lunes, 31 de octubre de 2011

TESTIMONIO DE UNA TRAGEDIA: LA CAPILLA-ANIMITA DE LA KENITA DE IQUIQUE

Coordenadas: 20°13'35.92"S 70° 8'6.81"W
Parto diciendo que identifico esta calle como la ex avenida Pedro Prado porque, a pesar de que ya lleva casi cuatro años rebautizada como avenida Salvador Allende (decisión que provocó mucho malestar y confusiones en la comunidad iquiqueña, hay que admitirlo aunque moleste), prácticamente nadie la llama así en esta ciudad: ni los vecinos, ni los comerciantes, ni los taxistas. Ni siquiera el servicio de Google Earth ha actualizado esto, como sucede con varias otras calles de Iquique a las cuales se les ha cambiado su histórico nombre en los últimos años (como Los Molles, Diego Portales, Aeropuerto y otras).
Explicado lo anterior debo precisar, entonces, que esta famosa animita iquiqueña se encuentra en la esquina de la ex avenida Prado con calle Chintaguay, a unas dos cuadras del cruce con la diagonal Campos de Deporte que conduce hacia la ladera de los cerros. Es un sector popular de la ciudad, de muchas viviendas modestas y departamentos pequeños. La animita aquí se respeta y permanece pulcra, a diferencia de sus muros adyacentes, resguardada por una reja que rodea todo el perímetro del galpón que se le ha construido.
La Kenita, le dicen todos, y así lo señala un vistoso cartel bajo la desteñida bandera chilena que flamea encima. Las fotografías de ella dentro del conjunto, revelan que se trató no sólo de una mujer joven, sino que su fallecimiento tuvo lugar en tiempos relativamente recientes, a diferencia de lo que aparentan otras animitas famosas de Iquique como Olivarito o Hermógenes San Martín, ubicadas a escasa distancia del Cementerio N° 1. Algunas vecinas cuentan que se trató de una muchacha fallecida trágicamente en un accidente en motocicleta, agregando detalles escabrosos como una decapitación y otros datos que son muy propios en el refuerzo a la tragedia que las leyendas en torno a las animitas suelen hacerle a la muerte del homenajeado.
La historia de la Kenita tiene algunas diferencias con lo que dice parte de la tradición oral del barrio, sin embargo: como se lee dentro de su propia gran animita, se llamaba Jaqueline Cristina Zurita Elgueta, nacida el 3 de febrero de 1962 y fallecida el 16 de noviembre de 1987, de modo que ya se cumplirán 24 años desde su deceso, sin que la devoción ni la atención por su fama de milagrosa haya mermado.
Jaqueline, o Kenita, tenía un empleo en los establecimientos de la Zona Franca y contaba 23 jóvenes años de edad. Su muerte se produjo media cuadra más al Sur en la avenida, en el cruce con Tomás Bonilla, cuando fue atropellada mientras salía de su casa con dirección a su trabajo aquella calurosa tarde de noviembre, justo en el momento en que abordaba el asiento trasero de la motocicleta de un amigo que la transportaría y que había pasado a buscarla. El conductor que le arrebató la vida estaba totalmente ebrio, un lamentable mal que no ha sido excepcional en la nómina de muertes por accidentes en la ciudad, además haber registros de una gran cantidad de fallecidos en la misma avenida, haciéndola quizás una de las peligrosas de todo Iquique desde que fuera prolongada para servir de arteria hacia el creciente lado Sur del puerto. Según se cuenta acá, la infortunada muchacha falleció en los brazos de su desesperado padre.
Pero, a diferencia de los muchos otros fallecidos en la misma avenida, los vecinos del sector comenzaron a prender velas para la Kenita en el lugar de su muerte, levantando más tarde una modesta casuchita de latón y luego un monolito donde depositaban flores y ofrendas decorativas en su recuerdo. Concurrían a diario muchas personas para visitarla y hacerle sus solicitudes, convirtiéndose en poco tiempo, en una de las más conocidas animitas de Iquique. Por las noches sobrecogía su trágica belleza, iluminando el lugar con las luces de las pequeñas llamas de agradecimientos o de esperanzas.
Al acercarse el cambio de siglo, comenzó a discutirse la posibilidad de construir una capilla con galpón para la animita y las innumerables placas y ofrendas de agradecimiento de los fieles. Tras advertir el abandono y la desprotección en que se encontraba, el vecino Rogelio Quiroga Vernal, quien solía visitar la animita y limpiarla, realizó una reunión con los residentes y devotos una noche de aquellas, en la esquina de Prado con Libertad, para presentar un proyecto que permitiera levantar la capilla y financiar los trabajos. Se constituyó para ello un comité especial que dio paso a la creación de la Sociedad Jaqueline Cristina Zurita Elgueta, encargada de levantar el galpón. Formaron parte de la directiva otros vecinos como Marianela Aguirre Ramos, Roberto Zepeda Miranda, José Michea Calderón, Galvarino Tello Escobar y Carlos Azócar Tapia, además del propio Quiroga, quien como tesorero del grupo abrió una cuenta en el Banco del Estado y comenzó a reunir los dineros que obtenía comprando al por mayor velas en el Terminal Agropecuario para venderlas entre los propios feligreses, además de solicitar cuotas mensuales a los casi 60 socios.
Por falta de espacio para un galpón enrejado en el lugar exacto del accidente, pues el terreno que pertenecía a la firma Sendos fue vendido a un proyecto inmobiliario, Quiroga planificó instalarlo un poco más al Norte y al frente, por avenida Soldado Pedro Prado en el lugar señalado anteriormente y que hasta ese momento era sólo el terreno baldío, resabio de un intento de plazoleta que nunca se había concretado. Es allí donde se encuentra ahora la capilla techada con más características de ermita, antes rodeada de un pequeño jardín del que hoy sólo quedan algunas pequeñas palmeras, y con rejas que permanecen cerradas la mayor parte del tiempo, para evitar vandalismos e intrusos durante las noches. Adentro se ha concentrado todo un santuario para la fallecida, que incluye las placas de agradecimiento, fotografías y recortes de diarios que nos han servido para completar esta historia sobre la Kenita. También hay muchas figuras e iconografías relacionadas con las principales fiestas patronales de Tarapacá, como estatuillas de la Virgen del Carmen de La Tirana y de San Lorenzo, además de Santa Teresa de los Andes.
Hay un pequeño panel exponiendo una oración propia para la venerada Jaqueline, titulada "Oración Kenita":
"Acuérdate, oh piadosa Kenita, que nunca se ha oído decir que los que han recurrido a tu protección implorando tu misericordia y pidiendo tu auxilio, hayan sido abandonados".
PEDIR FAVOR...
Animado con esta confianza, vengo a ti; bajo el peso de mis pecados llego hasta tus pies. Oh, hija de Señor, no desatiendas mis oraciones, escúchalas favorablemente y dígnate acceder a ellas.
Hija del Señor gloriosa y bendita.
REZAR 3 AVE MARÍA Y TRES PADRE NUESTROS".
La fama de milagrosa de la Kenita está confirmada no sólo por la cantidad de placas, velas y ornamentos de agradecimiento que se le han ofrendado, sino también por una situación pintoresca: ha sido tal la tentación popular por solicitarle favores, que algunas iglesias evangélicas han visto con horror cómo sus miembros sucumbieron a la seducción del credo por la muchacha e hicieron instalar un enorme cartel junto a la capilla, sobre un murallón, donde recuerdan con una cita del libro Deuteronomio 18 (10,11 y 12) en la versión Reina Valera, condenando el culto a los muertos y a las disciplinas ocultistas:
"No haya en ti quien pase a su hijo o su hija por el fuego, ni adivino, ni astrólogo, ni hechicero, ni mago, ni encantador, ni espiritista, ni quien consulte a los muertos porque es abominable al Señor cualquiera que haga estas cosas".
Obviamente, poco podrá hacer esta advertencia de los alarmados cristianos protestantes ante la fuerza que ha cobrado la Kenita como hacedora de generosos milagros en una región donde el culto popular, la fe en los espíritus de los difuntos y los rasgos paganos originarios ya se han fusionado con el grueso de la obra local de la Iglesia de Cristo.

