sábado, 29 de agosto de 2009

LA FERIA DEL LIBRO DE ÑUÑOA: DONDE LOS NIÑOS NO SE ABURREN (Y LOS ADULTOS TAMPOCO)...

Coordenadas: 33°27'24.50"S 70°35'15.16"W

Uno de mis grandes errores de padre fue llevar a Frankie a la Feria del Libro de Estación Mapocho, cuando tenía apenas cuatro o cinco años. Se aburrió como ostra y, como sabemos, un cabrochico lateado es un cabrochico inquieto, creciendo exponencialmente su potencial de mandarse una buena "cagada", de esas que ponen a prueba nuestro valor como progenitores. Al final, ambos lo pasamos pésimo.

La Feria del Libro de Ñuñoa, que está en su XI versión, resolvió este problema paternal de una manera sencilla, ingeniosa y radical: un tercio de las instalaciones de la muestra están dedicadas a los niños, con talleres de arte y lectura. Es la llamada Zona Creativa Infantil, un invento notable: los padres pueden dejar a los niños bajo la atenta dirección de las jóvenes guías de cada sala, mientras pasean tranquilamente por los cerca de 40 stands de expositores de libros, que van desde literatura de carácter social hasta textos de orientación religiosa.

Ñuñoa ha sido, desde hace tiempo, una de las comunas que más énfasis ha colocado en aspectos culturales. El actual Alcalde Pedro Sabat, a quien se le debe la creación de esta feria y de muchos otros eventos anuales de la comuna, ha dejado una huella importantísima sobre estos barrios de la Gran Ciudad de Santiago, tan visible que ni con el más obtuso juicio político podría desconocerse. La Feria del Libro de Ñuñoa es un esfuerzo de incalculable valor por fomentar la lectura en un país con los severos problemas culturales que tiene el nuestro, y la orientación hacia la infancia de ésta es, precisamente, el más certero de los ataques contra nuestra miseria intelectual chilena, que sólo podrá ser resuelta cambiando los hábitos de las generaciones en formación.

Los talleres de la Zona Creativa Infantil son variados y ciertamente entretenidos, pues los niños hacen cola para participar: encuadernación, xilografía, maquetería, esculturas en papel, pintura rupestre, decoración con papel, etc. Cada uno está pensado para cierto rango de edad, partiendo desde los tiernos 3 años hasta los deslindes con la adolescencia. Incluso existe una Biblioteca Infantil especial. Además, en esta feria se presentan grupos de teatro infantil en un escenario especialmente montado por el encuentro. Este año pasarán por él las compañías "La Juguetería", "Los Musicólogos", "Reciclacirco", "Malamoska", "Cabeza de Calabaza", "La Cenicienta", entre otras.

Por las tardes, el escenario vuelve a iluminarse, esta vez para grupos y solistas musicales para el público más maduro: Claudia Larraín, Cristián Cuturrufo, "Quinteto Bronces", "Los Beetles con 2 E", "Los Formidables", "Cuarteto Vertical", "Los Sayas", "Trío Napolitano", "Projazz Big Band", "Trío Combinación", "Calenda Maya" y los argentinos de "Los Troveros". También se presentan grupos de danza como el Ballet Folklórico Chileno Infantil, "Embrujo Flamenco", "Ballroom Dance", "Operetas, Valses y Danzas Austríacas" y "Libertango".

Este año presentan sus libros en la feria varios autores de importancia: José Donoso, Fernando Villegas, Juan Pablo Cárdenas, Poli Délano y Max Marambio, entre otros. Además, hay talleres y foros con temas como "Cultura Nacional y Globalización" y "Los Jóvenes Lectores tienen la Palabra", este último conducido por el escritor José Luis Rosasco. Están programadas exposiciones de poesía, concursos de pintura, fotografía y literatura.

En fin: hay de todo y a precios bastante convenientes para tratarse de una feria de libros principalmente nuevos. Un stand me pareció particularmente novedoso: se pueden cambiar libros, llevando un ejemplar y tomando otro como trueque. Y no sólo se pueden encontrar libros de las principales editoriales chilenas como Zig Zag, Random House Mondadori, Ril Editores, Editorial Planeta o Fontana: también hay en la exposición algunos ejemplares de cómics, para deleite de los coleccionistas: "Los Simpsons", "Hulk" y ediciones especiales de nuestro querido "Condorito", sólo por nombrar algunas.

Si baja el hambre o la sed, se pueden comprar bocadillos o bebidas en los varios puestos de alimentos: churros, chocolates, alfajores, café, gaseosas, etc. Muchos terminan la visita a la feria sentados en torno a las mesas que se han dispuesto en el lugar. Da para una tarde completa, sin duda.

Como si fuera poco, toda esta oferta es absolutamente gratis (¡¡¡GRATIS!!!): la entrada es liberada. No hay excusa para perdérsela, entonces.

La Feria del Libro de Ñuñoa se realiza desde el 27 de agosto hasta el 6 de septiembre en una gran carpa del recinto de los patios de la Casa de la Cultura de Ñuñoa (Avenida Irarrázaval 4055), desde las 11:00 hasta las 21:00 horas. Es organizada por la Ilustre Municipalidad de Ñuñoa y su Corporación Municipal de Desarrollo Social, en conjunto con la Cámara Chilena del Libro y la Corporación Cultural de la misma municipalidad. Sus auspiciadores son el diario "El Mercurio", Radio Cooperativa, la estación televisiva Mega y Metro Cultura. Para conocer los programas y actividades diarias, visitar la dirección camlibro.cl/nunoa o ccn.cl/new/ccn_fln2009_home.php.

jueves, 27 de agosto de 2009

GERNIKA'KO ARBOLA DA BEDEINKATUA, ¡EN LA PUNTA DEL CERRO!


Coordenadas: 33°25'32.31"S 70°37'58.70"W

Nunca me vine a interesar demasiado en profundizar sobre la influencia vasca en Chile sino hasta hace más bien poco tiempo, pese a que mi apellido tiene grandes posibilidades de pertenecer originariamente a este pueblo indoeuropeo establecido en tiempos remotos al Norte de España. A veces, preferimos pensar que todo nuestro mestizaje y toda nuestra matriz vincular con el mundo europeo, se redujo sólo a la presencia de guerreros castellanos colonizando estas tierras con locales. Obviamente, no fue así de simple: la presencia del juego de la pelota vasca en Chile, la gran cantidad de toponimia con asociación fonética a este idioma y, sobre todo, el número de apellidos que proceden de familias de tal origen desde los cronistas coloniales en adelante (cerca de un cuarto de la población chilena de hoy, o más) hablan de una presencia vasca en nuestra cultura mucho más potente de lo que creemos.

Como ha sucedido también con la fuerte influencia árabe en nuestra cultura y nuestro folclore, nuestro "lado vasco" en la identidad nacional ha sido un tanto escondido y minimizado por el discurso oficial, aunque se cuenta con excelentes publicaciones para darle revisión a estas impresiones, como el libro "Cuatrocientos años de presencia vasca en Chile", escrito por Julene Salazar González y Roberto Hernández Ponce (Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, Eusko Etxea - Chile, 1991).

Quizás sea por eso, por nuestra ignorancia autoinducida, que tampoco parece ser públicamente conocido ni valorado el tesoro que se encuentra en la cumbre del Cerro San Cristóbal, allí a poca distancia del Santuario de la Inmaculada Concepción, con la imponente estatua de la Virgen María que da a nuestra ciudad uno de sus iconos más potentes. Hablamos de la Plaza Vasca, un pequeño y adorable rincón frente a la Capilla de la Inmaculada Concepción, por lo que forma parte también del conjunto religioso que corona el principal cerro del sector urbano de nuestra ciudad, el alguna vez llamado Tupahue, por los indígenas locales: Morada de los Dioses.

Pero algo destaca por encima de todo en aquella pequeña plazuela: un roble elegante y vigoroso, aunque todavía de aspecto extrañamente juvenil, que constituye uno de los árboles de mayor valor histórico y cultural en toda la vasta colección de ejemplares que existen en Santiago.

Corresponde, pues, a un retoño del Árbol Sagrado de los Vascos, el Gernika'ko Arbola, existente en la Casa de las Juntas de la localidad vizcaína de Guernica. Año a año, el último domingo de cada mes de septiembre, la comunidad vasca residente en Chile realiza procesiones y presentaciones en el cerro, hasta su adorado arbolito, por lo que nos encontramos en la proximidad de un nuevo acontecimiento de este tipo, relacionado con la fiesta de Mikel Deuna o San Miguel, santo patrono del pueblo vasco.

Veamos cómo llegó hasta nuestro San Cristóbal.

Desde principios del siglo XX, una nueva migración de ciudadanos vascos se producía hacia Chile aumentando las filas de la colonia. Hacia fines de 1922 y principios de 1923, se fundó en Santiago el primer Centro Vasco en nuestro país. En su citado libro, Salazar y Hernández cuentan que este período coincidió con fuertes agitaciones independentistas de parte del pueblo vasco, mismas que han permanecido vigentes en prácticamente toda la historia del país Euskadi en España. Una nueva explosión de patriotismo tuvo lugar en 1931, y se iniciaron, a través un nuevo centro bautizado Euzko Gaztedija, actividades culturales y folclóricas que marcaron con energía la presencia de los ciudadanos vascos y sus descendientes en Chile.

Hacia agosto, tras no poder asociarse aún al Centro Vasco como filial, los miembros de Euzko Gaztedija se establecieron con un local propio en calle Bandera, convirtiéndose en una sede social y de festejos importantísima para la colonia, especialmente para la celebración de la fiesta de Mikel Deuna. Mantendrían esta sede hasta 1949, cuando la vendieron para adquirir los terrenos de sus actuales dependencias en Av. Vicuña Mackenna 547. Al mismo tiempo en que se constituía Euzko Gaztedija, una agrupación de sacerdotes euskaldunes comenzó a celebrar misas dominicales en su idioma, hacia 1932.

Fue en este contexto, de patriotismo y religión, que los vascos de Euzko Gaztedija decidieron crear una Plaza Vasca (Euzko Enparantza) y plantar allí un germen de su adorado roble de Guernica.

