sábado, 27 de diciembre de 2008

LA TORRE ENTEL: NO SERÁ COMO LA EIFFEL, PERO ES LA NUESTRA

Maqueta de la torre, publicada por una revista "En Viaje" de 1972.
Coordenadas: 33°26'40.35"S 70°39'21.62"W
Tuve la fortuna de trabajar cerca de un año en el pasaje Príncipe de Gales, allá en el Centro de Santiago, frente al famoso restaurante “La Chimenea”. Era 1997, y desde esa calle corta sin salida, por encima de las viejas casonas, se podía tener entonces una vista imponente de la Torre Entel, desde su lado Norte, postal que hoy es imposible por la presencia de altos edificios que han crecido en torno a esta enorme estaca de concreto. Afortunadamente, tuve el presentimiento de que esta visión no iba a durar mucho y tomé en aquellos días una fotografía que aún conservo, y cuya copia aquí reproduzco aunque en blanco y negro, pues la original color está a bastante mal traer.
Por esa misma época, los cabecillas de la Empresa de Telecomunicaciones de Chile (Entel Chile) habían decidido darle nueva vida a la característica torre símbolo de Santiago, incorporándole luminarias multicolores en tiempos en que ya era centro de festejos de Año Nuevo en la Capital de Chile, con toneladas de fuegos artificiales disparados sobre ella en cada ocasión. Está muy próxima a volver a encenderse de explosiones coloridas, atrayendo a los miles de chilenos y extranjeros que llegan a verla en cada cambio de año, tradición que ya se ha instalado de manera definitiva en nuestra ciudad.
La Torre del Centro Nacional de Telecomunicaciones, más conocida como Torre Entel, entró así, al Siglo XXI, con su misma importancia, valor y vigencia. Su indicación en el mapa es como la de un faro enclavado junto al Barrio Cívico santiaguino, y esta relevancia no ha sido mermada por la aparición de nuevos y más grandes edificios. Sus 127,35 metros de altura, concebidos para despejar el trabajo de sus antenas microondas, ya no suenan tanto si los comparamos con moles aún más colosales del paisaje urbano, como el Edificio Corporativo de la Telefónica con sus 132 metros, la Torre Titanium de La Portada con 181 metros y la Torre Costanera Center, que se inaugurará el próximo año con 250 metros de alto. A pesar de todo, la Torre Entel sigue siendo ese símbolo de la ciudad, allí, erguida sobre la esquina Noroeste de Alameda Bernardo O’Higgins con Amunátegui. Es visible desde casi todos los puntos distantes del plano urbano.
Comenzó a ser construida hacia los últimos meses del Gobierno de Eduardo Frei Montalva, en julio de 1970, cuando Entel todavía era una empresa del Estado. No es gratuita nuestra comparación con la Torre Eiffel de París, en el título: cuando se llamó a concurso a cuatro oficinas de arquitectos en 1967, les propusieron ostentosamente que presentaran un diseño para la “Torre Eiffel chilena”. La agencia ganadora pertenecía al arquitecto Carlos Alberto Cruz E., quien solicitó la participación de su hijo Carlos Alberto Cruz Claro y sus colegas Daniel Ballacey, Jorge Larraín Latorre y Ricardo Labarca Fernández. En abril de ese mismo año, previo estudio del suelo, fueron adquiridos los terrenos de su actual ubicación, considerados ideales por su proximidad con los principales centros del sistema nacional de telefonía. Según nos parece, hasta entonces estos terrenos pertenecían al recinto de una antigua institución educacional, de la que hablaremos a futuro.
Etapas de la construcción de la Torre, entre 1970 y 1974.
Fotografía tomada por mí desde el pasaje Príncipe de Gales, en 1997.
Según un completo reportaje de la revista “BIT” de noviembre de 2006, la adjudicación del proyecto de obra había quedado en manos de la empresa mexicana ICA, de propiedad de Arturo Cacelín. La obra comenzó con las complejas fundaciones del edificio, mismas que se internan bajo el suelo para garantizar la estabilidad de la torre en un país donde el terremoto pareciera ser nuestro segundo baile nacional. Estas bases están 18 metros bajo el nivel del piso, y sus fundaciones sumaron 2.000 toneladas. Como coincidía la construcción del edificio con la del Metro de Santiago, la base fue rodeada con una jaula Faraday para impedir la penetración de corrientes eléctricas detectadas en las excavaciones de la Estación Moneda, y que podrían afectar las transmisiones y recepciones. La excavación total que demandó la obra fue de 55.000 metros cúbicos.
Sin embargo, la concesionaria mexicana sólo trabajó unos meses, menos de un año, pues tuvo problemas con las terminaciones de hormigón, debiendo abandonar el proyecto. La nueva firma licitada fue Foram-Chile, de capitales nacionales, que se hizo cargo de todo. La construcción de la torre iba a demandar, de esta manera, 2.700 metros cúbicos de hormigón y contabilizó un peso de 8.620 toneladas sentadas sobre sus bases fundacionales. Originalmente, el diseño incluía una plaza, un auditórium y una conexión entre la torre y el edificio institucional de Entel, pero estas partes del proyecto fueron omitidas.
El advenimiento de la Unidad Popular y la crisis social y política que vivía el país durante el Gobierno de Salvador Allende, tuvo su reflejo en el desarrollo del proyecto de la Torre Entel. Los trabajos comenzaron a retrasarse ante las huelgas y los paros del personal, especialmente con las operaciones de hormigonado. Para resolver esto, los ingenieros usaron junturas metálicas especiales entre una capa de hormigón y otra, asegurándose así de que quedaran firmemente unidas, al mismo tiempo que una grúa trepadora iba subiendo los moldes que daban forma a la estructura según se iba ascendiendo en la construcción, método que se había usado hasta entonces en el levantamiento de silos, pero no en un edificio con la particular estrechez y altura de esta torre de 19 pisos. De esta manera, para cuando concluía el tormentoso año de 1973, la mayor parte de la construcción de ya estaba concluida.
El 30 de agosto de 1974, ya en pleno Régimen Militar, se celebró el festejo tradicional chileno de los “tijerales”, cuando se concluye la parte gruesa de la obra. En este caso, se habían alcanzado los 127,35 metros de altura. El 8 de septiembre del año siguiente, se colocaron dos antenas parabólicas que constituyeron sus primeros elementos de telecomunicaciones visibles desde el exterior. En noviembre se inició la instalación de los equipos de telecomunicaciones y, a fines de año, el proyecto recibió un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo equivalente un 35% de la inversión, la que totalizaba unos 80 millones de dólares de la época. El 12 de abril de 1976, entraban en servicio sus primeros canales telefónicos.
Vista aérea de la Torre Entel (fuente: www.saf.cl)
Vista de la Torre desde el sector del Metro Los Héroes.
Desde entonces, la Torre Entel se ha constituido como el icono urbano más reconocible del horizonte postal en esta tremenda ciudad, haciendo las veces de punto de referencia obligado. Existe, por ejemplo, el concepto del Centro "hacia el otro lado de la Torre", para referirse a lo que queda al poniente de la urbe, hacia Estación Central. La ampliación e incorporación de nuevas tecnologías en el servicio permiten que en la torre, en nuestros días, operen todos los equipos del tráfico internacional vía satélite, el terrestre Santiago-Mendoza y la red Troncal Nacional Sur y Norte, además de interconectar los servicios públicos de larga distancia. La empresa, en tanto, fue privatizada a mediados de los ochenta.
El advenimiento de los grandes espectáculos internacionales y el cambio del criterio popular sobre los conceptos de modernidad y tecnología, también se han reflejado en el edificio, con sus extraordinarias luminarias de colores, sus pantallas gigantes y el gran lanzamiento de fuegos artificiales que se aproxima con el próximo Año Nuevo y que viene repitiéndose desde 1992, mismo que los expertos consideran como el segundo más voluminoso y atractivo de Chile, después del tradicional show pirotécnico del puerto de Valparaíso.
En estos cerca de 35 años, la Torre Entel, además del símbolo, es una propiedad patrimonial de la ciudad: un distintivo, una característica, aunque no siempre guste. Podrá verse cada vez más pequeña en un entorno que crece y crece como el bambú; podrá ser simplona y estéticamente pobre comparada con otras obras de ayer y de hoy; pero su presencia es necesaria e insustituible para una ciudad y para un país que, por requerimientos geográficos, ha hecho de las telecomunicaciones uno de sus principales activos. Su ausencia, en cambio, equivaldría no menos que a castrar nuestro Santiago.

jueves, 25 de diciembre de 2008

“AL PEGAR, PEGAR”: LA TORTURA QUE ERA UN JUEGO DE NIÑOS

Qué sorpresa fue enterarme, hace algunas semanas, que aún se juega en algunas partes de esta ciudad ese extraño y torturante pasatiempo infantil de “Al Pegar, Pegar”. Desconozco si tendrá que ver con la moda ochentera que se apodera de los medios y la publicidad, y también ignoro cuáles serán las actualizaciones y modificaciones que se le habrán incorporado a los libretos que de niños repetíamos como parte de las reglas y pruebas del en apariencia caótico juego, pero no puedo negar que la impronta de su vigencia me resulta simpática.
“Al Pegar, Pegar” parece remontarse a principios de la década del ochenta. En otros lados le llamaron “Cucurumeme” y “El Burro”. Lo recuerdo desde entonces, cuando era practicado en las escuelas y las barriadas, mismas donde encontró su principal caldo de cultivo entre los niños. Corresponde a una curiosa amalgama de juegos tradicionales que oscilan entre el “Caballito de Bronce" y las "penitencias", aunque con una cantidad de reglas, protocolos y condicionantes que lo harían incomprensible a quien no esté relativamente familiarizado con su práctica, según veremos. Fusiona también elementos de la pinta, del pillarse, de la ronda, del “caluga o menta”, el “sooool” y del “corre el anillo”, entre otros. Recordemos que eran tiempos en que la máxima diversión la constituían los básicos videojuegos de dos botones a lo sumo ($10 la ficha) y las consolas Atari que recién comenzaban a llegar al país, por lo que buena parte de la recreación infantil quedaba confiada a la imaginación, se entiende.
La única forma digna de aprender a jugarlo era dándose el tiempo de observar cómo lo hacían otros y, sólo entonces, aventurarse a la audacia de ofrecerse como participante. Además, los contenidos del juego dependían mucho del contexto de la época: patrones culturales, política, temas sociales e incluso elementos del arte popular y el mundo del espectáculo. Esto me hace sospechar que no deberían existir antecedentes muy antiguos de su existencia. Oreste Plath, por ejemplo, no menciona nada parecido con “Al Pegar, Pegar” en su completísimo trabajo “Aproximación Histórico-Folklórica de los Juegos en Chile”, publicado por Editorial Nascimiento en 1986, cuando el juego ya era algo corriente. Aunque quizás, esta omisión se deba a lo particularmente soez y picante del contenido del juego.
Por su exigencia física y agresividad, sumada a las obscenidades que se le fueron integrando, se lo llegó a prohibir en los colegios, pero los cabros igual se las arreglaban para practicarlo a la salida, en los pastos del Parque Forestal, Parque Almagro o la Plaza Yungay. Los moretones y las ropas rotas eran la prueba que a uno lo revelaba en la casa como un adicto. Recuerdo que de tonto grandote también alcancé a jugarlo con mis compañeros del cuarto año medio, una tarde en el Parque O’Higgins, pero no tardamos en darnos cuenta que ya habíamos crecido: el agotamiento y las lesiones no tardaron en dar la alerta y ponerle fin a la experiencia nostálgica de recrear los tiempos de “Al Pegar, Pegar”.