jueves, 27 de octubre de 2011

ESTUDIOS PATRIMONIALES Y GIRO DEL PATRIMONIO

* Artículo hecho en base a mis apuntes y reflexiones sobre la clase especial de don Luis Alegría, Profesor de Historia y Geografía, para la Escuela de Gestión Cultural de la USACH (20 de octubre de 2011).
Como hemos visto en otros apuntes, el viejo concepto del patrimonio estaba arraigado en el de "monumento", algo que todavía se hace visible en la legislación chilena, y que también priorizaba el sentido museal del mismo; es decir, conservar, resguardar y exhibir. Sin embargo, el concepto ha debido cambiar y adaptarse a las nuevas pespectivas.
En la actualidad, se da un fenómeno conocido como la Naturalización del Mundo Social, que consiste en procesos sociales donde se explican y entienden los alcances del patrimonio y la cultura de acuerdo a conceptos naturales o naturalistas de comparación o metáfora. Por ejemplo, el planteamiento de recuperar las raíces de la identidad cultural, o bien el propósito de hacer florecer ciertos sentimientos sobre una unidad patrimonial; o ver el patrimonio vivo de un pueblo como su ambiente de desarrollo y existencia, y a la vez entender la cultura como algo connatural al hombre y su relación con el paisaje.
Estas analogías naturalistas son frecuentes en la comprensión actual del patrimonio como algo activo y con animación propia, que iremos viendo a continuación.
IDEOLOGÍA DEL PATRIMONIO
Existe lo que se podría llamar como la Ideología en el Patrimonio, lo que significa que cada vínculo social relacionado con algo patrimonial guarda también un lazo social. Esto sucede porque al ver el mundo desde una ideología, se lo entiende dentro de una Cosmovisión, y todos poseemos una ideología, por supuesto: una para interpretar el mundo, ya que ella es es relevante al vínculo social por el hecho de sentido lo que hacemos, nuestras acciones, nuestra cotidianidad, etc.
Marx señalaba que las ideas dominantes de una época son, en definitiva, las ideas de la clase dominante de esa misma época, por lo que en cada período cabe preguntarse: ¿Cuál es el grupo dominante? Sucede que el concepto de la Hegemonía de la Cultura Dominante toca un aspecto de la ideologización en el patrimonio, y es por esta razón que la idea de la chilenidad, por ejemplo, sería difícil de concebir sin un ambiente que lo soporte a través de museos y monumentos, como respaldo material de lo que se predica (identificación del territorio, narración nacional, etc.). Esto ocurre por un proceso de educación, instrucción valórica, construcción de imágenes, etc.
Con Lloyd y Thomas (1992, citado en Miller y Yúdice, 2003), se definió la hegemonía cultural de la siguiente manera:
"Se asegura la hegemonía cuando la cultura dominante utiliza la educación, la filosofía, la religión, la publicidad y el arte para lograr que su predominio les parezca natural a los grupos heterogéneos que constituyen la sociedad".
Veremos, sin embargo, que la cultura también tiene un soporte teórico que lo expande mucho más allá de los límites formales de esa hegemonía.
EPISTEMOLOGÍA Y TEORÍA DEL PATRIMONIO
Hay una necesidad real de formular una teoría social sobre el patrimonio, pues las preocupaciones de sus campos de trabajo académico van por una gama que abarca el arte (estética), el conservacionismo, la arqueología, etc., pero sin una disciplina que le sea propia y definitiva. El resultado de esta amplitud y a veces también ambigüedad, es que no se ha teorizado mucho sobre la problemática del patrimonio propiamente dicho.
Visto que la sociedad produce cultura materialmente y simbólicamente a la vez, en este último estado se encuentra la relación de lo patrimonial con la sociedad a la que pertenece, por pertenencia y participación. Ahora bien, las formas de traducir la realidad patrimonial en los discursos ("conservemos esto", "demolamos esto", etc.), tiene que ver con las relaciones racionales, mientras que su representación (simbolismo) es un acto pre-racional, determinado por prejuicios, empatías, etc., pero que desembocan en un hecho concreto o "llevada a la práctica" de esas mismas representaciones y discursos derivados.
Las ciencias objetan en parte las propuestas de una teoría científica relativa al estudio de patrimonio, pues se reproduce en ella el antiguo discurso positivista y la concentración en el estudio del objeto (conservacionismo, "museísmo", etc.) que es el vicio de la antigua visión sobre la cultura y el patrimonio y que no se adapta a las interpretaciones más modernas y participativas. En contraparte a este interés por dar una alcance científico al estudio del patrimonio, se puede puede proponer una una teoría de estudios culturales y patrimoniales, ya que un planteamiento así ofrece los elementos de las distintas disciplinas y enfoques para establecer o crear un campo de operaciones e investigaciones relativo al patrimonio, integral y completo.
Una Teoría Social del Patrimonio involucra consideraría las siguientes nociones involucradas:
  • La Naturalización/Transformación del mundo social (visto anteriormente).
  • La problemática propia del patrimonio y de los museos: como también vimos ya, debe ser vista como un asunto de producción simbólica que relaciona obra (colecciones o patrimonio material, en la visión clásica) y contexto (sociedad donde se encuentra, su participación, su acceso, etc.).
  • Discursos, representaciones y prácticas.
ELEMENTOS INTEGRALES DE UNA TEORÍA PATRIMONIAL
Un campo teórico relativo al patrimonio, en un planteamiento sin pretensiones científicas pero con una perspectiva disciplinaria/interdisciplinaria de carácter deternimante, tendría como elementos necesarios a considerar los siguientes:
  1. Estudios culturales y estudios patrimoniales: relativos al objeto mismo de interés para la investigación o para la existencia de la actividad relativa a la unidad cultural y/o patrimonial. Algunos definen esto como el "respaldo teórico".
  2. Cultura y poder: la relación entre ambos conceptos se expresa cuando existe la capacidad o la potestad de alguien para denominar o definir algo como patrimonio ("poner en valor"). Se asocia al principio de autoridad, del que ya hablaremos también en el siguiente punto.
  3. Lo Objetivo/Subjetivo: muy relacionado con lo anterior, en el entendido de que lo objetivo en realidad no existe como tal, sino que es más bien una construcción de conocimientos formulados desde el lugar donde uno se sitúe, como por ejemplo: el caso del Sistema Solar, que bajó de 9 a 8 planetas por una convención general de expertos. Esto involucra un principio de autoridad y consenso. Es así que el patrimonio resulta siempre en algo simbólico: para algunos puede serlo, para otros no.
  4. Enfoque Deductivo-Inductivo: esto es de gran importancia, pues marca la diferencia con la ciencia positiva e implica las siguientes distinciones:
  • Deductivo: Un enfoque de investigación amplio va de lo general a lo particular. Esto significa que, identificando lo patrimonial (del punto número 1), lo estudiamos e investigamos. Por ejemplo: un objeto, una pieza o un artefacto que es establecido como algo patrimonial. Lo que es o no patrimonio siempre es determinado por la autoridad por un mecanismo Deductivo, como lo hace la UNESCO, los expertos, autoridades del Estado, etc.
