por la luna.
Yo sé de tu vida sin gloria ninguna,
sé de las tragedias de tu alma inquieta
y esa tu locura de adorar la luna,
que es locura eterna de todo poeta.
Sapo cancionero
canta tu canción,
que la vida es triste
si no la vivimos con una ilusión
que la vida es triste
si no la vivimos con una ilusión.
Tu te sabes feo, feo y contrahecho,
por eso de día tu fealdad ocultas,
y de noche canta tu melancolía,
y suena tu canto como letanía.
Repican tus voces en franca porfía
tus coplas son vanas como son tan bellas,
no sabes acaso que la luna es fría
porque dio su sangre para las estrellas.
El famoso poema "Señor", del que algo ya dijimos, también fue musicalizado y convertido en canción tradicional que figuró en el repertorio de artistas como Eugenio Moglia y Jorge Yáñez:
Hace ya mucho tiempo que al dolor de la carga
se ha curvado mi espalda y astillado mi hombro,
y, a pesar que mi senda día a día se alarga,
ni suplico tu gracia, ni siquiera te nombro.
Yo jamás te pedí me tendieras tu mano
para hundirme en la tierra o treparme a la cumbre;
yo jamás imploré tu poder sobrehumano:
me bastaba el sencillo poder de mi lumbre.
Fui rebelde, Señor, pero tú te vengaste;
y fue cruel la venganza y el dolor que me diste;
me llevaste a la amada que tu mismo formaste
como el agua de clara, como todo de triste...

