viernes, 31 de julio de 2009

"CLUB COMERCIO ATLÉTICO": EL REFUGIO DE LAS CUECAS DEL BARRIO MATADERO

Coordenadas: 33°27'36.72"S 70°38'56.32"W
Hay todo un mundo detrás de esa vieja puerta y por el estrecho pasillo de calle San Diego 1130, casi en la esquina de Avenida Matta. Un mundo antiguo, con ese infaltable aroma de lo fantasmal y nostálgico. Es un universo de color sepia, como de hombres usando ese fino bigotito de las fotografías antiguas y sobrero de hallulla.
Hubo una época en que este sector de los barrios céntricos estuvo lleno de cotizados restaurantes, cafés y bares, famosos en todo Santiago. Por aquí hacia la entrada de San Diego existió el "Miss Chile", frecuentado por escritores de la elogiada Generación del '38, como Miguel Serrano, Eduardo Anguita y Teófilo Cid, además del prematuramente fallecido Jaime Rayo. Y más próximo aún al club de Matta que nos interesa se encontraba el "Volga", donde se desencadenaron los hechos sangrientos que costaron la vida al joven escritor Héctor Barreto, miembro de esa misma generación literaria. En la esquina de San Diego con Matta estaba el "Chantecler", viejo antro frecuentado por rufianes como El Nimbo, del barrio Los Callejones, además de otros boliches igual de poco luminosos mencionados por Armando Méndez Carrasco en su "Chicago Chico".
El Club Social y Deportivo Comercio Atlético es, por lo tanto, una reminiscencia de aquellos años perdidos de Santiago; años desaparecidos como la primera punta de un lápiz grafito, que llega al final de su efímera vida útil pero deja un millón de palabras escritas.
La sala principal del local sirve de pista de baile. En el muro tiene grabada orgullosamente la insignia del Club Social y Deportivo Comercio Atlético. Sobre la crujiente tarima de madera, con un improvisado fondo de telas, periódicamente encuentran refugio las cuecas de choros y rotos. Esta fría noche de viernes es el turno de "La Gallera" y las chiquillas de "Las Peñascazo", casi artistas de la casa a estas alturas. Equivaldría a una fonda o una chingana moderna: alguien colocó la enorme bandera chilena vertical al revés, pero bueno, se perdona: la intención es lo que vale. Los pescados fritos, las cazuelas, el pollo a la cerveza o las colaciones de tallarines cesan por hoy para abrirle paso a los "terremotos", los borgoñas y el pipeño, que será lo más solicitado esta noche de invierno.
Las ofertas del Club...
Vista del mesón hacia las cocinas.
Vista del salón y el escenario desde la barra.
Salón de presentaciones (interior).
Vista de la barra. Se alcanza a ver parte del segundo piso.
Otra sala con más aspecto de comedor se extiende por el costado trasero, de todos modos con vista al frente hacia los artistas cuequeros. La barra del bar es amplia y también espaciosa, con sus propias mesas. Sobre ella, subiendo por una pequeña escala, se abre un segundo piso sin aislamiento, donde algunos de los últimos rotos auténticos que quedan en Chile pasean con vasos de vino blanco y juegan cacho o dominó. Es una casona tan antigua como todo el barrio y adaptada para los servicios de bar y restaurante. Mirando con detención, se puede adivinar cuál era su aspecto, antes de las remodelaciones. Debe haber tenido aspecto de solar, según imagino, y sus habitaciones eran enormes.
Pido mi respectivo "terremoto" en el mesón. Mientras me lo sirven muy frío y apetitoso en un vaso tipo "potrillo", una coqueta chiquilla con una peluca rosada y una manta del mismo color pasa por mi lado, me pide permiso y hace su pedido en la barra que no descansa un sólo segundo. "Hola Pinky", le digo, y contesta tímidamente mi saludo. En la espera, conozco a otro de los clientes habituales del local: don Elías. No pasa mucho y me cuenta de sus tragedias personales, como ex-torturado político, además de sus profundas decepciones con el partidismo, la izquierda y la política en general... "¡Todo se acabó con la Gladys Marín! -dice meneando la cabeza y apretando sus clarísimos ojos- Con ella se fue lo que quedaba". Cuando la administradora de la barra está provisoriamente libre otra vez, aprovecho para preguntar por la historia del local y me recomienda dirigirme donde un caballero, sentado un poco más allá en una de las mesas. Está con otros miembros del club, compartiendo unos tragos. Es don Luis Gálvez, miembro de la directiva del Club Social y Deportivo Comercio Atlético.
Entre "aros" de la cueca de los avezados músicos de "La Gallera", aprovecho de preguntarle todo lo que preciso saber a dos Luis. Parece contento de que alguien se interese en esas historias que él guarda dentro de su propia vida. Tiene una memoria extraordinaria, tanta como su buena disposición. Sabe toda la epopeya del barrio Matadero y parece conocer al detalle todo lo que pasó durante el siglo XX en este viejo territorio de la ciudad. Me cuenta que el Club nació en 1932, cuando varios de los locatarios del sector se organizaron con la intención de tener su propio centro de reunión y comidas. Su fundador fue el dueño de la otrora famosa comercial conocida como la "Casa Val", cuya sede estaba justamente en la esquina, a la vuelta de donde estamos ahora.
Dos "patriarcas" del Club. A la derecha, don Luis Gálvez.
Pizarra con el directorio del Club. Nótese que algún bromista la "saboteó", al final.
El Club, por alguna razón de ajuste con la legislación, asumió el carácter de centro deportivo. De ahí su nombre, que ha sido siempre el mismo: "Comercio Atlético". Agrupaba principalmente a los comerciantes de todo el sector comprendido entre las avenidas Ñuble y 10 de Julio, pero principalmente a los del sector de San Diego.
La casona ya era antigua cuando se habilitó por el propio señor Val para que fuera la sede de Club, devenido ya en restaurante de comida típica y capilla de cuecas. Al fallecer, la Sucesión Val se encargó de la administración de las propiedades y del centro. Algunos dicen aquí adentro que han existido ciertos problemas de parte de algunas corredoras y descendientes, pues parece que en algún momento existió el interés por vender estas propiedades, lo que habría significado privar al Club de su histórica casa. Sin embargo, ha prevalecido el entendimiento y, según don Luis, todavía queda "Comercio Atlético para rato". Ojalá que así sea.
El frío de la noche no es suficiente para alcanzar el colorido calor de las cuecas que suenan dentro de estas salas, desde las potentes voces de "Las Peñascazo". La música se expande como un abrigo, entre humos de cigarrillos, aromas de empanaditas fritas y vinos tintos. A golpes de panderos y azotes de cuerdas, la casona del Club sigue acumulando años y épocas, sazonadas con tragos típicos y comida tradicional chilena.
Es la historia del Club Social y Deportivo Comercio Atlético, que se sigue tejiendo en el presente con el cordón dorado del hilo del tiempo.
Integrantes de "La Gallera" y "Las Peñascazo" compartiendo escenario.
"Las Peñascazo", con la pista llena.
Bailarines y músicos.