  • Inductivo: Siguiendo en el ejemplo de un objeto, pieza o artefacto, su estudio involucrará ver también cómo fue variando a lo largo del tiempo. Pero este estudio siempre será sobre ese objeto y no otro, en el hilo conductor de la investigación, por lo que en el caso de la teoría patrimonial el enfoque debe ser Inductivo: esto significa estudiar el patrimonio no como algo ya dado o establecido, sino el cómo llegó a ser patrimonio o merecer serlo a través de un camino, con sus valores, procesos, interacciones, etc. A diferencia de lo que se establece desde el principio de autoridad, los sujetos dotan informalmente o no-oficialmente de valor ciertas cosas, de manera que todo puede ser patrimonio; pero no todo es patrimonio, pues son los mismos sujetos los que definen en la práctica qué es patrimonio, antes de que el principio de autoridad opere estableciéndolo por categoría o hecho consumado. El proceso Inductivo de lo particular a lo general, entonces, permitirá buscar el "por qué", identificado por los discursos patrimoniales, por ejemplo.
CONCEPTOS CLAVES DEL DISCURSO DEL PATRIMONIO
Para la comprensión del concepto del patrimonio como algo asociable a lo ideológico, es necesario tener en consideración los siguientes elementos claves que están en juego:
  • La presencia de un Campo Patrimonial: existencia de un espacio donde confluyan la producción, distribución, intercambio y el uso de aquellos bienes que han recibido la característica de ser patrimoniales.
  • Capital Simbólico: correspondiente a la capacidad de dotar de valor definido o difuso a los objetos y prácticas culturales. Es, de alguna manera, el valor connotativo y agregado al objeto material o lo meramente denotativo.
  • Proceso de Patrimonialización: acción por la cual un objeto o práctica cultural adquiere la significación y categoría de patrimonio, relacionado con el principio de autoridad que ya vimos.
  • Habitus patrimonial: correspondiente al conjunto de modos de ver, sentir y actuar que, aunque parezcan naturales, son de naturaleza social y culturales, moldeados y condicionados por las estructuras sociales, pues se transmiten y se aprenden.
  • Invención/Construcción: Según Hobsbawm y Ranger (2002), esto se define de la siguiente manera: “La 'tradición inventada' implica un grupo de prácticas, normalmente gobernadas por reglas aceptadas abierta o tácitamente y de naturaleza simbólica o ritual, que buscan inculcar determinados valores o normas de comportamiento por medio de la repetición, lo cual implica automáticamente continuidad con el pasado. De hecho, cuando es posible, normalmente intentan conectarse con un pasado histórico que les sea adecuado”.
Las instituciones patrimoniales, por su parte, se expresan en políticas patrimoniales o filosofías de trabajo sobre el mismo tema y que también constituyen un área relevante de definiciones para una teoría social sobre el patrimonio, pudiendo corresponder a las siguientes categorías:
  1. Políticas de la memoria
  2. Políticas de la identidad
  3. Políticas culturales
Con ellas se construye lo que ha sido llamado un Discurso Social y Uso Social del Pasado, al incorporarlo al ideario y canalizar a través de los mismos una ideología, de acuerdo a las características que ya vimos sobre este concepto.
LOS "GIROS" DEL PATRIMONIO
Existen cuatro "giros" patrimoniales, que conforman también etapas de evolución o rangos en la comprensión e integración de lo cultural y lo patrimonial en las sociedades:
  1. Giro Museal: Antes, el concepto de lo relativo al museo o Giro Museal (lo que merecía ser "conservado y exhibido") se orientaba en una cuestión elemental y lineal: concluía en que lo arqueológico, monumental o las reliquias necesariamente debían estar en un museo que, a su vez, servía de sustento a la idea de Nación (respaldo material, soporte al discurso, etc.), desde donde surgía el concepto clásico del Monumento Nacional que aún persiste en la legislación, como dijimos. En esta visión clásica, por ejemplo, hay una prioridad por lo estético, lo testimonial y lo histórico, con orientación a veces etnocéntrica o, cuanto menos, diferenciadora de lo corriente o "profano", como sería por ejemplo un cuadro pictórico de un autor famoso o reputado.
  2. Giro Inmaterial: Correspondiente a la visión actualizada de la relación entre lo museológico y lo patrimonial. Esto significa que el patrimonio ya salió del museo y de la estructura que vimos recién, dejando de ser meramente material y pasando a lo intangible pero vivo. Involucra partir de lo material y no quedarse sólo en esta dimensión, como el criterio museal, sino desde allí pasando a lo intangible que se soporta sobre esa materialidad y que forma parte del activo social. Es desde la sociedad, entonces, donde lo patrimonial pasa a tener alcances en los campos académico, cultural y artístico. En esta visión, que es más bien antropológica, "todo es cultura", lo que implica aceptar dos condicionantes: primero, que existe un relativismo cultural patente; y segundo, que cultura no es sinónimo de patrimonio, pero el patrimonio sí se halla inserto en el multiculturalismo.
  3. Giro Participativo: Es el que hace del patrimonio y la cultura parte activa de la sociedad en la que se halla. Es por esta razón que han ido apareciendo los llamados comités de defensa de barrios o ciudades. Explicado de mantera concisa y sintética, corresponden a aquellas instancias en que las comunidades sociales se involucran en la tarea participar, sentir suyo y resguardar el patrimonio, a través de la acción colectiva manifiesta en comités de defensa y "ciudadanía patrimonial" organizada.
  4. Giro de la Memoria: La Memoria es el “Conjunto de referentes simbólicos que grupos de personas reconocen como parte del pasado compartido de una sociedad” (Monsivais, 2008) pero vistos desde el presente. Puede ser de los siguientes tipos: Nostálgica (tradición, nacionalismo, romanticismo, "lo que se fue", etc.), Modernizante (progreso, pasado superado, olvido, negación, "la nueva" propuesta de algo, etc.) y de Historicidad (visión crítica, visión reflexiva, revisión, etc.). El Giro de la Memoria, entonces, corresponde a aquél en donde el patrimonio pasa a formar parte del discurso y da sustancia en la ideología: canalización de un trauma social-histórico en hechos y discursos (por ejemplo, sobre los derechos humanos), seguidos de la identificación e implementación de sitios de la memoria y, a través de ellos, el ejercicio de una pedagogía-educación (siguiendo en el mismo ejemplo, sobre los derechos humanos), entre otras manifestaciones. Este uso social del pasado se establece en "marcos sociales que permiten encuadrar y estabilizar los contenidos de memoria" (Vásquez, 2001), mientras que los lugares de la memoria, relacionados con el concepto del Campo Patrimonial, representan la "unidad significativa de orden material e inmaterial, de que la voluntad de los hombres o el trabajo del tiempo ha hecho un elemento simbólico del patrimonio memorialista de una comunidad” (Nora, 1984 en Candau, 2001).

