miércoles, 29 de noviembre de 2006

FELIPE GUAMÁN POMA DE AYALA Y UN ERROR "MONUMENTAL"

El bajorrelieve de marras...

Coordenadas: 33°26'14.69"S 70°39'1.33"W

"Santiago 1580 según Nuevas Crónicas del Buen Gobierno de Huamán Poma de Ayala"... Así anuncia frente a nuestra propia Municipalidad de Santiago y casi a las puertas del Museo Histórico Nacional, la primera de las tres placas de bronce colocadas como bajorrelieves de piso al lado Norte de la Plaza de Armas, junto al Monumento a Pedro de Valdivia, y que se extienden en dirección a la Catedral mostrando distintos estados de desarrollo de la ciudad de Santiago a través de la Colonia, según aparece retratada en famosas crónicas.

Lamentablemente, quienes diseñaron y colocaron esta enorme placa vista por cientos de visitantes extranjeros cada día -me parece que durante la Alcandía de Joaquín Lavín Infante pero concluyendo las obras de remodelación de la plaza iniciadas por su antecesor Jaime Ravinet de la Fuente, por ahí por el cambio de siglo-, no consideraron revisar los libros de historia ni asesorarse por expertos con relación a lo que hoy observan y fotografían allí los turistas. Hubiese bastado echarle una mirada a la internet para evitar el problema en que, finalmente, se cayó.

El autor del mapa se llama Felipe Guamán Poma de Ayala, un indígena yarovilca peruano nacido hacia 1536 ó 1538, convertido al cristianismo y al servicio de los conquistadores como cronista de Indias. Su sello de firma estaba compuesto por las iniciales "F.G.P." con el apellido "Aiala" al pie. Su magnífica obra de casi 1.200 páginas manuscritas se titula "La Nueva Crónica y Buen Gobierno", por las dos partes principales de su contenido, de modo que el nombre que se le asigna en la placa de la Plaza de Armas es un error garrafal.

Cabe señalar que el autor de este documento, extraordinariamente abundante en ilustraciones, tenía la esperanza de que llegara a manos de Felipe III. Pero después de viajar a Madrid, el libro fue vendido a particulares y olvidado. Fue redescubierto en 1908 en la Biblioteca Real de Copenhague, por el investigador alemán Richard Prietschmann, convirtiéndose de inmediato en una de las crónicas coloniales indianas más importantes y consultadas.

Queda una observación más grave aún sobre este asunto: "La Nueva Crónica y Buen Gobierno" fue escrito desde 1612 hasta 1615 ó 1616, ya en pleno siglo XVII, pues lo concluyó el cronista hacia el final de sus días siendo ya un anciano (se cree que falleció entre 1616 y 1620). En cambio, la placa de la Plaza de Armas señala la fecha del plano de Santiago que allí se muestra en 1580, algo anacrónico e imposible, a la luz de las evidencias.

Creo que aquí se han mezclado, lamentablemente, dos problemas endémicos en el comportamiento de nuestra sociedad citadina chilena: la ignorancia y la "pillería". La falta de rigurosidad por verificar la información siempre nos lleva al instinto de trabajar con el escaso elemento cognitivo que se tenga en la cabeza, dándole crédito a lo oído a medias, a los recuerdos vagos y a los registros incompletos de los hechos. He ahí el origen de la confusión absolutamente evitable entre "Las Nuevas Crónicas del Buen Gobierno" y el título real de "La Nueva Corónica y el Buen Gobierno" (Corónica = Crónica). Hablamos de un documento histórico bastante conocido, por cierto, y no de un título perdido o sólo al alcance de iniciados. Nada justifica ni minimiza esta falta.

Lo segundo se me figura derechamente (o chuecamente, según el punto de vista) una alteración deliberada con respecto a la fecha... Una pillería, nada más. Cuando los proyectistas advirtieron que no tenían a mano mapas de Santiago del siglo XVI para distribuir los planos de la ciudad a lo largo de tres siglos representados por las tres placas, no tuvieron quizá mejor idea que descontarle 35 años a la obra de Felipe Guamán Poma de Ayala y dejarla fechada así en 1580, manteniendo el equilibrio "secular" de las tres representaciones, junto a Alonso de Ovalle (siglo XVII) y Amadeo Frezier (siglo XVIII). Quisiera estar equivocado, por lo burdo de tal decisión, pero todo me induce a pensar que esto se hizo intencionalmente así.

He repetido esta observación sobre los errores en innumerables ocasiones, desde que se instalaron las placas. De entre los hombres de peso, la única vez que he visto algún pronunciamiento al respecto, ha sido sólo del ex embajador y actual miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, don José Miguel Barros, quien protestaba por este grueso paquete de equivocaciones en una carta dirigida al diario "El Mercurio" hace dos o tres años.

Me llama la atención, además, el silencio de los cientos de ciudadanos peruanos que pululan por este sector de Santiago ("la Pequeña Lima") y que supongo mucho más familiarizados que sus anfitriones chilenos con las crónicas de Felipe Guamán Poma de Ayala. Les propondría que, en vez de protestar imprudentemente contra el nombre de la Av. 21 de Mayo algunos años, alentados por mañosos "verdes" y pacifistas locales, a sólo unos metros de este lugar, pudiesen colaborar sinceramente con la ciudad haciéndole ver a la Ilustre Municipalidad de Santiago del problema que presenta la placa, como interlocutores válidos para tal observación.

Espero que este error se corrija a futuro. Sin embargo, advirtiendo cómo han durado por años los problemas y equivocaciones de otros monumentos de la ciudad, dudo que exista alguna urgencia por devolver en la Plaza de Armas de Santiago a "La Nueva Crónica y Buen Gobierno" su nombre y su fecha de nacimiento auténticos.

HOTEL APOLO: EL AMOR CUSTODIADO POR LAS GÁRGOLAS

Coordenadas: 33°26'44.64"S 70°37'56.94"W

Uno de los edificios más intrigantes de todo Santiago ha de ser, sin dudas, el ocupado por el Hotel Apolo de Avenida Vicuña Mackenna 328, cerca de que esquina con Santa Isabel. La vista cae seducida con un instantáneo hechizo mágico, del que resulta imposible marginarse frente a esta brillante pieza de la historia capitalina.

Decorada con una impactante connotación medieval y arcos de inspiración neogótica, la construcción es un verdadero castillo arturiano, repartido en pocos metros cuadrados de fachada tal cual la quería el arquitecto español P. A. Gutiérrez C. cuando levantó sus planos en 1923, con la intención de atender en él a lo más granado de las visitas extranjeras de la época. Desde que quedó terminado, cuatro años después, extraordinarias gárgolas custodian la entrada de todos los visitantes que llegan a ocupar alguna de sus más de 50 habitaciones.

Originalmente, el estupendo edificio estaba concebido para atender a diplomáticos, agentes extranjeros y sus familias, glamour que se advierte en sus dependencias interiores: escaleras de lujo, molduras tipo europeas, dragones palaciegos, escudos murales, muebles de época y una majestuosa chimenea en el elegantísimo salón principal, otrora testigo de grandes fiestas, bailes y recepciones en las que no faltaron importantes visitas internacionales. Por ello, el lugar sigue siendo visitado por estudiantes de arquitectura e investigadores históricos sedientos de conocerlo, además de haber sido escenario de filmaciones de películas y telenovelas.

