sábado, 24 de septiembre de 2011

MINO VALDÉS: DE LA ALEGRE COMPAÑÍA A LA TRISTE AUSENCIA

Mino Valdés, el gran comediante (Fuente imagen: diario La Tercera, noviembre de 1988)
El próximo domingo 2 de octubre, se realizará en el Teatro Caupolicán la última presentación conmemorativa del mítico "Festival de la 1" (1979-1988), el clásico estelar del mediodía. Será conducido por su histórico animador Enrique Maluenda, quien presentará allí también un libro con sus memorias.
El evento de marras contará con varios artistas que participaron en las diarias presentaciones del programa auspiciado por sabrosalsa Deyco y betún Virginia con recordadas secciones como "Afírmese usted compadre" y "Su sueño por un día", que hoy se verían tan ingenuas e inoportunas en nuestra televisión. Estarán en el show-despedida Buddy Richard, José Alfredo Fuentes, Peter Rock, la Sonora de Tommy Rey, Ginette Acevedo, Los Huasos de Algarrobal, Zalo Reyes y humoristas como Daniel Vilches y Ernesto Ruíz. Sin embargo, muchos de ellos no podrán estar presentes, más que en el recuerdo, como Chicho Azúa, Eduardo Thompson y un verdadero señor del humor que formó parte de aquel elenco: Mino Valdés.
Fueron muchas las mañanas, tardes y noches que llenó de risas Valdés y su Alegre Compañía, una de las más exitosas agrupaciones humorísticas de la televisión chilena, de esas que vinieron a ser herederas de la época del teatro de variedades y los espectáculos revisteriles en los que se gestaron, con grandes shows frívolos y elogiadas vedettes. Pasó por los principales escenarios de la época y consolidó su carrera con bloques de humor en los más populares programas de televisión nacionales, como el mencionado "Festival de la 1" y "Sábados Gigantes".
El nombre de Mino Valdés quedó asociado, por esto, a todos aquellos grandes comediantes y humoristas de la generación romántica de las candilejas: Guillermo Bruce, Manolo González, Eduardo Thompson, Gilberto Guzmán, Jorge Franco, Tato Cifuentes y su muñeco Tatín, Carlos Helo, Canuto Valencia, Jorge Cruz, Eduardo Aránguiz y Helvecia Vieira, por nombrar algunos.
Como además del recuerdo del "Festival de la 1" pronto se cumplirán también 23 años desde su partida, hemos dedicado para él esta entrada a modo de merecido encomio, recorriendo los principales hitos de su productiva vida, aunque bastante más corta de lo que todos hubiesen querido.

Actualización: Mino Valdés y su compañía humorística en "Sábados Gigantes", de Canal 13, 15 de mayo de 1982. Fuente video: youtu.be/Esd4MuUW9Nw.
Actualización: Mino Valdés y su compañía humorística en "Sábados Gigantes", de Canal 13, 28 de agosto de 1982. Fuente video: youtu.be/5jeBFbKXQs0.

INICIOS Y CONSAGRACIÓN
Aníbal Benjamín Mella Valdés, el verdadero nombre detrás del pseudónimo de Mino Valdés, siempre fue hombre de escenarios. Descubrió sus talentos en los precoces tiempos de la escuela, optando primero por el canto y la guitarra, artes en las que se lucía. Entregado a esa clásica bohemia santiaguina y a sus noches de orquestas bailables de chachachá o mambo, comenzó a actuar profesionalmente en importantes centros de recreación y espectáculos, como la memorable Quinta Parque Rosedal de Gran Avenida, por allí donde ahora se encuentra la Estación Metro Lo Ovalle en el paradero 18, subiéndose así a los mismos escenarios donde también actuaron artistas con la talla del Dúo-Rey Silva, Pérez Prado con sus músicos y las orquestas de los maestros Armando Bonasco y Porfirio Díaz.
Valdés cantaba en vivo, por entonces: tangos y milongas. Aún no cumplía los 25 años y ya comenzaba a hacerse un nombre. Sin embargo, alguien le hizo notar que tenía talento improvisando y haciendo gracias mientras cantaba, sugiriéndosele que probara directamente con el humor. En el ambiente bohemio seguramente ya había tenido bastante tiempo para aprender del exigente oficio del humor a través de grandes referentes como Chito Morales, Pepe Harold, Romilio Romo y otros integrantes de la primera generación del teatro revisteril nacional, que también actuaban en El Rosedal y los demás famosos negocios de la época conocidos por Mino.