martes, 25 de octubre de 2011

EL MISTERIO DE UN SATÉLITE ESPÍA SOVIÉTICO EN LA ANTÁRTICA

Ya nadie lo recuerda, pues este acontecimiento se fue al olvido con la propia Guerra Fría y sus muchísimas implicancias en el legendario de las tierras antárticas.
El Sputnik Cosmos 1871 fue lanzado hacia una órbita polar (es decir, que pasaba por encima de los polos) en el cohete Zenit II, el 1° de agosto de 1987, por el servicio Glavcosmos que materializaba los programas espaciales de la URSS. Esto se realizó en secreto por parte de las autoridades rusas, ya en los últimos años del programa espacial soviético. El satélite artificial pesaba 10 toneladas y su misión de espionaje aún permanece en el misterio, pues ha sido por largo tiempo un secreto compartido sólo entre los hombres que participaron del proyecto.
Desgraciadamente para los rusos, tras alcanzar su perigeo y apogeo, el extraño satélite no logró encajar en la órbita y comenzó a precipitarse de vuelta a la Tierra, comenzando a calcularse que su trayectoria de descenso acabaría en la Antártica, ni más ni menos. De alguna manera, las autoridades aeroespaciales de los Estados Unidos que seguían la misión secreta desde el principio, se enteraron también de lo sucedido e informaron del desastre, emplazando a los soviéticos a revelar una versión oficial sobre el asunto. Paralelamente, el viernes 7 de agosto, hicieron pública la existencia de un satélite ruso en órbita descendiente de 170 ó 160 kilómetros sobre la superficie terrestre, alertando sobre los riesgos de la caída de material.
Dada la situación, en Moscú debieron informar vía Glavcosmos a Washington de la existencia y fracaso de esta misión, anunciando el 9 de agosto que el satélite caería en la Antártica o cerca de ella, e intentando calmar la incertidumbre asegurando que éste no traía materiales peligrosos, pues aún rondaba el fantasma de la caída de otro satélite de la serie Cosmos en Canadá, en 1978, cargando material radioactivo, y del reciente accidente de Chernobil de 1986. También debieron reconocer que se trataba de un satélite espía, aunque parcialmente, pero de todos modos era algo que habría parecido impensable en épocas anteriores. Fue la primera vez que la URSS admitió un fracaso en su carrera espacial en pleno desastre, además. El departamento de comunicaciones del servicio también indicó que no causaría daños, pues caería destruido y en una pequeña zona, a las 3:59 de la hora local antártica.
Aunque parte de la primera etapa de la comunicación soviético-estadounidense se mantuvo en reserva, el astrónomo de la Alemania Occidental profesor Heinz Kamiski, director del observatorio privado de Bochum, reveló antes que la agencia noticiosa rusa Tass, la existencia de un satélite ruso que se había salido de órbita y que caería el 10 de agosto luego de pasar brevemente por sobre Europa durante la tarde de ese mismo día, descendiendo a la Tierra en la noche. Sin embargo, ante la falta de datos oficiales, Kamiski aseguró a la agencia Reuter en Bonn, no poder precisar el lugar exacto donde esto sucedería, pero sí confirmó el nombre del aparato: el Cosmos 1871. Por supuesto, esto dio pábulo para creer que la RFA actuaba dirigida e informada por Washington, para presionar a Moscú a pronunciarse al respecto.
La noticia fue hecha pública por Glavcosmos sólo doce horas antes de la caída del objeto. La Tass explicó, canalizando la información dada a conocer por las autoridades rusas, que el satélite llevaba un "equipo científico diseñado para proseguir la exploración del espacio exterior, un sistema de radio para la medición de los parámetros orbitales y un sistema radiotelemétrico para transmitir datos a la Tierra", forma elegante de ocultar que se trataba de un sofisticado satélite espía de órbita polar. Inmediatamente, y de seguro conociendo gran parte de la información desde antes de la revelación pública, el Teniente Coronel Ivan Pinnell, encargado del Comando de Defensa Aéreo-Espacial en Colorado Springs, Estados Unidos, confirmó que se trataba de un satélite ruso espía en caída hacia la proximidad antártica, revelando el detalle de que contaba con numerosos y complejos equipos científicos, y que parte de sus propiedades era la de poder captar ruidos en el espacio exterior.
Efectivamente, el Cosmos 1871 cayó en el Pacífico Sur el lunes 10 de agosto, tal como lo habían anunciado la Tass y las autoridades militares de Colorado Springs. No causó daños ni dejó registros pero, de todos modos, sucedió un hecho curioso: las mismas autoridades militares norteamericanas que preveían la caída del satélite en la Antártica, aseguraron ahora que ésta había sido en medio del océano Pacífico, unos 4.800 kilómetros de la isla de Nueva Zelanda, a las 7:27 hora de meridiano de Greenwich. Mientras tanto, los rusos seguían insistiendo a través de la Glavcosmos en que la caída debió tener lugar cerca del círculo antártico, antes de volver a silenciar el asunto y darlo por cerrado para siempre, muy al estilo ruso para ponerle punto final a las noticias incómodas.
Aunque nunca fue aclarado del todo su objetivo ni su destino final, y probablemente nunca lo será, se cree en nuestros días que su función era operar como un detector espacial. Algunos lo creen relacionado con el proyecto militar ruso Uragan, una especie de nave espacial interceptora que ha causado gran atención a los amantes de los ovnis y de las teorías sobre realismo fantástico. Se dice, también, que podría ser un avanzado rastreador destinado a espiar las actividades de los transbordadores espaciales de la NASA o los lanzamientos para órbitas polares desde la Base Aérea Vandenberg. Se cree que su trayecto, en caso de haber quedado en órbita, habría sido una rotación permanente, por encima de territorios como Groenlandia, Canadá, Estados Unidos, Centroamérica, las costas del Pacífico frente a Sudamérica, el océano Índico, Asia Central y Siberia.
Para otros, tampoco se ha despejado la duda razonable de si el satélite realmente cayó por accidente en el círculo antártico o si era parte de su misión de espionaje. Si bien la URSS ya operaba con la política de apertura informativa de la Glasnost y la reforma político-social Perestroika estaba en plena gestación, sólo el diario ruso "Pravda" comentó la noticia el día 8 de agosto, pero con grandes omisiones y errores, como asegurar que el despegue del Zenit II se había producido el día 4 (en realidad había sido el 1°) y que la salida y mando del satélite se habían dado en perfecta normalidad, cuando la verdad es que las autoridades de la NASA, a la sazón, ya estaban al tanto de que la misión había declarado problemas desde el inicio.
El BOR-4, la supuesta nave del proyecto militar espacial ruso Uragan, basado en la ilustración hecha por Mark Wade (astronautix.com).
No deja de llamar la atención, además, que ésta fue la primera vez que la URSS admitió la precipitación de un satélite a la Tierra en modo de anticipación, pues todas las ocasiones anteriores lo hizo cuando había pasado un tiempo desde el fracaso la misión y la caída del objeto. Cabe recordar al respecto que, poco tiempo antes, el 27 de febrero de 1986, otro satélite ruso Cosmos 1714 había caído en la Europa Central, sin tocar suelo, pues se calcinó en el aire. Y el 18 de agosto de ese mismo año, había caído en el Índico el Cosmos 1867, de 15 toneladas, pero cuyo servicio y utilidad nunca fueron identificados. Y el 28 de agosto de 1987, sólo días después de la caída del Cosmos 1871, fue lanzado otro satélite de la serie: el Cosmos 1873, que también ha sido objeto de especulaciones sobre un posible vínculo con el enigmático proyecto Uragan.
Siempre se ha especulado sobre las verdaderas razones del supuesto accidente del cohete del proyecto Athena, lanzando desde Utah y que, en lugar de llegar a Nuevo México, cayó a más de 1.200 kilómetros de allí en un misterioso desierto llamado la Zona del Silencio, al Norte de México en Durango, a principios de los setenta. Según la leyenda, el interés de la administración espacial norteamericana era estudiar precisamente este territorio, de modo que el accidente habría sido un "montaje" para tener un acceso a él que, en otras circunstancias, no habría sido posible. Si acaso estuviésemos frente a un caso similar de simulación de accidentes en el caso del Cosmos 1871, esta vez con destino en la Antártica, cabría preguntarse cuál era el interés y la motivación de Moscú por realizar una compleja misión sobre este el mismo; qué podría haberle parecido tan importante a la potencia que por entonces dominaba casi la mitad del mundo, como para fijar una onerosa atención sobre el Continente Blanco. Pero aún aceptando lo difícil que es la considerarlo un montaje, seguirá pendiente explicar cuál era el objetivo real de este satélite en órbita polar.
Sensacionalismos a un lado, sin embargo, y aunque sabemos del intrigante interés que han tenido los rusos en estas regiones de la Antártica (como el caso del lago Vostok), la verdad es que el contexto de la Guerra Fría y algunas desconfianzas políticas que ni siquiera se pudieron limar después del derrumbe de la URSS, nunca permitirán aclarar y conocer completamente el misterio del Cosmos 1871 y su supuesta caída cerca de las aguas antárticas.