En 1958, el edificio fue restaurado por la familia Trespalacios. Se lo convirtió en el primer hotel parejero de Santiago. Demás está hablar de la polémica y los berrinches moralistas motivados por esta situación, pero el hotel fue capaz de imponer y propagar este nuevo concepto de servicio. La calidad de la construcción y la fastuosidad de su decoración interior, además, han conservado intacto el prestigio y la elegancia del lugar, reconocido como uno de los más interesantes en el rubro de la hotelería de estadía "rápida".

Actualmente, la inconfundible fachada rosa del Hotel Apolo sigue siendo una de los centros de amorío importantes de Santiago, pero también un enclave octogenario en la historia nacional.

En sus avisos publicitarios y en un cartel que da la bienvenida a los usuarios, sus actuales dueños juran estricta observancia al lema: "Atender bien a nuestros pasajeros para que otros no lo hagan por nosotros".

Con esta promesa a la vista, y con la posibilidad de pasar unas horas por una experiencia de verdadero viaje por el tiempo, uno se pregunta si una noche en el Hotel Apolo será, acaso en sí misma, una intensa y apasionada aventura.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Fotografías del edificio gentilmente proporcionadas por la administración de Hotel Apolo sólo para ser publicadas en este artículo. Los derechos de uso de estas imágenes continúan siendo propiedad de sus dueños. Las imágenes fueron tomadas por el fotógrafo y publicista Enrique Cabrolier, encargado de la imagen de Hotel Apolo:

lunes, 27 de noviembre de 2006

J. H. TANNER Y CÍA, CORREDORES DE LA BOLSA... UN TEXTO DE 1929

Fuente imagen: "Libro de los Expositores Chilenos en Sevilla", 1929.

Coordenadas: 33°26'32.83"S 70°39'6.10"W

Texto tomado de las páginas 235 y 236 del voluminoso documento "Chile en Sevilla, 1929: libro oficial de los exponentes de Chile en Sevilla", editado por Aníbal Jara Letelier y Manuel G. Muirhead en 1929, por la Empresa Editorial "Chronos" de Santiago, e impreso por Imprenta "Universo" bajo auspicios del Gobierno del General Carlos Ibáñez del Campo:

LAS FIRMAS MÁS IMPORTANTES DE CORREDORES DE COMERCIO DEL PAÍS
H. J. TANNER Y CIA.

Fachada de las oficinas en Santiago de los señores H. J. Tanner y Cía. en el edificio de la Bolsa de Comercio

BOLSA DE COMERCIO SANTIAGO: Casilla 2394 - Santiago

BOLSA DE CORREDORES VALPARAÍSO: Casilla 825 - Valparaíso

Los principios de esta firma de corredores se deben a la Sociedad que formón el señor TANNER con don FEDERICO CAVALLO (socio fundador de la Bolsa de Corredores de Valparaíso), en 1920, bajo la razón social de TANNER Y CAVALLO. Al fallecer el señor CAVALLO en 1923, el señor TANNER adquirió los derechos de la sucesión, y el mismo año, formó la sociedad colectiva H. J. TANNER & Cía. con el señor ALFREDO A. CLAYTON, persona versada en la banca. A fines de 1923, presagiando el movimiento comercial hacia la capital, el señor TANNER también adquirió una acción de la Bolsa de Comercio de Santiago y bajo la misma razón social constituyó la sociedad colectiva comercial con don BENJAMÍN VILLASECA MUJICA, en esa época corredor de la Bolsa de Comercio de Santiago.

Actualmente, son socios de la firma de los señores H. J. TANNER, A. A. CLAYTON, BENJAMÍN VILLASECA, J. H. GOUGH, JULIO D. OEHRENS Y E. TANNER.

Esta firma ha tomado un gran desarrollo, extendiendo sus operaciones al extranjero.

---------------------

Los siguientes empréstitos externos han sido negociados por los señores H. J. TANNER & Cía. en representación de un sindicato bancario encabezado por KISSEL, KINNICUTT & Cía., y HALLGARTEN y Cía. de Nueva York.

  • Empréstito de $ 42.500.000 dólares, de la República de Chile 6% - 1%, en Octubre 1926.

  • Avance de $ 25.000.000 dólares, a la Municipalidad de Santiago, en Enero 1927.

  • Avance de $ 1.000.000 dólares de la Municipalidad de Santiago, en Enero 1927.

  • Empréstito de $ 27.500.000 dólares, de la República de Chile 6% - 1%, en Febrero 1927.

  • Empréstito de $ 4.000.000 dólares, de la Municipalidad de Santiago, en Enero 1928.

---------------------

Por cuenta del Gobierno de Chile esta firma ha colocado las siguientes emisiones internas:

  • $ 27.700.000, Apostadero Naval, 8%, en Noviembre de 1926.

  • $ 4.600.00, Canalización Mapocho, 8%, en Noviembre de 1926.

  • $ 1.150.000, Camino Santiago a San Bernardo, 8%, en Marzo 1928.

  • $ 2.300.000, Camino Punta Arenas a Puerto Natales, 8%, en Abril de 1928.

  • $ 730.000, Camino San Antonio a Cartagena, 8%, en Abril de 1928.

  • $ 1.900.000, Camino Concepción a Talcahuano, 7%, en Mayo de 1928.

  • $ 5.000.000 "Construcción de Puentes", 7%, Mayo de 1928.

---------------------

En Julio de 1928 organizaron un sindicato bancario para lanzar un Empréstito Fiscal de $ 25.000.000 en bonos del 7% para Obras Públicas.

Además de estas actividades financieras, son miembros de las Bolsas de Santiago y Valparaíso, y aparte de la clientela de los principales Bancos del país, actúan como corredores para varias importantes "Investment Trust Companys", en el extranjero.

La firma ha hecho una gran propaganda dentro y fuera del país con el fin de hacer conocer mejor los valores bursátiles chilenos y ha cooperado con el Gobierno para ampliar el mercado interno para Bonos del Estado. Todas las emisiones internas lanzadas hasta hoy han sido fuertemente sobre-suscritas, por cuyo motivo han recibido del Supremo Gobierno significativas felicitaciones que hablan muy alto de la seriedad y corrección de los procedimientos de esta firma.

Los señores H. J. TANNER y Cía. publican una circular mensual con detalles sobre todos los valores bursátiles transados en Chile, la que será remitida a cualquiera institución financiera que lo pidiese, dentro o fuera del país.

Pueden proporcionar más detalles e informaciones referentes a cualquier título registrado en las Bolsas de Valparaíso o Santiago.

Remiten a los interesados sus folletos sobre los bonos de los Bancos Hipotecarios y las emisiones Fiscales y Municipales.

A las Compañías de inversiones que se interesen en las Inversiones Chilenas esta firma ofrece suministrar todas las informaciones necesarias para un estudio completo de este mercado.