La esencia del juego es muy poco filantrópica: golpear, humillar y ridiculizar. Abundaban la coprolalia y las connotaciones sexuales, aunque por ser niños no siempre las comprendíamos así. Por ello, siempre fue deporte de hombres, donde las mujeres podían aparecer de visita sólo de cuando en cuando. Aunque no faltaba la mina medio feminista o amachada que quería participar, la exigencia era demasiada y no tardaban en abandonar la empresa. Tampoco escaseaban los grandotes que abusaban de sus condiciones físicas. Los enclenques, en cambio, caían rápido, pero al menos lo intentaban y se ganaban el respeto, pues hacerle el quite permanentemente a jugar este riguroso y militar pasatiempo, era inmediata sospecha de amariconamiento. Lo mismo para el tontón que osara ponerse a llorar durante las duras pruebas.
El juego requería partir definiendo a los actores. Veamos qué hace cada uno:
  • El “Palo” o “Capitán” generalmente es era aquél que gritaba primero su deseo de ocupar es puesto, en el momento de acordar el inicio de una partida de "Al Pegar, Pegar". Se colocaba con la espalda contra un muro, un poste o un árbol, como lo hace también el mismo puesto en el “Caballito de Bronce”. Sin embargo, en “Al Pegar, Pegar”, el “Palo” tiene una actuación como plenipotenciario, juez y director, equivalente al guardián en algunos juegos de rol. Tiene todos los privilegios, pues se exime de las torturas y, por el contrario, las practica contra los otros. Este personaje generalmente organiza e inicia el juego, pero arriesga perder su posición si comete errores o arbitrariedades muy evidentes durante el desarrollo del mismo. Cuando dos o más participantes cometen también errores en las pruebas que veremos más abajo, y les corresponde por lo tanto asumir de “Burros”, el “Palo” o "Capitán" obra de ministro y decide quién asume, generalmente castigando al que erró primero en una secuencia o prueba, o bien sometiéndolos a un nuevo test. El “Palo” debía dominar perfectamente las reglas del juego y tener mucha experiencia en el mismo, por lo que, también como el guardián de los juegos de rol, conducía con creatividad y destreza el desarrollo de la justa
  • El “Burro” generalmente se definía por un cachipún, sacada del palito corto u otro procedimiento selectivo, cuando se trataba de escoger al primero de los jugadores que tomaría este rol. En otros casos, el primer “Burro” sólo era elegido a dedo por el “Palo”. En realidad, era la posición de mayor castigo en todo el juego; denigrante, pero que se iba rotando entre los jugadores a medida que se llevaban adelante las rutinas del juego. El “Burro” se colocaba inclinado, con las piernas un tanto flexionadas y metiendo la cabeza bajo la ingle del “Palo”, como lo haría el primer eslabón del “Caballito de Bronce”, en una posición que ya es, en lo fundamental, tremendamente incómoda. Cuando el “Palo” gritaba “stop” poniendo fin a cualquiera de las pruebas a las que era sometido el “Burro” y que veremos una a una más abajo, todos debían detenerse. El que desobedecía, aunque fuera por un segundo demás, era castigado de inmediato asumiendo su lugar.
  • Los Jugadores eran, según las características de cada prueba, víctimas, victimarios, o ambas cosas. Se colocaban en torno al “Burro”, cuya espalda era el principal teatro de operaciones. Se convenía en que hubiese un mínimo de 3 jugadores, además del “Burro” y el “Palo”, para hacer interesante el juego; y un máximo aproximado en siete u ocho, pues el estrecho espacio no permitía más. Los jugadores iban rotándose en base a castigos en la posición del “Burro” y, ocasionalmente, también en la del “Palo”.
El juego comienza con la dirección del “Palo”: Se repite un canto que es la matriz de “Al Pegar, Pegar”. Todos lo cantan mientras golpean con relativa suavidad la espalda del “Burro” al ritmo de lo que se vocaliza, usándolo como mesa. Se repetía esta misma secuencia entre una prueba y otra. Decía:
Al pegar, pegar
Seguir pegando
Pegando,
Pegando…
A continuación, comienzan a quedar en evidencia la complejidad de sus reglas y de opciones. A decir verdad, esta característica es insólita, sólo posible de concebir en el entendido de que el juego tuvo suficiente tiempo para irse desarrollando y adicionando cada vez más elementos, en su paso por los distintos barrios y escuelas donde se practicaba. Además, había una intención permanente y deliberada de ir metiendo pruebas nuevas, para agilizar el juego. Las normas eran, a su vez, confusas y lindantes en lo tramposo, pues se buscaban producir errores de procedimientos entre los jugadores, para castigarlos y pasarlos a "Burro". También sorprende la originalidad creativa de las denominaciones de cada prueba, generalmente bautizadas con analogías o metáforas de otras situaciones cotidianas o coyunturales de la época.
Así, tras el mantra de introducción, comienzan a manifestarse estas variadas reglas de comportamiento ritual en el juego.
"Cagando en misa". Posición en la que se debía permanecer durante la prueba.
He tenido que estrujar mi memoria y la de mis amigos estos últimos fines de semana, para poder recordar cuáles eran las pruebas más populares de “Al Pegar, Pegar”. Yo creo que hasta latero me he puesto, de tanto insistir en el tema y reiterar preguntas, pero gracias a ello he podido recopilar las que considero como las principales rutinas (más de 100) que existían para llevar el juego a la práctica:
  • Había una vez: Eran cánticos que dirigía el “Palo” o “Capitán”, empezando generalmente con la frase “Había una vez”. El contenido siguiente variaba. Por ejemplo, podía repetir “un mar / donde hay peces…”, siendo repetido cada verso del canto por todos los participantes, golpeteando con las palmas la espalda del “Burro”. A diferencia del canto de introducción y empalme entre pruebas que vimos más arriba, aquí no se repetía simultáneamente la recitación con el "Palo", sino que se hacía cuando éste terminaba cada verso del canto. La trampa estaba en que, de cuando en cuando, el “Palo” tiraba una frase conteniendo una incoherencia, anacronismo o irracionalidad, instancia en la cual había que detenerse y no repetir el verso ni palmear sobre el “Burro”. Por ejemplo: “En los Alpes / de Santiago”. El pajarón que no falta y que seguía repitiendo la secuencia, inmediatamente pasaba a ocupar el lugar del “Burro”. Lo mismo para quien vacilara o dudara luego de un verso totalmente coherente y no golpeara a tiempo sobre la espalda del "Burro".
  • Mi tía tenía: Era el mismo esquema del canto con trampas de irracionalidades del "Había una vez", pero además de ser castigado el infractor con la posición del “Burro”, esta prueba se distinguían desde el principio porque el cántico siempre empezaba con “Mi tía /tenía…”. Aquí se debía -o se podía- dar un solo golpe por verso del cántico, siempre y cuando no fuera irracional. Era el “Palo” quien contaba la historia de “Mi tía” fijando desde el primer momento ese ritmo de un solo golpe por verso y no de percusión constante en la espalda del “Burro”, como es el otro caso. Algunos le agregaban como variante que se fuera de patadas en el traste el que se equivocara, por parte de todo el equipo. Otros, lo practicaban sin ninguna diferencia sustancial con "Había una vez".
  • Mi tía tenía por el Burro: Eran ocasiones en que el “Palo” delegaba en el “Burro” la narración de la historia de “Mi tía”. Aquí cambiaban las cosas, pues, aunque también se podía dar un solo golpe por frase-verso y sólo si ésta era racional y comprensible, se presentaba el problema de que, como el “Burro” cantaba permaneciendo en la misma posición que le correspondía, agachado, a veces no se le entendía bien y, el que erraba en una palabra o frase, también pasaba de inmediato a su posición. Obviamente, el “Burro” procuraba producir este problema para ser relevado.
  • Bautizar al Burro: Los jugadores le dan una patada a cada nuevo “Burro” que sea asignado en este rol. Lo usual era que sólo se puede bautizar a un jugador en una ocasión por juego, la primera en que le corresponda dicho papel. Este derecho podía ser reclamado como obligación al “Palo”, si lo olvidaba. Las patadas podían ser todas juntas o dadas por turnos.
  • No pegar: Además de la orden de “stop” que hemos comentado más arriba y que regía en forma general para todas las pruebas, con cierta frecuencia el canto de “Al pegar, pegar / seguir pegando / pegando pegando…” o los ataques como “Cuchillitos”, “Tenedores” o “Pirañitas” que veremos abajo, eran súbitamente detenidos con un llamado a “¡No pegar!” de parte del “Palo”. Si alguien no alcanzaba a reaccionar y se pasaba un instante siquiera de la orden, era pasado en el acto a “Burro”.
  • Pinta del Burro: El “Burro”, al oír esto, debía salir a toda velocidad a capturar al primero de los participantes que alcanzara para ponerlo en su lugar en el juego y salir de tan desagradable rol. El primero en ser tocado, caía.
  • Pinta con Patá: Lo mismo que la “Pinta” anterior, pero el “Burro” debía salir persiguiendo a los jugadores y marcaba a su relevo con un puntapié.
  • El bonus: Término tomado de los videojuegos. Consistía en poner en fila a los participantes para que el “Burro”, sin mirarlos, eligiera uno al azar por el número de su lugar en dicha fila. No confundir con el “Faro ciego” o la “Filita india”, que veremos más abajo. En este caso, el “Bonus” permite escoger al próximo “Burro” cuando dos o más jugadores han sido penalizados. También se usaba para castigar al elegido con pateadura por parte de todos los demás participantes antes de pasarlo a “Burro”. Era frecuente que se le mintiera al “Burro” para darle sabor a la prueba, diciéndole que habían más participantes (por ejemplo, que elija un número del 1 al 7 siendo que sólo había tres personas en la fila), o bien creando espacios vacíos en la fila, que no eran ocupados por nadie pero que, de todos modos, tenían numerada una posición.
  • Sooool: La prueba del “Sooool” es un juego independiente de “Al Pegar, Pegar”, pero había ocasiones en que el “Palo” exigía al “Burro” hacerlo, y éste salía persiguiendo a los jugadores para alcanzar al que sería su relevo, como una "Pinta". El problema es que, en el Sooool, el que persigue debe ir gritando esa sílaba de manera continua y sin pausa mientras corre tras sus presas, y cuando se le acaba el aire de los pulmones y pierde el hilo de la voz, todos tienen derecho a darle pateadura hasta que el pobre pueda regresar a la posición segura e inmune junto al “Palo”.
  • La torre se derrumba: Conocida también como “Torre de Babel”, “Torre de Pisa” y “El edificio”. Cuando el “Palo” o “Capitán” lo anunciaba, todos comenzaban a poner sus manos empuñadas en fila vertical, simulando con cada puño un piso, según el orden en que iban colocándose. Dependiendo del “Palo”, cada jugador podía usar una o dos manos para construir la torre. Cuando se caía a la orden del “Palo”, todos golpeaban con fuerza la espalda del “Burro”, simulando el derrumbe de todos los pisos e imitando el sonido del desplome. A veces, se permitía que un jugador se pusiera al final como “Último ladrillo”, con la licencia de poder golpear un poco más fuerte que los demás, por la altura de la caída.
