martes, 5 de agosto de 2008

LA CALLE PARA/DEL DOCTOR NATANIEL COX

Un microbus pasa frente al Teatro Continental por Nataniel Cox hacia la Alameda, en los años 60, cuando la dirección del tránsito en la arteria era inversa a la que se observa ahora. Imagen de los archivos de revista "Life".
Coordenadas: 33°26'42.30"S 70°39'14.92"W (inicio) 33°28'34.96"S 70°38'56.83"W (final)
Para la mayoría de los santiaguinos, el nombre del Doctor Agustín Nataniel Cox no evoca más que la prolongada vía de un sentido que se extiende desde la Alameda Bernardo O’Higgins hasta los deslindes con barrios de la zona Sur de la ciudad, cual continuación de Teatinos. Sin embargo, poco se dice del destacado médico que aportara su nombre a la misma arteria.
La vida me ha unido varias veces a esta misma gran calle, donde antaño se encontraba la antigua sede de la quinta de “Las Tejas”. La lujuria estaba a cargo del extinto “Bar Ronnie” que, según dicen los que le conocieron hasta su desaparición hacia fines de los ochenta, era custodiado por un legendario enano guardia. El local que hoy ocupa el sitio del “Bar Ronnie” es igual de pecador, lleno de chiquillas felices, pero tiene otro nombre. Había por allí otro antro disfrazado de restaurante: “El Panameño”, junto a Parque Almagro, y al que tuve el infortunio de caer accidentalmente con unos compañeros universitarios en una hora de colación de 1990. Local hoy desaparecido, creo que tras un incendio ocurrido tiempo después de su cierre. Atendía en condiciones insalubres un cojo con la nariz tan quebrada, que casi la traía por una oreja más que al centro de su cara huesuda y asimétrica.
Recuerdo la tienda esotérica y yerbatera “Kilimanyaro”, con su cartel colgante con una nada discreta swastica como isotipo comercial; el Gimnasio Nataniel, un subterráneo ya casi abandonado por los estudiantes que alguna vez lo ocuparon, pues estaría próximo para ser demolido; y los negocios de libros viejos que había por ahí por la tercera cuadra, casi puros textos educacionales mezclados con chabacanerías de magia negra y ocultismo.
También estaba la sala del desaparecido Cine Continental, ex teatro donde alguna vez vi con mi madre una comedia de Adriano Celentano, con sus elegantes decoraciones interiores realizadas por el artista nacional Luis Meléndez. En fin, tantos, tantos otros hitos de esta calle, donde sobreviven un importante cuartel de Bomberos de Santiago (la 5ª Compañía) y algunas casas de estudios superiores.
Nataniel Cox era también mi lugar de regreso a La Florida, tras las extenuantes jornadas de estudio. Primero, desde el liceo Manuel Barros Borgoño; y después, en mi paso por la Universidad Central. Y no puedo evitar la invención de más y nuevas razones para seguir visitándola. No faltan excusas.
Sector de "apertura" de la Calle hacia el Sur, desde su origen en Alameda. Nótese la especie de portal constituido por los edificios que pasan por encima desde los años cuarenta, como su intentaran cerrar el acceso más que "facilitario" hacia las sombras y las luces nocturnas del barrio que allí se encuentra en verdad.
Cuarteles de la 5ª Compañía de Bomberos... Todo un símbolo de este barrio.
EL HOMBRE DETRÁS DE LA CALLE
Ahora bien, ¿quién es el aludido por la avenida Nataniel Cox? No culpo a quien no lo sepa: es difícil encontrar en estos medios como la internet buenas biografías sobre el insigne médico inglés al que tanto le debe la sociedad centrina y todo Chile... Al que se le debe mucho más que prestar su nombre para una calle, por supuesto.
