jueves, 30 de marzo de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE V): EL CASO DE LA MONEDA-AMULETO "DE LA LIBERTAD"

El controvertido Ángel de la Libertad.
Recapitulando esta serie sobre folklore y numismática con algunos tintes de historia del dinero en Chile, se recordará que comencé con los nombres que se dan popularmente a las monedas y billetes en actual circulación (parte I), seguida del caso específico de las monedas llamadas chauchas (parte II), más los motes que recibían las monedas y billetes antiguos (parte III) y un artículo especialmente dedicado a los mitos, creencias y tradiciones chilenas que involucran dinero (parte IV).
Ahora, en esta entrada (parte V), quiero darme el tiempo de revisar un caso de manera especial, parecido a como hice con el asunto de la chaucha, dedicándole la entrada completa a la curiosa situación de la moneda con el llamado Ángel de la Libertad, no sólo por lo que representa en el mundo de la memoria histórica y las pasiones humanas o políticas, sino también por la extraña atracción que provoca en algunos círculos donde se la aprecia como un buen amuleto y un símbolo libertario, más allá del significado original que quiso imprimírsele cuando comenzó a ser acuñada en los años 70.
Tal como en entradas anteriores, existe muy poca información disponible sobre el tema que trataré acá, por lo que agradecería cualquier aporte adicional que pudiese hacerse con relación al asunto de cómo es interpretada esta moneda en ciertos ambientes, especialmente en el mundo carcelario, ya que si bien pude tomar un número interesante de testimonios, siempre surgen diferencias o elementos nuevos en el cotejo de las versiones que pueden obtenerse de expresidiarios o de personajes relacionados con esos bosques oscuros.
LAS MONEDAS CON EL ÁNGEL DE LA LIBERTAD
No fue la primera vez que se ha puesto una pieza monetaria al servicio de intereses discursivos de la política; quizás, tampoco fue la última. Sin embargo, el llamado Ángel de la Libertad ha adquirido ribetes controversiales evidentes, por su contenido y la interpretación histórica de la que es depositario.
El origen de este diseño en la numismática, se encuentra en acuñaciones realizadas en 1976 año en que ven la luz unas monedas especiales de celebración: $500 (grande, oro), $100 (chica, oro), $50 (más chica, oro) y $10 (mediana, plata), todas ellas con la imagen de una alegoría femenina de la libertad (parece ser la diosa Libertas o bien Niké-Astrea, de la Victoria), alada, levantando los brazos y rompiendo unas cadenas que apresaban sus manos. Conocida como el Ángel de la Libertad y trazada con la iconografía del mundo clásico, la deidad iba acompañada por las leyendas: "1973-1976" y (en mayúsculas) "3er. Aniversario de la Liberación de Chile", en todas ellas. Al reverso de las cuatro, en cambio, podía verse el Escudo Nacional con las inscripciones: "República de Chile" y el valor respectivo de "500 pesos", "100 pesos", "50 pesos" y "10 pesos".
Obviamente, el diseño de la pieza aludía al 11 de septiembre de 1973 y desde el categórico punto de vista del régimen, que a la sazón buscaba ya formas de unificar el discurso político e histórico de entonces en un sentido favorable para sí (recordar la realización de la Consulta Nacional sólo dos años después, en 1978) y con la aspiración de sentarlo como el definitivo, para los varios años que aún le quedaban en el poder.
Cabe aclarar que estos diseños de monedas no eran para los 10 años del golpe, como se ha dicho alguna vez, pues la conmemorativa de 1983 era una moneda en medida de onza plata y con un soso aspecto, muy diferente y menos artístico que el de la moneda de marras, alusivo en su caso a la Llama de la Libertad que acababa de ser trasladada desde el Cerro Santa Lucía hasta el Altar de la Patria. Su sencillez espartana casi parecía reflejar la reciente crisis económica, conocida como la Recesión Mundial.
Como estas primeras piezas con el Ángel de la Libertad de 1976 eran tales monedas conmemorativas de lujo y no circulantes, quizás habrían pasado inadvertidas para la mayor cantidad de los chilenos. Empero, paralelamente, las monedas de $5 y $10 comenzaron a ser fabricadas en cupro-níquel durante ese mismo año, acuñándose series en la Casa de Moneda que aún están en vigencia y valor, aunque su diseño ya ha sido modificado por las razones que veremos. Básicamente, las monedas nuevas celebraban lo mismo que las de lujo.
Ésta sería, a la larga, otra de las emisiones controvertidas en la historia numismática chilena, pues ambas traían al reverso el mismo Ángel de la Libertad conmemorativo, acompañado ahora por las palabras "Libertad", "República de Chile" y la fecha "11-IX-1973". Las monedas redujeron su tamaño en 1981 y pasaron a ser de níquel-cobre-zinc, pero no cambiaron el Ángel de la Libertad que iba por reverso, con las mismas inscripciones conmemorativas.
Moneda de $10, acuñada entre 1976 y 1981. Era más grande que la actual y de color plateado (cupro-níquel). Sin embargo, la posterior sólo varió en material y tamaño, no en sus diseños. Fuente imagen: Colnect.com.
Monedas Conmemorativas de 1976, oro y plata, con el Ángel de la Libertad. Paralelamente, se produjeron ese año las primeras monedas de $5 y $10 con esta misma imagen en el reverso.
FIN DE LA ACUÑACIÓN
Por cerca de 15 años estuvieron siendo acuñadas estas monedas "de la Libertad", como las apodaron algunos. Pero su historia no terminaría con el posterior fin de sus emisiones, como veremos.
Al retornar la democracia en 1990, el nuevo gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia, capitaneado por Patricio Aylwin en la Presidencia, estaba decidido a detener la acuñación de las monedas de $5 y $10 con este diseño en la Casa de la Moneda, siendo reemplazado por decreto el reverso: desde ahora, iría en ella el perfil de Bernardo O'Higgins ya presente en otros cuños  (la de $50), y es la que actualmente está vigente. A la de $5, además, se le cambiaría por completo la forma y tamaño en 1992.
Cabe comentar que las últimas monedas con el Ángel de la Libertad alcanzaron a ser producidas ese mismo año de 1990, efectivamente, y así aparecen fechadas algunas piezas.
Desde entonces, hay quienes se han puesto casi como un desafío personal ir reteniendo estas monedas para evitar que circulen y sigan manteniendo a la vista la imagen de la alegoría de la libertad asociada a tal fecha. Recuerdo, por ejemplo, a una muchacha de origen español que, todavía en 2008, prefería perder frascos completos de estas monedas reunidas una a una y guardadas en su armario, antes que devolverlas al comercio. Oficialmente, sin embargo, la Casa de Moneda y el Banco Central ha desmentido ya en 2005 y 2011 que esté en alguna clase de cruzada por atrapar y retirar estas monedas, por lo que se puede entender que han ido desapareciendo sólo por la gradualidad del reemplazo en la circulación connatural del dinero y no por una recolección puntillosa.
Por otro lado, la ciudadanía (siempre con tendencias al alarmismo y la exageración) incluso creyó en algún momento, que había que cambiarlas porque perderían su valor, o bien que el Banco Central pagaría mejores cifras por ella, para devolverlas y retirarlas lo que también debió ser desmentido por la institución, luego de que la leyenda se volviera más activa que nunca hacia los meses de agosto y septiembre del año 2005.
Empero, a pesar de la urgencia que se tuvo por parar de producirlas, ya era muy tarde para hacerlas desaparecer: su gran número de unidades acuñadas hasta casi encima del cambio de mando, las hacía piezas abundantes y populares.
Aunque por entonces aún eran de relativo a poco interés para los coleccionistas, sí resultaban importantes para gente que se identificaba con el pinochetismo, habiendo quienes las atesoran todavía como un verdadero símbolo ideológico o histórico, pues el Ángel de la Libertad fue un potente emblema ligado definitivamente a aquel período histórico y sus discursos oficiales, además de reaparecer en la medalla militar conmemorativa de 1990 llamada "Misión Cumplida", que se  había producido para el período del cambio de mando de ese año.
A la izquierda, cara y sello de la segunda moneda de $5 con el Ángel de la Libertad, más pequeña que su antecesora. Puede observarse que está fechada en 1990, correspondiendo a las últimas partidas que acuñaron en la Casa de la Moneda con esta efigie. Al centro, moneda de $10 de la nueva partida de 1981 que redujo el tamaño de las mismas y cambió su material a níquel-cobre-zinc, pero conservando la imagen y enseña alusiva a la "Libertad". Finalmente, a la derecha, la misma moneda pero de las partidas de 1986, que supuestamente presentaba leves diferencias en las tipografías usadas en el anverso, aunque no las verificamos tan notorias al menos en esta comparación.
¿UN VALOR COMO COLECCIONABLE?
Medalla "Misión Cumplida" de 3ra. Categoría.
LA MEDALLA CON EL ÁNGEL DE LA LIBERTAD
Quienes atesoran las monedas "de la libertad" sólo por cuestiones políticas y simpatías, destacan no sólo el símbolo con relación al 11 de septiembre de 1973 y la Dictadura, sino también su similitud con una medalla militar igualmente discutida y que fue hecha en los últimos meses antes de que el General Augusto Pinochet debiese entregar el mando del país, como consecuencia de haber perdido el Plebiscito de 1988.
Esta medalla, hecha en bronce y en cobre, es conocida como la distinción "Misión Cumplida" (va tal inscripción en ellas, bajo un "Por Chile"). Utiliza exactamente el mismo diseño alegórico de la moneda conmemorativa y las antiguas de $5 y $10 en ella. No es la otra condecoración llamada "11.Sep.1973", como ha señalado alguna vez cierto medio informativo, correspondiente esta última a una estrella colgante sin semejanza a la que se describe.
Por supuesto, ha causado irritación en ciertos personeros su presencia entre las condecoraciones de oficiales en actos públicos o ceremonias oficiales, a pesar de que -técnicamente hablando-, su empleo se ajustaba al reglamento vigente. Por esta última razón, el gobierno de turno ha tratado de terminar con su uso, o al menos ha manifestado que su deseo de prohibirlas.