No me parece clara la información sobre el momento en que fue transplantado el árbol de la Plaza Vasca. Una placa instalada en el lugar, en 1992, dice que el árbol "desde 1931 ofrece su sombra este auténtico retoño de árbol de Guernica". Lo de que "ofrece su sombra" es sólo una metáfora, pues el roble era apenas algo más que un brote en aquel entonces, ya que las semillas habían sido entregadas sólo el año anterior. Las fechas no me coinciden del todo: la periodista Palmira Oyanguren, por ejemplo, quien se ha especializado en artículos sobre la influencia vasca en Chile, comenta en uno de sus textos que el árbol de la Plaza Vasca fue plantado el 9 de noviembre de 1931. Sin embargo, la plaza propiamente tal fue inaugurada frente a la capilla de piedra el 5 de noviembre de 1933, cuando el árbol, en caso de tener dos años, ya habría estado proyectando su pequeña sombra. En cambio, Salazar y Hernández aseguran que la idea de plantar el árbol fue concebida en 1932 y se da a entender que fue plantado en la misma inauguración del año siguiente. Como la placa actualmente instalada en este santuario está respaldada con la rúbrica del Instituto de Conmemoración Histórica de Chile, definitivamente me inclino más por la aseveración de que fue transplantado a este sitio en 1931 y no después.

Lo que sí es seguro es su procedencia, auténticamente ligada al Árbol Sagrado de Guernica, pues esto quedó perfectamente documentado. Corresponde a un retoño del árbol original, nacido de una de las 12 bellotas que tenía en su poder don Alfonso de Iruarrizaga y Mustardi, quien logró reproducirla en el jardín de su casa de Valparaíso. Iruarrizaga las había recibido de manos del archivero de las Casas de Juntas de Guernica, como constaba en un certificado fechado por ésta el 30 de septiembre de 1930, que fue enterrado con el mismo árbol dentro de una arqueta de bronce, y que hoy habrá de hallarse entre sus raíces.

El cuadrado de tierra que acogió al árbol y al certificado de autenticidad, quedó rodeado por una artística verja metálica de rizos un tanto barrocos, donada por don Vicente Yarza, que luce gallarda la bandera del país vasco por sus cuatro costados. Alrededor del conjunto, se construyeron bancos de piedras con escudos de mármol tallados en sus respaldos, donde pueden observarse los siete heraldos vascos y el emblema de la ikurriña. Enredaderas y una placa tallada en las paredes de piedras completan lo acogedor de este grato rincón de nuestra ciudad.

Como hemos dicho, la inauguración de la Plaza Vasca tuvo lugar el 5 de noviembre de 1933. En la ocasión, el Orfeón de la Juventud se presentó entonando cantos tradicionales de la cultura vasca. Cabe indicar que esta agrupación fue la base del Primer Coro Vasco, más tarde ampliado y renovado con nuevos integrantes llegados hacia 1939, producto de la Guerra Civil Española, y que fueron dirigidos por el maestro Ramón Muruguza Zubillaga hasta su fallecimiento, en 1985. Durante el evento, además, se colocó un altar de piedra consagrado a San Miguel, en la nave izquierda de la Capilla de la Inmaculada Concepción.

La placa conmemorativa instalada allí, coincide con la visita del Lendakari (Presidente del Gobierno Vasco) José Antonio Ardanza en 1992, quien tuvo el encargo de descubrirla en solemne ceremonia. Dice a los miles de turistas que anualmente pasan por allí:


PLAZA VASCA

DESDE 1931 OFRECE SU SOMBRA ESTE AUTÉNTICO RETOÑO DEL ÁRBOL DE GUERNICA.

EL ROBLE SAGRADO DE VIZCAYA, SÍMBOLO DE LIBERTAD Y JUSTICIA, HUNDE SUS RAÍCES EN LA MILENARIA TRADICIÓN VASCA.

EL VIENTO DE LOS SIGLOS ESPARZA SUS HOJAS Y COMO MENSAJERAS DEL PAÍS VASCO, FERTILICEN LA TIERRA CHILENA.

GERNIKA'KO ARBOLA
DA BEDEINKATUA
EUSKCALDUNEN ARTEAN
GUZTIZ MAITATUA

INSTITUTO DE CONMEMORACIÓN HISTÓRICA
1992

El Gernika'ko Arbola de Vizcaya (Fuente: particular)

Ramas del Gernika'ko Arbola del San Cristóbal, en Chile

Es un lujo contar con esta pieza botánica en Santiago de Chile. El más antiguo de los árboles que se registraron en la posición del Gernika'ko Arbola del País Vasco, murió en 1742. Fue reemplazado inmediatamente por uno de sus retoños, que murió en 1860. El siguiente murió el año 2004 y fue reemplazado por el que está actualmente en la Casa de Juntas, como árbol oficial. Esto significa que el plantado en Chile, así como otros existentes en distintos países que acogieron durante ese mismo período a inmigrantes vascos, estaría en línea cronológicamente más directa inclusive que el actual Gernika'ko Arbola con sus ancestros... ¡En nuestro propio Cerro San Cristóbal!

En fin. Como dice el fragmento de la canción tradicional vasca del Guernika'ko Arbola reproducida en la placa conmemorativa de la acogedora placita:

Árbol de Guernica
es símbolo bendito
que todo vasco ama
con profundo amor

martes, 25 de agosto de 2009

LA CIUDAD Y LOS PERROS, PARTE UNO (CABEZA): LAS MASCOTAS ASTRALES DEL APÓSTOL SANTIAGO

Los perros acompañan las caravanas por el camino de Valparaíso a Santiago, según ilustración del naturalista francés Claudio Gay, a mediados del siglo XIX.
Santiago de la Nueva Extremadura es una ciudad canina. Sus residentes son mestizos como los quiltros, en mayor o menor grado. Y aunque el símbolo heráldico de nuestra urbe sea un león, la verdad es que el perro nos representa infinitamente mejor, y ha sido también la gran compañía que hemos tenido por siglos sus habitantes. Muchos, quizás todos, tenemos algo de perros: incluso entre los jóvenes hoy es común tratarse de "perro", como antes era el "compadre" o "viejo", cual forma cariñosa de referirse a un amigo o camarada.
Si no usáramos tan frecuentemente la expresión "perro" como algo ofensivo y humillante, quizás ya habríamos podido aceptar con más comodidad y certidumbre nuestra comunidad de naturaleza nacional ligada con los caninos.
Hace un par de noches, un noticiario informó que hay cerca de 2 millones y medio de perros abandonados en Chile, la mayor parte de ellos en nuestra ciudad capital. Y decimos "abandonados" porque, técnicamente, los perros callejeros no existen como tales, sino los perros botados, muchos de ellos sobreviviendo de la caridad de ciudadanos generosos. Pero, como los políticos no aceptan competencia (por instinto), algunos de ellos ya han anunciado tentativas de proyectos para castigar a quienes alimenten a estos canes de las calles de la ciudad.
Sin embargo, el conjuro entre nuestra capital y los perros tiene una raíz muy profunda. Veremos que su relación con nosotros, en Santiago de Chile, se aferra a hilos que trascienden incluso lo meramente histórico y geográfico, relacionándonos desde un contenido místico y ancestral que, de alguna manera, continúa vigente en los arquetipos de la sociedad santiaguina.
Majestuosidad de la Vía Láctea en el hemisferio Norte, fotografiada desde el Valle de la Muerte, en California, Estados Unidos (fuente imagen: ntwrp.gsfc.nasa.gov)
EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS
Santiago de Chile recibió su nombre en analogía a Santiago de Compostela, famosa localidad en la desembocadura del camino iniciático del Apóstol Santiago el Mayor en España, con procesiones que se realizan oficialmente desde tiempos medievales por Europa. El destino, la ciudad de Santiago de Compostela en esta llamada Ruta Jacobea, tiene por tramo principal al denominado "camino francés", que recorre el Norte de España por parajes realmente fantásticos, donde la historia se enreda seriamente con el mito. Es una ruta cultural de incalculable atractivo, declarada Patrimonio de la Humanidad.
La vía va de Este a Oeste, casi siguiendo cartográficamente el paralelo 42. Hasta la Catedral de Santiago de Compostela está angulada en su eje de planta, como ajustándose a la inclinación terrestre. Y a la entrada del "camino francés" en territorio de España, se encuentra la localidad de Jaca. Su nombre tiene una fonética parecida a la de Jaco o Jacobo, por razones no azarosas, según veremos luego.
Más el Oeste, en cambio, son varios los caminos que, desde toda Europa, convergen sólo hacia la proximidad del territorio francés vecino a Jaca. Incluso, existen rutas marítimas, ocupadas por los antiguos habitantes de las islas británicas. Algunos autores postulan la teoría de que el camino más ancestral empezaba en las actuales ruinas de Stonehenge, de hecho, en tiempos antediluvianos.
¿Qué podría tener que ver Santiago con el símbolo del perro? Pues que las peregrinaciones, los grandes viajes iniciáticos, siempre han sido asociados a los heraldos y las representaciones caninas. El perro es el peregrino, el viajero de Santiago. Es el vagabundo, el aventurero. Sólo él conoce sus hazañas y epopeyas.

Lo más sorprendente es, sin embargo, que su ruta jacobea está trazada en los cielos, en las constelaciones estelares de la noche boreal... Y también está allí el perro con su figura arquetípica.
Se cree que el Camino de Santiago de Compostela sería un reflejo de la Vía Láctea sobre la Tierra. Incluso hay razones para pensar que el nombre de la ruta deriva del latín Campus Stellae, que significa Campo de Estrellas. Según Louis Charpentier, provendría en realidad de Compos Stellae, que significa Maestro de las Estrellas. Para ambos casos, la alusión es a la Vía Láctea.
Sucede que la ruta mística de Compostela es muy anterior a los tiempos de Carlomagno o, más precisamente, atávica pre-romana. Sus raíces paganas se internan en lo profundo de la oscuridad del pasado, como tantas adopciones hechas por el cristianismo en la historia. Sin embargo, la tradición fue "recuperada" y cristianizada tras el descubrimiento de lo que serían los restos del Apóstol Santiago en el año 814, que hoy reposa en la Catedral de Santiago de Compostela.
Sobre el nombre de Santiago, mismo dado a nuestra ciudad, se habla de la tradición jacobea como un distintivo identitario. Y jacobeo equivale el gentilicio místico de Santiago, nombre que reciben también los peregrinos. Charpentier aclara que Jacques en francés es equivalente a James en el anglosajón, aunque también asociado a veces a Jack, que actualmente está más comprometido con John, o Juan, en nuestro idioma. Giacopo en italiano. En español es Yago o Jaco, y en portugués Tiago. Es decir, Santiago es la contracción esencial de San-Jago, San-Yaco o San-Tiago. En hebreo, Jacob derivó al Jacobus del latín y desde ahí pasó al cristianismo. Sin embargo, Jacobo y Jaco quedaron asociados, y por eso son indistintos en el uso que se aplica a los simbolismos de Santiago. De ahí el concepto de jacobeo. Quizás tenga alguna relación también con el nombre Joaquín, de origen arameo o aún anterior.
Dos representaciones populares españolas donde estatuillas de santos-peregrinos aparecen acompañadas de pequeños perros. El Apóstol Santiago es uno de los que, a veces, se ven en compañía de un can.
EL HÉRCULES "JACOBEO"
Muchos autores, escudados en el escepticismo y los métodos científicos difícilmente aplicables a esta área, han pretendido poner en duda o incluso ridiculizar estas afirmaciones de paralelismos del camino jacobeo con situaciones astrales, alegando que la coincidencia entre el Camino de Santiago y la línea de la Vía Láctea sólo es tal por algún rato durante cada noche, debido al desplazamiento de la bóveda estelar, por efecto de la rotación planetaria. A juicio de estas opiniones, no existe ninguna relación real entre la ruta jacobea y las constelaciones.
Sin embargo, las coincidencias son demasiadas como para dejarlas pasar con tanta facilidad, tildándolas de meros actos azarosos o caprichos del destino. Además, es sabido que los peregrinos jacobeos efectivamente se orientan por la Vía Láctea durante las noches, para seguir la ruta a Santiago.
La coincidencia más evidente entre los mitos dice relación con la presencia del legendario Hércules romano, quien se refugió en una gruta de La Coruña tras robar los bueyes del gigante Gerión y domesticarlos. Hércules es Heracles en la tradición griega y, según la leyenda antigua, éste fue amamantado de niño por la diosa Hera, recibiendo así los famosos poderes sobrehumanos que le caracterizarían. Pero el héroe del mundo antiguo mordió el pezón de la diosa durante este acto, y ella le arrojó lejos de dolor. Miles y miles de gotas de leche saltaron al cielo en este acto, desparramadas en una línea que los griegos y después los romanos identificaron con el círculo de la Vía Láctea, precisamente.
En términos esotéricos de Gobienau, Hércules y Gerión pertenecerían a la Segunda Edad del Mundo, la Era de los Héroes o la Edad de Plata. Es la de los nacidos de la mezcla de los Dioses de la Primera Era o Edad del Oro con los mortales que estamos en nuestra época ya, en la Era de los Hombres o Edad de Hierro, la peor y más profana de las cuatro que existen (la otra es la Tercera: la Edad de los Reyes o del Bronce).