Esta entrada de Valdés en el humor fue tan exitosa que no sólo optó por convertirla en su principal actividad profesional, sino también lo hizo asumiendo una posición de liderazgo dentro del género, al decidir armar su propio grupo de trabajo con el que se mantuvo en la actividad hasta el final de sus días, pasando por los principales salones bailables, teatros nocturnos y canales de televisión chilena. Comenzó esta favorable etapa en Valparaíso, pasando después al famoso "Picaresque" del mítico empresario Ernesto Sottolichio, en el desaparecido Teatro Princesa de Recoleta. Con su compañía recorrió el país realizando presentaciones con regularidad y abarcando largas temporadas con sus shows que mezclaban el teatro de humor con el café concert.
El emprendedor Valdés creó programas, elencos, escribió libretos y los dirigió, reclutando en ellos a maestros como Vilches, con quien trabajó por cerca de 14 años. Y como sucedió con su colega Bruce, se especializó en sus rutinas tanto en lo que se llama bandejero en la jerga (el humorista "serio", que en la actuación deja armada la situación para que el otro actor la remate en un chiste) y como cómico propiamente tal, consumando las situaciones de risa con sus líneas del libreto. También era sumamente diestro en la improvisación, recurso que sólo los humoristas considerados eximios son capaces de controlar y ofrecer en sus presentaciones. Se le recuerda como un hombre de gran inteligencia y compañerismo, además, por lo que era muy querido y respetado en el medio.
Fue en este ambiente de comedia y espectáculos que Valdés conoció a la showoman que sería el amor de su vida: la muy joven Mónica Val, versátil y hermosa muchacha que pasó a formar parte de su compañía y que destacó por sus virtudes como bailarina, cantante y actriz de comedia. Ambos enamorados contrajeron matrimonio hacia 1978, trabajando, viviendo y prácticamente haciendo cada instante de su vida juntos, desde ahí en adelante.
A la izquierda, en sus inicios como cantante y músico. A la derecha, con su esposa Mónica Val (Fuente imágenes: archivo de noticias de Chilevisión).
Elenco de "Los del Bloque F.C.". De izquierda a derecha: "El Negro" Joselo, Ernesto "El Tufo" Ruíz, Mónica Val, Daniel Vilches (parodiando al futbolista Carlos Caszely), Eduardo Thompson y Mino Valdés (Fuente imagen: diario "La Tercera", noviembre de 1988).
EN LA TELEVISIÓN
Las incursiones en televisión de Mino Valdés fueron notables, siempre con Vilches, Guzmán (El Fatiga), Thompson y Ruiz (El Tufo) formando parte de su Alegre Compañía. Curiosamente, todos los hombres del elenco eran escasamente agraciados, algo que contrastaba con la belleza juvenil y despampanante de Mónica Val. A veces, también eran acompañados por figuras como Burce, Chicho Azúa, Patty Cofré, el Negro Joselo y el entonces joven Luis Córdova, del dúo Los Indolatinos.
Su debut televisivo fue hacia el convulsionado año de 1973, en un segmento humorístico de su autoría, llamado "Los del Bloque F.C." en el antiguo "Sábados Gigantes", donde Mino hacía el papel de un egocéntrico entrenador argentino de fútbol, que intentaba sacar adelante al jocoso equipo o Fútbol Club de peloteros de barrio fracasados. Fue una de sus mejores creaciones, que le permitieron trasladar su popularidad desde el mundo de la revista al de los medios masivos, pero a la que Valdés liquidaría tras la muerte del gran comediante clásico Pepe Harold, veterano actor que había formado parte del elenco. Aun así, creó espacios de humor posteriores como "El Hotel", "La Cárcel" y "El Boulevard".
Trabajando para la estación de Televisión Nacional de Chile, a la que llegó después de algunas diferencias de la administración de Canal 13 con sus libretos, Mino Valdés y su Alegre Compañía se presentaron con éxito en el recordado "Festival de la 1". Con una astucia única para enfrentar las restricciones del horario familiar, mezclaron la picardía de las antiguas rutinas para adultos inspiradas en los buenos años revisteriles y los libretos más novedosos, apropiados para aquel segmento del día. Se recuerdan especialmente de esta época los sketches de "El Hospital" y "La Clínica", hacia 1984, donde dio rienda suelta a su instinto de burla e ironía, además de demostrarse como un gran observador de la sociedad chilena, sobre cuyos comportamientos e idiosincrasia construía sus historias graciosas.
