martes, 30 de junio de 2009

LOS FASCINANTES CUATRO PISOS DE ENTRETENCIÓN DE "GAMES CENTER"

Tomé ésta maltratada imagen del local durante los años de su edad dorada, hacia fines de 1992. El espacio que ocupaba "Games Center" hoy ha sido totalmente remodelado y asimilado por una multitienda vecina.
Coordenadas: 33°26'27.68"S 70°39'2.54"W
En otros posteos hemos hablado de dos centros de videojuegos que fueron emblemáticos en el Paseo Ahumada de la capital chilena: los "Delta 15" y los "Diana", que abrieron camino a los entretenimientos electrónicos más populares que conoció la sociedad de Santiago. Sin embargo, a fines de los años ochentas o principios de los noventas (nunca lo tuve claro), en Ahumada 195 casi esquina Agustinas, abrió uno de los únicos locales de videojuegos que pudo darle competencia feroz a los otros dos monstruos del rubro: "Games Center", el centro de entretenciones que pasaba prácticamente repleto de escolares y universitarios durante todo el día.
Era un local extraño, situado exactamente al lado de "Los Pollitos Dicen", y distinto a los grandes salones de juegos que tradicionalmente existían. Como era más bien estrecho, compensaba su espacio con la altura: cuatro pisos conectados por una escalera, internándose hacia arriba del edificio que lo acogía. Con luces de neón en el segundo piso, "Games Center" se jactaba de esta condición "Cuatro pisos para su entretención", decía. Desde el más alto, uno tenía una extraña vista del centro por las últimas ventanas, inusual en un local al que se acceda por el primer nivel a ras del piso en el paseo peatonal.
"Games Center" llegó a ser tan conocido por entonces, que se convirtió en otro punto de encuentro de la zona centro. No era raro toparse allí con algún amigo o compañero de estudios; incluso me encontré un par de veces con mi propio hermano. "El Gran Santiago es un pequeño pañuelo", me decía por esto mismo un joven de origen eslavo, pocos años atrás.
La distribución de los elementos interiores era notablemente práctica, pese a las limitaciones del espacio. Aún así, la caja quedaba abajo, casi atrás del primer piso, por lo que quien usara máquinas de los pisos superiores debía tener la inteligencia suficiente para calcular la cantidad de fichas que debía llevar. En este primer nivel se encontraban las mejores máquinas, además, de modo que el atochamiento era enorme en las horas peak, obligándolo a uno a hacer largas esperas para videojuegos de punta como "Terminator", que conocí por primera vez allí, precisamente. En horas de la tarde era más fácil encontrar algún cupo para destruir los orgacyborgs basados en la película, con la ametralladora tipo Uzi virtual de la máquina (se sacudía al dispararla), cuyas gráficas eran extraordinarias para la época.
Hacia los pisos superiores, se iban colocando las máquinas menos populares o fuera de la moda, aunque no por ello menos entretenidas. Jugué por ahí el "Golden Axe", me parece, persiguiéndolo por los pisos de la vigencia. Recuerdo en el último nivel (el que menos público aglomeraba), al videojuego "Pacman-manía", una especie de remembranza del clásico "Pac-Man" pero en tres dimensiones, que también conocí por vez primera allí. Si mal no recuerdo, era el último de los videos del local, al final de una corta fila, arrinconado contra la pared norte. Me parece que este negocio fue, además, uno de los primeros centros de videojuegos donde llegó el "Mortal Kombat" en Chile.
El atractivo de "Games Center" sirvió para que muchos leales a otros centros, en mi caso a "Delta 15", emigráramos hasta sus cuatro pisos de ruidos cósmicos e imágenes digitales. Llegamos allí por curiosidad, atraídos por la fama de sus máquinas más novedosas, pese al problema crónico de poder agarrar un turno para jugarlas.
Otra vieja fotografía mía donde se alcanza a observar la entrada a "Games Center", tomada en el apogeo de mi rol de cliente. El árbol que se ve afuera del local era el punto de referencia para reunirse con los amigos antes de ingresar a los "Cuatro pisos para su entretención".
Pero el centro de videojuegos tampoco estuvo exento de controversias. Muchas veces fue usado como refugio por algunos imprudentes y estrelleros vendedores ambulantes o lanzas, que se metían con veloz brutalidad al lugar esquivando a funcionarios de Carabineros. Estos tipejos se mostraban agresivos y pendencieros contra los más adolescentes e inofensivos, como buenos shilenos. También sucedió, algunas veces, que unos degenerados y homosexuales del sector ingresaban para toquetear o rozarse contra algunos clientes, mientras éstos estaba distraídos y absortos en sus respectivas cabinas de juego. Eran los años en que ya había comenzado la decadencia que hoy agobia al Centro de Santiago.
La popularización de los videojuegos caseros, tanto el PC como play station y similares, retiró gran parte del público que frecuentaba estos locales, especialmente en las generaciones de recambio, llevando al cierre de varios centros de entretenciones. Otros se mantuvieron en ascuas, tanto como les fue posible. "Games Center" no fue la excepción, y se fueron desocupando sus famosos cuatro pisos en la segunda mitad de los años noventas, aproximadamente. Su casa amaneció misteriosamente cerrada una mañana fría y, al poco tiempo, unos obreros y carpinteros que entraban y salían del oscuro pasillo cambiaron los ruidos digitales de explosiones galácticas y autitos saltarines por el de serruchos y taladros eléctricos.
Actualmente, su ex sitial de cuatro pisos está totalmente remodelada y asimilada por oficinas financieras de una conocida multitienda, ubicada en la esquina.
Ha cambiado tanto el aspecto de la arquitectura en este rincón de la capital, que dejo centrada la foto mejor en el local de "Los Pollitos Dicen" que conserva más lealmente el diseño y apariencia de los espacios que allí acogían al comercio de la cuadra y que, en el lado vecino ya asimilado por el "Banco París", correspondió otrora a "Games Center". El lugar donde se observan las vitrinas correspondía al acceso del primer piso.

domingo, 28 de junio de 2009

LA QUINTA DE RECREO ECUADOR, EL "BAR DE LA TÍA" (¿EXISTIÓ O LO SOÑÉ?)

Capturas con escenas de la quinta, en el video del grupo "Los Tres". En la secuencia (izquierda a derecha, arriba a abajo) se observan: el escenario, la sala principal, la sala secundaria (con ventana a la calle) el primer pasillo, el baño (de hombres) y el segundo pasillo.
Coordenadas: 33°26'18.79"S 70°39'47.89"W
Un bar sin parangón quedaba casi al frente de los Estudios KV, los mismos del desaparecido programa "Éxito" (Canal 13), en calle Catedral entre Almirante Barroso y Avenida Brasil, donde se eleva desde el año 2004 un edificio residencial. No era raro ver alguna figura de la televisión en él, por lo mismo, aunque la mayoría de sus comensales eran, en mi época, universitarios de las varias casas de estudios que hay en este barrio.
Aunque su nombre oficial era "Quinta de Recreo Ecuador", todos le llamaban "Bar de la Tía" por su regenta, la Tía, una vieja de modales duros y enérgicos, que no titubeaba al tener que encarar a algún cliente odioso. Usaba unas gruesas calcetas de lana sobre sus piernas, a veces incluso con vestidos y en días tibios.
Su local era un antiguo teatro del sector, con un pequeño escenario de luces y tablas sobre las cuales dormía un viejo piano que había quedado en silencio hacía años. Muchos se ofrecieron para tocar allí arriba, pero casi siempre se quedaron en la pura intención que, generalmente, no sobrevivía a la caña mala. Había también otras salas, más cómodas y espaciosas pero nada lujosas, aunque el salón central escaseaba en luz. Las mesas se extendían frente a este escenario vacuo, con patas cojas y asientos desclavados. La cocinería quedaba al lado de la entrada, tras la barra de un bar casi en ruinas.
Caminando hacia el fondo, se iba por un pasillo que conducía a los baños insalubres, que los clientes ocupaban más para fumar marihuana que como servicio "higiénico" ante las muecas de incomodidad de quienes íbamos hasta esa cantina sólo por cerveza. Recuerdo estar meando tranquilo un día en el urinario (una pared con azulejos blancos y canal de desagüe a los pies), cuando entró una hermosa muchacha de pelo rubio y liso al baño preguntándome -muy naturalmente y sin pudores- si tenía "algún papelillo" que pudiese facilitarle.
Durante los años ochentas, este local había sido refugio de artistas contrarios al régimen militar que se reunían en su interior para organizar presentaciones y tocatas. Algo de esta estética izquierdista sobrevivía en viejos cuadros y pósters amarillentos. Supe que por ahí por 1984, de hecho, fue la sede de las famosas peñas folklóricas organizadas por el músico Nano Acevedo, conocidas como las de "Doña Javiera", también controvertidas en el contexto político de la época.