Fue una noche de enero, tibia, azul, luminosa;
su alba carne de ensueño palpitó estremecida
al sentir en su vientre la tortura gloriosa
de otra vida pequeña que llegaba a la vida...
Con la fe más intensa, con la unción más profunda
te dijeron sus labios la plegaria de amor:
“¡Fortalece Señor mis entrañas fecundas
y hazle blando el camino a este nuevo dolor!”
¡Nunca, nunca, Señor, otros labios hubiste
que tu gracia imploraran con más honda emoción!
¡Nadie nunca ha rogado como ella, la triste,
por el fruto bendito de su amor, todo amor!
Pero tu no escuchaste... Su plegaria bendita,
hecha lágrima y sangre y empapada en piedad,
se perdió sollozando en la noche infinita...
¡y sus ojos cerraste para siempre jamás!
¡Es por eso que ahora, que mi labio te nombra,
la palabra me sale dolorosa y amarga,
porque siento que grita su recuerdo en la sombra
y la pena se ahonda y el camino se alarga!
¡Es por eso que vago por senderos sin luces,
encorvado en la tierra donde duerme mi amor
y en la paz de la noche yo me tiendo de bruces
y me abrazo a la tierra como a su corazón...!
Flores también grabó, hacia 1930, algunas canciones poniendo su impecable y rotunda voz. Sin embargo, en nuestros días es prácticamente imposible encontrar esas grabaciones, celosamente guardadas quizás en los estantes de más de algún coleccionista.
HACIA LOS AÑOS DE MADUREZ
Enfrentado a la madurez en la vida, Alejandro Flores también comienza a hacer públicas sus reflexiones sobre el estado del teatro y algunos de sus aspectos de interés gremial, que él conocía bien por experiencia en estas aguas:
"No hay una sala exclusivamente dedicada a los actores -dijo, una vez-. Tampoco tenemos la 'Casa de los Artistas'. Hay que eliminar las angustias a que nos someten los empresarios..."
En efecto, Flores comenzó a desarrollar una lucha sostenida a la que nunca renunció, buscando garantizarle a los artistas chilenos una previsión y un lugar de protección digno de sus esfuerzos y su trabajo, aspecto que había quedado truncado y atrasado en el proceso de desarrollo y profesionalización del teatro nacional, del que él había sido impulsor.
El año 1943 volvió a viajar a Argentina, ocasión en la que incursionó con éxito en la radio y en el radioteatro, donde interpretó una obra positivamente criticada sobre la vida del músico Paganini. Aunque no era un gran interesado en el cine, participó allá de una segunda película en su vida, titulada "Su esposa diurna", de Enrique Cahen Salaberry, estrenada en 1944 y donde interpretó a un entomólogo amante de las mariposas que definiría como el "más ingenuo" de los papeles de su carrera.
Al año siguiente, participa en Chile Films de su tercer y último trabajo como actor de cine: "La casa está vacía", de Carlos Schlieper y donde actuó con Chela Bon, una notable actriz chilena cuya hermana Alicia fue la víctima en el famoso asesinato en la calle de Pedreros en 1944, y que se mudó a California después tratando de continuar su carrera, viviendo allá hasta su fallecimiento el año 2010. En 1946, Flores retornó a Buenos Aires con la gira artística de la obra "Celos", que durará por casi un año, demostrando la vigencia que mantenía en el país vecino.
Sin embargo, su intelectualidad le llevó a combinar estos años con sus demás pasiones, como la lectura y la historia, de la que era un fanático consumidor de libros y material de colección, especialmente en lo relacionado al período de la Independencia, la Patria Vieja y sus héroes. Su casa parecía un museo consagrado al recuerdo de aquellas luchas emancipadoras, y el Instituto O'Higginiano de Rancagua lo había designado miembro activo y honorario, pues Flores había donado a ellos muchas reliquias y piezas valiosas de sus colecciones. También fue, con su esposa, el creador del Museo de la Patria Vieja de Rancagua en una bellísima casona-pilar que ambos compraron en 1946 para residir algunos años y que, en 1950, les permitió fundar allí el museo, con una inauguración a la que asistió también el Presidente Gabriel González Videla. Hoy perteneciente a la DIBAM, el museo había permanecido largo tiempo en ruinas hasta 1995, cuando fue restaurado y reabierto, formando parte del Museo Regional de Rancagua.
(Fuente imagen: revista "En Viaje").
RECONOCIMIENTOS Y PREMIOS