  • La torre con Pluma, Vieja Guatona y Gato: Era una ampliación de “La torre se derrumba”, en la que los jugadores que alcanzaban a gritar “Pluma”, “Vieja Guatona” y “Gato” cuando se llamaba a la prueba, se colocaban de manera reservada en las partes más altas de las manos formando pisos. El jugador que solicitaba ser la “Pluma” dejaba caer su mano abierta tras derrumbarse toda la torre, deslizándola por el aire en un zigzag, tal cual lo haría suavemente una pluma real, pero en el último instante la golpeaba con fuerza sobre la espalda del “Burro”, con la mano abierta. A continuación, el que simulaba con su puño a la “Vieja Guatona” tenía derecho a golpear con mayor e inusitada fuerza la espalda del pobre “Burro”, simulando que ésta cayó desde el último piso. El “Gato”, en cambio, caía siempre al final y tenía derecho a clavarle las uñas (garras) en la espalda al “Burro”, al momento de golpear contra él. La torre sólo podía tener una “Pluma”, una “Vieja Guatona” y un “Gato”, y solamente si el “Palo” lo autorizaba expresamente.
  • Julio Iglesias llega a Chile: Cuando el “Palo” anunciaba esto, todos se tiraban encima del “Burro” gritando como lo harían un montón de mujeres fanáticas e histéricas, rasguñando la espalda del infeliz y jaloneando frenéticamente sus ropas.
  • Miguel Bosé llega a Chile: La misma que Julio Iglesias, pero gritándole churros y piropos en tono gay al “Burro”, pues las especulaciones sobre la condición sexual del entonces muy joven cantante español, eran un tema en la época en que se hizo conocido acá en Chile, tras participar en un Festival de Viña del Mar de 1981.
  • Michael Jackson llega a Chile: Lo mismo que con “Julio Iglesias” o “Miguel Bosé”, pero más exagerado y sin el requisito de gritar como mujer, porque se supone que el cantante norteamericano tenía un público más unisex. Era la época de “Thriller”, “Beat it y los grandes temas de la etapa solista de la estrella pop internacional. Solía ir acompañado de exclamaciones llamando su nombre o pidiéndole autógrafos.
  • Sofía Loren llega a Chile: También era llamado “Cinco minutos con Sofía Loren”, aludiendo a la diva del cine italiano. A esta orden, todos se arrojaban sobre el “Burro” simulando un frenesí de fans masculinos y excitados atacando a la actriz. Una de las más humillantes pruebas del juego.
  • King Kong llega a Chile: Esto significaba saltar sobre el “Burro” golpeándolo mientras se dan gritos de terror, como si se tratara de una turba intentando noquear al famoso mono gigante del cine.
  • King Kong se escapó del zoológico: Ahora, el “Burro” sale corriendo a golpear a todos los jugadores y goza de total inmunidad por el rato que se lo permita el “Palo”. Generalmente, era la venganza del “Burro” luego de la prueba anteriormente descrita, por lo que solían ser continuas, aunque esto no era estricto y el orden lo determinaba el "Palo".
  • Monga se escapó de Fantasilandia: Lo mismo que "King Kong se arrancó del zoológico", pero sin continuidad alguna con la prueba de "King Kong llega a Chile". Eran los tiempos en que se levantó este show del gorila "Monga" en el flamante parque de diversiones de Fantasilandia, inaugurado hacia fines de los setentas y por entonces la máxima experiencia de recreación a la que un niño podría optar en Santiago.
  • El guanaco se escapó del zoológico: Aunque en esos años de agitaciones políticas hicieron muy conocido y popular al carro lanzador de aguas de Carabineros, conocido como el “guanaco”, el nombre de la prueba estaría relacionado más bien con la costumbre de ataque característica del animal sobre el que se hace la analogía. A esta orden, el “Burro” salía corriendo instantáneamente tras los jugadores: al primero que marcara con un escupo, lo condenaba a asumir su sitio. Siempre era tarea del “Palo” verificar que dicho salivazo lo hubiese alcanzado. A esta prueba se le llamó después “El guanaco”, a secas, cuando el carro cisterna de Carabineros se había hecho más conocido en la sociedad chilena que el propio animal.
  • Jackie Chan escapó de la cárcel: El “Burro” salía corriendo y dando golpes de karate a los jugadores, hasta que el “Palo” pusiera fin a esta licencia. Como en “King Kong escapó del zoológico”, nadie podía detenerlo ni contestar su agresión, sólo escapar.
  • Corre el aceite: Mientras el “Palo” completaba esta frase, todos le clavaban un dedo en la base de la espalda al “Burro” y simulaban desde ahí un líquido espeso corriéndole hasta las nalgas, con la punta de los dedos. El “Burro” solía sacudirse desesperado por zafarse de esos dedos. Era una de las torturas que más molestaban a quien tuviera la desgracia de asumir el rol de “Burro”. Algunos le decían también “Corre la manteca caliente”.
  • Choritos en el mar: El “Palo” preguntaba “¿Qué hay en el mar?” y todos respondían “¡Choritos!” haciendo una mímica similar a la del “Corre el aceite” en el traste del “Burro”, pero como si buscaran mariscos en una grieta.
  • El servicio: Consiste en una secuencia de frases y órdenes relacionadas con los cubiertos o servicios de una mesa. Empieza con “A los cuchillitos”, donde todos los partícipes fingían cortar la espalda del “Burro” con cuchillos imaginarios, simulados con el canto de cada mano. Luego viene A los tenedores”, y los actores clavaban sus dedos en la espalda del “Burro” simulando ahora tenedores. Termina con “A las cucharitas”, que exige golpear la espalda del “Burro” con la mano cóncava y haciendo una curva, como una cuchara. El orden solía ser éste pero, a veces, el “Palo” lo cambiaba para producir un error entre alguno de los jugadores y castigarle degradándolo a “Burro”.
  • Las agujitas: Lo mismo que “Los tenedores”, pero usando sólo un dedo a la vez.
  • Las pulguitas: Todos pellizcaban la espalda del “Burro”. También le llamaban “Las hormiguitas”.
  • Las pirañitas: Lo mismo que “Las pulguitas”, pero con más violencia y usando todos los dedos.
  • Los tambores: Se golpeaba la espalda del “Burro” con las manos empuñadas y como haciendo percusión. También el decían “Los combitos”.
  • A matar las hormigas: También se le llamaba “Matar pulguitas” o “Matar baratas”. Todos procedían a golpearle la espalda al “Burro” como si intentaran aplastar pequeños bichos desplazándose por ella.
  • Monito colgando a las 10: Consistía en que, al dar el “Palo” o “Capitán” esta orden, todos los jugadores debían correr como bala hacia cualquier cosa que les permitiera subirse y no tener los pies en el suelo, como bancas, árboles, muros, rejas, piedras, etc. El “Palo” cuenta hasta 10 como plazo, para castigar a quien no alcance a colgarse. En la mayoría de las veces, el “Burro” y el "Palo" tienen derecho a salir persiguiendo a los jugadores durante esta cuenta.
  • Monito colgando a las 5: La misma que el “Monito colgando a las 10”, pero con sólo 5 segundos. Incluía patadas para el que no alcanzaba a “colgarse”.
  • Monito colgando: Lo mismo que las anteriores, pero sin limitaciones de tiempo. Simplemente, el que llegaba a colgarse último era el próximo “Burro".
  • Monito colgando con palito en la boca: Lo mismo que la anterior, pero además de colgarse había que alcanzar a recoger una rama o palito de árbol y ponérselo en la boca. Esto revela lo mucho que se jugaba "Al Pegar, Pegar" en lugares como plazas, patios y parques. La principal dificultad de esta prueba era que "Burro" y el "Palo" aprovechaban de patear en la agachada de los jugadores, mientras intentaban recoger el palito.
  • Probando el colchón Rosen: Había grandes variaciones para esta prueba. Unos la jugaban tirándose sobre la espalda del “Burro” como si se acostaran en un colchón nuevo, acomodándose y clavándole los codos. Los jugadores pasaban uno por uno “probando”. Otros, obligaban al “Burro” a tenderse en el suelo y allí hacían la prueba. Pero la variación de la prueba producía ciertas confusiones. En otras, por ejemplo, el “Palo” obligaba a todos a tenderse en el suelo unos junto a otros, generalmente de guata, parecido a pruebas como “La alfombra de Pinochet” o “El pisapoto”, que comentamos más abajo, y él se acostaba encima también fingiendo probar un colchón nuevo, con clavada de talones y codos incluida. A veces, invitaba a participar al “Burro”.
  • La carta a la abuelita: Era el castigo de mayor connotación sexual en el juego. Cada jugador se ponía en fila tras el “Burro” simulando redactar y escribir una carta sobre la espalda del mismo, que siempre empezaba igual: “Querida abuelita…”. Había algunas variaciones menores para la forma en que era humillado el “Burro” durante esta rutina, pero lo tradicional era que le clavaran con fuerza y dolorosamente un dedo en la espalda (la pluma o lápiz) cuando el jugador escribía y señalaba a viva voz “punto” y “coma”, fingiendo punteárselo por atrás y marcando con aún más energía y golpes adicionales los “punto aparte” o el “punto final”. También le pasaban el dedo entre los muslos al "Burro" para hacer la parodia de estar sacando “tinta” con la pluma. Era tan denigrante esta rutina del juego que, por acuerdo o previa consulta al “Palo”, se convenía a veces en omitirla. Pero los cabros chicos, como lo cachaban mucho de la orientación sexual de estas torpezas, la integraban en el juego sin entender mucho para dónde iba la cosa. A pesar de todo, salían historias y bromas muy divertidas en los contenidos de la "carta" que cada jugador improvisaba.
  • La carta al Viejito Pascuero: lo mismo que la “Carta a la abuelita” pero con más golpes, como si se estuviese enojado, y redactando una petición navideña de regalos extraños en tono de exigencia y generalmente increpando ofensivamente al Viejito. A veces, se exigía ser original con la petición de obsequios; el que repetía uno ya dicho, quedaba de “Burro”. En otros casos, no se pedían regalos, sino que se reclamaba de manera soez al personaje por no haberlos recibido, pero de todos modos había que mencionarlos. Conviene recordar que la edad en la que uno se iniciaba jugando "Al Pegar, Pegar", hacia la preadolescencia, coincide más o menos con la época en que uno ya estaba informado de la inexistencia del mentado Viejito Pascuero.
  • El flipper: Estas máquinas de diversión, los pinballs, estaban de moda entonces y prestaron su nombre a otra de las pruebas más pervertidas de “Al Pegar, Pegar”. Se simulaba al “Burro” como un flipper, y los jugadores pasaban uno por uno “echando ficha” (dedos clavados en el poto), “tirando la bolita” (un terrible pellizco en el trasero, mermado sólo por el grosor de la tela), “apretando los botones” (clavando los dedos a ambos lados del bajo tórax) y “sacudiendo la máquina” (punteos por atrás y zamarreos). A veces, cuando algún abusón se pasaba de la raya sacudiendo al “Burro”, el “Palo" lo castigaba diciendo que había hecho tilt, en relación al castigo que los flippers le daban a los jugadores que golpeaban o agitaban demasiado a la máquina.
  • La lavadora: Entre todos, levantaban horizontalmente al “Burro” y comenzaban a darle vueltas sobre sí mismo, como si fuese ropa en una centrífuga. Había variaciones, pero ésta forma de ejecutar la prueba me parece que era la más popular.
  • Linterna verde: El nombre proviene del superhéroe de los comics de la DC que estaban de moda en las animaciones de “El Salón de la Justicia” en la TV de aquellos años. Otros le llamaban “La Foto” o, simplemente, “Linternita”. Cuando el “Palo” anunciaba esto, rápidamente tomaba al “Burro” abrazándolo por la espalda y cerrando las manos cerca de su pecho, en la misma posición que ambos se encontraban, pero lo levantaba permitiéndole mirar cabeza abajo hacia los jugadores, que salían corriendo despavoridos. El “Palo” lo movía como el haz de luz de una linterna, barriendo de un lado a otro. A veces, lo hacía emitiendo un ruido como pip-pip-pip (como un detector, se supone). El primero que alcanzara a ver y denunciar el “Burro” o que se quedara sin escapar, sería castigado tomando su lugar. Había una opción para hacer abortar esta prueba: si alguno de los jugadores alcanzaba a ponerle un puntapié al “Burro” antes de que el “Palo” lo levantara, se decía que “alcanzó a quebrar la linterna” o “quebrar el foco” y, por lo tanto, a nadie pudo “alumbrar” a tiempo. No confundir esto último con un puntapié llamado Quebrá’ de foco”, que veremos más abajo.