Es discutible el valor actual de estas monedas como piezas numismáticas, testimoniales e históricas. No obstante, basta revisar las secciones de portales de ventas para coleccionistas o anticuarios en internet, para notar que hay un innegable apetito por las mismas por parte de algunos buscadores.
En otro aspecto, con relación a la posibilidad de que tuviesen algún valor por su progresiva escasez, el muy instructivo blog Monedas de Chile (monedasenchile.blogspot.cl) tiene información interesante sobre las cantidades y series anuales que que emitieron, particularmente de la moneda de $10 pequeña (mismo tamaño actual), tomada del "Catálogo de Monedas Mundiales Krause" 2015:
  • 1981: 55 millones
  • 1982: 45 millones
  • 1983: No hubo (es de suponer que por la crisis económica)
  • 1984: 30 millones
  • 1985: 400 mil
  • 1986: 50 millones (recuperación económica)
  • 1987: 8 millones
  • 1988: 45 millones
  • 1989: 73 millones
Cabe comentar que la doble emisión de la moneda de $10 de 1986, con 25 millones de unidades por cada una, es señalada por algunos con una particularidad que ha ido despertando cierta atención para los numismáticos: su número habría cambiado de tipografía, apareciendo en caracteres diferentes. Esto ha provocado un interés particular de algunos buscadores pero también algunos mitos, además de confusiones sobre su verdadero valor.
Técnicamente, sin embargo, la más valiosa de las piezas debiese ser la fechada en 1985, si especulamos sobre los criterios de búsqueda que suelen manifestar los coleccionistas. Esto, por la escasa cantidad de unidades hecha ese año, como vimos. De cualquier modo, ninguno de estos dos ejemplares estaba siendo comprado por el Banco Central hace unos años, como se ha rumoreado muy equivocadamente en algún período y también dando pie a la creencia de que se estaría intentando acelerar su retiro de la circulación monetaria vigente.
Aunque no hay confirmación a la vista, tenemos entendido que se han vendido ejemplares de estas dos monedas de $10, de 1985 y de 1986, hasta en $10.000 actuales, pero esto habría sucedido a través de los portales de ventas, donde llegan los supuestos coleccionistas buscándolas. No es mucho más lo que puedo aportar al respecto como alguien ajeno a esos círculos de compradores y estudiosos.
Anverso y reverso de las monedas conmemorativas emitidas en el tercer aniversario del 11 de septiembre de 1973, en las vitrinas del recuento histórico de monedas chilenas del Museo del Banco Central.
EL ÁLBUM DE VELVET REVOLVER
Aunque no pertenece a nuestro enfoque sobre folklore cruzado con numismática, quisiera recordar un hecho bastante curioso sucedido en 2007, cuando el diseño de la moneda fue internacionalizado por el segundo disco de estudio de la banda hard rock norteamericana Velvet Revolver. Fue uno de los casos más intrigantes de diseños de carátulas modernas que hayan causado polémica en el mundo musical, por cierto, y no sólo por involucrar a nuestro país.
La banda, compuesta por los ex Guns N'Roses, Slash, Duff McKagan y Matt Sorum, más el guitarrista Dave Kushner y el fallecido exvocalista de Stone Temple Pilots, Scott Weiland, lanzó el álbum titulado "Libertad" en julio de ese año. En su carátula, mostraba un diseño estilizado del mismo conocido en las monedas señaladas, con el Ángel de la Libertad rompiendo las cadenas, en fondo negro y rodeada de estrellas. La imagen aparecía también en el single "She builds quick machines", con algunos leves cambios.
Era imposible que tan evidente alusión a las monedas nacionales, pasara inadvertida a quienes las conocían, como podrá adivinarse.
A mayor abundamiento, el diseño de portada habría sido tomado de un collar que tenía una o más de estas monedas y que llegó a manos de la productora de la banda, según explicó después el famoso guitarrista Slash a una radio chilena (al enterarse de la críticas por el uso de tal imagen), desde donde se inspiraron para ponerla en la contraportada del álbum. Podemos conjeturar que se trataba de un obsequio recibido en el país, durante una presentación del mes de abril anterior.
Por lo anterior, se cree que desconocían el sentido original de esta alegoría en las monedas de $5 y $10 chilenas, actuando inocentemente al escogerla como su imagen. Empero, hay quienes creían que el cuño del Ángel de la Libertad había sido conocido por los músicos o los productores en su visita reciente a Chile, con ocasión del  concierto, y que desde entonces tenían la intención manifiesta de aludir al país en su siguiente disco, eligiendo así la efigie de la diosa libertaria de la moneda para él.
A pesar de la discusión generada por el affaire de Velvet Revolver, poco importó a sus fans el asunto y así el Ángel de la Libertad anduvo paseando -además del disco- por camisetas, parches y chapitas por largo tiempo. Incluso se contaba entonces que algunos muchachos rockeros seguidores de la banda, lograban conseguir monedas originales de $10 y se hacían collares o pulseras con ellas, simbolizando su devoción por el disco y los músicos.
El Ángel de la Libertad en el álbum de Velvet Revolver
UN AMULETO EN LA "CANA"
Fuera del coleccionismo y sus potenciales comerciales, un aspecto poco conocido de acogida y simpatía con la famosa moneda, proviene de un lugar que a algunos podría sorprender y a otros parecerle bastante comprensible: los códigos y simbologías que se aprecian en el ambiente carcelario y en los bajos fondos.
Aunque este tema está escasamente abordado, sabemos por varios testimonios de expresidiarios que la moneda "de la libertad" tiene una extraña preferencia en la subcultura "canera" (carcelaria) donde es bastante cotizada por considerársela un verdadero amuleto: una especie de objeto atractor de buena fortuna, para procurar la vida libre del sujeto que ha optado por el camino de la delincuencia y de las deudas con la justicia. Incluso habría aparecido en artesanías y orfebrería de algunos internos, pero no hemos podido verla aún en esta clase de aplicaciones. El collar del que habló en su momento el músico Slash, quizás tenga algo que ver con esto.
Por la descrita razón, ciertos presos y exconvictos las coleccionan obsesivamente, asegurando que la posesión de estas monedas les traerá mejores posibilidades para salir de las rejas en caso de ser atrapado o bien les facilitará su buena suerte para no regresar a ellas.
He conocido casos de algunos hampones del Norte Grande que incluso se tatuaron la imagen de la mujer rompiendo las cadenas, algo que en ningún caso se interpreta de manera política dentro de las comunidades penales. Muchos delincuentes tienen también turros de estas monedas en alguna parte de sus hogares, guardándolos con orgullo, pues aun si no creen en atribuciones supersticiosas o de fortuna que se le otorgan, prevalece para ellos el símbolo representado en las mismas... Es decir, la libertad, ser libre: el protector Ángel de la Libertad.
Concientes de la estima que provocan, entonces, algunos presos han usado estas monedas de $10 como objetos de pequeños trueque dentro de los recintos penitenciarios, pero muy por encima de su valor real. Uno en particular me aseguró que, ocasionalmente, las pequeñas artesanías con aspiraciones de ser joyería las emplean también en este medio, para asegurarse llevarlas siempre encima como colgantes o llaveros, por ejemplo. Además, el gesto de recibir de otro una moneda "de la libertad" como obsequio, debe ser necesariamente agradecido.
Desconozco qué tan esparcida y posicionada esté esta interpretación de la moneda como amuleto "canero", pero quizás desde esta situación provenga cierta creencia popular que también ha ido apareciendo en estratos populares: la de creer que es una señal de "buena suerte" que aparezca esta misma moneda del Ángel de la Libertad en un vuelto, en el suelo o un mueble, algo que -de seguro- no es muy del agrado de los que se han esforzado por eliminar esta moneda del catálogo de cuños chilenos en circulación, o bien han aguardado por más de 25 años ya para que no vuelvan a aparecerles.
En la próxima parte de esta serie sobre folklore y numismática, repasaré algunos hechos históricos significativos pero con más carácter de curiosidad para Chile sobre sus monedas, sus billetes y su dinero en general.

miércoles, 29 de marzo de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE IV): MITOS, CREENCIAS POPULARES Y SUPERSTICIONES

Gnomo con monedas de oro, mordiendo una (¿verificando que sea auténtica?). Las tradiciones de duendes y gnomos siempre han estado relacionadas con dinero y monedas, de alguna forma, tanto para proporcionarlo como para quitarlo. Se supone que lo cuidan (algunos portan un cántaro con monedas de oro, especialmente los de tradición británica) y a veces lo entregan a quien lo merezca. Otras veces, los roban furtivamente. Fuente imagen: Rincondelashadas.com.ar.
Retomo acá la serie sobre folklore y numismática que inicié hace poco pero que dejé en pausa, por un par de entradas nuevas. Se recordará que partí con un artículo dedicado a los nombres populares que dan en Chile a monedas y billetes, seguido del caso de la moneda llamada chaucha y luego las denominaciones o apodos que han recibido piezas monetarias del país en el pasado.
Siguiendo mi trazado de temas a exponer, entonces, ahora traspaso hasta acá una buena cantidad de apuntes que tengo reunidos con relación a monedas y billetes chilenos: tradiciones y costumbres populares, juegos típicos y entretenciones costumbristas, creencias sobrenaturales y supersticiones, leyendas criollas en las que tiene alguna importancia el dinero y, finalmente, una revisión fugaz a las leyendas urbanas y mitos conspiranoicos contemporáneos involucrando cuños y papel moneda.
Espero que este texto resulte al lector tan entretenido como resultó a mí, en su momento, recopilar y reunir las notas e información que le dan contenido.
Fray Andresito, de le Recoleta de San Francisco, y su tarro limosnero.