Nota y foto nuestra: Vista actual de la ex fachada de H. J. Tanner & Cía., en calle La Bolsa y a un costado del edificio de la Bolsa del Comercio. Hoy pertenece a las dependencias de la famosa casa de corredores Larraín Vial, pero hasta nuestros días sigue siendo conocida con el nombre de "salida Tanner" incluso dentro de estas oficinas.

domingo, 26 de noviembre de 2006

Y LÁZARO SE LEVANTÓ... EN EJÉRCITO CON GORBEA

Parroquia de San Lázaro hacia fines del siglo XIX, con su aspecto antiguo, antes del incendio de 1928. Fotografía de Odber Heffer. La casona que se ve en el primer plano a la izquierda es el lugar donde vivió Sor Teresa de los Andes en esta cuadra (fuente imagen: Universidad Diego Portales).
Coordenadas: 33°27'7.98"S 70°39'39.42"W
Ir a tomar las imágenes fotográficas que necesitaba de la Iglesia de San Lázaro, me produjo algunos sentimientos encontrados. A la majestuosidad cautivante de su alta torre gris pinchando el cielo y forzando con encanto hechicero la mirada del peatón, se me superpone inevitablemente la perturbante imagen de una atractiva y esbelta compañera del primer año en la Universidad Central de Parque Almagro, cuando yacía trágicamente muerta en un confuso accidente a una cuadra de este lugar y también a escasa distancia de la casa de estudios, en 1990. Alejandra, se llamaba, y rondaba los 18 años de vida. No puedo reservarme su nombre. De hecho, creo que por tal carga en mi banco de datos mentales, no volvía a este lugar desde entonces, tal vez un poco temeroso del tormento de esos recuerdos y detalles de esa triste mañana, de los que veo ahora que nunca me pude desprender.
Observar la altura erguida de la parroquia de San Lázaro, sin embargo, me da alguna esperanza o ilusión de resurrección para ella, aún cuando ésta no sea en el plano terrenal. Por más que miro y reviso la historia de esta iglesia, en un constante renacer, no puedo dejar de pensar qué clase de extraña sincronía ligó a esta con el mismo destino del para mi gusto más misterioso y simbólico personaje de los Evangelios, que logró vencer la muerte y volver por el umbral de la desaparición física.
Aun cuando hay discusiones sobre el San Lázaro de Jerusalén reconocido por la Iglesia Católica y su presunta diferencia con el Lázaro a que hace referencia la tradición popular tomada de los textos bíblicos, el personaje aparece asociado a la orden de caballeros cruzados del mismo nombre, y generalmente a los encargados de la atención de hospitales (los "hospitalarios"), siendo inevitable que el mito tomara su propia ruta ante la existencia de un culto de carácter muy pagano para el Lázaro resucitado por Cristo cuatro días después de fallecer, y del que se dice sería bastante generoso con el cumplimiento de milagros solicitados. Hay también otro enigmático Lázaro que aparece en las parábolas de Jesús como un pobre ilustrado, que es representado con perros y portando muletas, en otra curiosa alusión al servicio hospitalario. Hubo mártires y obispos milagrosos con el mismo nombre, pero a todos los une un mismo halo místico y hasta mistérico.

Vista de época del edificio, publicada en el estudio "La arquitectura moderna en Chile", de Max Aguirre y Miguel Ángel Baldellou, de la Universidad Politécnica de Madrid (2004).
El culto de San Lázaro es antiguo en Chile. René León Echaíz da buenas referencias en "Historia de Santiago", sobre el templo que fuera erigido originalmente en el sector de La Cañada (hoy Alameda Bernardo O'Higgins) donde ahora se encuentra la calle San Martín, pero que no hay exactitud sobre la fecha. Recuerda, sin embargo, que según Thayer Ojeda la antigua iglesia ya existía en 1575.
Sucedía que había sido fundada también una capilla que se convirtió en un importante centro religioso de la Colonia, y que el Arzobispado de Santiago reconoció como parroquia casi exactamente dos siglos después. Pero se le levantó una construcción mayor por decisión del entonces Obispo Manuel Alday, que la consagró a San Francisco de Borja. Sucedió, sin embargo, que el 22 de octubre de 1781, el mismo Alday emitió un decreto para trasladar la sede de la parroquia a la antigua capilla de San Lázaro, ubicada en La Cañada entre las actuales calles San Martín (ex "de las Cenizas") y Manuel Rodríguez.
En 1875, se ordenó un traslado del templo de San Lázaro hasta un sector relativamente cercano, en la ubicación que hoy tiene: calle Ejército Libertador 417, esquina Gorbea, por entonces un barrio asociado a la opulencia y a la comodidad de las clases altas de la sociedad capitalina. El plan del traslado se había trazado luego de las ventas de terreno que se ejecutaron a partir de 1872. Se instaló, así, sobre una ex quinta que allí había tenido el famoso empresario norteamericano Enrique Meiggs, uno de los capitalistas más acaudalados del salitre y los ferrocarriles de Chile y Perú.
La decisión del traslado la tomó Monseñor Valdivieso, al ver que el antiguo edificio de la Alameda de las Delicias era insuficiente para contener a todos los devotos que llegaban, ordenando de inmediato el inicio de las obras en tan opulento y copetudo sector de Santiago. Nadie habría pensado, por entonces, que ese mismo barrio en nuestros días, figuraría en las estadísticas delictuales como uno de los más complicados para la seguridad ciudadana, a pesar de su fuerte acervo como sector universitario.
Contrastante vista actual. Ya nada es igual a las viejas fotografías.
Vista desde el lado oriente, hacia la estación del Metro.
Para el año siguiente, el edificio de la iglesia ya estaba levantado y los fieles asistían sagradamente desde el mismo día de su inauguración. La bendición oficial del templo tuvo lugar el 7 de julio de 1877.
La historia de este lugar se cruzó con el ejercicio de la educación: En 1904, el cura párroco de la iglesia, Daniel Fuenzalida, decidió crear la escuela que lleva el mismo nombre del santo, para ser atendida y administrada por los sacerdotes de la casa religiosa. El servicio era ofrecido entonces de modo gratuito a los hijos de familias modestas, gracias a las sociedades benefactoras ligadas a la iglesia.
Pero la bondad de la parroquia no fue suficiente para que la Divina Providencia le salvara de un enorme incendio, el 9 de enero de 1928, que echó abajo la hermosa construcción de torre con arcos, con la voracidad de los siniestros que azotan la capital precisamente en esos días de intensos calores veraniegos, como tantos años antes le tocó también a la trágica Compañía de Jesús.  Aparentemente, la casa de San Lázaro había muerto, reducida en gran parte a escombros ardientes y humeantes.
Y es así como la Iglesia de San Lázaro demuestra tener la misma historia llena de símbolos y misterios que el personaje de tal nombre que aparece en el Nuevo Testamento, pues también se "levantó" volviendo de la muerte, producto de un milagro de devoción popular. Su enorme aguja se estira de manera magnífica, y literalmente sobre las cenizas de una vida anterior, haciéndose visible casi desde todo el entorno del barrio Toesca. De esta manera, el dolor de la ciudad de Santiago no se resignó a aceptar la muerte de su querido templo y la iglesia católica se organizó con sus feligreses reuniendo fondos y ánimos: a los pocos meses, el párroco de la iglesia, Arturo Cortínez, anunció complacido la reconstrucción con un nuevo y mejor edificio, cuyo diseño quedaría encargado a los prestigiosos arquitectos Gustavo Monckeberg y José Aracena, y la ejecución quedó en manos de los ingenieros Francke y Botinelli, según leo en un artículo de internet.
Imagen antes del deterioro de los ángeles de la torre-aguja.
Imagen actual, con los ángeles deteriorados.
Los arquitectos proyectaron la nueva iglesia de estilo románico y algo de bizantino, con un extraordinario portal, decorado con la imagen de San Lázaro, obviamente, que observaría la entrada de los fieles a varios metros de altura, sobre las puertas de madera y sus columnas neo-románicas. Más arriba aún, en la gallarda torre, cuatro ángeles contemplan el final de los tiempos en una panorámica de la ciudad desde su posición de privilegio. Hasta hace poco estaban en relativo buen estado, pero ahora están muy deteriorados o al menos eso aparentan.
El interior consta de una nave central con frescos alusivos a la Anunciación, Nacimiento, Muerte y Resurrección de Cristo, y el hermoso altar está elaborado en ónix y mármol. El aviador Armando Cortínez, hermano del Padre Arturo, donó por entonces una valiosa pieza francesa llamada "El Señor de las Trincheras", de la que hablaremos a futuro. También publicaremos un capítulo especial para el interior general de la iglesia, por su belleza y espectacularidad.
La nueva construcción quedó concluida en su mayor parte ese mismo año de 1930, reinaugurándosela el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen. Así, Lázaro resucitó y volvió a convertirse en uno de los centros religiosos más importantes de la capital cuyo enorme y atractivo edificio, por Decreto Nº 21 del Ministerio de Educación del 16 de enero de 1992, fue declarado Monumento Histórico Nacional.
Actualmente, la Iglesia de San Lázaro está bajo la administración pastoral de la Orden de la Madre de Dios (OMD) por decisión del Cardenal Juan Francisco Fresno. Su párroco, el sacerdote de origen italiano Paolo Biagi, se ha esmerado en mejorarla y mantenerla en excepcional buen estado dentro de los viejos Monumentos Nacionales del país. Entre otras hazañas, se cambió el piso antiguo con mármol blanco italiano de Carrara y con piezas de granito. También hablaremos más de estos detalles en alguna futura entrada.
Así, Lázaro resurrecto evocará para siempre, en Ejército con Gorbea, el también inmortal arquetipo del Fénix y del personaje bíblico que doblegó las leyes de hierro de la vida y la muerte...