domingo, 26 de julio de 2009

SANTA LUCÍA O EL CERRO DEL INFORTUNIO ("La Nación Domingo", 26 de julio de 2009)

Publicado por Mauricio Valenzuela en "Las Nación Domingo" del 26 de julio de 2009. Link al artículo original:  http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20090725/pags/20090725204604.html (Clic encima de la imagen para ampliarla).
El escritor Miguel Serrano afirmaba que, entre la cumbre de este cerro y las escarpadas cimas del monte Kailas en la India, existía una conexión síquica por donde entraban los espíritus.

Visualizo la imagen pavorosa de los cañones en funcionamiento, montados desde la cúspide del Cerro Santa Lucía, bombardeando la ciudad sin clemencia.
Pero no. Por más que a algún niño le gustaría que estas viejas piezas de artillería revivieran, es imposible. Hace dos siglos que dejaron la labor de defensa.
Cuando mucho, seguimos escuchando el cañonazo de las 12. Su salva inútil, además de dar aviso del mediodía, es el recordatorio de que en el medio de nuestra ajetreada ciudad ha existido desde siempre esta mole negra llamada Santa Lucía o "Huelén", palabra que en mapudungún significa dolor o tristeza.
Y es a este "cerro del infortunio" donde llegaron los españoles en 1541 a iniciar nuestra historia.
Ya en la época de la Colonia, sus mesetas eran el último descanso para los suicidas y ateos, o también conocidos en ese entonces como "los desheredados de la Tierra".
Como no existía un cementerio laico y no se les permitía que fueran enterrados en las iglesias, como a los católicos, se les sepultaba aquí.
A lo largo de los años este rincón ha cambiado su aspecto, abriéndose entre hermosos caminillos y construcciones deslumbrantes. Mucho de esto se le debe a don Benjamín Vicuña Mackenna, quien tiene su estatua a los pies del cerro.
Y no es el único. Pedro de Valdivia también tiene un monumento, al igual que el cacique Caupolicán, cuya escultura es en verdad la de un indio norteamericano.
Pasear por aquí es entrar de lleno a una parte de la historia. Sus laberintos arbolados y húmedos son el escondite perfecto para un encuentro amoroso, de esos que comúnmente se ven tras los matorrales o en algún rinconcito.
Para el santiaguino, el cerro es un obligado paseo familiar alejado de la típica Fantasilandia o del encierro de un cine. Para los provincianos, un recorrido sagrado. Aquí se viene a soñar gratis y a buscar maravillas.
Desgraciadamente, muchos de los tesoros ornamentales del lugar hoy no pueden ser vistos por la multitud, ya que fueron saqueados en pasadas remodelaciones municipales.
Ya en 1874, Vicuña Mackenna inventariaba 31 esculturas y 416 jarrones de los que hoy no hay ni la sombra.

