sábado, 9 de agosto de 2008

LOS NEONES DE LA CIUDAD

Puente de los Obeliscos, en Mapocho, cuando ya estaba siendo retirado de servicio, hacia 1968. Atrás se observa el histórico cartel de neones de "Aluminio el Mono", quizás el más famoso que haya tenido Santiago. Imagen de Josep Alsina, hoy en el archivo fotográfico del Museo Histórico Nacional.
He buscado y rebuscado información relativa al famoso cartel de neones animados de “Aluminio El Mono” que existió hasta los años ochenta y parte de los noventas en el sector de La Vega Central de Santiago, pleno Barrio de la Chimba, y que por décadas tiñó de colores ácidos este sector de la ciudad. Aunque la empresa fundada por los Fantuzzi era de Maipú, su enorme luminaria instalada junto al río Mapocho fue todo un símbolo del centro de la capital, siendo visible desde varios puntos de la misma y a veces a gran distancia, dadas sus generosamente enormes proporciones. Estaba en el tercer piso de un edificio de la calle Artesanos 871.
Algunos de los primeros carteles luminosos publicitarios de la ciudad de Santiago, fotografiados en agosto de 1926 (Archivo fotográfico de CHILECTRA).
Es una lástima que no existan buenos datos sobre ese icono urbano que fuera el desaparecido cartel, casi un patrimonio civil, como tantos otros que han seguido la ruta de la desaparición, incluyendo el de una marca de cecinas que decoraba las alturas de la Plaza Baquedano. Ni siquiera he podido encontrar una foto realmente buena y lucida, arrepintiéndome de todas las veces que pasé cerca de estos gigantes luminosos con cámara en mano, pensando que durarían por siempre. En Mapocho fueron famosos otros neones como la lagonsta del bar "Martini" en la ex Plaza Venezuela y el gran cartel de licores "Mitjans" en lo alto del edificio de 21 de Mayo con Ismael Valdés Vergara.
Pese a todo, actualmente sobreviven en calle Rancagua, por Parque Bustamante, dos joyas de la época dorada de los neones animados de Santiago, ambos visibles desde Vicuña Mackenna donde termina Diagonal Paraguay. Fueron instalados hacia mediados de los años cincuentas por la empresa Luminosos Parragué y hasta hoy tienen una seducción hipnótica, maravillosa. Ambos son casi sensuales, por alguna coincidencia que parece deliberada.
Uno de ellos corresponde al cartel de las pantys “Vigorella” de la casa Monarch, rodeada de hermosas siluetas de piernas femeninas en distintos tonos. Semeja un colorido Sol nocturno, encaramado en la azotea del edificio. Complace a la vista con sus movimientos y sus colores; casi acaricia las retinas.
Publicidad luminosa de los años cincuentas. Creo que corresponde al edificio cerca de la Punta de Diamante de Alameda Bernardo O'Higgins con Avenida Ecuador, en la Estación Central.
También fue célebre en la Alameda este gran cartel de luces animadas sobre los edificios frente a la Universidad Católica: "Enlozado Fantuzzi... es mejor". Imagen de Josep Alsina hacia 1970, hoy perteneciente al Museo Histórico Nacional.
ACTUALIZACIÓN: Postal fotográfica de los años setenta, del Monumento al General Bulnes, donde se ve un cartel de neón similar al de Mapocho, presentando a "Aluminio El Mono" en plena Alameda Bernardo O'Higgins (atrás, a la izquierda, con el edificio Santiago Centro de fondo). Está en los altos del edificio La Cañada, justo en la entrada de Ahuamada, y se pueden distinguir los colores que tenía el diseño. Imagen: gentileza de César Parra.
Los históricos neones de los edificios de la Alameda en Plaza Baquedano. Imagen de una publicación de Chilectra de los años noventa.
El otro, más atrás, sobre el edificio de la esquina con General Bustamante, es de champagne “Valdivieso”. No puede ser más bello: “Y hoy, por qué no?” se preguntan las luces, animando una botella del brebaje chispeante que se descorcha sola y derrama su néctar de burbujas sobre dos copas, alusivas a la presencia-ausencia paradigmática de una pareja. Me recuerda el famoso cartel del “Tome Pin y Haga ¡Pun!” que René Ríos Boettiger, más conocido como “Pepo”, colocaba en las calles de la mítica Pelotillehue en las caricaturas de Condorito.
Cartel de neón del cabaret "Tabaris" de calle Bandera, en el  filme de 1951 "Uno que ha sido marino", de José Bohr. Ahí pueden verse la presencia de neones en la publicidad in situ de varios otros locales céntricos que aparecen fugazmente en la película, como el célebre "Goyescas".
También han hecho historia en la ciudad los avisos de "Xerox" en lo alto de la Plaza Baquedano, o el chanchito de las cecinas "JK" y la ampolleta de "Phillips" en la Estación Central, allí en la bifurcación de la Alameda con avenida Ecuador. Otro "Aluminio El Mono", quizás el mismo que después reaparece en Mapocho, decoró alguna vez el sector de la Alameda cerca del barrio de La Bolsa... Y es que los neones marcan profundamente algunos sitios de la urbe, haciéndolos reconocibles y convirtiéndolos en puntos de encuentro.
Los primeros carteles luminosos "modernos" de la publicidad callejera en Santiago, llegaron alrededor de 1926, cuando fueron promovidos ese año en una feria realizada por empresarios del área en el mes de agosto y por la propia Compañía Chilena de Electricidad (CHILECTRA). Sin embargo, los neones se popularizarían algunos pocos años después, cuando su sistema ya era más internacionalmente conocido y más accesible, dejando de ser lujo sólo de grandes y céntricos establecimientos capitalinos.
El neón es un gas noble descubierto por los científicos británicos William Ramsay y Morris Travers en 1898. El elemento 10 en la tabla, señalado como la Ne. Se lo emplea tanto en la iluminación comercial de los carteles publicitarios o anuncios, como en la producción de tubos fluorescentes.
Se ha propuesto que el soplador de vidrios alemán Heinrich Geissler habría conseguido las primeras luces de gases nobles en 1856, al fabricar su propio tubo y comenzar a investigar la fabricación de letras y otras formas con ellos. Algunos proponen, también, que el célebre científico croata Nikola Tesla, ex colaborador de Thomas Alva Edison, habría sido el creador de la tecnología de iluminación con luces de neones propiamente tales, que presentó en la Exposición Universal de Chicago de 1893. La primera aplicación comercial de luces con tubos de gas parece haber ocurrido en 1904 en un centro comercial de Newark, en los Estados Unidos.
Sin embargo, la invención de las lámparas de neón que hoy conocemos ocurre en París y por obra de George Claude, en 1902, comenzando a ofrecer comercialmente el producto cerca de ocho años más tarde y registrándolo en la Oficina de Patentes de los Estados Unidos el 9 de noviembre de 1911. La patente le fue concedida con el Nº 1.125.476 el 19 de enero de 1915.
Claude inventó su sistema mientras era asistente del ingeniero alemán Carl Von Linde, quien logró licuar aire y separarlo en hidrógeno y oxígeno en un proceso de destilado que, además, arrojaba pequeñas cantidades de gases como el argón, criptón, xenón y, por supuesto, el neón. Claude tenía interés en aprovechar estos gases residuales para algo útil, desafío en el que dio con las propiedades de la luz del neón.
 