Don Nata nació el 25 de mayo de 1785 en Grosmont, en el condado británico de Monmouth. Sus padres eran John Cox y Mary Lloyd, quienes lo educaron con la intención de hacerle tomar los hábitos religiosos. Sin embargo, él prefirió cambiar la vocación religiosa por la medicina, haciéndose discípulo de dos médicos de Gales con los que aprendió cirugía. En aquellos años, no existían academias ni facultades que enseñaran directamente estos procedimientos, por lo que el aprendizaje era directamente con los médicos.
Con sólo 19 años, viajó en 1804 a Londres para completar sus conocimientos quirúrgicos y en otras materias complementarias, en los Hospitales de Guy y de Saint Thomas, recibiendo su diploma del Real Colegio de Cirujanos de Londres el 18 de octubre del año siguiente. En 1807 fue contratado por la Armada de Rusia para trabajar como médico de sus barcos. Desde allí pasó a la Marina Real de Gran Bretaña, hasta abril de 1813, cuando renunció para iniciar aventuras en el Nuevo Mundo.
Viajó a Sudamérica apostando a una buena surte que, en un principio, no le fue generosa. Su intención era establecerse en Montevideo pero, tras pasar por esta ciudad y por la de Buenos Aires sin conseguir estabilidad en el Plata, llegó a Santiago de Chile el 18 de abril de 1814, en plena Patria Vieja, donde esperaba reincorporarse al servicio de la marina inglesa, parte de cuya flota se encontraba en Valparaíso al mando del Comodoro James Hillyar, su amigo personal.
Iba a viajar al puerto, cuando el Almirante Manuel Blanco Encalada le imploró ayuda para su tío José Manuel Calvo de Encalada y Recabarren, Marqués de Villa Palma. Feliz suceso éste: la recuperación del prestigioso aristócrata fue notable, dando a Cox un nombre reluciente en la sociedad chilena y colocándolo rápidamente entre los iniciadores de la farmacia y la farmacopea, ciencias que también eran de su dominio. Habiéndole dado así el palo al gato, se llenó de pacientes y la prosperidad por fin le sonrió en estas tierras extrañas y ajenas. Siguiendo un consejo de Hillyar, se estableció entonces en Santiago, y en agosto de 1814 fue nombrado Cirujano 1º del Ejército de Chile durante el Gobierno de Francisco de Lastra.
Desde entonces, Cox hizo un pacto de lealtad con esta patria adoptiva. Un pacto que respetó hasta el fin de sus días. Así, debió partir al exilio tras el desastre de Rancagua, en octubre, pisando otra vez Buenos Aires. Regresó a Chile en 1818 para seguir colaborando con los patriotas en la lucha por la Independencia. En mayo de 1819, fue designado Examinador de Cirugía del Tribunal del Protomedicato de Chile. Tan comprometidamente obró a favor de la causa, que Bernardo O’Higgins le retribuyó su gesto concediéndole la nacionalidad chilena el 14 de diciembre siguiente.
Respetado y querido por todos, don Nata contrajo matrimonio el 11 de septiembre de 1820 con doña Javiera Bustillo y Maseyra. Diez hijos saldrían de esta unión, perpetuando el ilustre apellido en la genealogía chilena con varias nuevas eminencias y grandes personajes descendientes del Doctor Cox, que han saltado a las páginas históricas reclamando su propio sitio.
Un tiempo después, instaló una farmacia en Estado con Agustinas, pleno centro de Santiago, frente a la Iglesia San Agustín. Fue el primer local de estas características en Chile y probablemente uno de los pioneros en Sudamérica. Hacia 1827, dejó este negocio en manos de su cuñado, José Vicente Bustillos, por lo que pasó a la historia como la “Botica Bustillos”, donde se reunían connotados intelectuales y líderes políticos de la época a escuchar conferencias y tertulias dirigidas por el propio don José Vicente.
