lunes, 24 de octubre de 2011

"GLORIAO": EL TRAGO DE LOS MUERTOS

"El velorio del angelito" de Arturo Gordon. El origen del gloriao podría estar asociado a los ritos y antiguas tradiciones de esta clase de funerales de niños pequeños.
Existen y existieron varios tragos dulces chilenos a base de aguardiente, cuyos nombres derivan del arcaísmo lingüístico que persisten en nuestra forma de hablar el castellano, con la tendencia nacional a comerse la "D" de la última sílaba. Ejemplos de estas denominaciones son el famoso apiao (de apio), el murtao (de murtas o murtillas), el guindao o enguindao (de guindas) y el avellanao (de avellanas), entre otros. Por lo general, se trata de maceramientos de estas frutas o vegetales por algún tiempo dentro de aguardiente, a la que después se azucara y se agregan otros ingredientes a modo de especias. Han sido especialmente populares en el ambiente de la cultura rural de Chile.
Hay uno de ellos muy apropiado para este próximo 1° de noviembre, sin embargo, tradicional Día de los Muertos heredado de costumbres paganas druídicas (Samhain) y que coincide hoy con el Día de Todos los Santos, pues parece que la Iglesia Católica nos trasladó a regañadientes la fiesta al día 2, eufemísticamente llamada Día de los Difuntos. Y el trago de marras es el gloriao, una curiosa bebida de nuestras antiguas tradiciones campesinas adoptadas por la ciudad y que se asoció al momento más triste de la vida familiar, correspondiente a la despedida de un ser querido... Pura expresión necromante en un vaso.
El nombre del gloriao tiene también una razón profunda: si bien no corresponde a los ingredientes con que se prepara como en otros casos, apela a la Gloria Eterna en que se desea el descanso de cada difundo que provocaba el brindis de adiós con esta bebida de color dorado. El mote parece estar tomado directamente del cierre de la oración Gloria Patri:
Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
En otras palabras, el gloriao es, entonces, el trago propio de los muertos en la tradición chilena: para ellos, con ellos y por ellos.
Desde los tiempos de la hidromiel nórdica y las primeras cervezas del antiguo Egipto, el vínculo entre la entrada al cielo y el consumo de alcohol es parte integral de las tradiciones y creencias funerarias, incluso anteriores al cristianismo. De hecho, el dios Baco o Dionisio, asociado al patronato del vino, es un intermediario de la comunicación entre hombres vivos y hombres muertos, precisamente porque representa ese estado de transición entre los mundos o estados simbolizados en el alcohol, y no necesariamente la ebriedad vulgar, como muchas veces se cree.
Oreste Plath, por su lado, comenta que "La persona que muere el día 29 de junio se va a la gloria, porque entonces San Pedro está borracho y deja pasar a todo el mundo", ya que ese día es el consagrado a las fiestas del apóstol. Por eso no extraña que en las tradiciones mortuorias chilenas, además del gloriao se bebieran como despedida simbólica otros tragos como ponche, chicha, vino tinto, chupilca, pihuelo y huachacay, éste último hecho de una versión de baja calidad del aguardiente que parece tener relación con el origen de la expresión guachaca. Hasta la muerte ha sido buena excusa para beber, en otras palabras.
La preparación del gloriao tradicional también es en base a aguardiente azucarada, pero en este caso se dejaban reposando canela y clavos de olor. Muchas veces se lo preparaba y guardaba en el campo, esperando la dolorosa ocasión en que sería sacado de la despensa. Cuando faltaba aguardiente en casas muy pobres o mal abastecidas del destilado, los dueños de casa preparaban una versión aún más modesta del gloriao, usando en su lugar vino blanco con torrejas de limón o naranja que mezclaban con la canela, el azúcar y los clavos de olor.
El restaurante "El Quita Penas" en tiempos cuando estaba ubicado en la calle del Panteón. Hubo una época en que muchos lo llamaron "La Gloria" por haber ofrecido gloriao a los deudos y visitantes que llevaban a él.
En Rancagua y la zona de Colchagua se preparaba, a veces, con el aguardiente mezclada también con leche. Plath habla de otra versión que podría interpretarse como una variedad de ponche. También dice que era llamado el cordial, nombre que, según sabemos, se daba de preferencia a un brebaje reconfortante que antes se servía a los enfermos. Y aunque en la Zona Central muchos lo tomaban frío, originalmente servían el gloriao caliente en el velorio o el posterior brindis, para lo cual encendían por un instante la taza o vaso inflamando los vapores etílicos del aguardiente, o bien calentaban una cantidad del mismo dentro de una tetera, haciéndola circular entre los asistentes.
EL GLORIAO EN EL FOLKLORE FUNERARIO