  • Linterna roja: Lo mismo que la verde, pero con pateadura incluida para el que era “alumbrado”. Por una confusión, algunos llamaban “Linterna roja” a la que originalmente correspondía a la “Linterna bip-bip-bip”, que veremos a continuación. También regía la posibilidad de quebrarla a tiempo con un puntapié.
  • Linterna bip-bip-bip: Lo mismo que la “Linterna verde” pero con el “Palo” apuntando a los jugadores, con el poto del “Burro”, por lo que el primero tenía más participación en la elección de la presa. Aquí, el ruido que hacía el “Palo” era un “bip-bip-bip”, como lo dice su nombre. Había una opción para anular también esta linterna, y consistía en que uno de los jugadores le alcanzara a tapar el poto al “Burro” impidiendo que el rayo apuntara a alguien.
  • La mordía’e la yegua: Cuando el “Palo” avisaba de esto, todos tenían que encrespar los dedos sobre los muslos del “Burro”, provocándole un doloroso apretón que simulaba el mordisco de un caballo. Esta forma de agresión es antigua y fue incorporada a la rutina de “Al Pegar, Pegar” por la costumbre.
  • Todos cojitos: Con tal instrucción, todos tenían que quedarse parados en un pie y sin apoyarse en nada más. Si era la pierna derecha o la izquierda la que se elevaba, era algo que podía ser definido por el “Palo” o “Capitán” al momento de dar la orden. El primero en fatigarse y perder la posición, pasaba a ser “Burro”.
  • Museo de cera: También llamada “Estatuas”, “Congelados” o “Momias” según el criterio de quienes lo jugaran, la súbita orden obligaba a todos a permanecer de inmediato en la posición en que los pilló el “Palo” al darla. Éste comenzaba a vigilar que ninguno se moviese, riese o perdiera el equilibrio. El primero en hacerlo sería designado “Burro”.
  • La biblioteca: Esta prueba era poco conocida, presente sólo en los años de decadencia de "Al Pegar, Pegar", pero muy recurrida por quienes la tenían en el libreto del juego. Todos debían doblarse como si se sentaran en una silla imaginaria y haciendo la mímica de leer un libro o revista en una mesa, también invisible. El “Palo” se paseaba entre ellos haciendo el ruido shhhh!!!”, para que guardaran silencio. Era una posición fatigante y agotadora, en la que no se podía durar mucho. El que se riese, hiciera alguna exclamación o perdiera la posición, era castigado y pasado a “Burro”. También lo era quien se colocara en alguna postura más descansada y menos convincente de estar sentado.
  • El General revisa sus tropas: Tenía ciertas variaciones, pero por lo común consistía en poner a todos los jugadores en postura militar, formados, mientras el “Palo” paseaba como si pasara revista. En el proceso, daba golpes con el canto de la mano o el puño en partes sensibles del cuerpo de los “pelados”: el pecho, las costillas, el cuello y el abdomen. Si el jugador se reía, se quejaba, perdía la posición rígida o se doblaba, se convertía en “Burro”. Algunos llamaban esta prueba como “O’Higgins revisa sus tropas” o “El soldadito de plomo”.
  • El General desfila a caballo: El mismo “Palo” se subía sobre el “Burro” simulando montarlo en un desfile y sacudiéndolo con violencia. A veces, tarareaba alguna marcha de las que se oyen en los desfiles del Día de las Glorias del Ejército. Todos los demás debían permanecer en postura de formación militar. Si se reían o hacían algún ruido, eran castigados.
  • Napoléon revisa a sus tropas: Es una mezcla de las anteriores “revistas”. Todos eran obligados a formarse en postura militar vista al frente. El “Palo” se subía sobre el “Burro” y pasaba mirando uno por uno a sus soldados. Lo corriente era que, mientras revisaba, el “Palo” hiciera un montón de muecas ridículas y absurdas para tratar de hacer reír al revisado. Si alguien soltaba una risa o perdía la rigidez de la cara, inmediatamente era pasado a “Burro”. Sin embargo, esta prueba tenía algunas alternativas, pues también había quienes la practicaban dándoles golpes a los soldados similares a los de “El General revisa sus tropas”, lo que llevó a confundir los nombres de ambas pruebas y provocar confusiones que siempre aparecían cuando el “Palo” solicitaba realizarla. Otros la llamaban “La parada militar”.
  • Estatua de Napoleón: Con esta orden, todos los jugadores debían ponerse en una fila en orden de llegada. El “Palo” los sacaba a un lado y, uno por uno, se subía sobre ellos como si fueran caballos, adquiriendo posiciones extravagantes y heroicas, como una estatua ecuestre. Todos contaban hasta 10 en cada montada. Si el jugador se cansaba y se movía o perdía su posición de caballo, era degradado de inmediato a “Burro”.
  • Montoncito: Con esta orden, todos saltaban sobre el “Burro” tratando de permanecer allí tanto como fuera posible. El “Burro” era obligado a soportar una cantidad de segundos con su carga humana encima. Si alguno caía del montón en ese lapso, pasaba a ocupar su lugar.
  • La micro: También llamada “La micro llena”, aquí el “Burro” se convierte en microbús. Uno por uno, los jugadores “cortan boleto” pegándole un tirón con los dedos a la tela del pantalón entre las nalgas, con pellizco incluido, y se van subiendo sobre éste hasta que todos quedan arriba o hasta que el "Burro" se derrumbe. Había algunas variaciones, por supuesto: Para aligerar la tortura, por ejemplo, algunos preferían ejecutarlo con uno, dos o hasta tres jugadores por vez arriba del “Burro”, que tenía que soportarlos una cantidad de segundos sobre su lomo, mientras hacía el ruido del motor y las sacudidas de un microbús en movimiento. Otros le agregaban personajes extras que podían ser tomados por algunos de los jugadores, como “el colado”, que saltaba encima de todos los demás y sin cortar boleto (sin pagar, se entiende), y el “cantante de micro”, que se subía sobre todos los demás también sin pagar pero cantando, como lo haría un artista de la locomoción colectiva.
  • La micro con boleto: Lo mismo que “La micro” común, pero aquí se exigía a los jugadores mostrar algún boleto de micro real que trajeran en sus bolsillos o que alcanzaran a recoger del suelo o, de lo contrario, no podrían subir. También regía en algunos casos la posibilidad de que “el colado” y el “cantante de micro” subieran sobre el “Burro” sin necesidad de mostrar boleto.
  • La micro sin boleto: Es “La micro” pero todos se suben “a la mala”, sin cortar boleto ni mostrar boletos reales, y generalmente de forma tan desordenada y súbita que el “Burro” solía terminar en el suelo. En la práctica, no guardaba mucha diferencia con "El montoncito".
  • Callejón oscuro: Todos, incluido el “Burro”, eran formados en dos filas paralelas y mirándose de frente, en pares. Cada uno de los jugadores debía pasar por el medio, recibiendo una lluvia de puñetazos. Pese a todo, era una de las pruebas más entretenidas y esperadas del juego. El “Palo” también podía desentenderse de su pasada por este castigador rito si gritaba a tiempo “Burro y Capitán no pasan” salvando, de paso, al “Burro” de esta paliza gratuita. El nombre proviene del peligro que representaban ya entonces los callejones mal iluminados de la ciudad, comúnmente aprovechados por la delincuencia. Podía ser con una o dos pasadas ("ida y vuelta"), según el criterio (o descriterio) del "Palo".
  • Callejón oscuro chino: Lo mismo que el anterior, pero cuando el “Palo” permitía más agresiones que sólo combos, como patadas, rodillazos y hasta escupos.
  • Callejón oscuro con patá: Era lo mismo que el “Callejón oscuro” pero sólo con puntapiés, sin golpes de mano. La única forma de pasarlo relativamente íntegro era con velocidad.
  • Callejón de maricones: Lo mismo que el “Callejón oscuro”, pero con gritos afeminados, tirones de pelo y rasguños en lugar de combos. Otros le incluían la posibilidad de simular “agarrones”.
  • Callejón de Bruce Lee: Lo mismo que el “Callejón oscuro”, pero con golpes y gritos como de artes marciales. Este detalle del nombre revela un contexto de tiempo relativo al origen del juego, hacia principios de los ochenta como hemos dicho, pues fue la época en que estaban de moda las películas de karate de Bruce Lee en Chile. También fue llamado “Callejón de Jackie Chan”, cuando comenzaron a llegar las películas de este actor.
  • La mansión siniestra: Otra prueba que debía su nombre a una de las diversiones del parque Fantasilandia. Era casi lo mismo que el "Callejón oscuro", pero los jugadores debían pasar con los ojos cerrados. Si los abrían, eran penalizados, aunque rara vez se cumplía estrictamente esta exigencia. Era una de las pruebas donde más machucado podía salir uno.
  • Cagando en misa: Al recibir esta orden, todos los presentes debían colocarse en cuclillas y, con las manos metidas por detrás de las rodillas dobladas y puestas frente al jugador. Debían permanecer en posición de rezo, palma con palma. El que fallaba en esta posición o lo hacía al último, podía ser castigado colocándosele en el lugar del “Burro”. Como esto no siempre sucedía el "Burro" podía comenzar a sacudir a los jugadores o darles un empujón en la frente para tratar de hacerles perder el equilibrio y desordenar su posición, caso en el cual pasaban a ocupar su puesto.
  • La moto: Cada participante se subía en la espalda del “Burro”, le tomaba las orejas con las manos empuñadas y se las torcía dolorosamente mientras hacía el ruido de un motor en marcha (“ran, ran, raaaaaannn…”), al tiempo de rasparle la pierna al infeliz con el pie, como si acelerara una moto real. También le doblaban la cabeza como si efectivamente, se tratara de un manubrio y haciendo la mímica de enfrentar curvas del camino.
  • Cumpleaños feliz: Conocido también como “El cumpleaños” o “La torta”, se ponían todas las manos con un golpe sobre la espalda del “Burro”, simulando un pastel de cumpleaños. El “Palo” o “Capitán”, con el canto de la mano, golpeaba encima del infeliz como si cortara trozos de la torta con un cuchillo. Luego, con la mano en forma de espátula, clavaba dolorosamente el espinazo, haciendo la mímica de estar sacando los trozos. Pedía que le pasaran “platos” y los jugadores dejaban caer con fuerza las manos abiertas sobre la espalda del “Burro”, uno por uno o todos juntos, según la forma en que se jugara. El “Palo”, ahora, arrojaba el imaginario “trozo” de pastel con su mano empuñada sobre el plato invisible, siempre golpeando la espalda del “Burro”. El jugador podía simular que se comía el pastel con un tenedor de dedos que clavaba sobre la misma espalda ya bastante resentida.
  • Noche en la disco: También llamada “Bailando en la disco”, exigía que todos se pusieran a bailar la música imaginaria de onda “disco”, de la misma que aún sonaba en las radios de esos años. El que no alcanzara o lo hiciera “mal”, a criterio del “Palo”, era castigado y puesto de “Burro”.