En Canal 13, en cambio, donde la condición de estación de la Universidad Católica de Chile prácticamente hacía imposible por entonces los chistes en doble sentido, Mino creó otros segmentos de sketches inolvidables para el mismo programa "Sábados Gigantes", como el mencionado espacio "La Cárcel", "La Comisaría" y "El Restaurant de Mino Valdés". Había regresando al canal hacia el año 1986, pero ahora metiendo sutilmente una carga de humor político y social en los argumentos. Este último segmento sería rebautizado después como "El Restaurant de la Abeja Maya", aludiendo a la famosa caricatura infantil japonesa de aquellos años, ganándose el mote de la abeja.
Mino también vivió amarguras, por supuesto: ese mismo año vio cerrarse para siempre al Teatro Ópera de calle Huérfanos, terminando con la época de oro del "Bim Bam Bum" que señalará en la historia el período final de la revista humorística chilena. La misma suerte corrió el "Picaresque", más ligado aún a su propia carrera. Fueron grandes golpes para la comunidad de comediantes y actores de espectáculos en el país. Un año después, Mino sufre en un preinfarto, por lo que desde ese momento se somete a un tratamiento permanente de medicamentos para tratar una arritmia, que le harían despejar el susto pero inconciente de que sería ese mismo corazón el que lo llevaría a la tumba. Su esposa también sufrió una complicada enfermedad en el verano siguiente, que afortunadamente pudo superar.
El equipo de grandes humoristas y comediantes de "La Alegre Compañía", de izquierda a derecha: Daniel Vilches, Gilberto Guzmán, Mónica Val, Mino Valdés, Ernesto Ruíz y Eduardo Thompson (Fuente imagen: diario "El Mercurio").
Imágenes de la Compañía de Valdés actuando en "El Hospital", de El Festival de La 1, en 1984. Aparecen Mónica Val, Mino Valdés (con peluca), Ernesto Ruiz, Eduardo Thompson y Daniel Vilches (Fuente imagen: archivos de TVN).
LA SÚBITA PARTIDA
Noviembre de 1988 era un buen momento para los grandes humoristas. Salvo por la cancelación de "El Festival de la 1" unos meses antes, los programas de televisión estaban en un tránsito favorable y los bloques de humor seguían siendo necesarios, manteniendo el trabajo de muchos de aquellos cracks que Bruce llamaría con sorna alguna vez como los cesantes del "Bim Bam Bum".
Las compañías estaban activas: Bruce, Thompson, Franco y sus vedettes presentaban "Curvas, Viña, Risas"; y debutaría hacia entonces un joven y delgado Ernesto Belloni con su exitosa revista "Los Años Dorados de la Tía Carlina", que duraría cerca de 15 años más en cartelera. Valdés, en tanto, realizaba una gira en "El Festival de la Risa" con la Compañía de Daniel Vilches, en la que participaba también su esposa. Tenían grandes planes para el verano; y por en esos días se realizaba también la gira promocional de la "Teletón", en la que se tenía contemplada la participación de varios cómicos de la compañía.
En fin, aún quedaba prosperidad para el género de la revista y el consecuente buen ánimo. Además, el humorista y su amada Mónica habían sido padres de una bella niña, Valeria, hacía seis años... Sin embargo, sucedería lo impensado; la tragedia impredecible que acecha en la vida.
El lunes 7 de noviembre, el elenco de "El Festival de la Risa" llegó a la ciudad de Talca y realiza allá una presentación más. Mino no había tenido problemas con su corazón desde el incidente dos años antes, siguiendo con cuidado su tratamiento de fármacos y el buen estado le había acompañado ya por las otras presentaciones previas realizadas en Rancagua, Curicó, Concepción y Lebu en sólo cuatro días; al siguiente debían partir a Chillán. Alojaron en el Hotel Claris, donde Valdés pudo ver por televisión la histórica pelea de boxeo internacional entre los púgiles Sugar Ray Leonard y Don Lalonde. Concluido el asalto entre los campeones, se retiró tranquilamente a su habitación hacia las dos y media de la mañana del recién iniciado día martes 8. Estaba calmo en eso, sin nada que hiciera prever algo, cuando un rayo fulminante atacó su corazón, tan veloz e inesperado que nadie alcanzó a hacer nada, ante la desesperación de su esposa que lo viera desplomarse en medio de una súbita tos sofocante. Al llegar al hospital de la ciudad, ya se encontraba fallecido.
