sábado, 8 de agosto de 2009

EL DR. JUAN GRAU Y SU SUEÑO DE UN SANTIAGO LIMPIO Y SALUDABLE

El Dr. Grau en los años ochenta.

El lunes 27 de julio pasado, falleció el connotado Doctor Juan Grau, a la edad de 92 años. La llama de su longeva y productiva vida fue apagada por una insuficiencia cardíaca, a las 13:20 horas. Sus restos fueron velados en la Iglesia de San Francisco de Sales en Vitacura, y luego sepultados en el Parque del Recuerdo.

Don Juan siempre fue un personaje en Santiago, su ciudad natal que tanto amó y por cuya salubridad ambiental tanto luchó infatigablemente. Desde antaño atendía en su centro de medicina respiratoria, en el segundo piso de la calle Agustinas 641. Era común encontrarlo siempre por el lado de Merced, Monjitas y Parque Forestal, cerca de donde tenía su estudio personal. Su figura no pasaba inadvertida: muy alto, delgado y un tanto encorvado estos últimos años. Tenía una filosa nariz y usaba grandes gafas. Era como un Quijote moderno, bajado del caballo; y su vida estuvo, de hecho, orientada hacia ideales casi quijotescos de convivencia entre hombre y naturaleza, algunos de los cuales llegaron a concretarse, a merced de su tesón e insistencia.

Juan José Bartolomé Grau Vilarrubias llegó al mundo el 6 de julio de 1917. Viajó hasta Barcelona a hacer sus estudios, siendo aún un niño. Me atrevería a decir que conservó de esta experiencia su forma clarísima y fluida de hablar el castellano, aunque sin el acento hispano, pero con esa suave voz que le caracterizaba, casi como la de un hipnotista. Al regresar a Chile, se graduó con distinciones en 1946, en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, con el título de médico-cirujano, presentando la tesis "Las ondas ultrasonoras en medicina". En este período, fue alumno y discípulo del médico y naturalista Dr. Juan Noe Crevani, uno de los científicos que lograron reducir y erradicar la malaria desde nuestro país.

Eran los años en que recién se habían realizado las primeras pruebas atómicas controladas y los ataques con las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Grau conoció tempranamente del tema de los efectos de la radiación y advirtió, a través de conferencias dadas en la Universidad de Chile, de los peligros catastróficos de las armas atómicas y de la radiación. También se hizo opositor al uso de la generación de energía a través de las plantas nucleares.

Grau realizó varios cursos de postgrado después de titularse, algunos de ellos en Europa y Estados Unidos, comisionado por la propia casa universitaria. Paulatinamente, fue orientando su vocación hacia el naturalismo, al mismo tiempo que ejerció la docencia en la Universidad de Chile hasta 1965. En tanto, publicó prolíficamente varios libros y ensayos. Según explica la biografía publicada en su página web, fue precursor en el campo de los ultrasonidos en medicina, en el uso de substancias corticoidales, en el estudio y uso de los aerosoles y en la histopatología del asma bronquial.

A la sazón, Grau había contraído matrimonio con doña Graciela Correa, con la que tenía cinco hijos: Juan José, Graciela Dorotea, José Horacio, Isabel María de Fátima y Dora María. Fue médico de la Caja de Previsión de Carabineros, Ayudante de Cátedra en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile y fundador de la Policlínica de Santo Domingo. Como buen hombre neo-renacentista, también tenía talentos artísticos: en 1952 obtuvo el segundo premio en el Concurso Fotográfico de los Salones de Artes Plásticas de los Médicos. Al año siguiente, logró la medalla de oro en el mismo certamen. Años después, incursionó en la poesía, llegando a ganar en una versión musicalizada de su poema "Soy la voz", en un conocido programa de televisión de los ochentas. También escribió una serie de aventuras más juveniles llamada "La ecología del pequeño José", declarada material complementario para la Educación Básica por el Ministerio de Educación de Chile.