Si alguien quisiera ver hoy cómo era exactamente este sitio, puede hacerlo mirando el video del grupo "Los Tres" con el tema "No me falles", de 1999, poco antes de su desaparición. Aunque el ambiente un tanto decadente que simula me resulta sospechosamente parecido en algunos detalles al del videoclip de "Depeche Mode" con la canción "It's no good" (perdón por comentarlo), en el de la banda nacional la cámara hace un recorrido por el local casi totalmente, incluyendo rincones que no siempre estuvieron abiertos al público. Recuerdo que aparece fugazmente la dueña del boliche en este video, además de un gran amigo hermano de la actriz principal personificando a un invitado. Y aunque fue decorado en la ocasión para simular una boda, gran parte de las ornamentaciones que se ven correspondían a las originales del local.
El video clip "No me falles", del grupo "Los Tres" grabado enteramente en las salas, piezas y hasta baños de la Quinta de Recreo Ecuador (fuente: http://www.youtube.com/watch?v=e42CIOuPBgc)
Visité reiteradamente este antro durante la primera mitad de los noventas, en mi época universitaria. A decir verdad, creo haber estado allí tantas veces como en clases. Aunque el local ofrecía colaciones, comidas y todo lo que un restaurante tiene disponible, las cervezas eran lo más solicitado, a precios convenientes. Algunos pillos entraban con sus propias botellas de alcohol y alternaban la farra con las pocas que pedían dentro. Pasadas las tres o cuatro de la tarde, la borrachera era generalizada. No se podía ni mear tranquilo, pues nadie respetaba la diferenciación por sexo en el uso de los baños, a esas horas. Realmente no sé cómo puedo recordarlo, si la mayoría de las veces que estuve en él fue en estado lastimoso, aunque mi misantropía vernácula me mantuvo siempre lejos de los escándalos o los indecoros, por suerte. ¿Existió o lo soñé?, me preguntaría de no ser por el citado video de "Los Tres", demostrando que sí fue parte del mundo real.
Las mesas eran ocupadas organizadamente no sólo por grupos de amigos o compañeros de curso, sino también por clasificaciones implícitas dentro del público. Hacia el frente del escenario, por ejemplo, se sentaba un puñado de anarquistas, reconocibles por sus ropas y cabelleras predominantemente largas. Atrás, cerca del pasillo, se ubicaba un discreto grupo de nazistas del barrio. Aunque no utilizaban una indumentaria tan reveladora de sus tendencias, tampoco pasaban inadvertidos a quienes los conocíamos. Del otro lado se reunían los punks. Mis amigos de entonces también visitaban asiduamente este sitio: el poeta iracundo Hugo, el artista plástico Miguelacho, mis compañeros de facultad, incluso algunos ayudantes y académicos jóvenes. Personajes como Romo o Moroni, aparecían matando con levadura y lúpulo sus extraordinarios talentos como ilustradores; y también el Chico Páez, quien ahora ha tenido la paciencia de recordarme el verdadero nombre de la quinta que, tras tanto riego etílico, yo sólo conseguía recordar como el "Bar de la Tía". Iban varias mujeres, algunas muy atractivas y amistosas. La esbelta Liliana con sus vestidos "artesas", o la alta y rubia Caco con sus gorritos grunge, ambas compañeras de carrera, estaban allí cada tarde.
En general, el ambiente era cordial e incluso las clasificaciones instintivas de los espacios ocupados por el público terminaban revolviéndose, después de un rato y de algunos litros. Pero, como en toda caverna paleolítica, la pendencia tampoco faltaba, menos con un surtido semejante de fauna humana que a veces hacía sentir el lugar como un reguero de pólvora sobre el cual jugaban con fósforos niños traviesos. La ingesta de alcohol llevaba al envalentonamiento, y desde éste se llegaba como tabla rasa a la trifulca. Incluso las mujeres se metían en estas escaramuzas, aunque lo corriente era separarlas y sacarlas a un lado si sonaba alarma de riña. Hubo peleas memorables dentro de esa vieja casona de un piso, casi como para levantarles un monumento o una placa conmemorativa.
Hacia el último cambio de siglo, sin embargo, la Quinta de Recreo Ecuador cerró inesperadamente, para nunca más abrir. Muchos de los mismos que habían buscado albergue en ella en tiempos difíciles, ahora habían olvidado sus salas oscuras y frías, no reapareciendo más en ellas.
Sus dueños vendieron el terreno. La vieja casona-teatro fue totalmente demolida, en una triste postal para quienes alguna vez la visitaron. Parte del sector de la cuadra está transformado, de hecho: ha sido reemplazado con un restaurante chino y un edificio residencial nuevo.
Las borracheras universitarias debieron buscar nueva casa en el barrio, ahora con una oferta mucho más grande e infinitamente más digna que entonces. "El Bar de la Tía" duerme, así, en el sueño del recuerdo de una última generación que por allí pasó.
Acceso a la desaparecida ex sede provisoria de la Escuela de Diseño de la U. Arcis, vecina al recinto donde estaba la quinta. Ambas casonas ya están demolidas.
En este tramo de la cuadra estaba la Quinta de Recreo Ecuador, en calle Catedral, en el sector de las panderetas y el edificio del fondo, que allí existe en la actualidad.