lunes, 24 de octubre de 2011

"GLORIAO": EL TRAGO DE LOS MUERTOS

"El velorio del angelito" de Arturo Gordon. El origen del gloriao podría estar asociado a los ritos y antiguas tradiciones de esta clase de funerales de niños pequeños.
Existen y existieron varios tragos dulces chilenos a base de aguardiente, cuyos nombres derivan del arcaísmo lingüístico que persisten en nuestra forma de hablar el castellano, con la tendencia nacional a comerse la "D" de la última sílaba. Ejemplos de estas denominaciones son el famoso apiao (de apio), el murtao (de murtas o murtillas), el guindao o enguindao (de guindas) y el avellanao (de avellanas), entre otros. Por lo general, se trata de maceramientos de estas frutas o vegetales por algún tiempo dentro de aguardiente, a la que después se azucara y se agregan otros ingredientes a modo de especias. Han sido especialmente populares en el ambiente de la cultura rural de Chile.
Hay uno de ellos muy apropiado para este próximo 1° de noviembre, sin embargo, tradicional Día de los Muertos heredado de costumbres paganas druídicas (Samhain) y que coincide hoy con el Día de Todos los Santos, pues parece que la Iglesia Católica nos trasladó a regañadientes la fiesta al día 2, eufemísticamente llamada Día de los Difuntos. Y el trago de marras es el gloriao, una curiosa bebida de nuestras antiguas tradiciones campesinas adoptadas por la ciudad y que se asoció al momento más triste de la vida familiar, correspondiente a la despedida de un ser querido... Pura expresión necromante en un vaso.
El nombre del gloriao tiene también una razón profunda: si bien no corresponde a los ingredientes con que se prepara como en otros casos, apela a la Gloria Eterna en que se desea el descanso de cada difundo que provocaba el brindis de adiós con esta bebida de color dorado. El mote parece estar tomado directamente del cierre de la oración Gloria Patri:
Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
En otras palabras, el gloriao es, entonces, el trago propio de los muertos en la tradición chilena: para ellos, con ellos y por ellos.
Desde los tiempos de la hidromiel nórdica y las primeras cervezas del antiguo Egipto, el vínculo entre la entrada al cielo y el consumo de alcohol es parte integral de las tradiciones y creencias funerarias, incluso anteriores al cristianismo. De hecho, el dios Baco o Dionisio, asociado al patronato del vino, es un intermediario de la comunicación entre hombres vivos y hombres muertos, precisamente porque representa ese estado de transición entre los mundos o estados simbolizados en el alcohol, y no necesariamente la ebriedad vulgar, como muchas veces se cree.
Oreste Plath, por su lado, comenta que "La persona que muere el día 29 de junio se va a la gloria, porque entonces San Pedro está borracho y deja pasar a todo el mundo", ya que ese día es el consagrado a las fiestas del apóstol. Por eso no extraña que en las tradiciones mortuorias chilenas, además del gloriao se bebieran como despedida simbólica otros tragos como ponche, chicha, vino tinto, chupilca, pihuelo y huachacay, éste último hecho de una versión de baja calidad del aguardiente que parece tener relación con el origen de la expresión guachaca. Hasta la muerte ha sido buena excusa para beber, en otras palabras.
La preparación del gloriao tradicional también es en base a aguardiente azucarada, pero en este caso se dejaban reposando canela y clavos de olor. Muchas veces se lo preparaba y guardaba en el campo, esperando la dolorosa ocasión en que sería sacado de la despensa. Cuando faltaba aguardiente en casas muy pobres o mal abastecidas del destilado, los dueños de casa preparaban una versión aún más modesta del gloriao, usando en su lugar vino blanco con torrejas de limón o naranja que mezclaban con la canela, el azúcar y los clavos de olor.
El restaurante "El Quita Penas" en tiempos cuando estaba ubicado en la calle del Panteón. Hubo una época en que muchos lo llamaron "La Gloria" por haber ofrecido gloriao a los deudos y visitantes que llevaban a él.
En Rancagua y la zona de Colchagua se preparaba, a veces, con el aguardiente mezclada también con leche. Plath habla de otra versión que podría interpretarse como una variedad de ponche. También dice que era llamado el cordial, nombre que, según sabemos, se daba de preferencia a un brebaje reconfortante que antes se servía a los enfermos. Y aunque en la Zona Central muchos lo tomaban frío, originalmente servían el gloriao caliente en el velorio o el posterior brindis, para lo cual encendían por un instante la taza o vaso inflamando los vapores etílicos del aguardiente, o bien calentaban una cantidad del mismo dentro de una tetera, haciéndola circular entre los asistentes.
EL GLORIAO EN EL FOLKLORE FUNERARIO
Oreste Plath informa también que, mientras los deudos brindan ante el difunto, los concurrentes al velorio exclaman con humor negro: "Mañana será otro día y no sería malo que se muriera un viejo... ¡Pa' tomar otro gloriao!...".
Por esta razón, Violeta Parra (que cantara el célebre "Rin del Angelito", dedicado a estos velorios de niños), dejó grabadas estas décimas del "Ángel glorioso y bendito":
“Qué lastimoso es el canto,
y el tuntuneo sagra’o
qué fragancioso el ‘gloriao’,
en la tetera vagueando.
Malazo es velar con llanto,
a tan dichoso angelito
que vuela al cielo infinito
llamado por el Señor;
cantémosle sin dolor,
ángel glorioso y bendito.
Adónde está el ignorante
hablando a tontas y a locas,
tratando de gran fiestoca
la muerte de aquel infante.
Falsía más delirante,
lo digo franca y sincera,
que malo de la sesera
está el que así lo asegura;
maldita la levadura
que tiene en la calavera”.
Se advierte, entonces, que el gloriao no era un mero pretexto beatón para autorizar la ebriedad en los velorios, sino un elemento integral del folklore funerario criollo.
Mirando su principal y más popular receta antigua, se hace un tanto parecido a otro trago que fue famoso en el viejo Santiago y Valparaíso: la canela o encanelao, que curiosamente era famoso en el barrio de los mercados de Mapocho y especialmente en La Chimba donde están los grandes cementerios históricos de la capital, por lo que quizás exista alguna clase de vínculo entre el gloriao y la canela.
El principal restaurante que por muchos años lo ofrecía a su triste clientela de luto, era el famoso "Quita Penas" del Cementerio General, razón por la que en sus primeros años bajo la administración del gringo Burroni, el boliche era conocido como "La Gloria", pues el dueño proclamaba urbi et orbi que "aquí se viene a tomar gloriao". Era el mismo nombre que Edwards Bello le coloca en "El Roto" a un mítico burdel de Estación Central regentado por la tía Emma, en los años 20, como evocando también a las puertas del cielo (aunque por la vía placer, en este caso).