En 1946, Flores recibió en su patria el galardón más importante al que podía aspirar como hombre de las tablas: el Premio Nacional de Artes. Como era el tercer premio de este tipo que se ofrecía desde su creación, en 1944, se comprenderá la cantidad de otros dignos candidatos al galardón que Flores fue capaz de superar por prestigio y su trayectoria. El suyo fue, también, el primer premio de este tipo dado a un artista de teatro.
Aunque este reconocimiento fue ampliamente celebrado en el ambiente teatral chileno, a fines de ese año, entrevistado ahora por doña Marina de Navasal, admitió la proximidad de su retiro de los escenarios, algo que, sin embargo nunca llegó a suceder, para fortuna de la actividad artística en Chile:
"A veces resulta desagradable. Tengo treinta años de actuación teatral y por eso mucha gente cree que soy matusalénico. A veces un señor entrado en años y en achaques me comenta: 'Me acuerdo de que cuando yo tenía mis treinta años, Ud. presentaba...'; yo, por mi educación, no le destaco que cuando era treintón yo estaba bajo los veinte años. Me retiro porque estoy cansado. No me quejo de mi público, que me es fiel".
Su dinamismo por todo el país lo hizo querido en toda su geografía y merecedor de otros premios. En 1947, la Municipalidad de Valparaíso lo declara Hijo Ilustre de la Ciudad; dos años después, la Municipalidad de Concepción lo condecoró. Quizás no fueron tantos galardones como los que merecía, pero sin duda reflejaron el valor indiscutible de su obra.
Nunca pudo retirarse, por eso, a pesar de sus amenazas. Ni siquiera el cierre de la Compañía Nacional de Comedas que llevaba su nombre, en 1960, lo persuadió de abandonar su pasión. Amaba demasiado al teatro y el aplauso del público como para abandonarlo. Después de sus declaraciones, realizó una temporada de obras de Alejandro Casona con Frontaura, en el Teatro Imperio. Después hizo apariciones con Silvia Oxman, temporadas en el Petit Rex, en la Sala Cervantes con la obra "Dos para un recuerdo", en el Teatro SATCH (futuro Cariola) con "El Baile", además de una temporada final con "Así es la vida" y "Ferdinand Pontac".
LA PARTIDA
Flores se hallaba preparando una nueva temporada Teatro Chileno, una obra de base revisteril titulada "Los megatones del sultán", cuando su proyecto se cruzó con el del destino. El corazón había comenzado a fallarle, con varios episodios peligrosos. A inicios de 1961, sufrió uno de sus más graves ataques cardíacos, llegando de urgencia a la Asistencia Pública. Fue internado y permaneció hasta recuperarse luego de este roce con la muerte. Fue dado de alta con las advertencias correspondientes, pero sólo había conseguido una breve prórroga de vida...
La muerte regresaría "a buscarlo en medio de la popularidad y la gloria", como diría un editorialista por entonces. Golpeó su puerta en Maipú, pero esta vez fue más rápido y sin segundas oportunidades, en la Posta Central de la Asistencia Pública...
El miércoles 3 de enero de 1962, pasados los festejos del Año Nuevo, cayó en colapso otra vez y fue internado. Se creía que estaba todo mejorando, sin embargo. El día 5 fue visitado por sus colegas, empresarios y artistas, intentando convencerlo de suspender o postergar "Los megatones del sultán" hasta su total mejoría, pero él se negó y les conminó a seguir adelante con los ensayos, pues sentía que se repondría pronto. El Director del Servicio, el Dr. Bahamondes procuró darle cuidados personalmente a su ilustre paciente, mientras tanto.
En la mañana siguiente, a las 9:23 horas del sábado 6 de enero de 1962, el Día de la Epifanía y los Reyes Magos, el infarto final se llevó la existencia de Alejandro Flores Pinaud. Su esposa Carmen Moreno le acompañó estoicamente en este drama real, junto a su lecho de muerte, hasta el último segundo de vida que quedó en su amado esposo, que había partido a los 66 años.
La noticia causó consternación instantánea en su medio artístico, como también en cada hogar chileno, ya que era un hombre sumamente querido e identificado como el mejor actor de toda nuestra historia. "Cae el telón por última vez para Alejandro Flores", tituló el diario "La Tercera"; y en páginas centrales: "La Patria llora al Señor de la Escena". El Teatro Cariola, la ex Sala STACH rebautizada en homenaje a su entonces recientemente fallecido empresario fundador y amigo de Flores, habilitó su sala en el hall central para colocar allí los restos del maestro y recibir el adiós en el sepelio. Hoy, la segunda sala del Teatro Cariola, por entonces llamada Teatro Talía, lleva el nombre de Alejandro Flores.
 
