jueves, 7 de agosto de 2008

LA IGLESIA DE LA VERA CRUZ: UNA PEQUEÑA GIGANTE DE LA HISTORIA CAPITALINA

"Casa de Pedro de Valdivia y capilla Vera Cruz", según grabado de Recaredo S. Tornero para "Chile Ilustrado", 1872.
Coordenadas: 33°26'19.53"S 70°38'28.57"W
La historia de la parroquia roja ubicada en el corazón del bohemio y recreativo barrio de calle Lastarria, esquina Padre Luis de Valdivia, comienza en 1847, cuando llegó a Chile el representante de su Majestad Católica Isabel II de España, el Encargado de Negocios y Cónsul de la península, don Salvador de Tavira y Acosta. Con su arribo, inició de inmediato un plan de acercamiento y amistad con la ex colonia y dando pie a una nueva etapa en las relaciones exteriores de Santiago.
Antes de que los chilenos perdieran totalmente su sentido diplomático y estratégico, las relaciones entre Chile y España habían mejorado considerablemente con el reconocimiento hispano a la Independencia del país, el 25 de abril de 1844, y luego con la llegada del Cónsul Tavira y Acosta, quien traía en su maletín el tratado de amistad entre ambas naciones firmado por la Reina II y el representante chileno General Borgoño.

Era lo lógico este estado de las cosas: entre dos pueblos que tenían tanto en común, uno nacido como retoño del otro, y pese a todo el rencor antihispánico surgido durante el proceso de emancipación.
Capilla de la Vera Cruz en apuntes de A. Lira, publicado por Sady Zañartu en su excelente trabajo "Santiago: Calles Viejas".
Ayer y hoy de la parroquia.
Vista actual, desde calle Lastarria.
La sagrada familia, por la esquina con calle Luis de Valdivia.
El ambiente de aparente fraternidad atravesando diagonalmente el Atlántico se hizo patente y fértil, entonces. Por un acuerdo tomado en sesión solemne de la Ilustre Municipalidad de Santiago para estrechar estos vínculos de amistad, el 20 de septiembre de 1852 se decidió erigir un templo "en el solar donde habría habitado don Pedro de Valdivia, al llegar al valle del Mapocho, al costado oriente del Cerro Huelén".
"Auto de erección de la Iglesia de la Vera Cruz:
Nos el Dr. don Rafael Valentín Valdivieso por la gracia de Dios i de la Santa Sede Apostólica, Arzobispo de Santiago de Chile, etc.
Por cuanto el señor Intendente de esta ciudad de Santiago i su provincia, coronel don Francisco Anjel Ramirez, nos ha pedido que erijamos en Iglesia pública, la que a espesas de la Nación, por acuerdo de la Ilustre Municipalidad de esta ciudad aprobado por el Gobierno Jeneral del Estado, con el fin de honrar la memoria del esclarecido Jeneral don Pedro de Valdivia, se ha construido en el lugar mismo que fue la cuna de la civilización cristiana de esta República, por haber allí asentado sus reales i construido el primer edificio de esta población el citado Jeneral, i considerando: que de la ducha erección no se sigue daño alguno, i si gloria a Dios Nuestro Señor i provecho grande a lo fieles encomendados a nuestro cuidado; asimismo que la citada Iglesia cuenta, en lugar de dote, para sus reparos i conservación i para sosten del culto que en ella ha de tributarse a Dios Nuestro Señor, con las rentas que la autoridad pública está dispuesta a asignarle. Por lo tanto, en uso de nuestra jurisdicción ordinaria diocesana, para la gloria de la Santísima Trinidad, venimos en erijir y erejimos en Iglesia pública la arriba mencionada, bajo el título e invocación de la Vera Cruz, con el cual se ha acostumbrado designar el recuerdo de la introducción del cristianismo en nuestro continente americano; a causa de haberse erijido el primer Altar al verdadero Dios en tierra firme de América, el día Viernes Santo en que se tributa culto especial al leño Santo de la Cruz, en que nuestro divino Salvador consumó la reparación del jénero humano. Declaramos por tal Iglesia pública, la enuncia de la Vera Cruz, para que, despues de bendecida por nuestro Pro-Vicario el Doctor don Vicente Gabriel Tocornal, a quien para ello damos la bastante comisión pueda celebrarse privada y solemnemente el Santo Sacrificio de la Misa, predicarse el Santo Evanjelio, administrarse el Sacramento de la Penintencia i hacerse todo lo que se practica i puede practicarse en las Iglesias públicas, sin perjuicio del derecho parroquial. En testimonio de lo cual, mandamos dar i dimos las presentes, firmadas de nuestra mano, selladas con el Sello Mayor de nuestro Oficio i refrendadas por nuestro infrascrito Secretario de Cámara, en esta ciudad de Santiago de Chile a diez y siete días del mes de setiembre del año del Señor de mil ochocientos cincuenta y cinco.