Uno de los que asistía a los encuentros de la “Botica Bustillos” era don Diego Portales Palazuelos. Siendo ya Ministro de Interior, Exterior y Guerra, el insigne y visionario forjador del Estado en forma chileno creó por decreto el Tribunal del Protomedicato en 1830, inspirado precisamente en las propuestas formuladas en estas reuniones. El organismo, iniciador de la medicina profesional contemporánea en el país, quedó Presidido el Doctor Guillermo C. Blest e integrado también por Cox y Bustillos como vocales, además de don Pedro Morón como secretario y don José Barrios como fiscal.
El 12 de marzo de 1833, el Presidente de la República José Joaquín Pérez firmó el decreto para la creación de la primera Escuela de Medicina del país, estableciéndose una carrera de 6 años de duración. Cox participó del Primer Claustro de la Facultad, junto a otros siete profesores-fundadores, entre los que estaban Blest, Sazié, Morón y Bustillos.
Cox fue, de este modo, precursor y partícipe de la revolución en la medicina nacional, manteniendo su vigencia y su prestigio durante todo el resto de su vida. Fiel al juramento hipocrático, muchas veces tuvo actitudes de verdadero filántropo, apartándose de la tentación monetaria y de la ambición más de lo que el instinto de subsistencia incluso le recomendaría. Trabajó en el Hospital San Juan de Dios hasta 1837 y después reemplazó a su colega el Doctor Blest en la Sociedad Médica, institución que relevó al Protomedicato de Chile. Las autoridades decidieron incorporarlo a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, nombrándolo miembro de su cuerpo académico el 28 de junio de 1843.
En 1845, don Nata fue nombrado ahora Cirujano Militar de Valparaíso. Con tristeza, Santiago vio partir hacia el puerto al afamado médico. Allá se desempeñó en el Hospital San Juan de Dios de Valparaíso, hoy llamado Hospital Van Buren. En 1849 estableció una clínica particular en la Quinta Polanco, llamada Casa de la Sanidad, que dirigió personalmente. El personal de la Armada de Chile se atendía en este centro, por un convenio especial entre la institución y la clínica.
Aunque también hizo gran fortuna en estas actividades, las tendencias a la generosidad incontenible del Doctor Cox le llevaron casi a la ruina, perdiendo la mayor parte de sus riquezas. Pero el 28 de octubre de 1859, el Congreso Nacional decidió retribuir los servicios del médico para esta patria, concediéndole un reconocimiento público y dictando una ley especial que le permitiera jubilarse con sueldo íntegro. Para ello se realizó una gran ceremonia en el Hospital San Juan de Dios de Valparaíso, con los discursos encabezados por el propio Presidente de la República, don Manuel Montt.
En el lugar de la fortuna perdida, Cox dejó para sí y para el pueblo chileno una larga historia de ejercicio ejemplar de su profesión, de patriotismo abnegado a favor de un país distinto al que le viera nacer y, sobre todo, la magnífica calidad humana que le distinguiera. Nunca volvió a residir a Santiago el querido Doctor. En la tranquilidad del puerto y de las brisas del mar del Pacífico, falleció el 6 de febrero de 1863.
Doctor A. Nataniel Cox (1785-1863).
Elegantes casas de calle Nataniel Cox hacia 1920.
LA CALLE DETRÁS DEL HOMBRE
Hoy tenemos una calle homenajeando a don Nataniel Cox, en lo que antes era la continuación de Teatinos al otro lado de “La Cañada”, posterior Alameda de las Delicias. Una larga calle, prolongada como los 50 años de servicio del Doctor a este país que, a veces, castiga a quienes debiese premiar, y en otras congratula a quienes debería castrar.