  • Noche en la disco con pareja: Lo mismo que la anterior, pero el supuesto baile se improvisaba rápidamente en pares. El que quedara solo, era convertido en "Burro". Sólo funcionaba cuando la cantidad de jugadores era impar.
  • Adivinar tres palabras: Al oír esto, todos se hacían a un lado y el “Palo” y el “Burro” se ponían de acuerdo en tres palabras, generalmente marcas de cigarrillos, nombres de países o de colores. Luego, cada jugador, uno por uno, era consultado para que las adivinara. El que le apuntara a menos, pasaba a ser el “Burro”. Generalmente, se metía esta prueba como un recreo o descanso entre etapas más violentas y demandantes.
  • Prueba de Aptitud Académica: En la realidad, la PAA era el equivalente a la PSU de nuestros días. En el juego, consistía en un interrogatorio sencillo sobre materias diversas. Se la exigía también como recreo entre pruebas más drásticas, para que los participantes respondieran preguntas de conocimiento general formuladas por el “Palo” en consulta con el “Burro”. Generalmente, eran capitales de países, marcas o colores de banderas. Temas escolares, de preferencia. El que no respondía correctamente, era castigado y pasado a rol de “Burro”.
  • Prueba de matemáticas: Llamada también "La Calculadora", el “Burro” y el “Palo” se ponían de acuerdo en ciertas operaciones matemáticas simples y pedían a cada jugador resolver una o más de ellas sin papel ni calculadora o lápiz, asumiendo la postura de profesores examinando a sus alumnos. El que fallaba en el cálculo, sonaba.
  • Prueba de castellano: El ramo de lenguaje era llamado por entonces castellano. Esta vez, el “Burro” y el “Palo” convenían en consultar a cada jugador sobre la forma de escribir una palabra o deletrearla. Si se equivocaba, era castigado. Obviamente, abundaban las arbitrariedades sobre ortografía y más de alguno nos sentimos injustamente sancionados con esta prueba, por la ignorancia del “Palo”.
  • Jesús le pega a sus discípulos: El “Burro” salía a pegarle a todos los jugadores, casi tal como sucedía en “King Kong arrancó del zoológico”.
  • Los discípulos le pegan a Jesús: Al revés, los jugadores castigaban a golpes al “Burro”. A diferencia de “King Kong llega a Chile” u otras pruebas parecidas, ésta y la anterior de “Jesús le pega a sus discípulos” siempre tenían que ir juntas como requisito de validez, como si una fuera un desquite de la otra. El orden en que aparecían lo decidía el “Palo” o “Capitán”.
  • Calzoncillo de Tarzán: A esta orden, todos los jugadores comenzaban a jalarle hacia afuera la parte visible del calzoncillo al “Burro”, por encima del pantalón. Es la travesura que en nuestros días los niños llaman “calzón chino”. Los calzoncillos rasgados o con el elástico desgarrado eran la principal evidencia de las mamás de entonces para descubrir que el niñito había estado participando del juego prohibido de “Al Pegar, Pegar”.
  • Último en llegar: A veces, el “Palo” o “Capitán” escogía algún punto arbitrario del entorno (un árbol, un muro, un poste, un grifo, etc.) y gritaba que “El último en llegar” a tal lugar, pasaría a ser el “Burro”, provocando la estampida.
  • Último en ir y volver: Otras veces, la prueba anterior variaba en la modalidad de castigo para el último en “ir y volver” desde el punto señalado.
  • ¡Todos esconderse!: Se la llamaba también “Desaparecer” y “El hombre invisible”, que era una serial de acción de la época. A la orden del “Palo”, los participantes debían partir a ocultarse tras lo primero que encontraran. El último en hacerlo y que quedara visible, pasaba a ser “Burro”. Generalmente, contaba hasta 10 como plazo, por lo que algunos denominaban la prueba también como "Hombre invisible a las 10".
  • Sacar manjar y salir arrancando: Se simulaba meter la mano en la línea de las nalgas del “Burro” para sacar “manjar” (la comparación era del color y textura del excremento con el dulce de leche, llamado manjar en Chile) y, acto seguido, había que escapar a toda prisa, porque el primero que éste último alcanzara a atrapar, era el que lo relevaría en su posición de castigado. Lo mismo le sucedía al que no alcanzara a sacar “manjar”. Hubo una variación en donde los jugadores sacaban uno por uno el “manjar” y debían arrancar antes de que el “Burro” volteara y lo atrapara.
  • ¿Con qué se come pan?: Era lo mismo que “Sacar manjar y salir arrancando”, pero se activaba con una pregunta del “Palo”, que decía: “¿Con qué se come pan?” o bien “¿Cómo se come el pan en la once?” y todos los jugadores respondían a coro “¡Con manjar!” mientras simulaban arrancarle excrementos al “Burro”. Pura escatología. En este caso, el pobre debía soportar el castigo sin posibilidad de salir a perseguir a los agresores.
  • Caballito blanco: Uno a uno, los jugadores montaban al “Burro” y simulaban galopar con cierta violencia sobre su espalda, intentando hacerle doblar las piernas con el peso. Era muy corriente que esto se hiciera cantando la canción de cuna “Caballito blanco, llévame de aquí…”. De ahí el nombre. Como en “El General revisa su caballo”, había ocasiones en que el “Palo” exigía que se contuviesen las risas durante la prueba, según recuerdan algunos.
  • Gánesela al toro: Llamado así por un concurso de montura de un toro mecánico, que existió en el programa de TV “Éxito”, tenía semejanza con “El caballito blanco”, pero saltando más violentamente, como lo harían sobre un caballo o toro de rodeo gringo. Aquí, el “Burro” debía poner de su parte para tratar de tirar al suelo a su jinete. El que caía, era castigado.
  • Pisando olitas: También llamado “Arena movediza”, “Paseo en la playa” o “Caminando en el mar”, todos los jugadores eran obligados a colocarse boca abajo en suelo con cierta distancia entre uno y otro, y moverse como si fueran olas del océano, de lado a lado. El “Palo” pasaba por encima, pisándoles las nalgas en movimiento a todos los torturados. También podía invitar al “Burro” a pasar y eximirlo así del castigo.
  • Pisapoto: Lo mismo que “Pisando olitas”, pero los jugadores debían permanecer inmóviles y sin quejarse, o eran sancionados.
  • Alfombra de Pinochet: No podría haber una denominación más contextualizada en el tiempo que la de esta prueba. Parecida al “Pisapoto”, pero los jugadores debían colocarse juntos, formando una plataforma humana. Si era de espalda o de guata, lo decidía el “Palo”, quien caminaba sobre ellos pisándolos donde sea necesario y hasta simulando limpiarse los zapatos, como si fueran un choapino. Podía hacer hasta tres pasadas y liberar al “Burro” de ser parte de la alfombra, invitándolo a pisar también a los jugadores.
  • Rajapoto: Aquí se castigaba sólo al “Burro” con una temeraria tortura. Todos se arrojaban encima con la velocidad de un ataque; le tomaban las piernas y se las abrían tanto como pudieran. Algunos usaban algún árbol o poste como “eje” para anclar al infeliz “Burro” durante el calvario. Era peligroso, así que el “Palo” debía estar atento a ponerle fin al asunto en el momento indicado.
  • Parir la chancha: Es, en realidad, otro antiguo juego practicado en Chile, Argentina y España, en que los niños se empujaban con sus cuerpos unos a otros sentados en una banca, hasta hacer caer alguno del extremo, dando cabida así a otro en las posiciones centrales. Como “Al Pegar, Pegar” era un juego esencialmente callejero, no hubo demasiado problema con introducir una adaptación del “Parir la chancha” como prueba, pues siempre había cerca alguna banquita de plaza o, en su defecto, se designaba un tramo de la acera marcándolo con piedras o alguna mancha para usarlo por tal.
  • Reventar el tomate: Otros le llamaban "Jugo de Tomate". El "Burro" se ponía de pie e hinchaba sus mejillas con aire, conteniendo saliva en su boca. Cada jugador debía ponerse frente a él, y golpearle ambas mejillas con las manos de una vez, como si intentara reventar un globo. La coordinación debía ser perfecta y agacharse en el momento preciso, porque al "reventarle" los cachetes al "Burro", éste soltaba el escupo hacia el frente, donde estaba la cara del agresor. Tanto el que no alcanzaba a esquivar el escupo como el que se agachaba antes del golpe, era castigado.
  • Cachetá’el payaso: Muy parecido a “El General revisa sus tropas”. Todos debían colocarse ordenados como formación militar, vista al frente, y el “Palo” pegaba una cachetada con la mano abierta a cada uno de los jugadores. El que levantara la mano, o sacara la cara esquivando el golpe pasaba a ser el “Burro”. En ocasiones, se exigía incluso no pestañar. El nombre proviene de una rutina circense que era muy común en esos años y en que los payasos se abofeteaban ruidosamente con grandes guantes de utilería.
  • Patáal Burro: Todos debían patear inmediatamente al “Burro” al recibir esta orden. El que lo hacía al final podía ser castigado ocupando su lugar, dependiendo de cómo lo jugara el grupo. Si algún abusón lo pateaba de puntete o en los genitales, también podía ser castigado por el “Palo” y degradado a asumir la posición del “Burro”.
  • Patádel Burro: Esta vez, el “Burro” patea pero desde su lugar, sin cambiar su posición de tabla, precisamente como lo haría un asno, hacia atrás. El primero en recibir el golpe pasaba a su lugar. El que se equivocaba y pateaba al “Burro” habiendo escuchado mal la contracción de la orden (al por del), comprendiéndola así de la manera equivocada, inmediatamente pasaba también a ser el “Burro”.
  • Patear al Burro y salir arrancando: Lo mismo que la prueba de “Sacar Manjar”, pero con una patada. A diferencia de la simple “Patá’ al Burro”, aquí había que emprender escape antes de que el “Burro” agarrara a su reemplazo.
  • Romper los focos: Consistía en patear al “Burro” pero por los costados exteriores de los glúteos, casi en las caderas, simulando quebrarle los focos traseros a un vehículo. No confundir con el concepto de “quebrar el foco” que se aplicaba como posibilidad de anular la prueba de la “Linterna verde”.
  • Gol de Caszely: Llamado así en alusión al famoso penal perdido por el goleador nacional Carlos Cazsely en el Mundial de España 1982, consistía en una patada al “Burro” pero dada con “vuelo”, es decir, tomando impuso desde la distancia, y con los jugadores ejecutándola uno a uno, por turno, como tirando penales. También era llamada “Gol de Chile”. A veces, el show iba acompañado de una histriónica levantada de brazos, el grito “¡Gooool!” por parte de todos y la celebración de los demás jugadores, como si se tratase de un gol real.
  • Los 10 goles de Pelé: La estrella brasileña del fútbol era una leyenda de proporciones míticas en esos años, tras su retiro definitivo. La prueba consistía en que los jugadores harían una fila tras el “Burro” y, uno a uno, tendrían que hacer 10 goles (patadas o golpes en el poto) pero con técnicas distintas: de “chilena”, de rabona, de puntete, de costado, de izquierda, de taquito, de muslo, de rodilla y hasta de cabeza y de pechito. No podía repetirse ninguna, ni en la secuencia de cada jugador, ni entre un jugador y otro, por lo que todos se peleaban los primeros lugares en la fila, para cuidar la originalidad y no terminar castigados de “Burro”.
  • Los 3 goles de Pelé: Lo mismo que la anterior pero con sólo tres goles distintos de exigencia. Esto era decidido por el “Palo”, generalmente cuando había demasiados jugadores y la variedad de goles no podía ser mucha.