 
Anticipando las posibilidades comerciales, corrió a patentar su invento, realizando sus primeras buenas ventas de carteles en 1922, a la Compañía Packard de Los Ángeles, California. Su empresa se llamó “Claude Neón”, haciéndole millonario rápidamente y permitiéndole extender algunas franquicias en su patria natal. Incluso, pudo ejercer influencia sobre del movimiento de Art Decó. Sin embargo, la catastrófica Caída de la Bolsa de 1929 y la expiración de su patente en 1932, le hizo perder el monopolio en la producción de carteles de neón, comenzando a aparecer nuevas y novedosas compañías competidoras, muchas de ellas fundadas por sus propios ex empleados. La tecnología fue perfeccionada también por Ben Kresge, hacia fines de la década.
Parece ser que la popularidad del producto llegó gracias a las campañas dirigidas por empresas americanas como la General Electric. La legalización del juego y el posterior levantamiento de la ciudad de Las Vegas en Nevada, ocupó por largo tiempo a los fabricantes. Se esparcen definitivamente por el mundo tras la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente, gracias a la apertura de una escuela técnica en el Egani Institute de New York para capacitar a ex combatientes, desde donde el conocimiento técnico para la fabricación saltó hacia otros países.
El arribo de la psicodelia y los colores lisérgicos en los años sesenta, terminan de popularizar la capacidad cromática, disponible entonces en 24 colores. Los diseñadores deciden experimentar con nuevos efectos cinéticos, dándole vida animada a sus trabajos.
En los años ochenta, la cultura pop y el funcionalismo comercial llevaron a seguir perfeccionando las tecnologías del neón, bajando el consumo eléctrico de las instalaciones y aumentando la gama de colores a 100. Si bien el uso de sus propiedades sufrió algún retroceso en grandes países como los Estados Unidos, acá, en Chile, su utilización comercial seguía creciendo, arraigando de la forma que actualmente podemos verlo en Santiago y en casi todo el país.
Aunque el neón originalmente es incoloro, su reacción de encendido es rojizo-anaranjada, pero el uso de “filtros” químicos o vidrios coloreados permite acercar los colores de los neones a otros tonos. Su producción es, así, casi una mezcla de joyería, artesanía y química. Hay quienes los fabrican de forma casera, con tubos plásticos flexibles, para decoración. Los maestros del oficio calientan los tubos dándoles formas caprichosas y orgánicas, hasta formar las palabras, rótulos o emblemas que dibujará la luz.
 