TRADICIONES Y COSTUMBRES POPULARES
  • Pedir monedas sacudiendo un tarrito o alcancía: Esta forma es usada desde mendigos hasta bomberos cuando colectan aportes de los transeúntes, pero se remonta al parecer a las limosnas que ciertas órdenes religiosas salían a buscar como colaboraciones para la Iglesia y para las obras sociales de las recolecciones, por ejemplo. El encargado de recibirlas iba por las calles anunciándose con el mismo tarro de monedas, que hacía sonar como un cascabel o una sonaja, quizás alertando también a los vecinos para su propia protección ante la posibilidad de ser asaltado. Artistas y músicos callejeros reemplazaron el tarrito por un gorro, un cantarito o una taza, y los organilleros vestían de conserje un mono entrenado para que portara este artículo y captara las monedas.
  • Monedas y ritos fúnebres: En los funerales de niños, conocidos como "velorios del angelito", si el niño tenía una corona de monedas, significaba que los padres podían pagar los gastos de las exequias; si no las tenía, los asistentes debían hacer contribuciones para ayudar a pagarlos, a los pies del niño fallecido. En Chiloé se colocaban monedas dentro del cajón de un muerto, para que con ella "pagara" sus pecados en el viaje hacia el Más Allá. También se ponía una varilla para defenderse de los espíritus malvados y un pañuelo para secar las lágrimas de la partida. Una tradición proveniente del mundo antiguo era colocar monedas en los ojos del fallecido, hoy escasamente utilizada por algunas comunidades gitanas, por ejemplo.
  • La tradición del "Padrino cacho": Desde antaño procedía una vieja tradición de bautizos, ya en extinción. El que había sido elegido padrino del pequeño, debía arrojar monedas o repartir a los presentes y especialmente a los niños (acto a veces llamado óleo), quienes le gritaban a coro "¡padrinito cacho, padrinito cacho!" o bien "¡padrino cacho, padrino cacho, orejas de macho!", exhortándolo a este desprendimiento, al terminar la ceremonia. Cacho era un sinónimo de avaro, tacaño. Para cumplir con el protocolo, los padrinos llevaban en sus bolsillos los llamados cuartillos, correspondientes a "monedas de plata o chucherías", según José Toribio Medina. El autor dice también que se las llamaba de esta forma "por haber sido en su origen las monedas que se acostumbraba obsequiar" (cuartillo: 1/4 de real). Esta costumbre se origina en una creencia de que arrojar monedas al aire (a la chuña) aseguraba un futuro buen pasar económico al ahijado, como veremos más abajo.
  • Las monedas encintadas: También se practicaba en los bautizos, pero se extinguió hace tiempo ya. Según Oreste Plath en "Folklore religioso chileno": "En medio de la fiesta, se hace el reparto de los encintados, que reemplazan a las cintas impresas y estos consisten en una moneda pequeña, perforada o dijes o chiches, a los cuales se les pasa una cinta blanca y se les ata a manera de una rosita pequeña. Estos encintados van en un plato con una cama de ramitas y la comadre los va colocando en las solapas de los hombres y en el pecho de las mujeres, como un recuerdo del bautizo".
  • Arrojar monedas como insulto: Se ha convertido en un acto de agravio el arrojarle monedas a alguien en plena locución, presentación o simplemente al paso, especialmente cuando se trata de humillar a personas poderosas que hayan aparecido implicadas en situaciones de corrupción política o falta de honestidad, haciéndolos ver como seres miserables, de bajeza indigna. Arrojar monedas a un político, empresario, dirigente o cualquier representante de las élites, parece ser uno de los actos más vejatorios a la honra y el orgullo de los mismos. Aquí en Chile, desde aproximadamente el año 2002, se hizo célebre el manifestante  oriundo de Requinoa, don Bernardo Córdova Palma, conocido como el Hombre del Cartel, "funando" y tirando puñados de monedas a hombres públicos implicados en casos de corrupción o delitos, sin distinción de colores políticos.
  • Morder monedas: Es una costumbre muy internacional aunque ya casi extinta, sobreviviendo sólo en piezas del cine clásico. Provendría de países eurpeos, cuando se mordían monedas para verificar que fuesen de oro y no falsificadas en otro material con alguna cubierta dorada. No sabemos si alguna vez se practicó en Chile con este objetivo, pero sí fue conocida gracias al cine y antiguas animaciones infantiles, por lo que se hacía a modo de "gracia" en alguna época.
  • Frotar el relieve de los billetes: La costumbre de algunos cajeros y comerciantes de frotar de manera casi automática con la yema de los dedos una parte específica de cada billete que reciben como pago, especialmente los de mayor denominación, se debe a que los auténticos presentan una particular y característica textura como de rejilla en este punto. El lugar específico suele ser alrededor del hombro del personaje retratado, su rostro y el lugar del número, debido a las rugosidades del papel algodón impreso en procedimientos de huecograbado.
Niños recogiendo la plata lanzanda "a la chuña", en postal de la Casa de Carlos Brandt de Concepción (serie "Costumbres Chilenas"). Nuestro amigo e infatigable buscador Pedro Encina, del Flickr Santiago Nostálgico, señala que se trata de las monedas que lanzaba "a la chuña" en los bautizos el "Padrino cacho" (ver aquí). Se distingue el edificio del antiguo Mercado de Concepción, calle Maipú.
JUEGOS Y ENTRETENCIONES
  • "Cara o cruz" / "Cara o Sello": Fue el juego que hoy conocemos acá como el Cara o Sello. La cara de una moneda es el cuño del reverso, generalmente un rostro ilustre (de ahí el nombre), un retrato, un animal heráldico o un símbolo; el sello, en tanto, que en ciertas monedas coloniales correspondía a una cruz, invariablemente es el que llevará la cifra y valor numérico. La moneda, su cara y sello, se toma por el símbolo de la dualidad de las cosas, de los dos opuestos de una medalla y representación del azar en un perfecto 50% contra 50% de posibilidades. Juegos criollos antiguos incluían arrojar al aire una o más monedas y si adivinaba cómo caerían gritando "cara" o "sello", se quedaba con ellas. Curiosamente, el procedimiento resuelve de manera formal muchas dificultades de la vida moderna, aún: desde el equipo de fútbol que inicia la jugada de un partido hasta la solución a los empates perfectos de ciertas elecciones populares. Ningún mecanismo de solución de dos alternativas ha superado, hasta ahora, al tiro al aire de una moneda.
  • "Sartén tizna'o" (tiznado): Era un juego de trabajadores del campo y sus hijos, propio de Fiestas Patrias. Conseguía en tratar de desprender una moneda firmemente pegada la base de un sartén viejo, ganando el primero que lo consiguiera. Solía ser parte de una serie de pruebas que formaban una competencia múltiple.
  • Monedas a la chuña: Sucedía en fiestas de pueblos o grandes celebraciones. Algún hacendado, patrón o tío "con plata" arrojaba al aire paquetes de monedas o puñados de las mismas, a la chuña, para que los niños presentes corrieran a atrapar y recoger todas las que pudiesen quedándose con ellas. Era similar a la práctica del "padrino cacho" pero en otro contexto, y equivalía a la actual piñata con caramelos de fiestas de cumpleaños. El nombre chuña podría ser una alteración fonética del mapudungún chaña, que significa caer.
  • El juego del Chupe o Chapitas: Mencionado también por Medina y Plath, consistía en revolver con las manos cerradas un puñado de monedas puestas por todos los jugadores presentes, arrojarlas al aire "y ser del que las tira las que resulten haber caído de cara". Chupe provendría del quechua chupa, que significa último. El pintor nacional Juan Harris Flores retrató, en una de sus obras, a unos chiquillos de barrio jugando chupe en uno de sus cuadros.
  • La moneda del plato con harina: Propio de los encuentros recreativos y de las competencias compuestas de varios desafíos, consiste en soplar, encontrar y sacar con la boca una moneda escondida en un turro de harina, en un plato, sin usar las manos. Imposible no acabar empolvado con el desafío. Ha llegado desde instancias más rurales hasta festivales escolares, concursos y celebraciones de boyscouts.
  • Palo ensebado con billetes: Es el mismo que se juega con frutas, porras de vino o bocadillos en su extremo superior, pero colgándole un billete de alta denominación como tentador premio. El palo suele ser un poste liso de hasta unos 6 metros, untado en grasa o aceite, haciendo todo un desafío técnico el llegar hasta su cúspide a cortar el premio sin resbalar en cada intento.
  • La rayuela con monedas o "de cuneta": Se jugaba en cuarteles militares y por criollos en las calles de pueblos y ciudades, en momentos de ocio, usando el trazado del pavimento o una línea a tiza como marcas del cajón y monedas a modo de tejos. Todavía existe en algunas localidades del país, especialmente en el campo. Generalmente, si había apuestas las propias monedas-tejos eran el premio.
CREENCIAS SOBRENATURALES Y SUPERSTICIOSAS
OTRAS SUPERSTICIONES POPULARES
- No contar dinero en un juego: Quien cuenta delante de sus contrincantes su dinero en una apuesta, juego o partida de naipes, comenzará a perderlo de inmediato a partir de ese momento. Por eso existía un refrán de apostadores que decía: "David contaba su gente / y les entraba la peste".
- Al encontrar dinero por primera vez: Quien encuentra en la calle monedas o billetes por primera vez en la vida, según una leyenda de la Zona Central debe regalarlo. Así garantizará que le vuelva a suceder siempre, porque si se lo queda, nunca más ocurrirá o tardará muchísimo en que le suceda de nuevo.
- Regalar monedas cuando se recibe un objeto cortante: En Coquimbo existía la creencia de que había que obsequiar una moneda a quien te regalase un objeto cortante, como arma blanca, tijera o cuchillo de cocina. Si no se cumple este protocolo, según Julio Vicuña Cifuentes, hay peligro de interrupción de las buenas relaciones entre ambos.