  • El faro: Parecido a la “Linterna verde” e incluso frecuentemente confundida con esta prueba. El “Palo” podía levantar súbitamente al “Burro” y ponerlo de frente contra los demás participantes. Le tapaba los ojos y le movía la cabeza como una cámara haciendo un barrido sobre un plano. En un segundo, le destapaba la vista y volvía a poner la mano encima, procediendo a consultarle “a quién vio primero”. El que fuera mencionado, tomaba su puesto.
  • Filita india: Todos se colocan en fila india de frente al “Palo”. Éste le pide al “Burro” decir un número al azar entre el uno y la cantidad de jugadores presentes. El número que diga será contado desde el inicio de la fila y, a quien le corresponda la posición, asume como “Burro”.
  • La bomba: Todos golpeaban súbitamente la espalda del “Burro” emitiendo los sonidos de una explosión, por algunos segundos. El protocolo era abrir la mano justo en el momento de hacer contacto. Había quienes hacían la mímica de una bomba siendo arrojada y cayendo con sonido de precipitación sobre la espalda del infeliz.
  • Orejitas calientes: Los jugadores se ponían en formación vista al frente y, generalmente, de rodillas, para que el “Palo” y el “Burro” les frotaran las orejas con las manos, dejándolas coloradas y adoloridas. Si alguno se reía, se quejaba o intentaba esquivar la tortura, pasaba a ser el “Burro”.
  • Bombazo de oídos: Un doble golpe en los oídos, con las manos cóncavas, produciendo una terrible presión además del dolor. Lo ejecutaba el "Palo" y, ocasionalmente, también le acompañaba el "Burro".
  • La carnicería: Los jugadores hacían fila y actuaban como comprando “presas” del “Burro”, generalmente tres de ellas, que eran cortadas con golpes de la mano del “Palo” (el carnicero, simulando tener un cuchillo), luego envueltas en su espalda y entregadas al cliente. Si alguno de los jugadores pedía algún corte o miembro del cuerpo que ya había sido vendido, era sancionado.
  • Los siete enanitos: Me parece que esto proviene de un castigo que se practicaba en los cuarteles militares, que pueden haber tenido muchas más influencias sobre el juego de “Al Pegar, Pegar”. También llamada "Paso del enano", los jugadores eran obligados a colocarse de rodillas o en cuclillas unos detrás de otros y el de atrás agarraba las dos orejas del de adelante. Debían caminar así, en procesión y como enanos. Cada atraso o adelantamiento significaba un tirón de las orejas. El “Palo” exigía a veces, cantar la canción Aijó, Aijó, al bosque a trabajar” mientras esto sucedía. Lo de “siete” enanos era sólo la alusión a los duendes de Blanca Nieves, pues el número dependía de la cantidad de jugadores.
  • Última mano: Después de pruebas como “Monito colgando a las 10” o “Último en llegar a…”, cuando los jugadores están dispersos y lejos del “Palo”, éste podía estirar su brazo hacia adelante y gritar “¡Última mano!”, caso en el cual los jugadores debían correr a toda prisa de vuelta hacia él y, el último en tocarle la mano extendida, pasaba a ser el “Burro”.
  • Pescado frito: Los jugadores tenían que tenderse de espalda en el suelo y sacudirse como lo harían en un sartén de aceite caliente, haciendo el mismo ruido. Tenían que escupir partículas de saliva hacia arriba, con la vista al cielo, como si fueran salpicaduras de aceite. El problema era que la saliva caída de vuelta en la cara. El “Palo” y el “Burro” pasaban vigilando puntillosamente para que todos se estuviesen friendo con esta característica. Si alguno escupía mal o muy poco, era castigado y pasado a “Burro”. Como algunos llamaban esta prueba también “El bistec”, se corrompió entre algunos niños su denominación a “Bistec alemán”, cosa absurda, pues dicho platillo germano es crudo, cocido sólo con limón.
  • Huevo frito: Había variaciones bastante grandes según los barrios o colegios donde se practicaba esta prueba. La que yo recuerdo es igual al “Pescado frito”, pero con los jugadores alineados en el suelo y el “Palo” caminando sobre ellos mientras se fríen, pisándolos. Hay quienes llaman “Huevo frito” también a la que acá describimos como el “Pescado frito”.
  • Parche rojo: También provenía del mundo de los cuarteles y se filtró entre los civiles, especialmente los boyscout, gracias al servicio militar de los amigos más mayorcitos de cada barrio. Consistía en que todos se ordenaban muy formados y el "Palo" daba un doloroso golpe detrás del cuello y bajo la nuca, usando sus dedos índice y medio como varillas de castigo. El que gritaba o se quejaba, era sancionado. La hinchazón y el color de la piel golpeada le daban el nombre a la prueba.
  • Chirlito-chirlito: Lo mismo que el "Parche rojo", pero en la parte interior del brazo, sobre la muñeca. El "Palo" podía pegar hasta tres veces.
  • Desórdenes en el estadio: La violencia en las barras de fútbol era un tema nuevo en aquellos años. Cuando el “Palo” llamaba a esto, todos los jugadores debían comenzar a golpearse e insultarse entre sí como si se tratara de una batalla campal de hinchas de fútbol. Obviamente, procuraban moderar los golpes, pero el que no participara o se demorara demasiado en ingresar a la escaramuza, pasaba a ser el “Burro”
  • Salida del estadio: Todos comienzan a empujar o apretar sus cuerpos contra el “Burro”, como si estuviesen saliendo masivamente desde algún recinto y por alguna puerta estrecha.
  • La trampa del conejo: El "Palo" y el "Burro" se colocaban con las manos tomadas haciendo un aro o anillo con los brazos, cerca del suelo e inclinados. Los jugadores debían pasar cuidadosamente por entremedio del anillo sin tocarlo, prueba extremadamente difícil. Si uno se equivocaba y rozaba siquiera un borde, todos corrían a patearlo y lo pasaban por el anillo a puros puntapiés.
  • La trampa del conejo eléctrica: También era llamada "Trampa con corriente". Lo mismo que la anterior, pero con la dificultad extra de que el "Burro" y el "Palo" procuraban mantener un tiritón con sus brazos, para aumentar las probabilidades de tocar a los jugadores y ser penalizado.
  • Revisión de momias: No confundir con "Momias" o "Museo de cera". Aquí, todos los jugadores debían tenderse en el suelo, de espaldas y tiesos. El "Burro" y el "Palo" los iban levantando para comprobar la rigidez, tomándolos uno de los pies y el otro de los hombros o el cuello. El jugador que se doblara o perdiera su parálisis era castigado.
La "Linterna verde". Forma en la que era levantado el "Burro" por el "Palo".
Existían otras pruebas quizás no tan populares o más bien posteriores a nuestra generación, de las que sólo recordamos sus nombres, mas no tenemos tanta claridad de las reglas o procedimientos, así que invitamos a nuestros lectores a aportarnos información que pudiesen guardar en su memoria a este respecto:
  • "Visita a la granja"
  • "Titanes del ring"
  • "Plancha"
  • "Plancha mexicana"
  • "Perritos calientes"
  • "La mosca"
  • "El mundo al revés" (o "Mundo alverre")
  • "Linterna azul"
  • "Disturbios en el centro"
  • "Atentado terrorista"
  • "Rafaella Carrá llega a Chile"
  • "Ultraman llega a Chile" (o "Ultraseven llega a Chile")
  • "El arrollado"
  • "Llegaron los vaqueros"
  • "Llegaron los indios"
  • "La silla eléctrica"
  • "La guillotina"
  • "Huevo duro"
  • "Pescadito fuera del agua"
  • "Bomba atómica"
  • "El leñador"
  • "El combate naval de Iquique" (supongo que es lo mismo que "Arturo Prat salta al Huáscar")
  • "El circo"
  • "Visita al zoológico"
  • "Eliseo Salazar se saca la chucha"
  • "La feria"
  • "Don Quijote"
  • "Cuchillo sin filo" (o "Cuchillito que no corta")
  • "Cacha de gatos"
  • "El cóndor se caga"
  • "El membrillo"

miércoles, 24 de diciembre de 2008

LOS RESCATES ANTÁRTICOS DE 1967 Y 1969

Navío Piloto Pardo
La siguiente carta apareció publicada en el diario "Las Últimas Noticias" del domingo 7 de diciembre de 2008, bajo el título "Rescate Antártico":
Los tenientes Fredrick Corthorn Besse, Héctor Higueras Ormazábal, Víctor Parada Kreft y Hugo Bruna Greene, aviadores navales de la Armada, fueron condecorados en la década del 70 con la Medalla Al Valor, luego de destacadas acciones el 5/12/1967 y 21/02/1969 en la Antártica chilena, al rescatar a las dotaciones inglesas y nacionales atrapadas en isla Decepción, al producirse en la zona violentos sismos con erupciones volcánicas de gran magnitud.
En la primera de las operaciones, la dotación del transporte Piloto Pardo lanzó sus helicópteros para socorrer a la dotación inglesa de John Biscoe y chilena de Pedro Aguirre Cerda. Cada tarea se cumplió en medio de una atmósfera enrarecida, contaminada con humo, gases sulfurosos, cenizas y granizos. Pese a todo el salvamento fue un éxito: los aviadores Corthorn e Higueras hicieron derroche de valor y temeridad ante la brusca turbulencia.
En 1969, el Piloto Pardo debió volver al mismo lugar ante un pedido de auxilio de las autoridades inglesas para rescatar a cinco científicos que se encontraban refugiados en Bahía Decepción soportando una lluvia de piedras, lodo y cenizas. Uno de los científicos aseguraba a sus compañeros que esta vez los helicópteros del buque chileno no podrían llegar hasta donde se encontraban, por las difíciles condiciones existentes. Pero las frágiles aeronaves, tripuladas ahora por los pilotos Parada y Bruna, aparecieron en medio de la ventisca y la lluvia de cenizas para brindar su apoyo.
Estas hazañas realizadas por los tripulantes del Piloto Pardo y los aviadores navales chilenos llevó el prestigio de nuestros marinos a todos los rincones del mundo resaltando el coraje y profesionalismo de los integrantes de la Armada, reconocidos por el propio gobierno de Gran Bretaña y por el Consejo Superior de la Defensa Nacional, que realizadas las investigaciones correspondientes les otorgó a los cuatro oficiales la Medalla al Valor, en un contexto de trascendencia histórica que hoy recordamos.
Manuel Chamorro Moreno
Suboficial (R) Armada

sábado, 20 de diciembre de 2008

REVELACIONES DE UNA VIEJA FOTOGRAFÍA Y OTROS DOCUMENTOS... ¿CÓMO SE METIÓ EL “VIEJO PASCUERO” EN NUESTRA TRADICIÓN NAVIDEÑA?

Un "Viejo Pascuero" en la Plaza de Armas en la Navidad de... ¡1930!
Nada me parece más exótico y extraño en nuestra cultura que el “Viejo Pascuero”, nuestra alteración adaptada del tradicional San Nicolás, Santa Claus (Klaus) o Papá Noel que llegara a instalarse a América Latina desde los países del Hemisferio Norte. Inspira un poco de burla y crueldad verlos vestidos en plena transición de primavera-verano a la usanza del más frío de los inviernos, de esos que hace varias Eras no hay ya en Santiago. Una cadena de tiendas incluso ha colocado unos hombres de nieve plásticos en la entrada de sus locales. Allí los veréis, en el Centro; a los Viejitos asándose casi hasta el infarto bajo el sol estival; cociéndose vivos con su propio sudor, dentro de trajes rojos de telas tan delgadas y frágiles como el burdo intento de simular al personaje original del invierno anglosajón lo permita, aunque nosotros debemos conformarnos con renos de cartón o palo. Ni los actores que encarnaron al robot C3PO o al monstruo de “Alien” lo deben haber pasado tan mal bajo tanto aderezo.