El investigador histórico Criss Salazar, quien se ha dedicado a indagar el paradero de estas piezas robadas, nos ofrece en su página web urbatorium.blogspot.com, dramáticas noticias del paradero de algunas de ellas.
Es recomendable pasear por aquí, echar a volar la imaginación y encontrarse con los fantasmas de una ciudad desaparecida.
El escritor Miguel Serrano afirmaba que, entre la cumbre de este cerro y las escarpadas cimas del monte Kailas en la India, existía una conexión síquica por donde entraban los espíritus de los brahmanes de una misteriosa orden esotérica. Verdad o mentira, vale la pena querer averiguar cosas como éstas.

MAUSOLEO DE JOSÉ MANUEL BALMACEDA: LA CANONIZACIÓN ESCOLAR DE UN INFORTUNADO EX PRESIDENTE


Coordenadas: 33°24'50.45"S 70°38'57.60"W

La pasada noche del 21 de julio de 2009, el noticiario de Mega hizo un pequeño reportaje sobre la suerte de animita que los escolares chilenos han encontrado en el mausoleo del ex Presidente José Manuel Balmaceda, por el Patio 67 del Cementerio General, en O'Higgins con Primera de Tilo. Conocí este fenómeno hace sólo unos meses, durante el verano, cuando tomé estas fotografías y comencé a preparar un posteo. Como Mega ha aportado ya lo suyo con vivo interés, prefiero adelantar ahora esta entrada, con el tema aún "calentito" y ante la necesidad de rectificar algunas de las afirmaciones allí vertidas.

Nadie sabe cómo comenzó exactamente la costumbre de solicitar favores a Balmaceda. Los hacen rayándolos en las paredes de la estructura o bien arrojándole papelitos con las solicitudes al interior de la cámara mortuoria, donde también reposa su distinguida esposa doña Emilia Toro.

Se puede calcular que, siendo antiguo ya, habrá recomenzado con esta actual característica entre los años 2006 ó 2007, pues han aparecido alguna vez inscripciones con agradecimientos por los favores concedidos hacia esas fechas. La mayoría de las peticiones son de temática educacional: buenas notas, pasar ramos o quedar en ciertas casas de estudios, en algunos casos con sendos errores ortográficos, por curiosa ironía. La verdad es que para destacar y motivarse a escalar notas en el espantoso sistema educacional chileno, es difícil no ver la ayuda sobrenatural como única salida.

Me incomoda invadir los secretos y angustias íntimas de estos chiquillos, así que reproduciré sólo algunas de sus peticiones, tratado de dejarlos permanecer en lo más parecido al anonimato que se pueda.

Sin embargo, la costumbre no es nueva como creyeron los periodistas de la estación televisiva, sino que se ha restituido. Ya fue comentada por Oreste Plath en su libro "L'Animita", donde reproduce el siguiente extracto tomado del libro "Crónicas Reunidas" de Joaquín Edwards Bello, escrito en 1921:

"Personas de diversas categorías, generalmente humildes, le piden favores. Siempre está cubierta de peticiones o mandas. Un estudiante le suplica que le ayude a salir bien en los exámenes. Otro le solicita ayuda para que lo quiera una chiquilla llamada Estela. La obrera María S. le pide que libre a su marido del alcoholismo. La tumba de Balmaceda se parece a las "animitas" de extramuros".

Reaparece algo al respecto en un texto del gran periodista Raúl Morales Álvarez, "La tumba del Santo Balmaceda", publicado en 1979. Así pues, y al contrario de lo que afirmara el noticiario Mega y los propios funcionarios del cementerio entrevistados, no estamos en presencia de un fenómeno nuevo, sino del resurgimiento o redescubrimiento de algo que arrastra cierta tradición desde hace un siglo o más. Prueba de ello es que éste y varios otros mausoleos que también eran llenados en el Cementerio General con peticiones de favores, fueron sometidos a una limpieza masiva el año 2001, que borró muchas de las inscripciones que antes habían sido observadas por autores como Plath o Morales Álvares. Lo curioso es verificar la fuerza con que continúa la veneración milagrosa de Balmaceda ahora, pasando a tener una popularidad escolar que nunca antes había mostrado, a nuestro parecer.

La historia del mausoleo y de cómo llegó Balmaceda hasta este lugar de culto es tan dolorosa como la muerte misma del Presidente, tras suicidarse refugiado en la legación argentina, el 19 de septiembre de 1891, al final de la infausta Guerra Civil. Algún día dedicaremos un posteo a su profético y extraordinario Testamento Político, redactado sólo horas antes de su valiente pero terrible decisión de volarse la cabeza con un arma, para evitar entregarse a los revolucionarios.

José Manuel Balmaceda (1840-1891)

El plenipotenciario argentino José de Uriburu, que estaba emparentado familiarmente con Balmaceda y lo tenía escondido en esta residencia diplomática, hizo saber a Carlos Walker y a Melchor Concha y Toro del suicidio, apenas advirtió lo que había ocurrido esa mañana en una habitación de su legación, ubicada en la ex calle del Peumo, hoy Amunátegui. Los tres resolvieron partir a La Moneda a comunicar lo sucedido. Pero al conocerse la muerte por las vías del rumor, la curiosa sociedad chilena se volcó hasta el edificio de la legación platense. Pudieron reingresar a retirar el cadáver acompañados de una comisión neutral, sólo hacia el mediodía, pero cuando llegaron hasta allá las fuerzas de orden que debieron dispersar -no sin dificultad- a las muchedumbres.