Charpentier también estudió exhaustivamente esta leyenda de Hércules en territorio jacobeo y se preguntaba sobre el origen de la misma y su relación con el extraordinario faro del siglo I conocido como la Torre de Hércules, en las costas de La Coruña, que tiene características románicas y bases de apariencia fenicia.
Otra situación interesante es la del símbolo de la "pata de la oca", convertidas con el tiempo en veneras o conchas que usan los peregrinos y que se repite en los emblemas jacobeos. Están, de hecho, en el escudo de armas de Santiago de Chile, en torno a la figura del león. Este símbolo estilizado representaría para algunos el tridente de Poseidón, que los romanos identifican con Neptuno. Tuvimos en Santiago de Chile una hermosa representación de este dios montando su carruaje de caballos, de metalurgia francesa, en la fuente de la Alameda de las Delicias hacia la altura de calle Ejército, conjunto que tuvo un lamentable final a causa de las violentas huelgas realizadas a principios del siglo XX.
Precisamente son los caballos blancos y de largos crines de Poseidón-Neptuno los que monta Hércules en sus aventuras. Y, coincidentemente, en sus apariciones de 844 durante la batalla de Clavijo, Santiago Matamoros montaba un caballo similar, según las representaciones.
Las rutas de la peregrinación (fuente imagen: ejercito.mde.es)
Plano de la ciudad de "Saint Jago" (Santiago), en el mapa de Chile de Emmanuel Bowen, 1747.
CAMINO DE LOS PERROS
Como un lazo místico y nominal nos une con la ciudad de Santiago de Compostela en la Península Ibérica, cabe preguntarse: ¿Habrá quedado escrito simbólicamente allí el contrato que la sociedad chilena y muy particularmente la santiaguina, pese a todo, mantiene con sus queridos perros callejeros, sus tótems y tenantes caninos?
Todos los elementos que hemos visto hasta aquí comienzan a converger en el anillo de la figura del perro, como si su símbolo fuera central en toda la tradición jacobea alojada en Santiago de Compostela y la expansión de la fe del Apóstol, Santo Patrono de los Ejércitos de España que avanzaban por el Nuevo Mundo.
La Vía Láctea también era conocida entre los celtas como el Arco Iris de Lug. En España existe, de hecho, la localidad de Lugones, en Asturias. Allí también vivió una tribu de celtas conocidos como los luggones. Lug o Lugh es un dios poderosos que, a veces, adopta un aspecto oscuro y un tanto siniestro, tomando para sí características de lobo o de perro. Es imposible no asociar su nombre, además, al de la Provincia de Lugo, centro de peregrinación vecino a Santiago de Compostela. Así pues, tenemos reafirmado en el mito un símbolo druídico tan fuerte como el lobo, presente en la tradición y la toponimia de los territorios jacobeos del Norte de España.
La leyenda dice que cuando Santiago el Mayor partió hacia Hispania con la frustrada intención de evangelizar, sólo le acompañó un perro. El perro es la compañía leal de Santiago, entonces, y ambos son indivisibles. Tras retornar y ser decapitado por Herodes Agripa, su cuerpo es lanzado a la deriva en un bote que, milagrosamente, llega hasta Reino de Loba, en el territorio que los romanos llamaban Iria Flavia y que hoy corresponde a la actual Padrón de Galicia, muy cerca de Santiago de Compostela.
Resurge la figura del canis también en este punto, entonces: la leyenda cuenta que una tal Reina Loba es visitada por los discípulos de infortunado Apóstol, para solicitar permiso de sepultar el cuerpo. Ésta les tiende una trampa, pasándoles bravos toros en lugar de bueyes, con la intención de que los animales los liquiden. El nombre y la geografía de este mito coinciden con el de esta mencionada localidad: Lugo, que significa "loba".
Para desagrado de la malvada Reina Loba, sin embargo, los discípulos lograron amansar a los toros valiéndose de sus artes mágicas, en una repetición del mismo relato que se hace sobre Hércules y su domesticación de los bueyes de Gerión (¿se referirán, acaso, a la Era de Tauro?). Sin duda, se trata de un mito cristiano con raíces en el paganismo más antiguo.
Canis Mayor y Canis Menor, en ilustraciones inglesas del siglo XIX.
DUALIDAD ASTRAL Y TERRENAL DEL APÓSTOL-PERRO
Canis Mayor es la constelación del perro o Can Mayor que se encuentra al final de la Vía Láctea, en la desembocadura de su trazado estelar. Aunque se trata de una microgalaxia poco visible por su posición detrás de los brillos de la Vía Láctea, su lugar en la bóveda infinita está señalado por la estrella más reluciente de la noche, en la parte más alta de la constelación: Sirio, conocida también como la Estrella del Perro, que hoy sabemos es una estrella triple.
En otra analogía con la ruta de Santiago de Compostela, la línea de la Vía Láctea terminaría precisamente en los reinos de la constelación del Can Mayor, como si el misterio allí buscado estuviese escondido en el reflejo de sus estrellas sobre la tierra de los hombres. Can Mayor es, en otras palabras, el secreto, el guardián del enigma jacobeo.
Curiosamente, Canis Mayor está precedida por una especie de desdoblamiento o ubicuidad estelar: Canis Menor, el Can Menor. Esta pequeña constelación es de sólo dos estrellas: Procyon y Gomeisa. Suele ser representada como uno de los perros que siguen al cazador de la Constelación de Orión, cuyo cinturón o "collar de perlas" es conocida en el mundo latino con el meloso nombre de las Tres Marías. Canis Mayor, en cambio, está al Este de Orión. Los navegantes y los campesinos trazaban una línea imaginaria desde la fila en que se ordenan estas tres estrellas, para ubicar Sirio en el espacio al prolongarla casi en la recta.
Resulta pues que Procyon de Canis Menor aparece en el horizonte del Hemisferio Norte cerca de una hora antes que Sirio o Estrella del Perro de Canis Mayor, como si anunciara la proximidad de la constelación. De hecho, en griego Procyon significa algo así como Antes del Perro. Es la estrella que precede a Sirio, como el perro que caminaba delante del Apóstol en su peregrinación por el Norte de la Península.
El símbolo del perro es, entonces, el símbolo de Santiago, del Camino de la Vía Láctea en el plano terrestre. Y muchos se han preguntado también por esta similitud conceptual entre Canis Mayor y Canis Menor con las figuras de Santiago el Mayor (el de Zebedeo) y Santiago el Menor (el de Alfeo), los dos Apóstoles tocayos. Como en el caso de San Roque y Santa Margarita de Cortona, era frecuente que algunas representaciones populares del Apóstol Santiago incluyan uno o más pequeños perros que van a su lado, como los que se les aparecen y acompañan a tantos peregrinos jacobeos durante el viaje, hasta nuestros días. Acaso, puede que Santiago el Menor sea también un reflejo, un doble astral de Santiago el Mayor, y viceversa, representados en la imagen de los perros.
El poeta y escritor chileno Miguel Serrano, diría más cerca de nuestros tiempos sobre esta simbología esotérica en relación al perro:
"Los animales son las cualidades del Hombre-Total, que se han cristalizado, tomando esas formas visibles en la biosfera. Así, el perro, por ejemplo, es un Dios al revés, que desesperadamente anhela poder ser reintegrado a su Divinidad. Dios es God y perro es Dog; Dios al revés."
El conjuro astral es antiguo, entonces: Santiago y los perros van de la mano... O de la pata.
Santiago del Nuevo Extremo, nuestro Santiago de Chile, quizás sólo cumple con este destino arquetípico, un "reflejo" simbólico: es la ciudad de los perros; la ciudad donde los canes pasean por las calles igual que sus habitantes, confundiéndose entre sí, como si un destino común nos ligara en lo más profundo, por poco estético que resulte a veces.
Veremos en un próximo posteo cómo se amalgamó esta historia "perruna" entre los chilenos y la más popular de nuestras mascotas.