sábado, 25 de noviembre de 2006

EL "MERVILLE": PALACIO DE LOS CURANTOS Y CUNA DE LA PAILA QUESO-TOMATE-HUEVO

Sector de Av. Rondizzoni, aproximadamente donde se antaño se encontraba el "Merville", junto al Parque O'Higgins.
Coordenadas: 33°28'14.31"S 70°39'46.70"W
Durante los años cincuenta y sesenta, tenía popularidad en General Rondizzoni casi con esquina de Avenida Beaucheff, un restaurante conocido como el "Merville", ubicado en un sitio de privilegio para atender a los comensales provenientes de los complejos deportivos del Parque Cousiño (hoy Parque O'Higgins) y del Club Hípico de Santiago. Gracias a un hecho casi fortuito relacionado con uno de estos clientes, tal vez el local debería haber entrado a la historia urbana nacional también como la cuna de una sencilla y, sin embargo, muy sabrosa receta que veremos más abajo. El boliche también es nombrado por Hernán Millás en su nostálgico "La buena memoria: y no me acuerdo qué más".
Atendido frecuentemente por su popular propio dueño, el ciudadano de origen francés Carlos Melville, el sitio vino a convertirse en algo así como un local de comidas rápidas, pero con sello casero y el calor familiar de los locales de antaño, donde se creaban vínculos estrechos de amistad entre clientes y propietarios. También abría para atender durante la tarde con onces y luego cenas, algunas bien regadas de vino si no me equivoco. La comida chilena era su fuerte, ofreciendo curantos en olla como platos principales. Se decía que éstos, preparados en la modalidad llamada pulmay en el Sur de Chile (curanto en olla), eran los mejores que podían encontrarse en todo Santiago.
Por entonces, dos de estos clientes "vip" eran el empresario constructor Miguel López Ríos y su secretario Osvaldo René Naudón Villalón, este último mi abuelo materno que, a la sazón, debe haber estado pasado de los treinta años. Ambos frecuentaban el "Merville" después de una tarde viendo torneos básquetbol (Naudón había sido jugador profesional de los clubes Santiago National, Atenas y Colo Colo) en el estadio que hoy es la actual cúpula del parque; o bien tras una visita al centro de la hípica capitalina. Solían llegar en compañía de otros compañeros de trabajo, ya que el local de la constructora quedaba por allí cerca, aunque desconozco si estaban más atraídos por los vinos que por los famosos curantos del boliche.
Bohemio y vividor, pero siempre austero con los gastos y las responsabilidades de la casa, mi abuelo pasó por una mala racha económica precisamente por esos días, por lo que se marginó de pedir los platillos del menú o los acompañamientos para el té de la tarde que ofrecía el local, supongo que con algo de orgullo y resistencia a ser invitado por el señor López Ríos o por alguno de sus demás acompañantes.
Un día de aquellos, en un arranque de creatividad muy propio de su personalidad, Naudón solicitó a don Carlos hacerle a pedido una paila barata, ajustada a su presupuesto, que mezclara tres ingredientes bastante económicos para meter dentro de una marraqueta y, por lo tanto, más adecuados a las restricciones de su bolsillo: queso, tomate y huevo, todo revuelto y con un poco de orégano. Una mezcla muy simple, no hay duda, parecida a los huevos al albañil que han penetrado en nuestra dieta sólo en tiempos muy recientes, pero con la cual, comercialmente hablando, nadie se había aventurado quizás hasta entonces, pues he encontrado sólo una referencia más o menos parecida, en "La Negrita Doddoy: Nuevo Libro de Cocina", de Lawe (Santiago de Chile, Sociedad "Imprenta y Litografía Universo", 1911), donde se receta el huevo revuelto con queso, pero, como mero acompañamiento, recomienda hacerlo también "con puntas de espárragos, con arvejas o con tomate picado". Según este documento, "es un plato mui lijero i útil para sacar de apuro ante un visitante inesperado".
En efecto, lo era: sacaba de apuros. El plato personalizado se repetía todas las ocasiones que este cliente volvió al "Merville", a veces pidiendo que el revoltijo que hiciera sólo con la clara del huevo y que la yema se mantuviese intacta al centro, para untarla con pan.
Puede que en los primeros días esa pasta rosada no haya llamado mucho la atención de sus compañeros de mesa y, quizá, hasta haya provocado algún escrúpulo entre los comensales, por su aspecto poco atractivo en principio, comparable a los restos que a veces dejaría un mañoso en un plato donde le sirvieron una pizza. Sin embargo, tanto don Carlos como el resto de la clientela no evitaron sentir el cautivante y apetitoso del olor de aquella paila, mientras don René y sus compañeros de salida untaban entusiastamente los trozos de pan sobre la sabrosa y jugosa mezcla. Y del olor al sabor, había sólo un paso.
Siempre con ojo profesional para los negocios, don Carlos comenzó a ofrecer por un tiempo, poco después, la misma paila con el nombre de "quetohue", creo, por las primeras sílabas de cada uno de sus tres ingredientes base. Si mal no recuerdo, apareció incluso en algunos medios impresos, invitando a los clientes a degustar su nueva propuesta culinaria de temporada. Éxito total para la paila: la oferta se convirtió por un tiempo también en otro de los varios símbolos del "Merville", atrayendo personas a la hora del té e incluso a visitantes que decidían probar del "quetohue" a otras horas del día, sustituyendo el almuerzo o la cena.
Coincidió, lamentablemente, que Naudón se alejó de la clientela del "Merville" en 1958, luego de un grave accidente en un ferrocarril que casi le cuesta la pierna y la vida, y que le invalidó por casi un año, debiendo renunciar por ello a su empleo con el señor López Ríos. Para entonces, se había dedicado al rubro de la carnicería, donde trabajaría por casi treinta años más.
Aunque el "Merville" desapareció años más tarde, creo que con la muerte de su propietario (aunque algunos vecinos me señalaron que fue en los setentas, con la estocada que recibió la vida jaranera en esos días), ese platillo particular de la paila sobrevive aún en algunos locales y negocios arrabaleros, generalmente ofrecido como desayuno o como once, con nombres como "paila triple", "huevos queso-tomate" y otras denominaciones más comerciales, con aderezos como pimienta o ají. En algunas recetas se ha cambiado el tomate picado por salsa de tomates, y en otros lados, el queso derretido se sustituye por queso rallado. Me ha llamado la atención, además, saber de la existencia del alguna vez llamado "quetohue" instalado con otras denominaciones entre ciertas familias o grupos de zonas rurales, en lo que podría ser el caso de un elemento de la cultura urbana trasladado hasta provincias, al contrario de la mayoría de los antecedentes que se suponen relativos al movimiento de las pautas culturales y folclóricas imperantes.
Hasta su súbito fallecimiento, el 25 de junio de 1997, mi abuelo René Naudón siempre recordó con orgullo y simpatía, pero sin soberbias, este acontecimiento que lo ligara quizás al surgimiento de una parte de la historia culinaria y urbana chilena, allá en el restaurante "Merville", el palacio de los mejores curantos, medio siglo atrás... De vez en cuando, yo también me preparo mi propio "quetohue".
René Naudón con quien escribe, poco antes de su fallecimiento en 1997.