Oreste Plath informa también que, mientras los deudos brindan ante el difunto, los concurrentes al velorio exclaman con humor negro: "Mañana será otro día y no sería malo que se muriera un viejo... ¡Pa' tomar otro gloriao!...".
Por esta razón, Violeta Parra (que cantara el célebre "Rin del Angelito", dedicado a estos velorios de niños), dejó grabadas estas décimas del "Ángel glorioso y bendito":
“Qué lastimoso es el canto,
y el tuntuneo sagra’o
qué fragancioso el ‘gloriao’,
en la tetera vagueando.
Malazo es velar con llanto,
a tan dichoso angelito
que vuela al cielo infinito
llamado por el Señor;
cantémosle sin dolor,
ángel glorioso y bendito.
Adónde está el ignorante
hablando a tontas y a locas,
tratando de gran fiestoca
la muerte de aquel infante.
Falsía más delirante,
lo digo franca y sincera,
que malo de la sesera
está el que así lo asegura;
maldita la levadura
que tiene en la calavera”.
Se advierte, entonces, que el gloriao no era un mero pretexto beatón para autorizar la ebriedad en los velorios, sino un elemento integral del folklore funerario criollo.
Mirando su principal y más popular receta antigua, se hace un tanto parecido a otro trago que fue famoso en el viejo Santiago y Valparaíso: la canela o encanelao, que curiosamente era famoso en el barrio de los mercados de Mapocho y especialmente en La Chimba donde están los grandes cementerios históricos de la capital, por lo que quizás exista alguna clase de vínculo entre el gloriao y la canela.
El principal restaurante que por muchos años lo ofrecía a su triste clientela de luto, era el famoso "Quita Penas" del Cementerio General, razón por la que en sus primeros años bajo la administración del gringo Burroni, el boliche era conocido como "La Gloria", pues el dueño proclamaba urbi et orbi que "aquí se viene a tomar gloriao". Era el mismo nombre que Edwards Bello le coloca en "El Roto" a un mítico burdel de Estación Central regentado por la tía Emma, en los años 20, como evocando también a las puertas del cielo (aunque por la vía placer, en este caso).
El trago fue muy popular en los velatorios y sepelios de campo y de barrios pobres, pero especialmente necesario en los llamados velorios del angelito, correspondientes a los de niños pequeños fallecidos antes de los 7 años, pudiendo ser que su origen se encuentre en estos ritos. Allí simbolizaba el deseo de todos los presentes, de que el alma inocente entrara a la gloria; que el niño estuviera glorioso, tal como hacían lucir su cuerpo decorado con flores, cortinas y coronas mientras era despedido. Por esta razón, los adultos formaban cuartetos de cánticos al angelito mientras otros brindaban por él repitiendo:
"¡Que sea en buena hora! ¡Que sea en buena hora!"
El gloriao fue, como se advierte, parte de la emoción de la despedida, en esas antiguas exequias donde los dolientes danzaban, bailaban cueca, comían asado en la tarde y caldo de gallina o cazuela de pava en la medianoche; brindaban y cantaban al son de guitarras intentando demostrar al fallecido un homenaje en su memoria, al tiempo que se fingían alegría por su entrada a la gloria eterna en el caso de los adultos, y su conversión en ángel en el caso de los niños.
Antiguos nichos del Cementerio General, en fotografía de principios de los años noventa. Muchos de ellos quizás alcanzaron a ser despedidos con un brindis de gloriao.
El dogma era, en todos los casos, que el muerto debía ser despedido con un brindis de gloriao casi como una necesidad ceremonial, de modo que era extraño ver este licor en otro contexto que no fuese en la despedida de un difunto o una connotación funeraria.
El gloriao trascendió así a su ambiente rural, llegando a las grandes ciudades y puertos. En el libro "Patrimonio cultural de la Provincia de Iquique", escrito por varios autores bajo dirección de Lautaro Núñez y Cecilia García-Huidobro, se confirma que tuvo presencia también en las tradiciones funerarias de Tarapacá. Allá en el Norte Grande era bebido para las celebraciones de la Fiesta de la Cruz de Mayo, junto a las mistelas, pero conservando también su asociación con lo funerario; en este caso, al propio calvario de Cristo.
El dato anterior nos da una referencia de cuánto se extendió su uso en todo el territorio chileno, hasta Magallanes inclusive, donde el trago se endulzaba con azúcar quemada, según un artículo publicado por el investigador e historiador Mario Isidro Moreno. Sin embargo, Marco Antonio León confirma que esta tradición de hacerlo con azúcar acaramelada a fuego proviene originalmente de Chiloé, cuna y cultivo de muchos otros tragos populares y tradicionales del país, como el licor de oro y la mistela chilota.