- Arrojar monedas en un bautizo: La tradición más arriba vista del "Padrinito cacho", procedía de otra anterior: el padrino debía tirar monedas "a la chuña" después que su ahijado recibía el nombre en la pila bautismal, para asegurarse así que nunca le faltase dinero en su vida al pequeño. Si no hacía este gesto, era considerado padrino cacho y así se lo vociferaba la multitud exigiéndole tirar monedas, como vimos. Por otro lado, si el padrino llevaba monedas en el bolsillo cuando bautizan al niño, deberá repetir el nombre de su ahijado cada vez que gaste una para que vuelva mágicamente a él, reapareciendo entre sus ropas.
- Estrellas fugaces y dinero: En el Sur de Chile existían la tradición de tomarse las manos entre dos personas, si eran testigos del paso de una estrella fugaz. Debían pensar instantáneamente un número en sus cabezas, que se convertiría en la cantidad de monedas de oro mágicamente aparecidas en su bolsillo o cartera, cuando terminara el fenómeno.
- Cómo eliminar verrugas: Se frotaba una moneda con la sangre de un enfermo, se envolvía en un trozo de tela sucia y se arrojaba a la calle. Quien la encontrara y la recogiera, contraería el mal y liberaría al paciente del mismo.
- Las monedas de Lo Vásquez: Los viajeros y caminantes temían al "chuncho" o mala suerte (accidentes, asaltos, etc.), pero podían contrarrestar este peligro o "matarlo" dejando monedas en la alcancía de la iglesia del Santuario de Lo Vásquez, de camino a Valparaíso.
  • Monedas de la suerte: Andar con dólares, centavos americanos, papel moneda extranjero, monedas o billetes antiguos se considera algo que atrae a la suerte. Una moneda chaucha clavada en el mesón o el mostrador de una tienda o de un almacén, funciona como talismán protector para su dueño, según observó Francisco Cavada en Chiloé. En cambio, A. de la Cuadra Silva reportó que llevar monedas de cobre en los bolsillos atraía desgracias, tal vez por tomársela como representación de pobreza. Hoy, también se pueden ver en el comercio pirámides de cristal o cuarzo, y "gatos de la suerte" introducidos por inmigrantes orientales (los que mueven la mano), depositados sobre un montón de monedas de distintas denominaciones, como amuletos.
  • Billetes de la suerte: Existía la costumbre de guardar un "primer billete" ganado en un negocio, como seguro de que seguirá siendo redituable. Algunos comerciantes lo atesoraban enmarcado. A nivel más doméstico, existía el amuleto casero de un elefante de loza al que se le metía un billete de $1.000 o bien un ejemplar antiguo, enrollado y atravesando por dentro una cavidad que hacía la trompa doblada de la miniatura. En las fiestas religiosas del Norte de Chile, se le prenden billetes en las ropas de las figuras de Santos Patrones (¿algo que ver con los Ekekos del mundo andino?), para asegurar que la ofrenda sea respondida con generosidad y fortuna por parte del venerado. Un billete doblado de cierta forma en la billetera también puede atraer suerte y más dinero, se cree.
  • Arrojar monedas de los deseos en fuentes y piletas: Incluso la fuente colonial del Palacio de la Moneda tiene algunas monedas en su interior, arrojadas pidiendo deseos, acto a veces ejecutado de espalda a la fuente y tirándola por encima del hombro (si cae adentro y con un sonoro "glup" de aguas, se cumplirá con toda seguridad el deseo). La creencia es antiquísima, desde cuando se pensaba en Europa que todas las aguas estancadas podían tener propiedades curativas, además de estar habitadas por pequeños seres mágicos, lanzándoseles piedras y después monedas que, según la cantidad de burbujas que provocaba, anunciaban qué tan buenos se venían los días venideros para quien las arrojaba. Esto dio origen al mito del Pozo de los Deseos, que llegó así a América. Hay historias populares y leyendas de pillos que inventaron la fama de milagrosa a viejas fuentes, pozos y pilas en pueblos apartados o en sus propias casas, para hacer que los ilusos les arrojaran dinero con peticiones de favores, que ellos recogían después durante las noches. En los Saltos del Río Petrohué, además, se hizo costumbre también arrojarlas al agua de los pozones, hasta donde comenzaron a llegar astutos chiquillos que conocimos para recogerlas, durante las tardes.
  • Pedirle dinero a la Luna: La Luna siempre ha sido objeto de rogativas para solicitar dinero. Un sencillo pero popular conjuro de la sociedad santiaguina de antaño decía: "Luna, Luna, dame fortuna / Mamita Luna, dame salud y fortuna / Lunita nueva, dame moneda". Dice Plath en su "Aproximación histórica-folklórica de los juegos en Chile", que las madres le enseñaban esta canción a los hijos cuando veían por primera vez la Luna nueva, mostrándole una moneda o un monedero. Los adultos la cantaban distinto: "Lunita nueva / tres cosas te pido: / salvación, dinero /y un buen marido". Una canción ganadora del Festival de la Canción de Viña del Mar de 1989, representante de Gabón, cambió la frase popular a "Lunita, Lunita, dame platita".
  • Monedas en animitas: Si se dejan monedas en algunas animitas de fallecidos trágicamente o en tumbas milagrosas, el alma devolverá el gesto con favores concedidos. Como ya no le sirven en el Más Allá pero agradece el simbólico desprendimiento, el finado procurará que quien le obsequia las monedas sea el que disfrute de la riqueza.
  • El pago simbólico de las santiguadoras: En los antiguos campos chilenos, existían santiguadoras, meicas o componedores de huesos que no aceptaban recibir pago de dinero por sus servicios, pues creían que si lucraban con sus poderes de sanación o de mejora espiritual, los perderían. Para eso recibían vituallas, mercaderías o bien una cantidad exigua de dinero, generalmente monedas de pocos valor, pues se creía también que si no era pagado el servicio de alguna forma, éste no surtiría efecto.
  • Dinero en la Noche de San Juan: Se cuenta que, entre los innumerables ritos de la Noche de San Juan, están varios que se realizan con monedas o billetes para atraer (¡era que no!) al esquivo dinero. Una de ellos consiste en meter un papel con deseos anotados y monedas dentro de una bolsita anudada, acompañada de laurel y cintas anudadas en moños, para que sean quemadas con la efigie de San Juan Bautista durante la noche o en un altar especial dedicado al rito. Si se arroja cera o plomo fundido a un tiesto con agua, y el material toma forma de moneda, es porque se viene una entrega importante de dinero. Otros utilizan pirámides y monedas doradas para solicitar riqueza durante la celebración. También está el rito de meter en aquella noche, un billete doblado en cuatro dentro de un recipiente de cobre con velas alrededor, formando un círculo.
  • "La bosta del Diablo": En ciertas localidades de la Zona Central y Sur del país se ha dado este nombre al dinero, por considerar que los hombres que lo ambicionan pueden caer en la fiebre de delincuencia y de crimen que el deseo irresistible de poseerlo provoca. Tal vez fue la forma en que la gente de algunos campos chilenos, ajena a las formas de delincuencia más brutal, se explicaba las siniestras pasiones que el dinero era capaz de despertar y que se iban haciendo corrientes. El teólogo, abogado e investigador Hugo Zepeda Coll, muy dado al estudio de estas tradiciones oscuras, recuerda que hallándose de visita en un pueblo con su padre, el reputado parlamentario Hugo Zepeda Barrios, éste último le comentó a una autoridad local que el "dinero es la bosta del Diablo", pero el jefe local le respondió: "Pude ser, pero acá el Diablo es estítico".
  •  La "Moneda de la Libertad": Corresponde a la moneda de $10 emitida en la última década del régimen militar y que celebraba el 11 de septiembre de 1973 en su cara  como un día de "Libertad", según decía la misma moneda. Tenía acuñada la figura del Ángel de la Libertad alegorizando la ruptura de las cadenas. Esta moneda no ha vuelto a ser producida desde el retorno de la democracia, pero se ha convertido en una pieza de cierto interés como amuleto que "garantiza la libertad" de quien la posea, especialmente en el mundo delincuencial y carcelario. Hablaremos más extendidamente de esta creencia en la próxima parte de estos artículos.
LEYENDAS RELACIONADAS CON DINERO
LAS MONEDAS DEL JUDÍO ERRANTE
Las monedas del Judío Errante: Si algún día aparece en un mercado un señor anciano y vestido en forma andrajosa, que siempre compra productos y mercaderías en pequeñas proporciones con monedas de 2 reales o 25 centavos (o equivalentes), se podía estar en presencia del legendario Judío Errante, antigua leyenda europea que fue traída a América por los cristianos. Se supone que el personaje fue un judío que se burló o humilló a Jesús durante su camino al calvario, quedando condenado al eterno vagar por el mundo, sin poder morir ni detenerse. Parte del castigo es también portar monedas de baja denominación y tener que arreglárselas con ellas para sus necesidades, aludiendo quizás a la caricatura del judío avaro y tacaño, que se reprime al extremo en gastos de dinero. Esta leyenda ha ido desapareciendo, pero la imagen del Judío Errante permanece como un personaje de antología, tanto para representar los anatemas de discursos anatematizando al pueblo judío como para alegorizar el largo peregrinar y su perseverancia buscando refundar Israel.
  • El pacto del dinero que jamás se acaba: En los campos, entre huasos, temporeros y peones, antaño eran famosas las historias de patrones que hacían supuestos pactos vendiéndole el alma al Diablo para que nunca les faltase el dinero en vida, ese que parecía sobrarles todo el tiempo, volviéndose inagotable. Como algunos estancieros y dueños de fundos tenían la costumbre de andar repartiendo monedas o billetes entre niños y menesterosos, sacándolos de sus propios bolsillos y dando la impresión de que no podía acabárseles nunca, los pobladores más sencillos y ajenos a la riqueza se explicaban semejante escena sólo por influencia de intervenciones infernales, que justificarían también la riqueza y holgura de sus adinerados patrones. Estas leyendas aseguraban que el pacto satánico garantizaba a los sujetos que jamás se les acabase el dinero de los bolsillos de sus pantalones o carteras, que mágicamente volvía a aparecer cada vez que retiraba una moneda o billete.