VIVIENDO DE CARA AL CERRO SANTA LUCÍA

Fuente imagen: memoriachilena.cl
Coordenadas: 33°26'31.30"S 70°38'34.26"W
Puede que el edificio residencial Santa Lucía, ubicado en Alameda Bernardo O'Higgins 480 (a escasos metros del empalme de Diagonal Paraguay) no sea de los más espectaculares o arquitectónicamente interesantes de la zona de Santiago Centro, pero sin duda que ha de ser un recuerdo vivo y sugerente de los años en que era un lujo vivir allí, de cara al ex cerro Huelén, el encantado peñón convertido en el parque Santa Lucía por la iniciativa visionaria de Vicuña Mackenna.
Concluido en los años cuarentas, como gran parte de las construcciones del sector (entre las calles Lira, Quito, Guayaquil, Marcoleta, etc.), representó en su tiempo al fenómeno de valorización de suelo que hoy se observa por en el barrio Lastarria, también a poca distancia de este lugar y por el costado oriente del cerro Santa Lucía.
En su publicidad de presentación, aseguraba ser el edificio "con la mejor vista de Santiago", frontal a la cara Sur del mismo cerro. He reproducido aquí un aviso de época que así lo confirma y que tomé del archivo de Memoriachilena.cl. Corresponde a una página (la número 3) de la Revista "El Estanquero" del 6 de septiembre de 1947 (Imprenta El Esfuerzo, Santiago, 8 v.).
Levantado por la firma Jaras & Sotta Corredores de la Bolsa, el Edificio Santa Lucía ofrecía departamentos de uno y dos dormitorios y los del lado Norte con vista y balcón frente al cerro. Seis pisos, a los que se agrega un séptimo en el diseño original de su parte más alta y, sobre éste, un ático amplio y con ventanales que hace de octavo piso gracias al progreso.
Junto a ambos lados de su magnífica entrada tipo portal, se encuentran dos locales comerciales "con subterráneo", según la publicidad. Hoy son ocupados por un bar-restaurante y por una librería.
Los árboles han crecido, tanto en el frontis del edificio como en el parque del cerro Santa Lucía, haciendo imposible la claridad de vista que de ambos sitios -y, particularmente, de cada uno mirado desde el otro-, se tenía en aquellos años. Sin embargo, la curiosa construcción sobrevive como un recuerdo de ese aspecto que tenía entonces el centro de la capital y de cómo el fenómeno de potenciamiento y valorización que hoy experimentan barrios aledaños al Santa Lucía no son episodios nuevos en la historia urbana de este punto de Santiago.
Vista actual del edificio.

viernes, 24 de noviembre de 2006

EL EDIFICIO LA QUINTRALA (PARTE II): BOITE "LA QUINTRALA", "EL POLLO DORADO", "PLAZA DE LAS AGUSTINAS" Y OTRAS TRADICIONES DE UN SÓTANO EMBRUJADO