La larga calle, llamada Nataniel a secas por los santiaguinos y los carteles de la locomoción colectiva, ha sido escenario y sede de importantes hechos de la historia capitalina: vecinos ilustres, tranvías, aristocracia, decadencia, bohemia, prostitución. Casa suntuosas fueron cediendo terreno a cités y conventillos, algunos pintorescos y otros francamente miserables, donde más de una vez corrió sangre hasta lo adoquines. Los crímenes no los cometió sólo el bajo pueblo, sin embargo, pues la esquina con Alonso Ovalle ocurrió el famoso asesinato de la Legación Alemana de 1909. En Nataniel Cox, además, encontraron sede también instituciones benefactoras controvertidas como Cema-Chile, centros castrenses como la Confederación de las Fuerzas Armadas en Retiro y famosos sitios recreativos como el Teatro Continental.
Según Vicuña Mackenna, la calle de don Nataniel Cox fue abierta en 1864. Al aproximarse un poco más al cambio de siglo, vivía en su esquina con Alameda don Macario Ossa, en una elegante casona que fue heredada después por su hijo Félix Ossa Vicuña. En su obra "Un mundo que se fue", Eduardo Balmaceda Valdés recuerda que, a la sazón, muchas propietarias famosas venidas desde Francia, también habían establecido sus residencias en esta calle.
En una de estas casas vivió hacia los días del Gobierno de Balmaceda el insigne poeta y periodista nicaragüense Rubén Darío. La propiedad estaba cerca del domicilio de don Manuel Rodríguez Mendoza, redactor de "La Época", quien vivía a su vez al frente de la residencia de don Samuel Ossa Borne. El entonces joven Darío residía en un albergue de "La Época", pero quizás influido por el círculo de intelectualidad alrededor de Rodríguez, decidió cambiarse en calidad de pensionista hasta una del número 51 de la misma calle Nataniel Cox.
Aunque el vecindario aristocrático y conservador lo rechazaba por sus pocos refinamientos y su afición por los placeres profanos, Darío fue frecuentemente visitado allí por Domingo Amunátegui Solar, Alcibíades Roldán, Pedro Balmaceda, Jorge Huneeus Gana, Vicente Grez, Emilio Rodríguez (hermano de Manuel, también residente de la calle), el Doctor Puga Borne, Narciso Tondreau y otros intelectuales de la época. Hasta varios años más parece haber existido este énfasis connatural de la calle Nataniel Cox con el mundo de los hombres de letras, especialmente en sus primeras cuadras saliendo desde la Alameda hacia el Sur.
Sabemos también que fue ampliada paulatinamente hacia el Sur, a partir de su puesta en uso. Un proyecto de 1912 pretendía la ampliación de la ruta vial que comienza con Teatinos en la Alameda y sigue por Nataniel Cox hacia El Llano y, desde allí, hacia el ex Camino a San Bernardo. La idea era abrir una avenida hasta Placer, donde hoy termina Nataniel, de unos 25 metros de ancho, proyecto que jamás llegó a concretarse. La calle fue importante en la conexión de los sistemas de tranvías de la época, además del hecho que la desaparecida calle corta llamada Santiago, que estaba en su primera cuadra cerca de la Alameda, era punto de partida y llegada para algunas líneas del transporte.
La avenida Nataniel Cox se convirtió en una vía pecaminosa, sin duda. Quizás siempre lo fue, y en todo sentido. En su esquina de esta calle con la de Alonso de Ovalle, por ejemplo, tuvo lugar el siniestro incendio y asesinato de la Legación Alemana, en 1919, un verdadero clásico de la criminología capitalina. Pero también gozó de la intelectualidad: allí en su número 51, donde después se levantara el Cine Continental, tuvo su residencia en Chile (1886-1889) el insigne poeta nicaragüense Rubén Darío. Una placa conmemorativa recuerda allí este hecho.