(Fuente imagen: jaimesuarezgonzalez.blogspot.com)

Pero lo que más identificó al Dr. Grau es su incursión pionera en materias de ecología en Chile, al punto de que los actuales movimientos verdes lo reconocen como padre de esta disciplina en el país. Su visión era un tanto chardiniana, convencida de la posibilidad de una relación noosférica y amistosa entre el hombre y el resto de la creación. Esta vocación manifiesta comenzó hacia 1971, cuando ingresó al Comité pro Defensa de la Flora y Fauna y participó, junto al Profesor Luis Capurro, en el curso "Trama Conceptual de la Ecología" del Departamento de Extensión Social de la Universidad de Chile, dirigido a otros docentes. Las conclusiones de este seminario fueron publicadas después en el libro "La Ecología: una ciencia para la sobrevivencia del hombre", impreso en México en 1974.

Entre 1971 y 1973, el Dr. Grau se hizo parte del equipo de la Comisión Nacional Contra la Contaminación, entidad gubernamental dependiente del CONICYT. Al año siguiente, fundó junto a otros colaboradores el Instituto de Ecología de Chile. Su nombre comenzó a hacerse conocido popularmente y, con frecuencia, sería invitado de ahí en adelante a varios programas de televisión, convirtiéndose en la voz más autorizada para hablar de ecología en Chile.

Su campaña para advertir de la asfixia en que estaba cayendo la ciudad de Santiago comenzó en esta época. "El desierto ya pasó por Santiago", solía decir para prender balizas sobre la desertificación del paisaje chileno, cada vez más árido. Una denuncia suya que puso en marcha la conciencia capitalina sobre el problema de la contaminación ambiental, es publicada en "El Mercurio" del 23 de junio de 1972, bajo el título "Algunas soluciones para el problema de la contaminación en Chile", que quizás se trate del primer artículo orientado a poner en grave alerta a la sociedad sobre lo que estaba ocurriendo con la calidad del aire, problema que se ha vuelto endémico en la ciudad.

El Dr. Grau fue, también, uno de los primeros en introducir y usar la palabra smog para definir a la masa oscura de contaminación ambiental que sofoca hasta hoy a la capital chilena. En su urgencia por demostrar el daño que cada individuo padecería por este problema, explicó puntos críticos como la equivalencia a la cantidad de cigarrillos que consumiría una persona al exponerse al aire contaminado de la ciudad y demostró con datos concretos la incidencia de la locomoción colectiva sobre los niveles de polución ambiental, denuncia que causó gran revuelo y controversia. Como columnista del diario "La Tercera" y comentarista en la Radio Cooperativa, insistió fervorosamente en estos conceptos, intentando crear conciencia y comprometiendo a toda la ciudadanía en no desvincularse de las acciones necesarias para una solución. Lo mismo refleja en su libro de 1980 "La Contaminación del Aire y Ruido", republicado tres años después.

Libros del Dr. Grau sobre las palmeras en Chile.

Grau también fue Presidente del Comité de Environment de la International Asociation of Alergology & Inmunology. Como especialista en medicina respiratoria, fue uno de los primeros y más fuertes opositores públicos a la tolerancia social del tabaquismo, argumentando que era precisamente el propio tabaco el que funcionaba como droga que alteraba la forma de pensar de los fumadores, convirtiéndolos en justificadores y defensores del vicio, como sucedería a un alcohólico que no se reconoce como tal. Con tal premisa, publicó en 1983 su manual "Cómo y por qué dejar de fumar".

Pese a su distancia de la actividad política y de los contextos de confrontación de esos años, el Régimen Militar reconoció la autoridad del Dr. Grau y lo consideró como asesor en muchos temas fundamentales del medio ambiente. Cuando se enteró del proyecto de elaboración de una nueva Constitución Política, publicó artículos intentando influir para que la nueva carta incluyera conceptos bases de orientación ecológica. Con este objetivo, publicó el artículo "La ecología en la futura Constitución Política" en "El Mercurio" del 21 de septiembre de 1975, texto que fue presentado por el Instituto de Ecología de Chile ante la Comisión Nacional de Reforma Administrativa. Fue así como la nueva carta incluyó la mención del "derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación" y que "es deber del Estado velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza", en el Nº 18 del Artículo 19 del Capítulo III "Deberes y Derechos Constitucionales".