En la actualidad, existen varios talleres y empresas fabricantes de letreros de neón para la capital chilena: en Estación Central se encuentra la “Neón Bas”. Más cerca del centro está la agencia “Luminosos Neón”, y también en Santiago se encuentran el taller “Carlos Oyola”, “Neón Lux” y “Led Neón Chile”, sólo por nombrar algunos.
Esta ciudad tiene cierta complicidad con estos clásicos neones zumbando en la noche, tan suyos. Hay algo de juramento de secreto en su presencia; una especie de garantía al cliente. Los locales nocturnos, cafés con piernas y topless casi invariablemente tienen alguna pieza de estas características anunciando su presencia a los curiosos. Un bar o un pub sin su correspondiente rubro descrito en un tallarín de neón, se ve casi incompleto.
Los neones son parte de la ciudad. Una imagen bella es el reflejo de los neones en los adoquines mojados por la lluvia, en los barrios más clásicos y conservados de Santiago, cada noche pintado con pinceles de plasma por los arco iris de la luz chirriante de la entretención, la elegancia o la rusticidad de sus luces de neón.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

................me gusto mucho tu articulo , las fotos son increibles .....hermosas , definitivamente parte del imaginario colectivo ........gracias por publicarlas.
Saludos

Anónimo dijo...

Hola. Excelente y bien documentado. Gracias. En Santiago, cerca del Ministerio de Defensa y frente al palacio de La Moneda, había un letrero, tal vez de neón, que decía: SAQUESE LA POLLA Y SEA FELIZ.
Hay tendría una foto y podría publicarla? Gracias. eladiohue@hotmail.com

MrAdriandroide dijo...

Ese letrero termino en estacion central,en la alameda con ecuador,abajo estaba deportes capurro.
Yo era muy niño y me encantaba verlo,cambiaba de colores y era increible.
Saludos

Monica Salinas dijo...

Se agradeceria el telefono y vuestra dirección para contacto
Gracias
Monica

David dijo...

Esta errada la descripción de la fotografía a mi parecer

"También fue célebre en la Alameda este gran cartel de luces animadas sobre los edificios frente a la Universidad de Chile: ..."

Es la Universidad Católica. La fotografía fue tomada desde la Alameda hacia al Poniente a la altura del GAM (ex-edificio Diego Portales) y de la Torre 1 de la Remodelación San Borja. Precisamente en este edificio viví y por el año 2001 presentaba el siguiente neón animado en su torre.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/07/Unctad.jpg

Saludos

Criss Salazar dijo...

Sí estimado, había un error. Corregido. Muchas gracias. Me confundí accidentalmente porque el Aluminio el Mono, también de Fantuzzi, estuvo alguna vez por allí por los altos de la sede del Banco del Estado.

Unknown dijo...

Recuerdo con nostalgia el neon de 7UP del edificio Banco Estado de Ecuador con Alamenda, estuvo instalado allí gran parte de los 80 e inicios de los 90. Era una botella que emulaba chispas al abrirla. Un letrero icónico de los 80. A veces pienso por qué nadie lo recuerda, que estoy loco o que sólo fue parte de mi imaginación jaja pero en serio, nadie lo recuerda?? Nadie tiene una foto.

Rodrigo dijo...

Recuerdo con nostalgia el neon de 7UP del edificio Banco Estado de Ecuador con Alamenda, estuvo instalado allí gran parte de los 80 e inicios de los 90. Era una botella que emulaba chispas al abrirla. Un letrero icónico de los 80. A veces pienso por qué nadie lo recuerda, que estoy loco o que sólo fue parte de mi imaginación jaja pero en serio, nadie lo recuerda?? Nadie tiene una foto.

Ivan M dijo...

Conversando con mis compañeros de trabajo,recordabamos estos iconos urbanos que adornaban nuestras calles allá por la década de los 80; eran punto de referencia y luz en tiempos en que reinaba la oscuridad en nuestro pais.
Si no me equivoco, actualmente quedan sólo dos. El de Valdivieso y vigorella. De los demás ,sólo un bonito recuerdo.
Amigo rodrigo¡ no estas solo en esto¡ yo también recuerdo el letrero de 7up en la punta de diamante que separa ecuador de la alameda. Nos come la tecnología¡ ahora sólo pantallas LED sin más pega que reproducir un pendrive ... Sin alma.
O estaremos muy viejos¿?


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