En su lecho de muerte, acompañado hasta el último minuto por su leal esposa (Fuente imagen: diario "La Tercera de la Hora").
LA DESPEDIDA
Su velatorio y funeral, con carácter de Estado, fueron un evento de extraordinaria concurrencia, a la que asistieron miles de personas entre representantes de Gobierno, de la Iglesia, dirigentes sociales y exponentes de todas las actividades artísticas y culturales, siendo despedido por su leal público en una inmensa caravana que acompañó su ataúd dentro de un carromato.
En el cortejo iban el escritor Benjamín Morgado, el actor Alejandro Lira, el cómico Luis "Monicaco" Rojas Müller. Estaban también el Presidente de la Sociedad de Escritores don Rubén Azócar, el Regidor Ramón Alarcón, la cantante Ester Soré y el Presidente del Sindicato de Actores don Alejo Álvarez, quien se refirió allí a su colega como "uno de los más altos valores espirituales". El Senador Radical Humberto Aguirre Doolan también se hizo presente y dio su discurso, en representación del Instituto O'Higginiano; y el General (R) Carlos Spoerer, por la Sociedad Bolivariana. Agustín Siré, Emilio Loyola, la escritora Patricia Morgán, Jesús Miño por los artistas suplementeros, Rubén Vásquez por "los intelectuales pobres" y Julio Fajardo por los actores peruanos, también se hicieron presentes. Hasta el Presidente de la República, don Jorge Alessandri Rodríguez, envió a su Edecán manifestando sus condolencias.
La ceremonia comenzó a la 10:30 en el Teatro Cariola, desde donde salió el cortejo, seguida de una misa en la Iglesia de San Francisco. Así informó "El Mercurio" sobre aquella procesión:
"El cortejo de varias cuadras de largo pasó por calles atestadas de público y en medio de escenas de dolor protagonizadas por admiradores del ilustre artista... Cuando el cortejo llegó hasta San Francisco, la multitud había aumentado en volumen y fue necesario entonces desviar el tránsito hacia la calzada norte de la Alameda".
Pasaron por el Teatro Municipal, repletándolo, para presenciar allí un homenaje en nombre de la Municipalidad de Santiago. Durante la triste caminata hacia la Plaza de Armas, los caballos fueron desenganchados y 50 de sus amigos actores tiraron la carroza por tres cuadras en la calle Puente hasta el obelisco-pirámide del puente del Mapocho, enfilando por la avenida La Paz al paso de las floristas, hacia el Cementerio General. La muchedumbre se acumuló a los lados de la avenida, aplaudiendo y llorando al fallecido, y repletó la Plaza de las Columnatas frente al Panteón con la estatua de La Piedad, donde se levantó una tarima que ocuparon varios oradores, entre ellos el Ministro de Educación don Patricio Barros Alemparte, quien calificó a Flores -en su sentido discurso- de la siguiente manera:
"...hijo querido de la Patria, que llora la partida del Señor de la Escena... caballero del ensueño y poeta que cantó al amor y a la mujer".
Al terminar su colofón el ministro, un clarín de la Escuela de Carabineros tocó el "Adiós" y, tras cinco horas desde iniciada la jornada de despedida, sus restos se marcharon al descanso eterno, en el Mausoleo de la familia Moreno. "Alejandro Flores en la eternidad", titularía después la revista "En Viaje" al rendirle un homenaje póstumo en sus páginas.
Multitudinarios funerales de camino hacia el Cementerio General, por avenida La Paz (fuente imagen: diario "La Tercera de la Hora").
EL LEGADO
Flores fue un artista dedicado desde lo profundo al público y al teatro netamente chileno, y no a los críticos que exigían un teatro más universal, pues decía él que si intentase satisfacer a los "criticoides", sucedía entonces que "el público me llama mal patriota, mal chileno".
A diferencia de algunos artistas de generaciones posteriores, que parecen considerar una desgracia para su ego el haber caído nacidos en este país y no en los grandes centros neurálgicos de las artes internacionales, Flores amó inmensamente a Chile y hasta condicionó las proyecciones de su carrera a la necesidad de estar siempre en contacto con la tierra que lo vio nacer. Y a pesar de su enorme intelectualidad y cultura, siempre se inclinaba a un teatro más popular o más emocional, pero no por ello vulgar o sin refinamientos.
Su legado esencial e imperecedero, sin embargo, fue que gracias a su infatigable iniciativa fundando compañías y moviéndolas en giras, los actores chilenos pudieron dejar atrás la contratación como meros segundones en las empresas extranjeras de espectáculos y revistas humorísticas, dando pie así al teatro auténticamente propio, nacional, surgido en los años posteriores al Primer Centenario. Esto facilitó el aprendizaje, la introducción de métodos y la creación de escuelas, siendo en este impulso que se formaron estrellas de nuestras candilejas como Lucho Córdoba, Pepe Rojas, Venturita López Piris y tantos otros precursores del teatro contemporáneo chileno. Siempre ayudaba a los jóvenes a formarse y profesionalizarse, además, por lo que su trabajo fue un semillero para innumerables nuevas figuras que fueron la base de la actividad en su época.
Y es que, quizás, como bien reflexionara don Mario Cruz en los días de la muerte del maestro: "Sí, porque Flores fue el teatro chileno... Fue mucho, muchísimo más de lo que se podía esperar de un hombre".
Versión original del "Sapo Trovero" de Alejandro Flores, interpretada por "Los Moros" con Jorge Yáñez (Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=BsyGFwMf0BA)

2 comentarios:

ivo eddie zaro trabucco dijo...

Siempre, para mí, fue un gran actor y además un gran poeta. Recuerdo muchos de sus poemas porque en mi casa, cuando era niño, habían muchos discos de él recitando sus poemas todos muy hermosos. Recuerdo entre otros. "La oración de nuestro siglo" , Presentimiento" " A una costurera" "Tus Ojos" "La flor del jacaranda" "Alondra" "La flor" Y muchas otras. No entiendo como, nunca fue considerado como además de un gran actor ver también al enorme poeta que había en él. Necesito por favor, si alguien tiene esos poemas, se reedite ome los haga llegar para recordarlos bien yo. Cordialmente, Ivo Zaro Trabucco

natalia yañez dijo...

Mi tata Raúl Guzmán era su primo y hasta que partió, oi las historias que contaba de Alejandro componiendo en la quinta de San Francisco Mostazal. Lo admiraba tanto! Que me emociona leer de el, me hace recordar con más fuerza la voz de mi abuelo y lo orgulloso que estaba de su primo querido.

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