  • Leyendas de monedas enterradas: Se ha especulado de tesoros piratas, jesuitas o coloniales compuestos por miles monedas de oro en muchas partes del país, como Quintero, Archipiélago de Juan Fernández, Isla de Pascua, Isla Imeldeb de Chiloé, Villarrica, Carelmapu, Quipué, las cavernas de Lonquén, Cajón del Maipo, Laguna de Aculeo, Ocoa, Morro de Arica, Hacienda La Marquesa, Caldera, Papudo, etc. Muchos enterramientos se consideran protegidos por hechizos o maleficios, sucediendo cosas extrañas alrededor de los mismos, como ruidos de cadena o alaridos de dolor. Una creencia decía que si se ve una luz flotando en la noche (como una luciérnaga), debe ser seguida discretamente pues, en donde se pose en tierra, hay un enterramiento de monedas valiosas. En Azapa escuchamos la versión de que monstruos y seres terroríficos acosarán a quien intente desenterrar el tesoro durante toda la operación, pero si se los logra ignorar con sangre fría y no ponerles atención, se podrá llegar a las monedas. Recopilaciones de testimonios hechos desde el Norte Chico por Plath, agregan que deben llevarse ceras benditas y rezar el credo al revés,  tras lo cual la vela saltará convulsionante hasta el lugar donde está el entierro esperando ser descubierto. En Chiloé y otras zonas del Sur, deben buscarse y cavarse en la Noche de San Juan.
  • Dinero de los brujos: En Salamanca saben que no es bueno recibir dinero de los brujos, menos si es por pago a acciones reprochables o moralmente conflictivas, que ellos suelen solicitar reiteradamente a los gentiles. Siempre pagan con misteriosas monedas de oro parecidas a doblones pero, pasada la noche completa, todos quienes las han recibido descubren en la mañana siguiente que las mismas monedas se han convertido en latones, piedras, trozos de huesos y hasta bolitas de estiércol seco, no habiendo posibilidad humana de ir a reclamarles, dados los riesgos sobrenaturales que eso conlleva. Sólo los que están en los círculos de confianza de los brujos, zafan de ser estafados con su falso oro conseguido con sus oscuras prácticas de alquimia negra.
  • Las monedas de una cueva encantada: El Diablo usa monedas para atrapar almas de incautos. Si se entra a alguna cueva abandonada de localidades como Chiloé, Talagante, Salamanca o Elqui, y se encuentra un misterioso cántaro u olla con monedas de oro, no se debe tocar ninguna, porque el Príncipe de los Infiernos quien las ha dejado allí para robar el alma de quienes osen sacar una siquiera. En algunas leyendas, se cree que en la oscuridad del lugar ha colgado el contrato advirtiendo de este pacto, pero los ojos de los intrusos no alcanzan a distinguirlo entre las sombras. Es como una especie de versión opuesta a la leyenda internacional del gnomo cargando su ollita con oro, o la del tesoro de monedas al final del arco iris.
  • Cómo encuentran hechiceros y apostadores su serpiente "familiar": Los brujos sureños llamaban "familiares" a las serpientes que cuidan mágicamente a él y a su lugar de conjuros. La forma de encontrar una en la Provincia del Ñuble, era arrojando una moneda reyuna (peseta colonial) a un grupo de culebras, denominado llepo. Todas escaparán, menos una, que se queda haciéndole guardia a la moneda: ésa es la "familiar", que debe criar en secreto y llevar siempre entre sus ropas, sin que se note, permitiéndole ganar apuestas y proteger sus intereses.
  • Males para perder dinero: También en el ambiente popular de los campos o barrios pobres de las ciudades, se creyó alguna vez que existían hechizos para hacer que el dinero se perdiera a sus propietarios, especialmente realizados por esposas despechadas hacia sus maridos o exparejas, por venganza. Lo hemos oído en Papudo, Melipilla, Maipú y el Cajón del Maipo. La leyenda decía, pues que un conjuro concreto condenaría a un sujeto a vivir perdiendo su dinero, sin que este lograra quedarle nunca en los bolsillos ni las billeteras, durándole escasamente después de recibirlo y no alcanzándole jamás para sus cálculos financieros. Se le desvanece, para ser precisos. Quizás el origen de esta creencia está en la tendencia a malgastar o dilapidar dinero en móviles hedónicos o recreativos (a veces, bajo estado de ebriedad), presente en algunos sectores culturalmente más precarios y menesterosos de la sociedad. Plath comentó el caso de dos comadres de pueblo de Ñipas, en Ránquil: tras enemistarse, una de ellas -al parecer- le echó un "mal" a la otra, haciéndole perder siempre sus monedas donde quiera que las guardara, maldición que duró por cerca de un año.
El "gato chino de la suerte" sobre monedas, moviendo la mano.
Los centavos y pesos con el mal llamado diseño "Dávila", de un oleccionista de Azapa. La errada creencia dice que el segundo breve período de la República Socialista agregó el detalle de la hoz y el martillo en el diseño del sello, que en realidad estaba presente desde el siglo XIX.
MITOS URBANOS MODERNOS
  • La moneda de José Bonaparte: En los años 60, se hizo un anuncio que resultó de interés en el ambiente de los coleccionistas numismáticos. Era el supuesto hallazgo de una moneda de Chiloé que habría sido acuñada después de la proclamación de José Napoleón como Rey de España, en 1808 y hasta 1814. Sin embargo, expertos como el investigador ítalo-chileno Alberto Trivero Rivera, concluyen en que se trató de una falsificación destinada a embaucar coleccionistas, no obstante que su pretendida existencia siguió apareciendo mencionada en algunos sitios webs y reseñas de anticuarios, tomándosela como una auténtica moneda obsidional de Chiloé en sus últimos años de administración realista.
  • El mito del Peso Dávila: A partir de 1895 y por mucho tiempo más, las monedas acuñadas en Chile de 5, 10 y 20  centavos, junto a las de $1, comenzaron a llevan en el sello un símbolo de ramas de laureles y, donde se cruzaban ambos abajo, una hoz y un martillo en la misma disposición que los adoptaría años más tarde el Comunismo Internacional, como su más distintivo e histórico símbolo, por lo que nada tenía que ver aún con dicha ideología política. Esta asombrosa curiosidad ha estado a la vista por años, pero sólo ha sido observada con más detención y cuidado en nuestra época. Se ha especulado que se trataría de una alegorización del trabajo-progreso o bien de simbologías crípticas más relacionadas con logias. La moneda estaba en vigencia aún cuando tuvo lugar el golpe e instauración de la llamada República Socialista, en 1932. Sin embargo, una extendida creencia asegura que en la segunda etapa de aquel efímero gobierno de facto, cuando la Junta fue relevada por el Presidente provisional Carlos Dávila, se acuñó la nueva moneda haciéndole con el símbolo y de alguna manera, un guiño a la Revolución Rusa y engañando discretamente a los gobernantes posteriores que la mantuvieron en circulación. El hecho cierto es que el cambio del peso desde plata a cobre-níquel sucedió el año siguiente, cuando la República Socialista ya había expirado, y como vemos el diseño con la hoz y el martillo provenía desde fines del siglo XIX. El mal llamado peso Dávila, entonces, se convirtió en la leyenda de la "moneda comunista" que, en verdad, nunca tuvo algo que ver con ese concepto.
  • La moneda de platino de 1914: La moneda de $1 de 1914 es una de las más caras y buscadas en la numismática chilena. Recuerda Ernesto Latorre Allende que, cuando fue lanzada en pequeña cantidad ese año, muchos creyeron que se trataba de una pieza acuñado en platino por un error de la Casa de Moneda, pues era el metal más caro del mundo y su uso en ellas debió ser detenido ni bien se detectó la anómala situación. Incluso algunos reputados coleccionistas, anticuarios e intelectuales cayeron en el error, basándose en la poca cantidad de unidades emitidas. Sin embargo, la verdad es que la serie de 1914 de esta moneda, comenzó a ser emitida  recién en diciembre por la Casa de Moneda, por lo que no tardó su cuño en pasar a 1915 y dejar pocas de ellas con año anterior en ellas. A pesar de eso, de todos modos es una pieza valiosa por su escasez.
  • El oscuro origen de los billetes con scotch: Hasta hace unas décadas, era común encontrar billetes partidos por la mitad y pegados con una tira de cinta adhesiva o scotch. Aunque es muy probable que se partieran por accidente al tirarlos del bolsillo o por el propio desgaste del material, cierta leyenda decía que estos billetes resultaban del pago de favores o adquisiciones en el hampa y las mafias de los bajos fondos: se entregaba la mitad de los mismos en garantía, y después, concretado el encargo o compromiso, se pasaban las otras mitades completando el pago. Recuerdo haber visto un filme del Lejano Oeste, en donde un personaje hacía esto mismo en una casita de remolienda, al no poder tomar completo su "servicio" y salir a resolver una emergencia.
  • Las monedas y billetes mortales: Es internacional la creencia de que el dinero es un extraordinario portador de gérmenes e incluso de enfermedades contagiosas, por ir de mano en mano. Sin embargo, las precauciones que suelen tomarse en Chile con respecto a la manipulación de monedas y billetes debe estar entre las más escrupulosas y responsables, nos parece. Hay mucho de cierto en estos temores: estudios de la Universidad de Oxford en 2013, encontraron cerca de 26.000 bacterias potencialmente perjudiciales para la salud en los billetes. No obstante, el uso apropiado del jabón contrarresta prácticamente todos los peligros que pueden derivar de la manipulación de dinero, pues deben tratarse de la misma manera que acariciar una mascota o afirmarse de un pasador en lugares públicos. La higiene apropiada combate cualquiera de las posibilidades "mortales" que algunos exagerados o alarmistas que adjudican al dinero.