sábado, 27 de junio de 2009

KWANYIP: EL GILGAMESH DE LA TIERRA DEL FUEGO

Es algo extraño que los mitólogos y antropólogos chilenos no han sentido interés en la curiosa semejanza entre la maravillosa saga sumeria de Gilgamesh y la leyenda selk’nam del héroe Kwanyip. Hay algunas analogías entre ambos mitos, al punto de que hasta parecieran provenir de un mismo relato decantado y decorado por la tradición oral, pese a no existir ningún punto de contacto entre ellos, separados por toda la redondez de la Tierra.
El Poema de Gilgamesh, escrito hace unos 5.000 años, está contenido en el relato de la llamada Lista Real Sumeria, en tablillas cuneiformes encontradas en Me-Turan (hoy Tell Haddad). Aunque su traducción comenzó hacia 1872 en el Museo Británico, gran parte de ésta se completó recién en a mediados de los ochenta. La saga parece estar basada en un Rey que realmente gobernó en el siglo XVI antes de Cristo, pero ya transmutado en mitología fantástica, devenido en un semidiós cazador de ogros, reflejo de la conciencia arquetípica de la humanidad y su nostalgia generacional por la Era de los Héroes, la Edad de la Plata o Dupra-Yuga del brahmanismo ario, segunda en la lista de las cuatro etapas de la creación (ahora estaríamos en la última y peor, la Era del Hierro o Kali-Yuga).
En la saga, Gilgamesh debe salir a enfrentar a un monstruoso ogro llamado Huwawa (en babilonio) o Khumbaba (en asirio). Dice el héroe al preparar su salida, según la versión babilónica antigua de la narración:
“¿Quién, amigo mío, puede escalar al cielo? Sólo los dioses viven eternamente bajo el sol Para la humanidad, contados son sus días; ¡Cuánto ejecuta no es sino viento! Incluso tú temes la muerte. ¿Qué hay de tu poder heroico? Deja que vaya delante de ti. Haz que tu boca me grite, "¡Avanza, no temas! Si yo cayese, habré conquistado nombradía: "Gilgamesh –dirán- contra el fiero Huwawa ha caído", mucho después que mi estirpe haya nacido en mi casa”.
Huwawa era un gigante que se escondía en el siniestro Bosque de los Cedros, habitado por seres divinos. Lo había colocado allí el dios Enlil personificando al “río de la muerte”, según la mitología sumeria, que refiere en varios otros relatos a esta criatura demoníaca, así como también al propio Gilgamesh y su amigo Enkidu, que salieron tras las bestia. Aunque las tablillas IV y V están sumamente difusas y fragmentadas, los estudiosos han alcanzado a precisar de ellas que Gilgamesh y Enkidu, a instancias del primero, lograron ir y darle muerte al horroroso monstruo, volviendo convertidos en héroes hasta Uruk.
Vamos ahora hasta la Tierra del Fuego.
Kwanyip sería también, acaso, un representante de la Edad de los Héroes, de los seres semidivinos nacidos del mestizaje entre dioses y hombres: titanes y gigantes. Hombres desnudos al frío gélido, atrapados en el paisaje más salvaje e incivil imaginable de Onaisín, la comarca de los indígenas selk’nam u onas, conservaban su recuerdo intacto por las generaciones de ésta la Edad de los Hombres o del Hierro, la más baja de todas. Veremos que los gigantes existían en la Patagonia austral desde mucho antes que los reportaran los primeros europeos que por allí pasaron.
Los selk’nam conocían la Edad de los Héroes. Martín Gusinde, Carlos Keller y Miguel Serrano han escrito al respecto. Cuando el omnipotente dios Temaukel envió a su emisario creador a la Tierra, Kenós, éste concibió, antes que a los hombres a una raza de gigantes llamados Howen o Howin, seres majestuosos e inmortales de los que hablaremos más en algún próximo posteo.
Cuando Kenós creyó su obra concluida y se retiró de regreso a sus reinos divinos, los Howen no tardaron en entrar en guerra, como los Titanes de la mitología clásica, que intentaron tomar el Cielo por asalto.
Uno de estos Howen era Hais, que vivía más al norte de la isla de Tierra del Fuego y debía resistir los ataques de los gigantes del sur, como Náquenc, su principal enemigo. Hais tenía dos hijos: Ansmenc, el varón, y Aquelvoin, la mujer. Náquenc, en cambio, tenía sólo una niña: Hosne, que terminaría siendo seducida y conquistada por el mismísimo Hais. Esto enfureció a Náquenc, quien secuestró a Aquelvoin y la encerró en una tienda haciéndola pasar en la oscuridad por Hosne, a la llegada de Hais, inconsciente de la trampa.
El pecado incestivo de Hais con su hija es el reflejo del pecado racial de los Dioses de la Edad de Oro, que se mezclaron con los hombres iniciando en este mestizaje la Edad de la Plata o de los Héroes. De esta noche de relación impropia, nació entonces Kuanyip, un desadaptado que no tardó en marginarse voluntariamente de su sociedad Howen, buscando su propia saga heroica, precisamente como en el mito de Gilgamesh. Se inició en las artes mágicas y guerreras. Además, portaba el germen de la muerte, por su parte humana, mientras que los gigantes nunca morían, sino que se trasformaban y se convertían en parte del paisaje. Por eso, Kuanyip da muerte a su hermano Ansmenc cuando éste viaja hasta los hielos (¿la Antártica?) para congelarse en un sueño rejuvenecedor, arrebatándole el alma en pleno proceso.
Y también como Gilgamesh, es Kuanyip quien debe asumir la tarea de dar muerte a un horrendo gigante devorador de niños y encarnador del mal: Siáskel o Cháskel, el Howen más temible y espeluznante de todos. Antropófago como todos los ogros de la mitología universal, Cháskel secuestró a dos hermanos Sasán, sobrinos de Kwanyip, y los obligó a trabajar como sus esclavos alimentándolos con los restos de los cadáveres que ingería. Cabe advertir que la cultura ona abominaba el canibalismo.
Kwanyip decidió entonces ir al rescate. Pero, como en el caso de Gilgamesh, su empresa se vio dificultada por la duda y el temor, ya que los riesgos de confrontar a Chásquel eran enormes y, tal cual sucedía con el ogro Huwawa en la vieja Mesopotamia, muchos habían fracasado en el intento. Pero la voluntad de héroe se impone y avanza de todos modos en la peligrosa aventura.
Disfrazado de anciano indefenso, Kwanyip llegó hasta la secreta vivienda del gigante, también en un bosque misterioso, fingiéndose mendigo. Chásquel, que en esos momentos asaba en un palo a una mujer, lo miró de forma despectiva y burlona, intentando verificar que fuera un viejo. Mordió el anzuelo y le pidió al visitante ir hasta la parte trasera de su choza, enviando hasta él a los hermanos secuestrados con la orden de que también se burlaran del anciano mientras le servían restos del cuerpo de la infeliz muerta, que obviamente rechazó Kwanyip, retirándose en silencio.
De alguna manera, Kwanyip logró advertir a los hermanos de su plan y éstos escaparon por el bosque para reunirse con el héroe, que los esperaba del otro lado de un gran río. Chásquel corrió furioso tras ellos. Cuando trató de atravesar un río o una laguna, Kwanyip usó su poder mágico aumentando el volumen de agua, luego convirtiéndola en pantano, lo que dejó atrapado al diabólico gigante.
Según los distintos relatos, Cháskel murió de frío, soplado por la magia del héroe, o bien ahogado, cuando éste logró sumergir la cabeza del monstruo en el agua del lago Kami, hoy llamado Fagnano. Otra versión difundida por Gusinde dice que Kwanyip le dio muerte quebrándole la espalda, y que el gigante quedó atrapado para toda la eternidad en el lugar de su muerte en el río hoy llamado Mac Lean.
Puede que las semejanzas entre Gilgamesh y Kwanyip sean muy generales, sin duda, pero son la prueba de la persistencia de alguna memoria arquetípica de las sociedades ancestrales, en la “memoria de la sangre” al decir de Serrano, desde donde se revive la nostalgia por la Edad de los Héroes y los seres semidivinos cazadores de ogros, al final de la época de los gigantes.