Publicidad para "El Pollo Dorado" en la revista "En Viaje" de febrero de 1970.
Coordenadas: 33°26'25.68"S 70°38'57.09"W
(Ir a Parte I de este artículo, dedicada a la historia del edificio, su relación con La Quintrala y la trágica muerte de Tito Mundt al caer desde las alturas del restaurante "Sportsmen")
En la primera parte de este artículo vimos algo sobre la historia del emplazamiento donde está el actual Edificio La Quintrala de Agustinas con Estado, en donde estuvo la casa de la famosa y temida Catalina de los Ríos Lisperguer en en el siglo XVII.
El edificio carga con una larga tradición y legendario de desgracias, supuestas apariciones de fantasmas y hasta rumores de maldiciones, manifiestas en hechos trágicos como la caída accidental del periodista Tito Mundt desde las alturas del mismo, más específicamente desde las dependencias del club y restaurante "Sportsmen" en 1971.
Ahora, en esta segunda parte, concluiremos con la historia de un espacio en particular de este edificio, también cargado de tradiciones y leyendas, correspondiente a los subterráneos del mismo, donde han alojado tres de los clubes-restaurantes más importantes que ha tenido la historia de Santiago.
Aviso publicado para la boite "La Quintrala", anunciando la presentación del grupo musical femenino "Trío Moreno". Imagen tomada del excelente blog antiguabohemiasantiaguina.blogspot.com, que recomendamos encarecidamente visitar.
LA BOITE "LA QUINTRALA"
Con el Edificio La Quintrala nació también un local interior que llegó a tener gran prestigio en la zona capitalina. Como era de esperar, llevaba el nombre de la ex patrona del terreno: Boite "La Quintrala".
Aunque en algunas fuentes figura fundada por don Pedro Fernández a fines de 1942, esta sala-restaurante donde "se come y se divierte" según prometía, fue propietada y atendida en su mejor época por Lorenzo Yazigi, se encontraba en los subterráneos de una galería de acceso al edificio homónimo a la boite, que conectaba por dentro los números de Estado 215 con Agustinas 811, las dos entradas al edificio. Correspondía al local número 4, y popularmente se le llamaba El Sótano de la Quintrala.
La leyenda dice que este subterráneo que ocupaba el local correspondía a los que originalmente se encontraban en la casona de la Quintrala. Supuestamente, además, habían más redes subterráneas a partir de este sótano, que conectaban con la iglesia atravesando por el subsuelo la calle Agustinas, e incluso hacia el Cerro Santa Lucía y los famosos ductos coloniales del Santiago bajo tierra.
Tal vez la explicación de la vida subterránea de "La Quintrala" era más sencilla, no obstante: el local era un centro de jolgorio, fiesta y ruido que duraba hasta el amanecer.
Oreste Plath recuerda que la maestra de ceremonias era Lucy Lanni, artista del cine chileno que, según mis datos, aparece en el elenco de "La Dama de las Camelias" (1947) y "La Rosita de Cachapoal" (1952), entre otras obras.
El célebre y popular dúo humorístico "Los Perlas" presentándose en "El Pollo Dorado", en fotografía publicada por la revista "En Viaje" de 1961.
Publicidad para "El Pollo Dorado" en la revista de sátira política "Topaze", ejemplar del viernes 20 de abril de 1962 (Nº 1539, pág. 7). El aviso invita a celebrar el regreso a Chile del Cardenal Raúl Silva Henríquez bajo la columna "El Punto de la Semana", en la revista, que colocaba nota al período correspondiente a la publicación. Nótese que era tal la popularidad del restaurante en aquellos años, que ni siquiera necesitaba señalar la dirección de su establecimiento en calle Agustinas.
EL RESTAURANTE "EL POLLO DORADO"
Una nueva dinastía se instaló en el mismo local de "La Quintrala" cuando hubo pasado el período de apogeo de los cincuentas para la boite, obligándole a cerrar sus puertas hacia la larga escalera al subterráneo.
Su nuevo propietario era el ciudadano de origen árabe Salvador Salomón Tecla, quien tuvo la ocurrencia de colocarle un nombre más popular: "El Pollo Dorado", identificado también como el "fogón de la chilenidad" en una hábil estrategia que acentuó el carácter folclórico del sitio, tanto en la decoración como en el tipo de artistas que allí se presentaban. La RCA incluso publicó un disco vinilo con selección de cuecas y cantos presentados en el local por sus artistas, titulado "Una noche en el Pollo Dorado".
Plath escribe que, como aperitivo, se ofrecía un traguito a base de ron en una naranja y con una pajuela. El plato principal de la casa era el pollo dorado, asado delicadamente con alguna receta secreta y acompañado de una gran cantidad de ensaladas. Resulta imposible no asociarlo con la misma comida con que la Quintrala había dado muerte allí a su padre, tres siglos antes. De postre, típicamente chileno, estaba el mote con huesillos.
Acceso al subterráneo de "La Plaza de las Agustinas".
El ambiente artístico era de cuecas y tonadas de todo tipo y factura, desde las refinadas hasta las más "choras" y originarias, urbanas y huasas, aunque un tanto ajustadas al ambiente más pulcro que el de chinganas o fondas. Pasaron por allí artistas de la talla de Silvia Infanta y "Los Baquianos", la musicóloga Clarita Solovera, Carmen Ruiz, el dúo Rey Silva, "Los Perlas", los Hermanos Campos, Ester "Negra Linda" Soré, Lucho Bahamondes, "Fiesta Linda", los hermanos Silva y el mago Enrique Hidalgo, alias Ling-Fu. Por esta razón, el señor Salomón decía que su local era el único en Chile donde no se esperaba el 18 de septiembre para bailar cuecas. A la música se sumaban destacados humoristas y comediantes de la noche capitalina, como Manolo González, Carlos Rayero, Carlos Helo y Alejandro Lira.
Con este prestigio, no fue raro que por aquel sótano temido y encantado pasaran ilustres visitas como Robert Kennedy, Hugo del Carrill, Libertad Lamarque y una innumerable cantidad de escritores e intelectuales de la época. En los años sesenta gozaba de una envidiable popularidad, siendo el gran lugar de celebraciones en la capital.
Comedores de la Plaza de las Agustinas.
La chilenidad y la fiesta fueron suficientes para apagar el predominio de los espíritus y espantos que intentaban asustar en en local. Si el fantasma de Catalina de los Ríos seguía rondando por allí, como se decía con propiedad entre sus clientes, lo hacía acaso bailando un pie de cueca. Todo parecía prometer, así, un futuro esplendor para los sucesores de la celebración nocturna en las galerías subterráneas del edificio de "La Quintrala".
El principio del fin para "El Pollo Dorado" sobrevino, sin embargo, de las consecuencias del 11 de septiembre de 1973, viéndose obligado a cerrar al poco tiempo. Se dice que muchas de las enigmáticas galerías subterráneas que salen desde este sótano fueron clausuradas por los mismos militares, durante este período.
Tan fuerte fue la presencia de "El Pollo Dorado" en la escena bohemia nacional que, según me enteré mientras entrevistaba a algunos administradores del edificio, aún llegan a la galería algunos turistas con cara de gringos perdidos, preguntando cándidamente por el desaparecido local y deseosos de conocerlo por la atracción que las crónicas de chilenidad y de fantasmas que tejieron su historia. Los nuevos dueños tienen la paciencia de ponerlos al día con las tristes noticias.
Salón de la Plaza de las Agustinas.
Puertas condenadas, tras las cuales estuvieron alguna vez las galerías que conectaban con la Iglesia vecina por debajo de la calle Agustinas.
Y FINALMENTE, "LA PLAZA DE LAS AGUSTINAS"
Los siguientes propietarios fundaron dentro de sus pasadizos y salas del enigmático Sótano de la Quintrala el restaurante "La Plaza de las Agustinas", sobre la cual comenzaron a ver la luz más episodios de misterios y fantasmagóricos, además de tener que lidiar con las historias de apariciones y de galerías extrañas que ya venía arrastrando el local desde los tiempos de la boite "La Quintrala".
Estos actuales propietarios cuentan que las situaciones misteriosas comenzaron desde la llegada misma al local. Cuando intentaron pintar unas enormes manchas con aspecto de sangre sobre algunos de los muros del subterráneo, estas volvieron a atravesar la capa de pintura y reaparecieron al poco tiempo. Objetos que flotaban y los citados gritos desgarrados de mujeres completarían el acompañamiento adquirido con el recinto, según lo confirmarían también algunos empleados del edificio.
Su entrada lo define, sin embargo, como "restaurante" y "cervecería". Abajo, el visitante se encuentra con un amplio salón lleno de sabrosos olores y de una decoración muy particular, algo pueblerina y con inocencia infantil.
Terrores más o terrores menos, "La Plaza de las Agustinas" es hoy un excelente local de autoservicio, ideal para visitar durante la hora de almuerzo.
Una de las situaciones que más se comentan sobre "La Plaza de las Agustinas", además de la existencia comprobada de las galerías que salían desde local por el subsuelo hasta la iglesia (por detrás de algunas de las puertas del decorado, ya condenadas), es el extraño desorden en que aparecían las ollas de la cocina cada vez que volvían a abrir el restaurante en la mañana. Ollas que -se entiende- la noche anterior habían sido dejadas en perfecto orden.
El año 2005 un equipo de "clarividentes" extranjeros quiso estudiar el caso y, después de algunos ataques hipnóticos y trances durante una visita a los rincones de "La Plaza de las Agustinas", pidieron inspeccionar otras áreas del edificio. Dijeron haber visto, entonces, dos almas convertidas en perros, rondando como esclavas la zona de la famosa y antigua caldera que se encuentra en otro subterráneo del recinto y es una reliquia.
Obviamente, los empleados del edificio que acompañaban a estos paragnostas, no vieron nada extraño, salvo las histriónicas convulsiones de los "videntes" que sólo ayudaron a profundizar la fama tenebrosa del edificio y sus históricos locales de recreación.