viernes, 21 de agosto de 2009

PROFÉTICAS PALABRAS DE DON DIEGO PORTALES SOBRE LA LACRA SOCIAL DE LA DELINCUENCIA, EN 1830

El siguiente texto, corresponde al mensaje enviado al Congreso Nacional por el ilustre Ministro Diego Portales Palazuelos, el 14 de junio de 1830. Hoy, en momentos en que el veneno social de la delincuencia afecta a la sociedad chilena como probablemente nunca antes en nuestra historia, las casí proféticas advertencias y observaciones que hace aquí el forjador del Estado en Forma, cobran toda la vigencia y validez que merecen.
Mensaje del Gobierno al Congreso Nacional:
Los atentados que casi diariamente se cometen por partidas de salteadores que infestan los campos, han excitado tiempo ha la solicitud del Gobierno que, responsable de la seguridad pública, ve con dolor que las facultades con que han armado las leyes del brazo de los magistrados no bastan atajar con grave desorden.
Aunque nuestros códigos prescriben penas severas contra el asesinato y el robo, es notorio que la mayor parte de los delitos de esta clase logran sustraerse a la vindicación de las leyes, sea por la dificultad de la aprehensión, sea porque sustanciándose las causas a mucha distancia de la escena del delito, las probanzas judiciales son a menudo incompletas y siempre lentas; o porque la prolijidad de los trámites y un sentimiento de humanidad que se hace oír demasiadas veces a los que están encargados de administrar y ejecutar las leyes, proporcionan mil medios de impunidad a los reos.
Demostrada por la frecuencia de los delitos y la rarísima aplicación de las penas, la ineficacia de nuestro sistema judicial, el Vice-Presidente encargado del Poder Ejecutivo cree que debe dirigir la atención del Congreso de Plenipotenciarios al pronto y eficaz remedio de un mal vivamente sentido de todas las clases, en especial de la población rústica en cuyo bienestar se interesa tanto la prosperidad de la República.
Remover en cuanto es posible las causas que favorecen la impunidad de los malhechores, o que se oponen a que la perpetración del delito sea seguida inmediatamente de la ejecución del castigo, es el objeto que el Vice-Presidente propone a la consideración del Congreso.
La violencia criminal retratada por el maestro dibujante Luis F. Rojas en "La Lira Chilena" de 1900... Ya entonces se reclamaba que el homicidio andaba "A la orden del día" en nuestra sociedad.
Cárcel Pública de Santiago, hacia el 1900. Imagen de la colección de archivos fotográficos del Museo Histórico de Chile.
La práctica de otras naciones en circunstancias semejantes ha sido establecer comisiones fijas o ambulantes en los países infestados por bandidos, revistiéndolas de la autoridad indispensable para la sumaria sustanciación de las causas y para la inmediata ejecución de la sentencia.
Si el Congreso estimare que este remedio es aplicable al caso presente y que el estado del país lo autoriza, se servirá proceder a la formación de un reglamento provisional que individualice la composición de las comisiones indicadas; los asuntos de su competencia; el modo con que hayan de proceder para la aprehensión y el juicio, y las penas que deben aplicarse a los diferentes casos, combinando en cuanto fuere posible las garantías protectoras de la inocencia con saludable terror de las leyes.
El Gobierno cree que no podrá asegurar la paz interior mientras fermenten en el seno de la sociedad tantos elementos de desorden. Cree también que la frecuencia de crímenes atroces e impunes es una mancha del carácter nacional, y que es ya llegado el tiempo de hacerla desaparecer, restituyendo a las costumbres chilenas su antigua y nativa pureza.
Las medidas que el Vice-Presidente tiene el honor de proponer con este motivo al Congreso le parecen urgentemente necesarias. El Vice-Presidente se lisonjea de que la Representación Nacional las creerá de bastante importancia para darles una consideración preferente, aun en medio de los graves objetos que la ocupan.
El Vice-Presidente saluda con esta ocasión al Congreso Nacional de Plenipotenciarios y le tributa su alto Aprecio.
Santiago, 14 de Junio de 1830
José Tomás de Ovalle - Diego Portales
Al Congreso Nacional de Plenipotenciarios.
El incontrolable e incontenible exhibicionismo de los delincuentes juveniles de Santiago Sur, retratados en el diario "The Clinic" con armas en mano e intentando ponerse en actitudes desafiantes. Para muchos, la impunidad va de la mano de la tolerancia y apología que algunos medios impresos y de TV hacen del fenómeno delincuencia chileno, tan vinculados al estilo de vida consumista y vaciado en "moral" de mercado por parte del hampa chilena, como en el propio problema social subyacente.
Delincuentes, en el desborde criminal de nuestros días (fuente imagen: elrancahuaso.cl). Las estadísticas actuales confirman las tempranas aprensiones y advertencias de Portales sobre la delincuencia: el estudio de un grupo de parlamentarios publicado el año 2007, en base de los reportes de delitos de robo realizados por el Ministerio Público por la Oficina de Fiscalización Contra el Delito (FICED), confirmó que de un total de 23.784 detenidos por robo, apenas el 34% fue sometido a prisión preventiva, mientras que el 66% quedó en libertad. Y del total de 9.063 condenados por robo, sólo el 42% cumplía condena de cárcel, mientras que el 58% estaba en libertad “gozando de algún beneficio alternativo”. Al hacer la relación entre el total de denuncias y los reos que cumplen la pena de presidio, sólo el 1,4% de las denuncias terminó con el delincuente condenado en la cárcel.

lunes, 17 de agosto de 2009

MI ABUELO Y EL UMBRAL DEL INVIERNO

René Naudón con quien escribe, poco antes de su fallecimiento en 1997. 
La pérdida de un abuelo es una pérdida injusta, pese a ser la más comprensible en un grupo familiar. Por alguna malvada razón, sucede justo cuando los lazos con el nieto se fortalecen; cuando se sella la alianza entre un veterano de la vida y quien aún se abre paso en ella. Llega con la crueldad de una cuenta regresiva que alguien olvidó seguir. Indiferente al dolor, nos pasa el recibo de todas aquellas cosas que no debimos decir o hacer, por prudencia. O, lo que es peor, de las que debíamos decir o hacer a tiempo y no fuimos capaces, por vergüenza o postergación cobarde.
Un día de verano de 1992, consumida por una larga y penosa agonía, mi abuela materna cumplió con el trazado de la vida y se fue. Así, simplemente: la muerte más larga y sufrida es sólo una pequeña brisa en la borrasca del tiempo. La aparente intensidad del existir se revela tan frágil como un lirio de cristal rodando entre rocas.
Pero me equivoqué al creer que su partida iba a ser mi último gran dolor de juventud. Había olvidado que, siguiendo la inmisericorde lógica de la biología, el próximo en partir debía ser mi abuelo, mi querido viejo.
Mi Tata provenía de una modesta familia de origen chileno-francés. Tenía una carnicería y la atendía cerca de la Gran Avenida. En ella me pasaba días completos, acompañándole y haciendo las veces de cajero. Ya había hecho amistadas por este barrio y las cosas que ocurrían dentro del local me parecían más entretenidas que la monotonía de la casa. De vez en cuando, hasta me permitían empuñar allí alguno de los gruesos cuchillos del mostrador y despostar parte de los grandes trozos de animales.
El viejo siempre llegaba a casa con un poco de carne molida o un bistec bajo el brazo. El olor de la cocción subía hasta mi propia pieza, señalándome su arribo de cada noche. Era un hombre bueno, generoso hasta la ingenuidad. Fue embaucado varias veces, incluso por tipos que presumían ser sus amigos. Pero nunca escarmentó: era incapaz de ver la maldad ajena.
Tenía una inteligencia fresca, sin embargo, increíblemente espontánea, pícara y burlona, con esa chispa tan chilena para improvisar un humor que afloraba incluso en situaciones delicadas, en las lindes de lo oportuno pero desubicado. Lamentablemente, sus estudios en el Liceo Manuel Barros Borgoño (que también fuera el mío, décadas después) se vieron truncados por la falta de recursos, debiendo retirarse prematuramente. Pese a todo, algunos de sus ex compañeros le siguieron visitando siempre. Su ingenio habría sido aprovechado mejor de haber podido concluir sus estudios, quizás, pero el destino no lo quiso. Cuando alguno de mis dos hermanos solicitaba ayuda a mi madre en cálculos matemáticos, el viejo gritaba los resultados antes de que cualquiera los solucionara. En una ocasión, estando de visita en otra casa, un niño arrojó unas gallinas por el hoyo de unos pocos centímetros de un oscuro pozo subterráneo. A nadie se le había ocurrido algo para sacarlas, hasta que mi viejo amarró a un cordel las cuatro puntas de un pañuelo y lo bajó por el agujero con un poco de maíz al centro. Las gallinas se paraban sobre la tela a picotear los granos y él las levantaba como las redes a los peces. Así de fácil; así de ingenioso; así de eficaz.
Sin embargo, su creatividad a veces lo traicionaba: revisando su documentación de Servicio Militar, descubrí una vez que había sido castigado por causar un incendio en los pastizales del regimiento, al intentar facilitarse con fuego la orden de retirar el pasto seco. Era la clase general de metidas de pata suyas. Hubo otras ocasiones en que no podía contenerse las ganas de sacar algún chiste de las situaciones donde se arriesgaba a recibir una reprimenda o una amonestación de vuelta. Si mi hermana estaba reclamando a viva voz por algo, él se ponía de pie, sacaba un pañuelo y comenzaba a hacer pasos de cueca mientras clamaba un alegre “tiqui-tiqui-tí”. Siempre llevaba ese viejo pañuelo en algunos de sus bolsillos, de modo que podía repetir la misma broma cuantas veces se le presentara la oportunidad.
Gustaba de escuchar tangos, así que competía todo el día con nosotros por el uso de la radio del comedor. Ya en su pieza, pasaba horas y horas escuchando un viejo aparato de tubos, todas las noches, lo que perjudicaba especialmente a mi hermano en la habitación vecina. El viejo estaba quedando relativamente sordo hacia sus últimos años, y usaba la radio cada vez más fuerte. Esto era un problema menor comparado con la diabetes que intentaba controlarse, aunque su hígado estaba intacto según los exámenes, a pesar de que siempre fue bueno para la “rayuela corta”. Su mayor gusto era por los buenos vinos tintos. De vez en cuando, nos acompañaba a mí y a mis amigos en las noches con un vasito de cerveza, y hasta le regalé un jarrón para ello.
Siendo aún joven, había sufrido un grave accidente que casi le cuesta le vida: al abordar en movimiento un tren que lo dejaba abajo, quedó colgando afirmado precariamente de la mano de un amigo. Su pie izquierdo fue alcanzado por la rueda del vagón, que empezó a tragárselo como una sierra. No sé cuánto rato pasó antes de que el tren se detuviera, alertado por los demás pasajeros, pero fue suficiente para que la rueda le destrozara el zapato y parte del pantalón. Una herida tan grande y grave sentenció la decisión médica de amputárselo, a lo que se resistió escapando del hospital. Otro doctor que logró salvarle el pie a través de múltiples injertos de piel. Me contó muchas veces esta historia, en esas noches cuando ya se había quitado su placa de dientes y se veía anciano otra vez, a pesar de que su pelo resistía volverse canoso y su cara no mostraba las arrugas que pudieran esperarse de un hombre de su edad.
Nuestra diferencia generacional no impidió que lo tuteara ni que intercambiáramos bromas pasadas de tono, que harían escándalo en otras realidades familiares. No había partido de fútbol que se perdiera, y hacía todos los puzzles que pillaba en los diarios, usando unas viejas gafas negras llenas de amarras. Le acompañaba desde muy niño mientras resolvía estos crucigramas, a veces colaborándole humildemente. En una Navidad, le regalé unas bolsas de dulces, pues le encantaban los caramelos y siempre tenía un paquete de ellos escondido por ahí, especialmente calugas. También tenía debilidad por las galletas, que compartía con nuestra pequeña perrita Lulú. Todos los días me encontraba al viejo en el living con sus golosinas, haciendo el crucigrama del día. Antes de leer el diario ya sabía todo lo ocurrido. Era un verdadero libro. No había tema que ignorara, sea de historia, geografía o deporte. Recordaba todos los mundiales de fútbol de su vida, los jugadores y países comprometidos. También los resultados. Sabía todo lo ocurrido en materia política del siglo XX y sus personajes. ¡Cuántas cosas que quedaron, sin que alcanzara a decírmelas! Cualquier duda, cualquier pregunta era resuelta si estaba el viejo. Ciertamente, una gran cantidad de ellas las había almacenado con el tiempo, pero otros datos parecía haberlos recogido desde una fuente etérea, de una conexión directa con el conocimiento universal. Sin embargo, también tenía sus limitaciones: cualquier objeto incomprensible era para él una “payasá” y los animales pequeños eran todos “bichos”, incluso el hámster y el loro choroy de la casa. Sus expresiones de enfado eran “¡Por la gran serpiente!” y “¡Pucha Diego!”.
Una mañana de junio, en el umbral del invierno de 1997, se cumplió su plazo de vigencia del contrato con la vida, lamentablemente. Por segunda vez, olvidé la ley de hierro del contador en reversa, que rige el efímero pero enérgico tramo de tiempo en que la vida en tránsito de un abuelo alcanza a cruzarse con la de su nieto.
Recibí la noticia de mi madre tan pronto llegué a casa, en la tarde de ese infausto día. Subí las escaleras de la casa para poder convencerme y enfrentar la realidad. Y, efectivamente, había sucedido, así de rápido; así de sencillo, otra vez. En su habitación sólo encontré su vieja radio de tubos, sus lentes destartalados y una vela encendida... Pero él ya no estaba. Se había ido. Perdí a ese viejo que no soltaba el control del televisor en todo el día; el que chupeteaba la sopa y tiraba galletas a Lulú. El asiento que ocupaba de trono para ver sus partidos de fútbol quedó solo, y su voz pidiendo repetir lo que sus oídos no habían escuchado, jamás se volvió a sentir. El viejo con el que me proyectaba mostrándole su primer nieto, celebrando el cambio de milenio y quizás hasta esperando el fin del mundo, se marchó.
Coloqué en su ataúd el puzzle que no llegó a hacer, sus lápices y algunos de esos cartones de azar que me pedía le jugara, algo que siempre cumplí rezongando entre dientes pero silenciosamente, sin destruir jamás su vana ilusión de un golpe de suerte.
Hasta hoy, atesoro esos lentes maltrechos y el último crucigrama que alcanzó a resolver, un día antes de su zarpe definitivo sobre las marejadas del misterio de la eternidad. Estos objetos son todo lo que heredé de él, no obstante me han convertido en un hombre inmensamente rico.