domingo, 21 de junio de 2009

LA FLOR DE LA HIGUERA: EL MITO ARQUETÍPICO DE LA NOCHE DE SAN JUAN

Jesús y la higuera, en un antiguo grabado inglés.
Como todos los años, la Noche de San Juan se celebrará a partir de la víspera del próximo 24 de junio. Aunque esta tradición nos llegó desde España y se festeja también en varios otros lados del mundo, equivale ya a algo así nuestro Halloween, en la tradición pagana absorbida por el cristianismo de estas latitudes, pero con una connotación mística y mágica única, tanto así que algunas instituciones universitarias y la propia Biblioteca Nacional vienen realizando algunos importantes encuentros, desde hace unos cinco años, donde se repasan y recrean algunas de las principales tradiciones de esta Noche de San Juan.
Muchas de sus supersticiones provienen del campo, sin duda, como patear el palto o hacer pruebas con papas metidas bajo la cama. Otras suenan a importaciones de las leyendas gringas, como las experiencias del espejo durante la noche sanjuanina, muy parecidas al folklore alrededor de la terrorífica Bloody Mary. Sin embargo, el olor a paganismo es patente en la fecha misma, desde su proximidad con el Solsticio del día 21 anterior, que en el Hemisferio Norte señala el inicio del Verano, mientras que en nuestro Hemisferio Sur, el del Invierno. Coincide también con el Año Nuevo Mapuche o We Tripantu, y con el Inti Raymi o Fiesta del Sol Inca.
Por otro lado, San Juan Bautista constituye una de las figuras más "alternativas" del Cristianismo, dando pie a interpretaciones esotéricas y criptorreligiosas que han servido de argumento a varias novelas y películas, además de algunas teorías controvertidas sobre la fe. Las explicaciones al contenido de ciertos cuadros de Leonardo da Vinci (¡bah, era que no!), también han alimentado mucho estas ideas. En Chile, la Noche de San Juan Bautista se celebraba antaño hasta con una cena, en la que había una comida ad-hoc llamada "Estofado de San Juan", cuya receta a base de cerdo varía según cada pueblo o ciudad.
Se supone, en la tradición, que San Juan se prepara todos los años para bajar cada 23 de junio en su caballo celestial. Sin embargo, Dios se lo impide, dándole una licencia a los pecadores acá abajo en la Tierra. San Juan cae en un sueño profundo y no alcanza a bajar para la hora de su nacimiento, el día 24, quedando esas horas y las siguientes sin su divino resguardo patronal. Por ello, la noche permanece vulnerada a la presencia de los espíritus, benignos y malignos; todos libres y ansiosos de realizar pactos y demostraciones con los mortales, en una jornada de chipe libre para el Bien y el Mal. Ánimas, fantasmas, demonios y criaturas de pesadilla se abren paso entre los vivos, como prisioneros que descubren sus calabozos abiertos.
Hay una de las famosas pruebas de fortuna de la Noche de San Juan que parece ser especialmente pagana y antigua: el mito de la Flor de la Higuera o Flor de San Juan, que tenía popularidad entre las abuelitas de Santiago, en décadas pasadas, pese a tener su origen también en el campo según entendemos. Quizás arraigó en la ciudad dado lo común que era este árbol en jardines y patios de los barrios más clásicos de la capital, antes del predominio de los departamentos y recintos cerrados.
Echemos un vistazo a cuáles son los contenidos culturales de su tradición.
El controvertido "San Juan Bautista", de Da Vinci.
Vieja y enorme higuera en el sector Cajón del Maipo, junto al Camino al Volcán.
SÍMBOLO DE LA FLOR INEXISTENTE
Hay algo de lirismo en este mito de la Flor de la Higuera. En otros países también se supone florecido el helecho y la hierba, durante esta noche sanjuanina. Es decir, se convoca al milagro de ver florecer lo que, por naturaleza, jamás florece. El poeta nacional Miguel Serrano, fallecido este año, trabajó este arquetipo maravilloso de "La Flor Inexistente", como titula uno de sus más célebres libros: una flor que no existe, pero que, sin embargo, es más real que todas las flores de todos los jardines del mundo.
El símbolo de Serrano, así como la mágica Flor de la Higuera, sería una alquimia esotérica, pagana, arraigada en el leguaje de los signos más ocultos de nuestra memoria sanguínea, del alma. Una flor cultivada y custodiada por las hadas en un árbol que, durante esta época, ni siquiera luce sus frondosas hojas palmeadas. Representa, del mismo modo, una búsqueda eterna, inalcanzable. No tiene principio ni fin, sólo un siempre. De alguna manera, se cristaliza en el contenido cultural de los pueblos cuando eligen una flor como su símbolo nacional, como en nuestro copihue. Y más aún, cuando se convierte en emblema, como la rosa de los Rosacruces, el trébol de San Patricio, la lis gala o el loto de Buda.
El mito de la flor mágica es universal, por lo tanto. Es, acaso, el lirio de hielo, el trébol de cuatro hojas y la Flor de Oro de C. G. Jung; de alguna manera, el mismo principio de la Ciudad de los Césares, el Santo Grial, la espada Excalibur y todas las búsquedas que ponen un pie en la realidad y el otro en la fantasía. Son, pues, esos mitos activos que dan existencia a lo inexistente, tan dinámicos y empinados que generan su propia realidad, superando la barrera profana de esa misma existencia. Que el propio Serrano lo explique, según sus palabras escritas en "El Cordón Dorado":
"El símbolo druida es el trébol de cuatro hojas, considerado hasta el presente como signo de buena suerte y de felicidad. Es una flor inexistente ya. El trébol de cuatro hojas es una svástika que gira, formando un doble ocho, signo de la eternidad, de los nacidos dos veces, de la inmortalidad conquistada en el duro combate. Es también un carbúnculo caído del cielo. Es el Gral. Simboliza, además, la división en cuatro de la sociedad y la armoniosa organización del mundo de esos tiempos. El druida estaba sentado en el centro de esa flor".
Me permitiré una frivolidad: algunos recordarán una serie japonesa (muy femenina) de fines de los años ochentas, llamada "Hana no Ko Run Run", que en el mundo hispanoparlante se conoció como "Ángel, la niña de las flores". Contaba la historia de una niña humana pero descendiente de una antigua raza de hadas, que buscaba esta legendaria flor arco iris por todo el mundo, hasta que, frustrada, regresa a su casa y la encuentra en su propio jardín. Era, entonces, su propia Flor Inexistente, la equivalente a la Flor de la Higuera en esta tradición específica de la Noche de San Juan.

La flor, de alguna manera, está entonces en el propio personaje que la busca. No existe afuera. Por eso el hinduismo representa en flores los respectivos chakras de concentración espiritual en el cuerpo humano. Y "cada setecientos años florece el laurel", decían los Cátaros.