La intervención más importante quizás sea la construcción del edificio de la Caja del Seguro Obligatorio, que pasa por encima de la calle Nataniel Cox y parece incluso cerrar su realidad un tanto "incómoda" desde la vista que se tenga desde la Alameda. La construcción fue levantada en 1943 sobre los planos de
los arquitectos Ramón Lecaros Matte y Samuel Aránguiz Latorre. El edificio cruza la calle por encima, del mismo modo que lo hace el del Ministerio de Defensa por el lado de Zenteno. En el de la Caja todavía pueden verse huellas de balas que quedaron como vestigios de tiroteos en la mañana del 11 de septiembre de 1973, justo encima de la calle.
Hacia 1950, la flamante casa de confecciones "Scappini", fundada por don Juan José Scappini, instaló sus dependencias en el número 135 de esta calle, haciéndose conocida por la calidad de sus trabajos y por sus participaciones en encuentros internacionales de Italia, Bélgica y Alemania. Actualmente, sus talleres están en Santa Rosa. Más hacia Alameda, en el número 86, existió por largo tiempo la firma Carlos Glucksmann, sucesora de la Casa Max Glucksmann y Cía., dedicada al área de la discografía y las grabaciones musicales, con incursiones pioneras en la cinematografía, además. Por la misma época, vivía en el 109 de Nataniel el empresario agrícola Enrique Dávila San Cristóbal. Y en el número 210 residió el destacado periodista Sergio Carrasco Torrealba, ex director del diario "El Correo" de Valdivia, además de editor en varios medios impresos. Y en el 370 tuvo su domicilio en General de Aviación Evaristo Gómez Lindholm. En el 31 hacía lo propio el abogado y periodista Fanor Velasco Velásquez, destacado redactor de "El Mercurio" a mediados de siglo y primer director del Archivo Nacional tras presentar el proyecto al Gobierno, en 1925.
Pese a todo, aún esos mismos barrios de Nataniel que durante la luz del día se llenan de escolares y universitarios intentando tomar locomoción para volver a casa, tal cual lo hice yo alguna vez, en la complicidad de la noche siguen volviéndose territorio de bares antiguos, prostíbulos y centros misteriosos de recreación, como lo eran ayer.
De seguro, tampoco faltarán a futuro (porque nunca faltan, lo damos por descontado ya) los que quieran cambiarle el nombre a la avenida por el de algún globo político ya desinflado pero "muy consecuente" con sí mismo, pues los muertos siempre son dignos de toda clase de apologías. Serán, por supuesto, de aquella generación a la que no les suena casi ningún nombre que no provenga de 1973 en adelante, y que probablemente ni siquiera sepan de los dramáticos "recuerditos" de aquel año que hemos mencionado presentes alrededor de las ventanas del edificio de la Caja, con esas ráfagas incrustadas sobre el cemento como testimonio dramático de aquel conflicto.
Sin embargo, permanece allí, a sólo un costado de nuestra arteria matriz santiaguina, el recuerdo de uno de los más grandes médicos conocidos por nuestra ciudad y por nuestra patria en su conjunto. Ojalá pudiésemos recordar al Doctor, entonces, en cada mención de la avenida Nataniel Cox y no sólo por su calle.
Local del desaparecido "Bar Ronnie", hacia la tercera o cuarta cuadra de Nataniel Cox... Sigue igual de lujurioso que ayer, aunque ya no hay un mítico enano espantando a los intrusos.
Ex cine "Continental", en la primera cuadra de Nataniel Cox, hoy convertido en templo de asambleas y actividades religiosas relacionadas a un grupo protestante. El edificio que lo alberga es el que fue levantado sobre el lugar que ocupó la residencia de Rubén Darío en Chile.

3 comentarios:

  1. te felicito, muy bueno, yo estudio en la central desde el 2009, y ahora se gracias a tì, quien guedon Nataniel, muy bueno, sigue asì

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  2. Felicitaciones por el trabajo realizado. Realmente interesante la historia de Nataniel Cox, vivo acá en un edificio hace un par de años, y estaba intrigado por saber a quién le debíamos el nombre de esta calle.
    Sin duda lo mejor de este relato, es la forma en que se mezcla la historia con la actualidad, lo que hace valorar el patrimonio que tenemos en nuestra ciudad.
    Nuevamente felicitaciones, y como dice el comentario anterior "sigue así".
    Saludos.

    Oscar.-

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  3. Muy bueno el articulo y entretenida firma de escribir y conocer historias en torno a esta calle

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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