Creo que ni siquiera nuestra idiosincrasia va con el tierno viejito navideño. Sentar un cabrochico en las piernas es, acá en Chile, inmediata sospecha de pedofilia. Además, los chilenos, particularmente los santiaguinos, por alguna razón nos vemos tan falsos y artificiales cuando queremos lucirnos del lado del Bien, de la Bondad, de todo lo que sea altruista. Mis padres recuerdan cómo uno de los “viejos pascueros” de la Plaza de Armas, a mediados de los setentas, se agarró a puñetes con otro Viejito del gremio porque éste le ocupó su trineo para tomarse una foto con uno de estos cabrochicos que se creen el cuento. En medio de la violenta pelea, los niños presentes estallaron en llanto al ver a dos émulos del espíritu de la Paz y el Amor en la Navidad reventándose a combos, con chuchadas y amenazas incluidas. Luego de los trajes rojos, pasaron los de trajes verdes (una pesadilla para daltónicos) y sólo entonces se recuperó el orden y se restauró el sentido de nuestra Pascua de Navidad en pleno Régimen Militar.
No ha cambiado mucho nuestro cinismo desde aquellos años: Me han echado la foca en los centros comerciales donde traté de tomarle estas fotos al Viejo Pascuero de turno, bajo la prerrogativa de poder establecer que "está prohibido", por la ley del embudo o la del burro, supongo.
También recuerdo cuando el ex Alcalde Joaquín Lavín contrató hordas de Viejitos para hacerlos pasear por todo el Centro de Santiago con barbas de nylon y tocando campanas que, pretendidamente, iban a darle festividad al agrio ambiente de la crisis económica que ya entonces comenzaba a acosarnos. Su tolerancia de empleador debe haber disminuido bastante la cesantía por esos días: contrató a cuanto tipo pudo, sin ningún rigor de ajuste a la imagen tradicional del Viejo Pascuero… Flacos, jóvenes y mujeres también tuvieron oportunidad de caracterizar al barbudo gordito de trajes invernales.
El Viejo Pascuero es, de alguna manera, lo que queremos ser más de lo que en realidad somos, como tantos reflejos de la actual ciudad. Nos encantaría tener saludables hijos rubios, de cachetes rosados y futuro asegurado, colgando calcetines alrededor de la chimenea encendida. Cuánto nos gustaría, también, tener invierno en diciembre (pero manteniendo el sol en vacaciones de verano, se entiende) y andar chupando pirulos por la calle mientras le tiramos migas a los renos, en vez de las palomas, porque la verdad es que ni a nuestro querido huemul lo podemos ver en vivo. Los centros comerciales dan trabajo, al menos, a los actores que personifican al Viejo Pascuero en las galerías y tiendas del Centro. Otros prefieren la “cacería” de niños entusiasmados con la farsa del viejo de los regalos, asechándolos en algún rincón decorado de rojo para robarles una foto. La pagarán los papás, que son, coincidentemente, los grandes responsables de mantener el mito comercial del Viejo Pascuero pues, en este mismo cinismo nuestro, no existe atrocidad más horrorosa en la paternidad que negarle al niñito la existencia de este gafe navideño, pecado que lo convierte a uno inmediatamente en el propio Grinch. A un hijo se lo puede cachetear, alimentarlo con bolas de grasa frita y dejarlo fumar a la salida del colegio; pero confesarle la inexistencia del Viejito, equivale a robarle la niñez (“¡Jo, jo, jo!”).
Sin embargo, existe un detalle notable sobre la presencia de este Viejo Pascuero entre nuestras costumbres nacionales, que lo coloca ya presente en Chile desde antes de la famosa difusión internacional que se hiciera del personaje a través de la publicidad de la Coca-Cola. Ni tanto para decir que es parte legítima de nuestra tradición ancestral, sin duda, pero no tan poco como para hacer vista gorda y atrincherarse en el mero hecho de que proviene de una cultura extranjera y, por lo tanto, no tiene nada que ver con la nuestra… Vamos viendo esta historia completa.
"Viejito Pascuero" del Mall de Puente, en el Centro
EL ORIGEN DE LA FIGURA DE SAN NICOLÁS
El Viejo Pascuero es, originalmente, San Nicolás de Bari, llamado también Nicolás de Mira en países orientales, obispo que nació entre una familia de comerciantes de Patara, en los valles de Licia de la actual Turquía, hacia el año 280. Tras perder a sus padres tempranamente a causa de una epidemia, se dedicó al servicio religioso en Anatolia y ofició especialmente entre los pobres, que lo reconocían como un santo, adjudicándole varios milagros que están actualmente asociados a buena parte de las costumbres y tradiciones navideñas europeas. Muchas de sus hazañas tenían relación con niños. Por ejemplo, hizo aparecer monedas de oro dentro de los calcetines que las jóvenes hijas de una familia muy pobre habían colgado junto a la chimenea para secarlas... ¿Le suena familiar esto?
Como sucedió con el cristianismo en toda la Edad Media, muchos elementos tomados del paganismo se fusionaron en la tradición de Nicolás. Predicó, además, en Grecia, Lorena y parte de Rusia. Tras una vida de aventuras y asistencia a los niños y a los pobres, Nicolás falleció el año 345, creyéndose que habría sido el 6 de diciembre. Su fama había trascendido y existían ya templos dedicados a él, como uno romano del año 550.
Al comenzar la invasión musulmana contra Turquía, las reliquias y restos de Nicolás fueron trasladados secretamente en 1087, para que no fueran destruidos, y se conservan en la Basílica de Bari, en Italia.
Los milagros persistieron: la que fuera su tumba produce un extraño aceite del que, se dice, tendría propiedades curativas. Sus reliquias en Italia, además, han sido objeto de más episodios sobrenaturales afianzando el culto, por lo que no tardó en elevarse oficialmente a Nicolás a la categoría de Santo. Así comenzó su difusión definitiva por el mundo cristiano.
Representación de San Nicolás
SU TRANSFORMACIÓN EN SANTA CLAUS
Convertido así el culto a San Nicolás en una manifestación amparada por la iglesia medieval, la popularidad del Santo atravesó toda Europa y parte del Oriente, complementándose con la mitología y las tradiciones locales. Se funde, por ejemplo, con la tradición greco-romana de hacer regalos a los niños en representación del Dios Cronos-Saturno. También se alimenta con símbolos del Año Nuevo Pagano, representado por el Sol Invictus, el rito del cambio de estación en el culto a Mithra, del que hablamos hace poco al referirnos a los símbolos místicos del Pesebre de Belén.
En los países nórdicos, particularmente en Finlandia, el mito de San Nicolás se mezcló con la de un mitológico carnero o macho cabrío llamado Joulupukki, que simbolizaba la celebración del final del año, y adoptó la orientación navideña que lo asocia directamente a Santa Claus y a Papá Noël, nombre este último que en francés significa Padre Navidad. Los finlandeses aún llaman Joulupukki al ahora humanizado personaje navideño. Y en Francia, en años posteriores, la imagen del viejo navideño comenzó a asociarse a la de Bonhomme Noël, de quien se conservan casi todas las características generales del actual Papa Noel, salvo porque el anterior, siendo gordito y barbón, vestía de túnicas blancas y bordadas en dorado, muy distintas del traje rojo y con listones de piel de Santa Claus. Los rusos también cuentan con su propio “Hombre de Hielo” o Ded Moroz, un barbudo viejo bonachón que reparte regalos navideños y que pasaría a ser identificado con Santa Claus. En Italia, su imagen comenzó a desplazar a la del hada mágica y bruja "buena" Befana, que hasta entonces era la encargada de dejarles regalos a los niños. En España, en los valles vascos, asturianos y navarros, la leyenda se mezcló con la del carbonero Olentzero, que regalaba juguetes, acompañado de duendes y trasgos de barba blanca, botas altas y gorro de armiño. Puede que algo de esto haya alcanzado a llegar a Chile en la Conquista, pues hubo crónicas en las que se hacía referencia claramente a los duendes de la mitología de España del Norte, mitos que sobreviven, por ejemplo, en Chiloé y en algunos sectores rurales del Norte Chico. Sin embargo, aún faltaban muchos elementos para complementar el mito de San Nicolás, señor de la Navidad.
En 1625, la colonia alemana en Norteamérica fundó la ciudad de Nueva Ámsterdam, que corresponde a la actual Nueva York. Se cree que ellos habrían importado de inmediato la Celebración de su Patrono Sinterklaas, que se realiza entre el 5 el 6 de diciembre. Hacia 1809, el escritor Washington Irving publicó una sátira caricaturizando a Sinterklaas, que en la pronunciación angloparlante resultó ser “Santa Claus”. Poco después, en 1823, el poeta Clement Clarke Moore, retomó el personaje de Irving para presentarlo en un poema anónimo que dio a Santa Claus un aspecto bastante distinto al que hoy le reconocemos: un duende delgado, regalando juguetes en víspera de Navidad desde un trineo tirado por renos, mientras que el mito europeo le adjudicaba un carruaje tirado por un caballo mágico.
A Pesar de las diferencias con el personaje definitivo, según la tradición instalada por este poema y hasta nuestros días, los renos del trineo serían: “Donner” (Trueno), “Blitzen” (Relámpago), “Vixen” (Juguetona), “Cupid” (Cupido), “Comet” (Cometa), “Dasher” (Brioso), “Dancer” (Bailarina), y “Prancer” (Acróbata, Saltador o Pompón). Pero, después de la publicación de Robert L. May titulada “Christmas Story” en 1939, que incluyó una animación para niños, quedó instalada en la tradición un noveno reno: “Rudolf” (Rodolfo), de nariz roja y luminosa que avanza a la cabeza del grupo para señalar el camino entre la nevazón.
Dibujo de Santa Claus realizado por Thomas Nast en 1881
Un "Viejo Pascuero" en la publicidad del Bazar Alemán Krauss, publicado en la prensa capitalina hacia 1910. Es uno de los San Nicolás más antiguos presentes en documentos chilenos y demuestra que este personaje ya estaba en Chile, probablemente por influencia alemana, antes de la campaña de la Coca-Cola que lo internacionalizó. Prometemos publicar a futuro algún posteo dedicado especialmente a los primeros avisos comerciales chilenos donde aparecía el "Viejo Pascuero".
EVOLUCIÓN FÍSICA Y CONCEPTUAL DEL PERSONAJE
Hacia la segunda mitad del siglo XIX, Papa Noel comenzó a ser presentado con el aspecto físico de anciano gordo y barbudo que hoy tiene. A partir de 1863, el ilustrador de origen germano Thomas Nast realizó las primeras ilustraciones de este tipo representando a Santa Claus -el San Nicolás moderno-, para la publicación gringa “Harper's Weekly”, pero basándose en los atuendos antiguos de algunos obispos católicos. Aparece como un simpático viejo gordo, cargado de juguetes y fumando pipa. Sin embargo, creo que no deja de ser un tema menor la gran similitud que hay entre la vestimenta navideña de San Nicolás y algunos uniformes usados por la francmasonería para sus ritos iniciáticos. Como sea, el nuevo San Nicolás era ya, a esas alturas, especialmente una versión estadounidense.
Este nuevo aspecto del personaje facilitó su fusión con mitos locales en Inglaterra, Francia y Europa Central, hacia mediados del siglo XIX. Los franceses completaron la fusión con Bonhomme Noël hasta dejarlo totalmente mutado en Papá Noel. Los alemanes, por su parte, lo incorporaron a su rica tradición navideña, asociándolo a su hombre navideño alto, flaco y vestido de azul; y buena parte de sus costumbres habrán de haber llegado a Chile del mismo modo que antes había sucedido en Nueva Ámsterdam, en nuestro caso durante la gran migración germana iniciada en ese período, pero cuando aún estábamos en la protohistoria de nuestro Viejo Pascuero.