FOLKLORE Y MISTERIOS DE LA HIGUERA
No es casual que la higuera sea el centro de este mito, de una Flor Inexistente. El árbol está muy asociado a tradiciones y creencias hispano-arábigas que nos llegaron con la propia Conquista y Colonia. Además de no dar flores pese a su tamaño y belleza, este maravilloso árbol tan frecuente en nuestro paisaje rural y doméstico siempre ha tenido una carga implícita de folklore y misterio corriendo por su sabia blanca, incluso con asociaciones venusinas, como las divinidades Afrodita y Osiris. Por estas fechas de invierno luce desnuda, desprovista de sus hojas, lo que le da un aspecto siniestro y casi mortuorio, con ramas como dedos esqueléticos. El árbol Bodhi donde meditó Buda, habría sido también una higuera, y se la cree hogar de duendes y gnomos, muchos de ellos malvados, por lo que se recomendaba a los niños evitar acercarse a estos árboles si no estaban bautizados. En documentos coloniales de la inquisición peruana, reproducidos por don José Toribio Medina, el Diablo se aparece posado sobre una higuera. Y en "El Folklore Chileno" (1946), Oreste Plath escribió:
"La higuera ha tenido papel preponderante en el folklore de todos los pueblos, no ya por sus virtudes narcotizantes o hipnóticas, sino por la magia que ha inspirado a la mentalidad popular. Se ha dicho que fue el Árbol de la sabiduría de cuya fruta comió Adán en el Paraíso terrenal, y que bajo la higuera se ocultó el primer hombre después de su caída".
Las leyendas sobre sus símbolos y episodios de orientación religiosa -o criptorreligiosa- son muchas. Santa Isabel, madre de San Juan, habría anunciado a la Virgen María la venida al mundo de su hijo encendiendo una higuera. Juan nació entre la transición del 23 al 24 de junio, en su noche. Irónicamente, Judas, el discípulo traidor, se habría colgado de una higuera, según otro mito cristiano. En la tradición chilena proveniente de España, como hemos dicho, las ánimas en pena roban los frutos verdes de las higueras, especialmente en la Noche de los Muertos, como lo asegura un canto popular reproducido también por Plath:
Ánima bendita que andai
penando bajo las higueras
comiéndote las brevas verdes
y dejando las maduras.
Recuerdo también que mi bisabuela alcanzó a contarme, en sus más avanzados años, la razón por la que el árbol da dos frutos al año: la breva y el higo (la higuera brevera), virtud que le elogiaba el Abate Molina por allá por el siglo XVIII. Supuestamente, sus ramas caídas y colgantes habrían servido para que, en una ocasión, la Virgen María y el Niño se ocultaran tras ellas eludiendo a sus captores romanos. En premio, se le concedió al árbol la propiedad de dar dos frutas distintas, en ocasiones distintas del año. Plath tiene otra explicación legendaria para este talento:
"Acompañando San Pedro en sus peregrinaciones a Jesús, se sabe que el Señor sintió sed y el discípulo le ofreció una jarra que contenía jugo de uva.
Jesús, al probar este sumo, manifestó el deseo de saber de qué fruto se exprimía ese líquido.
San Pedro, temeroso de que el Señor tomara alguna medida contra la lagrimilla, exclamó: es un jugo que se extrae de un fruto que da la higuera.
Y al momento Jesús dijo: que este árbol dé entonces frutos dos veces al año.
He aquí que por una mentira de San Pedro, las parras no dan uvas dos veces al año".
La botánica, en tanto, enseña que la higuera o Ficus carica de los científicos, no da ni flores ni frutas en el sentido estricto: los equivalentes a ambos son, en efecto, sus particulares y sabrosos productos de la breva y el higo. El "milagro" las hace brotar sin flor, algo equivalente a nacer sin haber sido gestado; un mecanismo que desafía a el conocimiento y el convencionalismo empírico. Por cada higo o breva, por cada fruta de la higuera, hay entonces una Flor Inexistente, una flor que nunca estuvo presente y que, sin embargo, rindió frutos, fue real; más real que todas las flores de todos los jardines del mundo. Frutos que, a su vez, nunca fueron flores. Existen, pero no son reales, al inverso de la flor que existe, pero no es eral.
Así pues, la naturaleza nos ha entregado un símbolo hermoso para comprender o asimilar al menos, los misterios profundos de la Creación. Quizás eso mismo haya reforzado el sentido de confrontación entre Bien y el Mal que le atribuye el folklore con tanta insistencia a este árbol.
Julio Vicuña Cifuentes, en su trabajo de 1915 titulado "Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena", reproduce alguna cantidad importante de leyendas santiaguinas asociadas al árbol, más allá de la Noche de San Juan. Por ejemplo, se la recomienda en un brebaje de tres palitos de higuera, a las mujeres a las que se les "seca" la leche durante la lactancia. Supuestamente, tendría alguna relación "láctea" la savia lechosa y blanca del árbol. También dice que serviría para secar el ombligo de un recién nacido colocándole el pie sobre la corteza de la higuera y cortándola a la luz de la Luna Llena. Cuidado con su sombra, sin embargo: el que se duerme bajo ella, muere, como habría pasados ya a muchos.
LAS HIGUERAS BÍBLICAS
Considérese además, un vínculo milenario de la higuera con los pueblos bíblicos, pues su origen se remonta a los territorios del Asia Sur-Occidental, las tierras de los profetas, desde donde pasó al Mediterráneo y luego al mundo entero, pudiendo tratarse de uno de los primeros casos de domesticación agrícola en la historia de la humanidad, según lo han confirmado ciertos hallazgos arqueológicos.
Estando presente la higuera ya en las antiguas sociedades bíblicas, no extrañará tampoco que aparezca desde las primeras páginas del Antiguo Testamento, cubriendo a Adán y Eva en el Génesis 3:7:
"Abriéronse los ojos de ambos, y, viendo que estaban desnudos, cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores".
Curioso símbolo es el que las hojas de higuera hayan quedado en el pubis de ambos enamorados: en el núcleo del Chakra Svadhishthana para el brahamanismo de la India, precisamente donde está la capacidad de crear y reproducir, representada en una flor de seis pétalos en la línea de Kundalini, la mismísima Serpiente del Paraíso. Serrano la consideraba el símbolo de nuestra posición nacional en el mundo, en el Kundalini planetario, pues Chile se halla en el globo terráqueo, en la zona equivalente al "sexo del mundo", según sus propias palabras. Es el sitio donde florece la higuera, precisamente.
Sin embargo, las sagradas escrituras dan también un valor preponderante a la higuera entre los demás árboles, más allá de las meras menciones, al ser postulada por sus congéneres a tomar la corona del reino vegetal junto al olivo, la vid y la zarza, a juzgar del texto de Jueces 9:10-11:
"Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?".
¿Y por qué el árbol nos da flores "inexistente" y frutas "irreales"? Quizás porque el mismo Jesús lo dispuso así, según el Evangelio de San Marcos 11:12-14, cuando lanzó un anatema sobre una pobre higuera que acabó secándose por completo:
"Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos".
San Mateo es más literario para describir este pasaje, en 21; 16-22:
"Volviendo muy temprano a la ciudad, sintió hambre. Vio una higuera junto al camino, se acercó a ella y no halló más que hojas. Dijo entonces: "Jamás brote de ti fruto alguno". Y la higuera se secó al instante".
Cuesta comprender el símbolo, pero en los tiempos bíblicos, la higuera era la representación de Israel, de la Gran Sinagoga. Por eso, este árbol no representa mal agüero entre los judíos, sino paz y prosperidad. De alguna manera se interpreta por algunos, a su vez, que Jesús ha maldecido al país de los patriarcas, a los potentados del Templo de Israel y a toda su época. Alegóricamente, le juzga por su infertilidad, condenándolo a jamás producir frutos. Y, como hemos visto, los frutos de la higuera existen, pero no son reales; mientras que las flores de la higuera no existen, pero son reales... Era, pues, el tiempo de la extinción de la Era de Aries y el inicio de la Era de Piscis, señalada con el advenimiento del Cristianismo.
Higos y brevas secas, en venta en el Mercado de Estación Central.
EN LA HISTORIA DE SANTIAGO
Desde temprano en la Colonia existen las higueras en los valles de la cuenca mapochina y otras regiones. De ahí la frecuencia con que aparecen en la toponimia sitios llamados La Higuera o Las Higueras. Una gran cantidad de estos árboles se encontraba, por ejemplo, en las proximidades de Conchalí y de la Cañadilla, actual Independencia, según documentos de mediados del siglo XVI comentados por J. Abel Rosales en "La Chimba Antigua, historia de la Cañadilla". Así, a poco de haber sido introducidas, las higueras éstas ya eran parte de la floreciente ciudad, tanto en su interior como en su entorno rural.
La producción higuera tuvo, además, una clientela fiel a su consumo acá en Santiago, como lo confirman algunos autores de época, colocando al higo entre las frutas que eran más apetecidas por la sociedad capitalina durante esos siglos coloniales. Hacia el 1800, existía en la Alameda de las Delicias con calle Duarte (actual Lord Cochrane) un concurrido patio de higueras usadas por los transeúntes para descanso y sombra, llamado del Tuerto Trujillo, según escribe Sady Zañartu en "Santiago, calles viejas" (1977). ¡Quién sabe cuántos ritos de noche sanjuanina fueron realizados en esa popular arboleda!... Y quién sabrá si la famosa flor apareció por allí, alguna vez.
En su "Historia Física y Política de Chile", el sabio francés Claudio Gay escribe, hacia 1865, sobre las higueras y los higos chilenos:
"Este árbol alcanza en Chile un grosor colosal. Uno solo basta para cubrir de su sombra grandes espacios de terreno, y aunque sin otro cultivo que algunos riegos produce cantidades de frutas de mucho provecho para el propietario. Se conocen tres variedades: negras, moradas y blancas, y todas producen yemas atrasadas que desarrollándose más temprano al año venidero, dan lugar a higos más precoces conocidos con el nombre de brevas. Ya al principio de enero los chacreros las venden en las calles de Santiago y en el Norte las he comido el 20 de diciembre concluyéndose el 11 de febrero..."
Por entonces, don Benjamín Vicuña Mackenna habría de establecer su hermosa quinta en el sector donde hoy se encuentra el museo que lleva su nombre. Allí, en los patios, habían enormes y voluminosas higueras, bajo cuya sombra caminaron los grandes representantes de la aristocracia de esos años y visitas ilustres como Bartolomé Mitre. Incluso ofrecía cenas y recepciones bajo estos majestuosos árboles. El pueblo también gozaba de su sombra (a pesar de las supersticiones fatídicas que hemos visto), según el trabajo de investigación "Chilena o cueca tradicional", de Samuel Claro Valdés y Carmen Peña Fuenzalida, ya que permitían albergar a algunas de las famosas fondas y chinganas de principios del siglo XIX que funcionaban todo el año.
Más en nuestros días, el robusto vegetal conserva su gusto por crecer sobre terrenos rocosos y laderas, como las de sus tiempos nativos en Persia, Arabia o Mesopotamia, valiéndose de sus poderosas raíces temidas por su capacidad de destruir muros y suelos. Sobre ellas, se levanta hasta unos diez metros de alto, trepándolos por roqueríos, enladrillados y paredes si es necesario. Desde la Colonia y hasta nuestros días, varias murallas y veredas de la ciudad terminaron siendo removidas por la magnitud del daño. Recuerdo algunos muros de los barrios en torno a mi liceo, por San Diego y Avenida Matta, sobre los cuales las higueras que crecieron apoyadas casi como un ebrio, dándole a la rústica arquitectura las formas caprichosas del peso y el daño.