El trago fue muy popular en los velatorios y sepelios de campo y de barrios pobres, pero especialmente necesario en los llamados velorios del angelito, correspondientes a los de niños pequeños fallecidos antes de los 7 años, pudiendo ser que su origen se encuentre en estos ritos. Allí simbolizaba el deseo de todos los presentes, de que el alma inocente entrara a la gloria; que el niño estuviera glorioso, tal como hacían lucir su cuerpo decorado con flores, cortinas y coronas mientras era despedido. Por esta razón, los adultos formaban cuartetos de cánticos al angelito mientras otros brindaban por él repitiendo:
"¡Que sea en buena hora! ¡Que sea en buena hora!"
El gloriao fue, como se advierte, parte de la emoción de la despedida, en esas antiguas exequias donde los dolientes danzaban, bailaban cueca, comían asado en la tarde y caldo de gallina o cazuela de pava en la medianoche; brindaban y cantaban al son de guitarras intentando demostrar al fallecido un homenaje en su memoria, al tiempo que se fingían alegría por su entrada a la gloria eterna en el caso de los adultos, y su conversión en ángel en el caso de los niños.
Antiguos nichos del Cementerio General, en fotografía de principios de los años noventa. Muchos de ellos quizás alcanzaron a ser despedidos con un brindis de gloriao.
El dogma era, en todos los casos, que el muerto debía ser despedido con un brindis de gloriao casi como una necesidad ceremonial, de modo que era extraño ver este licor en otro contexto que no fuese en la despedida de un difunto o una connotación funeraria.
El gloriao trascendió así a su ambiente rural, llegando a las grandes ciudades y puertos. En el libro "Patrimonio cultural de la Provincia de Iquique", escrito por varios autores bajo dirección de Lautaro Núñez y Cecilia García-Huidobro, se confirma que tuvo presencia también en las tradiciones funerarias de Tarapacá. Allá en el Norte Grande era bebido para las celebraciones de la Fiesta de la Cruz de Mayo, junto a las mistelas, pero conservando también su asociación con lo funerario; en este caso, al propio calvario de Cristo.
El dato anterior nos da una referencia de cuánto se extendió su uso en todo el territorio chileno, hasta Magallanes inclusive, donde el trago se endulzaba con azúcar quemada, según un artículo publicado por el investigador e historiador Mario Isidro Moreno. Sin embargo, Marco Antonio León confirma que esta tradición de hacerlo con azúcar acaramelada a fuego proviene originalmente de Chiloé, cuna y cultivo de muchos otros tragos populares y tradicionales del país, como el licor de oro y la mistela chilota.
Pero el gloriao ha ido extinguiéndose; diríamos que durante la segunda mitad del siglo XX, hasta casi desaparecer en nuestros días. En ciertas zonas rurales y en algunas licorerías artesanales del Valle de Elqui, del Cajón del Maipo y de Chiloé, todavía se fabrican traguitos parecidos a éste, con aguardiente y canela, pero al ser necesario que para poder existir un legítimo gloriao éste debe estar asociado a los ritos funerarios y las viejas tradiciones correspondientes a la muerte, no cabe duda de que su época en el folklore y costumbrismo chileno prácticamente ha concluido.
Bebiendo para pasar "la pena". Escena del velorio de "Largo Viaje".
SOBRE EL GLORIAO Y EL ALCOHOL DE LOS VIEJOS VELORIOS
El gloriao, los vinos navegaos y los tragos de usos funerarios han ido desapareciendo en todas sus formas y variedades originales en esta clase de encuentros, incluyendo su identidad asociada a la connotación mortuoria más que a una receta de coctelería en específica. Como la ponchera de vino y frutas de los clásicos lupanares de Santiago y Valparaíso devenida después en una botella de pisco con cuatro vasos (la “linterna con cuatro pilas”, que algunos creen invención del conocido empresario nocturno José "Padrino" Aravena), el original gloriao mutó jarras de vino blanco o tinto más concentradas en sus efectos que en ingredientes, pero también acabaron apartándose de las costumbres funerarias más actuales, junto con ese extraño carácter casi festivo que llegaron a tener.
Un elemento que pocos podrían reconocer ya al respecto, aparece en “Lago viaje”, el filme de culto rodado en 1967 bajo la dirección del Patricio Kaulen (con la actuación de Emilio Gaete, Eliana Vidal y Enrique Kaulen). Es, precisamente, la ingesta de alcohol "para la pena" durante la reunión de despedida del niño muerto. Considerado un hito de la historia del cine chileno, puede observarse en su famosa y dramática escena de las exequias de un bebé o, más exactamente, en el velorio del angelito, que los familiares, ancianas y vecinos presentes en la despedida reciben una extraña pócima “buena para la pena” que reparten los anfitriones y cuyo color oscuro (en película blanco y negro), además de la ebriedad subsiguiente, podría llevar a creer que se trata de simple vino tinto sin más que decir al respecto. En realidad la bebida del velorio está cumpliendo el mismo objetivo que se asignaba al gloriao, pudiendo ser considerado incluso una versión alternativa o más moderna y citadina del mismo.
Sobre esta famosa secuencia de escenas del velorio ambientado en un conventillo santiaguino por el viejo barrio San Diego, la habladuría popular tejió algunas historias siniestras, como que el infante de las imágenes es el cuerpo de un neonato real, porque se habría utilizado un auténtico velorio del angelito en las filmaciones, idea influida quizás por la perfección que logró el director en su reproducción de un velatorio pobre de esos años, incluyendo los cantores populares, coplas y cuecas. Sin embargo, al parecer nadie se detiene ya en el detalle del brebaje que degustan los deudos presentes, como si cumpliesen con un protocolo funerario, pasando por un asunto secundario de borracheras.
Diríamos que el gloriao original, preparado con la receta de campo y servido tibio, entró en extinción durante la segunda mitad de la pasada centuria. Ha menguado drásticamente su importancia y presencia, hasta casi desaparecer en nuestros días. Ya no sólo se hace imposible encontrarlo en Santiago y algunas zonas rurales donde antes hacía gala de sí, sino que se ha vuelto ya cada vez más difícil hallar a los veteranos que alcanzaron a conocerlo y que lo recuerden bien.