Algunos suponen que el cadáver fue revisado y montado otra vez en su posición suicida, aunque de manera bastante burda, según observan algunos. Así le habría tomado una famosa fotografía en la que aparece muerto, tendido en la cama, reproducida en diarios de época aunque hoy se pone en duda su autenticidad. Para evitar a la multitud, se simuló el retiro del cuerpo en un carro de la Beneficencia que pareció sacar un ataúd desde el edificio. El Capellán Francisco Lisboa comunicó a la gente, entonces, que el cuerpo del ex Presidente había sido retirado, y así comenzaron a retornar a sus casas. Mientras, hacia las 19:30 horas, el cadáver aún en el interior era envuelto en una colcha atada. Esperaron que oscureciera para subirlo a un carro del servicio público, custodiado por dos agentes de seguridad. Acto seguido, partieron con prisa hasta el Cementerio General. Acompañaban al cuerpo el cónsul uruguayo José Arrieta, el intendente provincial Carlos Lira, el cuñado de Balmaceda don Domingo Toro Herrera y el Capellán Lisboa, escoltados por un piquete de 10 uniformados del Guías Nº 4, comandados por el Alférez Edgardo Rogers.

Al llegar al cementerio, descargaron el cuerpo para meterlo en una urna de metal. Generosamente, el señor Arrieta dispuso de su sepultura familiar para darle entierro, atendiendo una súplica que habíale hecho el propio fallecido. Sin embargo, parece ser que algunos exaltados o agitadores los vieron, por lo que Lira propuso, en horas avanzadas de esa misma noche, evitar una profanación o actos indignos llevándolo hasta otra tumba y de manera aún más reservada. Don Manuel Arriarán, administrador del cementerio desde 1880, dispuso para ello de su propia tumba vacía, en el número 1.355. Arriarán era conocido allí, entre otras cosas, porque construyó las murallas de los nichos que rodean amplias áreas del cementerio, con tumbas más económicas, de modo que era un hombre con probadas características filantrópicas.

El supuesto cuerpo de Balmaceda, según fotografías de medios partidarios a los alzados en 1891. Se supone que lo mostraría tal cual estaba tras suicidarse y antes de ser envuelto y enviado al Cementerio General.

Permaneció cinco años allí en reposo. Afuera, en el mundo de los vivos, los odios bajaron, la confrontación cedió paso a la razón y la convivencia volvió a ser relativamete normal. Entonces, las vistas se volcaron otra vez hacia Balmaceda, hacia la pérdida trágica y a la magnificencia de su obra en defensa del progreso de Chile y de la continuación del Estado portaliano, ya en esos días entrado en crisis final. La sensatez abrió ruta a la objetividad, y de la objetividad a la idealización, en menos de un lustro, como bien lo comenta Francisco A. Encina al repasar el desprestigio en que cayeron las clases políticas tras la guerra. Si en 1891 la prensa liberal publicaba ofensivas caricaturas de Balmaceda muerto y sangrante en una cama mientras demonios intentaban llevárselo a los infiernos, para cuando hubo cesado la demencia, hasta los enemigos de ayer se cuadraban con su memoria y lamentaban su pérdida.

El 29 de noviembre de 1896, los restos de Balmaceda fueron sacados desde su morada provisoria y trasladados en una apoteósica ceremonia a la que concurrieron miles de admiradores del infortunado mandatario. Quedaron sepultados en el elegante mausoleo familiar, donde iría a acompañarle después su viuda, doña Emilia Toro de Balmaceda, el 13 de junio de 1913.

Imagen de los años veintes.

Otra fotografía antigua con el aspecto original del mausoleo, publicada en la propia página web del Cementerio General de Recoleta.

Imagen actual.

Base del marco de roca rosa del acceso al mausoleo, donde se observa la inscripción de los trabajos de Tebaldo Brugnoli en 1915 sobre el mausoleo.

A juzgar por una inscripción sobre la estructura, el mausoleo habría sido remodelado por el arquitecto italiano Tebaldo Brugnoli en 1915, dato que, sin embargo, no aparece señalado en las fuentes que hemos consultado. Las fotografías de la época lo muestran más espectacular entonces que en nuestros días, con aspecto románico y dos bellas columnas de ingreso. Destacan las rocas rosadas y mármoles. Un imponente y fulgoroso ángel resguardaba el descanso eterno de la familia parado sobre la cúpula, en el exterior. Por el interior, hace lo mismo un escudo patrio. En la actualidad, al parecer a consecuencia de los terremotos, el ángel ha sido reemplazado por una cruz y parte del portal está demolido, salvo por las secciones inferiores de las columnas, ahora rematadas por jarrones de mármol de estilo Médicis, que también han servido de pizarra para peticiones y agradecimientos de la improvisada animita en que se ha convertido el sepulcro.