También hay algo de asociación sensual con su presencia. Alberto Blest Gana publicaría su ultima novela en 1864, precisamente titulada "La Flor de la Higuera", de contenido romántico.
LA FLOR Y EL DIABLO
Pero, como decía Nietzsche, para que las ramas del árbol puedan llegar al Cielo, las raíces necesitan tocar el Infierno, de modo que historia sobrenatural de la higuera no está escrita sólo en torno a lo sagrado y lo devocional. El Diablo también la rondará, aunque sea brevemente y en una sola noche del año.
Según la tradición, durante la Noche de San Juan Bautista el invocador debía colocarse bajo la higuera a esperar que su mágica y única flor saliera desde entre las ramas. Otras flores mágicas abren también aquella noche: la Flor del Agua y la Flor del Ajo. Sin embargo, la Flor de la Higuera es la más famosa y apetecida de todas. Algunos decían que se abría ante los ojos del observador, como lo harían esas flores de las cámaras aceleradas en los documentales de botánica. Para otros, en cambio, la flor caía desde las ramas y debía ser recogida como un copo de nieve, acto en el cual se convertía instantáneamente en oro. Si se la deja tocar el suelo, se desvanece y desaparece sin dejar huella, por lo que los brujos recomendaban extender sobre el piso una sábana o manto blanco de ciertos materiales específicos, para no perderlas.
Pero para poder verla florecer también se debería cumplir con un protocolo, según escribe Renato Cárdenas Álvarez en "El Libro de la Mitología. Historias, leyendas y creencias mágicas obtenidas de la tradición oral" (1998), donde señala que, antes de mirar el árbol, se debe observar la Luna para que así salga la flor. Y el escritor e investigador Eugenio Pereira Salas, rescató estos versos sobre los beneficios de su aparición:
Ya con esto no más digo,
florcita de primavera.
En la noche de San Juan
se ve la flor de la higuera;
se ven las riquezas buenas,
como Dios las facilita,
la mañana de San Juan,
hasta el agua está bendita.
Empero, había un problema: en ese breve momento preciso de la medianoche, en el que la flor aparece y es cogida, se presenta también el Diablo, que comienza a rondar el ambiente considerando todo el acto como una invocación a su nombre, por lo que quien ose conquistar la fortuna de la higuera o intente hacerlo siquiera, se arriesga a pagar un alto costo por ella... Uno muy, muy alto.
¿Tendrá algo que ver esta impresión negativa de la higuera con la maldición que el propio Jesús le echara encima, como vimos? Plath comenta en que el mito de la Flor de la Higuera tiene cierta difusión en el continente, sin embargo, y también puede encontrarse entre los indios guaraníes, quienes la esperan para la noche del Viernes Santo. Países vecinos, como la Argentina, también cuenta con gran arraigo folclórico el mito de esta flor.
Es muy raro encontrar higueras en plazas públicas de Santiago, pero existen notables excepciones como ésta, que crece y da sombra en la comuna de La Florida, en una plazoleta del sector paradero 19 de avenida Vicuña Mackenna, cerca de calle Manutara.
¿CÓMO ATRAPAR LA FLOR?
Los brujos centrinos, los de Santiago, especialmente pitonisas, santeras y "meicas" de los barrios más antiguos de la capital, recomendaban antes a sus aconsejados abordar la empresa de atrapar la flor en absoluta soledad, durante la tenebrosa noche. Según las tradiciones orales, la flor se les podía presentar como una especie de luciérnaga: una florescencia luminosa, blanca o amarillenta, que saltaba de rama en rama por la higuera durante un breve lapso de la medianoche. Al agarrarla, había que metérsela en el pecho, entre las ropas, y comenzar a descender cuidadosamente.
Pero la tarea de atrapar esta flor saltarina y resplandeciente siempre era un peligro mortal, no sólo por la potencial presencia del Diablo: el objetivo procura engañar a quien la persigue, yéndose por las ramas más resbaladizas o débiles, para tratar de hacerle caer desde la mayor altura posible. Es decir, para matarlo. La experiencia podía estar acompañada también de gritos de horror, alucinaciones de monstruos y serpientes, y acosos de demonios, todos para perturbar al audaz cazador y frustrar sus planes. Lo peor es, como dijimos, si el propio Satanás se presenta entre las ramas a defender lo suyo e impedir el robo de su joya con pétalos, caso en el cual el desafiado está obligado a darle un combate del que casi no tiene posibilidades de salir vivo, según las más fatalistas versiones de la leyenda, de modo que la persecución de la fortuna de la flor era un riesgo en el que la mayoría de los hombres perdían, traicionados por su ambición, y sólo unos pocos ganaban obteniendo bienestar para siempre, alimentando así las esperanzas de los otros.
Pero, según la versión de Plath, nada de esto llega a suceder y, tras los tormentos, aparecen ante los ojos del atrevido escalador las ramas llenas de flores blancas y hermosas, esas Flores Inexistentes:
"Hay que tomar una sola, la mas hermosa, ponérsela en el pecho entre cuero y camisa, y bajar después con toda tranquilidad. Y no hay que tocarla ni mirarla en toda la noche, ni contarle a nadie que se la ha tomado. Al otro día, ha desaparecido la flor, pero queda la suerte: si es mujer, un buen casamiento con hombre rico; si es hombre, buenos negocios; es decir, en ambos casos la fortuna y la felicidad".
Nunca se sabrá quién la vio o la atrapó, sin embargo: la hazaña debe ser mantenida en el más absoluto secreto, por siempre. Éste pacto o contrato es, acaso, la garantía de perpetuidad del mito.
OTRAS TRADICIONES DE LA HIGUERA
Viví varios años a la sombra de una enorme higuera vecina, que colgaba hacia el lado de mi casa, por allá por Gran Avenida, pero debo confesar que nunca me animé a probar nada. De haberlo hecho, entonces, tendría también mi secreto de niño sobre la Noche de San Juan, hasta estos días. Pero la presencia del árbol me siguió penando por toda la ciudad. En los pequeños patios de las viejas casas del Barrio Matadero, por ejemplo, era común encontrar añosas y retorcidas higueras, de las que siempre se rumoreaba alguna experiencia siniestra. También corrían cuentos sobre árboles que albergaban a espíritus traviesos, que salían a hacer escándalo y a espantar a los durmientes.
Del mismo modo, en las proximidades de los cerros de La Reina, en un conocido sector lleno de leyendas (que van desde pasadizos secretos de Manuel Rodríguez hacia Cuyo, hasta una supuesta cabeza indígena gigante esculpida en una roca), existiría una gran higuera colgante en el borde de un barranco, y abajo del desfiladero, una animita de un hombre muerto. Para la leyenda, la escena se explicaría por sí sola: el infortunado cayó al vacío buscando la fortuna de esta Flor Inexistente, y sólo encontró en su lugar una horrible muerte en tan solitarios parajes.
En la antigua sociedad chilena se creía también, que muchos virtuosos de la guitarra, que aprendían con más facilidad que otros, hacían pacto con el Diablo para dominar el instrumento sin grandes dificultades ni estudios. El procedimiento es fácil y sigue siendo parte de las supersticiones de la Noche de San Juan Bautista: colocarse bajo la higuera justo a las doce, con una guitarra en la mano. Bastaba con eso para aprender a tocarla de porvida. Ciertamente, este procedimiento es mejor que su alternativa: esperar en un cruce de caminos al Diablo para pedirle el mismo favor, porque puede cobrar caro su trabajo o, lo que es peor, retar al beneficiado a un duelo de cuerdas con la recién aprendida guitarra, considerando que Lucifer es un maestro en todos los instrumentos musicales que existen.
Pero no todo favor sobrenatural de la higuera está enredado con la muerte o la magia negra, sin embargo: anticipando algunos ritos parecidos a los de movimientos de moda como la wicca, la Noche de San Juan ha permitido desde antaño que las mujeres puedan obtener el corazón de su enamorado, simplemente pronunciando su nombre y declarando sus sentimientos bajo la higuera de la medianoche. En zonas rurales también se dice que las higueras deben plantarse antes del día de San Juan, o no se afirmarán del suelo y morirán, perpetuando así el objeto central de la larga tradición asociada a este árbol, al que muchos correrán durante la próxima noche sanjuanina, presas de sus ambiciones, audacias o, quizás, del terror profundo.