Pero el gloriao ha ido extinguiéndose; diríamos que durante la segunda mitad del siglo XX, hasta casi desaparecer en nuestros días. En ciertas zonas rurales y en algunas licorerías artesanales del Valle de Elqui, del Cajón del Maipo y de Chiloé, todavía se fabrican traguitos parecidos a éste, con aguardiente y canela, pero al ser necesario que para poder existir un legítimo gloriao éste debe estar asociado a los ritos funerarios y las viejas tradiciones correspondientes a la muerte, no cabe duda de que su época en el folklore y costumbrismo chileno prácticamente ha concluido.
Bebiendo para pasar "la pena". Escena del velorio de "Largo Viaje".
SOBRE EL GLORIAO Y EL ALCOHOL DE LOS VIEJOS VELORIOS
El gloriao, los vinos navegaos y los tragos de usos funerarios han ido desapareciendo en todas sus formas y variedades originales en esta clase de encuentros, incluyendo su identidad asociada a la connotación mortuoria más que a una receta de coctelería en específica. Como la ponchera de vino y frutas de los clásicos lupanares de Santiago y Valparaíso devenida después en una botella de pisco con cuatro vasos (la “linterna con cuatro pilas”, que algunos creen invención del conocido empresario nocturno José "Padrino" Aravena), el original gloriao mutó jarras de vino blanco o tinto más concentradas en sus efectos que en ingredientes, pero también acabaron apartándose de las costumbres funerarias más actuales, junto con ese extraño carácter casi festivo que llegaron a tener.
Un elemento que pocos podrían reconocer ya al respecto, aparece en “Lago viaje”, el filme de culto rodado en 1967 bajo la dirección del Patricio Kaulen (con la actuación de Emilio Gaete, Eliana Vidal y Enrique Kaulen). Es, precisamente, la ingesta de alcohol "para la pena" durante la reunión de despedida del niño muerto. Considerado un hito de la historia del cine chileno, puede observarse en su famosa y dramática escena de las exequias de un bebé o, más exactamente, en el velorio del angelito, que los familiares, ancianas y vecinos presentes en la despedida reciben una extraña pócima “buena para la pena” que reparten los anfitriones y cuyo color oscuro (en película blanco y negro), además de la ebriedad subsiguiente, podría llevar a creer que se trata de simple vino tinto sin más que decir al respecto. En realidad la bebida del velorio está cumpliendo el mismo objetivo que se asignaba al gloriao, pudiendo ser considerado incluso una versión alternativa o más moderna y citadina del mismo.
Sobre esta famosa secuencia de escenas del velorio ambientado en un conventillo santiaguino por el viejo barrio San Diego, la habladuría popular tejió algunas historias siniestras, como que el infante de las imágenes es el cuerpo de un neonato real, porque se habría utilizado un auténtico velorio del angelito en las filmaciones, idea influida quizás por la perfección que logró el director en su reproducción de un velatorio pobre de esos años, incluyendo los cantores populares, coplas y cuecas. Sin embargo, al parecer nadie se detiene ya en el detalle del brebaje que degustan los deudos presentes, como si cumpliesen con un protocolo funerario, pasando por un asunto secundario de borracheras.
Diríamos que el gloriao original, preparado con la receta de campo y servido tibio, entró en extinción durante la segunda mitad de la pasada centuria. Ha menguado drásticamente su importancia y presencia, hasta casi desaparecer en nuestros días. Ya no sólo se hace imposible encontrarlo en Santiago y algunas zonas rurales donde antes hacía gala de sí, sino que se ha vuelto ya cada vez más difícil hallar a los veteranos que alcanzaron a conocerlo y que lo recuerden bien.

3 comentarios:

  1. BENJAMIN GUTIERREZ ESPINOSA8 de febrero de 2012, 01:08

    CRISS, Junto con saludarlo y agradecer una vez mas sus crónicas tan interesantes y amenas, a veces con algún pequeño testimonio equivocado sin mayor importancia. En las ultimas semanas he mandado algunos comentarios los que no he visto en el blog, espero que no sea por haber agotado su paciencia por alguna acotación sobre lo comentado. Solo interés de aportar algo a LAS BUENAS HISTORIAS
    La gran película chilena “ULTIMO VIAJE” nos muestra en toda su forma y consecuencias las de “ir a tomar gloriao”. Atentamente Benjamín Gutiérrez Espinosa

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  2. Siempre sea Ud. bievenido pues, don Benjamín... Y gracias por el dato. Recordaba algo de las escenas del principio del filme pero no estaba seguro. Muchos saludos a Ud.

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  3. Excelente blog , lleno de pequeñas precisiones y detalles anecdóticos de los que muchas veces el rigor histórico, nos suele privar.... Saludos desde el Pais Vasco.
    Gorka7801

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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