Personalmente, tengo dos presunciones para explicarme cómo pudo comenzar esta nueva y fervorosa etapa en el culto escolar sobre Balmaceda solicitando buen rendimiento en el colegio. La primera deriva de que este mausoleo se hizo conocido entre la comunidad de niñas del Liceo Polivalente A-28 Emilia Toro de Balmaceda de Quinta Normal, luego de que el año 2006 instalan una placa dentro del mausoleo celebrando el centenario del establecimiento educacional. La placa está a los pies de la cripta de doña Emilia. La otra especulación que con más fluidez me surge leyendo los mensajes que aparentan ser más antiguos (las paredes han sido lavadas en alguna ocasión), es por alguna posible relación detonante entre el culto escolar a la tumba y la existencia del Liceo Polivalente Presidente José Manuel Balmaceda, de barrio Independencia y a no mucha distancia de allí. Apostaría más por esta última teoría y diría que los alumnos del Liceo Balmaceda son los principales sospechosos de impulsar la fama milagrosa del ex Presidente.

Como sea, el culto de canonización informal de Balmaceda no es nuevo ni extraño, semejante sólo a casos parecidos que han ocurrido también con la tumba del Profesor Abelardo Núñez y más subjetivamente con la memoria heroica del Capitán Arturo Prat, aunque sin intervenciones sobre sus sepulcros, en este último caso.

Me agrada esta devoción espontánea por Balmaceda entre los adolescentes santiaguinos. Lo demuestra como un personaje profundamente querido; y "naturalmente" querido, diríamos, sin el refuerzo de campañas o propagandas. Mientras ciertas figuras de la historia chilena necesitan millones y millones (y más millones) de pesos anuales inyectados a través de fondos artísticos, publicitarios, literarios y cuanto sea requerido para garantizar su vigencia y alta popularidad (a veces innecesariamente, y producto sólo de temores paranoicos de la política), el modesto Balmaceda sólo precisó de un capítulo en la serie "Héroes" de Canal 13 para que, justo por entonces -y no sé si por coincidencia-, comenzara su culto. Historiadores como Ricardo Donoso, que no guardaron expresiones animosas contra el mandatario, quizás jamás se imaginaron esta extraña impronta y la restauración del buen nombre de Balmaceda en la conciencia popular chilena. Finales felices, curiosos en nuestra vida histórica nacional, pero no extraños ni ajenos.

Algunos se escandalizarán, ciertamente, viendo su sacro mausoleo rayado y estos papelitos inocentemente arrojados dentro cual copia pobre del Muro de los Lamentos. Puedo comprenderlos; pero más triste luciría su cripta fría y de flores marchitas, ajenas a cualquier cariño o acto de fe entre niños y jóvenes. Esta es una garantía de gratitud por la memoria de Balmaceda para varias generaciones más, que sólo merece ser celebrada.

martes, 21 de julio de 2009

EL ÑUÑO: LA FLOR PERDIDA DE ÑUÑOA

Es una lástima que el Escudo de Armas de la Municipalidad de Ñuñoa no lleve ninguna referencia a las florcitas llamadas ñuños, símbolos de esta ex comarca semi-rural de Santiago. De hecho, aparecen en él las ya sobreexplotadas flores de Liz, mas ninguna referencia a las que le dieron el nombre a la comuna.
Hubo una época en los noventa, durante la alcaldía de Pablo Vergara, en que se incentivó entre los educandos del barrio algunos concursos de dibujo, en que los niños imaginaban la misteriosa flor de ñuño. Sin embargo, con el paso del tiempo esta iniciativa se fue perdiendo y el enigma de la flor de Ñuñoa volvió a la penumbra, al claroscuro de la conciencia colectiva.
El ñuño se ha convertido en el arquetipo de la Flor Inexistente de la comuna de Ñuñoa, tal como la imagen poética desarrollada por el fallecido escritor nacional Miguel Serrano: una flor que no existe, que no está físicamente dispuesta a la vista de quien la busca, pero que sigue más presente y es más real que todas las flores de todos los jardines del mundo. Ya hemos tratado este tema en otras partes del blog, pues el símbolo trascendente de la flor inexistente se repite con curiosa frecuencia en las vertientes culturales y folklóricas de la capital chilena. Cada vez que Ñuñoa evoca a su propio nombre, entonces, lo hace también al mito de la flor perdida, del ñuño, de Ñuñohue, y de todo el cordón dorado del tiempo en la historia de Santiago, desde llegada de los conquistadores y aún antes.
René León Echaíz nos cuenta esta historia en su trabajo "Ñuñohue": los conquistadores españoles avanzaron con don Pedro de Valdivia por el río Mapocho hacia arriba, buscando explorar los territorios del entorno a la comarca donde se funda Santiago del Nuevo Extremo, en 1541. Llegaron a unos terrenos de gran belleza y fertilidad, cuyos tranquilos campos se extendían hasta las faldas de los cerros de la Cordillera de los Andes. Allí se internaron por entre los matorrales, apartándose de la ribera del Mapocho. Les llamó de inmediato la atención una enorme cantidad de florcitas amarillas que se movían al viento, por todas las extensiones de estos territorios. Cuando los europeos consultaron a los indígenas que acompañaban la expedición por el nombre de estas flores, ellos contestaron que eran "ñuños".