  • Monedas "satánicas": Las monedas chilenas en actual circulación, tendrían un contenido satánico, alusivo al Anticristo anunciado en el Apocalipsis. La denuncia hizo algunos ecos en redes sociales en años recientes, y observa que si se suman todos los valores de las monedas chilenas, es decir 1 + 5 + 10 + 50 + 100 + 500, el resultado es el temido número 666.
  • Teorías conspiracionales sobre los billetes actuales: La última emisión de billetes, ha despertado en algunos chilenos una paranoia basada en teorías de conspitaciones internacionales, donde salen al baile logias secretas, anunnakis y reptilianos, entre otros representantes de la mítica fauna posmodernista. Para los cinco billetes, por ejemplo, se ha estilizado un símbolo indígena atrás del retrato de cada personaje, pero con seis estrellas que muchos relacionan con la Estrella de David o alguna runa como Hagal, a la manera de criptosímbolos. También se cambió el antu (Sol mapuche) de ocho brazos, por uno de siete, presente en los billetes de $1.000, $2.000 y $5.000, lo que genera sospechas. El billete de $1.000, que ha sido polémico por el retrato de un Ignacio Carrera Pinto escasamente parecido al verdadero militar (abordaremos este tema en la sexta parte de estos artículos), en realidad representaría al abogado liberal Juan de Dios Arlegui, Primer Gran Maestro de la Logia Masónica de Chile en 1862, y los números 6 en sus solapas aludirían a la Bestia del Apocalipsis, no al 6º de Línea "Chacabuco" del que fue parte el héroe. El billete de $5.000 con Gabriela Mistral, en tanto, lleva atrás un paisaje de palmas chilenas (Parque Nacional La Campana) con una lechuza tucúquere, en la que algunos creen ver con suspicacia una representación del demonio Moloch o bien la figura del búho usado como símbolo por ciertas organizaciones relacionadas con la masonería, Illuminatis o la oligarquía internacionalista tipo Bohemian Club, presente también en billetes de los Estados Unidos. Por otro lado, la presencia de paisajes del Sur de Chile en los billetes de $1.000 (Parque Nacional Torres del Paine) y $10.000 (Parque Nacional Alberto de Agostini), revelaría intenciones internacionales nada sanas para con respecto a dichos territorios de la región magallánica.
En la Parte V de esta serie sobre folklore y numismática, me daré tiempo de comentar algo sobre el poco conocido interés que algunos tienen por la llamada Moneda del ángel de la Libertad, correspondiente a la que hacía apología del 11 de septiembre de 1973 y que, más allá de la política, hay quienes han convertido en un verdadero amuleto o trofeo.

martes, 28 de marzo de 2017

SELECCIONES DE RAÚL MORALES ÁLVAREZ (I): "EL CRISTO POBRE"

Nota: Con esta entrada, doy inicio a un ciclo de varios artículos pertenecientes al insigne cronista nacional Raúl Morales Álvarez (1911-1994) que iré publicando cada cierto tiempo acá en el blog, luego de llegar a un acuerdo acuerdo de difusión con su nieto don Rubén Morales Cofré y la agrupación cultural "El Funye", dedicada a difundir el trabajo del periodista y escritor nacional. El artículo de hoy se titula "El Cristo Pobre", y fue publicado en varios medios nacionales, hacia 1961.
EL CRISTO POBRE
El Dios del pueblo no tiene nada que ver con el que reverencian los elegidos y los poderosos. No es un Dios-Gerente, un Dios-Policía, ni un Dios-apatronado.
SEGÚN ALDOUS HUXLEY, Dios es una hipótesis innecesaria en los actuales días. Pero esta interpretación filosófica del misterio que más porfiadamente atrapa y sostiene a la familia humana, no gana todavía el sencillo corazón de los humildes. El planteamiento de Huxley es una desafiante artesanía de exclusivo uso intelectual, alejada por esta misma credencial, algo pedantesca, de la comprensión del pueblo. Propenso y fiel a su propia oniromancia, donde acumula el desborde esperanzado y pasional de sus muchos sueños, el pueblo continúa creyendo en la existencia del Buen Dios.
* Don Juan Guillermo Guerra, oriundo de Copiapó, fue un destacado catedrático de derecho de la Universidad de Chile, escritor de ideas radical-liberales y uno de los primeros biógrafos de Domingo F. Sarmiento, publicando un libro sobre su vida poco después de fallecer éste (1888). Después fue relevante en el pensamiento y las acciones del proceso que puso fin a la República Parlamentaria, además de un gran defensor de los derechos territoriales chilenos en conflictos limítrofes, al igual que Morales Álvarez.
En más de una medida, sin embargo, el Dios del pueblo no tiene nada que ver con el que reverencian los elegidos y los poderosos. No es un Dios-Gerente, un Dios-Policía, ni un Dios-apatronado. Anticipándose a Huxley, pero de manera más clara que el inglés, el chileno Juan Guillermo Guerra  -el famoso Patán Guerra (*)-,  precisaba en sus inimitables clases de la Escuela de Derecho que Dios  "no había creado al hombre a su imagen y semejanza". Era el hombre, en cambio, quien había creado a Dios, dándole su imagen, volcándolo en su semejanza.
El Dios del pueblo parece confirmar lo defendido por el ateísmo fulgurante del Patán Guerra. Tan a su imagen y semejanza lo han creado los humildes, que su Dios, a veces, también anda hasta a tambembe pelado, lo mismo que ellos, sufriendo perrerías y miserias. Es lo que explica, entre otras cosas, el arraigo capital y poderoso que tiene en el pueblo el culto del Cristo Rey.
Raúl Morales Álvarez y su esposa Helena Wilson, hacia 1963.
Este Cristo no es el Cristo de los ricos. Por eso, como carece de ropas en su total desnudez de pobre, no desdeña, tampoco, el ritmo aventurero de una andanza a lo callampa. Suele, por ejemplo, no tener iglesias con techos y paredes. Sus misas se celebran en cualquier parte, a todo aire, con altares donde el Cáliz que custodia a la Hostia es lo que único que vale. Es el Cristo de las "malas pécoras", el de los rotos "malditos"  que pisan la vida con una desesperada ojota. El estómago patronal de los de arriba  -pipiolo, pelucón y hasta radicaliento ahora-  no acude a prosternar su fe ante el atorrante Cristo Pobre. Pero el pueblo lo ama. Lo sabe hecho de tal modo a su imagen y semejanza que lo hace participar sin ningún empacho en la sandunga, en un Olimpo menos austero y más humano, donde también Dios, la Virgen y los Santos bailan cuecas, pulsan la guitarra, o se mandan al cuerpo los necesarios tragos del estribo. El Cristo de los ricos abunda en inciensos y en los cantos gregorianos que rezongan en latín. Pero únicamente para el Cristo Pobre cantan los licoreados "Puetas" populares:
Dio el primer son la vihuela
tocando la Sanjuaniana
cuando viene Santa Ana
bailando que se las pela
entonces Santa Fidela
prepara el ponche en seguida...
(**)
** Fragmento de un Canto a lo Divino del Valle Central de Chile, dedicado a la Virgen de la Candelaria.
La irreverencia verbal de los cantores hace rasguear la guitarra a la Virgen del Carmelo, para que Santa Rebeca baile con San Jeremías, mientras Dios Padre duerme su siesta celestial, algo puestón.  Es decir, el pueblo ha trasladado una perfecta imitación de su vida hasta en lo religioso, aceptando en su rebelde fatalismo que el verdadero infierno es éste, donde esta penando en vida junto al Cristo Pobre. La propia voz del pueblo establece que el Cristo Pobre va con la guatita al aire  y el tambembe al viento. Y mientras esto sucede, Huxley se verá derrotado en la fe de los humildes, leal a un Dios creado con el material de su desdicha.

lunes, 27 de marzo de 2017

CHICHAS Y SIDRAS DE MANZANA: LAS AMBROSÍAS DORADAS DEL SUR DE CHILE

Prensa de pulpa de manzanas en Chiloé, para la producción de chicha. Fotografía del año 1997 de Oscar Nahum, en los archivos del Museo Histórico Nacional. Fuente imagen: MemoriaChilena.cl.
Estos deleitosos ríos etílicos han sido llamados chichas, vinos, cervezas o sidras de manzana. Aunque a veces se las hace sinónimos, cuando no tiene burbujas o muy pocas se prefiere hablar de chicha, cuya fermentación ha sido en cántaros, pipas o barricas; y si tiene burbujas o semeja más a un vino espumoso, se habla usualmente de sidra, cuya fermentación suele concluir en botellas, garrafas o chuicos.
Ambos son productos identificados especialmente con las regiones de la Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, más o menos desde Cautín hasta el Archipiélago de Chiloé, aunque existen noticias de interesantes producciones en provincias más al Norte, como Cardenal Caro, Curicó y El Maule. Y se cuenta que, además de los huasos y los indígenas, los hombres de mar eran particularmente devotos de estos elíxires: pescadores, balleneros y marineros.
La sidra es, a juicio de quienes son sus admiradores, uno de los productos alcohólicos más admirables y sabrosos del país. Algunos considerarán redundante hablar de sidra señalando que es de manzana (la RAE la define como un vino producido de esta misa fruta), pero prefiero tomarme esta libertad dado que han existido otras sidras chilenas hechas con frutas como peras y papayas. Su graduación suele ser baja, entre 3° y 4°, pero en algunos casos su maduración alcanza cifras mayores.
La chicha es más rústica como bebida, aunque con rangos de sabor parecidos a la sidra. Los mapuches la llamaban pülku-manshanás (pülku es chicha, y manshanás era un traslado fonético del nombre de la fruta), y tenían una variedad cruda más semejante a un refresco, y otra fermentada que denominaron chisco-champura. En algunas zonas rurales cerca de Río Bueno, he sabido que la "potencian" con aguardiente cuando ya empieza a ser consumida, y en otras localidades la usan también como bases para ulpo o bien tragos derivados de la chupilca, con harina tostada o dorada. Su producción no se limita al señalado territorio de las regiones sureñas, alcanzando la zona del Maule, donde abundaron los manzanares y donde aún es popular la producción del vinagre de manzana para usos culinarios. Alcanza grados alcohólicos más altos que la sidra, de 4° a 8° aproximadamente, por lo que los indígenas las solían usarlas sólo en sus fiestas.