jueves, 18 de junio de 2009

ALEJANDRO FAURÉ: EXPOSICIÓN DE UN PIONERO DEL DISEÑO GRÁFICO NACIONAL

Coordenadas: 33°26'31.58"S 70°38'44.78"W

Hace poco, publicamos un posteo relativo a la exposición de humor gráfico de Jimmy Scott en la Estación Bellas Artes. Curiosamente, otro feliz suceso está aconteciendo también en Santiago Centro, a propósito de los históricos artistas y comunicadores de la gráfica nacional, esta vez con boleto de viaje al pasado: la muestra "Alejandro Fauré, un precursor de la ilustración editorial y el diseño gráfico en Chile", inaugurada el pasado 11 de junio y que estará abierta hasta el 31 de julio. Incluyó un evento central: el lanzamiento del libro "Alejandro Fauré, monografía de un precursor de la ilustración editorial y el diseño gráfico en Chile", de Mariana Muñoz y María Fernanda Villalobos, hoy 18 de julio.

La exposición se realiza en el Salón Bicentenario de la Biblioteca Nacional de Chile, y las piezas reproducidas dan la vuelta completa al muro de la amplia sala de exhibiciones. Un acontecimiento especialmente interesante para quienes trabajamos o hicimos alguna vez nuestro el trabajo editorial y el diseño gráfico, ya que Fauré corresponde a uno de los referentes más importantes y valiosos de la actividad en nuestro país, cuyo talento y experiencia europea colaboró en acelerar las artes gráficas chilenas de principios del siglo XX. Curiosamente, sin embargo, la historia ha sido ingrata y desagradecida con su memoria, por lo que esta exposición es casi un plan de rescate de su trabajo, que, por mérito propio, en realidad debiese estar al inicio de todo índice sobre la historia del diseño gráfico y editorial chileno.

Alejandro Fauré Boyer nació en Valparaíso el 5 de mayo de 1865, en el seno de una familia de inmigrantes franceses establecidos en el puerto desde pocos años antes. Sus primeros trabajos fueron para las imprentas litográficas porteñas. Era aún adolescente cuando ingresó a la Litografía Gillet, donde asumió roles de diseño de piezas gráficas que le permitieron convertirse en un hábil experto, pese a no haber estudiado jamás en alguna escuela de editorial o de artes aplicadas. Curiosamente, además, su trabajo tiene una clarísima influencia romántica de Art Nouveau, pese a que Fauré nunca pudo visitar Europa, por lo que su maestría le puso de manera natural en paralelo con los cultores de este movimiento modernista europeo. Esto puede verse claramente en las imágenes escogidas de la exposición que aquí mostramos.

Hacia 1890, marchó hasta Santiago con parte de su familia, tras fallecer su padre. Acá continuó en las actividades editoriales, donde demostró gran talento artístico y su delicado sentido de la estética en la ilustración. Su más importante matriz de labores tuvo lugar en la Imprenta Barcelona, que tenía sus cuarteles en calle Moneda 837. Allí escaló cargos hasta ocuparse de la dirección editorial de revistas como "La Lira Chilena". Sus influencias modernistas se repetían en portadas, viñetas, letras capitulares, logotipos, caricaturas, ilustraciones humorísticas, dibujos artísticos y títulos. Era un maestro completo.

Lamentablemente, la carrera prolífica de Fauré se vio cortada de súbito poco después de contraer matrimonio con su amada novia chilena, cuando cayó en una grave depresión al ser diagnosticado de una enfermedad incurable, y decidió quitarse la vida el 9 de noviembre de 1912. Abandonó este mundo con 47 años, dejando en la posteridad la marca histórica de su extraordinaria obra que ahora, gracias a esfuerzos como éste, vuelve a ser redescubierta y recotizada.

Como alguien ha anotado en uno de los paneles biográficos montados en la exposición de la Biblioteca Nacional:

"Su obra no sólo es reflejo de un país que se proyectaba al nuevo siglo mirando al viejo continente; también es testimonio de la vida urbana en formación y del surgimiento de los sectores medios de la sociedad chilena, a los que él pertenecía".

Sería algo de Perogrullo, entonces, el sugerir visitar la exposición a los amantes de la gráfica clásica y de la historia de medios... Más bien, ¡lo exijo!