Imagen base de edición: tomada de Chileflora.com
Los ñuños son de color amarillo, con tonalidades rojizas y oscuras. Crecían en una zona indígena de rucas y pequeños campos que los nativos llamaban Ñuñohue, precisamente en alusión a estas flores: Tierra de Ñuños, traducido del mapudungun. Abarcaba el borde del Mapocho, las faldas cordilleranas y el contorno de los llanos del Maipo. En su momento, los conquistadores recorrieron gran parte de estos terruños y fueron siendo recibidos por los caciques que las dominaban. Durante el resto de la colonia, se conectaba desde Santiago hasta este sitio a través de caminos muy rústicos que salían desde el lado oriente del Cerro Santa Lucía, cuya falda hacía de aparcadero para caballos y carretas que iban o venían por este rumbo.
Ñuñohue abarcaba, entonces, los terrenos que actualmente identificamos con Providencia, Apoquindo, Las Condes, Tobalaba, Macul y Ñuñoa. No tardaron en ser loteados y convertidos en chacras, arruinando la vida de los indígenas locales. Sin embargo, era el último de los mencionados, Ñuñoa, aquél que se hallaba en el centro de la Tierra de los Ñuños, siendo identificado como el corazón de Ñuñohue entre los indígenas. Se dice incluso que su aldea central estaba justo en la actual Plaza Ñuñoa, un centro de entretención nocturna de nuestra ciudad. Sus dominios estaban en manos del cacique Longomavico, también llamado Aponchonique, pero dichos caseríos perduraron sólo hasta el siglo XVII, cuando las aldeas del centro del territorio desaparecieron. Sus principales accesos fueron, por largo tiempo, los caminos ocupados por las actuales avenidas Providencia e Irarrázabal.
La corrupción fonética y la repetición viciada del término entre los españoles, llevó a transformar su nombre rápidamente a Ñuñoa, manteniéndose hasta hoy en la toponimia.
Del ñuño, en tanto, sabemos muy poco en nuestra sociedad. Es una planta tipo hierba perenne del orden de las liliales y de la familia de las iridáceas. Todavía es posible verlas junto a algunos caminos y senderos en el entorno de la capital. Tiene seis pétalos con diseños propios que van desde el limpio amarillo sin máculas hasta patrones de manchas negras y escarlatas sobre amarillos rojizos. Crece levantándose a relativa altura del suelo, alcanzando los 50 centímetros aproximadamente. Los científicos la conocen como Sisyrinchium ñuño colla.
También se identifican comúnmente como variedades de ñuño a los llamados huilmos amarillos, que en términos científicos son llamados Sisyrinchium graminifolium (de marchas negras en sus pétalos dorados) y Sisyrinchium striatum (de pétalos más gruesos y sin diseños de manchas, pero de mayor altura). En el "Curtis’s botanical magazine; or flower garden displayed" (Londres, 1830) y en el "Flore des serres et des jardins de l’Europe" (París, 1847), también aparecen reconocidas las especies de ñuños Sisyrinchium pedunculatum y Sisyrinchium longistylum, respectivamente.
Las capacidades del ñuño fueron su garantía de expansión por los valles interiores de la Zona Central de Chile: resiste temporadas de sol directo y, además, soporta las heladas de las estaciones más frías. Como no puede sobrevivir a la nieve, creció en vastos campos florales por las alfombras de vegetación que habían en Ñuñohue, a los pies de la alta cordillera nevada.
Ñuños amarillos (fuente imagen: www.caracottagenursery.com)
 El diseño del actual Escudo de Armas de Ñuñoa fue oficializado por el Decreto Edilicio N° 320 del 8 de Agosto de 1958. Como hemos dicho, es extraño que ni siquiera se haya considerado a la pasada, en él, la alusión a los ñuños.
De hecho, la presencia del color amarillo tanto en la bandera como en este escudo del Municipio, se debe a la evocación del oro, según se desprende de los textos que les dieron creación con dicho Decreto, y no a los ñuños:
"Campo de azur losanjado por líneas de oro, con una flor de Liz del mismo metal en cada losange, que son las armas del conquistador don Juan Jofré de Loaysa, primer propietario hispano de la región; jefe de plata con cuatro toquis o hachas de piedra de gules, colocada de posición de palos, en homenaje a los ulmenes de Ñuñoa, Tobalahue (Tobalada), Macul y Penilolen (Peñalolén), que a la llegada de los castellanos eran los señores naturales de los sectores que actualmente conservan sus nombres".
"Bordera de azur, con ocho veneras de oro, tomadas del blasón metropolitano, por pertenecer a la gran ciudad de Santiago."
"Timbre: la corona mural de oro de las municipalidades de Chile".
 De los ñuños, nadie se acordó entonces.
A pesar de los méritos de la planta en la conquista del paisaje, el avance del cemento fue dejando atrás los tiempos en que los valles y explanadas de la zona eran dominados por los ñuños. Ello, sumado al desdén y al olvido, han hecho que la flor de Ñuñoa no sea más que un recuerdo sin memoria; un arcano, una legenda. Otra flor inexistente, a fin de cuentas.
Ojala que futuros alcaldes de Ñuñoa tomen, sin embargo, la iniciativa de sacar del mito al ñuño y devolverlo desde las comarcas marginales y periféricas a las que los hemos empujado, hasta los jardines, plazas y la propia simbología de esta comuna del Gran Santiago. La reciente creación de un vino propio producido por la Viña La Rosa, etiquetado como "Ñuñohue" y distribuido exclusivamente en los locales de recreación que caracterizan el centro de la comuna, puede ser un gran paso en la deuda que ésta mantiene con su propia historia.
Escudo de Armas de la Municipalidad de Ñuñoa, a la izquierda, y una humilde propuesta que sustituya las flores de Liz por ñuños, a la derecha... Dijimos que es sólo una PROPUESTA, así que no se espanten.