"COPUCHITA": EL PRIMER "CONDORITO" DE LA HISTORIA

Muchas veces, los estudiosos del cómic nacional han sugerido con algo de timidez que la inspiración de la más popular y trascendente de las figuras de la historia de nuestras caricaturas, "Condorito", habría sido un simpático cóndor aparecido públicamente ocho años antes del debut del personaje creado por el fallecido caricaturista René Ríos Boettiger, más conocido por su mote artístico Pepo. Este año, además, "Condorito" celebrará su aniversario 60, con algunos festejos especiales.
"Copuchita", se llamaba y aparece en el filme chileno de dibujos animados titulado "15.000 dibujos", proyecto cinematográfico iniciado en 1937. Tal como "Condorito", se trata de un cóndor antropomórfico y de ojos saltones, con pretensiones de representar a un chileno típico de estrato social bajo. Un roto, mejor dicho. Incluso, "Copuchita" utiliza un gorrito de los que eran típicos entre gañanes y rotos chilenos en la primera mitad del siglo XX, como los que en nuestros días han empleado personajes humorísticos interpretados por distintos comediantes, especialmente los ligados al mundo circense, como "Cachencho" y "Chanchulín", de los hermanos Tello, o el más popular "Ruperto" de Christian Henríquez.
"15.000 dibujos" fue una audaz realización nacional de los entonces jóvenes arquitectos e ilustradores Jaime Escudero Sanhueza y Carlos Trupp. Dice alguna revista de época que el primero no terminaban su carrera de arquitectura cuando decidió realizar este proyecto, con apenas algo más de 21 años. El personaje central de la aventura animada era "Copuchita", este mudo cóndor humanizado para el largometraje blanco y negro.
Imagen de "Copuchita" publicada en artículo de Ergocomics.cl.
En una notable investigación del estudioso del cómic chileno Mauricio García para el sitio web Ergocomics.cl, donde también se plantea la posibilidad de que "Copuchita" haya sido, en efecto, la inspiración para Pepo, Escudero le describe a su entrevistador algo sobre las características del personaje:
"...un cóndor antropomorfo, con sombrero, chaleco y zapatillas blancas, un obrero que trató de representar el roto chileno, pero sin sus defectos, situación que me molestaba en Verdejo, de la revista Topaze. Además estaba un personaje con características de puma mapuche, llamado Manihuel (basado en un tío), un gallo vestido de huaso, llamado Ño Benhaiga y una joven humana y muy hermosa, llamada Clarita. Todos ellos acompañados de una comparsa de plantas, porotos, bichitos diversos, etc."
Cuenta en la misma entrevista que el filme se hizo con las esperables restricciones de recursos: dineros aportados por Trupp, y después por la recién creada CORFO. Sus propios compañeros de carrera ayudaron y la música habría provenido de la abuela de Trupp, instrumentalizada por los antiguos Huasos Quincheros. Agrega el artículo que, estando con sus talleres por ahí cerca de Lira con Marcoleta en Santiago Centro, Walt Disney se interesó en conocer su trabajo durante una visita a Chile, en 1941, tras convencerle de hacerlo don Carlos Reyes Corona, Agregado de Prensa de Chile en Washington. Disney gozaba entonces de una fama estratosférica, tras el éxito de "Blanca Nieves y los Siete Enanitos", "Pinocho" y "Fantasía". Seguramente quedó sorprendido por los procedimientos tan artesanales con los que lidiaban acá los productores chilenos, a diferencia de sus fastuosos estudios en los Estados Unidos. Pero les aconsejó a Escudero y a Trupp para poder acelerar los procedimientos con formas ingeniosas de flexibilizar el trabajo. Siguiendo la nueva luz, avanzaron con prisa hacia la conclusión de "15.000 dibujos", aparentemente asistidos además por aportes de dinero desde empresas salitreras, ya que la actividad minera era parte del argumento del proyecto en el largometraje.
Así era el primer Condorito, en 1949.
Condorito ya definitivo con su revista propia, desde los cincuentas.
Ambos Condoritos, el primero y el actual, unidos en el tiempo.
Pero, al acercarse la hora de debutar en las salas "15.000 dibujos" en pleno apogeo de las producciones de Disney, en 1942, se dice que lamodesta caricatura chilena no cumplió las expectativas para el éxito que necesitaba y cayó así por la pendiente del olvido, junto con su simpático "Copuchita". Al menos eso es lo que se ha dicho, porque la historia es nebulosa y las revistas de cine de la época no aportan mucha información al respecto. Se habla de cuentas y líos con los acreedores, entre los estruendos de la Segunda Guerra Mundial que también hicieron imposible la promesa de Disney de recibirlos allá en Estados Unidos para promover el filme, un esfuerzo que quizás habría significado el éxito del proyecto.
Según es sabido, unos años después del estreno de "15.000 dibujos", Pepo corrió a crear su propio personaje cuando vio el famoso documental del mismo Disney sobre los países de Sudamérica ("Saludos amigos", de 1946), en donde se representó a Chile con un insípido avioncito de correos y no con una figura típica como fue, por ejemplo, el gaucho, en el caso de la Argentina. Al parecer, esta tibia impresión fue todo lo que el empresario y gigante de la industria había recogido del mismo paso por Chile en que conoció a Escudero y a Trupp. Indignado, Pepo se propuso desde el primer momento crear una figura de representación chilena, con características de roto y de huaso... Y lo logró.
"Condorito" debutó el 13 de agosto de 1949, en el Nº 2 de la Revista "Okey". Sin embargo, antes de tener su revista propia, el personaje era notoriamente distinto al actual "Condorito", con rasgos más propios del ave que del hombre en el hibridismo del personaje. Era más rechoncho y de pico más largo, más cara de cóndor. A decir verdad, tiene cierta semejanza innegable con "Copuchita". Sin embargo, a esas alturas y con "Copuchita" abducido en las extrañas instancias oscuras de la historia olvidada, quizás nadie comentó mucho sobre el parecido.
Se tiende a creer que jamás fue confrontado Pepo con la posibilidad de que "Copuchita" hubiese influido en la gestación de "Condorito". Se habla incluso de ello a voz baja, como si fuese un secreto indescifrable o una revelación que se prefiere mantener en sombras, injustamente pues de ninguna manera se podría tratar de un plagio o copia creativa. Cuando García le consultó sobre esto al propio Escudero, en el señalado articulo de Ergocomics, el artista responde también con cierta prudencia de su parte:
"El personaje Copuchita es de 1941 y Condorito apareció en Okay en 1949, por lo que debe ser una de las inspiraciones de Condorito, ya que Pepo lo conoció y en algún momento habló de él, pero nada que se pueda demostrar, en todo caso es un honor si así fue".
A su vez, el articulista presenta un boceto de "Copuchita" con el siguiente pie de foto:
"El cóndor Copuchita, personaje de la película "15.000 dibujos". ¿Antecedente gráfico de Condorito?"
Como opinara también el experto investigador y escritor nacional sobre el cómic chileno, don Jorge Montealegre, creemos innecesario discutir sobre quién fue el primero en la cadena que llevó a la creación de "Condorito", pues la figura del cóndor humanizado ha estado presente siempre en la ilustración nacional y no sólo en éste caso o el de "Copuchita". Es lo mismo que sucede cuando se intenta precisar cuál fue la primera caricatura de un roto chileno: "Perejil", "Juan Verdejo" o el propio "Condorito", entre otros postulantes. Sucede, sin embargo, que ha sido un tema el asunto específico de si existe relación entre "Copuchita" y "Condorito", particularmente.
Condorito contemporáneo, en sus aventuras.
Pues bien: creemos tener a mano un documento que serviría para despejar todas estas dudas y dejar de preguntarse en inseguro potencial si existió o no una relación primitiva entre ambos. Aparece entre las páginas de la revista especializada en cine "Ecran" Nº 1.630 del año 1962, en la nota "Condorito en el Circo: Renace en Chile el dibujo animado", donde se celebra la primera incursión del personaje de Pepo en el cine de animación. En el reportaje de dos páginas, se revisan momentos de la producción técnica de los dibujos de Diva Studios Chile para el filme a color, con el propio René Ríos y su colaborador en la animación, Luis Zelada.
En el artículo de "Ecran", y presente en él hasta el propio René Ríos o Pepo explicando las etapas del proceso de animación, el mismo creador de "Condorito" permitió que una fotografía de "Copuchita" apareciera reproducida en la secuencia de imágenes sobre el desarrollo del acto de animación de personajes, acompañada de la siguiente aseveración que, de seguro, ha sido inducida por el mismo Pepo a quienes reporteaban sus trabajos en ese momento:
"Este cóndor, al que se le puede considerar el padre de "Condorito", apareció en un dibujo animado chileno, de 1937, realizado por Jaime Escudero y Carlos Trupp."
"Copuchita" es reconocido, entonces, como una base de inspiración para "Condorito" por su propio autor, aunque sea indirectamente.
Con este referente en un reporte sobre los trabajos de Pepo, que figura en las fotografías de las secuencias allí expuestas, nos parece clarísimo el reconocimiento de la influencia de "Copuchita" en la del personaje "Condorito", entonces, haciendo bizantinas las discusiones adicionales o derivativas respecto de si lo fue o no... Más claro, echarle agua.
Primera viñeta de Condorito, en 1949.
Páginas comentadas de la revista "Ecran" de 1962, con "Copuchita" arriba. (clic encima para ampliar la imagen).
Empero, el proyecto de "Condorito en el circo" nunca llegó a estrenarse: se cuentan desde problemas en el financiamiento por retiro de auspicios hasta que los resultados no fueron del gusto de Pepo, frustrando su salida a los cines y terminado en un verdadero aborto fílmico. Nunca fue estrenada, por consiguiente, y como también había ocurrido con "Copuchita", el fracaso rondó el debut actoral del cóndor.
Con el tiempo, la ilustración de "Condorito" se afinó y fue perdiendo los aires de familia que guardaba con el personaje más antiguo. Se cuenta que Trupp, en tanto, guardó para sí los rollos de la película y su fallida obra animada se olvidó entre sus propias posesiones. Tiempo después de fallecer en 1982, hurgando en un baúl, familiares suyos residentes en los Estados Unidos la habrían reencontrado y, a partir del año 2001, intentaron comenzar a restaurarla. Se publicaron así pequeñas imágenes de la parte conservada del filme original y "Copuchita" volvió a ver la luz; volvió a cobrar movimiento.
La restauración final, sin embargo, no se ha concretado a pesar de que fue anunciada con gran entusiasmo en el diario "El Mercurio" del 12 de noviembre de 2001 ("La primera película animada del cine chileno busca dinero para su restauración", titulaba la nota). Actualmente, sólo sobreviven unas cuantas ilustraciones oscuras y relicarias de "Copuchita", al menos por ahora.
Con todo lo expuesto, salta a la vista que la relación entre ambas caricaturas no se ha tratado jamás de una copia de parte de "Condorito" a "Copuchita", sin duda, pero sí confirman que René Ríos pudo ser sido influido más de lo que él mismo creyó incluso en su legítima e irrefutable creación de "Condorito", al elegir a su roto chileno encarnado en un pícaro e ingenioso cóndor aventurero, y no en el huemul, ni el guanaco, el pelícano, el queltehue, el cernícalo, el ratón de campo ni ningún otro caso tomado de nuestra suficientemente variada fauna nacional.