Pero sus ideales de ingenioso hidalgo manchego no siempre llegaron a saborear el éxito. En 1977, el Dr. Grau intentó salvar el llamado Islote del Pájaro Niño de Algarrobo de un proyecto de construcción de un aparcadero de yates, proponiéndolo como monumento natural, plan que se frustró. También intentó convencer a las autoridades de la creación de parques acuáticos en Algarrobo y Mejillones, sin lograrlo.

En 1980, promovió la campaña contra la caza de ballenas, en medio de una gran cantidad de ataques y polémicas por parte de los grupos interesados en preservar este negocio. Pese a todo, y siendo su opinión una garantía respaldada por su propia reputación y por los muchos adherentes que se sumaron en la campaña, el Gobierno decretó el final definitivo de la caza de ballenas en el Mar Territorial de Chile, en 1985.

Entrada al edificio de la consulta del Dr. Grau, en Agustinas.

A diferencia de los líderes otros movimientos naturalistas más modernos, asiduos a mezclarse con cuestiones políticas o corrientes ideológicas extranjeras, Grau amó sin tintes la tierra chilena y se erigió como un gran patriota entre la intelectualidad nacional. Aunque poca gente lo sabe en nuestros días, fue por otra gestión suya, por ejemplo, que las autoridades pudieron ser convencidas de declarar a la hermosa piedra lapislázuli, que existe nativamente sólo en nuestro país y en Afganistán, como Piedra Nacional de Chile por el Decreto Nº 74 del 20 de septiembre de 1984, del Ministerio de Minería. También escribió un libro sobre el tema: "El lapis lázuli".

En 1982, la Sociedad Científica de Chile lo premió como el ecologista nacional más destacado. En 1987, fue premiado en Nairobi, Kenia, con el reputado premio Global 500, que se concede por las Naciones Unidas a los ecologistas más importantes del mundo. Entre otros muchos premios más recibidos por él, en 1990 fue laureado por la Municipalidad de Santiago y el Servicio Nacional de Turismo "por su contribución a la defensa del medio ambiente". Sus campañas en favor de la protección ecológica de Santiago y de Chile en general, fueron muchas más de las que hemos mencionado, pero se destacan como grandes logros el haber conseguido detener un proyecto de construcción de recintos deportivos privados en el Parque Metropolitano, junto a la actual Avenida Santa María. Después, dirigió la negativa a la extracción de aguas desde el Lago Chungará en el Parque Nacional del Lauca y también publicó ensayos sobre lenguajes indígenas.

Dado su inmenso prestigio, Grau asumió como Secretario Técnico ad honorem de la Comisión Nacional de Ecología en 1984, organismo precursor de la actual Comisión Nacional de Medio Ambiente. Permaneció en este cargo hasta 1990. En 1986, además, había asumido la Presidencia de la Comisión de Legislación del Medio Ambiente. También le debemos a él gran parte de la revaloración que existe actualmente sobre la palma chilena (jubaea chilensis). Escribió al menos tres libros sobre palmas existentes en Chile y fue una de las primeras voces en proponer la palma chilena para la declaración de Monumento Nacional, presentando un completo estudio como este objetivo. Inclusive, en 1996, fue invitado a Francia para inaugurar la Campaña de Protección de la Palma Chilena y asumir como Miembro Honorario de los "Amantes de las Palmeras" ("Fous de Palmiers") de ese país. El año 2002, la Fundación para la Recuperación y Fomento de la Palma Chilena lo nombró Caballero de la Palma Chilena en su grado máximo de "Gran Caballero", en un acto público en la Plaza de Armas de Santiago.