sábado, 18 de julio de 2009

UNA MEMORABLE PRESENTACIÓN DE "LA GALLERA" EN EL OPERA CATEDRAL


Coordenadas: 33°26'15.21"S 70°38'35.59"W

El martes 7 de abril de 2009, se realizó una notable presentación del grupo cuequero nacional "La Gallera" en el bar-restaurante y centro de eventos Opera Catedral, ubicado en la esquina de Merced con José Miguel de la Barra, pleno Barrio Bellas Artes. Este histórico concierto tuvo lugar en el marco del ciclo "Cuecas en llamas, llaman las cuecas", organizado por los músicos nacionales Pablo Ilabaca y Camilo Salinas, y como presentadora estuvo la folklorista María Ester Zamora, acompañada por su marido don Pepe Fuentes, ambos iconos de inmenso valor histórico en las artes musicales de la tradición urbana chilena.

No puedo ser del todo objetivo cuando hablo de "La Gallera". Ya habíamos dicho algo de ellos en nuestro posteo sobre la Fiesta Antijalogüin 2008. Además de estar integrada por uno de mis amigos de toda la vida, esta joven agrupación es, para mi gusto, una de las mejores de la escena cuequera chilena. Si bien es legítima y hasta cierto punto beneficiosa la innovación y la introducción de instrumentos eléctricos en la nueva corriente de cueca chilena, "La Gallera" tiene la virtud de reproducir un sonido impecablemente "rústico" (dentro de su complejidad) de arreglos y estructuras, pues es el mismo sonido y los mismos instrumentos que uno fácilmente habría encontrado entre las fondas y chinganas de La Chimba o de Mapocho a principios del siglo XIX. Un sonido puro, de folklore originario, con base cuerdas-piano-panderos y algunas de las voces más potentes de este circuito artístico.

Es, en definitiva, un viaje en el tiempo a través de los coloridos vapores musicales... La maravilla para un investigador melómano.

Los músicos de "La Gallera" tampoco se dejan seducir por sectarismos sobre la cueca urbana enfrentada a la cueca rural, sentimiento que es común entre los cultores del folklore quienes ven con molestia -bastante justificada, por lo demás- la promoción oficial del mito de que el grueso de las tradiciones cuequeras chilenas proviene del campo y no del costumbrismo citadino. Por el contrario, su repertorio mezcla piezas propias con las del folklore urbano y alguna que otra de la tradición rural, como "Pirihueico y Panguipulli", ya que, según ellos claman en el escenario, "cueca hay una sola".

Pude compañar a estos músicos durante toda su presentación en el Opera Catedral, aquella jornada, tomando las fotografías que aquí expongo. La pista se hizo chica para tantos danzarines, como podrá verse. La barra ofreció por aquellas noches de "Cuecas en llamas, llaman las cuecas" una exquisita versión local del trago "terremoto", en copa y con helado fino de la casa. Excelente.

Los integrantes centrales de "La Gallera" son Cristián Mancilla, Fernando Barrios, Horacio Hernández y mi amigo Juan Pablo "Muñeco" Villanueva. Sus presentaciones en "El Huaso Enríquez" todos los jueves, en barrio Yungay, son famosas. Tienen su propio sitio web en lagalleraa.blogspot.com.

Qué ver en una visita?