EL EDIFICIO LA QUINTRALA (PARTE I): ENTRE DOÑA CATALINA DE LOS RÍOS, LA TRAGEDIA DEL "SPORTSMEN" Y SUS DEMÁS TERRORES

Vista del Edificio La Quintrala y la Iglesia de las Agustinas en los años ochenta (fuente imagen: colección de "Iglesias de Santiago", tomada de colección particular de archivos de prensa).
Coordenadas: 33°26'25.68"S 70°38'57.09"W
Por muy serio y científicamente escéptico que se pretenda ser en la investigación histórica urbana, hay casos en que es imposible abstenerse de abrir las puertas al umbral de la intriga sabrosa ("lo desconocido", le dirán los siúticos), sobre todo en una ciudad tan llena de enigmas y misterios arcanos, como es Santiago del Nuevo Extremo.
El caso anterior es el del edificio "La Quintrala" y también el de los tres restaurantes que han existido en los subterráneos de su galería, ubicada en Estado con Agustinas, según la leyenda reocupando espacios del subsuelo originarios de su siniestra dueña en pleno centro de la capital, donde la historia urbana se mezcla con cuentos siniestros de fantasmas y hechos insólitos.
Lo que se sabe es que, antiguamente, en el sitio donde está este edificio, habría estado ubicada la casa de la temida Quintrala. Por fotografías antiguas y descripciones hechas por don Benjamín Vicuña Mackenna, existía esta pequeña construcción solariega que había servido como local comercial, café y billar, donde después se levantó el edificio con su nombre.
Hay mucho más que decir al respecto, sin embargo.
Avisos publicitarios de la venta de locales y oficinas en el flamante Edificio La Quintrala, publicada en "El Mercurio" durante noviembre de 1952.
Portada del libro de Vicuña Mackenna sobre La Quintrala.
LEYENDAS LOCALES DE LA VERDADERA QUINTRALA
Durante el siglo XVII, vivía en el punto señalado, en una gran casona señorial, la tristemente célebre Catalina de los Ríos Lisperguer, más conocida como la "Quintrala" por corrupción de su apodo Catrala. Controvertida descendiente de conquistadores españoles y bisnieta de la hija de un cacique de Talagante, en su seno familiar oscuro y polémico se dieron casos de gran impacto en la época, como cuando su madre y su tía (identificada con prácticas de hechicería y ejercicio de magia negra) fueron acusadas de intentar envenenar al Gobernador Alonso de Ribera por un lío sentimental, hacia 1604.
La poderosa influencia de su familia sobre la iglesia salvó a ambas mujeres de un castigo penal. Ello no fue impedimento para que la madre de la Quintrala asesinara a latigazos a la hija ilegítima de su marido, Gonzalo de los Ríos, e intentara envenenar a éste también. Además, dio muerte al indio que le consiguió las yerbas venenosas para poder ejecutar dicho plan.
A pesar de los lirismos y los rasgos heroicos que algunos pretenden colgarle a su memoria, la Quintrala, practicante de ritos no menos sombríos que los de su tía, fue acusada de múltiples actos de crueldad y muertes brutales similares a las realizadas por su madre. En 1622 asesinó a su padre, también envenenándolo mientras yacía enfermo y en cama, en su caso con un pollo contaminado con una sustancia mortal.
Vista de la que había sido la vieja Casa de La Quintrala, justo donde ahora está el Edificio La Quintrala. A este sector del cruce, en los tiempos de doña Catalina, los santiaguinos le llamaban con apodos tales como la Calle de la Muerte.
A pesar de las denuncias de la hermana del muerto, sus influencias en la administración y en el clero pudieron más que la justicia, al contrario de lo que supone un curioso mito pseudo-revisionista actual, que intenta proponer que la pésima fama de la Quintrala se debería a las calumnias de la iglesia en contra de una mujer de comportamientos audaces y emancipados como ella.
A la Quintrala se le atribuye también el asesinato de un caballero de la Orden de Malta, tras seducirlo hasta su cama, aunque se culpó del hecho a uno de sus esclavos y luego se le ahorcó en la plaza. Hacia 1625, intentó sin éxito quitarle la vida con un puñal a su enemigo público, el vicario del obispado de Santiago, el Maestre Juan de la Fuente Loarte.
Al año siguiente contrajo matrimonio con el modesto militar Alonso Campofrío Carvajal, con quien se fue a vivir a La Ligua, dejando atrás las historias de horror y muerte de la casona de Estado con Agustinas y llevando su oscura fama hasta esas haciendas, donde terminó de concretar los cerca de cuarenta crímenes que la harían famosa y por los cuales nunca pagó, hasta su muerte en 1662. Esta casa de piedras y tejuelas de Santiago quedó abandonada por cerca de dos largos siglos, acrecentando las leyendas y mitos sobre la misma.
Presa de un terror incontenible al infierno y de un tardío arrepentimiento, la Quintrala dejó en su testamento 20 mil pesos para las misas en su nombre, más otras 500 para los esclavos que murieron en sus manos, con lo que esperaba salvar su alma. Pero parece que esto no bastó para el descanso de su alma atormentada, por lo que veremos.
En los tiempos de Vicuña Mackenna, se creía que la construcción esquinera que alcaza a aparecer en la imagen antigua que aquí se ve, había sido la propia casa de la famosa Catalina de los Ríos, y que ella estaría sepultada en algún lugar dentro del templo.
Vista actual del Edificio La Quintrala, en la misma esquina junto al templo.
EL EDIFICIO "LA QUINTRALA"
El fantasma histórico de la Quintrala nunca abandonó este sector de Santiago. A su muerte también habría donado parte de su fortuna a la iglesia de San Agustín, a un costado del sitio donde habitara, albergando el Cristo de la Agonía, luego llamado Cristo de Mayo, que ella supuestamente rechazara años antes alegando que la estatua le miraba de forma extraña, con malos ojos, por lo que la envió a la congregación. La mujer, acosada por sus temores y remordimientos, pagó tanto dinero para que se recordara y expiara su nombre en cada misa anual para dicha figura, que todavía la deuda se está cumpliendo, según la leyenda.
El nombre de este Cristo, por cierto, proviene de la fecha en que se produjo el terremoto del 13 de mayo de 1647, ocasión en que la corona de espinas del mismo cayó de su lugar en la frente quedando en el cuello de la imagen y sin que jamás haya podido ser colocada nuevamente en su posición original, como un extraño y escalofriante milagro negro.
Tito Mundt, en sus últimos años de vida, que acabó tronchada en el Edificio la Quintrala.
Así, con el recuerdo de la Quintrala tan fuerte y presente en la ciudad, hacia los cuarenta se demolió el antiguo inmueble colonial y se levantó un edificio moderno sobre las cenizas de la antigua casona de la familia De los Ríos-Lisperguer, en Estado 215, siendo inaugurado y puestos en ventas sus espacios en 1952. Proyecto de la Sociedad Inmobiliaria San Martín S.A. ejecutado con planos del arquitecto René Aránguiz Saravia, los inversionistas tuvieron la idea de bautizarlo con el nombre de la malvada "Quintrala".
Originalmente sin ascensores según su actual administración (había que subir sus más de diez pisos a pie en sus primeros años), el complejo tenía por característicos sus vértices externos, casi en una síntesis con toques de bauhaus y algo de art deco ya sumido en un pulcro simplismo de estilo racionalista y academicista que, en nuestros días, sus diseñadores podrían haber asociado a algún rasgo minimalista en desarrollo, al menos en su aspecto externo. Algunos de sus primeros habitantes o sus descendientes aún residen allí, se supone.
Puede que los ascensores fueran instalados más tarde (no hemos podido confirmar el dato de que no estaban al inicio) y con tecnología europea de punta para la época, como nos informan, pero sí es un hecho que este edificio nació originalmente con los locales de su zócalo, su galería interior, un desaparecido pequeño cine subterráneo, el restaurante y la galería aún se ve en él.
El “Señor de Mayo” o "Señor de la Agonía", con la corona de espinas de la efigie en la actual Iglesia de San Agustín. Según la leyenda y el folklore histórico, habría pertenecido a la Quintrala y estuvo en la casa original de ésta en la esquina vecina, donde ahora está el edificio.
Vista de entrada por calle Estado, al fondo café "Kako's".
EL "SPORTSMEN" Y SU TRAGEDIA
Antes de pasar a los locales de su célebre sótano, cabe recordar que, entre otras historias fantásticas como las de apariciones y fantasmales gritos "de mujeres torturadas", este edificio tiene el estigma de haber sido el lugar donde encontraría la muerte el el recordado y prestigioso periodista chileno Santiago Tito Mundt.
Es conocido el accidente del famoso cronista y Premio Nacional de Periodismo 1956: cayó trágicamente al vacío desde el club y restaurante "Sportsmen", perdiendo así la vida en 1971. Pasado de copas, Mundt había comenzado a hacer piruetas como "ejercicios" en la ventana de los balcones de la terraza del club, 12 pisos sobre la calle y todavía allí situado. Un retrato del periodista lo recuerda desde entonces, allí adentro.
Vista de entrada por calle Agustinas.
Este local, ubicado en el último nivel del edificio y fundado por admiradores de la competencia hípica derivados del Club de la Unión mucho antes de trasladarse acá, se caracteriza no sólo por el exigente machismo que se le adjudica marginado a las mujeres de la fraternidad de socios (algo que, sin embargo, es más mito que realidad según nos parece), sino también por un hermetismo increíble, que prácticamente hace un misterio lo que suceda y exista detrás de esa puerta. Sólo se nos permitió mirar fugazmente al interior del local y su antigua barra de coctelería.
Con bar de lujo y carta refinada, el "Sportsmen" había nacido un día 6 de septiembre de 1912 por iniciativa de don Ricardo Lyon, Presidente del Club Hípico de Santiago. Y diríamos que hasta ahora sus socios parecen disfrutar del desconocimiento que existe sobre la existencia de esta suerte de cofradía, pues es uno de los círculos más selectos y exclusivos de Santiago.
Imagen del Piso 12 del Edificio "La Quintrala". Entrada al selecto club "Sportsmen".
Imagen del Piso 12 del Edificio "La Quintrala".
(Ir a Parte II de este artículo, referida al llamado Sótano de la Quintrala y los locales que allí han funcionado, con sus propios leyendarios).