Esta imagen la encontré en un caché de Google. No me pertenece, pero agradecería si alguien tiene alguna información sobre su origen, ya que sospecho que es una fotografía de don Juan Grau en su stand propio en la Feria del Libro.

Pese a su edad, el Dr. Juan Grau nunca se retiró de estas actividades. De alguna parte de su cuerpo larguirucho y esbelto sacaba unas envidiables energías que sólo la muerte pudo agotarles. En 1991 se arrojó contra la explotación de animales nativos como mascotas. Tiene dos libros dedicados a la chinchilla, por cierto. Tras visitar la Antártica, adhirió con entusiasmo a la campaña para declarar el Continente Blanco como Reserva Mundial de la Biósfera. Al verificar los desperdicios y basurales dejados por un equipo fílmico norteamericano en la Isla de Pascua, presentó una enérgica protesta. En 1995, dirigió gran parte de la campaña contra los planes de la forestal Trillium en Magallanes y la planta Alumysa en la Patagonia. La Corporación Nacional de Medio Ambiente reconoció su obra el año 2000, premiándolo con el Premio Nacional del Medio Ambiente.

A inicios de los noventas, tuve el gusto de conocerlo, durante una exposición de la Feria Nacional de Libro, en la que siempre se presentaba con la biblioteca de su autoría. En aquellos años, el Dr. Grau tenía pensado editar otra vez su libro sobre primeros auxilios y me comentó que quería incorporar otros dibujos a éste y a otros libros que tenía en mente. Coincidió que yo andaba con una carpeta con mis trabajos de aquellos años. Volví a verle varias veces en el Centro de Santiago, por el sector en que tenía su estudio. Siempre se manifestaba simpático hacia la gente que le reconociera y le saludara en esas ajetreadas calles del barrio Bellas Artes. Me parece haberlo visto también comprando frutas en un conocido carrito de ventas de calle Miraflores.

Ahora que ha partido y cuando su figura de alta espiga de trigo no volverá a verse más por estas calles viejas de nuestra ciudad, observamos cómo en medio de la febril obsesión "bicentenaria" que afecta hoy a la sociedad chilena, Santiago sigue pareciéndose más a la ciudad poluta y maculada que el Dr. Grau no quería, y por cuya recuperación ambiental tanto luchó, hasta sus últimos días. Gracias a su legado, sin embargo, la batalla por una capital digna y saludable seguirá siendo esperanza y tarea inconclusa.

2 comentarios:

  1. Nunca es tarde para agradecer la maravillosa labor desarrollada por un benefactor como lo fue el Dr. Grau. Personalmente fui sanado de mi alergia después de acudir por dos años a su consulta, de eso ya hace 30 años y gracias a él he podido seguir viviendo en este antro contaminado contra el que siempre combatió. Un abrazo a la distancia querido MÉDICO y BENEFACTOR no sólo mío sino de muchos que recibieron su fructífera labor.

    Gylmar Conte N.

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  2. Yo no lo conoci en persona ,pero mi madre me ha contado mucho de la calidad humana de este gran hombre ....mi abuelo MARTIN BARRERA era su artista exclusivo en obras en Lapislazuli y gracias a el mi madre me cuanta de como vivieron muy bien varios años que mi abuelo trabajo para el artisticamente......mas en su afan por la arqueologuia ke como ecologuista.ahora me he enterado de lo grande que era este hombre pero tambien me he dado cuenta de la amistad que tuvo mi abuelo.....un tipo normal y comun con un doctor tan elogiado.......yo tambien me pasaba dias enteros junto a mi abuelo en el taller y tambien tengo esa necesidad de crear ahora comprendo de donde viene esa fuerza artistica. ahor busco un libro de don juan en que muestra las obras hechas en esta piedra tan especial si alguien sabe o lo conoce porfavor envienme un correo vale!!

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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