Aconcagua (9) Aeronautica (12) Africa (4) Alemania (4) Alto Hospicio (11) Angol (2) Animitas (72) Antartica (31) Antofagasta (19) Apuntes (6) Arabes (20) Arabesco (13) Araucania (8) Arauco (2) Archipielago Juan Fernandez (1) Arequipa (6) Argentina (30) Arica (41) Armas (23) Arqueologia (76) Arquitectura en hierro (22) Art Deco (34) Art Nouveau (18) Arte (179) Austria (1) Aysen (9) Bares-Restoranes (146) Barroco (53) Bauhaus (10) Belgas (1) Biobio (1) Bizantino (9) Bohemia (162) Boites (26) Bolivia (18) Bomberos (33) Brasil (3) Britanicos (37) Buenos Aires (4) Burdeles (24) Cachapoal (1) Cafes-Salones de Te (17) Cajon del Maipo (14) Calama (2) Caldera (8) California (1) Calles (79) Campo (109) Candilejas (53) Carreteras (55) Cartagena (3) Casonas (99) Cauquenes (1) Cementerios (60) Cerros y montañas (40) Chañaral (1) Chile (1042) Chillan (5) Chiloe (13) Choapa (7) Ciencia (71) Cine (11) Cinema-Teatros (39) Circo (16) Cites-Conventillos (17) Cocina (58) Cocteleria (56) Colchagua (2) Colombia (1) Coloniaje (148) Comercio (188) Comics (30) Compañias (90) Concepcion (8) Conmemoracion (127) Copiapo (30) Coquimbo (21) Criminologia (28) Croatas (6) Cur (1) Curico (1) Curiosidades (240) Delincuencia (62) Deporte (42) Desierto de Atacama (53) Diplomacia (23) Diseño (92) Edad Media (19) Edificios historicos (174) Edificios populares (66) Educacion (72) Egipto (2) El Loa (1) El Maipo (2) El Maule (12) El Tamarugal (24) En prensa/medios (42) Errores (109) Esoterismo/Pagano (74) España (18) Estatuas-Monumentos (122) Etimologia-Toponimia (154) Eventos (47) Exposiciones-Museos (64) Fe popular (142) Flora y fauna (112) Folklore-Tradicion (212) Fontanas (39) Fotografia (24) Franceses (89) Francia (9) Frutillar (2) Gargolas-Grutescos (19) Georgiano y victoriano (25) Germanos (32) Gotico (18) Gringos (31) Guerra Chile contra Confederacion 1836 (11) Guerra Chile-Peru contra España 1865 (2) Guerra del Pacifico (77) Guerra Peru-Bolivia 1841 (1) Guerras antiguas (5) Guerras civiles y golpes (38) Hechos historicos (127) Heraldica (29) Heroes (83) Hispanidad (117) Holanda (1) Hoteles (32) Huasco (3) Huasos (60) Humor (62) I Guerra Mundial (2) Iglesias y templos (103) II Guerra Mundial (6) Imperio Romano (21) Independencia de America (46) Indigenas (101) Industria (74) Instituciones (167) Iquique (74) Isla de Pascua (1) Israel (1) Italia (35) Italicos (43) Jerusalen (1) Judios (10) Juegos (42) Junin (1) La Paz (1) La Serena (18) Lejano oriente (38) Lima (2) Limari (9) Linares (2) Literatura (121) Llanquihue (1) Los Andes (2) Lugares desaparecidos (213) Madrid (1) Magallanes (35) Malleco (1) Marga Marga (1) Mejillones (4) Melipilla (1) Mendoza (2) Mercados (23) Mexico (1) Militar (93) Mineria (50) Misterios (109) Mitologia (158) Mitos urbanos (121) Modernismo-racionalismo (15) Mujeres (77) Musica (68) Navegacion (45) Negros (12) Neoclasico (151) Neocolonial (22) Neorrenacentismo (1) Niños (99) Numismatica (16) Ñuble (5) Obeliscos (16) Orientalismo (12) Ornamentacion (107) Osorno (1) Ovalle (5) Palacios (24) Paleocristianismo (20) Palestina (1) Panama (1) Parinacota (1) Paris (1) Patagonia (21) Patrimonio perdido (120) Peñaflor (1) Periodistas (29) Personajes culturales (160) Personajes ficticios (52) Personajes historicos (181) Personajes populares (172) Peru (53) Pesca (17) Petorca (5) Philadelphia (1) Pisagua (1) Playas (33) Plazas y parques (164) Polacos (1) Politica (59) Productos tipicos (81) Publicidad (58) Puentes (35) Puerto Montt (6) Punta Arenas (9) Quebrada de Tarapaca (13) Quillota (2) Radio-TV (53) Rancagua (3) Ranco (1) Reliquias (154) Renacimiento (3) Reposteria/Confiteria (22) Rio Chili (1) Rio Mapocho (44) Rio Tevere (3) Roma (33) Rotos (94) Rusia (1) San Antonio (5) San Pedro de Atacama (2) Sanidad (50) Santiago (663) Semblanzas (136) Sicilia (1) Simbolos/Emblemas (75) Sociedad (145) Suiza (1) Suizos (1) Tacna (5) Talagante (8) Talca (3) Tarapaca (95) Tecnologia (82) Terrores y fantasmas (94) Tierra del Fuego (12) Tocopilla (2) Tragedias (199) Transportes/Estaciones (80) Tucuman (1) Tudor (28) UK (8) Uruguay (1) USA (20) Valdivia (4) Valle de Azapa (10) Valle de Elqui (15) Valparaiso (32) Vaticano (5) Venezuela (6) Viña del Mar (3) Websites recomendados (10)