En este entonces se creó también la leyenda de que Santa Claus vivía en el Polo Norte, idea popularizada a fines del siglo XIX por una propaganda comercial de la Lomen Company, donde ya comenzaba a aparecer con claridad la imagen que hoy le identificamos al personaje. Esta vinculación con el Polo, tomada de la tradición original de que vivía en el Hemisferio Norte, ha sido también objeto de algunas suspicacias místicas y esotéricas, que creen ver reflejado un elemento de la tradición luciferina en semejante referencia y la leyenda de las entradas al “Mundo Interior” de la Tierra por aberturas secretas en los extremos polares. Otros elementos mágicos del personaje, como su inmortalidad y su condición de “Santa”, provienen del libro infantil de Frank Baum titulado “La Vida y las Aventuras de Santa Claus”, que fuera publicado en 1902 y que reafirmó la leyenda de su residencia en el Polo, acompañado de los duendes que las leyendas españolas, irlandesas y centroeuropeas le fueron prendiendo al personaje a lo largo de su historia.
Decoración con un "Viejo Pascuero" en el caracol de las galerías comerciales de Merced, frente a la Casa Colorada.
Kiosco de calle Ahumada con infinidad de artículos navideños, incluyendo retratos y minuaturas del mentado "viejito"
DISPERSIÓN PUBLICITARIA EN LA COCA-COLA
Durante los años veintes, la compañía Coca-Cola había sido cuestionada con algo de paranoia y exageración, por el contenido de cafeína y otros productos en su brebaje, realizándose algunos juicios y campañas de desprestigio contra la empresa. Quizás fue por eso que la empresa quiso dar un buen golpe publicitario y, en la proximidad de la Navidad de 1931, solicitó al artista Habdon Sundblom concebir una imagen más humana y comercialmente vendible de Santa Claus. El pintor presentó, entonces, la que ha sido desde entonces la definitiva y más importante de todas: un anciano sonriente, de largas barbas blancas, vestido de rojo y blanco, con grueso cinturón rodeando todo su diámetro.
Se cree que la versión de Sundblom es la que mostró por primera vez en la historia el aspecto característico de San Nicolás que persiste en la iconografía actual, idea fomentada por la propaganda de la Coca-Cola. Pero no es exactamente así: En 1926, la revista infantil "St. Nicholas Magazine" ya había mostrado representaciones muy parecidas del personaje, por no decir iguales. A Sundblom se le debe, entonces, la versión que se haría popular y que instalaría de manera permanente el mito del viejo navideño, desplazando a otras imágenes o personajes anteriores, como el duende de Moore.
Además, al contrario del mito popular que cree identificar en los colores del vestuario a los que son corporativos en la imagen de Coca-Cola, la verdad es que Sundblom se basó en una de las versiones más comunes que se hacían antes de San Nicolás de Bari, y en las que se le representaba de preferencia en color rojo y blanco o bien verde y blanco. Esta última versión fue usada frecuentemente en el siglo XIX para su representación y aún sobrevive para la vestimenta de San Nicolás entre algunas culturas. Sundblom, en cambio, prefirió el color rojo por su valor comercial y acertó, al crearle un verdadero referente cultural al mundo occidental, que sobrevive hasta hoy.
No podría haber existido un mecanismo más acertado para hacer penetrar una imagen o concepto que en la publicidad de la Coca-Cola, sin duda. Terminada la Segunda Guerra Mundial, Santa Claus probablemente ya era reconocido en la mayor parte del mundo "libre". La compañía de refrescos aún sigue reproduciendo algunas de las ilustraciones originales de este Santa Claus de la campaña de los años treintas, en sus actuales latas de gaseosa del período navideño, festejando su triunfo.
Un aviso de la campaña original de Navidad 1931 de Coca-Cola.
¿A CHILE TAMBIÉN LO TRAJO COCA-COLA?… ALGO NO CALZA
Si seguimos al pie de la letra la tradición comercial y la penetración cultural generada por la incorporación de Santa Claus a la propaganda internacional de la Coca-Cola, no quedaría más remedio que aceptar su llegada en los años de la pre-Guerra, después de su creación en 1931, cuando supuestamente apareció por primera vez a ver la luz pública de los mercados.
Sin embargo, la fotografía que aquí presentamos y que pertenece a la Archivo Fotográfico de Chilectra, nos pone en una dudosa situación que no se ajusta al itinerario internacionalmente reconocible para el desplazamiento de la imagen del Viejo Pascuero por el mundo. En efecto, esta imagen, que fuera reproducida en “Luces de Modernidad”, Archivo Fotográfico de Chilectra (Enersis S.A., 2001), está explicada y fechada en la página 212 de la publicación, con el siguiente pie de foto:
“Celebrando la Navidad en la Plaza de Armas. Stand de la compañía con juguetes para los niños pobres. Diciembre 24 de 1930”.
Aparecen en la imagen un clásico Viejo Pascuero, de barbas blancas y traje que, a pesar del formato blanco y negro, ciertamente debe haber sido rojo. Vestido al estilo invernal, con su gorra y su saco de regalos. Es decir, EXACTAMENTE el tipo americano de Papa Noel que aún no era conocido (o no debía ser conocido) en Chile a través de la aún no creada publicidad navideña de la Coca-Cola. El propio cuerpo del documento de “Luces de Modernidad” señala en su texto:
“También hay un acopio de fotografías más informales donde aparecen las celebraciones de la empresa: la Navidad con los puestos llenos de golosinas y uno de los primeros "Viejos Pascueros" en Chile, clara influencia de los grupos "gringos" de la empresa…”
He ahí, acaso, la única explicación plausible a la existencia de un Viejo Pascuero en plena Plaza de Armas de Santiago en la Navidad de 1930 (y quién sabe desde cuántas Navidades antes), en tiempos previos a que la campaña de Coca-Cola fuera concebida siquiera, pero cuando ya existía la imagen del Papa Noel del "St. Nicholas Magazine" en la sociedad estadounidense.

Pero quizás la introducción nos llega a occidente desde otro lado, desde Alemania, a juzgar por la editorial de efeméride "Hace 100 años) que publica "El Mercurio" en diciembre de 2005 anunciando, según el texto reproducido del 19 de diciembre de 1905, que "Un bazar alemán está mostrando la novedosa figura de Santa Claus y del árbol de Navidad". Es decir, si el editorial es auténtico, el viejo estaba debutando acá antes que la Coca-Cola y antes que Chilectra, y emparentado muy probablemente con Sinterklaas originales del mito del Papá Noel, antes que con toda la dispersión internacional versión gringa del personaje.

Dicho de otro modo, San Nicolás ya estaba aquí prematuramente, contra todo lo esperable, gracias a otro más de los infinitos aportes alemanes en nuestra sociedad. No resulta nada difícil comprender, entonces, porqué penetró con tana facilidad la estilización importada después desde la influencia de los Estados Unidos, y la fotografía que hemos expuesto, no hace más que demostrar que la figura ya estaba aquí cuando la Coca-Cola recién la presentaba en otras culturas.
En otras palabras la introducción del Viejo Pascuero o Santa Claus en Chile puede haberse debido a esta empresa que, en 1929, había sido comprada por la South American & Foreign Power Co., incrementando por eso y como nunca antes la influencia anglosajona dentro de la misma y también hacia el exterior, como vemos. Como hijo de un ex funcionario de Chilectra, recuerdo que esta tradición se mantuvo por muchos años más, hasta fines de los años ochentas mínimo, cuando se hacía aparecer un Viejo Pascuero desde una alta grúa o hasta un helicóptero en el Estadio de la Compañía, para que todos los niños asistentes recibiéramos regalos, todos ellos bastante buenos y costosos para la época.
Otra prueba concluyente: Viejo Pascuero de utilería en una vitrina de cocinas eléctricas Hotpoint, durante una exposición organizada para incentivar la compra de productos chilenos, en diciembre de 1930, la misma fecha de la foto de nuestro personaje navideño en la Plaza de Armas.
Aviso navideño de la Coca-Cola de 1936
Viejos pascueros de chocolate en las vitrinas del Mall del Centro
DEL SANTA CLAUS GRINGO AL “VIEJO PASCUERO” CHILENSIS
El antecedente que arroja la colección fotográfica de Chilectra me parece notable, pese a haber pasado invariablemente inadvertido, dándose siempre fe ciega a la historia oficial de que su aspecto llegó acá gracias a la publicidad de Coca-Cola.
Si bien esto no refuerza ni debilita la posición de los fotógrafos y Viejitos de utilería que hoy atrapan fotos con niños en galerías comerciales y parques, o invitan a los compradores a entrar a reventar sus tarjetas de crédito en las multitiendas y malls, deja al menos una constancia de que las cosas no son siempre como parecen y las convenciones internacionales sobre ciertos sucesos sociales modernos, especialmente en la globalidad, merecen ser evaluados de vez en cuando, con la apertura necesaria para reconocer la excepción y no forzarla a calzar en nuestros moldes preconcebidos.
Como sea, las pruebas de la penetración del personaje navideño en la tradición ciudadana tras la intervención de Chilectra no tardarán en reaparecer, según se deduce al inspeccionar lo que se ha escrito sobre el Santiago de los años que siguieron al arribo del Viejo Pascuero en nuestra Plaza de Armas. El investigador Oreste Plath, por ejemplo, escribe mientras recuerda las famosas tiendas “Gath y Chaves” que atendían en la esquina de Huérfanos con Estado entre los años 1910 y 1952:
“Los aperitivos no estaban de moda. En el Tea Roam sólo se podía beberse oporto, jerez o champaña de marcas importadas, naturalmente. Después se inauguraron las tardes bailables, a cargo del profesor Valero. Se establecieron días para los niños, con números artísticos. Para Navidad empezó a atender Santa Claus y el Viejo Pascuero a fotografiarse con los niños, unos muertos de miedo y otros muy alegres. La librería de Gath y Chaves no ofrecía la atracción de la librería francesa, de la Casa Francesa que se encontraba en la esquina opuesta”.
Podemos presumir con razón, entonces, de la presencia del Viejo Pascuero con los mismos roles comerciales y de atractivos para infantes que hoy lo caracterizan, ya en esas épocas. La información que nos aporta Plath, por lo tanto, constituye otro indicio de lo muy tempranamente que llegó a instalarse a Santiago, en pleno Centro, la tradicional figura del Viejo Pascuero, desde donde saltó a la sociedad nacional entera, anticipándose a la dispersión internacional llevada adelante por la publicidad de Coca-Cola.
Chile no será parte de la cuna de la tradición de Papá Noel o Santa Claus, sin duda, pero quizás, y después de todo, nuestro criollo híbrido del Viejito Pascuero quizás sí tenía más méritos y jinetas de tiempo en el traje; más de las que le creíamos sus críticos, quienes lo miramos de reojo, como un impostor alojando en la tradición santiaguina y, por extensión, la nacional. No llegaré al remordimiento de lavarme la boca con ponche navideño, pero en la investigación, el hecho cierto, hecho es.
Feliz Navidad para quien le interese.
El viejo personaje mecánico de la tienda de sombreros "Donde Golpea el Monito", vestido a la usanza navideña.
Moda "pascuera" para mujeres sin la cintura del "Viejito", en calle 21 de Mayo
Viejo Pascuero gigante de una conocida cadena de supermercados

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