Qué ver en una visita?

Aconcagua (9) Aeronautica (12) Africa (4) Alemania (4) Alto Hospicio (11) Angol (2) Animitas (72) Antartica (31) Antofagasta (19) Apuntes (6) Arabes (20) Arabesco (13) Araucania (5) Arauco (2) Archipielago Juan Fernandez (1) Arequipa (6) Argentina (29) Arica (41) Armas (23) Arqueologia (75) Arquitectura en hierro (22) Art Deco (34) Art Nouveau (18) Arte (172) Austria (1) Aysen (9) Bares-Restoranes (146) Barroco (52) Bauhaus (10) Belgas (1) Biobio (1) Bizantino (7) Bohemia (160) Boites (26) Bolivia (18) Bomberos (33) Brasil (3) Britanicos (36) Buenos Aires (3) Burdeles (24) Cachapoal (1) Cafes-Salones de Te (17) Cajon del Maipo (13) Calama (2) Caldera (8) California (1) Calles (76) Campo (107) Candilejas (52) Carreteras (55) Casonas (97) Cauquenes (1) Cementerios (60) Cerros y montañas (40) Chañaral (1) Chile (1024) Chillan (5) Chiloe (7) Choapa (7) Ciencia (71) Cine-Teatro (43) Circo (16) Cites-Conventillos (16) Cocina (58) Cocteleria (55) Colchagua (1) Colombia (1) Coloniaje (144) Comercio (186) Comics (29) Compañias (90) Concepcion (7) Conmemoracion (124) Copiapo (27) Coquimbo (20) Criminologia (28) Croatas (5) Curico (1) Curiosidades (238) Delincuencia (59) Deporte (41) Desierto de Atacama (52) Diplomacia (22) Diseño (88) Edad Media (19) Edificios historicos (167) Edificios populares (65) Educacion (67) Egipto (2) El Maipo (2) El Maule (11) El Tamarugal (23) En prensa/medios (42) Errores (103) Esoterismo/Pagano (70) España (18) Estatuas-Monumentos (119) Etimologia-Toponimia (151) Eventos (46) Exposiciones-Museos (59) Fe popular (135) Flora y fauna (111) Folklore-Tradicion (205) Fontanas (38) Fotografia (24) Franceses (88) Francia (9) Frutillar (1) Gargolas-Grutescos (19) Gergiano y victoriano (24) Germanos (32) Gotico (17) Gringos (31) Guerra Chile contra Confederacion 1836 (10) Guerra Chile-Peru contra España 1865 (2) Guerra del Pacifico (76) Guerra Peru-Bolivia 1841 (1) Guerras antiguas (5) Guerras civiles y golpes (35) Hechos historicos (122) Heraldica (29) Heroes (82) Hispanidad (115) Holanda (1) Hoteles (31) Huasco (3) Huasos (58) Humor (60) I Guerra Mundial (2) Iglesias y templos (102) II Guerra Mundial (5) Imperio Romano (21) Independencia de America (43) Indigenas (99) Industria (72) Instituciones (160) Iquique (73) Isla de Pascua (1) Israel (1) Italia (34) Italicos (42) Jerusalen (1) Judios (10) Juegos (40) Junin (1) La Paz (1) La Serena (18) Lejano oriente (38) Lima (2) Limari (9) Linares (2) Literatura (114) Los Andes (2) Lugares desaparecidos (212) Madrid (1) Magallanes (34) Malleco (1) Marga Marga (1) Mejillones (4) Melipilla (1) Mendoza (2) Mercados (23) Mexico (1) Militar (89) Mineria (49) Misterios (105) Mitologia (155) Mitos urbanos (118) Modernismo-racionalismo (15) Mujeres (75) Musica (66) Navegacion (45) Negros (12) Neoclasico (146) Neocolonial (22) Neorrenacentismo (1) Niños (93) Numismatica (12) Ñuble (3) Obeliscos (15) Orientalismo (12) Ornamentacion (106) Ovalle (5) Palacios (23) Paleocristianismo (20) Palestina (1) Panama (1) Parinacota (1) Paris (1) Patagonia (21) Patrimonio perdido (118) Peñaflor (1) Periodistas (26) Personajes culturales (151) Personajes ficticios (48) Personajes historicos (179) Personajes populares (172) Peru (53) Pesca (17) Petorca (5) Pisagua (1) Playas (32) Plazas y parques (161) Polacos (1) Politica (55) Productos tipicos (80) Publicidad (58) Puentes (34) Puerto Montt (6) Punta Arenas (8) Quebrada de Tarapaca (13) Quillota (2) Radio-TV (50) Rancagua (3) Reliquias (146) Renacimiento (3) Reposteria/Confiteria (22) Rio Chili (1) Rio Mapocho (42) Rio Tevere (2) Roma (32) Rotos (91) Rusia (1) San Antonio (3) San Pedro de Atacama (2) Sanidad (49) Santiago (656) Semblanzas (133) Sicilia (1) Simbolos/Emblemas (68) Sociedad (139) Suiza (1) Suizos (1) Tacna (5) Talagante (8) Talca (3) Tarapaca (92) Tecnologia (81) Terrores y fantasmas (92) Tierra del Fuego (12) Tocopilla (2) Tragedias (194) Transportes/Estaciones (79) Tucuman (1) Tudor (28) UK (8) Uruguay (1) USA (19) Valle de Azapa (9) Valle de Elqui (15) Valparaiso (30) Vaticano (5) Venezuela (6) Viña del Mar (3) Websites recomendados (10)