miércoles, 17 de junio de 2009

ESTADO 33: RECUERDOS DE LA "UNIÓN COMERCIAL", UN DESAPARECIDO REFUGIO INTELECTUAL SANTIAGUINO

Vista del Edificio de la Unión Comercial desde el lado de la Alameda, hacia 1935. En la vecina esquina de Alameda con Estado está el majestuoso Palacio Undurraga, también desaparecido. Imagen de los archivos fotográficos del Museo de Historia Nacional.
Coordenadas: 33°26'34.24"S 70°38'56.46"W
En la entrada de calle Estado existió un antiguo edificio neoclásico denominado Unión Comercial, en cuyas dependencias funcionaba lo que fuera, probablemente, el más grande de los bares de la época en Santiago de Chile, pues abarcaba prácticamente tres pisos de la construcción, perteneciendo a una asociación gremial mutualista de comerciantes del mismo nombre, cuyo Presidente era Juan Moya Morales y su Director el General (R) Víctor Figueroa. La sociedad había comprado la patente de bar y restaurante.
El bello y elegante edificio había sido levantado en el mismo número de la calle Estado donde tuvo su casa el federalista José Miguel Infante, durante los años de la Independencia, aunque desconocemos si la ubicación en el plano sea la misma. Sí sabemos que éste era, también, el lugar donde funcionara el famoso taller fotográfico del artista canadiense Odber Heffer, de gran importancia para la ciudad hacia el cambio de siglo.
Desde 1933, además, el local era la sede de reuniones del Centro de ex Cadetes Navales e Ingenieros de la Armada de Chile, club rebautizado como Caleuche durante uno de los encuentros allí realizados, nombre que conserva hasta nuestros días. Y, entre 1933 y 1947, la casona sirvió de sede a un entonces joven club deportivo llamado Colo-Colo, hasta que éste encontró casa en calle San Pablo y luego en Cienfuegos, donde se consagró en lo que es en nuestros días.
Su dirección exacta era calle Estado 33, cerca de la esquina con la Alameda de las Delicias. Precisamente, era Estado 33 el segundo nombre con el que se conoció a este "bar color de la tarde", como lo definiera uno de sus más frecuentes clientes, Oreste Plath, asiéndose de las palabras de Marco Jorge de Lellis. Recuerda el autor en "El Santiago que se fue", que la Unión Comercial era todo un lujo en su interior, con chimeneas de mármol y adornos de bronce en sus salas, con "buena cantina y mejor mesa".
Era un lugar de encuentro para los escritores y poetas, formándose un grupo de tertulias que se encontraba allí entre las 16:00 y las 21:00 horas, dirigido por Plath y por Jacobo Danke. Esto sucedía por ahí por 1930.
Banquete del aniversario de la Unión Comercial en 1905. Imagen: revista "Sucesos".
Aspecto de la Calle del Estado, hacia 1920.
Mario Ferrero, otro de los intelectuales que frecuentarían el bar, había llegado allí invitado por su colega Alfonso Gómez Líbano, hacia 1945. Recuerda Plath que participaban también Victoriano Vicario, Nicomedes Guzmán, Luis Enrique Délano, Pedro Olmos, Luis Orrego y Neftalí Agrella. Todos fueron grandes amigos y colaboradores entre sí, como veremos, y el escenario de Estado 33 fue un punto importante en sus relaciones profesionales y personales, alrededor de alguna botella de vino.
Muchos sucesos e inspiraciones, entonces, tuvieron lugar en la Unión Comercial. Cuando colaboraba en la revista "Ecran" bajo la dirección de Délano, en uno de los encuentros en este bar Vicario le mostró sus poemas originales a Danke, pidiéndole que se los prologara. Vicario era a la sazón un debutante, pues se ganaba la vida dando mantención a las máquinas de escribir de la compañía Chilectra. Sin embargo, Danke quedó tan sorprendido con la obra que no sólo accedió a prologarla, sino que lo elogió como un gran descubrimiento de la poesía. Estos versos fueron publicados en 1936 con dibujos de Olmos, bajo el título "Lamparero alucinado".
Otro descubrimiento de Danke dentro del círculo de asistentes a la Unión Comercial fue Guzmán, quien, según Plath, "pasaba al atardecer del vino". Era de origen muy humilde, habiendo trabajado de obrero. En sus obra "Los hombres oscuros", de 1939, retrata la vida en los conventillos. Danke se la prologa, también y Plath le hace la primera crítica en los diarios, particularmente en "La Nación", elogiándolo y definiéndolo como "el primer novelista del pueblo".
A mediados de siglo, asiste hasta la Unión Comercial el poeta argentino Marco Jorge de Lellis. Queda encantado con el ambiente cultural y fraterno del grupo de hombres que allí se reúnen, y se hace miembro de la tertulia del bar por el tiempo en que permanece en Chile. Cuando partió de vuelta a Buenos Aires, la despedida se convierte en un hecho doloroso y triste.
Estado 33 en nuestros días: la Galería del Rey.
Interior de la actual galería.
 De Lellis jamás olvidará a sus amigos, ni a la Unión Comercial. En 1951 publicó su libro "Mediodía por dentro", donde escribe sobre el club de aquel viejo lugar de Santiago:
Jacobo Danke era el mar
Oreste Plath tenía el huaso en los zapatos
Luis Orrego minero y trotamundos
Y Alfonso Gómez Líbano batíase entre pájaros
Estado 33 se llama un bar color de la tarde
El alma se doblaba en una mesa y se bebía vino largo
Pero el bar desapareció y el edificio de Estado 33 se fue con la generación de intelectuales que llenaron de liras y letras sus salas. La gran casona fue demolida para darle paso a un edificio comercial y de departamentos.
En el primer piso y entrepisos, exactamente en el número 33, hoy se encuentra la Galería del Rey, pasaje comercial con salida también por Alameda 853, llamado así en alusión al primer nombre que tuvo la calle Estado durante la Colonia, es decir, la Calle del Rey, que se le cambiara más tarde, luego de la Independencia.
Esta galería es famosa por sus innumerables salones de depilación femenina y centros de belleza, que le dan olores de ceras derretidas al ambiente interior. Pero también es reconocida por otros locales casi simbólicos de la ciudad, como el Hotel Libertador, el concurrido restaurante subterráneo "Pavo Real", disquerías, zapaterías, centros de electrónica, un cine ya cerrado y un centro de confección de banderines y pendones. Por más de treinta años funcionó en ella la casa de artículos religiosos "Jeanne D'Arc", antes de que se cambiara a su actual local de la Galería Imperio.
Encima de los recuerdos náufragos de la Unión Comercial, entonces, la Galería del Rey lleva tiempo ya escribiendo una nueva y propia historia.

LA PARROQUIA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, EX VICARÍA PASTORAL OBRERA

Coordenadas: 33°26'60.00"S 70°40'37.98"W

Casi se pierde su menuda y esbelta figura entre los edificios clásicos de la proximidad inmediata a la Estación Central, allí en la dirección de Alameda Bernardo O'Higgins 3137 casi llegando a Chacabuco, junto al tradicional Colegio Zambrano, el instituto educacional y a la salida desde la estación del Metro en el lugar. Dos hermosos jarrones metálicos franceses similares a los que existían en el cerro Santa Lucía, escoltan el acceso a su pequeña explanada o patio frontal a modo de atrio.
Su color azulado es inconfundible, destacando pese a todo y de alguna manera. La sencillez neoclásica de su sobria fachada y su de torre-campanario contrastan con la actitud un tanto audaz de la figura del Cristo en la mediana altura, que parece amenazar con arrojarse de brazos extendidos sobre los visitantes que se aproximan hacia las puertas del pequeño templo, custodiado por un jardín de palmeras que esconden entre sus ramas cruzadas alguna parte del frontis. Un gran murallón marca sus límites con el viejo ex edificio del Colegio Zambrano, alzado allí en la Alameda desde 1890, según datos del propio archivo parroquial.
El interior de la nave es de una nave larga central bastante más espaciosa de lo que uno podría esperar juzgando sólo desde afuera. Predomina la sobriedad ornamental, ausente de barroquismos o grandes decoraciones. Quizás la única excepción sea un altar consagrado a San Judas Tadeo, con el respectivo recargo de placas agradeciendo los favores concedidos por el aparentemente muy generoso milagrero de esta parroquia.
La obra fue construida cuando el barrio de la Estación Central de Santiago recién comenzaba a adquirir el sello arquitectónico que hoy le es característico y -esperamos- definitivo, a riesgo de parecer puristas melancólicos. Curioso, pues parte de este vecindario tenía ya entonces fama pecaminosa y lujuriosa cuando se consagró este tramo de cuadra a la educación y la fe.
Actualmente, el complejo está bajo el Decanato Blanco Encalada, junto a otros templos como la La Iglesia del Perpetuo Socorro y la Iglesia de San Lázaro, mucho más altas e imponentes que nuestra parroquia de atenciones. Tanto ella como su instituto aledaño pertenecen hoy a la Congregación de los Legionarios de Cristo.
La historia alrededor de este templo y su gente es larga. Comienza en el siglo XIX, cuando los religiosos vinculados a Congregación de San Vicente de Paul asumieron la conducción de la Casa de los Huérfanos, en 1877, dándole nuevos bríos y reorganizando su sistema semi-penitenciario por uno con características de escuela monástica. Comprobados sus talentos educadores, dos años después, decidieron levantar una escuela de noviciado propia en la ex Cañada o Alameda de las Delicias, junto a la entonces denominada Capilla de la Pía Sociedad Zambrano o Capilla Zambrano, llamada así por quien permitiera su creación, el Presbítero José Ignacio Zambrano Cáceres.
La antigua dirección de la capilla era Alameda de las Delicias 417. Funcionó allí el noviciado hasta 1894, antes de cambiarse a Providencia, período en el cual tomó los hábitos el primer integrante chileno del Instituto de los Hermanos de La Salle. El Instituto, en tanto, fue fundado allí también en 1909, en el edificio adjunto que, hasta hacía pocos años, había ocupado la Escuela. El templo de este recinto se constituyó como parroquia en 1912, correspondiendo al actual del Sagrado Corazón y permanece levantado junto a las viejas dependencias de la casa de educación religiosa y al Colegio Instituto Zambrano que es uno de los más conocidos entre las casas de educación religiosa de Santiago.
Lo que más se le recuerda y elogia al templito del Sagrado Corazón de Jesús en nuestra época, sin embargo, es que fue por largo tiempo la casa-sede de la Vicaría de la Pastoral Obrera, fundada por el Cardenal Raúl Silva Enríquez en 1977. Por eso fue importante lugar para la actividad social de los trabajadores lindante en lo político y se lo escogió largo tiempo para algunos actos, misas o encuentros con esta misma connotación conmemorativa.
Fue en esa condición de servicio religioso y social por los obreros, además, en que se hallaba la parroquia en los años más complicados del Régimen Militar, en los ochenta, por lo que resultó ser un sitio de gran importancia en la organización de las fuerzas opositoras y la participación de la iglesia en la realidad político-social de entonces, además de estrechar su relación con el mundo de los trabajadores.
Actualmente, ni el templo ni el edificio del colegio cuentan con declaratorias de protección patrimonial, desafortunadamente.

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