viernes, 15 de agosto de 2008

LOS ALCANCES ANTÁRTICOS DE LA BULA "INTER CAETERA"

El 4 de mayo de 1493, el Papa Alejandro VI concedió los Reyes Católicos de Castilla y León, Isabel y Fernando, por la famosa bula Inter Caetera (menor), derechos exclusivos sobre todas las islas y continentes no poseídos por otros príncipes. Este instrumento tendrá sorprendentes alcances sobre la comprensión del territorio antártico, como pasaremos a ver ahora.
Decía textualmente el documento papal, que el dominio de los soberanos se extendía sobre:
"...todas las islas y tierra firme descubiertas o por descubrir, halladas o por hallar, hacia el occidente y el mediodía, haciendo y estableciendo una línea desde el Polo Ártico, en el septentrión, hasta el Polo Antártico, en el mediodía, que estén tanto en tierra firme como en islas descubiertas o por descubrir hacia la India o hacia cualquier otra parte, la dicha línea diste de cualquiera de las islas que son llamadas vulgarmente de las Azores y Cabo Verde a cien leguas hacia occidente y el mediodía, que no estuviesen actualmente poseídas por otro rey o príncipe cristiano, con anterioridad al día de la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo próximo pasado, con el cual comienza el presente año de mil cuatrocientos noventa y tres."
Como se recordará, sólo un año antes el marino Cristóbal Colón había llegado a América anunciando su descubrimiento en España, cuya corona era la auspiciadora de su viaje al Nuevo Mundo además de varias manos privadas que la historia oficial en general menciona bastante poco como antecedentes relativos al "descubrimiento" de América. Se entiende, entonces, que los territorios "no poseídos" aludidos en la bula papal correspondían necesariamente al continente americano y el continente antártico, aún no descubierto, que quedaban fuera de la competencia conquistadora de Portugal.
Con frecuencia, los autores que tratan sobre la Inter Caetera mencionan sólo los territorios de América y del Índico que fueron alcanzados por la bula, omitiendo su extensión sobre la Antártica a pesar de las explícitas referencias que hace de las tierras polares, como hemos visto.
Por las Reales Cédulas de 1555 y 1558, el ejercicio de estos derechos hispanos en la Antártica quedó confiado a la administración colonial de la Capitanía de Chile, según tendremos tiempo de ver a futuro, fundamentalmente por la proximidad geográfica y su conexión magallánica, que en esos años se creía mucho más directa y continua.
¿Acaso era por esta razón el empecinamiento del conquistador Pedro de Valdivia por llegar al extremo Sur de su gobernación chilena, motivado por alcanzar este "paso" hacia el territorio antártico y sus misterios? Es la misma interesante idea que ha sugerido el historiador chilote Gonzalo Barrientos, por ejemplo.
Cabe recordar que el Tratado de Tordesillas del 7 de junio de 1494, suscrito por los mismos soberanos con el Rey Juan II de Portugal, no alteró el ejercicio de derechos soberanos de España sobre la Antártica y, por lo tanto, tampoco debió innovar sobre los que heredaría después Chile ,a partir de 1810 y bajo el principio de Uti Possidetis Juris.
Es por esta razón que la posición chilena frente a las controversias de la Antártica, establece como defensa que Chile es el único país de todos los firmantes del Tratado Antártico de 1959, cuyos derechos territoriales en el Continente Blanco se fundamentan en títulos jurídicos y no en aproximaciones de proyección territorial ni en actos de posesión específicos, a pesar de que estas categorías también acompañan la argumentación de su reclamo formalizado durante el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda.

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