Según mi impresión, ambas bebidas se presentan en colores que van desde el dorado o ámbar un tanto traslúcido hasta el amarillo u ocre más opaco, siendo más frecuente esta última característica para el caso de las chichas. Sus sabores varían de acuerdo a las manzanas, procedimientos y tiempos dados en la producción, pudiendo hallarse entre diferentes proporciones de gustos dulces, ácidos o más secos. Algunos productores las clasifican en dulce, demi sec y brut, más modernamente.
He tratado de traer a Santiago este maravilloso producto sureño, pero sólo he conseguido llegar con un ácido vinagre de manzanas, pues la duración del chispeante brebaje es efímera en condiciones inadecuadas. No obstante, mi buen amigo Juano me la trae desde Frutillar, generosamente, junto con mermeladas de rosa mosqueta, murtillas y otras delicias arrancadas desde los jardines de la Ciudad de los Césares. Ni idea tengo de cómo se las arregla para que llegue con el mismo frescor y la natural sabrosura de su origen, pero sin duda le agradezco la virtud.
Aviso del diario "El Ferrocarril" del 29 de junio de 1870, informando de la venta de chicha de manzanas de Valdivia. Publicada por Amalia Castro San Carlos en su artículo "Chicha y Sidra de manzana en Chile (1870-1930): manzanas con identificación de origen" (2016).
Publicidad para "Sidra Doña Francisca", en la revista "El Estanquero" de Santiago, publicada en julio de 1950. Fuente imagen: MemoriaChilena.cl.
Es algo conocido el que hubo chichas de maíz, frutilla y maqui muy consumidas por los indígenas de estas regiones, y luego las mencionadas sidras de peras de menor calidad pero más fuertes que la de manzana. Sin embargo, las de los manzanares eran muchísimo más populares y, en algunas zonas rurales, llegaron a reemplazar el vino tradicional de vid, dada la escasez de los viñedos o la limitada llegada del producto en otras épocas. De hecho, la sidra fue muy corriente en las clases sociales más bajas de pueblos y ciudades, más o menos hasta mediados del siglo XIX, cuando perdió terreno ante la creciente industria de las cervezas y licores como el aguardiente y el anisado, quedando así relegada principalmente a los campos.
Como se sabe, el manzano (Malus domestica) es un árbol introducido en América. Su origen parece estar en las orillas del Mar Caspio, donde fue domesticado y después introducido en Europa por los romanos. Por alguna razón, las variedades de manzanas que llegaron a Chile o se desarrollaron en nuestro territorio, encontraron un ambiente cómodo y prolífico en la zona Centro Sur y Sur, donde formaron verdaderos bosques. De ahí tantos nombres en la toponimia como Manzano, Manzanar, Manzanares, Manzanos, Manzanal, etc.
La calidad de las manzanas chilenas fue elogiada por cronistas como Alonso de Ovalle en "Histórica Relación del Reino de Chile" de 1647, y Diego de Rosales en "Historia general del reino de Chile. Flandes Indiano" de 1674, quien documenta ya en época, también, la abundancia de la chicha hecha de este y de otros frutos entre los indianos:
"La chicha la hacen de todo genero, como maíz, trigo, cebada, y de frutas como manzanas, peras, membrillos, frutilla, piñones, murtilla y otras frutas particulares de la tierra..."
Los indígenas de la Araucanía llamaban al árbol manshanás-aliwen, y creían que cada vez que su fruta tocaba la tierra, ésta se volvía prolífica y colmada de hermosos nuevos manzanos. Consumían a la sazón las manzanas crudas, secas, molidas, asadas o en guisos, comerciándose las partidas hacia la Provincia de Cuyo. De manera connatural surgió, entonces, la posibilidad de probarla en la producción de alcoholes, naciendo muy tepranamente la chicha y esta versión chilena de la sidra, fabricada por ellos y por los criollos desde aquellos tiempos coloniales. Así lo testimonió también el militar y cronista Vicente Carvallo Goyeneche hacia 1780, en su "Descripción Histórico-Geográfica del Reino de Chile":
"De las frutas tienen manzanas muy buenas, y en tanta abundancia, que hay bosques grandes de este frutal, y hacen de ellas el vino que llaman chicha, y muy buenas sidras".
Dulces manzanas sureñas, usadas para chicha y sidra.
Refiriéndose a su viaje de 1786-1788, el piloto José de Moraleda y Montero escribe sobre Chiloé y sus habitantes en sus memorias "Esploraciones jeográficas e hidrográficas":
"La manzana (las hay de muchas clases) es una fruta que apenas adquiere un cuerpo cuando empiezan a comerla, y cuando se acerca y está en sazón hacen una chicha o especie de sidra de que gustan infinito; con todo no las cultiva ni aumentan su plantío, y se contentan con tener cuatro o seis árboles inmediatos a la casa para que les guarezcan de los vientos recios, siendo así que pudieran tener bosques dilatados de esta fruta. En el Chacao hay tres o cuatro árboles singulares en toda la provincia, por su excelente cualidad; ellos acusan su vejez y pronta ruina, su dueño conoce los efectos de la singularidad en la utilidad que le produce la fruta. Yo lo he procurado persuadir con cuanto nervio he podido (y lo mismo a todos en orden a cuantos por sí pueden fomentarse) que transmita a sus hijos esa utilidad, haciendo nuevo abundante plantío, y no he podido mover en tres años su indolencia".
Cabe señalar que en Chiloé las manzanas no se dan de tan buena calidad como otras zonas del país, por lo que esta ancestral utilización de ellas en la elaboración de chicha o sidra tiene rasgos históricos de aprovechamiento y de dar mejor destino al producto, siendo frecuente encontrarla en algunas fiestas, mingas o encuentros recreativos.
Y en sus testimonios de viaje plasmados en el libro "Un testigo de la alborada de Chile (1826-1829)", el biólogo alemán Eduard Poepigg dejó escrito:
"Los manzanos y duraznos parecen hallar en Chile las condiciones de temperatura y suelo que necesitan, pues ambas especies han emigrado de los huertos y forman a menudo bosques silvestres".
Su compatriota, el viajero Paul Treutler, dirá poco después en sus memorias reunidas en "Andanzas de un alemán en Chile: 1851-1863", refiriéndose a Isla Teja:
"La isla estaba poblada únicamente por colonos alemanes, que pagaban al Gobierno una renta vitalicia de 500 pesos al año. Era muy fértil, se encontraba en muy buen estado para ser cultivada, y había en ella tantos manzanos, que se podían preparar 1.000 barriles de chicha".
El naturalista francés Claudio Gay, por su parte, escribió en la "Historia física y política de Chile", en su segundo tomo dedicado a la agricultura (1865), cuando habla de la presencia del manzano en nuestro país:
"Este árbol, conocido en Chile desde los primeros años de la conquista, se ha multiplicado de tal manera que en el Sur da lugar a grandes selvas produciendo frutas incomestibles pero excelentes para la fabricación de una sidra de  superior calidad; reemplaza así las viñas cuyas frutas no alcanzan a madurar por falta de calor. El terreno húmedo y muy poco calcáreo le conviene sobremanera y los árboles crecen maravillosamente y sin cultivo alguno, a lo menos por los que no están destinados a producir frutas de comer. Se conocían hace poco sólo nueve variedades, distinguidas en camuesas, peros, joaquinos, etc., pero de algunos años por acá el gusto de la arboricultura ha introducido otras muchas sobretodo en las provincias centrales".
Taller artesanal del Llanquihue. Moledora y contenedores de pulpa.
Y volvemos a las palabras de Gay, cuando relaciona la abundancia de los manzanos con la popularidad de la sidra chilena:
"La sidra que con las manzanas se fabrica es de un gusto exquisito y nunca he bebido en Europa otra más sana ni mejor. Casi todos los habitantes fabrican la necesaria para su consumo y el pueblo se contenta las más de las veces con recoger las manzanas que arrastran en su curso los ríos. Según lo que me decían los propietarios e industriales, esto era un mal porque los trabajadores se limitaban a trabajar dos o tres días a la semana para proporcionarse un barril de esta bebida siempre muy barata, y con ella y las papas, que costaban muy poco, pasaban los demás días en la ociosidad.
Los manzanos situados en todos los alrededores de las ciudades se han propagado a los dominios de los indios, los que con sus frutos fabrican así mismo una sidra o chicha con lo que reemplazan, en gran parte, la que fabricaban utilizando el maíz, la cebada y otros cereales. Como no saben guardar nada lo consumen todo en el mes y sólo pueden beberlo, pasada la estación, algunas personas precavidas que conservan las manzanas enterradas para fabricar la sidra a medida que la necesitan. Casi jamás se toman el trabajo de clarificarla, y la beben todavía nueva con la parte espesa que llaman concho, y en este estado la sidra es muy nutritiva. En un solemne entierro al que asistí en 1836, vi a muchos centenares de indios y de indias, no tomar durante los diez días que duró la ceremonia, más alimento que la sidra".
En "Geografía física de la República de Chile", de 1875, el sabio P. J. Aimé Pissis describe la presencia de los manzanares sureños de la siguiente manera:
"El peral, el manzano y el membrillo se crían en las provincias del Sur y en las del Centro. Las hermosas especies de peras se empiezan a cultivarse en la provincia de Santiago, donde se presenta de una calidad superior. El manzano no prospera allí tanto, porque prefiere sobre todo las provincias del Sur, donde se ha multiplicado de un modo extraordinario, hasta en el interior de los bosques; las manzanas de estos árboles silvestres se emplean solamente en la fabricación de la sidra (chicha de manzana); pero las de los árboles cultivados sobresalen por su tamaño y su exquisita fragancia".