viernes, 14 de agosto de 2009

LOS SÍMBOLOS DE LAS ESTACIONES EN EL PRIMER TRAZADO DEL METRO DE SANTIAGO

Metro celebró hace poco sus 40 años de existencia. Lamentablemente, lo hizo en adversos contextos históricos y en medio de una gran impopularidad, a causa del nefasto Transantiago, del colapso del servicio en ciertas horas del día y de las alzas de pasajes. Sin embargo, hubo un tiempo en que el Metro fue amable y acogedor con el público, recibiendo un feedback de respeto y cariño por el servicio. La cantidad de años que el sistema pasó intacto y elegante, sin sufrir los atentados vandálicos que hoy se le pueden observar a sus estructuras ("invunchismos", como hemos dicho en otro posteo), fue testimonio de ello.
Pero, a nuestro juicio, uno de los más grandes errores cometidos en la relación del Metro con sus usuarios, antecede por varios años al Transantiago, y corresponde al retiro de los sistemas señaléticos característicos que identificaban a cada estación, desde sus comienzos. Esto le quitó algo de simpatía a todo el servicio, además de la atención dirigida al pasajero, pues estos símbolos (un concepto de corporativismo gráfico de áreas y departamentos) habían sido concebidos desde los inicios concretos del proyecto, hacia 1968, apareciendo publicados en un folleto institucional de la Dirección General de Obras Públicas (del Ministerio de Obras Públicas), por ahí por 1970, cuando los trabajos de construcción de la Línea 1, que recorre Alameda Bernardo O'Higgins y Providencia, recién llevaban un año en operaciones. Desde ahí los hemos tomado para mostrarlos acá. Según un profesor que tuve en mis años universitarios, la idea original de estos símbolos era, además, permitir el reconocimiento de las estaciones entre la población analfabeta, que por entonces era muy superior a los actuales índices.
La monumental tarea de crear estos símbolos, había quedado encargada al dibujante, diseñador y arquitecto Jaime Escudero Sanhueza, uno de los precursores del cómic contemporáneo chileno, y correspondió a uno de sus últimos grandes trabajos antes de su retiro, de modo que cuentan con un valor artístico propio. La primera mirada a la señalética original de las 22 estaciones del proyecto, nos inspira de inmediato algunas observaciones al respecto:
  • Se advierte que los nombres, ubicaciones y cantidades de estaciones planificadas no coinciden con las que, finalmente, quedaron establecidas en la red subterránea de la Línea 1. Estas modificaciones al plano original comenzaron hacia 1970, pues se reevaluó el orden de las estaciones. Durante el Régimen Militar, cuando se concluyeron la mayoría de las estaciones, algunos nombres fueron modificados y actualizados, según veremos. Incluso, estaciones completas fueron omitidas, dadas las adaptaciones del proyecto y quizás los efectos de la crisis en la recesión mundial de 1982, según algunos.
  • Este segundo sistema de señalética que quedó vigente con la inauguración de las Líneas 1 y 2, mantenía algunas simbologías que aquí vemos, pero cambiando sus colores corporativos al blanco y rojo. Dedicaremos algún futuro posteo a estas señaléticas del Metro que fueron ocupadas desde los años setentas hasta principios de los noventas.
  • Llama la atención un poco la ingenuidad de los diseños, un tanto dispares entre sí, como si no se apegaran a algún código gráfico estricto. Esto porque, a diferencia de lo que sería un sistema de señalética, debieron ser concebidos en el monumental trabajo de hacer 22 logos asociados cada uno a un concepto independiente (el de cada estación) además de la línea gráfica general, común a todos. En algunos casos, las imágenes son simples, reducidas a meras siluetas. En otros, son complejas, más detalladas y con trazos interiores. Pero, en general, era altamente funcionales y efectivas.
  • También llama la atención la cantidad de motivos zoomórficos, derivados de la toponimia que usó para bautizar las estaciones. Las aves, por ejemplo, se repiten varias veces. Los peces aparecen en dos ocasiones. En pocos hay figuras exclusivamente antropomórficas.
Dicho lo anterior, procedamos a ver una a una las figuras que se habían diseñado para el trazado original de la Línea 1 del Metro de Santiago:
ESTACIÓN VIOLETA PARRA:
Coordenadas: 33°26'41.15"S 70°43'23.74"W
La muerte de la cantautora nacional había acontecido recientemente, cuando se decidió bautizar la primera estación de la línea con su nombre, de modo que había un ambiente de alta sensibilidad con su memoria en aquel momento. La imagen es muy apropiada como icono: la típica fugura de las artesanías de Quinchamalí y de Pomaire, representando a una cantante folklórica, una cantora popular y a la legendaria Guitarrera de Qiumchamalí (ver imagen del lado, tomada de galeon.com/quinchamali) Se proyectaba la construcción de esta estación por ahí por San Pablo con Neptuno, en el antiguo camino hacia Valparaíso, por lo que se la quiso llamar Estación San Pablo antes de la propuesta del nombre de la cantautora. Se inauguró el Metro en 1975, con ubicación definitiva para esta estación en Waldo Taff con la avenida Neptuno, junto a San Pablo. Sin embargo, como el contexto político había cambiado radicalmente, el Régimen Militar se permitió la "revisión" de los símbolos que eran característicos en la izquierda (representativos del gobierno anterior de la UP) y la estación Violeta Parra quedo con el nombre original de San Pablo, incluyendo su símbolo. Desde entonces, siempre ha rondado el fantasma de Violeta Parra sobre las cuestiones nominales de las estaciones del Metro. Me parece recordar que en la alcaldía de Jaime Ravinet, por ejemplo, la Municipalidad de Santiago se comprometió en reponer el nombre en alguna otra estación, pero a estas alturas, la idea parecía ilusa y poco práctica. Ninguna de las propuestas para rebautizar alguna de las estaciones de las posteriores líneas construidas en Santiago ha llegado a puerto.
ESTACIÓN NEPTUNO:
Coordenadas: 33°27'5.69"S 70°43'21.91"W
El nombre del dios romano del océano, benefactor y castigador de los marineros de la antigüedad, lo señala en el barrio la avenida homónima en que se encuentra la estación del Metro, en la intersección con avenida El Dorsal. El símbolo es un poco controvertido: más que un tridente y dos peces, podría parecer un tenedor con dos suculentos pescados. Esta estación se identifica por su conexión con los talleres y maestranzas del Metro de Santiago. Al momento de ser considerada en el trazado de la línea del Metro, se tenían en cuenta las necesidades de movilización que afectaban a gran parte de los sectores populares de Santiago, por el lado poniente de la capital, influyendo incluso en la organización municipal y ciudadana del sector, por entonces conocido como Barrancas. De ahí la reorganización de este sitio en las tres nuevas comunas de Lo Prado, Pudahuel y Cerro Navia, en 1981.
ESTACIÓN PAJARITOS:
Coordenadas: 33°27'27.66"S 70°42'57.84"W
Esta estación se ubica en el punto en que Alameda Bernardo O'Higgins se bifurca en las avenidas Pajaritos, hacia Maipú, y la Ruta 68, hacia el Aeropuerto y Valparaíso. La avenida Pajaritos se llamaba así desde al menos el siglo XIX por la cantidad de aves que se veían en sus campos y arboledas (zorzales, chincoles, tórtolas, etc.), razón por la que la estación respetó este nombre y colocó tres aves al vuelo en su emblema. Sin embargo, durante la alcaldía del representante derechista Gustavo Hasbún en Estación Central, éste tomó la controvertida y cuestionadísima decisión de cambiarle el nombre a todo dicho tramo de la avenida Pajaritos por el de la fallecida dirigente comunista Gladys Marín, por motivaciones populistas e inmediatas que han sido escaso aporte a la memoria histórica y han generado más bien una fuerte confusión nominal, tanto para la estación Pajaritos como para otros referentes de este sector de Santiago Poniente. No será de extrañar que, a futuro, cuando el veneno político pierda terreno en la vida ciudadana, se pueda revisar este absurdo toponímico y así restaurar el nombre de la avenida Pajaritos en toda su extensión, reforzado por la presencia de la estación del Metro manteniendo allí dicho nombre.
ESTACIÓN LAS REJAS:
Coordenadas: 33°27'27.11"S 70°42'20.74"W
Se encuentra en la intersección de la Alameda Bernardo O'Higgins con avenida Las Rejas, hoy dividida en Las Rejas Norte y Las Rejas Sur, sector popular e histórico de la actual comuna de Estación Central pero que, en tiempos tempranos de crecimiento para Santiago, correspondía más o menos al sector poniente llamado Chuchunco, localidad del Poniente de la capital que, en situación rural y semi-rural, dejara algunas referencias en nuestros dichos populares por su distancia con respecto al área urbana de entonces. Tras la construcción de las líneas férreas que llegan a la Estación Central, cambió toda la fisonomía de este sector capitalino y la ciudad se tragó las viejas estancias y fundos. El peculiar nombre de la avenida y de la estación del Metro proviene de uno de estos antiguos fundos desaparecidos, perteneciente a la familia Rivas y que se llamaba Las Rejas precisamente por sus empalizados exteriores. En la primera mitad del siglo XX fue famoso por sus cebadas cerveceras y papas, producidas masivamente en sus cerca de 130 hectáreas regadas. El símbolo de la estación de Metro era, obviamente, una abstracción de unas rejas.
ESTACIÓN ECUADOR:
Coordenadas: 33°27'22.37"S 70°42'4.69"W