Rafael Valentín, Arzobispo de Santiago
por mandato de SS. Ilma. i Rma.
Pedro Ovalle, Secretario
La idea original de aludir a Valdivia parece provenir del Arzobispo Valdivieso, aunque veremos que se basaba sólo en un mito urbano.
El levantamiento de este "homenaje" sería trazado en donde hoy se encuentra la calle Lastarria (Calle del Mesías, por entonces) con Padre Luis de Valdivia, cerca de la esquina Villavicencio (Chacra de Villavicencio, entonces), en las calles que continuaban cruzando Alameda por la avenida Portugal (ex Calle de la Ollería). Es decir, en el Barrio Lastarria como se le llama hoy, y del que abundaremos mayormente en otro posteo. Curioso y contradictorio, pues José Victorino Lastarria pasaría a la historia precisamente como uno de los agitadores antihispanos que precipitaron los infaustos hechos de 1865-1866 contra la península, que mencionaremos más abajo.
Por supuesto que hubo algo de arbitrariedad en la elección del sitio donde "habría habitado" el Conquistador de Chile. Le tocó al lugar donde había estado la casa de adobe y tejas de la familia Barril que, según la creencia, había sido la de Valdivia. Históricamente hablando, sin embargo, no existe ninguna certeza de que allí tuviese su solar en los primeros años de Santiago, y mucho de lo que se dice al respecto parece provenir de la leyenda más que de los hechos.
Según el reportaje "La casa de Pedro de Valdivia y la Iglesia de la Vera Cruz", publicado en el diario "El Ferrocarril" del 1º de junio de 1888, la primera piedra simbólica de la construcción de la Iglesia habría sido bendecida al día siguiente de la decisión del pleno municipal.
El Supremo Gobierno de don Manuel Montt subvencionó la compra del terreno donde se levantaría la obra, encargándose a don José Gandarillas el trabajo material de la construcción del templo proyectado y dirigido por el afamado arquitecto francés Claude-François Brunet des Baines, y financiado con aportes obtenidos por el Alcalde e Intendente de Santiago, Coronel Francisco Ángel Ramírez, otro acérrimo defensor del plan.
El proyecto incluía el traslado a la nueva sede religiosa de la imagen del Cristo Rey Señor de la Vera Cruz, que había sido obsequiada por el Emperador Carlos V a la Iglesia de la Merced en el siglo XVI con una reliquia autentificada por la Santa Sede y que, según la tradición cristiana, perteneció a la cruz de Jesucristo (lignum crucis). De ahí el nombre: Iglesia de la Vera Cruz, algo así como, Ora a la Cruz, aunque según otros su traducción del latín sería Verdadera Cruz. Una de estas reliquias donadas por el soberano fue robada el año 2007, desde la Basílica de la Merced.
El entusiasmo generado por estos y otros gestos de acercamiento a la Madre Patria tuvo retribuciones: En 1854, por ejemplo, la Reina Isabel II envió de obsequio a la Municipalidad de Santiago el más famoso de los retratos de don Pedro de Valdivia, más tarde trasladado a la Sala Medina de la Biblioteca Nacional de Santiago. También se le construyó el presbiterio con fino mármol de Carrara.
La obra fue concluida por don Fermín Vivaceta, quien relevó a Brunet en la dirección del proyecto al morir este último en 1855. La bendición inaugural de la Iglesia tuvo lugar el 17 de septiembre de ese último año, en la víspera de las Fiestas Patrias y a casi exactos tres años de iniciadas las obras. Pero fue sólo simbólica, porque las faenas se extendieron por casi dos años más. Los toques finales duraron hasta 1857, abriendo así sus puertas la Iglesia en lo que hoy es Lastarria 124, a la intensa concurrencia de fieles que recibió desde los barrios del entorno de La Cañada, nuestra actual Alameda Bernardo O'Higgins.