He podido ver de cerca, en un par de ocasiones, cómo se producen los fermentos de manzanas, aunque sin haber podido hacer registros de imágenes. Sin embargo, esta vez mi amigazo Juano me envió desde su tierras algo más que una botella: también me ha hecho llegar fotografías de un taller de fabricación artesanal junto al Lago Llanquihue, con las principales etapas de molido y prensado de las manzanas, recién recolectadas entre febrero e inicios de marzo.
La chicha y la sidra sureñas se fabrican moliendo las manzanas y estrujando sus jugos, para luego dejarlos reposando en un período de fermentación, del que resulta la bebida. Este antiguo procedimiento se hacía con dos o más trabajadores armados de largas varillas que literalmente apaleaban y devastaban las manzanas extendidas sobre una suerte de hamaca o tobogán acanalando los fluidos con una tina o artesa bajo el mismo, formando una suerte de canoa que llamaban huampo entre los mapuches. Lo hemos visto alguna vez pero no exactamente en un lagar, sino en una feria  tradicional. Los chilotes denominaban maja o majado (dornajo de maja) a este proceso.
El estrujado de la pulpa se completaba a mano y el tiempo de guarda del jugo resultante era conocido como maceración de la maja. Este estrujo que salía del bagazo, era llamado chisco por los indígenas, y en algunas provincias del Sur también le decían pulco.
Taller artesanal del Llanquihue. Prensa de extracción de jugos.
El descrito método arrojaba por los aires una gran cantidad de pulpa y jugo que se perdía irremediablemente, por lo que hoy se aplica de forma más bien demostrativa, en ferias costumbristas o fiestas relacionadas con la cosecha de la manzana. Felipe Bauzá lo comenta con detalles en sus memorias del viaje realizado hacia 1788, mientras que Poepigg lo vio practicado entre los indios, pero para estrujar vides, además. Existe otra exhaustiva descripción del proceso, tal como lo ejecutaban comunidades indígenas, en el trabajo "Testimonio de un cacique mapuche", con enseñanzas y recuerdos del lonco Pascual Coña.
Gay se explayaba así, resumiendo las operaciones de esta industria rural:
"La sidra que se prepara en el Sur es, como acabamos de decirlo, excelente y sin embargo el modo de prepararla es muy sencillo y tan primitivo que es mucha la pérdida que se hace de ella. Muy raras eran las prensas cuando visité la provincia, y con frecuencia las manzanas se machucaban a palos dentro de una canoa para exprimirlas después con las manos y sobre una canasta que servia de colatorio. En los lugares desprovistos de estas canoas, los campinos usaban el método de los indios, contentándose en doblar unos cueros de vacas destinados para el mismo uso. No cabe duda que las manzanas tan imperfectamente estruchadas habían de conservar intactas una porción de sus celdillas, lo que ocasionaba una pérdida de no poca consideración. Felizmente los alemanes que la colonia ha reunido en la provincia han mejorado considerablemente esta industria tanto en el aumento del producto como en su mejor calidad".
Hoy, sin embargo, la moledura de la manzana y su estrujado se realizan frecuentemente en talleres familiares, con mejor aprovechamiento de la materia prima, gracias a las prensas de maja que antes no existían o eran demasiado rústicas. Se han ido introduciendo moledoras y machacadoras en el oficio, por cierto. En Chiloé se denomina lagrimilla al jugo de chicha que sale de esta prensa de manzanas, aunque he oído este concepto también en otras industrias de producción enológica y en otras localidades del país.
El sabroso jugo es almacenado en cántaros o tinajas destapadas, por cerca de 15 ó 20 días, en el caso de la chicha. Después se tapa y se lo guarda por otros tres a cuatro meses al año. Algunos productores artesanales le adicionan pasas o miel durante este período, para darle variedades al sabor del producto. Ocasionalmente, también, se le agregaba agua al mosto de manzana para suavizarla, pero como la graduación del producto tiende a ser baja. Para la fermentación y el almacenado, además, se utilizaban antes barriles procedentes de Valdivia, principalmente, y se los consideraba de excelente calidad por la madera empleada en ellos. En el caso de las sidras, el embotellado se hacía en chuicos y garrafas que aún existen en esas regiones, a pesar de la caída que ha experimentado la producción de estas tradicionales piezas de vidrio a nivel nacional.
De esta manera, para cuando llega la temporada de Fiestas Patrias en septiembre, la bebida de la alegría proveniente de los manzanares, ya está lista y esperando para ser consumida a destajo, casi hasta acabarse por completo, por lo que suponemos que aquellas sidras y chichas que reaparece en las ferias de verano, deben estar hechas en otros períodos del año o con manzanas de guarda.
Regresando a los antecedentes históricos, sabemos que la chicha y la sidra de manzanas ya aparecen definidas con estos nombres en el Código de Aduanas de Chile de 1874. Sin embargo, ni fue sino hasta 1986 que se les reconoce una existencia legal en una ley sobre alcoholes etílicos, bebidas alcohólicas y vinagres.
Hace pocos meses, en septiembre de 2016, la revista "RIVAR" de la Universidad de Santiago, publicó un interesante artículo de la historiadora Amalia Castro San Carlos, titulado "Chicha y Sidra de manzana en Chile (1870-1930): manzanas con identificación de origen". Allí se señala que una de las primeras apariciones de la chicha de manzana en la prensa ocurre en el diario "El Ferrocarril" del 29 de junio de 1870, en un aviso de venta en Santiago "bajo el Hotel Inglés" (supongo que en el antiguo Portal Fernández Concha, que por entonces estaba siendo terminado). Era una época en que se le destacaban sus atributos digestivos y su conveniencia para los enfermos, cualidades derivadas de la propia fruta. La chicha a la venta en el aviso, además, era de manzanas de Valdivia.
Chicha de manzana traída directamente desde el Llanquihue.
El estudio de la historiadora forma parte del Proyecto Fondecyt titulado "Denominaciones de Origen e identidad de vinos y agroalimentos en Chile (1870-1950)", que propone establecer la categoría de denominación de origen para las manzanas valdivianas y, derivativamente, a los productos alcohólicos que se hacen con ella.
Además de existir cierto desdén hacia el valor de esta industria y que trabajos como el recién mencionado buscan revertir, cabe recordar que hubo un tiempo en que las pestes florales casi arrasaron a los bosques silvestres de manzanas chilenas, poniendo en peligro la producción de chichas y sidras. Estuvimos muy cerca de perderla, en otras palabras. Refiriéndose a estas enfermedades atacando a los manzanos, en el sigo XIX, concluía Gay:
"La exportación se hacía en grande y a precio de tres a cuatro pesos la arroba,  cuando una enfermedad general en Chile ha venido a destruir casi enteramente estos árboles. Una especie de kermes es la causa de la enfermedad y se ha multiplicado sobremanera en los troncos cubriéndolos de una costra borrosa que los deseca poco después. En Europa estos kermes no son menos comunes y se los hace perecer con aspersiones de agua de jabón en la cual se ha disuelto un poco de guano y de alcanfor, o bien lavado los troncos apestados con una mezcla de asafétida disuelta en agua de cal y orina de vaca. El alquitrán puede servir del mismo modo, así como el guano y la cal viva enterrados en el pie del árbol. En 1751 un árbol en las fincas de Santiago estaba evaluado a 12 reales y 2 pesos si era algo corpulento".
Hoy, ubicado en la ribera Oeste del río Cruces, en la Comuna de Valdivia, el pueblo de Punucapa es considerado uno de los principales núcleos de la actividad productora de chicha de manzana, con un festival para el propio producto durante el mes de febrero: la llamada Fiesta Costumbrista de la Chicha, coincidente con el final del período de recolección de las manzanas y su moledura. Sin embargo, desde que entró en operaciones la compañía Punucapa Agropecuaria Ltda., la actividad ha entrado en una fase de transición desde los métodos más artesanales a otros más modernos y profesionales.
Otras localidades con sus propias fiestas de la chicha de manzana son Nueva Imperial (entre marzo y abril), Ancud (principios de abril), Hualqui (primeras semanas de febrero), Tucapel (fines de marzo), Fundo Ñancuán de Río Negro (febrero), Villa Llau Llao de Castro (febrero) y, anunciada desde muy recientemente, Panguipulli (para mediados de abril), entre otros poblados del país.
En la actualidad, existen unas 30 mil a 40 mil hectáreas de manzanares en Chile, concentrados especialmente entre las regiones de Coquimbo y El Maule, con variedades tradicionales como Gala, Fuji, Red Delicious, Crisp Pink o Granny Smith, a las que se han ido sumando las Jazz, Envy, Kanzi, Rubens, Evelina, Sonya, Ambrosia, Honeycrisp y SweeTango. En los años 80, Mario César Uribe Velásquez verificaba la producción de 4 millones de litros al año sólo en Chiloé, usándose para ellos alrededor de 100 mil sacos de manzanas.
El producto cada vez toca más el desarrollo industrial con sus varias marcas disponibles en el mercado (Sidras del Mundo, Casa Güell, Shekar, Punucapa, Sigpa, Quebrada del Chucao, etc.). Sin embargo, la sidra chilena se encuentra muy por debajo de la popularidad e importancia comercial que tiene el mismo producto en países como España, Portugal, Italia, Inglaterra, Francia o Alemania.  Dentro de varios otros problemas, ha estado ausente un plan para creación y ampliación del mercado, a diferencia de lo que ha sucedido con otros productos como el pisco, las cervezas y los vinos regionales.
Empero, todavía brota su tradición desde esos productivos bosques de manzanos con variedades exclusivas en el país, distribuidos entre la regiones del bendito Sur de Chile... Manantiales de la sidra y la chicha que dan otro gran horizonte de identidad a nuestra producción de alcoholes tradicionales chilenos, junto a los macerados frutales, el pajarete del Norte Chico, el chacolí del Cachapoal, los resucitados vinos Carmenere, el murtao, el apiao, el licor de oro, la mistela chilota y tantos, tantos otros.

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