Está ubicada en la cuadra de Francisco Zelada entre Alameda Bernardo O'Higgins y la cercanía de la avenida Ecuador, sector de la ex avenida Chuchunco, que recorre paralela en un tramo relativamente largo de la principal arteria capitalina, en Estación Central. Este lugar tuvo cierto lucimiento en el pasado y sus residencias pertenecieron al Arzobispado de Santiago, aunque decayó más tarde, quedando en manos de clases populares de la sociedad, de conventillos y de comercio sencillo. Su símbolo era una estilización del magnífico sol presente en los estandartes de la ex Audiencia de Quito, con una línea divisoria al centro, alusiva a la Línea del Ecuador.
ESTACIÓN PILA DEL GANSO:
Coordenadas: 33°27'15.73"S 70°41'32.35"W
Uno de los sectores históricos más tradicionales de Santiago, en Estación Central. Su nombre deriva de la famosa fuente que existe en el bandejón de la intersección de la Alameda Bernardo O'Higgins con avenida General Velásquez y Toro Mazotte, donde está la estación. Corresponde a una versión de la estatua del mundo clásico El Niño de la Oca, de Boeto de Calcedonia (siglo II a.C.), que muestra a un niño jugando con un ganso. Hoy se lo dispone como una pieza ornamental, repuesta luego de las intensas remodelaciones que se han realizado en el sector, y rondan sobre ella una serie de misterios y mitos, entre otros, el de que correspondería a un trofeo de guerra traído desde Lima. El símbolo de la estación, sin embargo, sólo mostraba al ganso. El año 2005, tras 30 años llamándose Pila del Ganso, la estación fue rebautizada San Alberto Hurtado, en el contexto de su canonización. Aunque hay cierta lógica geográfica, por la proximidad del Hogar de Cristo fundado por el ilustre sacerdote chileno y por el bautizo con su nombre de la ex avenida General Velásquez, estos cambios no sólo han dañado uno de los más tradicionales nombres de las estaciones del Metro, sino que han perturbado también la toponimia del barrio, llamado desde antaño también como Pila del Ganso, al igual que ciertos locales comerciales del sector. En otras palabras, se ha creado la misma clase de disonancia toponímica que se produce en estación Pajaritos.
ESTACIÓN UNIVERSIDAD TÉCNICA:
Coordenadas: 33°27'11.00"S 70°41'10.35"W
Al ser inaugurada esta estación, en 1975, en la Alameda con Jotabeche, la ex Escuela de Artes y Oficios ya era llamada Universidad Técnica del Estado. Su símbolo fue tomado del heraldo corporativo que identificaba a la misma institución. En 1981, la casa de estudios pasó a llamarse Universidad de Santiago, arrastrando con ello a la actualización del nombre de la estación. Ese mismo año se cambió también el escudo y el símbolo, por lo que el emblema de la estación habría quedado obsoleto como alusión a la simbología vigente en la casa de estudios, no obstante que siguió siendo recordado y asociado por algún tiempo más como símbolo de la estación que, actualmente, se llama también Universidad de Santiago.
ESTACIÓN CENTRAL:
Coordenadas: 33°27'4.48"S 70°40'43.13"W
Se sitúa exactamente junto a la Estación Central de Ferrocarriles de Santiago, y por eso el símbolo de la clásica locomotora. Era más o menos el inicio del sector llamado Chuchunco, al que nos hemos referido, y que correspondía a la periferia del poniente de Santiago. Todo el barrio cambió y creció gracias a la construcción de las líneas de ferrocarriles que le dan nombre al sector y que permitieron, en los tiempos posteriores a la habilitación del Metro, la creación de una comuna propia para el barrio en 1985. Sin embargo, es curioso que para el símbolo de la estación no se haya empleado como emblema la fachada característica del recinto, que ya entonces motivaba los intereses en declararla Monumento Nacional, los que se materializaron en 1983. Empero, parece ser que se le quiso dar algún contenido romántico a este símbolo, a través de la locomotora, para identificar la valiosa historia del sector en que se halla.
ESTACIÓN UNIÓN LATINOAMERICANA:
Coordenadas: 33°26'57.96"S 70°40'20.90"W
No nos queda clara la representación del símbolo, que podría ser interpretado entre un rostro de cerámica incásica o moché hasta las cabezas olmecas de Centroamérica. Más bien nos parece lo primero. Su nombre proviene de un típico enredo conceptual en la sociedad urbana. Se proyectó construir la estación, originalmente, en la proximidad del empalme de la Alameda con la ex avenida Unión Americana, calle que se llama Esperanza hacia su lado Norte. La Unión Americana fue un movimiento de raíces masónicas, fundado en Chile por intelectuales americanos de inspiración bolivariana entre los que estuvieron Benjamín Vicuña Mackenna, José Victorino Lastarria y el Almirante Blanco Encalada, hacia mediados del siglo XIX. La ubicación exacta de la estación es, sin embargo, en Abate Molina (Libertad, hacia el Norte) con la Alameda. Por una confusión nominal que se ha pretendido ajustar a los discursos americanistas también de raigambre bolivariana, la estación fue proyectada entonces con el nombre de Unión Latinoamericana, para reforzarle el sentido de latino y americano expresado en la ex avenida Unión Americana (ahora ya rebautizada también Unión Latinoamericana). Irónicamente, sin embargo, la estación se encuentra muy cerca también de la Avenida España.
ESTACIÓN REPÚBLICA:
Coordenadas: 33°26'53.68"S 70°40'8.77"W
Deriva su nombre del empalme de la Alameda Bernardo O'Higgins con la avenida República, donde está la estación representada. Su símbolo correspondía a una simplificación del escudo patrio, recursos de síntesis del emblema que se ha usado en otros ejemplos, como en las puertas de la Contraloría General de la República, por ejemplo. A ésta, se le conoce popularmente como la estación del los estudiantes, por la gran cantidad de movimiento que generan en ella los alumnos del Barrio Universitario de República. Sin embargo, no tenía esta característica en los años en que se proyectó el Metro y se diseñó su sistema de símbolos para cada estación.
ESTACIÓN LOS HÉROES:
Coordenadas: 33°26'46.48"S 70°39'37.20"W
Se llama así en homenaje a los 77 Héroes de la Concepción, durante la Guerra del Pacífico, cuyo monumento se encuentra precisamente sobre las instalaciones de esta estación que, además, es el enlace con la Línea 2 del Metro. Su símbolo era el emblema universal de la antorcha memorial del héroe (la tea de conmemoración), un icono universalmente reconocible. Este sector de la Alameda, en su cruce con la Autopista Central, es famoso por la cantidad de estatuas y monumentos instalados en su bandejón central y constituye uno de los tramos de la arteria de mayor atractivo turístico, por encontrarse también en un barrio de gran valor histórico y arquitectónico.
ESTACIÓN LA MONEDA:
Coordenadas: 33°26'41.05"S 70°39'19.15"W
Situada en Alameda con salidas por Amunátegui (Lord Cochrane, hacia el Sur) y Teatinos (Nataniel Cox, hacia el Sur), su nombre deriva del Palacio de la Moneda, la Casa de los Presidentes de Chile. Por su cuidadosa ornamentación artística, que lo convierten en una exposición permanente, en nuestros días esta estación es reconocida como una de las más hermosas de todo el sistema del Metro, aunque su nombre y su antiguo símbolo provengan de un concepto mucho menos ligado a las artes de la expresión pictórica. Aunque sabemos que el palacio presidencial chileno, situado en sus afueras, fue originalmente la Casa de la Moneda de Chile, el símbolo de esta estación del Metro, en la práctica, nos parecería ya más alusivo a las instalaciones de la casa central del Banco Central, en Agustinas esquina Morandé, en cuya entrada pueden encontrarse las magníficas representaciones de los cuños históricos con este mismo emblema numismático del Cóndor con las alas extendidas (escudo, la moneda de entonces). El entorno del Barrio Cívico ha tenido una fuerte influencia del Barrio Financiero (La Bolsa, Club de la Unión, etc.), como se ve. Hay, por lo tanto, un fuerte y notorio acento de valor institucional del Barrio Cívico en el nombre y en la vieja simbología de la estación.
ESTACIÓN UNIVERSIDAD DE CHILE:
Coordenadas: 33°26'38.89"S 70°39'1.64"W
En los empalmes de Alameda con Huérfanos y Serrano, esta estación lleva el nombre de la Universidad de Chile porque su casa central está situada, precisamente, en este sector. Y el emblema no podía ser otro: el clásico "chuncho", parecido al que lleva la casa de estudios en sus insignias deportivas. Esta estación corresponde al tramo que entró en operaciones en 1977. Pero más que el emblema del club con el nombre de la Universidad, influyó en el símbolo de la estación en el convencimiento popular de que éste es el emblema institucional de la Universidad de Chile, aunque corresponda hoy sólo a algunas aplicaciones más bien flexibles y menos heráldicas de la llamada Casa de Bello. El verdadero emblema aún vigente, si bien fue normalizado de manera definitiva recién en 1991, es muy anterior y puede observarse en la fachada de la Universidad en la misma salida de la estación.
ESTACIÓN SANTA LUCÍA:
Coordenadas: 33°26'34.32"S 70°38'42.36"W
Situada frente a la Biblioteca Nacional, esta estación abierta en 1977 tiene salidas en cruces de Alameda con Santa Rosa-Mac Iver, y los empalmes de San Isidro y Miraflores. Su símbolo es un poco confuso: Parece ser una combinación de formas de hierbas o ramas de palmeras, pero en todo caso y con seguridad, se trata de un símbolo floral, alusivo a las bellezas verdes del Cerro Santa Lucía, convertido en parque por iniciativa de don Benjamín Vicuña Mackenna durante su intendencia, a partir de 1872. Nos inclinamos a creer que se trata de una alusión a los palmares que existen en el cerro desde la gran construcción de las escalinatas que conducen a la Terraza de la Fuente Neptuno, aunque hemos advertido algunas notorias diferencias entre las versiones sobre este símbolo de la estación, durante el tiempo en que estuvo vigente.