miércoles, 19 de octubre de 2011

UNA VISIÓN ACTUALIZADA SOBRE EL CONCEPTO DEL PATRIMONIO


* Artículo elaborado en base a mis apuntes y reflexiones sobre una clase especial de don Ángel Cabeza, Vicepresidente Comité Internacional de Patrimonio Inmaterial de ICOMOS, para la Escuela de Gestión Patrimonial de la Universidad de Santiago de Chile, USACH (jueves 6 de octubre de 2011).
Se ha experimentado una renovación del Patrimonio como concepto de algo propio de la identidad de un pueblo, fundamentalmente en relación a la idea de memoria y pasado. Desde las antiguas visiones se ha avanzado a una nueva donde se compromete un acto de "saber ver", "saber leer" y "encontrarse" con la memoria y el pasado de un lugar o de una comunidad, incluso donde aparentemente y de acuerdo a la visión clásica, no hay elementos cultural o antropológicamente visibles.
Esto involucra como puntos de referencia y reconocimiento relativos al patrimonio:
  • Herencia
  • Memoria
  • Trascendencia
  • Identidad
  • Diversidad
  • Cohesión
  • Desarrollo
Un ejemplo de lo descrito es, por ejemplo, el caso de una casi desconocida batalla naval entre canoas de indios huilliches y bergantines españoles en el Seno del Reloncaví, en pleno período de la Independencia, lugar donde la visión de una naturaleza prístina y dominante podría dificultar el reconocer su valor histórico-cultural o patrimonio de memoria y pasado, pese a que no queden a la vista vestigios que lo recuerden, sino una vaga memoria y tradición oral entre los habitantes de la zona.
Para poder identificar y reconocer este hecho histórico como parte del patrimonio del Reloncaví (más allá del mero patrimonio natural), se precisa una visión transdiciplinaria sobre ese mismo concepto patrimonial: una mirada más integral, y no sólo la de índole memorial-conmemorativa, más asociada a la filosofía clásica sobre estas materias.
LA VISIÓN CLÁSICA
Antaño, toda observación y valorización del patrimonio se reducía a la conservación y protección del objeto. El ejemplo más evidente es la interpretación y creación del monumento antiguo con un carácter esencialmente conmemorativo: es decir, dejar registrados hechos o hitos históricos para el conocimiento en el futuro y la perpetuidad de su valoración.  Es la conciencia clásica de los monumentos.
Otro ejemplo característico de esta visión es la de naturaleza museológica: conservar, exhibir e ilustrar sobre algo, pero manteniéndolo lejos del contacto o del uso, pues el objeto permanece aislado y separado de su valor contextual.
Una idea más novedosa sobre el patrimonio derivó del concepto de lo patrimonial entendido más bien como bienes heredables, algo que persiste de alguna manera, por ejemplo, en la doctrina jurídica y parte de la legislativa. Este concepto parece tomado de la cultura francesa inmediatamente posterior a la Revolución, llegando a Chile entre fines del siglo XVIII y principios del XIX y marcando sus diferencias con el más clásico concepto monumental y conmemorativo, pero integrándose en parte con el mismo para gestar la visión que siguió dominando la interpretación del patrimonio por largo tiempo más.
LA VISIÓN ACTUAL
Actualmente, al priorizarse aspectos amplios de lo que tenga valor histórico, cultural o folklórico, se entiende que el patrimonio no es sólo la protección del objeto, sino también la protección del entorno. Esto significa que hay un contexto inherente al objeto material o del sitio, que también forma parte del valor patrimonial del mismo.
Dicho de otro modo, el patrimonio ya no es el objeto, sino que ahora incluye lo más cotidiano, lo más cercano a su alrededor o su entorno. Es una visión tan novedosa que ha sido motejada como el Patrimonio del Siglo XXI, cuyas prioridades generales han variado de la siguiente manera:
VISIÓN CLÁSICA:
VISIÓN ACTUAL:
Monumento
Patrimonio
Objeto
Sitio
Inmueble
Conjunto
Natural
Cultural
Material
Intangible
Identidad
Diversidad
Puede decirse que el actual planteamiento del estudio del patrimonio involucra los siguientes ejercicios u observaciones:
  • Reconocer que en cada bien patrimonial coexisten muchos valores y significados.
  • Los valores se relacionan con experiencias emocionales, intelectuales, históricas, físicas y sensoriales.
  • Los significados o valores patrimoniales incluyen identidad, cultura, tradiciones, memoria, creencias, naturaleza y medio-ambiente.
REACCIÓN A LA VISIÓN DEL SIGLO XX
De cierta forma, esta visión nueva ha resultado de una reacción a la ignominia y desdén que hubo en la centuria anterior sobre lo mismo, pues el siglo XX parece ser el de mayor destrucción de patrimonio de toda la historia de la humanidad, al plantearse en la posición de destrucción por desarrollo.
Pero, a medida que aumentaba el patrimonio destruido, cundía también el interés y la preocupación por conservarlo. Parece ser que la UNESCO ha influido mucho en ese cambio de mentalidad: ejemplo de esto fueron los esfuerzos dirigidos por el organismo internacional con los que se rescató el templo de Abu Simbel, en Egipto, de las inundaciones artificiales del río Nilo. Comenzaba así la valoración principalmente del sitio por sobre el objeto.
Cabe indicar, en este punto, que el turismo también ha tenido utilidad para poder emprender programas de rescate y valoración patrimonial durante aquel período, pero en general, esta actividad económica puede conducir a casos abusivos y contraproducentes, como sucede en San Pedro de Atacama o el Valle de Elqui, donde mucho del elemento humano local ha sido desplazado por comerciantes turísticos. Algo parecido ha comenzado a ocurrir en la Isla de Pascua.
Han existido otros casos internacionales singulares, donde la cantidad de visitas a un lugar ha desgastado los escalones de mármol de un edificio histórico obligando a entablarlos para su protección; o bien donde los habitantes de un lugar han debido irse retirando ante el avance del comercio y de los propios turistas. Son sólo algunos de los varios ejemplos en los que el turismo se vuelca contra el sentido principal de la conservación y difusión patrimonial.
PATRIMONIO E IDENTIDAD
También es relevante en estas nuevas filosofías la visión del patrimonio como factor de identidad-diversidad: es decir, el patrimonio construye y refleja identidades de los pueblos a los que pertenece. En tal sentido, las identidades puede ser amplias y de carácter más general, o bien constituirse como identidades locales y diversas.
Sobre el patrimonio visto como parte de una identidad amplia y general, existen rasgos comunes que permiten reforzar los sentimientos de pertenencia y de reconocimiento de un país o sociedad. Un ejemplo lo representan el folklore de carácter nacional, las efemérides y la percepción que los pueblos tienen de sí mismos a través de simbologías o personajes que considera típicos.
Sobre el patrimonio visto como parte de una identidad local, generalmente se representa en casos de diversificación dentro de la identidad general o imperante, como por ejemplo: las tres regiones chilenas que, además de la Bandera de Chile, ostentan sus propias banderas regionales (Copiapó, Los Ríos y Magallanes), o las dualidades en que conviven con la cultura imperante ciertos grupos indígenas.
Sin embargo, muchas veces ha sucedido que el patrimonio es usado políticamente, como por ejemplo en los discursos supremacistas, o bien para forjar sentimientos dirigidos de identidad separatista (secesionismos, etnocentrismos, etc.).
LOS VALORES INTANGIBLES
Los valores inmateriales corresponde a aquellos de la memoria propiamente tal: tradiciones, festividades, lenguaje, etc. Se expresan en manifestaciones concretas, sin embargo: eventos, encuentros, presentaciones, ritos, convencionalismos, etc. Cumplen también con la observación del ser humano en su propio medio y su entorno, a diferencia de las visiones más aislacionistas.
Podemos reconocer como elementos del valor intangible del patrimonio, los siguientes:
  • Lo significativo, trascendente, representativo, único, lo heredado, que identifica, que diferencia, valores.
  • Memoria natural y cultural de una sociedad.
  • Objetos, ideas, lugares, construcciones, territorios, ecosistemas, especies, paisajes, que poseen un conjunto de valores para entender nuestro pasado y potenciar nuestro desarrollo futuro.
Todo patrimonio físico tiene su correlato en el patrimonio inmaterial, según puede establecerse con la visión actualizada que hemos descrito. Empero, si antes la necesidad de conservar dichos valores y sus lugares se relacionaba principalmente con el descubrimiento de hallazgos o el haber sido teatro de acontecimientos históricos, en la actualidad este rescate se relaciona más con el descubrimiento de "algo", como veremos en la relación de patrimonio y territorio. Así, el valor intangible puede superar al valor material, propiamente tal.
Sin embargo, cabe indicar que los valores inmateriales son los más frágiles y vulnerables, pues están amenazados constantemente por los cambios ambientales, las alteraciones del modus vivendi y otras fuerzas externas.
PATRIMONIO Y TERRITORIO
Parte de la visión actual implica asociar al patrimonio con un territorio o paisaje patrimonial; es decir, patrimonio cultural de un territorio (recordar caso del Reloncaví). Lo mismo ocurre con el patrimonio natural y la conservación de flora y fauna, por ejemplo con las Reservas y Parques Nacionales, destinados a proteger no sólo la especie en virtual peligro o a conservar una especie, sino a todo su ecosistema.
Explicado de otro modo, el actual entendimiento del patrimonio natural busca, en su orientación integracionista, establecer una fusión conceptual entre naturaleza y cultura, sostenida sobre un espacio físico; y en el caso del patrimonio cultural, se integra al sujeto (pasado, presente y futuro) con su entorno, también en un espacio territorial, a un sitio o a una cualidad geográfica. Algo parecido sucede con el caso de las denominaciones de origen, que también cuentan con un espacio geográfico propio y un elemento de carga cultural que lo identifica.