El mundo del espectáculo y el público quedaron en shock al conocerse la trágica noticia. Muchos talquinos fueron espontáneamente al lugar donde estaba su cuerpo, conmovidos por lo ocurrido y esperando la información que entregaba el médico José Ibieta, quien realizó los exámenes de rigor.
Pero ya no había duda ni esperanza: Mino Valdés había fallecido... Tenía 59 años, 35 de ellos enteramente dedicados a los escenarios.
Enrique Maluenda entrevistando a Mino Valdés (Fuente imagen: diario "Las Últimas Noticias", noviembre de 1988).
El cortejo que acompañó a Mino Valdés a su última morada. Al frente, el Padre Suárez, la viuda Mónica Val y Eduardo Thompson (Fuente imagen: diario "Las Últimas Noticias" de noviembre de 1988).
SE CIERRA EL TELÓN
Los restos del humorista fueron llevados en un carruaje hasta la Funeraria Urrutia de la ciudad de su muerte, y desde allí partieron a Santiago. Los multitudinarios funerales fueron de enorme tristeza, el día 9. Su velatorio y misa de despedida se realizaron cerca del lugar de residencia de la pareja, en la Parroquia Santo Cura de Ars de calle Carmen Mena, paradero 13 de Gran Avenida, en San Miguel, dirigida por el Padre Juan Suárez Campos, que era conocido como el Capellán de los Artistas.
Un inmenso cortejo de más de mil personas le acompañó hasta su morada final y la caravana pasó lentamente frente a la casa del propio fallecido, donde su hijita Valeria pudo hacer un gesto de despedida, desde el jardín. Estuvo integrado por su amada esposa, que se veía profundamente afectada, más sus amigos y compañeros de toda la vida: Helo, Vilches, Guzmán, Ruiz, Sotolicchio, Platón Humor, Marco Aurelio, Enrique Maluenda, Zalo Reyes, Pepe Tapia, María Valdés, Horacio Saavedra, Tatiana Merino, Jorge Romero "Firulete", Isabel Ubilla, Alejo Álvarez y Jorge Boudón, entre muchos otros. Perdiéndose ya su ataúd por una bóveda del Cementerio Metropolitano, fue despedido con un último gran aplauso.
"Sin Mino Valdés, la risa se nubló" publicaría con gran congoja, el viernes siguiente, una revista de espectáculos. Y la verdad es que nunca volvió a existir en la televisión una figura con la magia, la camaradería y las capacidades de Mino Valdés, el actor, director y libretista. Vilches se dedicó a su propia compañía manteniendo hasta hoy, estoicamente, el género de la revista aún vivo y trabajando con muchos de aquellos veteranos del humor, pero los viejos tercios comenzaban a partir con el gran señor del humor: a Valdés le han seguido al más allá el Chico Aránguiz, Platón Humor, Franco, Thompson, doña Helvecia, Helo, Azúa y otros que también dejaron huellas imborrables en la historia de las candilejas chilenas.
Su viuda Mónica Val ha continuado en estas artes como cantante de rancheras, baladas, valses, boleros y canciones populares, ostentando aún su gran voz y su dominio escénico. Muchas musas posteriores del espectáculo han ocupando un rol del que ella fuera más bien pionera en el esquema general del humor televisivo, pero ninguna quizás haya logrado el glamour y la variedad de talentos que caracterizaron la carrera de Mónica en los desaparecidos sketches de base revisteril en la televisión.
Una frase muy usada por Mino Valdés fue recordada en su despedida, como corolario de toda aquella grandiosa existencia alegrando el alma nacional:
"Amigos míos, el show debe continuar. Paso a la risa y a la alegría".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nino Vladés fue uno delos grandes. Recuerdo haber visto vario de sus presentaciones picaréscas en la tv delos 80s y es parte de mis recuerdos de infancia. Su ausencia se hizo notar en las presentaciones de su compañía así como también de los variados personajes que le acompañaron en su contribución al desarrollo del humor revisteríl. Fue y sigue siendo uno delos grandes. Gracias por rescatarlo del baúl del olvido en que vivimos.
salu2 atte.
Juan Bragassi

Valeria Mella dijo...

que hermoso recuerdo de mi padre, muchas gracias :)

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