ESTACIÓN UNIVERSIDAD CATÓLICA:
Coordenadas: 33°26'24.17"S 70°38'22.82"W
La salida de esta estación es, justamente, en la proximidad de la Universidad Católica, más bien en frente al edificio Diego Portales, de la Alameda, casi con Portugal. No exactamente en la fachada, pero barrio de la avenida Portugal definitivamente está dominado por la importancia de esta casa de estudios. El símbolo de la estación tampoco era el emblema oficial, a diferencia de lo que sucedía en la estación Universidad Técnica pero a semejanza de lo que sí ocurre con la estación Universidad de Chile, como hemos visto. En este caso, representa a la característica estatua del Cristo que abre sus brazos sobre la fachada de la casa universitaria. En nuestros tiempos, dada la información gráfica circundante, un símbolo con tal nivel de abstracción de la figura podría parecer más alusivo a la gran imagen de Jesús de la ciudad de Río de Janeiro. No obstante, la casa de estudios se ha valido frecuentemente de su característica imagen del Cristo de brazos abiertos para la iconografía que identifica algunas de sus áreas, centros o eventos, por lo que nos parecía un excelente símbolo para la estación.
ESTACIÓN BAQUEDANO:
Coordenadas: 33°26'14.95"S 70°38'5.54"W
Se sitúa en el cruce de Alameda con Vicuña Mackenna, donde comienza precisamente Providencia. Es la estación de la Plaza Baquedano, popularmente llamada también Plaza Italia, por un vicio nominal, donde se encuentra la estatua ecuestre del General Manuel Baquedano, héroe de la Guerra del Pacífico. Curiosamente, sin embargo, el símbolo de la estación no abstrae la gallarda figura del general a caballo, tal vez para diferenciarla de la estación Pedro de Valdivia que es más o menos semejante. En su lugar, toma la silueta de uno de los personajes del conjunto escultórico realizado por Virginio Arias, correspondiente al soldado de la Guerra del Pacífico que custodia las bases de la estatua del general. Esta estación fue inaugurada con este emblema en 1977, siendo probablemente una de las más importantes, por el valor vial y urbanístico del sector, además de la cantidad de pasajeros que por ella circulan a diario. No obstante, el costo de su construcción fue remover la explanada dejada por el histórico edificio de la Estación de Ferrocarriles Pirque. En nuestros días, esta destrucción ha sido juzgada por algunos como innecesaria, aunque se ha sumado a otras ocurridas en el mismo sector, especialmente tras la construcción del Edificio de la Telefónica. La estación Baquedano es un importante centro de actividades y exposiciones del Metro, y la conexión de la Línea 1 con la Línea 5, que sigue su curso al Sur hacia Puente Alto y al Norte hacia Quinta Normal.
ESTACIÓN SALVADOR:
Coordenadas: 33°26'1.22"S 70°37'34.29"W
La estación Salvador se encuentra en la calle del mismo nombre, que desemboca en Providencia. El símbolo es una asociación a la Cruz Roja, dado que este barrio es ocupado por las dependencias del Hospital Salvador. Inaugurado en 1871 para combatir las necesidades generadas por la famosa epidemia de cólera, precisamente estaba cerca de cumplirse el primer centenario de este hospital cuando comenzaron los trabajos de construcción del Metro. Puede que el símbolo de la estación que hoy lleva su nombre, corresponda al emblema más sencillo de todo el trazado de la Línea 1 originalmente proyectado.
ESTACIÓN TAJAMAR:
Coordenadas: 33°25'48.17"S 70°37'18.93"W (aprox. en el proyecto)
Esta estación iba a estar situada (en los planos) hacia el empalme de Providencia con Miguel Claro, aproximadamente, justo donde se encontraban los restos de los tajamares del Mapocho que hoy constituyen el Museo de los Tajamares, en este mismo sector. De hecho, el museo fue fundado a consecuencia de los hallazgos de murallones y cámaras durante las excavaciones que se habían realizado para la construcción de la línea del metro que por allí pasó. El nombre de la estación aludía a los varios restos que quedaban de estos tajamares del antiguo sistema de puentes del río Mapocho y que empezaba precisamente cerca de allí desde tiempos de la gobernación de Ambrosio O'Higgins, influencia nominal que también se observa en el complejo residencial de las Torres de Tajamar, cerca del cual debía estar la estación. Su símbolo, sin embargo, semejaba más el muro de piedra de un pucará incásico, para nuestro gusto. Como es evidente, esta estación jamás llegó a ser construida al fusionarse este tramo de recorrido con el que actualmente encuentra puerto en estación Manuel Montt, inaugurada en 1980. El sector pasó a manos de la comuna de Providencia dos años más tarde.
ESTACIÓN MERCADO:
Coordenadas: 33°25'38.56"S 70°37'1.74"W (aprox. en el proyecto)
Su nombre deriva del mercado modelo existente entonces en avenida Providencia hacia el sector de Antonio Varas y la actual Avenida 11 de Septiembre, frente a la Plaza Juan XXIII y donde ahora están oficinas de un servicio turístico y bibliotecario. Este barrio se encuentra ya muy modificado, especialmente después de su segregación desde la comuna de Santiago. El símbolo de la estación es el más complejo y "barroco", podríamos decir, simbolizando los productos de un mercado tradicional. Pero las dificultades y modificaciones que sufrió el trazado original fusionaron el tramo de las estaciones Tajamar y Mercado en sólo una, en el lugar que debía ocupar esta última y que corresponde a Manuel Montt, llamada así por la avenida que empalma con Providencia en la proximidad de la estación un poco más al Poniente. El mercado modelo también cerraría, así que no tenía objeto darle su nombre a la estación. Cuando fue inaugurada la estación definitiva, en 1980, el símbolo de los productos de feria había sido cambiado provisoriamente por dos simplonas y poco estéticas letras "M", aludiendo a las iniciales del ex Presidente de la República, y luego  por unos objetos de escritorio, de modo que este emblema tampoco llegó a ver la luz y no tuvo más vigencia que en los papeles, aunque Escudero también propuso un logotipo mucho más interesante para la estación Manuel Montt.
ESTACIÓN PEDRO DE VALDIVIA:
Coordenadas: 33°25'31.37"S 70°36'47.19"W
Aunque su nombre se debe a que la estación se encuentra en el cruce de las avenidas Providencia y 11 de Septiembre (paralelas) con la importante arteria de Pedro de Valdivia, que da nombre a este agitado barrio cívico de Providencia, su símbolo se inspira en la famosa estatua ecuestre del Conquistador español, la del caballo sin riendas, que antes se encontraba en la entrada Norte del Cerro Santa Lucía y que hoy se ubica en plena Plaza de Armas, exactamente al frente de la Municipalidad de Santiago. Como sucedió también en el revisado caso de la guitarrera de Quinchamalí para el símbolo que se había proyectado en la estación Violeta Parra, hoy San Pablo, éste símbolo corresponde a un icono no directamente asociado con la ubicación geográfica de la parada del metro, sino más bien al concepto general del personaje histórico que da nombre a la estación.
ESTACIÓN LOS LEONES:
Coordenadas: 33°25'19.05"S 70°36'31.25"W
El símbolo está, evidentemente, relacionado con los dos famosos leones de bronce que dan nombre al sector y que fueron donados a la ciudad por la familia Lyon, a pesar de que el mito urbano asevera que habrían sido traídos desde Lima durante la Guerra del Pacífico. La ubicación precisa de la Estación es Avenida 11 de Septiembre con Ricardo Lyon, un concurrido sector de Santiago que se caracteriza por su intensa actividad comercial y sus edificios de oficinas. Nótese que en el símbolo de la estación, estos leones están colocados en posiciones opuestas, también como los de las estatuas de Providencia, al estilo zodiacal del signo de Piscis. Sin embargo, los del símbolo corresponden a una evidente simplificación estilizada de los originales, unificándolos en las mismas posiciones de manera simétrica y omitiendo los reptiles que ambos leones de Providencia aplastan bajo sus garras.
ESTACIÓN LA PORTADA:
Coordenadas: 33°25'3.29"S 70°36'17.52"W (aprox. en el proyecto)
Es otra estación inexistente. Su nombre era en referencia a su ubicación, en el sector de la Portada de Vitacura donde estaba el centro comercial con este nombre y que destacaba como el principal referente de entonces, complejo e identidad desplazados para abrirle paso a otros proyectos y renovaciones radicales del vecindario, como la enorme Torre Titanium. Nótese que el trazado saltaba desde Los Leones hasta La Portada, omitiendo todas las estaciones que actualmente existen en el tramo final de la Línea 1, que continúa por avenida Apoquindo y no termina en Vitacura, como habría sido el caso de respetarse el final del trazado en estación La Portada. Dicho de otro modo, esta estación, cuyo símbolo era un portal de hierros, nunca llegó a ser construida al hacerse variar la dirección de la Línea 1 hacia su actual estación terminal, en Escuela Militar, en Apoquindo con Américo Vespucio. De este cambio en el proyecto surgió después la prolongación a las estaciones Tobalaba, El Golf, Alcántara y Escuela Militar.

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