Vista de la nave única, desde el Coro.
Sector del sagrario y del relicario con supuesto fragmento de la Santa Cruz, sobre el presbiterio del templo.
Acercamiento a la reliquia de la Vera Cruz.
Lamentablemente, el mismo señor Tavira y Acosta que trajo paz y propuestas de amistad, tendría que ser quien, pocos años más tarde, intentara inútilmente detener la delirante y desquiciada guerra contra España declarada por la exaltada camarilla pseudoamericanista chilena en 1865, a favor del Perú y por la liberación de las islas Chincha, ocupadas por los hispanos a raíz de un problema diplomático con Lima. De hecho, Chile llegó a declarar la guerra a la flota española antes de que lo hiciera el propio país vecino afectado, reflejando una nueva embestida de sentimientos antihispanos habían regresado desde hacía algunos años ya a la política y, especialmente, a los intelectuales criollos.
La aventura fue propiciada por personajes como Lastarria, precisamente, y que, pese al triunfo sobre la flota hispana, nos costara el bombardeo e incendio de nuestro principal puerto. Además, el aliado y defendido peruano pagó generosamente el sacrificio intentando sabotear compras chilenas de armas en Europa, celebrando la destrucción de Valparaíso apenas tuvo noticia de ella, y luego aliándose en secreto con Bolivia e invitando a la Argentina a participar del cuadrillazo, en los albores de la Guerra del Pacífico...
Involucrarse en aquel conflicto fue un grave error diplomático por donde se le mire, entonces, independientemente de lo que trate decir en nuestra época la reinterpretación heroica de aquellos hechos.
Tras haber trabajado cuatro años ganándome el pan duro a escasa distancia de este lugar, he tenido tiempo de sobra para memorizar y reconocer las líneas generales de la hermosa Iglesia de la Vera Cruz: se trata de un templo estrecho, de columnas dóricas y rasgos neoclásicos. Su torre es de dos campanas. En las dos casas vecinas de un piso, que forman parte del conjunto arquitectónico y que se usan en las actividades de la parroquia, se funden esos rasgos neoclásicos pero esta vez con detalles más propios de la Colonia en estas regiones. Las rejas metálicas también me parecen de diseño bastante atractivo.
Por el muro exterior curvo que empalma Lastarria con Villavicencio, se encuentra una obra pictórica con la Sagrada Familia de Jesús, José y María custodiados por Dios. No sé cómo ha sobrevivido esta obra a los vándalos o a los saqueadores.
Imagen de Josemaría Escrivá de Balaguer, "el Santo de lo ordinario".
Reliquia de Escrivá de Balaguer.
Virgen del Carmen.
La iglesia es hoy un templo "actualizado", sin embargo, que desde hace algunos años ofrece incluso una imagen de San Josemaría Escrivá de Balaguer, el misionero español fundador del tan vilipendiado Opus Dei, en una de sus esquinas, realizándose actividades en su honor en la parroquia cada 26 de junio. A sus pies está una preciada reliquia del santo (ex ossibus).
El 29 de junio de 1983, la Iglesia y dos casas contiguas, fueron declaradas Monumento Histórico por Decreto Nº 616 del Ministerio de Educación. Después, por Decreto Nº 123 exento del 21 de febrero de 1998, la Iglesia fue incorporada a la Zona Típica Plaza Mulato Gil de Castro. Constituye, además, una de las pocas obras de Brunet des Baines que se conservan en tan buen estado.
Mucho ha cambiado el barrio desde entonces, sin duda: bares, restaurantes, turismo, intelectualidad real e intelectualidad fingida. La Iglesia de la Vera Cruz sigue allí, para fortuna del orgullo capitalino, sigue allí limpia y ufana, en muy buenas condiciones de conservación, cual oasis de anacronismo urbano.
Cripta de don Pablo Flores (1877) dentro del templo.
Cripta de don Francisco Ángel Ramírez (1856), Intendente de Santiago al momento de la erección de la iglesia y gran colaborador del proyecto, además de fundador.
Cripta de don José Olegario Cortez (1891). Tengo entendido que pertenecía a una familia que apoyó al bando congresista en la Guerra Civil, pero, curiosamente, su fecha de muerte es sólo un día antes de la del Presidente José Manuel Balmaceda.

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