Un ejemplo de esto último es el Museo de las Pesquerías del Atlántico, de Lunnenburg en Nueva Escocia, Canadá, o el Museo Nacional del Mar de San Francisco do Sul en Santa Catarina, Brasil; ambos contrastan con el escaso interés chileno en establecer museos marítimos a pesar de su vínculo geográfico con el océano, desdén manifiesto, por ejemplo, en el abandono de la antigua ballenera de Iquique, la única que se conserva completa desde aquellos años, y que incluso ha querido ser destruida para abrirle espacio a nuevos proyectos.
Un caso especial en Santiago es el del Cerro Plomo, que fuera santuario sagrado de mapuches y luego de incas. El cerro corresponde a un paisaje natural, por supuesto, pero ello no impide que tenga también un alto valor cultural que fue cotizado por esas culturas: es la montaña más alta del sector en que se encuentra y nacer en sus faldas el río Mapocho; guarda una relación directa entre el Sol y los glaciares; además, con el Cerro Peladeros frente al Cajón del Maipo (donde también existe un santuario inca), se señalaban los extremos de las salidas matinales del astro en equinoccios y solsticios si se observa la cordillera desde el valle de Santiago. De ahí que se le hicieran ofrendas de sacrificios humanos (momia del niño del Cerro Plomo).
Así se explica lo que hemos dicho ya: que la importancia de conservar un lugar se basa, en nuestros días, en el descubrimiento de los valores de "algo"; de su importancia como patrimonio intangible justificando su valor como patrimonio material.
En relación al Patrimonio Natural, se habla esencialmente de Recursos Naturales (flora, fauna, bosques, hidrografía, etc.); mientras que para el Patrimonio Cultural, se entiende por tales a los Recursos Culturales (lenguaje, tradición, música, folklore, etc.). Tanto los Recursos Naturales como los Recursos Culturales pueden ser renovables o no renovables.
CONFLICTOS SOBRE EL PATRIMONIO
Hemos visto que el patrimonio muchas veces puede ser utilizado políticamente; pero también puede ser destruido por motivaciones ideológicas o razones de contingencia que, en su momento, parecen muy justificables al calor de los acontecimientos, pero que vistas después con mayor serenidad pudieron resultar en grandes daños a la memoria y pasado.
Sucede que los valores patrimoniales son dinámicos y mutables, a veces adaptables; cambian con el paso del tiempo y también se enfrentan a conflictos de intereses. Mucho depende, además, de quién decide qué es y qué no es patrimonio; o de quién decide qué es lo que debe conservarse y recordarse, y qué no. No pocas veces se produce, al respecto, un estado de tensión entre lo político y lo técnico: entre la autoridad oficial y la comunidad.
Un caso muy ilustrativo fue la masiva destrucción de los monumentos a los reyes y soberanos después de la Revolución Francesa, que incluyó saqueos de tumbas y desmantelamiento de todos los símbolos reales. Algo se salvó entonces, sin embargo, gracias a la irrupción de leyes de protección del patrimonio francés.
También existen conflictos entre quienes quieren olvidar y entre quienes quieren recordar. Un caso particularmente interesante es el que ofrece Sudáfrica frente al tema del ya abolido Apartheid, en donde se pueden encontrar visiones tan radicalmente distintas entre sí como las representadas por el Museo del Apartheid, por un lado, y el Santuario de los Boers, por el otro.
Más cerca de nuestros días, está el ejemplo de la destrucción del Muro de Berlín, motivada por el símbolo de odio y de abuso que significó su existencia, pero que ha obligado a algunos expertos, en la actualidad, a tener que buscar y estudiar fragmentos del mismo para poder mantenerlos como testimonio o evidencia del mismo.
FUNDAMENTOS DEL BIEN PATRIMONIAL
La figura conceptual de un bien patrimonial tiene tres bases o fundamentos, totalmente relacionados entre sí:
  1. VALOR: Un valor propiamente dicho está asociado al significado de lo que se presenta como patrimonio. Aunque opera en más de una dimensión, el valor técnico generalmente es definido por una comunidad de trabajo integrada por especialistas.
  2. AUTENTICIDAD: Factor de gran importancia pues respalda la calidad y validez de lo que pretende reconocerse como un rasgo o hecho patrimonial. Se prioriza en este punto lo genuino.
  3. INTEGRIDAD: Se refiere a la integridad de todos sus aspectos y la correlación de aspectos inherentes a lo que se considera patrimonio, ya sea del sitio con su elemento humano, del paisaje con su plus cultural, estado de conservación, etc. Es decir, su totalidad: que pertenezca efectivamente a un total, a un conjunto.
Cabe indicar que, considerando estas bases como fundamentos de lo debe ser considerado como bien patrimonial, en años recientes se han incluido en los programas relativos al patrimonio chileno, algunos ítems novedosos de difusión y de rescate que se asocian al valor, autenticidad e integridad, como:
  • El Día del Patrimonio
  • Patrimonio de los pueblos indígenas
  • Patrimonio Industrial
  • Antiguas y nuevas tecnologías
  • Patrimonio chileno a nivel internacional (Patrimonio de carácter mundial)
CATEGORÍAS DEL PATRIMONIO CULTURAL
En la visión categórica y estricta del Patrimonio Cultural, éste se puede clasificar de la siguiente manera:
  1. PATRIMONIO INTANGIBLE: Aquel relacionado o compuesto de lo que con anterioridad llamamos aquí como los valores intangibles, como el lenguaje, costumbres, instituciones, religión, leyendas, mitos, música y bailes, gastronomía, etc.
  2. PATRIMONIO TANGIBLE: Aquel de naturaleza material y concreta, que puede ser, a su vez, de alguna de las siguientes dos categorías:
  • Patrimonio Tangible Muble: documentos y manuscritos, libros, artefactos y objetos, colecciones científicas, obras de artes plásticas o pictóricas, vestuario y accesorios, etc.
  • Patrimonio Tangible Inmueble: edificaciones, sitios históricos (escenarios de un evento histórico importante), conjuntos históricos (pueblos, aldeas, ciudades), sitios arqueológicos, cementerios, paisajes culturales, etc.
En la visión más moderna, sin embargo, se involucran también otros factores activos como parte de la categorízación del patrimonio: el patrimonio simbólico, el paisaje, las rutas culturales, las experiencias y aprendizajes empíricos (por ejemplo: corregir errores revelados por las consecuencias de un terremoto), patrimonio mundial en base a lo geográfico, histórico y cultural (criterios de representatividad y diversidad en la lista tentativa), etc.
¿PARA QUÉ CONSERVAR PATRIMONIO CULTURAL?
La significación o valoración del Patrimonio Cultural depende, muchas veces, de la propia percepción cultural de cada comunidad. Tal percepción difiere según los individuos y su propio tiempo histórico, de modo que es frecuente ver diferentes visiones al respecto, entre los investigadores, los administradores, la comunidad y el público general.
Cabe preguntarse, en este punto: ¿Por qué es importante conservar el patrimonio cultural, hoy? He aquí las razones:
  • Porque es el producto de diferentes tradiciones culturales e históricas que se requiere preservar por sí mismas.
  • La diversidad cultural enriquece la visión de mundo, aumenta la creatividad y permite valorar mejor la realidad.
  • Proporciona bienes de valor artístico y simbólico.
  • Permite rescatar y potenciar las capacidades adaptativas de cada sociedad.
  • Contribuye a mejorar la calidad de vida.
  • Facilita la identidad de la gente con su pasado y con un proyecto futuro compartido.
  • Es la memoria histórica de un pueblo.
  • Posee un valor económico que debe ser descubierto y bien utilizado.
INSTRUMENTOS JURÍDICOS RELATIVOS AL PATRIMONIO
Convenciones y Cartas internacionales suscritas por Chile y relativas a la conservación del Patrimonio:
  1. UNESCO:
  • Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural (1972)
  • Recomendación para la Salvaguardia de la Cultura Tradicional y Popular (1989)
  • Proclamación de Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad (1997)
  • Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático (2001)
  • Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003)
  • Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2007)
  1. UNESCO con Organismos no Gubernamentales (ONG):
  • Documento de Nara sobre Autenticidad (1994).
  • Declaración de Yamato sobre Enfoques Integrados para Salvaguardar el Patrimonio Cultural Material e Inmaterial (2004).
  1. ICOMOS:
  • Carta de Deschambault (Compromiso para la preservación del patrimonio de Québec) (1982).
  • Carta de ICOMOS Nueva Zelanda para la conservación de lugares de valor patrimonial cultural (1992).
  • Carta de ICOMOS sobre el patrimonio vernáculo construido (1999).
  • Carta de Burra (Carta de ICOMOS Australia para los lugares de significado cultural) (1999).
  • Declaración sobre el Compromiso Ético (Madrid, 2002).
  • Principios de ICOMOS para el análisis, conservación y restauración estructural del patrimonio arquitectónico (2003).
Principales leyes chilenas relativas al reconocimiento y la conservación del patrimonio:
  1. LEY DE MONUMENTOS NACIONALES: Establece las siguientes categorías de Monumento Nacional:
  • Monumento Histórico
  • Monumento Arqueológico
  • Zona Típica
  • Santuario de la Naturaleza
  • Monumento Público
  1. LEY GENERAL DE URBANISMO Y CONSTRUCCIÓN: Establece las siguientes categorías de protección:
  • Inmueble de Conservación Histórica
  • Zona de Conservación Histórica

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